jueves, 28 de julio de 2011

CUERNO DE AFRICA- SOMALIA

Ante el empeoramiento de la crisis nutricional en el Cuerno de África, la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) insta a todas las partes en Somalia, a los países vecinos y a la comunidad internacional a que mejoren significativa e inmediatamente la asistencia a la población somalí en la región y a que eliminen todos los obstáculos que están impidiendo la expansión de la ayuda independiente dentro del país.

La actual crisis en el Cuerno de África está afectando principalmente a la población somalí, por lo que para evaluar las necesidades de la población y ampliar la capacidad de reacción de las organizaciones humanitarias en este entorno complejo, es esencial que se garantice un acceso independiente e inmediato de las mismas al interior de Somalia.
Debido a la limitada capacidad de asistencia disponible en el país, miles de somalíes están llegando cada semana a los distintos campamentos ubicados en las zonas fronterizas de la vecinas Kenia y Etiopía. Los equipos de MSF llevan semanas informando sobre altas tasas de desnutrición entre los recién llegados; uno de cada tres niños sufre de desnutrición aguda. Debido a la política oficial de fronteras cerradas y a los obstáculos administrativos que encuentran en los centros de recepción, ellos y sus familias se enfrentan a numerosos retrasos para llegar a los campos. Tras días y días de caminar sin apenas comida ni agua, e innumerables horas de espera en estos campos de tránsito, se ven obligados a tener que competir por la limitada ayuda disponible en campos de refugiados caóticos y superpoblados, como los de Dadaab, en Kenia, o los de Dolo Ado, en Etiopía.

MSF está tratando a más de 10.000 niños con desnutrición severa en los diversos centros nutricionales y clínicas que tiene en toda la región afectada por la crisis. "Hay que garantizar que todos los afectados reciban la ayuda, tanto en Somalia, como en su huida a los países vecinos”, exclama Alfonso Verdú, responsable de operaciones de MSF para Kenia Etiopía y Somalia. "Kenia y Etiopía, países que dan acogida a la gran mayoría de los refugiados somalíes, tienen que dar prioridad a la apertura de nuevos campos y mejorar los existentes. Y la comunidad internacional tiene que asumir que tiene un responsabilidad compartida en todo esto y debe prestar ayuda a los somalíes que buscan refugio, asegurarles un registro eficiente, hacer una distribución adecuada de las raciones de alimentos, así como proporcionarles refugio y protección en los campos existentes y en los nuevos. Las actuales restricciones y trabas burocráticas están causando demoras innecesarias, y es absolutamente prioritario que se tomen todas las medidas necesarias para responder a la emergencia".
Las condiciones de vida de la población somalí se han visto enormemente debilitadas en los últimos años por un conflicto armado que dura ya dos décadas. La violencia e inseguridad, unidas a la incesante sequía que ha arruinado las cosechas y que está acabando con la vida del ganado y, por otro lado, el alza en los precios de los alimentos, han hecho que la situación hoy haya llegado a un punto crítico. Además, las restricciones existentes para el movimiento de los trabajadores humanitarios internacionales, y las limitaciones impuestas a sus organizaciones para hacer llegar los suministros, han retrasado y limitado de manera muy importante la capacidad de las mismas para hacer llegar la ayuda a la población.

"Nuestros centros nutricionales están operando muy por encima de su capacidad original, y en comparación con el año pasado, hay lugares en los que estamos recibiendo hasta siete veces más pacientes”, explica Aitor Zabalgoeazkoa, director General de MSF. "En la actualidad, estamos dando tratamiento nutricional a más de 3.000 niños y niñas menores de 5 años en Somalia: unos 600 en centros terapéuticos intensivos y más de 2.500 en centros ambulatorios. Necesitamos introducir recursos de manera urgente para ayudar a todos los recién llegados y aumentar nuestra respuesta en todas las regiones afectadas. En varios lugares, como está ocurriendo por ejemplo en el valle del Low Juba, están surgiendo campamentos espontáneos en los que se han reunido hasta 5.000 personas que han huido de sus aldeas y de las zonas rurales en busca de comida y ayuda”.

"Los combates en Somalia, las restricciones impuestas a los aviones de abastecimiento y al personal internacional, así como las permanentes trabas administrativas, han contribuido en gran medida a las dificultades actuales a las que se enfrenta a día de hoy la población de Somalia y a que se esté dando la situación actual”, asegura Unni Karunakara, presidente internacional de MSF. "Es fundamental que se eliminen todas las restricciones y los obstáculos a la ayuda humanitaria, pues la situación no para de empeorar".


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MSF trabaja ininterrumpidamente en Somalia desde el año 1991 y actualmente proporciona atención médica gratuita en ocho regiones del sur y el centro del país. Más de 1.400 trabajadores somalíes, con el apoyo de unos 100 trabajadores internacionales en Nairobi, prestan servicios gratuitos de atención primaria, cirugía y tratamiento nutricional a la población somalí. También prestan atención médica y apoyo a los desplazados, y distribuyen agua y materiales de ayuda.

MSF no acepta fondos gubernamentales para sus proyectos en Somalia, y todos los fondos que utiliza en el país provienen de sus socios y donantes privados.Cuerno de África: no más demoras y restricciones para asistir a los somalíes
Dadaab, Kenia. © Nenna Arnold / MSF
Dadaab, Kenia. © Nenna Arnold / MSF

Ante el empeoramiento de la crisis nutricional en el Cuerno de África, la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) insta a todas las partes en Somalia, a los países vecinos y a la comunidad internacional a que mejoren significativa e inmediatamente la asistencia a la población somalí en la región y a que eliminen todos los obstáculos que están impidiendo la expansión de la ayuda independiente dentro del país.

La actual crisis en el Cuerno de África está afectando principalmente a la población somalí, por lo que para evaluar las necesidades de la población y ampliar la capacidad de reacción de las organizaciones humanitarias en este entorno complejo, es esencial que se garantice un acceso independiente e inmediato de las mismas al interior de Somalia.
Debido a la limitada capacidad de asistencia disponible en el país, miles de somalíes están llegando cada semana a los distintos campamentos ubicados en las zonas fronterizas de la vecinas Kenia y Etiopía. Los equipos de MSF llevan semanas informando sobre altas tasas de desnutrición entre los recién llegados; uno de cada tres niños sufre de desnutrición aguda. Debido a la política oficial de fronteras cerradas y a los obstáculos administrativos que encuentran en los centros de recepción, ellos y sus familias se enfrentan a numerosos retrasos para llegar a los campos. Tras días y días de caminar sin apenas comida ni agua, e innumerables horas de espera en estos campos de tránsito, se ven obligados a tener que competir por la limitada ayuda disponible en campos de refugiados caóticos y superpoblados, como los de Dadaab, en Kenia, o los de Dolo Ado, en Etiopía.

MSF está tratando a más de 10.000 niños con desnutrición severa en los diversos centros nutricionales y clínicas que tiene en toda la región afectada por la crisis. "Hay que garantizar que todos los afectados reciban la ayuda, tanto en Somalia, como en su huida a los países vecinos”, exclama Alfonso Verdú, responsable de operaciones de MSF para Kenia Etiopía y Somalia. "Kenia y Etiopía, países que dan acogida a la gran mayoría de los refugiados somalíes, tienen que dar prioridad a la apertura de nuevos campos y mejorar los existentes. Y la comunidad internacional tiene que asumir que tiene un responsabilidad compartida en todo esto y debe prestar ayuda a los somalíes que buscan refugio, asegurarles un registro eficiente, hacer una distribución adecuada de las raciones de alimentos, así como proporcionarles refugio y protección en los campos existentes y en los nuevos. Las actuales restricciones y trabas burocráticas están causando demoras innecesarias, y es absolutamente prioritario que se tomen todas las medidas necesarias para responder a la emergencia".
Las condiciones de vida de la población somalí se han visto enormemente debilitadas en los últimos años por un conflicto armado que dura ya dos décadas. La violencia e inseguridad, unidas a la incesante sequía que ha arruinado las cosechas y que está acabando con la vida del ganado y, por otro lado, el alza en los precios de los alimentos, han hecho que la situación hoy haya llegado a un punto crítico. Además, las restricciones existentes para el movimiento de los trabajadores humanitarios internacionales, y las limitaciones impuestas a sus organizaciones para hacer llegar los suministros, han retrasado y limitado de manera muy importante la capacidad de las mismas para hacer llegar la ayuda a la población.

"Nuestros centros nutricionales están operando muy por encima de su capacidad original, y en comparación con el año pasado, hay lugares en los que estamos recibiendo hasta siete veces más pacientes”, explica Aitor Zabalgoeazkoa, director General de MSF. "En la actualidad, estamos dando tratamiento nutricional a más de 3.000 niños y niñas menores de 5 años en Somalia: unos 600 en centros terapéuticos intensivos y más de 2.500 en centros ambulatorios. Necesitamos introducir recursos de manera urgente para ayudar a todos los recién llegados y aumentar nuestra respuesta en todas las regiones afectadas. En varios lugares, como está ocurriendo por ejemplo en el valle del Low Juba, están surgiendo campamentos espontáneos en los que se han reunido hasta 5.000 personas que han huido de sus aldeas y de las zonas rurales en busca de comida y ayuda”.

"Los combates en Somalia, las restricciones impuestas a los aviones de abastecimiento y al personal internacional, así como las permanentes trabas administrativas, han contribuido en gran medida a las dificultades actuales a las que se enfrenta a día de hoy la población de Somalia y a que se esté dando la situación actual”, asegura Unni Karunakara, presidente internacional de MSF. "Es fundamental que se eliminen todas las restricciones y los obstáculos a la ayuda humanitaria, pues la situación no para de empeorar".


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MSF trabaja ininterrumpidamente en Somalia desde el año 1991 y actualmente proporciona atención médica gratuita en ocho regiones del sur y el centro del país. Más de 1.400 trabajadores somalíes, con el apoyo de unos 100 trabajadores internacionales en Nairobi, prestan servicios gratuitos de atención primaria, cirugía y tratamiento nutricional a la población somalí. También prestan atención médica y apoyo a los desplazados, y distribuyen agua y materiales de ayuda.

MSF no acepta fondos gubernamentales para sus proyectos en Somalia, y todos los fondos que utiliza en el país provienen de sus socios y donantes privados.Cuerno de África: no más demoras y restricciones para asistir a los somalíes
Dadaab, Kenia. © Nenna Arnold / MSF
Dadaab, Kenia. © Nenna Arnold / MSF

Ante el empeoramiento de la crisis nutricional en el Cuerno de África, la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) insta a todas las partes en Somalia, a los países vecinos y a la comunidad internacional a que mejoren significativa e inmediatamente la asistencia a la población somalí en la región y a que eliminen todos los obstáculos que están impidiendo la expansión de la ayuda independiente dentro del país.

La actual crisis en el Cuerno de África está afectando principalmente a la población somalí, por lo que para evaluar las necesidades de la población y ampliar la capacidad de reacción de las organizaciones humanitarias en este entorno complejo, es esencial que se garantice un acceso independiente e inmediato de las mismas al interior de Somalia.
Debido a la limitada capacidad de asistencia disponible en el país, miles de somalíes están llegando cada semana a los distintos campamentos ubicados en las zonas fronterizas de la vecinas Kenia y Etiopía. Los equipos de MSF llevan semanas informando sobre altas tasas de desnutrición entre los recién llegados; uno de cada tres niños sufre de desnutrición aguda. Debido a la política oficial de fronteras cerradas y a los obstáculos administrativos que encuentran en los centros de recepción, ellos y sus familias se enfrentan a numerosos retrasos para llegar a los campos. Tras días y días de caminar sin apenas comida ni agua, e innumerables horas de espera en estos campos de tránsito, se ven obligados a tener que competir por la limitada ayuda disponible en campos de refugiados caóticos y superpoblados, como los de Dadaab, en Kenia, o los de Dolo Ado, en Etiopía.

