miércoles, 16 de julio de 2014

Compartimos las palabras del Papa Francisco en la audiencia general de hoy miércoles 19 de febrero:

Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días!
A través de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, el hombre recibe la vida nueva en Cristo. Ahora, todos lo sabemos, llevamos esta vida en “vasos de barro” (2 Cor 4,7),estamos todavía sometidos a la tentación, al sufrimiento, a la muerte y, a causa del pecado, podemos incluso perder la vida nueva. Por esto el Señor Jesús ha querido que la Iglesia continúe su obra de salvación también a través de sus propios miembros, en especial con el Sacramento de la Reconciliación y el de la Unción de los enfermos, que pueden unirse bajo el nombre de “Sacramentos de curación”.

El Sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación, cuando yo voy a confesarme es para curarme, curarme el corazón, el alma, de algo que he hecho que no está bien. La imagen bíblica que lo expresa mejor, en su profundo vínculo, es el episodio del perdón y de la curación del paralítico, donde el Señor Jesús se revela al mismo tiempo médico de las almas y de los cuerpos (cfr Mc 2,1-12 //Mt 9,1-8; Lc 5,17-26).

1. El Sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación surge directamente del misterio pascual. De hecho, la misma noche de Pascua el Señor se apareció a los discípulos, encerrados en el cenáculo y, después de haberles dirigido el saludo: ‘¡Paz a vosotros!’, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A los que perdonéis los pecados, les serán perdonados (Jn 20, 21-23). Esta cita desvela la dinámica tan profunda que se contiene dentro de este Sacramento. Antes que nada, el hecho de que el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos a nosotros mismos. Yo no puedo decir: yo me perdono los pecados.


El perdón se pide, se pide a Otro. En la Confesión pedimos perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, es un regalo. Es un don del Espíritu Santo, que nos llena con el baño de misericordia y de gracia que surge incesantemente del corazón abierto del Cristo crucifijo y resucitado. En segundo lugar, nos recuerda que solo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podamos estar verdaderamente en la paz. Y esto lo hemos sentido todos en el corazón cuando nos vamos a confesar, con un peso en el alma, un poco de tristeza y cuando recibimos el perdón de Jesús estamos en paz, con esa paz en el alma tan bella que solo Jesús nos puede dar. ¡Sólo Él!

2. Al mismo tiempo, la celebración de este Sacramento pasa de una forma pública, porque al principio se hacía públicamente, pasó de la pública a la personal y reservada de la Confesión. Esto, sin embargo, no debe hacer perder la matriz eclesial, que constituye el contexto vital. De hecho, es la comunidad cristiana el lugar en el que se hace presente el Espíritu, el cual renueva los corazones en el amor de Dios y hace de todos los hermanos una cosa sola, en Cristo Jesús. He aquí la razón por la que no basta pedir perdón al Señor en la propia mente y en el propio corazón, pero es necesario confesar humildemente y con confianza los propios pecados al ministro de la Iglesia. En la celebración de este Sacramento, el sacerdote no representa solo a Dios, pero toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de todos sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con él, que lo anima y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.


Uno puede decir: ‘Yo solo me confieso con Dios’. Bueno tú puedes decirlo, puedes decirle tus pecados, pero tus pecados son también contra los hermanos, contra la Iglesia. Por eso es necesario pedir perdón a los demás y a la Iglesia en la persona del sacerdote. ‘Pero Padre me da vergüenza!’ Pues la vergüenza es buena, es saludable tener un poco de vergüenza. Avergonzarse es saludable. Cuando una persona no tiene vergüenza en mi país se dice que es un sinvergüenza. La vergüenza hace bien porque nos hace más humildes. Y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión y en nombre de Dios perdona. También desde el punto de vista humano, para desahogarse es bueno hablar con el hermano y decir al sacerdote las cosas pesadas de mi corazón, uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia, con el hermano.

