P. Raniero Cantalamessa
Tercera Predicación de Cuaresma
QUE LA CARIDAD SEA SIN FINGIMIENTO
1. Amarás al, prójimo como a ti mismo
Se ha observado un hecho. El río Jordán, en su curso, forma dos mares: el mar de Galilea y el mar Muerto, pero mientras que el mar de Galilea es un mar bullente de vida, entre las aguas con más pesca de la tierra, el mar Muerto es precisamente un mar “muerto”, no hay traza de vida en él ni a su alrededor, sólo salinas. Y sin embargo se trata de la misma agua del Jordán. La explicación, al menos en parte, es esta: el mar de Galilea recibe las aguas del Jordán, pero no las retiene para sí, las hace volver a fluir de manera que puedan irrigar todo el valle del Jordán.
El mar Muerto recibe las aguas y las retiene para sí, no tiene desaguaderos, de él no sale una gota de agua. Es un símbolo. Para recibir amor de Dios, debemos darlo a los hermanos, y cuanto más lo damos, más lo recibimos. Sobre esto queremos reflexionar en esta meditación.
Tras haber reflexionado en las primeras dos meditaciones sobre el amor de Dios como don, ha llegado el momento de meditar también sobre el deber de amar, y en particular en el deber de amar al prójimo. El vínculo entre los dos amores se expresa de forma programática por la palabra de Dios: “Si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. ” (1 Jn 4,11).
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” era un mandamiento antiguo, escrito en la ley de Moisés (Lv 19,18) y Jesús mismo lo cita como tal (Lc 10, 27). ¿Cómo entonces Jesús lo llama “su” mandamiento y el mandamiento “nuevo”? La respuesta es que con él han cambiado el objeto, el sujeto y el motivo del amor al prójimo.
Ha cambiado ante todo el objeto, es decir, el prójimo a quien amar. Este ya no es sólo el compatriota, o como mucho el huésped que vive con el pueblo, sino todo hombre, incluso el extranjero (¡el Samaritano!), incluso el enemigo. Es verdad que la segunda parte de la frase “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo” no se encuentra literalmente en el Antiguo Testamento, pero resume su orientación general, expresada en la ley del talión: “ojo por ojo, diente por diente” (Lv 24,20), sobre todo si se compara con lo que Jesús exige de los suyos:
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, rogad por sus perseguidores; así seréis hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si amáis solamente a quienes os aman, ¿qué recompensa merecéis? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?” (Mt 5, 44-47).
Ha cambiado también el sujeto del amor al prójimo, es decir, el significado de la palabra prójimo. Este no es el otro; soy yo, no es el que está cercano, sino el que se hace cercano. Con la parábola del buen samaritano Jesús demuestra que no hay que esperar pasivamente a que el prójimo aparezca en mi camino, con muchas señales luminosas, con las sirenas desplegadas. El prójimo eres tu, es decir, el que tu puedes llegar a ser. El prójimo no existe de partida, sino que se tendrá un prójimo sólo el que se haga próximo a alguien.
Ha cambiado sobre todo el modelo o la medida del amor al prójimo. Hasta Jesús, el modelo era el amor de uno mismo: “como a ti mismo”. Se dijo que Dios no podía asegurar el amor al prójimo a un “perno” más seguro que este; no habría obtenido el mismo objetivo ni siquiera su hubiese dicho: “¡Amarás a tu prójimo como a tu Dios!”, porque sobre el amor a Dios – es decir, sobre qué es amar a Dios – el hombre todavía puede hacer trampa , pero sobre el amor a sí mismo no. El hombre sabe muy bien qué significa, en toda circunstancia, amarse a sí mismo; es un espejo que tiene siempre ante sí, no tiene escapatoria1.
Y sin embargo deja una escapatoria, y es por ello que Jesús lo sustituye por otro modelo y otra medida: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Jn 15,12). El hombre puede amarse a sí mismo de forma equivocada, es decir, desear el mal, no el bien, amar el vicio, no la virtud. Si un hombre semejante ama a los demás como a sí mismo, ¡pobrecita la persona que sea amada así! Sabemos en cambio a dónde nos lleva el amor de Jesús: a la verdad, al bien, al Padre. Quien le sigue “no camina en las tinieblas”. Él nos amó dando la vida por nosotros, cuando éramos pecadores, es decir, enemigos (Rm 5, 6 ss).
Se entiende de este modo qué quiere decir el evangelista Juan con su afirmación aparentemente contradictoria: “Queridos míos, no os doy un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, el que aprendisteis desde el principio: este mandamiento antiguo es la palabra que oísteis. Sin embargo, el mandamiento que os doy es nuevo” (1 Jn 2, 7-8). El mandamiento del amor al prójimo es “antiguo” en la letra, pero “nuevo” por la novedad misma del evangelio. Nuevo – explica el Papa en un capítulo de su nuevo libro sobre Jesús – porque no es ya solo “ley”, sino también, e incluso antes, “gracia”. Se funda en la comunión con Cristo, hecha posible por el don del Espíritu.2
Con Jesús se pasa de la ley del contrapeso, o entre dos actores: “Lo que el otro te hace, házselo tu a él”, a la ley del traspaso, o a tres actores: “Lo que Dios te ha hecho a ti, hazlo tu al otro”, o, partiendo de la dirección opuesta: “Lo que tu hayas hecho al otro, es lo que Dios hará contigo”. Son incontables las palabras de Jesús y de los apóstoles que repiten este concepto: “Como Dios os ha perdonado, perdonaos unos a otros”: “Si no perdonáis de corazón a vuestros enemigos, tampoco vuestro padre os perdonará”. Se corta la excusa de raíz: “Pero él no me ama, me ofende...”. Esto le compete a él, no a ti. A ti te tiene que importar sólo lo que haces al otro y cómo te comportas frente a lo que el otro te hace a ti.
Queda pendiente la pregunta principal: ¿por qué este singular cambio de rumbo del amor de Dios al prójimo? ¿No sería más lógico esperarse: “Como yo os he amado, amadme así a mi”?, en lugar de: “Como yo os he amado, amaos así unos a otros”? Aquí está la diferencia entre el amor puramente de eros y el amor de eros y agape unidos. El amor puramente erótico es de circuito cerrado: “Ámame, Alfredo, ámame como yo te amo”: así canta Violeta en la Traviata de Verdi: yo te amo, tu me amas. El amor de agape es de circuito abierto: viene de Dios y vuelve a él, pero pasando por el prójimo. Jesús inauguró él mismo este nuevo tipo de amor: “Como el Padre me ha amado, así también os he amado yo” (Jn 15, 9).
Santa Catalina de Siena dio, del motivo de ello, la explicación más sencilla y convincente. Ella hace decir a Dios:
“Yo os pido que me améis con el mismo amor con que yo os amo. Esto no me lo podéis hacer a mi, porque yo os amé sin ser amado. Todo el amor que tenéis por mí es un amor de deuda, no de gracia, porque estáis obligados a hacerlo, mientras que yo os amo con un amor de gracia, no de deuda. Por ello, vosotros no podéis darme el amor que yo requiero. Por esto os he puesto al lado a vuestro prójimo: para que hagáis a este lo que no podéis hacerme a mi, es decir, amarlo sin consideraciones de mérito y sin esperaron utilidad alguna. Y yo considero que me hacéis a mi lo que le hacéis a él”3.
2. Amaos de verdadero corazón
Tras estas reflexiones generales sobre el mandamiento del amor al prójimo, ha llegado el momento de hablar de la cualidad que debe revestir este amor. Éstas son fundamentalmente dos: debe ser un amor sincero y un amor de los hechos, un amor del corazón y un amor, por así decirlo, de las manos. Esta vez nos detendremos en la primera cualidad, y lo hacemos dejándonos guiar por el gran cantor de la caridad que es Pablo.
La segunda parte de la Carta a los Romanos es toda una sucesión de recomendaciones sobre el amor mutuo dentro de la comunidad cristiana: “Que vuestra caridad sea sin fingimiento[...]; amaos unos a otros con afecto fraterno, competid en estimaros mutuamente...” (Rm 12, 9 ss). “Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley” (Rm 13, 8).
Para captar el espíritu que unifica todas estas recomendaciones, la idea de fondo, o mejor, el “sentimiento” que Pablo tiene de la caridad, debe partirse de esa palabra inicial: “Que la caridad sea sin fingimiento”. Esta no es una de las muchas exhortaciones, sino la matriz de la que deriva todas las demás. Contiene el secreto de la caridad. Intentemos captar, con la ayuda del Espíritu, este secreto.
El término original usado por san Pablo y que se traduce como “sin fingimiento”, es anhypòkritos, es decir, sin hipocresía. Este término es una especie de “chivato”; es, de hecho, un término raro que encontramos empleado, en el Nuevo Testamento, casi exclusivamente para definir el amor cristiano. La expresión “amor sincero” (anhypòkritos) vuelve ahora en 2 Corintios 6, 6 y en 1 Pedro 1, 22. Este último texto permite captar, con toda certeza, el significado del término en cuestión, porque lo explica con una perífrasis; el amor sincero – dice – consiste en amarse intensamente “de verdadero corazón”.
San Pablo, por tanto, con esa sencilla afirmación: “que la caridad sea sin fingimiento”, lleva el discurso a la raíz misma de la caridad, al corazón. Lo que se exige del amor es que sea verdadero, auténtico, no fingido. Como el vino, para ser “sincero”, debe ser exprimido de la uva, así el amor del corazón. También en ello el Apóstol es el eco fiel del pensamiento de Jesús; él, de hecho, había indicado, repetidamente y con fuerza, al corazón, como el “lugar” en el que se decide el valor de lo que el hombre hace, lo que es puro, o impuro, en la vida de una persona (Mt 15, 19).
Podemos hablar de una intuición paulina, respecto de la caridad; ésta consiste en revelar, tras el universo visible y exterior de la caridad, hecho de obras y de palabras, otro universo totalmente interior, que es, respecto al primero, lo que el alma es para el cuerpo. Volvemos a encontrar esta intuición en el otro gran texto sobre la caridad que es 1 Corintios 13. Lo que san Pablo dice allí, bien mirado, se refiere totalmente a esta caridad interior, a las disposiciones y a los sentimientos de caridad: la caridad es paciente, es benigna, no es envidiosa, no se irrita, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera... No hay nada que se refiera, directamente de por sí, a hacer el bien, u obras de caridad, sino que todo se reconduce a la raíz del querer bien. La benevolencia viene antes que la beneficencia.
Es el Apóstol mismo el que explicita la diferencia entre las dos esferas de la caridad, diciendo que el mayor acto de caridad exterior – el distribuir a los pobres todos los bienes – no serviría de nada sin la caridad interior (cf. 1 Cor 13, 3). Sería lo opuesto de la caridad “sincera”. La caridad hipócrita, de hecho, es precisamente la que hace el bien, sin querer bien, que muestra exteriormente algo que no tiene una correspondencia en el corazón. En este caso, se tiene una falta de caridad, que puede, incluso, esconder egoísmo, búsqueda de sí, instrumentalización del hermano, o incluso simple remordimiento de conciencia.