MSF está tratando a más de 10.000 niños con desnutrición severa en los diversos centros nutricionales y clínicas que tiene en toda la región afectada por la crisis. "Hay que garantizar que todos los afectados reciban la ayuda, tanto en Somalia, como en su huida a los países vecinos”, exclama Alfonso Verdú, responsable de operaciones de MSF para Kenia Etiopía y Somalia. "Kenia y Etiopía, países que dan acogida a la gran mayoría de los refugiados somalíes, tienen que dar prioridad a la apertura de nuevos campos y mejorar los existentes. Y la comunidad internacional tiene que asumir que tiene un responsabilidad compartida en todo esto y debe prestar ayuda a los somalíes que buscan refugio, asegurarles un registro eficiente, hacer una distribución adecuada de las raciones de alimentos, así como proporcionarles refugio y protección en los campos existentes y en los nuevos. Las actuales restricciones y trabas burocráticas están causando demoras innecesarias, y es absolutamente prioritario que se tomen todas las medidas necesarias para responder a la emergencia".
Las condiciones de vida de la población somalí se han visto enormemente debilitadas en los últimos años por un conflicto armado que dura ya dos décadas. La violencia e inseguridad, unidas a la incesante sequía que ha arruinado las cosechas y que está acabando con la vida del ganado y, por otro lado, el alza en los precios de los alimentos, han hecho que la situación hoy haya llegado a un punto crítico. Además, las restricciones existentes para el movimiento de los trabajadores humanitarios internacionales, y las limitaciones impuestas a sus organizaciones para hacer llegar los suministros, han retrasado y limitado de manera muy importante la capacidad de las mismas para hacer llegar la ayuda a la población.

"Nuestros centros nutricionales están operando muy por encima de su capacidad original, y en comparación con el año pasado, hay lugares en los que estamos recibiendo hasta siete veces más pacientes”, explica Aitor Zabalgoeazkoa, director General de MSF. "En la actualidad, estamos dando tratamiento nutricional a más de 3.000 niños y niñas menores de 5 años en Somalia: unos 600 en centros terapéuticos intensivos y más de 2.500 en centros ambulatorios. Necesitamos introducir recursos de manera urgente para ayudar a todos los recién llegados y aumentar nuestra respuesta en todas las regiones afectadas. En varios lugares, como está ocurriendo por ejemplo en el valle del Low Juba, están surgiendo campamentos espontáneos en los que se han reunido hasta 5.000 personas que han huido de sus aldeas y de las zonas rurales en busca de comida y ayuda”.

"Los combates en Somalia, las restricciones impuestas a los aviones de abastecimiento y al personal internacional, así como las permanentes trabas administrativas, han contribuido en gran medida a las dificultades actuales a las que se enfrenta a día de hoy la población de Somalia y a que se esté dando la situación actual”, asegura Unni Karunakara, presidente internacional de MSF. "Es fundamental que se eliminen todas las restricciones y los obstáculos a la ayuda humanitaria, pues la situación no para de empeorar".


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MSF trabaja ininterrumpidamente en Somalia desde el año 1991 y actualmente proporciona atención médica gratuita en ocho regiones del sur y el centro del país. Más de 1.400 trabajadores somalíes, con el apoyo de unos 100 trabajadores internacionales en Nairobi, prestan servicios gratuitos de atención primaria, cirugía y tratamiento nutricional a la población somalí. También prestan atención médica y apoyo a los desplazados, y distribuyen agua y materiales de ayuda.

MSF no acepta fondos gubernamentales para sus proyectos en Somalia, y todos los fondos que utiliza en el país provienen de sus socios y donantes privados.

martes, 26 de julio de 2011

A PRUEBA DE FUEGO

JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD


“Joven” monja de 103 años participará en la JMJ

Madrid (España) , 25 Jul. 11 (AICA)
Sor Teresita

Sor Teresita

Sor Teresita, con 103 años es la monja de clausura más veterana del mundo. Saldrá por primera vez del convento para asistir en la Jornada Mundial de la Juventud al encuentro de “jóvenes monjas” con el Papa. Es la monja de clausura que más tiempo lleva en un monasterio: 84 años. Un verdadero récord.

El día que nació Benedicto XVI, sor Teresita ingresaba en el Convento Cisterciense de Buenafuente del Sistal, en Guadalajara, del que fue durante más de 20 años superiora y en el que sigue viviendo.

Pertenece a la orden del Císter. Española nacida en Foronda (Álava), participó con otras nueve monjas de clausura en un libro titulado “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?” editado por Libros Libres, para explicar la riqueza interior y la felicidad que supone la vida contemplativa.


“No se puede vivir aburrida en el Convento”
Confiesa Sor Teresita, recordando su ingreso al Convento Cisterciense de Buenafuente que “me dio miedo entrar, pero el Señor me ayudó. Yo no sabía nada de monjas, pero Él y santa Teresita me ayudaron y entre ellos se las arreglaron para que no me acobardara”.

Dedica su vida a la oración por los demás y al trabajo en el Convento. Según sus propias palabras, “aunque rezo mucho, tengo mis fugas… Tengo una imaginación muy loca. En cuanto me descuido, ya estoy distraída. Entonces vuelvo a rezar a la Virgen María y ella me trae a la oración o a mi trabajo.

Sor Teresita es la imagen de la felicidad: “No se puede vivir aburrida en el Convento. Terminas mal. O eres feliz o nada”.

¿Su secreto para la felicidad?: “Cada uno es feliz en su profesión. La felicidad se siente siguiendo cada uno su vocación. Eso sólo lo sabe quién lo vive”.

Sor Teresita (Valeria de nombre de civil), sin embargo tuvo una vocación tardía: “No me gustaban las monjas, ¡con lo bien que se estaba en casa! Éramos labradores. Estábamos en el campo de la mañana a la noche, trabajando, pero lo pasábamos bien. Yo era la mayor de 7 hermanos y con mi hermana me pasaba el día haciendo bromas, éramos felices”.

“Pero mi padre, viendo la vida que llevábamos en el campo, ¡y pensando que las monjas no trabajaban!, nos decía a mi hermana y a mí: ¿y no querrían ser monjas…? Y yo, por contentar a mi padre, le recé a la patrona de Vitoria y le pedí que me diese vocación… ¡Y vaya si me la dio!. La vocación y la perseverancia. Son dos gracias que Dios me dio”.

A sus 103 años, todos los días recibe y lee el diario y cree que todavía le quedan cosas por hacer: “Si Dios me sigue teniendo aquí, por algo será”. “Sé que muchos no entenderán mi manera de vivir, pero yo no entiendo otra”.

¿El resumen de su vida?: “El don más grande que recibí en estos más de 100 años es la oración. Sin ella no se puede sostener uno. Cada día es una opción de oración. Yo no dejo de repetir: `Gracias, perdón, Gracias, perdón´”.


“¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”
Por primera vez en España, un periodista traspasó los muros de varios monasterios de clausura para entrevistar a diez religiosas. Es algo único que no se había dado anteriormente. Pertenecen a distintas congregaciones y carismas. Hay testimonios de religiosas Agustinas, Clarisas, Carmelitas Descalzas, de la Inmaculada Concepción, Hijas de María Nuestra Señora, Reparadoras de la Virgen de los Dolores.

A través de las páginas del libro “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”, editado por Libros Libres, el lector se convierte en el visitante de un monasterio de papel, cuyas celdas están habitadas por diez mujeres auténticas de nuestro mundo y nuestro tiempo, que responden abiertamente a éstas y más preguntas sobre la vocación, explicando cómo es la vida en una clausura, qué valor tiene la pobreza, qué las hace tomar semejante decisión, o si ya cumplidos los cien años valió la pena vivir casi un siglo dedicada nada menos, y nada más, que a Dios.+

viernes, 22 de julio de 2011

LA VIRGEN DE GUADALUPE

MARIA MAGDALENA

María Magdalena, la enamorada de Dios
El amor de María Magdalena a Cristo fue un amor total. "Para mí la vida es Cristo"

María Magdalena, la enamorada de Dios

Realmente nos encontramos en el Evangelio a un personaje muy especial del que nos pareciera saberlo todo y del que casi no sabemos nada: María Magdalena. Magdalena no es un apellido, sino un toponímico. Se trata de una María de Magdala, ciudad situada al norte de Tiberíades. Sólo sabemos de ella que Cristo la libró de siete demonios (Lc 8, 2) y que acompañaba a Cristo formando parte de un grupo grande mujeres que le servían. Los momentos culminantes de su vida fueron su presencia ante la Cruz de Cristo, junto a María, y, sobre todo, el ser testigo directo y casi primero de la Resurrección del Señor. A María Magdalena se le ha querido unir con la pecadora pública que encontró a Cristo en casa de Simón el fariseo y con María de Betania. No se puede afirmar esto y tampoco lo contrario, aunque parece que María Magdalena es otra figura distintas a las anteriores. El rostro de esta mujer en el Evangelio es, sin embargo, muy especial: era una mujer enamorada de Cristo, dispuesta a todo por él, un ejemplo maravilloso de fe en el Hijo de Dios. Todo parece que comenzó cuando Jesús sacó de ella siete demonios, es decir, según el parecer de los entendidos, cuando Cristo la curó de una grave enfermedad.


María Magdalena es un lucero rutilante en la ciencia del amor a Dios en la persona de Jesús. ¿Qué fue lo que a aquella mujer le hechizó en la persona de Cristo? ¿Por qué aquella mujer se convirtió de repente en una seguidora ardiente y fiel de Jesús? ¿Por qué para aquella mujer, tras la muerte de Cristo, todo se había acabado? María Magdalena se encontró con Cristo, después de que él le sacara aquellos "siete demonios". Es como si dijera que encontró el "todo", después de vivir en la "nada", en el "vacío". Y allí comenzó aquella historia.

El amor de María Magdalena a Jesús fue un amor fiel, purificado en el sufrimiento y en el dolor. Cuando todos los apóstoles huyeron tras el prendimiento de Cristo, María Magdalena estuvo siempre a su lado, y así la encontramos de pié al lado de la Cruz. No fue un amor fácil. El amor llevó a María Magdalena a involucrarse en el fracaso de Cristo, a recibir sobre sí los insultos a Cristo, a compartir con él aquella muerte tan horrible en la cruz. Allí el amor de María Magdalena se hizo maduro, adulto, sólido. A quien Dios no le ha costado en la vida, difícilmente entenderá lo que es amarle. Amor y dolor son realidades que siempre van unidas, hasta el punto de que no pueden existir la una sin la otra.


El amor de María Magdalena a Cristo fue un amor total. "Para mí la vida es Cristo", repetiría después otro de los grandes enamorados de Cristo. Comprobamos este amor en aquella escena tan bella de María Magdalena junto al sepulcro vacío. Está hundida porque le han quitado al Maestro y no sabe dónde lo han puesto. La muerte de Cristo fue para María un golpe terrible. Para ella la vida sin Cristo ya no tenía sentido. Por ello, el Resucitado va enseguida a rescatarla. Se trata seguro de una de las primeras apariciones de Cristo. Era tan profundo su amor que ella no podía concebir una vida sin aquella presencia que daba sentido a todo su ser y a todas sus aspiraciones en esta vida. Tras constatar que ha resucitado se lanza a sus pies con el fin de agarrarse a ellos e impedir que el Señor vuelva a salir de su vida.

El amor de María Magdalena a Cristo fue un amor de entrega y servicio. Nos dice el Evangelio que María Magdalena formaba parte de aquel grupo de mujeres que seguía y servía a Cristo. El amor la había convertido a esta mujer en una servidora entregada, alegre y generosa. Servir a quien se ama no es una carga, es un honor. El amor siempre exige entrega real, porque el amor no son palabras solo, sino hechos y hechos verdaderos. Un amor no acompañado de obras es falso. Hay quienes dicen "Señor, Señor, pero después no hacen lo que se les pide". María Magdalena no sólo servía a Cristo, sino que encontraba gusto y alegría en aquel servicio. Era para ella, una mujer tal vez pecadora antes, un privilegio haber sido elegida para servir al Señor.


El amor de María Magdalena a Cristo constituye para nosotros una lección viva y clarividente de lo que debe ser nuestro amor a Dios, a Cristo, al Espíritu Santo, a la Trinidad. Hay que despojar el amor de contenidos vacíos y vivirlo más radicalmente. Hay que relacionar más lo que hacemos y por qué lo hacemos con el amor a Dios. No debemos olvidar que al fin y al cabo nuestro amor a Dios más que sentimientos son obras y obras reales. El lenguaje de nuestro amor a Dios está en lo que hacemos por Él.

En primer lugar, podemos vivir el amor a Dios en una vida intensa y profunda de oración, que abarca tanto los sacramentos como la oración misma, además de vivir en la presencia de Dios. En estos momentos además nuestra relación con Dios ha de ser íntima, cordial, cálida. Hay que procurar conectar con Dios como persona, como amigo, como confidente. Hay que gozar de las cosas de Dios; hay que sentirse tristes sin las cosas de Dios; hay que llegar a sentir necesarias las cosas de Dios.