No tengáis miedo de la Confesión. Uno, cuando está en la cola para confesarse, siente todas estas cosas incluso la vergüenza. Pero cuando termina la confesión sale libre, bello, grande, perdonado, blanco, feliz. ¡Esta es la belleza de la confesión! Yo quisiera preguntaros, pero no me contestéis en voz alta, contestaos cada uno en vuestro corazón: ¿Cuándo fue la última vez que te confesaste? Que cada uno piense… ¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años? Que cada uno haga su cuenta. Que cada uno se pregunte: ¿Cuándo fue la última vez que me confesaste? Y si ha pasado mucho tiempo, no pierdas otro día, ve hacia delante que el sacerdote será bueno, y Jesús es más bueno que el sacerdote y Él te recibe con mucho amor ¡sé valiente y ve a confesarte!


3. Queridos amigos, celebrar el Sacramento de la Reconciliación significa ser envueltos por un abrazo cálido: es el abrazo de la infinita misericordia del Padre. Recordemos esa bella Parábola del hijo que se ha ido de su casa con el dinero de la herencia, ha malgastado todo ese dinero y cuando no tenía nada, decide volver a casa pero no como hijo sino como siervo, con mucha culpa y vergüenza en el corazón. La sorpresa es que cuando comenzó a hablar para pedirle perdón el Padre no le dejó hablar sino que lo abrazó, lo besó e hizo fiesta. Yo os digo: Cada vez que nos confesamos Dios nos abraza y hace fiesta. Vayamos adelante en este camino, ¡qué Dios os bendiga!



Fuente: Aleteia

Etiquetas #Papa Francisco #perdón #reconciliación #sacramento 

miércoles, 25 de junio de 2014

catequesis del papa francisco 25 de junio

No podemos ser buenos cristianos sino junto a todos los que buscan al Señor Jesús, como un único pueblo y un único cuerpo. No estamos aislados, nos somos cristianos a título individual. Si el nombre es: “cristiano”, el apellido es: “pertenezco a la Iglesia”, explicó el Papa en la catequesis. “Nuestra identidad es pertenencia al pueblo que lleva la bendición de Dios; a la Iglesia”.

En su segunda catequesis sobre la Iglesia el Obispo de Roma habló de la importancia del cristiano de pertenecer a este pueblo. Dios mismo se define como el Dios de sus padres; Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob –expresó Francisco-. Con nuestros padres Dios ha constituido una Alianza y permanece siempre fiel a su pacto y nos llama a entrar en esta relación que nos precede.

El pensamiento va primero, con gratitud a los que nos han precedido y recibido en la Iglesia. “Otros antes que nosotros han vivido la fe, nos la han transmitido y enseñado. Cuantos rostros queridos nos pasan delante de los ojos: padres, abuelos, familiares, que nos enseñaron la señal de la cruz y a rezar las primeras oraciones”. La Iglesia es una gran familia en la cual se viene recibido y se aprende a vivir como creyentes y como discípulos del Señor Jesús.

Este camino no solamente lo podemos vivir gracias a otras personas, sino junto a otras personas. En la Iglesia no existe el “hacélo solo” o los “jugadores libres”. La Iglesia es un “nosotros”. Hay quien entiende que puede tener una relación personal directa, inmediata con Jesucristo, fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia. “Yo creo en Dios, creo en Jesús pero la Iglesia no me interesa…”. Es una tentación peligrosa y dañosa, una dicotomía absurda –afirmó el Sucesor de Pedro-. “Caminar juntos es difícil pero es en nuestros hermanos y hermanas con sus dones y sus límites que Jesús viene a nuestro encuentro y se hace reconocer”.

El Vicario de Cristo concluyó la catequesis afirmando que “no se puede amar a Dios sin amar a los hermanos; no se puede estar en comunión con Dios sin estarlo con la Iglesia y no podemos ser buenos cristianos sino junto a todos los que buscan al Señor Jesús, como un único pueblo y un único cuerpo”.