Sería un error fatal contraponer entre sí caridad del corazón y caridad de los hechos, o refugiarse en la caridad interior, para encontrar en ella una especie de coartada a la falta de caridad de los hechos. Por lo demás, decir que, sin la caridad, “de nada me aprovecha” siquiera el dar todo a los pobres, no significa decir que esto no le sirve a nadie y que es inútil; significa más bien decir que no me aprovecha “a mí”, mientras que puede aprovechar al pobre que la recibe. No se trata, por tanto, de atenuar la importancia de las obras de caridad (lo veremos, decía, la próxima vez), sino de asegurarles un fundamento seguro contra el egoísmo y sus infinitas astucias. San Pablo quiere que los cristianos estén “arraigados y fundados en la caridad” (Ef 3, 17), es decir, que el amor sea la raíz y el fundamento de todo.
Amar sinceramente significa amar a esta profundidad, allí donde no se puede mentir, porque estás solo ante ti mismo, solo ante el espejo de tu conciencia, bajo la mirada de Dios. “Ama a su hermano – escribe Agustín – el que, ante Dios, allí donde él solo ve, afirma su corazón y se pregunta íntimamente si verdaderamente actúa así por amor al hermano; y ese ojo que penetra en el corazón, allí adonde el hombre no puede llegar, le da testimonio”4. Era amor sincero por ello el de Pablo por los judíos si podía decir: “ Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón. Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza” (Rom 9,1-3).
Para ser genuina, la caridad cristiana debe, por tanto, partir desde el interior, desde el corazón; las obras de misericordia de las “entrañas de misericordia” (Col 3, 12). Con todo, debemos precisar en seguida que aquí se trata de algo mucho más radical que la simple “interiorización”, es decir, de un poner el acento de la práctica exterior de la caridad a la práctica interior. Este es solo el primer paso. ¡La interiorización apunta a la divinización! El cristiano – decía san Pedro – es aquel que ama “de verdadero corazón”: ¿pero con qué corazón? ¡Con “el corazón nuevo y el Espíritu nuevo” recibido en el bautismo!
Cuando un cristiano ama así, es Dios el que ama a través de él; él se convierte en un canal del amor de Dios. Sucede como con el consuelo, que no es otra cosa sino una modalidad del amor: “Dios nos consuela en cada una de nuestras tribulaciones para que podamos también nosotros consolar a quienes se encuentran en todo tipo de aflicción con el consuelo con el que nosotros mismos somos consolados por Dios” (2 Cor 1, 4). Nosotros consolamos con el consuelo con el que somos consolados por Dios, amamos con el amor con el que somos amados por Dios. No con uno diverso. Esto explica el eco, aparentemente desproporcionado, que tiene a veces un sencillísimo acto de amor, a menudo escondido, la esperanza y la luz que crea alrededor.
3. La caridad edifica
Cuando se habla de la caridad en los escritos apostólicos, no se habla de ella nunca en abstracto, de modo genérico. El trasfondo es siempre la edificación de la comunidad cristiana. En otras palabras, el primer ámbito de ejercicio de la caridad debe ser la Iglesia, y más concretamente aún la comunidad en la que se vive, las personas con las que se mantienen relaciones cotidianas. Así debe suceder también hoy, en particular en el corazón de la Iglesia, entre aquellos que trabajan en estrecho contacto con el Sumo Pontífice.
Durante un cierto tiempo en la antigüedad se quiso designar con el término caridad, agape, no sólo la comida fraterna que los cristianos tomaban juntos, sino también a toda la Iglesia5. El mártir san Ignacio de Antioquía saluda a la Iglesia de Roma como la que “preside en la caridad (agape)”, es decir, en la “fraternidad cristiana”, el conjunto de todas las iglesias6. Esta frase no afirma sólo el hecho del primado, sino también su naturaleza, o el modo de ejercerlo: es decir, en la caridad.
La Iglesia tiene necesidad urgente de una llamarada de caridad que cure sus fracturas. En un discurso suyo, Pablo VI decía: “La Iglesia necesita sentir refluir por todas sus facultades humanas la ola del amor, de ese amor que se llama caridad, y que precisamente ha sido difundida en nuestros corazones precisamente por el Espíritu Santo que se nos ha dado” 7. Sólo el amor cura. Es el óleo del samaritano. Oleo también porque debe flotar por encima de todo, como hace precisamente el aceite respecto a los líquidos. “Que por encima de todo esté la caridad, que es el vínculo de la perfección” (Col 3, 14). Por encima de todo, super omnia! Por tanto también de la fe y de la esperanza, de la disciplina, de la autoridad, aunque, evidentemente, la propia disciplina y autoridad puede ser una expresión de la caridad. No hay unidad sin la caridad y, si la hubiese, sería sólo una unidad de poco valor para Dios.
Un ámbito importante sobre el que trabajar es el de los juicios recíprocos. Pablo escribía a los Romanos: “Entonces, ¿Con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? ... Dejemos entonces de juzgarnos mutuamente” (Rm 14, 10.13). Antes de él Jesús había dicho: “No juzguéis y no seréis juzgados [...] ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?” (Mt 7, 1-3). Compara el pecado del prójimo (el pecado juzgado), cualquiera que sea, con una pajita, frente al pecado de quien juzga (el pecado de juzgar) que es una viga. La viga es el hecho mismo de juzgar, tan grave es eso a los ojos de Dios.
El discurso sobre los juicios es ciertamente delicado y complejo y no se puede dejar a medias, sin que aparezca en seguida poco realista. ¿Cómo se puede, de hecho, vivir del todo sin juzgar? El juicio está dentro de nosotros incluso en una mirada. No podemos observar, escuchar, vivir, sin dar valoraciones, es decir, sin juzgar. Un padre, un superior, un confesor, un juez, quien tenga una responsabilidad sobre los demás, debe juzgar. Es más, a veces, como es el caso de muchos aquí en la Curia, el juzgar es, precisamente, el tipo de servicio que uno está llamado a prestar a la sociedad o a la Iglesia.
De hecho, no es tanto el juicio el que se debe quitar de nuestro corazón, ¡sino más bien el veneno de nuestro juicio! Es decir, el hastío, la condena. En el relato de Lucas, el mandato de Jesús: “No juzguéis y no seréis juzgados” es seguido inmediatamente, como para explicitar el sentido de estas palabras, por el mandato: “No condenéis y no seréis condenados” (Lc 6, 37). De por sí, el juzgar es una acción neutral, el juicio puede terminar tanto en condena como en absolución y justificación. Son los prejuicios negativos los que son recogidos y prohibidos por la palabra de Dios, los que junto con el pecado condenan también al pecador, los que miran más al castigo que a la corrección del hermano.
Otro punto cualificador de la caridad sincera es la estima: “competid en estimaros mutuamente” (Rm 12, 10). Para estimar al hermano, es necesario no estimarse uno mismo demasiado; es necesario – dice el Apóstol – “no hacerse una idea demasiado alta de sí mismos” (Rm 12, 3). Quien tiene una idea demasiado alta de sí mismo es como un hombre que, de noche, tiene ante los ojos una fuente de luz intensa: no consigue ver otra cosa más allá de ella; no consigue ver las luces de los hermanos, sus virtudes y sus valores.
“Minimizar” debe ser nuestro verbo preferido, en las relaciones con los demás: minimizar nuestras virtudes y los defectos de los demás. ¡No minimizar nuestros defectos y las virtudes de los demás, como en cambio hacemos a menudo, que es la cosa diametralmente opuesta! Hay una fábula de Esopo al respecto; en la reelaboración que hace de ella La Fontaine suena así:
“Cuando viene a este valle
cada uno lleva encima
una doble alforja.
Dentro de la parte de delante
de buen grado todos
echamos los defectos ajenos,
y en la de atrás, los propios”8.
Deberíamos sencillamente dar la vuelta a las cosas: poner nuestros defectos en la parte de delante y los defectos ajenos en la de detrás. Santiago advierte: “No habléis mal unos de otros” (St 4,11). El chisme ha cambiado de nombre, se llama comentario [gossip, n.d.t.] y parece haberse convertido en algo inocente, en cambio es una de las cosas que más contaminan el vivir juntos. No basta con no hablar mal de los demás; es necesario además impedir que otros lo hagan en nuestra presencia, hacerles entender, quizás silenciosamente, que no se está de acuerdo. ¡Qué aire distinto se respira en un ambiente de trabajo y en una comunidad cuando se toma en serio la advertencia de Santiago! En muchos locales públicos una vez se ponía: “Aquí no se fuma”, o también, “Aquí no se blasfema”. No estaría mal sustituirlas, en algunos casos, con el escrito: “¡Aquí no se hacen chismes!”
Terminemos escuchando como dirigida a nosotros la exhortación del Apóstol a la comunidad de Filipos, tan querida por él: “Os ruego que hagais perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tened un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagáis nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad os lleve a estimar a los otros como superiores a vosotros mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás” (Fil 2, 2-5).
1 Cf. S. Kierkegaard, Gli atti dell’amore, Milán, Rusconi, 1983, p. 163.
2 Benedicto XVI, Gesù di Nazaret, II Parte, Libreria Editrice Vaticana 2011, pp. 76 s.
3 S. Catalina de Siena, Dialogo 64.
4 S. Agustín, Comentario a la primera carta de Juan, 6,2 (PL 35, 2020).
5 Lampe, A Patristic Greek Lexicon, Oxford 1961, p. 8
6 S. Ignacio de Antioquía, Carta a los Romanos, saludo inicial.
7 Discurso en la audiencia general del 29 de noviembre de 1972 (Insegnamenti di Paolo VI, Tipografia Poliglotta Vaticana, X, pp. 1210s.).
8 J. de La Fontaine, Fábulas, I, 7
viernes, 27 de mayo de 2011
martes, 24 de mayo de 2011
UNA BUENA PELICULA PARA VER
HOLA TE RECOMIENDO QUE VEAS LA SIGUIENTE PELICULA
http://www.youtube.com/watch?v=j26MqaVjKPc&feature=player_embedded
TE LLENARA DE AMOR, DE ESPERANZA Y PODRAS ENCONTRAR EN ELLA ELEMENTOS PARA DAR GRACIAS POR TU VIDA.
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jueves, 19 de mayo de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
LA SANTA MISA
El Padre Pío explica, durante una entrevista, la Santa Misa:
En 1974 se publicó una obra en italiano, titulada «Cosí parlò Padre Pío»: «Así habló el Padre Pío» (San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia), con el imprimátur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia.
- Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
"Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme".
- ¿Qué hace Jesús en la Comunión?
"Se deleita en su criatura".
Algunos pasajes en los que el Padre Pío habla de la Santa Misa:
Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio?
Sí, porque con él regenera el mundo.
¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios?
Una gloria infinita.
¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?
Compadecernos y amar.
Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa?
Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.
Padre, ¿qué beneficios recibimos al asistir a la Santa Misa?
No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.
Padre, ¿qué es su Misa?
Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi responsabilidad es única en el mundo, decía llorando.
¿Qué tengo que descubrir en su Santa Misa?
Todo el Calvario.
Padre, dígame todo lo que sufre Vd. durante la Santa Misa.
Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión, aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer una criatura humana. Y esto, a pesar de cada una de mis faltas y por su sola bondad.
Padre, durante el Sacrificio Divino, ¿carga Vd. nuestros pecados?
No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.
¿El Señor le considera a Vd. como un pecador?
No lo sé, pero me temo que así es.
Yo lo he visto temblar a Vd. cuando sube las gradas del Altar. ¿Por qué? ¿Por lo que tiene que sufrir?
No por lo que tengo que sufrir, sino por lo que tengo que ofrecer.
¿En qué momento de la Misa sufre Vd. más?