En segundo lugar, tenemos que vivir el amor a Dios en la rectitud y coherencia de nuestros actos. Cada cosa que hagamos ha de ser un monumento a su amor. Toda nuestra vida desde que los levantamos hasta que nos acostamos ha de ser en su honor y gloria. No podemos separar nuestra vida diaria con sus pequeñeces y grandezas del amor a Dios. No tenemos más que ofrecerle a Dios. Ahí radica precisamente la grandeza de Dios que acoge con infinito cariño esas obras tan pequeñas. De todas formas la verdad del amor siempre está en lo pequeño, porque lo pequeño es posible, es cotidiano, es frecuente. Las cosas grandes no siempre están al alcance de todos. Además el que es fiel en lo pequeño, lo será en lo mucho.


Y en tercer lugar, tenemos que vivir el amor a Dios en la entrega real y veraz al prójimo por Él. "Si alguno dice: Yo amo a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no pude amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,20). El amor a Dios en el prójimo es difícil, pero es muchas veces el más veraz. Hay que saber que se está amando a Dios cuando se dice NO al egoísmo, al rencor, al odio, a la calumnia, a la crítica, a la acepción de personas, al juicio temerario, al desprecio, a la indiferencia, a etiquetar a los demás; y cuando se dice SÍ a la bondad, a la generosidad, a la mansedumbre, al sacrificio, al respeto, a la amistad, a la comprensión, al buen hablar. La caridad con el prójimo va íntimamente ligada a la caridad hacia Dios. Es una expresión real del amor a Dios.

miércoles, 20 de julio de 2011

EL ABUELO DANIEL

El 20 de julio de 1916, nació un gran hombre, don Daniel Larrat, hombre sincero y bonachón, que con su don de afabilidad unía a sus hijos, vecinos y amigos. Dios le concedió la gracia de vivir pendiente de la necesidad del otro. Muchas veces ante la desgracia ajena, no esperaba un minuto y salía al socorro, a la ayuda del hermano. Siempre en su bicicleta o caminando, llegaba a todas las casas de los vecinos, y con un "che hay que ayudar" animaba a sus vecinos y familiares a ser solidarios. Recuerdo su fe, su confianza puesta en Dios y en la intercesión de Ceferino, muchas veces lo ví ir a Misa y decirle al sacerdote en medio de la celebración " Padre perdón, pero yo no me levanto, porque no puedo" pero su imposibilidad no le impedía ir a la Eucaristía.
Cuantos recuerdos brotan en mi interior, estoy orgullosa de ser su nieta, fue un hombre que con debilidades y miserias siempre tuvo un gesto oportuno para el hermano. Sus hijos y sus nietos, sus hijos políticos todos recordamos cuando el abuelo Daniel nos reunía y unía a lo que estaba desunido, aunque han pasado varios años desde que partió a la casa del Padre, sabemos que su amor, sus gestos, sus actos de amor siguen vigentes, siguen presentes entre nosotros.
Gracias Señor por el abuelo Daniel.
Silvina

martes, 5 de julio de 2011

QUE LA CARIDAD SEA SIN FINGIMIENTO

P. Raniero Cantalamessa


Tercera Predicación de Cuaresma

QUE LA CARIDAD SEA SIN FINGIMIENTO




1. Amarás al, prójimo como a ti mismo

Se ha observado un hecho. El río Jordán, en su curso, forma dos mares: el mar de Galilea y el mar Muerto, pero mientras que el mar de Galilea es un mar bullente de vida, entre las aguas con más pesca de la tierra, el mar Muerto es precisamente un mar “muerto”, no hay traza de vida en él ni a su alrededor, sólo salinas. Y sin embargo se trata de la misma agua del Jordán. La explicación, al menos en parte, es esta: el mar de Galilea recibe las aguas del Jordán, pero no las retiene para sí, las hace volver a fluir de manera que puedan irrigar todo el valle del Jordán.

El mar Muerto recibe las aguas y las retiene para sí, no tiene desaguaderos, de él no sale una gota de agua. Es un símbolo. Para recibir amor de Dios, debemos darlo a los hermanos, y cuanto más lo damos, más lo recibimos. Sobre esto queremos reflexionar en esta meditación.

Tras haber reflexionado en las primeras dos meditaciones sobre el amor de Dios como don, ha llegado el momento de meditar también sobre el deber de amar, y en particular en el deber de amar al prójimo. El vínculo entre los dos amores se expresa de forma programática por la palabra de Dios: “Si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. ” (1 Jn 4,11).

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” era un mandamiento antiguo, escrito en la ley de Moisés (Lv 19,18) y Jesús mismo lo cita como tal (Lc 10, 27). ¿Cómo entonces Jesús lo llama “su” mandamiento y el mandamiento “nuevo”? La respuesta es que con él han cambiado el objeto, el sujeto y el motivo del amor al prójimo.

Ha cambiado ante todo el objeto, es decir, el prójimo a quien amar. Este ya no es sólo el compatriota, o como mucho el huésped que vive con el pueblo, sino todo hombre, incluso el extranjero (¡el Samaritano!), incluso el enemigo. Es verdad que la segunda parte de la frase “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo” no se encuentra literalmente en el Antiguo Testamento, pero resume su orientación general, expresada en la ley del talión: “ojo por ojo, diente por diente” (Lv 24,20), sobre todo si se compara con lo que Jesús exige de los suyos:

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, rogad por sus perseguidores; así seréis hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si amáis solamente a quienes os aman, ¿qué recompensa merecéis? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?” (Mt 5, 44-47).

Ha cambiado también el sujeto del amor al prójimo, es decir, el significado de la palabra prójimo. Este no es el otro; soy yo, no es el que está cercano, sino el que se hace cercano. Con la parábola del buen samaritano Jesús demuestra que no hay que esperar pasivamente a que el prójimo aparezca en mi camino, con muchas señales luminosas, con las sirenas desplegadas. El prójimo eres tu, es decir, el que tu puedes llegar a ser. El prójimo no existe de partida, sino que se tendrá un prójimo sólo el que se haga próximo a alguien.

Ha cambiado sobre todo el modelo o la medida del amor al prójimo. Hasta Jesús, el modelo era el amor de uno mismo: “como a ti mismo”. Se dijo que Dios no podía asegurar el amor al prójimo a un “perno” más seguro que este; no habría obtenido el mismo objetivo ni siquiera su hubiese dicho: “¡Amarás a tu prójimo como a tu Dios!”, porque sobre el amor a Dios – es decir, sobre qué es amar a Dios – el hombre todavía puede hacer trampa , pero sobre el amor a sí mismo no. El hombre sabe muy bien qué significa, en toda circunstancia, amarse a sí mismo; es un espejo que tiene siempre ante sí, no tiene escapatoria1.

Y sin embargo deja una escapatoria, y es por ello que Jesús lo sustituye por otro modelo y otra medida: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Jn 15,12). El hombre puede amarse a sí mismo de forma equivocada, es decir, desear el mal, no el bien, amar el vicio, no la virtud. Si un hombre semejante ama a los demás como a sí mismo, ¡pobrecita la persona que sea amada así! Sabemos en cambio a dónde nos lleva el amor de Jesús: a la verdad, al bien, al Padre. Quien le sigue “no camina en las tinieblas”. Él nos amó dando la vida por nosotros, cuando éramos pecadores, es decir, enemigos (Rm 5, 6 ss).

Se entiende de este modo qué quiere decir el evangelista Juan con su afirmación aparentemente contradictoria: “Queridos míos, no os doy un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, el que aprendisteis desde el principio: este mandamiento antiguo es la palabra que oísteis. Sin embargo, el mandamiento que os doy es nuevo” (1 Jn 2, 7-8). El mandamiento del amor al prójimo es “antiguo” en la letra, pero “nuevo” por la novedad misma del evangelio. Nuevo – explica el Papa en un capítulo de su nuevo libro sobre Jesús – porque no es ya solo “ley”, sino también, e incluso antes, “gracia”. Se funda en la comunión con Cristo, hecha posible por el don del Espíritu.2

Con Jesús se pasa de la ley del contrapeso, o entre dos actores: “Lo que el otro te hace, házselo tu a él”, a la ley del traspaso, o a tres actores: “Lo que Dios te ha hecho a ti, hazlo tu al otro”, o, partiendo de la dirección opuesta: “Lo que tu hayas hecho al otro, es lo que Dios hará contigo”. Son incontables las palabras de Jesús y de los apóstoles que repiten este concepto: “Como Dios os ha perdonado, perdonaos unos a otros”: “Si no perdonáis de corazón a vuestros enemigos, tampoco vuestro padre os perdonará”. Se corta la excusa de raíz: “Pero él no me ama, me ofende...”. Esto le compete a él, no a ti. A ti te tiene que importar sólo lo que haces al otro y cómo te comportas frente a lo que el otro te hace a ti.

Queda pendiente la pregunta principal: ¿por qué este singular cambio de rumbo del amor de Dios al prójimo? ¿No sería más lógico esperarse: “Como yo os he amado, amadme así a mi”?, en lugar de: “Como yo os he amado, amaos así unos a otros”? Aquí está la diferencia entre el amor puramente de eros y el amor de eros y agape unidos. El amor puramente erótico es de circuito cerrado: “Ámame, Alfredo, ámame como yo te amo”: así canta Violeta en la Traviata de Verdi: yo te amo, tu me amas. El amor de agape es de circuito abierto: viene de Dios y vuelve a él, pero pasando por el prójimo. Jesús inauguró él mismo este nuevo tipo de amor: “Como el Padre me ha amado, así también os he amado yo” (Jn 15, 9).

Santa Catalina de Siena dio, del motivo de ello, la explicación más sencilla y convincente. Ella hace decir a Dios:

“Yo os pido que me améis con el mismo amor con que yo os amo. Esto no me lo podéis hacer a mi, porque yo os amé sin ser amado. Todo el amor que tenéis por mí es un amor de deuda, no de gracia, porque estáis obligados a hacerlo, mientras que yo os amo con un amor de gracia, no de deuda. Por ello, vosotros no podéis darme el amor que yo requiero. Por esto os he puesto al lado a vuestro prójimo: para que hagáis a este lo que no podéis hacerme a mi, es decir, amarlo sin consideraciones de mérito y sin esperaron utilidad alguna. Y yo considero que me hacéis a mi lo que le hacéis a él”3.

2. Amaos de verdadero corazón

Tras estas reflexiones generales sobre el mandamiento del amor al prójimo, ha llegado el momento de hablar de la cualidad que debe revestir este amor. Éstas son fundamentalmente dos: debe ser un amor sincero y un amor de los hechos, un amor del corazón y un amor, por así decirlo, de las manos. Esta vez nos detendremos en la primera cualidad, y lo hacemos dejándonos guiar por el gran cantor de la caridad que es Pablo.

La segunda parte de la Carta a los Romanos es toda una sucesión de recomendaciones sobre el amor mutuo dentro de la comunidad cristiana: “Que vuestra caridad sea sin fingimiento[...]; amaos unos a otros con afecto fraterno, competid en estimaros mutuamente...” (Rm 12, 9 ss). “Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley” (Rm 13, 8).

Para captar el espíritu que unifica todas estas recomendaciones, la idea de fondo, o mejor, el “sentimiento” que Pablo tiene de la caridad, debe partirse de esa palabra inicial: “Que la caridad sea sin fingimiento”. Esta no es una de las muchas exhortaciones, sino la matriz de la que deriva todas las demás. Contiene el secreto de la caridad. Intentemos captar, con la ayuda del Espíritu, este secreto.

El término original usado por san Pablo y que se traduce como “sin fingimiento”, es anhypòkritos, es decir, sin hipocresía. Este término es una especie de “chivato”; es, de hecho, un término raro que encontramos empleado, en el Nuevo Testamento, casi exclusivamente para definir el amor cristiano. La expresión “amor sincero” (anhypòkritos) vuelve ahora en 2 Corintios 6, 6 y en 1 Pedro 1, 22. Este último texto permite captar, con toda certeza, el significado del término en cuestión, porque lo explica con una perífrasis; el amor sincero – dice – consiste en amarse intensamente “de verdadero corazón”.