“Queridos hermanos y hermanas
Dios ha querido formar un pueblo que lleve su bendición a todos los pueblos de la Tierra. En Jesucristo, lo establece como signo e instrumento de unión de los hombres con Dios y entre ellos. De ahí la importancia de pertenecer a este pueblo.
Nosotros no somos cristianos a título individual, cada uno por su cuenta. Nuestra identidad es pertenencia. Decir «soy cristiano» equivale a decir: «Pertenezco a la Iglesia». Soy de ese pueblo con el que Dios estableció desde antiguo una alianza, a la que siempre es fiel. De aquí nuestra gratitud a los que nos han precedido y acogido en la Iglesia, quienes nos enseñaron a rezar y pidieron para nosotros el Bautismo. Nadie se hace cristiano por sí mismo. La Iglesia es una gran familia, que nos acoge y nos enseña a vivir como creyentes y discípulos del Señor. Y no sólo somos cristianos gracias a otros, sino que únicamente podemos serlo junto con otros. En la Iglesia nadie va «por libre». Quien dice creer en Dios pero no en la Iglesia, quien dice tener una relación directa con Dios, con Cristo pero fuera de la Iglesia, cae en una dicotomía absurda. Dios ha confiado su mensaje salvador a personas humanas, a testigos, y se nos da a conocer en nuestros hermanos y hermanas.
……………

Recuerden que, como cristianos, no podemos prescindir de los demás, de la Iglesia; no podemos salvarnos por nosotros solos. Ninguno juega por libre. Somos un pueblo que camina. Muchas gracias”.

miércoles, 28 de mayo de 2014

DR.HAMILTON NAKI- CUANDO DIOS ES EL UNICO ESPECTADOR

Uno de los mayores cirujanos del mundo, desconocido por ser negro

Dr. Hamilton Naki: Cuando Dios es el único espectador



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27.05.2014 // IMPRIMIR
Aparte del natural deseo de progresar y de auto perfección, en casi todo lo que hacemos los humanos se nos cuela de forma semicosciente el deseo de ser reconocidos por los demás, admirados y aplaudidos. Este no es el caso del llamado cirujano clandestino.

Hamilton Naki, que murió en 2005 a los 89 años, empezó de jardinero en la Universidad de Ciudad del Cabo. Luego limpió las jaulas del Departamento Médico y, más adelante, trabajó como anestesista de animales. Lo más importante es que su destreza hizo posible el primer trasplante de corazón humano.

La muerte de Hamilton Naki, condenado durante casi cuatro décadas al anonimato por su condición de negro, nos recuerda uno de los episodios más vergonzosos de la medicina moderna.

En la Sudáfrica racista del apartheid, donde se establecían diferencias en el sistema jurídico en función del color de la piel, fue Christian Barnard -sudafricano blanco- quien en 1967 recibió todos los honores por llevar a cabo el primer trasplante de un corazón humano. Pero fue también Naki, el humilde autostopista, quien aquella noche hizo posible lo que durante siglos había supuesto un reto imposible para la medicina.

El 2 de diciembre de 1967, Denise Darvaald, una joven blanca atropellada al cruzar una calle, fue trasladada con urgencia al Groote Schuurhospital (El Cabo), donde se le diagnosticó muerte cerebral, aunque su corazón seguía latiendo.

En otra cama del mismo hospital, Louis Washkansky, un tendero de 52 años, agotaba sus últimas esperanzas de vivir. Entonces, el Doctor Barnard decidió intentar el trasplante. En una épica intervención de 48 horas, los dos equipos lograron extraer el corazón de la joven e implantarlo en el cuerpo de Washkansky. Los asistentes recuerdan la delicadeza con la que Naki limpió el órgano de todo rastro de sangre antes de que Barnard volviese a hacerlo latir en el pecho del hombre.