En la Consagración y en la Comunión.
Padre, esta mañana en la Misa, al leer la historia de Esaú, que vendió su primogenitura, sus ojos se llenaron de lágrimas.
¡Te parece poco, despreciar los dones de Dios!
¿Por qué, al leer el Evangelio, lloró cuando leyó esas palabras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre»...?
Llora conmigo de ternura.
Padre, ¿por qué llora Vd. casi siempre cuando lee el Evangelio en la Misa?
Nos parece que no tiene importancia el que un Dios le hable a sus criaturas y que ellas lo contradigan y que continuamente lo ofendan con su ingratitud e incredulidad.
Su Misa, Padre, ¿es un sacrificio cruento?
¡Hereje!
Perdón, Padre, quise decir que en la Misa el Sacrificio de Jesús no es cruento, pero que la participación de Vd. a toda la Pasión si lo es. ¿Me equivoco?
Pues no, en eso no te equivocas. Creo que seguramente tienes razón.
¿Quien le limpia la sangre durante la Santa Misa?
Nadie.
Padre, ¿por qué llora en el Ofertorio?
¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento en que el alma se separa de las cosas profanas.
Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme.
¿No le distraen los ruidos?
Para nada.
Padre, ¿por qué sufre tanto en la Consagración?
No seas malo... (no quiero que me preguntes eso...).
Padre, ¡dígamelo! ¿Por qué sufre tanto en la Consagración?
Porque en ese momento se produce realmente una nueva y admirable destrucción y creación.
Padre, ¿por qué llora en el Altar y qué significan las palabras que dice Vd. en la Elevación? Se lo pregunto por curiosidad, pero también porque quiero repetirlas con Vd.
Los secretos de Rey supremo no pueden revelarse sin profanarlos. Me preguntas por qué lloro, pero yo no quisiera derramar esas pobres lagrimitas sino torrentes de ellas. ¿No meditas en este grandioso misterio?
Padre, ¿sufre Vd. durante la Misa la amargura de la hiel?
Sí, muy a menudo...
Padre, ¿cómo puede estarse de pie en el Altar?
Como estaba Jesús en la Cruz.
En el Altar, ¿está Vd. clavado en la Cruz como Jesús en el Calvario?
¿Y aún me lo preguntas?
¿Como se halla Vd.?
Como Jesús en el Calvario.
Padre, los verdugos acostaron la Cruz de Jesús para hundirle los clavos?
Evidentemente.
¿A Vd. también se los clavan?
¡Y de qué manera!
¿También acuestan la Cruz para Vd.?
Sí, pero no hay que tener miedo.
Padre, durante la Misa, ¿dice Vd. las siete palabras que Jesús dijo en la Cruz?
Sí, indignamente, pero también yo las digo.
Y ¿a quién le dice: «Mujer, he aquí a tu hijo»?
Se lo digo a Ella: He aquí a los hijos de Tu Hijo.
¿Sufre Vd. la sed y el abandono de Jesús?
Sí.
¿En qué momento?
Después de la Consagración.
¿Hasta qué momento?
Suele ser hasta la Comunión.
Vd. ha dicho que le avergüenza decir: «Busqué quien me consolase y no lo hallé». ¿Por qué?
Porque nuestro sufrimiento, de verdaderos culpables, no es nada en comparación del de Jesús.
¿Ante quién siente vergüenza?
Ante Dios y mi conciencia.
Los Angeles del Señor ¿lo reconfortan en el Altar en el que se inmola Vd.?
Pues... no lo siento.
Si el consuelo no llega hasta su alma durante el Santo Sacrificio y Vd. sufre, como Jesús, el abandono total, nuestra presencia no sirve de nada.
La utilidad es para vosotros. ¿Acaso fue inútil la presencia de la Virgen Dolorosa, de San Juan y de las piadosas mujeres a los pies de Jesús agonizante?
¿Qué es la sagrada Comunión?
Es toda una misericordia interior y exterior, todo un abrazo. Pídele a Jesús que se deje sentir sensiblemente.
Cuando viene Jesús, ¿visita solamente el alma?
El ser entero.
¿Qué hace Jesús en la Comunión?
Se deleita en su criatura.
Cuando se une a Jesús en la Santa Comunión, ¿qué quiere que le pidamos al Señor por Vd.?
Que sea otro Jesús, todo Jesús y siempre Jesús.
¿Sufre Vd. también en la Comunión?
Es el punto culminante.
Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos?
Sí, pero son sufrimientos de amor.
¿A quién se dirigió la última mirada de Jesús agonizante?
A su Madre.
Y Vd., ¿a quién mira?
A mis hermanos de exilio.
¿Muere Vd. en la Santa Misa?
Místicamente, en la Sagrada Comunión.
¿Es por exceso de amor o de dolor?
Por ambas cosas, pero más por amor.
Si Vd. muere en la Comunión ¿ya no está en el Altar? ¿Por qué?
Jesús muerto, seguía estando en el Calvario.
Padre, Vd. a dicho que la víctima muere en la Comunión. ¿Lo ponen a Vd. en los brazos de Nuestra Señora?
En los de San Francisco.
Padre, ¿Jesús desclava los brazos de la Cruz para descansar en Vd.?
¡Soy yo quien descansa en El!
¿Cuánto ama a Jesús?
Mi deseo es infinito, pero la verdad es que, por desgracia, tengo que decir que nada, y me da mucha pena.
Padre, ¿por qué llora Vd. al pronunciar la última frase del Evangelio de San Juan: «Y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»?
¿Te parece poco? Si los Apóstoles, con sus ojos de carne, han visto esa gloria, ¿cómo será la que veremos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifieste en el Cielo?
¿Qué unión tendremos entonces con Jesús?
La Eucaristía nos da una idea.
¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa?
¿Crees que la Mamá no se interesa por su hijo?
¿Y los ángeles?
En multitudes.
¿Qué hacen?
Adoran y aman.
Padre, ¿quién está más cerca de su Altar?
Todo el Paraíso.
¿Le gustaría decir más de una Misa cada día?
Si yo pudiese, no querría bajar nunca del Altar.
Me ha dicho que Vd. trae consigo su propio Altar...
Sí, porque se realizan estas palabras del Apóstol: «Llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús» (Gal. 6, 17), «estoy crucificado con Cristo» (Gal. 2, 19) y «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (I Cor. 9, 27).
¡En ese caso, no me equivoco cuando digo que estoy viendo a Jesús Crucificado!
(No contesta).
Padre, ¿se acuerda Vd. de mí durante la Santa Misa?
Durante toda la Misa, desde el principio al fin, me acuerdo de tí.
----------
La Misa del Padre Pío en sus primeros años duraba más de dos horas. Siempre fue un éxtasis de amor y de dolor.
Su rostro se veía enteramente concentrado en Dios y lleno de lágrimas. Un día, al confesarme, le pregunté sobre este gran misterio:
Padre, quiero hacerle una pregunta.
Dime, hijo.
Padre, quisiera preguntarle qué es la Misa.
¿Por qué me preguntas eso?
Para oírla mejor, Padre.
Hijo, te puedo decir lo que es mi Misa.
Pues eso es lo que quiero saber, Padre.
Hijo mío, estamos siempre en la cruz y la Misa es una continua agonía.
El santo Padre Pío de Pietrelcina habló en varias ocasiones con la Virgen de Garabandal y escribió a las niñas en nombre de Ella. Vio el Milagro que va a venir poco antes de morir. Las enseñanzas de la Santísima Virgen acerca de la Santa Misa como el Santo Sacrificio de la Cruz de cara al Santísimo se pueden comprender leyendo este diálogo. A esto se refiere María Dolores en una carta escrita en tiempo de las Apariciones cuando dice que la Santísima Virgen la enseñó a vivir la Crucifixión de Jesús durante la Santa Misa.
En 1974 se publicó una obra en italiano, titulada «Cosí parlò Padre Pío»: «Así habló el Padre Pío» (San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia), con el imprimátur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia.
- Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
"Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme".
- ¿Qué hace Jesús en la Comunión?
"Se deleita en su criatura".
Algunos pasajes en los que el Padre Pío habla de la Santa Misa:
Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio?
Sí, porque con él regenera el mundo.
¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios?
Una gloria infinita.
¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?
Compadecernos y amar.
Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa?
Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.
Padre, ¿qué beneficios recibimos al asistir a la Santa Misa?
No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.
Padre, ¿qué es su Misa?
Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi responsabilidad es única en el mundo, decía llorando.
¿Qué tengo que descubrir en su Santa Misa?
Todo el Calvario.
Padre, dígame todo lo que sufre Vd. durante la Santa Misa.
Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión, aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer una criatura humana. Y esto, a pesar de cada una de mis faltas y por su sola bondad.
Padre, durante el Sacrificio Divino, ¿carga Vd. nuestros pecados?
No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.
¿El Señor le considera a Vd. como un pecador?
No lo sé, pero me temo que así es.
Yo lo he visto temblar a Vd. cuando sube las gradas del Altar. ¿Por qué? ¿Por lo que tiene que sufrir?
No por lo que tengo que sufrir, sino por lo que tengo que ofrecer.
¿En qué momento de la Misa sufre Vd. más?
En la Consagración y en la Comunión.
Padre, esta mañana en la Misa, al leer la historia de Esaú, que vendió su primogenitura, sus ojos se llenaron de lágrimas.
¡Te parece poco, despreciar los dones de Dios!
¿Por qué, al leer el Evangelio, lloró cuando leyó esas palabras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre»...?
Llora conmigo de ternura.
Padre, ¿por qué llora Vd. casi siempre cuando lee el Evangelio en la Misa?
Nos parece que no tiene importancia el que un Dios le hable a sus criaturas y que ellas lo contradigan y que continuamente lo ofendan con su ingratitud e incredulidad.
Su Misa, Padre, ¿es un sacrificio cruento?
¡Hereje!
Perdón, Padre, quise decir que en la Misa el Sacrificio de Jesús no es cruento, pero que la participación de Vd. a toda la Pasión si lo es. ¿Me equivoco?
Pues no, en eso no te equivocas. Creo que seguramente tienes razón.
¿Quien le limpia la sangre durante la Santa Misa?
Nadie.
Padre, ¿por qué llora en el Ofertorio?
¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento en que el alma se separa de las cosas profanas.
Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme.
¿No le distraen los ruidos?
Para nada.
Padre, ¿por qué sufre tanto en la Consagración?
No seas malo... (no quiero que me preguntes eso...).
Padre, ¡dígamelo! ¿Por qué sufre tanto en la Consagración?
Porque en ese momento se produce realmente una nueva y admirable destrucción y creación.
Padre, ¿por qué llora en el Altar y qué significan las palabras que dice Vd. en la Elevación? Se lo pregunto por curiosidad, pero también porque quiero repetirlas con Vd.
Los secretos de Rey supremo no pueden revelarse sin profanarlos. Me preguntas por qué lloro, pero yo no quisiera derramar esas pobres lagrimitas sino torrentes de ellas. ¿No meditas en este grandioso misterio?
Padre, ¿sufre Vd. durante la Misa la amargura de la hiel?
Sí, muy a menudo...
Padre, ¿cómo puede estarse de pie en el Altar?
Como estaba Jesús en la Cruz.
En el Altar, ¿está Vd. clavado en la Cruz como Jesús en el Calvario?
¿Y aún me lo preguntas?
¿Como se halla Vd.?