San Pablo, por tanto, con esa sencilla afirmación: “que la caridad sea sin fingimiento”, lleva el discurso a la raíz misma de la caridad, al corazón. Lo que se exige del amor es que sea verdadero, auténtico, no fingido. Como el vino, para ser “sincero”, debe ser exprimido de la uva, así el amor del corazón. También en ello el Apóstol es el eco fiel del pensamiento de Jesús; él, de hecho, había indicado, repetidamente y con fuerza, al corazón, como el “lugar” en el que se decide el valor de lo que el hombre hace, lo que es puro, o impuro, en la vida de una persona (Mt 15, 19).

Podemos hablar de una intuición paulina, respecto de la caridad; ésta consiste en revelar, tras el universo visible y exterior de la caridad, hecho de obras y de palabras, otro universo totalmente interior, que es, respecto al primero, lo que el alma es para el cuerpo. Volvemos a encontrar esta intuición en el otro gran texto sobre la caridad que es 1 Corintios 13. Lo que san Pablo dice allí, bien mirado, se refiere totalmente a esta caridad interior, a las disposiciones y a los sentimientos de caridad: la caridad es paciente, es benigna, no es envidiosa, no se irrita, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera... No hay nada que se refiera, directamente de por sí, a hacer el bien, u obras de caridad, sino que todo se reconduce a la raíz del querer bien. La benevolencia viene antes que la beneficencia.

Es el Apóstol mismo el que explicita la diferencia entre las dos esferas de la caridad, diciendo que el mayor acto de caridad exterior – el distribuir a los pobres todos los bienes – no serviría de nada sin la caridad interior (cf. 1 Cor 13, 3). Sería lo opuesto de la caridad “sincera”. La caridad hipócrita, de hecho, es precisamente la que hace el bien, sin querer bien, que muestra exteriormente algo que no tiene una correspondencia en el corazón. En este caso, se tiene una falta de caridad, que puede, incluso, esconder egoísmo, búsqueda de sí, instrumentalización del hermano, o incluso simple remordimiento de conciencia.

Sería un error fatal contraponer entre sí caridad del corazón y caridad de los hechos, o refugiarse en la caridad interior, para encontrar en ella una especie de coartada a la falta de caridad de los hechos. Por lo demás, decir que, sin la caridad, “de nada me aprovecha” siquiera el dar todo a los pobres, no significa decir que esto no le sirve a nadie y que es inútil; significa más bien decir que no me aprovecha “a mí”, mientras que puede aprovechar al pobre que la recibe. No se trata, por tanto, de atenuar la importancia de las obras de caridad (lo veremos, decía, la próxima vez), sino de asegurarles un fundamento seguro contra el egoísmo y sus infinitas astucias. San Pablo quiere que los cristianos estén “arraigados y fundados en la caridad” (Ef 3, 17), es decir, que el amor sea la raíz y el fundamento de todo.

Amar sinceramente significa amar a esta profundidad, allí donde no se puede mentir, porque estás solo ante ti mismo, solo ante el espejo de tu conciencia, bajo la mirada de Dios. “Ama a su hermano – escribe Agustín – el que, ante Dios, allí donde él solo ve, afirma su corazón y se pregunta íntimamente si verdaderamente actúa así por amor al hermano; y ese ojo que penetra en el corazón, allí adonde el hombre no puede llegar, le da testimonio”4. Era amor sincero por ello el de Pablo por los judíos si podía decir: “ Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón. Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza” (Rom 9,1-3).

Para ser genuina, la caridad cristiana debe, por tanto, partir desde el interior, desde el corazón; las obras de misericordia de las “entrañas de misericordia” (Col 3, 12). Con todo, debemos precisar en seguida que aquí se trata de algo mucho más radical que la simple “interiorización”, es decir, de un poner el acento de la práctica exterior de la caridad a la práctica interior. Este es solo el primer paso. ¡La interiorización apunta a la divinización! El cristiano – decía san Pedro – es aquel que ama “de verdadero corazón”: ¿pero con qué corazón? ¡Con “el corazón nuevo y el Espíritu nuevo” recibido en el bautismo!

Cuando un cristiano ama así, es Dios el que ama a través de él; él se convierte en un canal del amor de Dios. Sucede como con el consuelo, que no es otra cosa sino una modalidad del amor: “Dios nos consuela en cada una de nuestras tribulaciones para que podamos también nosotros consolar a quienes se encuentran en todo tipo de aflicción con el consuelo con el que nosotros mismos somos consolados por Dios” (2 Cor 1, 4). Nosotros consolamos con el consuelo con el que somos consolados por Dios, amamos con el amor con el que somos amados por Dios. No con uno diverso. Esto explica el eco, aparentemente desproporcionado, que tiene a veces un sencillísimo acto de amor, a menudo escondido, la esperanza y la luz que crea alrededor.

3. La caridad edifica

Cuando se habla de la caridad en los escritos apostólicos, no se habla de ella nunca en abstracto, de modo genérico. El trasfondo es siempre la edificación de la comunidad cristiana. En otras palabras, el primer ámbito de ejercicio de la caridad debe ser la Iglesia, y más concretamente aún la comunidad en la que se vive, las personas con las que se mantienen relaciones cotidianas. Así debe suceder también hoy, en particular en el corazón de la Iglesia, entre aquellos que trabajan en estrecho contacto con el Sumo Pontífice.

Durante un cierto tiempo en la antigüedad se quiso designar con el término caridad, agape, no sólo la comida fraterna que los cristianos tomaban juntos, sino también a toda la Iglesia5. El mártir san Ignacio de Antioquía saluda a la Iglesia de Roma como la que “preside en la caridad (agape)”, es decir, en la “fraternidad cristiana”, el conjunto de todas las iglesias6. Esta frase no afirma sólo el hecho del primado, sino también su naturaleza, o el modo de ejercerlo: es decir, en la caridad.

La Iglesia tiene necesidad urgente de una llamarada de caridad que cure sus fracturas. En un discurso suyo, Pablo VI decía: “La Iglesia necesita sentir refluir por todas sus facultades humanas la ola del amor, de ese amor que se llama caridad, y que precisamente ha sido difundida en nuestros corazones precisamente por el Espíritu Santo que se nos ha dado” 7. Sólo el amor cura. Es el óleo del samaritano. Oleo también porque debe flotar por encima de todo, como hace precisamente el aceite respecto a los líquidos. “Que por encima de todo esté la caridad, que es el vínculo de la perfección” (Col 3, 14). Por encima de todo, super omnia! Por tanto también de la fe y de la esperanza, de la disciplina, de la autoridad, aunque, evidentemente, la propia disciplina y autoridad puede ser una expresión de la caridad. No hay unidad sin la caridad y, si la hubiese, sería sólo una unidad de poco valor para Dios.

Un ámbito importante sobre el que trabajar es el de los juicios recíprocos. Pablo escribía a los Romanos: “Entonces, ¿Con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? ... Dejemos entonces de juzgarnos mutuamente” (Rm 14, 10.13). Antes de él Jesús había dicho: “No juzguéis y no seréis juzgados [...] ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?” (Mt 7, 1-3). Compara el pecado del prójimo (el pecado juzgado), cualquiera que sea, con una pajita, frente al pecado de quien juzga (el pecado de juzgar) que es una viga. La viga es el hecho mismo de juzgar, tan grave es eso a los ojos de Dios.

El discurso sobre los juicios es ciertamente delicado y complejo y no se puede dejar a medias, sin que aparezca en seguida poco realista. ¿Cómo se puede, de hecho, vivir del todo sin juzgar? El juicio está dentro de nosotros incluso en una mirada. No podemos observar, escuchar, vivir, sin dar valoraciones, es decir, sin juzgar. Un padre, un superior, un confesor, un juez, quien tenga una responsabilidad sobre los demás, debe juzgar. Es más, a veces, como es el caso de muchos aquí en la Curia, el juzgar es, precisamente, el tipo de servicio que uno está llamado a prestar a la sociedad o a la Iglesia.

De hecho, no es tanto el juicio el que se debe quitar de nuestro corazón, ¡sino más bien el veneno de nuestro juicio! Es decir, el hastío, la condena. En el relato de Lucas, el mandato de Jesús: “No juzguéis y no seréis juzgados” es seguido inmediatamente, como para explicitar el sentido de estas palabras, por el mandato: “No condenéis y no seréis condenados” (Lc 6, 37). De por sí, el juzgar es una acción neutral, el juicio puede terminar tanto en condena como en absolución y justificación. Son los prejuicios negativos los que son recogidos y prohibidos por la palabra de Dios, los que junto con el pecado condenan también al pecador, los que miran más al castigo que a la corrección del hermano.

Otro punto cualificador de la caridad sincera es la estima: “competid en estimaros mutuamente” (Rm 12, 10). Para estimar al hermano, es necesario no estimarse uno mismo demasiado; es necesario – dice el Apóstol – “no hacerse una idea demasiado alta de sí mismos” (Rm 12, 3). Quien tiene una idea demasiado alta de sí mismo es como un hombre que, de noche, tiene ante los ojos una fuente de luz intensa: no consigue ver otra cosa más allá de ella; no consigue ver las luces de los hermanos, sus virtudes y sus valores.

“Minimizar” debe ser nuestro verbo preferido, en las relaciones con los demás: minimizar nuestras virtudes y los defectos de los demás. ¡No minimizar nuestros defectos y las virtudes de los demás, como en cambio hacemos a menudo, que es la cosa diametralmente opuesta! Hay una fábula de Esopo al respecto; en la reelaboración que hace de ella La Fontaine suena así:

“Cuando viene a este valle

cada uno lleva encima

una doble alforja.

Dentro de la parte de delante

de buen grado todos

echamos los defectos ajenos,

y en la de atrás, los propios”8.

Deberíamos sencillamente dar la vuelta a las cosas: poner nuestros defectos en la parte de delante y los defectos ajenos en la de detrás. Santiago advierte: “No habléis mal unos de otros” (St 4,11). El chisme ha cambiado de nombre, se llama comentario [gossip, n.d.t.] y parece haberse convertido en algo inocente, en cambio es una de las cosas que más contaminan el vivir juntos. No basta con no hablar mal de los demás; es necesario además impedir que otros lo hagan en nuestra presencia, hacerles entender, quizás silenciosamente, que no se está de acuerdo. ¡Qué aire distinto se respira en un ambiente de trabajo y en una comunidad cuando se toma en serio la advertencia de Santiago! En muchos locales públicos una vez se ponía: “Aquí no se fuma”, o también, “Aquí no se blasfema”. No estaría mal sustituirlas, en algunos casos, con el escrito: “¡Aquí no se hacen chismes!”

Terminemos escuchando como dirigida a nosotros la exhortación del Apóstol a la comunidad de Filipos, tan querida por él: “Os ruego que hagais perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tened un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagáis nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad os lleve a estimar a los otros como superiores a vosotros mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás” (Fil 2, 2-5).

1 Cf. S. Kierkegaard, Gli atti dell’amore, Milán, Rusconi, 1983, p. 163.

2 Benedicto XVI, Gesù di Nazaret, II Parte, Libreria Editrice Vaticana 2011, pp. 76 s.

3 S. Catalina de Siena, Dialogo 64.

4 S. Agustín, Comentario a la primera carta de Juan, 6,2 (PL 35, 2020).

5 Lampe, A Patristic Greek Lexicon, Oxford 1961, p. 8

6 S. Ignacio de Antioquía, Carta a los Romanos, saludo inicial.

7 Discurso en la audiencia general del 29 de noviembre de 1972 (Insegnamenti di Paolo VI, Tipografia Poliglotta Vaticana, X, pp. 1210s.).

8 J. de La Fontaine, Fábulas, I, 7

lunes, 4 de julio de 2011

ORACION AL PADRE PIO POR LOS ENFERMOS

POR LOS ENFERMOS

Santo padre Pío, ya que durante tu vida terrena mostraste un gran amor por los enfermos y afligidos, escucha nuestros ruegos e intercede ante el Padre misericordiosos por los que sufren. Asiste desde el cielo a todos los enfermos del mundo; sostiene a quienes han perdido toda esperanza de curación; consuela a quienes gritan o lloran por sus tremendos dolores; protege a quienes no pueden atenderse o medicarse por falta de recursos materiales o ignorancia; alienta a quienes no pueden reposar porque deben trabajar; vigila a quienes buscan en la cama una posición menos dolorosa; acompaña a quienes pasan las noches insomnes; visita a quienes ven que la enfermedad frustra sus proyectos; alumbra a quienes pasan una "noche oscura" y desesperan; toca los miembros y músculos que han perdido movilidad; ilumina a quienes ven tambalear su fe y se sienten atacados por dudas que los atormentan; apacigua a quienes se impacientan viendo que no mejoran; calma a quienes se estremecen por dolores y calambres; concede paciencia, humildad y constancia a quienes se rehabilitan; devuelve la paz y la alegría a quienes se llenaron de angustia; disminuye los padecimientos de los más débiles y ancianos; vela junto al lecho de los que perdieron el conocimiento; guía a los moribundos al gozo eterno; conduce a los que más lo necesitan al encuentro con Dios; y bendice abundantemente a quienes los asisten en su dolor, los consuelan en su angustia y los protegen con caridad. Amén.

jueves, 30 de junio de 2011

DONATO Y STEFANO- ¡ QUE TEMA!!!