Pero, ¿qué hacía Hamilton Naki, un ciudadano de segunda, que había abandonado los estudios a los 14 años por necesidad, en medio de una de las operaciones más destacadas del siglo? Quizás las palabras del célebre Barnard, poco antes de su muerte, lo resuman: "Tenía mayor pericia técnica de la que yo tuve nunca. Es uno de los mayores investigadores de todos los tiempos en el campo de los trasplantes, y habría llegado muy lejos si los condicionantes sociales se lo hubieran permitido".

Nacido hacia 1926 en una aldea del antiguo protectorado británico del Transkei (provincia de El Cabo), todo parecía condenarle -como al resto de sus compatriotas negros- a una existencia mísera en el inicuo régimen del apartheid. Poco a poco, sus capacidades le fueron granjeando puestos de responsabilidad. De limpiar jaulas pasó a intervenir en operaciones quirúrgicas a los animales del laboratorio, donde tuvo la oportunidad de anestesiar, operar y, finalmente, trasplantar órganos a animales como perros, conejos y pollos. De manera encubierta, Naki se había convertido en técnico de laboratorio.

Él a menudo ingrato trabajo de experimentar con animales le permitió afinar sus dotes quirúrgicas: "Ahora puedo alegrarme de que todo se sepa. Se ha encendido la luz y ya no hay oscuridad", dijo éste héroe clandestino al recibir en 2002 la orden de Mapungubwe, uno de los mayores honores de su país, por su contribución a la ciencia médica. Hasta sus últimos días, uno de los mayores cirujanos del siglo sobrevivió con una modesta pensión de jardinero.

Lo mejor que podemos desear es que Dios sea el espectador de nuestras acciones; nadie nos puede mirar con mejores disposiciones, penetración y discernimiento. Es un descanso saber que Dios conoce lo más íntimo de nuestros pensamientos, acciones y sentimientos.

martes, 27 de mayo de 2014

Las mejores imágenes del viaje de Francisco a Tierra Santa | Papa | Rome...

[TEXTO COMPLETO] Rueda de prensa del Papa Francisco en vuelo de regreso a Roma desde Tierra Santa

[TEXTO COMPLETO] Rueda de prensa del Papa Francisco en vuelo de regreso a Roma desde Tierra Santa

VISITA DEL PAPA A TIERRA SANTA

VICTOR Frankl,

ESTO TE LLEVARA 3 MINUTOS LEER Y TE SERVIRA PARA TODA LA VIDA
Este es un ensayo de Viktor Frankl,
neurólogo, psiquiatra, sobreviviente del holocausto y el
fundador de la disciplina; que conocemos hoy como Logoterapia.
No eres Tú, soy Yo...
¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...
Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.
Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.
Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.
Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.
No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.
Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.
Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
"Necesito que Enrique me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace... siento que me muero".
¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente ésa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros?
No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.
Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.
Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.
La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella... ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.
"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

lunes, 19 de mayo de 2014

LOS PEQUES" UNOS CAPOS TOTALES"