Como Jesús en el Calvario.
Padre, los verdugos acostaron la Cruz de Jesús para hundirle los clavos?
Evidentemente.
¿A Vd. también se los clavan?
¡Y de qué manera!
¿También acuestan la Cruz para Vd.?
Sí, pero no hay que tener miedo.
Padre, durante la Misa, ¿dice Vd. las siete palabras que Jesús dijo en la Cruz?
Sí, indignamente, pero también yo las digo.
Y ¿a quién le dice: «Mujer, he aquí a tu hijo»?
Se lo digo a Ella: He aquí a los hijos de Tu Hijo.
¿Sufre Vd. la sed y el abandono de Jesús?
Sí.
¿En qué momento?
Después de la Consagración.
¿Hasta qué momento?
Suele ser hasta la Comunión.
Vd. ha dicho que le avergüenza decir: «Busqué quien me consolase y no lo hallé». ¿Por qué?
Porque nuestro sufrimiento, de verdaderos culpables, no es nada en comparación del de Jesús.
¿Ante quién siente vergüenza?
Ante Dios y mi conciencia.
Los Angeles del Señor ¿lo reconfortan en el Altar en el que se inmola Vd.?
Pues... no lo siento.
Si el consuelo no llega hasta su alma durante el Santo Sacrificio y Vd. sufre, como Jesús, el abandono total, nuestra presencia no sirve de nada.
La utilidad es para vosotros. ¿Acaso fue inútil la presencia de la Virgen Dolorosa, de San Juan y de las piadosas mujeres a los pies de Jesús agonizante?
¿Qué es la sagrada Comunión?
Es toda una misericordia interior y exterior, todo un abrazo. Pídele a Jesús que se deje sentir sensiblemente.
Cuando viene Jesús, ¿visita solamente el alma?
El ser entero.
¿Qué hace Jesús en la Comunión?
Se deleita en su criatura.
Cuando se une a Jesús en la Santa Comunión, ¿qué quiere que le pidamos al Señor por Vd.?
Que sea otro Jesús, todo Jesús y siempre Jesús.
¿Sufre Vd. también en la Comunión?
Es el punto culminante.
Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos?
Sí, pero son sufrimientos de amor.
¿A quién se dirigió la última mirada de Jesús agonizante?
A su Madre.
Y Vd., ¿a quién mira?
A mis hermanos de exilio.
¿Muere Vd. en la Santa Misa?
Místicamente, en la Sagrada Comunión.
¿Es por exceso de amor o de dolor?
Por ambas cosas, pero más por amor.
Si Vd. muere en la Comunión ¿ya no está en el Altar? ¿Por qué?
Jesús muerto, seguía estando en el Calvario.
Padre, Vd. a dicho que la víctima muere en la Comunión. ¿Lo ponen a Vd. en los brazos de Nuestra Señora?
En los de San Francisco.
Padre, ¿Jesús desclava los brazos de la Cruz para descansar en Vd.?
¡Soy yo quien descansa en El!
¿Cuánto ama a Jesús?
Mi deseo es infinito, pero la verdad es que, por desgracia, tengo que decir que nada, y me da mucha pena.
Padre, ¿por qué llora Vd. al pronunciar la última frase del Evangelio de San Juan: «Y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»?
¿Te parece poco? Si los Apóstoles, con sus ojos de carne, han visto esa gloria, ¿cómo será la que veremos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifieste en el Cielo?
¿Qué unión tendremos entonces con Jesús?
La Eucaristía nos da una idea.
¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa?
¿Crees que la Mamá no se interesa por su hijo?
¿Y los ángeles?
En multitudes.
¿Qué hacen?
Adoran y aman.
Padre, ¿quién está más cerca de su Altar?
Todo el Paraíso.
¿Le gustaría decir más de una Misa cada día?
Si yo pudiese, no querría bajar nunca del Altar.
Me ha dicho que Vd. trae consigo su propio Altar...
Sí, porque se realizan estas palabras del Apóstol: «Llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús» (Gal. 6, 17), «estoy crucificado con Cristo» (Gal. 2, 19) y «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (I Cor. 9, 27).
¡En ese caso, no me equivoco cuando digo que estoy viendo a Jesús Crucificado!
(No contesta).
Padre, ¿se acuerda Vd. de mí durante la Santa Misa?
Durante toda la Misa, desde el principio al fin, me acuerdo de tí.
----------
La Misa del Padre Pío en sus primeros años duraba más de dos horas. Siempre fue un éxtasis de amor y de dolor.
Su rostro se veía enteramente concentrado en Dios y lleno de lágrimas. Un día, al confesarme, le pregunté sobre este gran misterio:
Padre, quiero hacerle una pregunta.
Dime, hijo.
Padre, quisiera preguntarle qué es la Misa.
¿Por qué me preguntas eso?
Para oírla mejor, Padre.
Hijo, te puedo decir lo que es mi Misa.
Pues eso es lo que quiero saber, Padre.
Hijo mío, estamos siempre en la cruz y la Misa es una continua agonía.
El santo Padre Pío de Pietrelcina habló en varias ocasiones con la Virgen de Garabandal y escribió a las niñas en nombre de Ella. Vio el Milagro que va a venir poco antes de morir. Las enseñanzas de la Santísima Virgen acerca de la Santa Misa como el Santo Sacrificio de la Cruz de cara al Santísimo se pueden comprender leyendo este diálogo. A esto se refiere María Dolores en una carta escrita en tiempo de las Apariciones cuando dice que la Santísima Virgen la enseñó a vivir la Crucifixión de Jesús durante la Santa Misa.
¿HAY UN SECRETO PARA LA FELICIDAD?

La vida no es fácil: reprobaste, te cortaron, el amor de tu vida no te hace caso. Sin una actitud positiva te lleva el tren. El optimismo ayuda a enfrentar todas las dificultades de la vida y podemos decir “al mal tiempo buena cara.” ¿Hay algún secreto para la felicidad? Bueno, tal vez nunca se pueda ser totalmente feliz, pero si eres optimista habrás dado un gran paso.
También de seguro tienes al clásico amigo pesimista que le ve la mosca en la sopa a todo y, claro, te acaba contagiando. Pero de seguro también conoces a alguien que no se deja caer y que en todo ve oportunidades.
El optimismo no borra los problemas, a veces las cosas simplemente no te salen. De hecho si todo saliera siempre bien no harían falta optimistas.
Cuando te das un frentazo, la frustración puede paralizarte. ¿Has pensado que muchos tropiezos se dan por hacer las cosas demasiado rápido o sin pensar? La experiencia sirve para aprender y rectificar. El optimista sabe que puede equivocarse, pero está dispuesto a corregir.
Una actitud sencilla y optimista no desmerita el esfuerzo o la iniciativa. ¡No eres Superman! No lo puedes todo, pero el optimista sale adelante siempre.
Pero mucho ojo: el optimista no es ingenuo ni se deja llevar por ideas prometedoras, procura pensar y considerar detenidamente todas las posibilidades antes de tomar decisiones. Si una persona desea iniciar un negocio propio sin el capital suficiente, sin conocer a fondo el ramo o con una vaga idea de la administración requerida, por muy optimista que sea seguramente fracasará en su empeño, ya que carece de las herramientas y fundamentos esenciales para lograrlo.
Podría pensarse que el optimismo nada tiene que ver con el resto de las personas, sin embargo, este valor nos hace tener una mejor disposición hacia los demás: cuando conocemos a alguien esperamos una actitud positiva y abierta. Si nuestras expectativas no se cumplen, lo mejor es pensar que las personas pueden cambiar, aprender y adaptarse con nuestra ayuda. El optimista reconoce el momento adecuado para dar aliento, para motivar, para servir.
El paso hacia el verdadero optimismo requiere una disposición más entusiasta y positiva, es tanto como darle la vuelta a una moneda y ver todo con una apariencia distinta:
• Analiza las cosas a partir de los puntos buenos y positivos, seguramente con esto se solucionarán muchos de los inconvenientes. Curiosamente, no siempre funciona igual a la inversa.
• Haz el esfuerzo por dar sugerencias y soluciones, en vez de hacer críticas o pronunciar quejas.
• Procura descubrir las cualidades y capacidades de los demás, reconociendo el esfuerzo, el interés y la dedicación. Esto es lo más justo y honesto.
• Aprende a ser sencillo y pide ayuda, generalmente otras personas encuentran la solución más rápido.
• No hagas alarde de seguridad en ti mismo tomando decisiones a la ligera, considera todo antes de actuar pues las cosas no se solucionan por sí mismas. De lo contrario es imprudencia, no optimismo.
Recuerda siempre que no es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien ha sabido encontrar un estímulo para superarse en lo adverso. Todo requiere esfuerzo y el optimismo es su manifestación más clara, de esta forma, las dificultades y contrariedades dejan de ser una carga.
martes, 17 de mayo de 2011
ORACION VOCACIONAL

Padre Bueno, dueño de la mies,
escucha la oración de tus hijos.
Concédenos muchas y
muy santas vocaciones sacerdotales,
consagradas y laicales,
garantía de vitalidad
para el porvenir de tu Iglesia.
Haz que los sacerdotes,
los consagrados y los laicos
seamos testimonio de caridad
por nuestra total entrega a ti
y a nuestro prójimo.
Danos a todos sabiduría
para descubrir tu llamado
y generosidad para
responder con prontitud.
María, Madre de la Iglesia,
modelo de toda vocación,
intercede por nosotros
y ayúdanos a decir "Sí" al Señor
que nos llama a colaborar
en el designio divino de salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
TESTIMONIO DE MEDICOS SIN FRONTERAS

Testimonios
Claudia Noguera
Psicóloga - Colombia
Claudia Noguera es psicóloga y actualmente forma parte de los equipos de MSF en República Centroafricana (RCA), país en el que la organización viene trabajando en diversos proyectos desde 1997. Allí, miles de personas viven atrapadas en áreas afectadas por el conflicto armado entre grupos rebeldes y militares. Cada día, MSF es testigo del aislamiento y de la falta de acceso a la atención sanitaria de los pacientes que viven en regiones muy remotas.
A continuación, Claudia describe su trabajo y los proyectos de MSF en ese país, y recuerda su anterior experiencia con la organización en Haití.
Abril 2011
“He venido a la República Centroafricana para comenzar las actividades psicosociales en varios proyectos del norte del país, donde MSF trabaja desde 2006 atendiendo a las víctimas del conflicto armado. Actualmente estoy formando al personal para desarrollar más actividades de consejería y de sensibilización, de modo que la población sepa que tendrá un servicio de atención psicosocial a su disposición si lo necesita. Vamos a comenzar a realizar actividades a nivel comunitario y en el hospital, orientadas a las víctimas de la violencia del conflicto armado, pero también abarcaremos a víctimas de violencia sexual y a los pacientes que sufran de la enfermedad del sueño, del VIH, o de malnutrición. En principio, los casos vendrán referidos por el equipo médico, pero el objetivo es ampliar las actividades de sensibilización para que la gente conozca la existencia del apoyo psicosocial y se acerque voluntariamente cuando lo necesite. Hasta ahora, las actividades de consejería se habían concentrado en pacientes de VIH, pero no habíamos tenido impacto sobre las víctimas de la violencia, por lo que éste es un gran paso adelante.