LES REGALO OTRO TEMA DEL GRAN FRANCO DE VITTA

QUERIDO PAPA

Quiero compartirte lo que he vivido al lado tuyo...


Cuando pensabas que no te veía, te vi pegar mi primer dibujo en la heladera, e inmediatamente quise pintar otro.

Cuando pensabas que no te veía, te sentí darme un beso por la noche y me sentí amado y seguro.

Cuando pensabas que no te veía, te vi preocuparte por tus amigos sanos y por tus amigos enfermos y, así, aprendí que todos debemos ayudarnos y cuidarnos unos a otros.

Cuando pensabas que no te veía, te vi dar tu tiempo y dinero para ayudar a personas que nada tenían y aprendí que aquellos que tienen deben compartirlos con quienes no tienen.

Cuando pensabas que no te veía, te vi arreglar y disponer de todo en nuestra casa para que fuese agradable vivir, pendiente de cada detalle; y entendí que las pequeñas cosas son las cosas especiales de la vida.

Cuando pensabas que no te veía, te vi atender la casa y a todos los que vivimos en ella; y aprendí a cuidar lo que es dado.
Cuando pensabas que no te veía, vi cómo cumplías con tus responsabilidades, aún cuando no te sentías bien; y aprendí que debo
ser responsable cuando crezca.

Cuando pensabas que no te veía, vi tus lágrimas y entonces aprendí que a veces las cosas duelen y que está bien llorar.

Cuando pensabas que no te veía, vi que yo te importaba y quise ser todo lo que puedo llegar a ser.

Cuando pensabas que no te veía, te escuché pedirle a Dios y supe que existía un Dios al que le podría yo hablar y en quien podría confiar.

Cuando pensabas que no te veía, aprendí casi todas las lecciones de la vida que necesito saber para ser una buena persona cuando crezca.

Cuando pensabas que no te veía, te vi y quise decir: ¡gracias por todas las cosas que vi cuando pensabas que no te veía!



Tu hijo/a amado/a.

miércoles, 29 de junio de 2011

1000 DIAS SIN SOFIA

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=H5bHPLY2qrk

POR FAVOR TE PIDO QUE LO PUBLIQUES EN TU MURO DE FACEBOOK, ENTRE TODOS PODEMOS HACER QUE SOFIA APAREZCA. GRACIAS.

TESTAMENTO DE CARMELO JUAN

Hoy, 31 de julio de 2002, estando en el Cenáculo, (Pilar, Pcia. Bs. As.), haciendo Ejercicios Espirituales, sentí una moción a escribir mi testamento. No sé muy bien para qué sirve, pero igual lo escribo.

Lo primero que siento es que Dios ha sido infinitamente bueno conmigo. Llevó a mi madre cuando tenía ocho años, pero no me dejó huérfano. ¡Señor, has sido bueno con tu tierra! Tengo unas ganas locas de cantar la bondad del Señor, por siempre jamás. Lo segundo que siento es que la vida me ha sido muy fácil. Nunca el dolor fue la nota dominante. De veras que Dios ha sido bueno conmigo. Lo tercero que siento es que he perdido mucho tiempo en cuestiones intrascendentes. Sólo Dios sabe cómo me encontrará, sin con los talentos multiplicados, o si con el talento guardado. Por cierto que podrían haberse multiplicado mucho más para su Gloria de no haber perdido tanto tiempo en cosas tan secundarias. Un dolor tengo: es haber dejado de ser un hombre de oración. Y por lo mismo no ser el hombre que la Iglesia y la Patria necesitan en esta hora. Una ilusión todavía tengo: que el Señor me utilice como instrumento para trazar un surco para la Nueva Evangelización y para levantar esta Patria tan decaída. No me importa ningún nombre, ningún recuerdo. Sólo, si Él quiere, que me use para trazar un surco para la Nueva Evangelización. ¡Señor, ¿ves aquella línea chiquita como una uñita?; la trazaste vos usándome a mí! Esa es mi mayor ilusión. Y si hubiese sido tan torpe que no pueda usarme ni siquiera como una pequeña uña, sé que Él tendrá misericordia de mí. Y no renuncio al Cielo, pero cómo querría que me utilice para levantar esta pobre Patria que tanto hemos maltratado los argentinos. No pretendo ver el día en que comience a resurgir. Sólo quiero ser útil para que un día comience a resurgir, y que los que sigan puedan disfrutar de una Patria en la cual sea más fácil peregrinar a la del Cielo. He querido a la Iglesia, no sé si tanto como ella merece ser amada. Pero la amo y quiero morir amándola, como es, santa y pecadora, sobre todo esto último porque me tiene a mí. Y por sobre todo amo a Cristo, que me amó y se entregó a sí mismo por mí. Amé a Misiones y a Posadas. Nunca imaginé que se podría amar tanto. Y amo al Chaco y a Resistencia. Y si me toca morir lejos, moriré como un desterrado. Aunque ya miro con serenidad ese destierro. Pero cuán dulce me suena que mis pobres huesos fuesen enterrados junto a un lapacho chaqueño. Amé, por cierto, a la Patagonia, a mi Río Negro, esa especie de mi primera Gran Parroquia, donde aprendí a ser Obispo junto a mi hermano Miguel Esteban. Amo a mis sacerdotes. Cuánto deseo que entiendan cada vez más profundamente que son, por el sacramento, miembros de la íntima fraternidad sacramental de los presbíteros, cuya cabeza es el Obispo, y que todo proyecto pastoral, comunitario o personal, debe fluir de esa honda realidad. Amo al Seminario y a los seminaristas. Pero posiblemente no haya cumplido con los deseos de la Iglesia al traerme a Resistencia, de cuidar sobre todo del Seminario Interdiocesano. ¡Ojalá que en lo que me resta de ministerio sea útil para ayudar a descubrir que esta hora argentina exige una formación sacerdotal más honda basada en el llamado de Jesús! Amo a las religiosas, a quienes siempre quise ver más allá de la colaboración apostólica que prestan a la Diócesis. ¡Que sean ellas! Sobre todo, que sean lo que Jesús quiere de ellas. Amo a los laicos; que descubran cada día más que el mundo en el cual viven es su lugar de santificación, y que ayuden a desentrañar el misterio del cristiano como ciudadano de este mundo. ¡Cuánto falta! ¡Qué descuido no haber visto antes que no se puede peregrinar hacia el cielo si somos fugitivos de la Patria terrena! La presente postración argentina tiene mucho que ver con la falta de una verdadera espiritualidad laical. Amo a mis hermanos Obispos y los admiro por haber hecho una Iglesia más libre del poder civil. ¡Y que cada día lo sea más! ¿Pero cómo ser libre y a la vez encarnada en el tiempo? Un drama que vale la pena vivir. A no parar hasta desprenderse del pequeño aporte estatal. ¡Y mucho más! A anunciar el Reino de Dios sin triunfalismo y con la fuerza del Espíritu. Amo a mis hermanos Obispos del NEA. ¡Qué hora nos toca de responsabilidad! De recrear todo para responder mejor a esta hora. Sobre todo recrear nuestro Seminario Interdiocesano. Amo a mis colaboradores de la Curia: a Teresa que cuida de mi casa, a Chino, a Teresita, a Agustín, a la Hna. Susana, a Zulema, al P. Bernard fiel colaborador, leal e inteligente, a la Hna. Olga que se prodigó sobre toda medida al servicio de la Arquidiócesis y de mi persona. Que el Señor le retribuya con la abundancia de su gracia. He descubierto la presencia del Espíritu Santo en mucha gente sencilla de nuestras Parroquias. Y en muchos que no están en el redil de los “practicantes” he admirado la presencia de Dios, que es la suma verdad y el sumo bien. Seguro que he ofendido a muchos y les pido perdón. Se lo suplico me lo concedan de corazón. Yo no me siento ofendido por nadie y si alguien sintiese haberme ofendido, sepa que lo perdono de corazón. Me duele haber ofendido a algunos difuntos, no haberlos tratado con el respeto, cariño y sinceridad que merecían. Ruego por ellos para que gocen de la gloria de Dios, y que me reciban un día en su compañía. Ruego en especial por mi madre y por mi padre, por Betina, por Encarnación, por Juan, por Miguel, y todos mis abuelos y tíos y primos de Italia. Ruego por mis compañeros difuntos, del Seminario, del Curso y del Episcopado. Ruego por tantos difuntos que me han querido y servido, gracias a los cuales soy lo que soy. Amo y recuerdo a mis hermanas y hermanos: Úrsula, Francisco, Salvador, Carmen, Marta, Pablo, Ángel, Ignacio, Mónica, María Teresa y a Mariana. A todas mis sobrinas y sobrinos y sobrinos nietos. Que el Señor los bendiga abundantemente.

Actualmente no tengo bienes a nombre propio. El heredero natural de todas mis cosas es el Arzobispado. Tampoco tengo deudas personales. Y por hoy termino. ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí, tú que sabes todo, tú que sabes también que te amo!

+Carmelo Juan Giaquinta

El Cenáculo 31 de Julio de 2002



jueves, 23 de junio de 2011

Embajador de Israel reconoce la ayuda de la Iglesia a los judíos de Roma


ROMA, jueves 23 de junio de 2011 (ZENIT.org).- “Sería un error declarar que la Iglesia católica, el Vaticano y el propio Papa se opusieran a las acciones dirigidas a salvar a los judíos”: así lo declaró hoy el embajador de Israel ante la Santa Sede, Mordechay Lewy, con ocasión de la entrega de la medalla de “Justo entre las Naciones” a la memoria del sacerdote orionino Gaetano Piccinini, hoy en el Centro Don Orione de Roma.

Durante la segunda guerra mundial, y sobre todo durante la ocupación nazi de Roma, Piccinini, actuando con la ayuda de la red de casas de la Pequeña Obra de la Divina Providencia de san Orione, consiguió salvar a muchos judíos, entre ellos los componentes de la familia de Bruno Camerini, quien pidió oficialmente la condecoración.

“A partir de la redada en el gueto de Roma del 16 de octubre de 1943 – afirmó Lewy – y en los días siguientes, monasterios y orfanatos mantenidos por órdenes religiosas abrieron las puertas a los judíos y tenemos motivos para pensar que esto sucedió bajo la supervisión de los más altos exponentes del Vaticano, que estaban por tanto informados de estos gestos”.

No sólo no es cierto que la Iglesia católica y sus instituciones se opusieran a la salvación de los judíos, sino que “lo cierto es más bien lo contrario: prestaron ayuda siempre que pudieron”.

“El hecho de que el Vaticano – añadió el embajador – no hubiese podido evitar la partida del tren que llevó al campo de exterminio, durante los tres días transcurridos desde la redada del 16 de octubre hasta el 18, sólo puede haber aumentado la voluntad, por parte vaticana, de ofrecer sus propios locales como refugio para los judíos”.

Para Lewy, es cierto que “los judíos romanos tuvieron una reacción traumática”. Estos, de hecho, “veían en la persona del Papa una especie de protector y esperaban que les salvase y evitase lo peor”.

“Sabemos todos qué sucedió – afirmó Lewy – pero debemos reconocer que el que partió el 18 de octubre de 1943 fue el único convoy que los nazis consiguieron organizar desde Roma hacia Auschwitz”.

A la pregunta de ZENIT de si estas consideraciones arrojan una mirada distinta sobre las polémicas que por parte judía se refieren a la figura del papa Pío XII y a la iniciativa de su beatificación: “El judaísmo no es monolítico – afirmó Lewy – y hay opiniones distintas a nivel histórico”.