sábado, 17 de mayo de 2014

VIDEO DE VALORES EXELENTE




viernes, 9 de mayo de 2014

la vocacion



lunes, 5 de mayo de 2014

Alexander Acha: Dejé que Dios tomara las riendas de mi vida

LAS MANOS DE MI MADRE

Un joven fue a solicitar un puesto gerencial en una empresa grande. Pasó la entrevista inicial y ahora iba a conocer al director para la entrevista final. El director vio en su CV sus logros académicos y eran excelentes. Y le preguntó: " ¿Recibió alguna beca en la escuela?" el joven respondió "no".
"¿Fue tu padre quien pagó tu colegiatura? "
" Mi padre murió cuando yo tenía un año de edad, fue mi madre la que pagó. "-respondió.
"¿Dónde trabaja tu madre? "
"Mi madre trabajaba lavando ropa."
El director pidió al joven que le mostrara sus manos . El joven mostró un par de manos suaves y perfectas.
"¿Alguna vez has ayudado a tu madre a lavar la ropa? "
"Nunca, mi madre siempre quiso que estudiara y leyera más libros. Además, mi madre puede lavar la ropa más rápido que yo.
El director dijo: "Tengo una petición: cuando vayas a casa hoy, ve y lava las manos de tu madre, y luego ven a verme mañana por la mañana."
El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era alta. Cuando regresó a su casa le pidió a su madre que le permitiera lavar sus manos. Su madre se sintió extraña, feliz pero con sentimientos encontrados y mostró sus manos a su hijo.
El joven lavó las manos de su madre poco a poco. Rodó una lágrima al hacerlo. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su madre estaban tan arrugadas y tenían tantos moratones. Algunos hematomas eran tan dolorosos que su madre se estremeció cuando él la tocó.
Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de lo que significaban este par de manos que lavaban la ropa todos los días para poder pagar su colegiatura. Los moretones en las manos de la madre eran el precio que tuvo que pagar por su educación, sus actividades de la escuela y su futuro.
Después de limpiar las manos de su madre, el joven se puso a lavar en silencio toda la ropa que faltaba.
Esa noche, madre e hijo hablaron durante un largo tiempo.
A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director.
El director se dio cuenta de las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó: "¿Puedes decirme qué has hecho y aprendido ayer en tu casa?"
El joven respondió: "lavé las manos de mi madre y también terminé de lavar toda la ropa que quedaba"
"Ahora sé lo que es apreciar, reconocer. Sin mi madre, yo no sería quien soy hoy. Al ayudar a mi madre ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir hacer algo por mi cuenta. He llegado a apreciar la importancia y el valor de ayudar a la familia.
El director dijo: "Esto es lo que yo busco en un gerente. Quiero contratar a una persona que pueda apreciar la ayuda de los demás, una persona que conoce los sufrimientos de los demás para hacer las cosas, y una persona que no ponga el dinero como su única meta en la vida". "Estás contratado".
Un niño que ha sido protegido y habitualmente se le ha dado lo que él quiere, desarrolla una "mentalidad de tengo derecho" y siempre se pone a sí mismo en primer lugar. Ignoraría los esfuerzos de sus padres. Si somos este tipo de padres protectores ¿realmente estamos demostrando el amor o estamos destruyendo a nuestros hijos?
Puedes dar a tu hijo una casa grande, buena comida, clases de piano, ver en una gran pantalla de televisión. Pero cuando estás cortando el césped, por favor que también lo experimente. Después de comer que lave sus platos junto con sus hermanos y hermanas. No es porque no tengas dinero para contratar quien lo haga, es porque quieres amarlos de la manera correcta. No importa cuán rico seas, lo que quieres es que entienda. Un día tu pelo tendrá canas, igual que la madre de ese joven. Lo más importante es que tu hijo aprenda a apreciar el esfuerzo y tenga la experiencia de la dificultad y aprenda la habilidad de trabajar con los demás para hacer las cosas." ¡Cuídate!