Mi primera misión con MSF fue en Haití. Estuve como supervisora del equipo de salud mental en Jacmel, tras el terremoto de enero de 2010. Allí, trabajaba en el hospital y en los campos de desplazados, atendiendo a quienes habían perdido sus casas y se habían instalado en el estadio o en otros sectores de la ciudad. Inicialmente nos concentramos en el impacto psicológico del terremoto, pero con el tiempo vimos que había necesidad de trabajar sobre las relaciones comunitarias: el cambio de vida que habían tenido que realizar los pacientes por tener que vivir en tiendas de campaña junto a otras personas. Por ejemplo, comenzamos a observar otros problemas que surgían, relacionados con la vida de los campos de desplazados, como por ejemplo la violencia sexual. Así, organizamos grupos psicoeducativos para tratar temas como el maltrato familiar, la vida en convivencia y la violencia sexual. Estuve seis meses allí: fue una experiencia muy fuerte; la primera misión marca mucho.
Antes de trabajar con MSF era psicóloga en un colegio y sentía necesidad de estar en contacto directo con las necesidades humanas, sentir que estaba haciendo algo de mayor impacto con las personas que necesitaban más de mi trabajo. Conocía el trabajo de MSF en mi país, Colombia, pero nunca trabajé allí. El trabajo humanitario como psicóloga es muy interesante. Desde mi punto de vista como psicóloga me interesa el trabajo que implique también lo cultural, no sólo lo clínico. El hecho de venir a trabajar en un contexto que te exige un conocimiento de la cultura, adaptar tus técnicas y conocimientos a diferentes contextos, para mi es un aprendizaje, una oportunidad.
Mi misión en RCA es mi primera experiencia en África. Personalmente ha sido un reto y una oportunidad para aprender muchísimas cosas en muy poco tiempo. El hecho de que ocupo un puesto móvil (es decir, trabajo para varios proyectos al mismo tiempo y me desplazo continuamente entre ellos), me ha permitido conocer muchos equipos en tres ciudades distintas, contextos distintos y necesidades diferentes. Ahora ya estoy trabajando con un equipo psicosocial y estoy más satisfecha porque empiezas a ver que lo que haces puede tener un resultado directo. Que el servicio funciona. Espero que continúe funcionando bien en el futuro, que sigamos logrando buenos resultados.”
lunes, 9 de mayo de 2011
DON ZATTI
CUANDO NIÑA, MI MADRE CONSAGRO MI VIDA A LA INTERCESION DE DON ZATTI, EL ENFERMERO SANTO DE LA PATAGONIA, DON ZATTI MODELO DE VIDA, INTERCEDE POR NOSOTROS.
sábado, 7 de mayo de 2011
EL DON DE LA VIDA
El don de la Vida, es tan maravilloso, cuanto más aún cuando a cada instante nuestro Creador nos va regalando pequeños y grandes milagros, basta con el milagro de respirar cada mañana el aire fresco de esta querida patagonia.
Bendito sea Dios por todo lo bello que nos ha dado en la vida, bendito sea Dios por cada vida que viene al mundo, por cada niño formándose en el vientre materno, por cada persona que ama y se deja amar, por el misterio y milagro que somos cada uno de nosotros.
Por eso, como Madre Teresa de Calcuta animémonos a vivir de tal manera que, todo lo que hagamos nos sirva para tener un tesoro en el cielo.
Gastemos nuestro ser, gastemos nuestra vida, dándonos, sirviendo, siendo instrumentos del amor de Dios, aunque esto nos lleve a la indiferencia de muchos, a ser el hazme reír de varios, no importa gastemos nuestra vida regalándonos al servicio de nuestros hermanos y así seremos Testigos de que hemos conocido verdaderamente a Dios.
Sil.-
viernes, 6 de mayo de 2011
QUEDARME EN TI
¡OH Señor Rey de Reyes, amado de mi alma, tomame, guiame. Solo Tu tienes palabras de vida eterna . Solo tu puedes cambiar mi vida, te entrego todo a ti, te entrego mi salud, mis padres, mis estudios, las personas que amo y las que debería amar más. Toma mi Ser te pertenece. Oh Dios mio, Rey mio, mi fuerza, mi baluarte. Todo lo que soy es tuyo, te amo, tomame, guiame, fortaleceme. Tomame como arcilla en tus manos y en tus preciosas llagas escondeme. Te amo. Silvina
viernes, 29 de abril de 2011
JUAN PABLO II EN VIEDMA
Viedma: Mensaje a la Patagonia. La nueva evangelización*
*Mensaje pronunciado por el Papa Juan Pablo II en el acto celebrado cerca del aeropuerto de Viedma, el 7 de abril de 1987, en presencia de pobladores locales, de las diócesis patagónicas y de aborígenes mapuches.
Síntesis:
1. Saludo a los pastores y a los fieles de la Patagonia. El V centenario de la Evangelización de América latina es una ocasión para renovar la tarea evangelizadora en esta vasta región.
2. La evangelización de la Patagonia, gracias al impulso evangelizador de la familia salesiana.
3. La Iglesia y cada uno de sus miembros deben continuar la misión de Cristo. La Iglesia participa del amor preferencial de Cristo con los pobres.
4. Mensaje especial a los mapuches y a todos los descendientes de los antiguos habitantes de la Patagonia. Palabras para los más necesitados. Llamado a los responsables. Más insidiosa que la pobreza material es la falta de dignidad. Reconciliación fraternal de los argentinos.
5. Seguir las huellas de la primera comunidad cristiana de Jerusalén. Realizar la evangelización desde la Iglesia comunión. Dar testimonio de unidad. La parroquia como comunidad misionera.
6. Necesidad del binomio formación y espiritualidad. Perseverar en la oración.
7. Invocación final a María Auxiliadora y Bendición.
1. “El Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha ungido. Me ha enviado para evangelizar a los pobres, para predicar a los cautivos la redención y devolver la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y promulgar un año de gracia del Señor” (Lc. 4, 18-19).
Queridísimos hermanos y hermanas:
Con estas palabras del profeta Isaías leídas en la sinagoga de Nazaret, Jesús proclama los objetivos que contiene la misión recibida del Padre. “Me ha enviado para evangelizar a los pobres” (Lc. 4,18). Estas mismas palabras quisiera que resonaran hoy también dentro de vosotros, que por el Bautismo, habéis sido hechos partícipes de la misión evangelizadora de Cristo.
Siento una gran alegría por haber podido venir hasta Viedma, centro de irradiación evangélica en la dilatada región patagónica, para manifestar el amor del Papa por todos y cada uno de vosotros. Deseo dirigir mi saludo, junto con mi fraterno afecto al pastor de esta diócesis de Vietma, y a los demás queridos hermanos en el Episcopado, que participáis en nuestro encuentro, en ellos quiero saludar también a todos los demás fieles de la Patagonia sacerdotes, religiosos y religiosas, diáconos, catequistas y laicos.
Esta visita pastoral desea llegar espiritualmente, y a través de los medios de comunicación, a todos los rionegrinos, neuquinos, chubutenses, santacruceños y fueguinos. Mi mensaje de paz y esperanza en Cristo, mi sincero afecto y mis oraciones son igualmente para todos. Me dirijo en particular al noble pueblo mapuche y a todos los antiguos habitantes de esta vasta meseta: el Papa os lleva muy dentro de su corazón.
La Iglesia se está disponiendo a celebrar el V Centenario de la Evangelización de América latina. Es, sin duda, el aniversario de un acontecimiento de gran relieve. La llegada de la fe a este continente. El Espíritu Santo nos urge a continuar la tarea evangelizadora, con nuevo ímpetu, en las condiciones del tiempo presente. Para la Iglesia entera en América latina se abre una nueva etapa en la obra de evangelización. Por esto, como Pastor de la Iglesia universal, exhorto hoy a todos los miembros de la Iglesia que está en el sur de la Argentina a que, bajo la guía de sus pastores, asuman con responsabilidad su parte en esta gran misión: lograr que en todos los hijos e hijas de esta tierra brille la luz de Cristo, cada vez con mayor intensidad.
El Espíritu estará sobre cada uno y hará posible esta gran obra, para la cual contáis con la ayuda maternal de María Auxiliadora. Patrona de la Patagonia.
Reconocimiento a los salesianos
2. Vosotros, amadísimos hermanos, sois los continuadores de una magnífica tradición evangelizadora y misionera, que desde hace poco más de un siglo, se ha ido desarrollando admirablemente en estas tierras, gracias al constante celo apostólico de los salesianos, unido al de las hijas de María Auxiliadora. La implantación de la Iglesia en la Patagonia está ligada a la actividad incansable y a la abnegación de aquellos misioneros hombres y mujeres, que dejaron su patria para venir a predicar el Evangelio y dar vida a numerosas obras de educación, de asistencia social, de promoción humana y cristiana. Entre ellos, no puedo menos que recordar a monseñor Juan Cagliero, primer vicario apostólico de la Patagonia septentrional, y a monseñor José Fagnano, primer prefecto apostólico de la Patagonia meridional, la Tierra del Fuego y las Islas Malvinas. Doy gracias al Señor, con mucha emoción por la entrega y dedicación de aquellos hombres y mujeres, que fueron los colaboradores de Dios en hacer realidad la visión profética de san Juan Bosco: la evangelización de la Patagonia.
Viedma fue uno de los centros desde donde se impulsó aquella primera acción misionera. Desde esta misma ciudad os animo a seguir dando cumplimiento al mandato misional, propio de la Iglesia, de propagar la fe y la salvación de Cristo (Ad gentes, 5), con la mirada puesta, en primer lugar, en todos los habitantes de estas tierras, pero sin olvidar al resto de vuestros hermanos argentinos e incluso al mundo entero, tan necesitado de la Buena Nueva.
¡La Iglesia de Dios que está en la Patagonia, heredera de una tan rica tradición evangelizadora, ha de seguir siendo siempre misionera!
Cristo y los pobres
3. Queridos hermanos y hermanas: no podéis quedaros indiferentes ante la salvación de los hombres.
-Si creéis en Cristo, habréis de creer también en el programa de vida que el nos propone.
-Si amáis a Cristo, habréis de amar a los que él ama y como él los ama.
-Si estáis unidos a Cristo, os debéis sentir enviados por él y como él a anunciar el Evangelio a toda criatura.
En el Evangelio que acabamos de escuchar, hemos oído como Jesús se da a conocer como Mesías, precisamente por la evangelización de los pobres, por el anuncio redentor a los cautivos, ciegos y oprimidos, es decir, por su amor preferencial a los más necesitados. También la Iglesia, a pesar de las debilidades de los errores en que hayan podido incurrir algunos de sus hijos, ha manifestado siempre esta predicación por los pobres.
La evangelización no sería auténtica si no siguiera las huellas de Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres. Debéis hacer propia la compasión de Jesús por el hombre y la mujer necesitados. El auténtico discípulo de Cristo se siente siempre solidario con el hermano que sufre, trata de aliviar sus penas –en la medida de sus posibilidades, pero con generosidad-, lucha para que sea respetada en todo instante la dignidad de la persona humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte. No olvida nunca que la “misión evangelizadora tiene como parte indispensable la acción por la justicia y las tareas de promoción del hombre” (Discurso de Puebla, 28 de enero de 1979, III. 2).