Sin entrar en la cuestión de la beatificación, que pertenece a la Iglesia católica: “Lo que nosotros sabemos no nos permite decir que fuese todo blanco o negro, pero se equivoca quien niega que el Vaticano, el Papa y las instituciones católicas no hayan actuado para salvar a los judíos”.

Quizás puedan surgir nuevos elementos con la apertura de los archivos vaticanos, “pero no puede esperarse la verdad completa, porque en tiempos tan duros muchas cosas no podían siquiera ponerse por escrito”.

“Es mi opinión personal – concluyó el embajador – que la verdad de aquel tiempo trágico en su totalidad está oculta y así permanecerá”.

Por Chiara Santomiero

jueves, 16 de junio de 2011

martes, 14 de junio de 2011

MÉXICO D.F., 19 Mar. 10 / 06:48 am (ACI)

Karyme Lozano es una conocida actriz mexicana de telenovelas. Desde hace un tiempo y siguiendo el ejemplo de su amigo Eduardo Verástegui, con quien sirve en la organización "Manto de Guadalupe", ha decidido vivir la abstinencia sexual, que considera "algo bellísimo que yo no conocía antes".

En entrevista concedida al diario puertorriqueño Nuevo Día, Lozano relata que antes "yo me reía y me burlaba de la castidad, pero ahora Dios ha hecho milagros en mi vida. Dios existe y obra milagros todos los días, lo que pasa es que no queremos verlo a veces".

Seguidamente comentó su admiración por Verástegui, quien ya lleva seis años de abstinencia sexual. "Cuando yo lo veo y siento esa paz que tiene, esa tranquilidad que le viene desde muy adentro, yo me pregunté: ¿qué tiene él? Yo quiero tenerlo".

"He descubierto en la abstinencia algo bellísimo que yo no conocía antes. Me he dado cuenta que no tengo drama en mi vida ahora. Quisiera que cuando encuentre al hombre ideal, que sea el hombre de mi vida, casarme y que sea para siempre", señaló.

Lozano también ha dicho estar en contra del aborto, así como decidida a ayudar a las mujeres embarazadas a acoger la vida de sus bebés.

Hace unos días Karyme Lozano participó junto a Eduardo Verástegui en un gran evento en Guatemala en el que siete mil jóvenes entre 12 y 25 años prometieron vivir la castidad. En ese encuentro la actriz compartió su experiencia de conversión y su firme decisión de vivir cristianamente, de acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia.

viernes, 10 de junio de 2011

EN BARILOCHE SE CREO O UN SATELITE

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=7gzolvkjdhs#t=501s

JUBILADOS JAPONESES


arcelona (Redacción).- "Tengo 72 años y la probabilidad de vivir entre 13 y 15 más. En el caso de que la radiación me afecte, el cáncer tardaría entre 20 y 30 años en aparecer". Quien habla es Yasuteru Yamada, un jubilado japonés que ha decidido dar un paso adelante y se ha propuesto como voluntario para ayudar en la limpieza de la central nuclear de Fukushima. Sus argumentos no dejan lugar a dudas y asegura que ahora su generación tiene la obligación de pasar a la acción.

Según ha relatado a la BBC, Yamada se ha puesto en contacto por correo electrónico y por Twitter con viejos amigos de su quinta y con ellos ha creado el Cuerpo de Veteranos Especializados, que es el nombre que engloba a más de 200 ingenieros jubilados y otros profesionales, todos ellos de más de 60 años.

El grupo está creado y dispuesto a ayudar pero todavía tiene que convencer al gobierno japonés para que les permita actuar en la planta nuclear que sufrió el azote de un terremoto y su posterior tsunami el pasado 11 de marzo. Por lo que ha podido desvelar Yamada a la cadena británica, actualmente cuenta con el apoyo de un par de parlamentarios. "En este momento lo que puedo decir es que estoy hablando con muchos altos cargos del gobierno y de Tepco (la empresa que opera la planta)", revela. "Pero no puedo decir mucho más en este momento. Es un asunto políticamente muy, muy sensible".

La situación en Fukushima hoy, casi tres meses después del seísmo, es que sigue emitiendo radiación, que está previsto su cierre definitivo para enero de 2012 (aunque muchos tildan la previsión de excesivamente optimista) y que al menos tres de sus trabajadores se han expuesto a niveles de radiación mucho mayores a los asumibles por el cuerpo humano.

"No creo que yo sea particularmente especial", ha afirmado. "La mayoría de los japoneses tienen ese sentimiento solidario. La cuestión es si dar un paso adelante o quedarse aparte y observar", ha asegurado a la BBC. "Para dar ese paso necesitas muchas agallas, pero espero que sea una gran experiencia. La mayoría de los japoneses quieren ayudar de cualquier forma posible". En cuanto a la comparación con los kamikazes de la Segunda Guerra Mundial, Yamada simplemente sonríe y asegura: "No somos kamikaze. Los kamikaze fueron algo extraño, no hacían ninguna evaluación del riesgo. Iban a morir. Pero nosotros vamos a volver. Tenemos que trabajar pero morir nunca".

LA ENVIDIA


La envidia


La envidia es un pozo en el alma. No deja de ser una experiencia muy dolorosa para el envidioso (hemos hablado en algunas oportunidades de la tortura del envidiar), pero no lo es menos para el envidiado.

En los salmos hay muchas alusiones a esta experiencia, varios momentos en que los salmistas hablan de lo que uno podría pensar en una persecución fruto de la envidia. Por ej: “Afilan la lengua como la serpiente, esconden en sus labios veneno de víbora. Cuídame Señor de las manos del malvado” Sal 140. “Muchos son los que me odian sin motivo, los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando busco el bien. No me abandones, Señor” Sal 38. “Todo el día retuercen mis palabras” Sal 56. ¿quién no ha tenido la experiencia de que por envidia o por lo que fuera, las palabras de uno son retorcidas, son cambiadas. Aún cuando se respete la literalidad de la palabra, se la interpreta para cualquier lado. “Solo planean daño contra mí, se ocultan, siguen mis pasos”. El envidiado también habitualmente es una persona observada por el envidioso.

Hay una experiencia dura en la vida que es justamente padecer las consecuencias de la envidia, y en este tiempo en que se ve mucha literatura en torno a la toxicidad en las relaciones, a la manipulación en las relaciones, a niveles tóxicos altos en los vínculos, me da la impresión de que esto ha aumentado como fenómeno, o está mas a la luz. O por lo menos, los estragos que genera la envidia son más nítidos, están más claros, más perceptibles.

Creo que ha aumentado la envidia porque ha aumentado la soledad. Y al aumentar la soledad fruto de esta sociedad individualista, esta experiencia de vacío, de sin sentido, de no ser, de inseguridad, de insatisfacción a veces nos interpela de manera compulsiva a envidiar los lugares, los roles, el brillo, la luminosidad de una persona que es amada o que es admirada, o que tiene bienes de algún tipo, en los cuales yo he depositado la esperanza de ser: de ser tenido en cuenta, de ser valorado, de ser querido.

Entonces, en el fondo, lo que se juega para el envidioso, es su propia baja autoestima, su propia experiencia de carencias de amor.

Lamentablemente, la literatura de autoayuda actual, no enfoca del todo el problema del envidioso desde esta perspectiva. No envidia el que quiere sino el que puede. En ese sentido, la envidia tiene un sustrato. Tiene atrás una cruz, una herida, una carencia fuerte. Y habitualmente lo que percibo en la literatura de autoayuda es la mirada hacia el envidioso como la de alguien que en absoluta libertad elige el camino del daño. Varias veces he intentado plantear el tema de si existen las personas malas. Para algunos sí existen. Para otros no: lo que existen son personas heridas que se vuelven malas a consecuencia de un gran dolor o de una gran carencia, o de algo que sobró.

Pero a veces cuando vemos el desempeño de algunas personas generalmente envidiosas o muy competitivas que caminan por la vida generando daño o dejando tras de si una estela de mucho dolor y sufrimiento, uno vuelve a recordar esas páginas en las que se trata de la toxicidad de estas personas como personas verdaderamente peligrosas, dañinas.

Vamos a hablar sobre este daño que hace la envidia. Está tan metida en este momento, que mucha gente va a buscar en prácticas esotéricas o mágicas o parapsicológicas, desactivar el daño que la gente presume que se le ha hecho a raíz de la envidia. Está en la piel de todos en este momento, y es bueno conversar sobre ello.



En nuestra conducta, en nuestro modo de ser, capaz que encontramos motivos para que los demás o alguien en particular nos envidie. Me refiero a los motivos que podemos llegar a analizar y cambiar. Si alguien es envidiado por la belleza física, no es algo que deba ser cambiado para que no lo envidien, pero hay personas hermosas que han ido opacándose a lo largo de la vida porque prefirieron no lucir su belleza para no soportar las consecuencias de la envidia, es decir, para no quedarse solos. Lo mismo pasa con personas muy inteligentes o que se destacan por algún talento en especial, y se van dando cuenta de que se van quedando solos porque están en medio del ‘veneno de víboras’, perciben estar en una red donde continuamente le tienden trampas, como hacían con Jesús, en este caso por la enorme influencia que El ejercía en el alma de las personas.

Motivos para que nos envidien puede haber siempre, porque en el intercambio de bienes espirituales, emocionales, intelectuales, físicos en la sociedad siempre va a haber alguien que puede llegar a desear lo que yo tengo, de la misma manera que puede haber alguien que tiene lo que yo deseo.

Pero me estoy refiriendo a analizar motivos para las personas que nos envidian que pueden ser modificados. Por ejemplo: hablamos demasiado de nosotros mismos, o somos demasiado vanidosos, o demasiado indiferentes, o soberbios, y tal vez sin intención o sin darnos cuenta, las personas que nos envidian han quedado como atrapadas en esta especie de conducta que nosotros tenemos y que podemos revisar. Quizá haya algo en nuestra forma de ser que irrite a los demás y no nos damos cuenta, quizá nuestra manera de hablar o de mirar , o nuestros comentarios pueden ser molestos. Hay por ejemplo muchas personas egoístas que tienen suerte en lo económico, y son objeto de envidia (¿por qué esta persona tan mala tiene tantos bienes que no se merece?): suscita en los demás una sensación de injusticia y eso hace que a esta persona se la comience a mirar mal, a criticarla, a envidiarla.

A la hora de descubrir que somos objeto de envidia de los demás, debemos estar atentos para darnos cuenta de qué es lo que incomoda de nosotros a los demás. Si no, podemos preguntárselo a los demás, incluso al que nos envidia, o pedirle a Dios que nos ilumine para descubrirlo. Al que nos envidia, es medio peligroso, porque justamente si alguien tiene una mirada distorsionada de nosotros por la envidia, puede que no sea muy lúcida ni muy objetiva su mirada. Pero también puede ser una pista para que nosotros también nos involucremos en la limpieza, en la purificación de este sentimiento, que a veces es muy destructor en la sociedad.

Muchas veces, tratando de hablar con esas personas con dulzura, tratando de acercarnos a ellas, o incluso si son vínculos más fuertes, podemos hablar sobre esas cuestiones y podemos así llegar a entender mejor ese rencor o esa envidia de que somos objeto. Y hacer eso antes que ir a un brujo a una parapsicóloga para que desaten el daño, tenemos nosotros mismos, en nuestra propia introspección, en nuestra propia reflexión, en nuestra propia inteligencia y en la inteligencia de los demás, la posibilidad de desatar los nudos con nuestra voluntad. Pero también es cierto que a veces hemos sido discretos, no pretendemos parecer superiores a los demás, no hemos sido competitivos ni egoístas, y sin embargo nuestros logros molestan.



Como aquella leyenda de la serpiente que perseguía a la luciérnaga para terminar con ella, porque no soportaba verla brillar, este es un pecado capital que los Padres de la iglesia llamaron “asedia”. Es la envidia ya no por bienes externos sino internos, que están en la identidad, en la esencia, en el perfume del otro. De ninguna manera la luciérnaga puede dejar de brillar. Y sencillamente porque brilla, suscita la feroz envidia de la serpiente que la quiere matar.