martes, 29 de abril de 2014

SANTO PADRE FRANCISCO A LOS JÓVENES DE BUENOS AIRES CON OCASIÓN DE LA "PASCUA DE LA JUVENTUD


Sábado 26 de abril de 2014
Queridos chicos y chicas, un saludo y ¡Feliz Pascua!
¡Toda la semana es Pascua! "¡Es el gran día que hizo el Señor!"
Quiero acercarme a ustedes, me lo pidió el Arzobispo de Buenos Aires, y lo hago con gusto. Quiero acompañarlos un instante en esta jornada, en esta Pascua de la Juventud.
Estaba pensando mientras bajaba a hacer esta grabación, qué les iba a decir. "Que hagan lío" ya se los dije. "Que no le tengan miedo a nada" ya se los dije. "Que sean libres" ya se los dije.
Entonces me vino a la mente la figura de algunos jóvenes del Evangelio. Algunos jóvenes que se cruzaron con Jesús o de los cuales habló Jesús. Quizás pueda ayudar. Si les sirve, lo asumen, si no les sirve, lo tiran.
Pensé en los jóvenes Apóstoles, pensé en el joven rico, pensé en el joven que se fue a buscar nueva vida con la herencia de su padre, pensé en el joven muerto. Los apóstoles eran jóvenes, unos no tanto, otros sí. Juan era un muchachito. Y quedaron conmovidos por la figura de Jesús, entusiasmados, con ese estupor que produce cuando uno se encuentra con Jesús. Y van corriendo y le dicen a los amigos: "¡Encontramos al Mesías! ¡Encontramos a aquél del que hablan los profetas!".
¡Encontrarse con Jesús¡ Vean ustedes esa conducta de los Apóstoles. Y después los apóstoles flaquearon, después no se portaron tan bien. Pedro lo negó, Judas lo traicionó, los demás se escaparon. Es decir, después viene la lucha por ser fieles a ese encuentro, el encuentro con Jesús. Y yo te pregunto a vos: ¿Vos, cuándo te encontraste con Jesús?, ¿Cómo fue el encuentro con Jesús?, ¿Tuviste un encuentro con Jesús o lo estás teniendo ahora? ¡Los jóvenes apóstoles! Piensen en Pedro, Santiago, Juan, Natanael, cómo se fueron encontrando con Jesús.
Otro joven que me vino a la mente es el joven rico, ese que se acerca a Jesús con una vida intachable, un muchacho bueno, y le dice:
¿Qué tengo que hacer para madurar mi vida, para tener la vida eterna?
Jesús le dice: "Cumplí los mandamientos y andá adelante".
"Si ya los cumplí siempre".
El Evangelio dice que: "Jesús lo amó", y entonces le dijo: "Mirá, te falta una cosa: da todo lo que tenés a los pobres y vení conmigo, a predicar el Evangelio". Y ese chico se fue triste. Se fue triste porque tenía mucha guita y no se animó a dejarla por Jesús. Y se fue con SU plata y con SU tristeza. Los primeros estaban con su alegría, con esa hermosa alegría que daba el encuentro con Jesús. Éste se fue con su tristeza.
El otro joven, ese joven que se quiso pasar de vivo, que quiso escribir su vida, que quiso patear el tablero de la disciplina paterna, y enfrentó a su padre y le dijo: "dame lo que me toca, que me voy". Y se fue. Todos esos años fueron años de farra. Gastó la plata en boliche, en vicios, la pasó bien. La plata se le gastó, se acabó. Y de yapa vino una crisis económica, tuvo que buscar trabajo, no había trabajo, y consiguió como cuidador de chanchos. Y éste, que había tenido mucha plata, que le había sacado a su padre de la herencia, que había sabido lo que era estar en los mejores hoteles y en las mejores fiestas, se había pasado la gran vida, conoció una cosa que nunca antes había conocido: hambre.