Sin embargo, el verdadero celo evangelizador se compadece sobre todo de la situación de necesidad espiritual –a veces extrema- en la que se debaten tantos hombres y mujeres. Pensad en cuántos todavía no conocen a Cristo, o bien tienen una imagen deformada de él, o han abandonado su seguimiento, buscando el propio bienestar en los atractivos de la sociedad secularizada o a través del odioso enfrentamiento de las luchas ideológicas. Ante esa pobreza del espíritu, el cristiano no puede permanecer pasivo: ha de orar, dar testimonio de su fe en todo momento, y hablar de Cristo, su gran amor, con valentía y caridad. Y debe procurar que esos hermanos se acerquen o retornen al Señor y a su Cuerpo místico, que es la Iglesia, mediante una profunda y gozosa conversión de sus vidas, que dé sentido y valor de eternidad a todo su caminar eterno.
La primacía de esta atención a las formas espirituales de la pobreza humana, impedirá que el amor preferencial de Cristo por los pobres –del que participará la Iglesia- sea interpretado con categorías meramente socioeconómicas, y alejará todo peligro de injusta discriminación en la acción pastoral.
Pobreza y falta de dignidad
4. De modo especial deseo dirigir mi saludo en este día a los queridos hermanos y hermanas mapuches y a todos los descendientes de los primitivos habitantes de la Patagonia. Dad gracias al Señor por los valores y tradiciones de vuestra cultura, y esforzaos en promoverla al mismo tiempo que os empeñáis por avanzar en todos los aspectos de vuestra existencia.
De cara a los problemas que os aquejan, quiero haceros en nombre de la Iglesia, un firme llamado a la esperanza: nuestro Señor –que siendo rico se hizo pobre para enriquecer a los hombres- es justo en sus designios, y si es grande el sufrimiento que permite a veces, mayor aún es la ayuda que nos otorga para que las lágrimas se conviertan en gracia redentora y evangelizadora.
Mi llamado de esperanza se extiende a todos, en particular a los que son responsables de la vida económica y política, para que, con empeño y sentido de justicia aprovechéis todas las riquezas naturales de esta región y dirijáis eficazmente todas las energías al bien común de la Patagonia, de modo que se alcancen condiciones de vida cada vez más humanas, y, a pesar de los rigores de vuestro clima, se pueblen más y más estas dilatadas extensiones. A la vez, os animo a promover generosas y eficaces iniciativas de solidaridad con los más necesitados. Que nadie se sienta tranquilo mientras haya en vuestra patria un hombre, una mujer, un niño, un anciano, un enfermo, ¡un hijo de Dios!, cuya dignidad humana y cristiana no sea respetada y amada.
A todos los que padecéis necesidades –mapuches, emigrantes, y tantos otros en el campo y la ciudad- quiero manifestaros mi particular afecto y recordaros que sois vosotros mismos los primeros responsables de vuestra promoción humana. No os dejéis llevar por el desánimo y la pasividad. Trabajad con empeño y constancia por obtener las condiciones del legítimo bienestar para vosotros y vuestras familias, y por participar cada vez más en los bienes de la educación y la cultura. Pero no empleéis, para lograr esos objetivos, las armas del odio y la violencia, sino las del amor y las del trabajo solidario, que son las únicas que conducen a metas de verdadera justicia y renovación.
No olvidéis que más insidiosa que la pobreza material o las opresiones, es la falta de dignidad humana en el actuar y nadie os puede arrebatar esa dignidad! Dignidad significa magnanimidad, apertura de corazón, querer a todos sin discriminación de ningún tipo, perdonar a quienes os hayan ofendido.
Queridos argentinos, con motivo de esta visita pastoral, os pido una profunda reconciliación fraterna que hunda sus raíces en la reconciliación de cada uno con Dios, nuestro Padre, que destierre para siempre los odios y rencores en esta hermosa y hospitalaria tierra argentina, de modo que triunfe en todos los corazones la justicia y la paz de Cristo.
El testimonio de la unidad
5. Para que de veras resulte eficaz la nueva etapa de la evangelización que el Señor espera de vosotros, debéis formar verdaderas comunidades cristianas, como las de nuestros primeros hermanos en la fe (cf. Act 2, 42-47; 4, 32-36). Se conseguirá de este modo una profunda renovación de todas las comunidades parroquiales, tal como queréis poner en marcha entre vosotros. Y si en el cumplimiento de su misión están impregnadas del amor a Dios, serán verdaderamente comunidades misioneras y servidoras de los hombres.
Para continuar y crecer en el estilo de vida evangélico como los primeros cristianos, es necesario que, al igual que ellos, perseveréis en la unión entre vosotros y con vuestros pastores, en las verdades de nuestra fe meditándolas en vuestro corazón, en la vida sacramental y litúrgica.
Habéis de llevar a cabo vuestra tarea evangelizadora, sintiéndoos miembros vivos de una Iglesia que es comunión. El último Sínodo Extraordinario de los Obispos ha insistido mucho en que “la eclesiología de comunión es una idea central y fundamental en los documentos del Concilio” (Relación final, II, C, 1). Sólo desde el interior de una Iglesia-comunión se puede entender la vocación y misión del cristiano. Tratad de reproducir el magnífico testimonio de la Iglesia primitiva: “la multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma” (Act. 4, 32).
¡Cuan necesario y urgente es ofrecer al mundo de hoy el testimonio de una Iglesia-comunión, animada por el Espíritu Santo, comprometida toda ella en una nueva evangelización!
Esto supone una relación muy estrecha con los pastores, los cuales, como primeros colaboradores del Espíritu Santo, son el principio visible de la comunión eclesial; y requiere también unidad, colaboración fraterna y comunión entre los sacerdotes, religiosos y laicos, que buscan –cada uno según su propio carisma- construir el Reino de Dios.
Formación y espiritualidad
6. En este momento, en que el Espíritu Santo impulsa la corresponsabilidad y participación activa de todos los cristianos en la misión evangelizadora de la Iglesia, se percibe cada vez más la necesidad de profundizar en la formación y en la espiritualidad adecuadas a su vocación. Todo cristiano debe escuchar y meditar asiduamente la Palabra de Dios y esforzarse por descubrir la presencia del Señor en los acontecimientos diarios de su vida personal y de toda la sociedad. Hace falta una formación permanente que lleve a todos los fieles a una continua conversión, hasta reproducir en sus vidas la imagen de Dios. Toda persona tiene necesidad de una formación integral e integradora –cultural, profesional, doctrinal, espiritual y apostólica- que le disponga a vivir en una coherente unidad interior y le permita siempre dar razón de su esperanza a todo aquel que se la pida (cf. 1 Pe. 3,15).
La identidad cristiana exige el esfuerzo consiste por formarse cada vez mejor, pues la ignorancia es el peor enemigo de nuestra fe. ¿Quién podrá decir que ama de verdad a Cristo, si no pone empeño por conocerlo mejor? Amados hermanos, no abandonéis la lectura asidua de la Sagrada Escritura, profundizad constantemente en las verdades de nuestra fe, acudid con ilusión a la catequesis que, si es imprescindible para los más jóvenes, no es menos necesaria para los mayores. ¿Cómo podréis transmitir la Palabra de Dios si vosotros mismos no la conocéis de un modo profundo y vivo?
¡Formación y espiritualidad! Un binomio inseparable para quien aspire a conducir una vida cristiana verdaderamente comprometida en la edificación y en la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Si deseáis ser fieles en vuestra vida cotidiana a las exigencias de Dios y a las expectativas de los hombres y de la historia, debéis alimentaros constantemente de la Palabra de Dios y de los Sacramentos que “la Palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza” (Col 3, 16); vivid las exigencias y la gracia sacramental de vuestro bautismo y de vuestra confirmación. Del sacramento de la reconciliación y de la eucaristía, del sacramento del matrimonio para quienes habéis sido llamados a este estado de vida que manifiesta y realiza el misterio de la alianza de Jesús con la Iglesia.
Sed hombres y mujeres de oración. Preparad en la intimidad con el Señor, el encuentro salvador con los hombres. En la oración filial, el cristiano tiene la posibilidad de entablar un diálogo con Dios Uno y Trino, que mora en el alma de quien vive en gracia (cf. Jn 14,23), para poder después anunciarlo a los hermanos, Esta es la dignidad filial de los cristianos: invocar a Dios como Padre, y dejarse guiar por el Espíritu para identificarse en plenitud con el Hijo. Por medio de la oración, buscamos, encontramos y tratamos a nuestro Dios, como a un amigo íntimo (cf. Jn 15, 15), a quien contamos nuestras penas y alegrías, nuestras debilidades y problemas, nuestros deseos de ser mejores y de ayudar a que otros también lo sean.
El Evangelio recuerda “la necesidad de orar perseverantemente y no desfallecer jamás” (Lc. 18, 1). Dedicad, por tanto, todos los días algún tiempo de vuestra jornada a conversar con Dios, como prueba sincera de que lo amáis, pues el amor siempre busca la cercanía del ser amado. Por eso, la oración debe ir antes que todo; quien no lo entienda así, quien no lo practique, no puede excusarse en la falta de tiempo: lo que le falta es amor.
7. Los Apóstoles “perseveraban unánimemente en la oración, en compañía de María, la Madre de Jesús” (Act. 1, 14).
Antes de impartiros con afecto mi Bendición Apostólica, pido a María Auxiliadora, Reina de los Apóstoles que interceda por todos vosotros a fin de que vuestro celo apostólico y misionero aumente más cada día y, con vuestro testimonio cristiano, la claridad de Dios, que resplandece en el rostro de Cristo Jesús, para todos los hombres en el Espíritu Santo. Amén.
Y ahora quiero dirigir un saludo especial a nuestros hermanos mapuches en su propia lengua: ciertamente con algunos errores, con algunas faltas de pronunciación:
Poyén pu mapúche peñi ka pu déya: marimári, pu wen! Ayüwnkéchi trkúlpanién, déuma rupái kiñe patáka tripántü, féichi ñi llegmún támrn wéche peñi, Ceferino Namúnkura.
Inchetáñi mlen fau fachántü tfáchi nütrám ayafún ñi nieál eimrn mu: “feichi Pápa, rumél mleái aimrn ñi ináu méu; Peumanén, inchiñ táiñ Wenu-Cháu, pile támrn rumél kümélkaleál, mrnél pu prñéñ.
Kumé feleáimn, pu wén!
(Estimados hermanos y hermanas; Hola amigos. Con alegría recuerdo que ya han pasado cien años del nacimiento de vuestro joven hermano Ceferino Namuncurá. Mi presencia hoy aquí quisiera que tuviera este sentido para vosotros: el Papa estará siempre a vuestro lado; ojalá nuestro Padre del cielo os conceda un permanente bienestar, en particular a vuestros niños. Felicidades amigos.)
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 páginas 128y 130.
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*Mensaje pronunciado por el Papa Juan Pablo II en el acto celebrado cerca del aeropuerto de Viedma, el 7 de abril de 1987, en presencia de pobladores locales, de las diócesis patagónicas y de aborígenes mapuches.
Síntesis:
1. Saludo a los pastores y a los fieles de la Patagonia. El V centenario de la Evangelización de América latina es una ocasión para renovar la tarea evangelizadora en esta vasta región.
2. La evangelización de la Patagonia, gracias al impulso evangelizador de la familia salesiana.
3. La Iglesia y cada uno de sus miembros deben continuar la misión de Cristo. La Iglesia participa del amor preferencial de Cristo con los pobres.
4. Mensaje especial a los mapuches y a todos los descendientes de los antiguos habitantes de la Patagonia. Palabras para los más necesitados. Llamado a los responsables. Más insidiosa que la pobreza material es la falta de dignidad. Reconciliación fraternal de los argentinos.