No ya desde el que envidia sino del que es envidiado: hay personas que le tienen mucho miedo a esta experiencia, y dejan de brillar con tal de no ser envidiadas, porque el envidioso suele desplegar armas bastante dolorosas, duras. Hay envidiosos torpes, y los hay refinados, que tienen una habilidad especial para detectar el punto donde va a doler más el comentario o la herida, o la actitud… Cual sea la estrategia que el envidioso desarrolla para comerse el brillo del otro, tiene una atención especial. A veces la envidia, cuando está demasiado tiempo trabajando en el alma de las personas, desarrolla hasta una inteligencia, una estrategia para destruir. Porque el envidiado es su enemigo. La envidia es capaz de cegar tanto como la ira. Y quienes han percibido los efectos devastadores que puede tener la envidia (incluso inconscientemente), dejan de brillar. Es un acto de autodefensa o de comodidad muchas veces: las personas no son naturales con sus dones o con sus bienes –y no se trata de ser vanidoso ni nada de eso-, no lucen lo que tienen, mas bien lo esconden. Y hasta las buenas noticias a veces no se comentan, o se comentan sin el agregado de la alegría que me producen, porque hay miedo a la envidia del otro. Obviamente, no vas a contar plata en la mesa del pobre, porque sería ser un desubicado. Pero muchas veces nosotros vivimos situaciones como las de la luciérnaga, y nos preguntamos por qué nos pasa esto si no hicimos daño a nadie, si lo único que hicimos fue seguir nuestro camino lo mas generosamente posible, y nos vamos a encontrar con aquellos que no soportan vernos brillar. Y cuando esto nos pase, no tenemos que dejar de brillar, no tenemos que dejar de ser nosotros mismos, no tenemos que abandonar nuestro camino para corrernos de la influencia de la envidia, porque eso es justamente lo que se busca. Tenemos que seguir siendo lo mejor de nosotros mismos, sin olvidarnos de aquellas cosas en las que somos lo peor. Sin olvidarnos de nuestras sombras, hay que seguir brillando, porque nuestra misión en la vida es encender una luz. Desde el momento en que fuimos concebidos, fuimos llamados a encender una luz, aunque sea pequeña, como la de la luciérnaga.



El fin muy cerca está, lo afrontaré serenamente, ya ves, yo he sido así, te lo diré sinceramente
Viví la intensidad y no encontré jamás fronteras jugué sin descansar y a mi manera.
Jamás viví un amor que para mí fuera importante tomé solo la flor y lo mejor de cada instante
Viajé y disfruté, no se si más que otro cualquiera si bien, todo eso fue a mi manera.

Tal vez lloré, tal vez reí, tal vez gané o tal vez perdí
ahora sé que fuí feliz, que si lloré también amé y todo fue, puedo decir, a mi manera.

Quizás también dudé cuando mejor me divertía quizás yo desprecié aquello que no comprendía
hoy sé que infierno fuí y que afronté ser como era y así logré seguir, a mi manera.
Porque ya sabrás que el hombre al fin conocerás por su vivir
no hay porque hablar, ni que decir, ni recordar, ni hay que fingir
puedo llegar hasta el final, A MI MANERA



'MÁS QUE MI DESTINO'

Abel Pintos


Un sueño, es mas que un sueño...es el deseo y la razón

es el camino más directo al centro de tu corazón.

Como una puerta que se abre...al mañana pero hoy...

la vida, no se termina...nunca se llega hasta el final...

tu mente quedara dormida...pero tu esencia seguirá...

buscando un tiempo y una forma y a mi lado volverás.......



volverás, a mi lado volverás, si me buscas y te busco

y me esperas y te espero volverás, a mi lado volverás

eres parte de mi alma y en tu cielo soy eterno

Es todo....así termino , no tengo más para decir

AMARTE ES MAS QUE MI DESTINO...y la razón de mi existir



Y si una lágrima derramo cuando canto ésta canción......

No la detengo porque es mi alma...que se va, se va con vos.











Tenemos algunas citas del Evangelio donde se describen estrategias sobre todo de los fariseos por la envidia que generaba Jesús. Jn 7,32, Jn 12,18-19 y muchas más, dejan advertir el corazón, el núcleo duro de la envidia: la envidia de la esencia de un ser. Eso es lo más dañino. Los fariseos han sido maestros de cómo se va tejiendo la estrategia de la envidia. El Evangelio nos dice “…permanentemente trataban de hacerle daño… o de tenderle trampas…porque no soportaban que se diera a conocer, que tuviera influencia en las personas.

En estos tiempos vivimos una demanda enorme de atención. Hay hasta quienes ponen en riesgo su vida con tal de despertar la atención de los demás sobre su persona. Creo que también en todos los lugares donde se producen fenómenos masivos –festivales por ejemplo- surge esta cosa compulsiva de llamar la atención de alguna manera, de ser mirado, de ser reconocido, aún cuando fuera a través de gestos o de actitudes negativas. Hay quienes sostienen que hasta se llega a delinquir con tal de obtener una limosna de atención o de fama. Y aunque esto en el fondo nos pueda generar mucha rabia, en realidad, y para pasar por la puerta correcta, lo que debiera suscitar, si es que no perdemos nuestra luz, es una profunda compasión, una gran pena de pensar hasta dónde puede deformarse una persona con tal de tener un mendrugo de afecto.

Para el que es objeto de envidia, lamentablemente lo más común y más cómodo es entrar en una suerte de ‘apagón’, sobre todo las personas que no tienen una personalidad agresiva o luchadora, sino que son pacíficas y/o les cuesta soportar el combate con otro cualquiera sea. Incluso a veces mantienen los vínculos por los que circula la envidia, y esas personas lo saben, pero tratando de proteger todo lo que pueda suscitar. Ese es un camino errado, porque cuando la persona comienza a transitar el camino de la envidia, es muy difícil que alguien pueda hacer algo desde uno para modificarlo, y entonces lo único que logramos achicándonos, es dejar al mundo sin nuestra luz, dejar de irradiar nuestro perfume, resignar nuestra esencia, nuestra misión en el mundo. En definitiva, es esclavizarnos. Y eso es lo que el mal quiere: ir tragando en su red lo bueno, lo noble, lo verdadero, lo bello, ya sea por miedo, ya sea por torcer la voluntad del que ama.

Son duras las experiencias de ser envidiado y de soportar el veneno y toda la cantidad de trampas que el envidioso teje en torno al envidiado, sobre todo en vínculos cercanos, o donde hay convivencia. Pero “No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos.” (Gal 6,9). El camino de retroceder, de achicarse, de acomodarse, de amoldarse al molde que el envidioso nos propone para dejar de brillar, no es un camino verdadero.

Está también el otro camino: el de devolver mal por mal: en cuanto detectamos que somos objeto de envidia (incluso a veces detectamos mal o percibimos exageradamente), muchas veces, no hacemos nada por tratar de descubrir si lo que estamos percibiendo es verdadero. Porque muchas veces yo soy el envidioso y proyecto sobre los demás esa tendencia a la envidia. O al revés: soy vanidoso, soberbio, y hasta me gusta que me envidien-. Hay gente que disfruta de ser admirada pero casi pisando el territorio de la envidia, y necesita de esa mirada envidiosa como una especie de adrenalina y estímulo para continuar en su carrera ascensora.

En definitiva: hay distintas patologías en torno a esta cuestión. Pero la más común suele ser la declaración de guerra, a veces implícita o tácita, a veces explícitas. En definitiva es como caer en la trampa y entonces nuestro brillo comienza a opacarse por esta actitud.

¿cómo pararnos entonces frente a la envidia de los demás? ¿Dónde encontrar los modelos para manejar esto que puede llegar a ser también doloroso y peligroso?

Una de las cosas que se propone desde la espiritualidad cristiana es la entrega: poner en manos de Dios estas heridas, este orgullo lastimado, este miedo a que nos hieran, este dolor de ser criticado a veces de manera difamante. Así como también hay otros sufrimientos que nos quitan la paz, como la enfermedad física, la humillación de un fracaso, una ilusión que se rompe… podemos tomar el camino de entregar en manos de Dios este soportar la envidia de los demás en lugar de alimentar el odio y dejarnos contagiar por el rencor.

“Ofrézcanse como una víctima viva, santa y agradable a Dios que sea el culto de ustedes, y no se acomoden al mundo presente. Mejor, transfórmense por la renovación interior” (Rom 12)



Ser envidiado es realmente una cruz, y el camino de la cruz está claramente marcado por Jesús. Yo creo que este es un mensaje universal. De diversos modos lo dicen las distintas religiones, y no debe haber otro camino, porque la armonía profunda de la vida es el amor, y si no entramos por el camino del amor, indudablemente nos vamos apartando del camino de la vida. Esto quiere decir que es posible la actitud del perdón a priori, es decir, aún cuando la persona que nos envidia no nos pida perdón. Hay que acudir y entrar en el territorio de la reconciliación. Perdonar es de alguna manera aceptar dignamente esa cruz, ese dolor que nos genera, y no responder desde la reacción sino desde la comprensión del problema. La reacción suele ser o fuga o lucha (rencor, odio, ira). Y cuando se comprende profundamente la vida, se descubre que la estructura activa de la vida y lo que únicamente vive es lo que produce vida, que es el amor. Lo que produce muerte muere. Por eso hay que perseverar. Porque en algún momento llegarán los frutos de esa perseverancia si tenemos paciencia para esperar y ver que la vida produce vida, y que el amor y el perdón producen una acogida que está por encima de cualquiera de las rupturas introducidas por el pecado. Por eso digo que hay que apelar al poder más grande, que no es la reacción, el rencor, sino el amor, en este caso manifestado a través del perdón.

Es posible incluso no solo aceptar el dolor de la herida que nos produce la envidia, sino también aceptar al envidioso, al que nos produce esta herida. Propiciar una reconciliación con quien está produciendo rupturas y daños no es una forma refinada de escapismo. No es que ‘aparento ser magnánima’, ni tampoco es una ‘venganza transfigurada’ (si así fuera, es el rencor y no el amor, o es la vanidad la que está motorizando esta actitud). La actitud que propongo es la que nace de un profundo convencimiento y una absoluta confianza en que solo el amor y el perdón pueden restablecer la armonía perdida en esta creación que está deteriorada y rota. También para los que odian o crean cruces para los demás, el amor es una fuerza unitiva, puedan o no recibirlo, puedan o no aceptarlo, puedan o no a lo largo de toda su vida abrirse a una experiencia amorosa. Yo tengo la convicción de que no hay ningún pecado histórico que pueda sofocar esa llama: la llama que se enciende en los crucificados que aceptan con dignidad y grandeza ese dolor, esa cruz y no permiten que la fuerza del rencor, de la envidia o de la destrucción, les tuerza el brillo que llevan en el corazón.

El perdón, la alabanza y la bendición son armas para protegerse de la envidia.

El perdón: decir vivir en una actitud de reconciliación, abrazar el bien por el bien mismo, no por lo que la fe nos da a ‘contraprestación’. Es ir mas allá de la fe útil, que busca una ventaja para nosotros mismos. Aquí es donde realmente se juega la fe como convicción de que el amor es la fuerza superior que mueve al mundo. Y eso es lo que Jesús ha venido a decir: la vida está construida sobre los cimientos del amor, y cuando hablamos de perdonar, y de aceptar y trascender los sufrimientos que la envidia nos provoca, incluso por amor al enemigo, ahí estamos comenzando recién a dar los primeros pasos en la fe, y a sustituir la reacción por la comprensión. Estamos llamados a algo más todavía, y es a ‘coser lo que el otro está rompiendo’ con su envidia.

La alabanza como forma de restablecer el orden de Dios: alabar a Dios por esa persona que nos tiene envidia es una oración maravillosa, porque levanta el corazón hacia Dios y lo saca de las angustias interiores y de las tristezas, y de los temores. Son los Salmos los que más describen el daño que puede hacer la envidia, y también los que más alaban al Señor.

La bendición. “bendigan a los que los maldicen”, dice Jesús. Hay que entrar por esa puerta estrecha, aunque da la impresión de que la fuerza de la envidia es muy grande.

martes, 31 de mayo de 2011

DAR LA VIDA

martes, 24 de mayo de 2011

UNA BUENA PELICULA PARA VER

HOLA TE RECOMIENDO QUE VEAS LA SIGUIENTE PELICULA
http://www.youtube.com/watch?v=j26MqaVjKPc&feature=player_embedded

TE LLENARA DE AMOR, DE ESPERANZA Y PODRAS ENCONTRAR EN ELLA ELEMENTOS PARA DAR GRACIAS POR TU VIDA.

jueves, 19 de mayo de 2011

miércoles, 18 de mayo de 2011

LA SANTA MISA

El Padre Pío explica, durante una entrevista, la Santa Misa:

En 1974 se publicó una obra en italiano, titulada «Cosí parlò Padre Pío»: «Así habló el Padre Pío» (San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia), con el imprimátur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia.

- Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
"Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme".
- ¿Qué hace Jesús en la Comunión?
"Se deleita en su criatura".

Algunos pasajes en los que el Padre Pío habla de la Santa Misa:



Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio?
Sí, porque con él regenera el mundo.

¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios?
Una gloria infinita.

¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?
Compadecernos y amar.

Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa?
Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.

Padre, ¿qué beneficios recibimos al asistir a la Santa Misa?
No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.

Padre, ¿qué es su Misa?
Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi responsabilidad es única en el mundo, decía llorando.

¿Qué tengo que descubrir en su Santa Misa?
Todo el Calvario.

Padre, dígame todo lo que sufre Vd. durante la Santa Misa.
Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión, aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer una criatura humana. Y esto, a pesar de cada una de mis faltas y por su sola bondad.

Padre, durante el Sacrificio Divino, ¿carga Vd. nuestros pecados?
No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.

¿El Señor le considera a Vd. como un pecador?
No lo sé, pero me temo que así es.

Yo lo he visto temblar a Vd. cuando sube las gradas del Altar. ¿Por qué? ¿Por lo que tiene que sufrir?
No por lo que tengo que sufrir, sino por lo que tengo que ofrecer.

¿En qué momento de la Misa sufre Vd. más?
En la Consagración y en la Comunión.

Padre, esta mañana en la Misa, al leer la historia de Esaú, que vendió su primogenitura, sus ojos se llenaron de lágrimas.
¡Te parece poco, despreciar los dones de Dios!

¿Por qué, al leer el Evangelio, lloró cuando leyó esas palabras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre»...?
Llora conmigo de ternura.

Padre, ¿por qué llora Vd. casi siempre cuando lee el Evangelio en la Misa?
Nos parece que no tiene importancia el que un Dios le hable a sus criaturas y que ellas lo contradigan y que continuamente lo ofendan con su ingratitud e incredulidad.

Su Misa, Padre, ¿es un sacrificio cruento?
¡Hereje!

Perdón, Padre, quise decir que en la Misa el Sacrificio de Jesús no es cruento, pero que la participación de Vd. a toda la Pasión si lo es. ¿Me equivoco?
Pues no, en eso no te equivocas. Creo que seguramente tienes razón.

¿Quien le limpia la sangre durante la Santa Misa?
Nadie.

Padre, ¿por qué llora en el Ofertorio?
¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento en que el alma se separa de las cosas profanas.

Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme.

¿No le distraen los ruidos?
Para nada.

Padre, ¿por qué sufre tanto en la Consagración?
No seas malo... (no quiero que me preguntes eso...).

Padre, ¡dígamelo! ¿Por qué sufre tanto en la Consagración?
Porque en ese momento se produce realmente una nueva y admirable destrucción y creación.

Padre, ¿por qué llora en el Altar y qué significan las palabras que dice Vd. en la Elevación? Se lo pregunto por curiosidad, pero también porque quiero repetirlas con Vd.
Los secretos de Rey supremo no pueden revelarse sin profanarlos. Me preguntas por qué lloro, pero yo no quisiera derramar esas pobres lagrimitas sino torrentes de ellas. ¿No meditas en este grandioso misterio?

Padre, ¿sufre Vd. durante la Misa la amargura de la hiel?
Sí, muy a menudo...

Padre, ¿cómo puede estarse de pie en el Altar?
Como estaba Jesús en la Cruz.

En el Altar, ¿está Vd. clavado en la Cruz como Jesús en el Calvario?
¿Y aún me lo preguntas?

¿Como se halla Vd.?
Como Jesús en el Calvario.

Padre, los verdugos acostaron la Cruz de Jesús para hundirle los clavos?
Evidentemente.

¿A Vd. también se los clavan?
¡Y de qué manera!

¿También acuestan la Cruz para Vd.?
Sí, pero no hay que tener miedo.

Padre, durante la Misa, ¿dice Vd. las siete palabras que Jesús dijo en la Cruz?
Sí, indignamente, pero también yo las digo.

Y ¿a quién le dice: «Mujer, he aquí a tu hijo»?
Se lo digo a Ella: He aquí a los hijos de Tu Hijo.

¿Sufre Vd. la sed y el abandono de Jesús?
Sí.

¿En qué momento?
Después de la Consagración.

¿Hasta qué momento?
Suele ser hasta la Comunión.

Vd. ha dicho que le avergüenza decir: «Busqué quien me consolase y no lo hallé». ¿Por qué?
Porque nuestro sufrimiento, de verdaderos culpables, no es nada en comparación del de Jesús.

¿Ante quién siente vergüenza?
Ante Dios y mi conciencia.

Los Angeles del Señor ¿lo reconfortan en el Altar en el que se inmola Vd.?
Pues... no lo siento.

Si el consuelo no llega hasta su alma durante el Santo Sacrificio y Vd. sufre, como Jesús, el abandono total, nuestra presencia no sirve de nada.
La utilidad es para vosotros. ¿Acaso fue inútil la presencia de la Virgen Dolorosa, de San Juan y de las piadosas mujeres a los pies de Jesús agonizante?

¿Qué es la sagrada Comunión?
Es toda una misericordia interior y exterior, todo un abrazo. Pídele a Jesús que se deje sentir sensiblemente.

Cuando viene Jesús, ¿visita solamente el alma?
El ser entero.

¿Qué hace Jesús en la Comunión?
Se deleita en su criatura.

Cuando se une a Jesús en la Santa Comunión, ¿qué quiere que le pidamos al Señor por Vd.?
Que sea otro Jesús, todo Jesús y siempre Jesús.

¿Sufre Vd. también en la Comunión?
Es el punto culminante.

Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos?
Sí, pero son sufrimientos de amor.

¿A quién se dirigió la última mirada de Jesús agonizante?
A su Madre.

Y Vd., ¿a quién mira?
A mis hermanos de exilio.

¿Muere Vd. en la Santa Misa?
Místicamente, en la Sagrada Comunión.

¿Es por exceso de amor o de dolor?
Por ambas cosas, pero más por amor.

Si Vd. muere en la Comunión ¿ya no está en el Altar? ¿Por qué?
Jesús muerto, seguía estando en el Calvario.

Padre, Vd. a dicho que la víctima muere en la Comunión. ¿Lo ponen a Vd. en los brazos de Nuestra Señora?
En los de San Francisco.

Padre, ¿Jesús desclava los brazos de la Cruz para descansar en Vd.?
¡Soy yo quien descansa en El!

¿Cuánto ama a Jesús?
Mi deseo es infinito, pero la verdad es que, por desgracia, tengo que decir que nada, y me da mucha pena.

Padre, ¿por qué llora Vd. al pronunciar la última frase del Evangelio de San Juan: «Y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»?
¿Te parece poco? Si los Apóstoles, con sus ojos de carne, han visto esa gloria, ¿cómo será la que veremos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifieste en el Cielo?

¿Qué unión tendremos entonces con Jesús?
La Eucaristía nos da una idea.

¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa?
¿Crees que la Mamá no se interesa por su hijo?

¿Y los ángeles?
En multitudes.

¿Qué hacen?
Adoran y aman.

Padre, ¿quién está más cerca de su Altar?
Todo el Paraíso.

¿Le gustaría decir más de una Misa cada día?
Si yo pudiese, no querría bajar nunca del Altar.

Me ha dicho que Vd. trae consigo su propio Altar...
Sí, porque se realizan estas palabras del Apóstol: «Llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús» (Gal. 6, 17), «estoy crucificado con Cristo» (Gal. 2, 19) y «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (I Cor. 9, 27).

¡En ese caso, no me equivoco cuando digo que estoy viendo a Jesús Crucificado!
(No contesta).

Padre, ¿se acuerda Vd. de mí durante la Santa Misa?
Durante toda la Misa, desde el principio al fin, me acuerdo de tí.

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La Misa del Padre Pío en sus primeros años duraba más de dos horas. Siempre fue un éxtasis de amor y de dolor.

Su rostro se veía enteramente concentrado en Dios y lleno de lágrimas. Un día, al confesarme, le pregunté sobre este gran misterio:

Padre, quiero hacerle una pregunta.
Dime, hijo.

Padre, quisiera preguntarle qué es la Misa.
¿Por qué me preguntas eso?

Para oírla mejor, Padre.
Hijo, te puedo decir lo que es mi Misa.

Pues eso es lo que quiero saber, Padre.
Hijo mío, estamos siempre en la cruz y la Misa es una continua agonía.


El santo Padre Pío de Pietrelcina habló en varias ocasiones con la Virgen de Garabandal y escribió a las niñas en nombre de Ella. Vio el Milagro que va a venir poco antes de morir. Las enseñanzas de la Santísima Virgen acerca de la Santa Misa como el Santo Sacrificio de la Cruz de cara al Santísimo se pueden comprender leyendo este diálogo. A esto se refiere María Dolores en una carta escrita en tiempo de las Apariciones cuando dice que la Santísima Virgen la enseñó a vivir la Crucifixión de Jesús durante la Santa Misa.

¿HAY UN SECRETO PARA LA FELICIDAD?


La vida no es fácil: reprobaste, te cortaron, el amor de tu vida no te hace caso. Sin una actitud positiva te lleva el tren. El optimismo ayuda a enfrentar todas las dificultades de la vida y podemos decir “al mal tiempo buena cara.” ¿Hay algún secreto para la felicidad? Bueno, tal vez nunca se pueda ser totalmente feliz, pero si eres optimista habrás dado un gran paso.

También de seguro tienes al clásico amigo pesimista que le ve la mosca en la sopa a todo y, claro, te acaba contagiando. Pero de seguro también conoces a alguien que no se deja caer y que en todo ve oportunidades.

El optimismo no borra los problemas, a veces las cosas simplemente no te salen. De hecho si todo saliera siempre bien no harían falta optimistas.

Cuando te das un frentazo, la frustración puede paralizarte. ¿Has pensado que muchos tropiezos se dan por hacer las cosas demasiado rápido o sin pensar? La experiencia sirve para aprender y rectificar. El optimista sabe que puede equivocarse, pero está dispuesto a corregir.

Una actitud sencilla y optimista no desmerita el esfuerzo o la iniciativa. ¡No eres Superman! No lo puedes todo, pero el optimista sale adelante siempre.

Pero mucho ojo: el optimista no es ingenuo ni se deja llevar por ideas prometedoras, procura pensar y considerar detenidamente todas las posibilidades antes de tomar decisiones. Si una persona desea iniciar un negocio propio sin el capital suficiente, sin conocer a fondo el ramo o con una vaga idea de la administración requerida, por muy optimista que sea seguramente fracasará en su empeño, ya que carece de las herramientas y fundamentos esenciales para lograrlo.


Podría pensarse que el optimismo nada tiene que ver con el resto de las personas, sin embargo, este valor nos hace tener una mejor disposición hacia los demás: cuando conocemos a alguien esperamos una actitud positiva y abierta. Si nuestras expectativas no se cumplen, lo mejor es pensar que las personas pueden cambiar, aprender y adaptarse con nuestra ayuda. El optimista reconoce el momento adecuado para dar aliento, para motivar, para servir.

El paso hacia el verdadero optimismo requiere una disposición más entusiasta y positiva, es tanto como darle la vuelta a una moneda y ver todo con una apariencia distinta:

• Analiza las cosas a partir de los puntos buenos y positivos, seguramente con esto se solucionarán muchos de los inconvenientes. Curiosamente, no siempre funciona igual a la inversa.

• Haz el esfuerzo por dar sugerencias y soluciones, en vez de hacer críticas o pronunciar quejas.

• Procura descubrir las cualidades y capacidades de los demás, reconociendo el esfuerzo, el interés y la dedicación. Esto es lo más justo y honesto.

• Aprende a ser sencillo y pide ayuda, generalmente otras personas encuentran la solución más rápido.

• No hagas alarde de seguridad en ti mismo tomando decisiones a la ligera, considera todo antes de actuar pues las cosas no se solucionan por sí mismas. De lo contrario es imprudencia, no optimismo.

Recuerda siempre que no es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien ha sabido encontrar un estímulo para superarse en lo adverso. Todo requiere esfuerzo y el optimismo es su manifestación más clara, de esta forma, las dificultades y contrariedades dejan de ser una carga.

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

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