Pero Dios es muy bueno. Dios aprovecha nuestros fracasos para hablarnos al corazón. No le dijo Dios a este joven: "sos un fracasado, mirá lo que hiciste". Lo hizo razonar. Dice el Evangelio que: "Entró dentro de sí" "¿Qué hago con esta vida? La farra no me sirvió para nada. ¡Cuántos obreros en la fábrica de mi padre ganan su sueldo y tienen que comer! Yo tengo hambre y soy el hijo del patrón. Me levantaré, iré a mi padre y diré mi verdad: ‘Pequé contra el cielo y contra ti’." Y volvió.
La gran sorpresa que se pegó es que el padre lo estaba esperando, desde hacía años! El Evangelio dice que lo vio venir de lejos, porque el viejo subía todas las tardes a la terraza a ver si el chico venía. Y el padre lo abrazó y el padre le hizo fiesta. Y este gran pecador; este gran despilfarrador de lo que había ganado su padre se encontró con algo que nunca había hecho conciente: el abrazo de la misericordia.
Otro joven del Evangelio: Pensé en el joven muerto también, a la salida de la ciudad de Naím, cuando lo iban a enterrar: hijo único de madre viuda. Jesús se compadeció de la madre, no del pibe. Pero el pibe, gracias a la madre, tuvo el milagro y lo resucitó.
¿Vos quién sos?, ¿El entusiasta, como los apóstoles primero, antes de iniciar el camino?, ¿El que quiere seguir a Jesús porque le gusta pero está atornillado con tantas cosas que lo atan y no lo puede seguir, como el joven rico a la mundanidad, a tantas cosas?, ¿Cómo aquél que se gastó toda la herencia de su padre, pero que se animó a volver y está sintiendo en este momento el abrazo de la misericordia?, ¿O estás muerto? Si estás muerto, sabé que la Madre Iglesia está llorando por vos, y Jesús es capaz de resucitarte. Decime, ¿quién sos vos? Decítelo a vos mismo y eso te va a dar fuerza.
— "Padre, usted es injusto, —me van a decir las chicas— porque los ejemplos que da es para los varones, ¿y nosotras qué?"
Ustedes son aspirantes a consolidar con su vida la ternura y la fidelidad. Ustedes están sobre el camino de esas mujeres que seguían a Jesús, en las buenas y en las malas. La mujer tiene ese gran tesoro de poder dar vida, de poder dar ternura, de poder dar paz y alegría. Hay un solo modelo para ustedes, María: La mujer de la fidelidad, la que no entendía lo que le pasaba pero obedeció. La que en cuanto supo lo que su prima necesitaba, se fue corriendo, la Virgen de la Prontitud. La que se escapó como refugiada en un país extranjero para salvar la vida de su hijo. La que ayudó a crecer a su Hijo y lo acompañó, y cuando su Hijo empezó a predicar, iba detrás de Él. La que sufrió todo lo que le estaba pasando a ese chico, a ese muchacho grande. La que estaba al lado de ese Hijo y le decía los problemas que había: "Mirá: no tienen vino". La que en el momento de la Cruz estaba junto a Él.
La mujer tiene una capacidad para dar vida y para dar ternura que no la tenemos los varones. Ustedes son mujeres de Iglesia. ¿De Iglesia, del Iglesia? No, no es "el" Iglesia, es LA iglesia. La Iglesia es femenina, es como María. Ése es el lugar de ustedes. Ser Iglesia, conformar Iglesia, estar junto a Jesús, dar ternura, acompañar, dejar crecer.
Que María, la Señora de la Caricia, la Señora de la Ternura, la Señora de la Prontitud para servir, les vaya indicando el camino. Bueno, ahora no se enojen, que ustedes salieron ganando sobre los varones. Les deseo que este día termine bien. Que cada uno de ustedes se encuentre con Jesús, con ese Jesús resucitado. Y les digo una cosa: ¡No tengan miedo! ¡Miren a Jesús, miren a María y vayan adelante!
"Padre ¡que soy pecador, soy pecadora!"
¡Él te perdona! Vos andá adelante, que tengan una santa pascua y no se olviden de rezar por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen los cuide.