5. Seguir las huellas de la primera comunidad cristiana de Jerusalén. Realizar la evangelización desde la Iglesia comunión. Dar testimonio de unidad. La parroquia como comunidad misionera.
6. Necesidad del binomio formación y espiritualidad. Perseverar en la oración.
7. Invocación final a María Auxiliadora y Bendición.
1. “El Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha ungido. Me ha enviado para evangelizar a los pobres, para predicar a los cautivos la redención y devolver la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y promulgar un año de gracia del Señor” (Lc. 4, 18-19).
Queridísimos hermanos y hermanas:
Con estas palabras del profeta Isaías leídas en la sinagoga de Nazaret, Jesús proclama los objetivos que contiene la misión recibida del Padre. “Me ha enviado para evangelizar a los pobres” (Lc. 4,18). Estas mismas palabras quisiera que resonaran hoy también dentro de vosotros, que por el Bautismo, habéis sido hechos partícipes de la misión evangelizadora de Cristo.
Siento una gran alegría por haber podido venir hasta Viedma, centro de irradiación evangélica en la dilatada región patagónica, para manifestar el amor del Papa por todos y cada uno de vosotros. Deseo dirigir mi saludo, junto con mi fraterno afecto al pastor de esta diócesis de Vietma, y a los demás queridos hermanos en el Episcopado, que participáis en nuestro encuentro, en ellos quiero saludar también a todos los demás fieles de la Patagonia sacerdotes, religiosos y religiosas, diáconos, catequistas y laicos.
Esta visita pastoral desea llegar espiritualmente, y a través de los medios de comunicación, a todos los rionegrinos, neuquinos, chubutenses, santacruceños y fueguinos. Mi mensaje de paz y esperanza en Cristo, mi sincero afecto y mis oraciones son igualmente para todos. Me dirijo en particular al noble pueblo mapuche y a todos los antiguos habitantes de esta vasta meseta: el Papa os lleva muy dentro de su corazón.
La Iglesia se está disponiendo a celebrar el V Centenario de la Evangelización de América latina. Es, sin duda, el aniversario de un acontecimiento de gran relieve. La llegada de la fe a este continente. El Espíritu Santo nos urge a continuar la tarea evangelizadora, con nuevo ímpetu, en las condiciones del tiempo presente. Para la Iglesia entera en América latina se abre una nueva etapa en la obra de evangelización. Por esto, como Pastor de la Iglesia universal, exhorto hoy a todos los miembros de la Iglesia que está en el sur de la Argentina a que, bajo la guía de sus pastores, asuman con responsabilidad su parte en esta gran misión: lograr que en todos los hijos e hijas de esta tierra brille la luz de Cristo, cada vez con mayor intensidad.
El Espíritu estará sobre cada uno y hará posible esta gran obra, para la cual contáis con la ayuda maternal de María Auxiliadora. Patrona de la Patagonia.
Reconocimiento a los salesianos
2. Vosotros, amadísimos hermanos, sois los continuadores de una magnífica tradición evangelizadora y misionera, que desde hace poco más de un siglo, se ha ido desarrollando admirablemente en estas tierras, gracias al constante celo apostólico de los salesianos, unido al de las hijas de María Auxiliadora. La implantación de la Iglesia en la Patagonia está ligada a la actividad incansable y a la abnegación de aquellos misioneros hombres y mujeres, que dejaron su patria para venir a predicar el Evangelio y dar vida a numerosas obras de educación, de asistencia social, de promoción humana y cristiana. Entre ellos, no puedo menos que recordar a monseñor Juan Cagliero, primer vicario apostólico de la Patagonia septentrional, y a monseñor José Fagnano, primer prefecto apostólico de la Patagonia meridional, la Tierra del Fuego y las Islas Malvinas. Doy gracias al Señor, con mucha emoción por la entrega y dedicación de aquellos hombres y mujeres, que fueron los colaboradores de Dios en hacer realidad la visión profética de san Juan Bosco: la evangelización de la Patagonia.
Viedma fue uno de los centros desde donde se impulsó aquella primera acción misionera. Desde esta misma ciudad os animo a seguir dando cumplimiento al mandato misional, propio de la Iglesia, de propagar la fe y la salvación de Cristo (Ad gentes, 5), con la mirada puesta, en primer lugar, en todos los habitantes de estas tierras, pero sin olvidar al resto de vuestros hermanos argentinos e incluso al mundo entero, tan necesitado de la Buena Nueva.
¡La Iglesia de Dios que está en la Patagonia, heredera de una tan rica tradición evangelizadora, ha de seguir siendo siempre misionera!
Cristo y los pobres
3. Queridos hermanos y hermanas: no podéis quedaros indiferentes ante la salvación de los hombres.
-Si creéis en Cristo, habréis de creer también en el programa de vida que el nos propone.
-Si amáis a Cristo, habréis de amar a los que él ama y como él los ama.
-Si estáis unidos a Cristo, os debéis sentir enviados por él y como él a anunciar el Evangelio a toda criatura.
En el Evangelio que acabamos de escuchar, hemos oído como Jesús se da a conocer como Mesías, precisamente por la evangelización de los pobres, por el anuncio redentor a los cautivos, ciegos y oprimidos, es decir, por su amor preferencial a los más necesitados. También la Iglesia, a pesar de las debilidades de los errores en que hayan podido incurrir algunos de sus hijos, ha manifestado siempre esta predicación por los pobres.
La evangelización no sería auténtica si no siguiera las huellas de Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres. Debéis hacer propia la compasión de Jesús por el hombre y la mujer necesitados. El auténtico discípulo de Cristo se siente siempre solidario con el hermano que sufre, trata de aliviar sus penas –en la medida de sus posibilidades, pero con generosidad-, lucha para que sea respetada en todo instante la dignidad de la persona humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte. No olvida nunca que la “misión evangelizadora tiene como parte indispensable la acción por la justicia y las tareas de promoción del hombre” (Discurso de Puebla, 28 de enero de 1979, III. 2).
Sin embargo, el verdadero celo evangelizador se compadece sobre todo de la situación de necesidad espiritual –a veces extrema- en la que se debaten tantos hombres y mujeres. Pensad en cuántos todavía no conocen a Cristo, o bien tienen una imagen deformada de él, o han abandonado su seguimiento, buscando el propio bienestar en los atractivos de la sociedad secularizada o a través del odioso enfrentamiento de las luchas ideológicas. Ante esa pobreza del espíritu, el cristiano no puede permanecer pasivo: ha de orar, dar testimonio de su fe en todo momento, y hablar de Cristo, su gran amor, con valentía y caridad. Y debe procurar que esos hermanos se acerquen o retornen al Señor y a su Cuerpo místico, que es la Iglesia, mediante una profunda y gozosa conversión de sus vidas, que dé sentido y valor de eternidad a todo su caminar eterno.
La primacía de esta atención a las formas espirituales de la pobreza humana, impedirá que el amor preferencial de Cristo por los pobres –del que participará la Iglesia- sea interpretado con categorías meramente socioeconómicas, y alejará todo peligro de injusta discriminación en la acción pastoral.
Pobreza y falta de dignidad
4. De modo especial deseo dirigir mi saludo en este día a los queridos hermanos y hermanas mapuches y a todos los descendientes de los primitivos habitantes de la Patagonia. Dad gracias al Señor por los valores y tradiciones de vuestra cultura, y esforzaos en promoverla al mismo tiempo que os empeñáis por avanzar en todos los aspectos de vuestra existencia.
De cara a los problemas que os aquejan, quiero haceros en nombre de la Iglesia, un firme llamado a la esperanza: nuestro Señor –que siendo rico se hizo pobre para enriquecer a los hombres- es justo en sus designios, y si es grande el sufrimiento que permite a veces, mayor aún es la ayuda que nos otorga para que las lágrimas se conviertan en gracia redentora y evangelizadora.
Mi llamado de esperanza se extiende a todos, en particular a los que son responsables de la vida económica y política, para que, con empeño y sentido de justicia aprovechéis todas las riquezas naturales de esta región y dirijáis eficazmente todas las energías al bien común de la Patagonia, de modo que se alcancen condiciones de vida cada vez más humanas, y, a pesar de los rigores de vuestro clima, se pueblen más y más estas dilatadas extensiones. A la vez, os animo a promover generosas y eficaces iniciativas de solidaridad con los más necesitados. Que nadie se sienta tranquilo mientras haya en vuestra patria un hombre, una mujer, un niño, un anciano, un enfermo, ¡un hijo de Dios!, cuya dignidad humana y cristiana no sea respetada y amada.
A todos los que padecéis necesidades –mapuches, emigrantes, y tantos otros en el campo y la ciudad- quiero manifestaros mi particular afecto y recordaros que sois vosotros mismos los primeros responsables de vuestra promoción humana. No os dejéis llevar por el desánimo y la pasividad. Trabajad con empeño y constancia por obtener las condiciones del legítimo bienestar para vosotros y vuestras familias, y por participar cada vez más en los bienes de la educación y la cultura. Pero no empleéis, para lograr esos objetivos, las armas del odio y la violencia, sino las del amor y las del trabajo solidario, que son las únicas que conducen a metas de verdadera justicia y renovación.
No olvidéis que más insidiosa que la pobreza material o las opresiones, es la falta de dignidad humana en el actuar y nadie os puede arrebatar esa dignidad! Dignidad significa magnanimidad, apertura de corazón, querer a todos sin discriminación de ningún tipo, perdonar a quienes os hayan ofendido.
Queridos argentinos, con motivo de esta visita pastoral, os pido una profunda reconciliación fraterna que hunda sus raíces en la reconciliación de cada uno con Dios, nuestro Padre, que destierre para siempre los odios y rencores en esta hermosa y hospitalaria tierra argentina, de modo que triunfe en todos los corazones la justicia y la paz de Cristo.
El testimonio de la unidad
5. Para que de veras resulte eficaz la nueva etapa de la evangelización que el Señor espera de vosotros, debéis formar verdaderas comunidades cristianas, como las de nuestros primeros hermanos en la fe (cf. Act 2, 42-47; 4, 32-36). Se conseguirá de este modo una profunda renovación de todas las comunidades parroquiales, tal como queréis poner en marcha entre vosotros. Y si en el cumplimiento de su misión están impregnadas del amor a Dios, serán verdaderamente comunidades misioneras y servidoras de los hombres.
Para continuar y crecer en el estilo de vida evangélico como los primeros cristianos, es necesario que, al igual que ellos, perseveréis en la unión entre vosotros y con vuestros pastores, en las verdades de nuestra fe meditándolas en vuestro corazón, en la vida sacramental y litúrgica.
Habéis de llevar a cabo vuestra tarea evangelizadora, sintiéndoos miembros vivos de una Iglesia que es comunión. El último Sínodo Extraordinario de los Obispos ha insistido mucho en que “la eclesiología de comunión es una idea central y fundamental en los documentos del Concilio” (Relación final, II, C, 1). Sólo desde el interior de una Iglesia-comunión se puede entender la vocación y misión del cristiano. Tratad de reproducir el magnífico testimonio de la Iglesia primitiva: “la multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma” (Act. 4, 32).
¡Cuan necesario y urgente es ofrecer al mundo de hoy el testimonio de una Iglesia-comunión, animada por el Espíritu Santo, comprometida toda ella en una nueva evangelización!
Esto supone una relación muy estrecha con los pastores, los cuales, como primeros colaboradores del Espíritu Santo, son el principio visible de la comunión eclesial; y requiere también unidad, colaboración fraterna y comunión entre los sacerdotes, religiosos y laicos, que buscan –cada uno según su propio carisma- construir el Reino de Dios.
Formación y espiritualidad
6. En este momento, en que el Espíritu Santo impulsa la corresponsabilidad y participación activa de todos los cristianos en la misión evangelizadora de la Iglesia, se percibe cada vez más la necesidad de profundizar en la formación y en la espiritualidad adecuadas a su vocación. Todo cristiano debe escuchar y meditar asiduamente la Palabra de Dios y esforzarse por descubrir la presencia del Señor en los acontecimientos diarios de su vida personal y de toda la sociedad. Hace falta una formación permanente que lleve a todos los fieles a una continua conversión, hasta reproducir en sus vidas la imagen de Dios. Toda persona tiene necesidad de una formación integral e integradora –cultural, profesional, doctrinal, espiritual y apostólica- que le disponga a vivir en una coherente unidad interior y le permita siempre dar razón de su esperanza a todo aquel que se la pida (cf. 1 Pe. 3,15).
La identidad cristiana exige el esfuerzo consiste por formarse cada vez mejor, pues la ignorancia es el peor enemigo de nuestra fe. ¿Quién podrá decir que ama de verdad a Cristo, si no pone empeño por conocerlo mejor? Amados hermanos, no abandonéis la lectura asidua de la Sagrada Escritura, profundizad constantemente en las verdades de nuestra fe, acudid con ilusión a la catequesis que, si es imprescindible para los más jóvenes, no es menos necesaria para los mayores. ¿Cómo podréis transmitir la Palabra de Dios si vosotros mismos no la conocéis de un modo profundo y vivo?
¡Formación y espiritualidad! Un binomio inseparable para quien aspire a conducir una vida cristiana verdaderamente comprometida en la edificación y en la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Si deseáis ser fieles en vuestra vida cotidiana a las exigencias de Dios y a las expectativas de los hombres y de la historia, debéis alimentaros constantemente de la Palabra de Dios y de los Sacramentos que “la Palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza” (Col 3, 16); vivid las exigencias y la gracia sacramental de vuestro bautismo y de vuestra confirmación. Del sacramento de la reconciliación y de la eucaristía, del sacramento del matrimonio para quienes habéis sido llamados a este estado de vida que manifiesta y realiza el misterio de la alianza de Jesús con la Iglesia.
Sed hombres y mujeres de oración. Preparad en la intimidad con el Señor, el encuentro salvador con los hombres. En la oración filial, el cristiano tiene la posibilidad de entablar un diálogo con Dios Uno y Trino, que mora en el alma de quien vive en gracia (cf. Jn 14,23), para poder después anunciarlo a los hermanos, Esta es la dignidad filial de los cristianos: invocar a Dios como Padre, y dejarse guiar por el Espíritu para identificarse en plenitud con el Hijo. Por medio de la oración, buscamos, encontramos y tratamos a nuestro Dios, como a un amigo íntimo (cf. Jn 15, 15), a quien contamos nuestras penas y alegrías, nuestras debilidades y problemas, nuestros deseos de ser mejores y de ayudar a que otros también lo sean.
El Evangelio recuerda “la necesidad de orar perseverantemente y no desfallecer jamás” (Lc. 18, 1). Dedicad, por tanto, todos los días algún tiempo de vuestra jornada a conversar con Dios, como prueba sincera de que lo amáis, pues el amor siempre busca la cercanía del ser amado. Por eso, la oración debe ir antes que todo; quien no lo entienda así, quien no lo practique, no puede excusarse en la falta de tiempo: lo que le falta es amor.
7. Los Apóstoles “perseveraban unánimemente en la oración, en compañía de María, la Madre de Jesús” (Act. 1, 14).
Antes de impartiros con afecto mi Bendición Apostólica, pido a María Auxiliadora, Reina de los Apóstoles que interceda por todos vosotros a fin de que vuestro celo apostólico y misionero aumente más cada día y, con vuestro testimonio cristiano, la claridad de Dios, que resplandece en el rostro de Cristo Jesús, para todos los hombres en el Espíritu Santo. Amén.
Y ahora quiero dirigir un saludo especial a nuestros hermanos mapuches en su propia lengua: ciertamente con algunos errores, con algunas faltas de pronunciación:
Poyén pu mapúche peñi ka pu déya: marimári, pu wen! Ayüwnkéchi trkúlpanién, déuma rupái kiñe patáka tripántü, féichi ñi llegmún támrn wéche peñi, Ceferino Namúnkura.
Inchetáñi mlen fau fachántü tfáchi nütrám ayafún ñi nieál eimrn mu: “feichi Pápa, rumél mleái aimrn ñi ináu méu; Peumanén, inchiñ táiñ Wenu-Cháu, pile támrn rumél kümélkaleál, mrnél pu prñéñ.
Kumé feleáimn, pu wén!
(Estimados hermanos y hermanas; Hola amigos. Con alegría recuerdo que ya han pasado cien años del nacimiento de vuestro joven hermano Ceferino Namuncurá. Mi presencia hoy aquí quisiera que tuviera este sentido para vosotros: el Papa estará siempre a vuestro lado; ojalá nuestro Padre del cielo os conceda un permanente bienestar, en particular a vuestros niños. Felicidades amigos.)
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 páginas 128y 130.
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JUAN PABLO II Y LA ESPERANZA
Cristo resucitó en un determinado momento de la historia, pero aún espera
resucitar en la historia de innumerables hombres, en la historia de los
individuos y en la de los pueblos. Esta es una resurrección que supone la
cooperación del hombre, de todos los hombres. Pero es una resurrección en la
cual se manifiesta siempre una oleada de esa vida que surgió del sepulcro una
mañana de Pascua hace ya tantos siglos.
Dondequiera que un corazón, superando el egoísmo, la violencia y el odio, se
inclina con un gesto de amor hacia el necesitado, allí Cristo resucita
hoy de nuevo.
Dondequiera que en empeño operante por la justicia emerja una verdadera
voluntad de paz, allí retrocede la muerte y se consolida la vida de Cristo.
Dondequiera que muera quien ha vivido creyendo, amando y sufriendo, allí la
resurrección de Cristo celebra su victoria definitiva.
La última palabra de Dios sobre las vicisitudes humanas no es la muerte, sino
la vida; no es la desesperación, sino la esperanza.
Juan Pablo II
resucitar en la historia de innumerables hombres, en la historia de los
individuos y en la de los pueblos. Esta es una resurrección que supone la
cooperación del hombre, de todos los hombres. Pero es una resurrección en la
cual se manifiesta siempre una oleada de esa vida que surgió del sepulcro una
mañana de Pascua hace ya tantos siglos.
Dondequiera que un corazón, superando el egoísmo, la violencia y el odio, se
inclina con un gesto de amor hacia el necesitado, allí Cristo resucita
hoy de nuevo.
Dondequiera que en empeño operante por la justicia emerja una verdadera
voluntad de paz, allí retrocede la muerte y se consolida la vida de Cristo.
Dondequiera que muera quien ha vivido creyendo, amando y sufriendo, allí la
resurrección de Cristo celebra su victoria definitiva.
La última palabra de Dios sobre las vicisitudes humanas no es la muerte, sino
la vida; no es la desesperación, sino la esperanza.
Juan Pablo II
jueves, 28 de abril de 2011
martes, 19 de abril de 2011
CAMINO NEOCATECUMENAL PASCUA 2009 PREGON PASCUAL
PARA QUE VAYAMOS PREPARANDO EL CORAZÓN, SABIENDO QUE LA MUERTE NO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA.
viernes, 8 de abril de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
BAUTI UN GRAN LUCHADOR

HOY HACE UN AÑO, QUE EL SEÑOR DECIDIO LLEVARSE EN SUS BRAZOS, A UN NIÑO QUE DESDE SU NACIMIENTO FUE FUERTE, FUERTE PARA SOPORTAR TODO, FUERTE PARA SER CAPAZ DE SONREIR DE DAR VIDA, NO SOLO A SUS PADRES SINO A TODOS AQUELLOS QUE LO CONOCIMOS. UN NIÑO QUE DESDE EL VIENTRE MATERNO DIOS LO ELIGIO PARA DEJAR HUELLA, HUELLA DE AMOR. BAUTI HASTA PRONTITO. EL AMOR PERMANECE ETERNAMENTE. SILVI
LES COMPARTO LA CARTA DE MARINA SU MAMA
A pesar del dolor...GRACIASde Marina Fernandez, el jueves, 03 de marzo de 2011 a las 11:53
Indudablemente el 2010 fue el año mas duro de mi vida. Hace un año, 10:10 de la mañana del miércoles 3 de marzo de 2010 Bautista se moría en una cama de Fleni, en las manos de los mejores médicos pero lejos de las mías. El dolor de no haber podido sostener su mano hasta el final, el dolor de perderlo para siempre, de tener q despedir su cuerpito para no poder abrazarlo nunca… nunca mas es inimaginable para el que no lo pasó. A pesar de este inmenso dolor, y de otros que le siguieron a éste, quiero dar gracias:
Primero y principal a Dios:
Por haberme elegido madre de Bautista, porque me regaló este hijo lleno de luz, de alegría, de fortaleza…luchador, amante de la vida. Este hijo que me hizo feliz.
Porque me invitó a seguirlo y formó en mí una fe sólida que me sostuvo al pie de la cruz y q me sigue sosteniendo a diario.
Porque me demuestra que me ama y me permite disfrutar de cada día, del sol y de la lluvia, de mis actividades, de mis afectos, de mi vida…
Porque me regaló a mi familia, pilar fundamental en mi vida. Empezando por mis padres: abrazo y protección permanente; mis hermanos Facundo, Leandro y Tomás compañeros y amigos fieles pero con amor de hermanos; a las mujeres q ellos eligieron para compartir sus vidas: Julia, Vicky y Guadita…mis hermanas del alma; por mis sobrinos!!! La alegría de mi vida…no imagino que sería de mí sin todos ellos. Por mi Juana, q con sus 90 años sigue siendo ejemplo de vida y fortaleza. Mis tíos que son padres postizos y mis primos q siento como hermanos…
Por mis hermanos en la en la fe, con los que hablamos un mismo idioma, con los que puedo compartir esta experiencia de sentirme amada por Dios a pesar del dolor.
Por Nico, que me devolvió la sonrisa, las ganas de proyectar, de volver a creer en una vida feliz.
Quiero agradecer a mis amigos y compañeros con los que comparto el día a día y con los que no comparto tanto pero siento cerca, siempre cerca…
A todo mi pueblo, que me acompañó con cariño sincero y respeto en el dolor.
Quiero agradecer a todas las circunstancias y personas que hicieron que este duro año haya sido mas leve, porque me hicieron sentir querida, porque me ayudaron a disfrutar de todo lo que tengo en vez de quedarme llorando por lo que perdí.
Porque cada mañana cuando abro los ojos pienso en Bautista y lo imagino feliz y pleno…
Porque a pesar del dolor, cada mañana cuando abro los ojos y pienso en todo esto me digo: “la puta que vale la pena estar vivo!!!”.
GRACIAS A LA VIDA QUE ME HA DADO TANTO…GRACIAS!
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