martes, 1 de abril de 2014

Kasper se explica: “No existen pecados que no puedan ser perdonados”

Kasper se explica: “No existen pecados que no puedan ser perdonados”

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El Cardenal ha aclarado su postura en una entrevista: “Lo que se puede hacer es reflexionar sobre la diferencia entre doctrina y disciplina y, por lo tanto, entender -como es una antigua tradición de la Iglesia- como actuar con los divorciados en segunda unión.”
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En su conferencia, usted explicó que hay un abismo entre la doctrina de la Iglesia sobre la familia y la vivencia real de los cristianos. ¿Cómo llenarlo?
Sí, ese abismo obviamente existe, y no sólo en Italia. Pero ya existía aún durante la vida de Jesús. Aún los apóstoles se quedaban muy sorprendidos con sus palabras. Pero, cuando Jesús dice que aquello que Dios unió el hombre no puede deshacer, él también dice que es Dios que conecta, que abraza las dos personas, que quiere ayudarlas para que puedan tener éxito en su proyecto de vida. Tal vez debiéramos comprender, interpretar y explicar bien la doctrina de la Iglesia. La doctrina no quiere ser un fardo, un peso, pero sí una invitación y también una ayuda para encontrar la felicidad. Eso no significa que no haya problemas. Existen muchas dificultades y no solo morales; hay problemas de economía, de condiciones de trabajo. Y hay también una tarea social de la Iglesia que debe contribuir para que nuestra sociedad moderna sea más amigable para las familias.
Usted defiende que no es preciso partir de una lista de enseñanzas y mandamientos, ni fijarse en las cuestiones controversiales ¿Cómo actuar, entonces?
Los mandamientos de Dios quieren ayudar a encontrar la libertad, la felicidad. Nosotros debemos explicar eso. Y es una enseñanza que podemos ofrecer, pero no imponer. Yo creo que debemos mostrar la belleza de la familia, la belleza de la vida cristiana. La belleza convence, no los mandamientos impuestos al otro.
Sin embargo, esos mandamientos, a veces, son percibidos como un peso. Especialmente cuando una unión fracasa.
El fracaso también es posible para un cristiano, y vemos que hoy, infelizmente, hay muchos matrimonios que fracasan. Pero, aún en esas situaciones, la Iglesia debe estar cerca, ayudar, aconsejar, animar. El gran problema que estamos debatiendo es cómo hacer todo eso sin alejarse de la doctrina. Porque debemos ser claros: la doctrina no puede ser evadida, y no se puede cambiar la palabra de Jesús, que es vinculante. Lo que se puede hacer es reflexionar sobre la diferencia entre doctrina y disciplina y, por lo tanto, entender -como es una antigua tradición de la Iglesia- como actuar con los divorciados en segunda unión. Me gustaría decir también que no existen “los divorciados” en segunda unión.
¿En qué sentido?
Quiero decir que no es posible una solución única, porque las situaciones son muy pero muy diversas. Es preciso discernimiento, prudencia y sabiduría para ayudar a esas personas. Me pregunto, por ejemplo, qué hacer con una mujer abandonada por el marido con hijos, que tiene una nueva situación, tal vez con otros hijos. El primer matrimonio fracasó, no pudo realizar lo que prometió delante de Dios, de la Iglesia y de los hombres. Pero, ahora, ella no puede volver a la primera situación, y abandonar la segunda también sería una nueva culpa. Sin embargo, yo me pregunto, si ella hace lo que puede hacer, si vive una buena vida cristiana, si educa a sus hijos en la fe, ¿se le puede negar la absolución del pecado? Todo pecado puede ser perdonado si el pecador lo pide. A mi parecer, delante de Dios, no es posible que haya una situación en que alguien se encuentre inmerso en un agujero sin salida. Eso está contra la misericordia de Dios. No existen pecados que no puedan ser perdonados.
Concretamente, ¿eso significa que es posible aproximarse nuevamente a los sacramentos?
Es una pregunta que yo hago. Si esa persona cree en el perdón de los pecados, aunque se encuentre en esa situación, ¿puede aproximarse nuevamente a la mesa del Señor? Pero yo no puedo dar una respuesta, no soy yo quien puede decidir, es la Iglesia la que debe decidir. Habrá un Sínodo extraordinario y, después, uno ordinario sobre la familia, y el Sínodo, con el Papa, va a decidir sobre ese punto. Hay muchas personas que esperan una solución. Repito. La respuesta no puede ser general, porque las situaciones son diferentes. Pero demos una solución para las personas que viven en nuestras parroquias, que se comprometen, que tienen un deseo sincero por ese sacramento. No buscamos una solución fácil para quien vive esas cosas de modo muy superficial, muy distante de la Iglesia. Es preciso una ayuda de misericordia, sin tocar la doctrina y en la palabra de Jesús. No sería una ayuda para que las personas abandonen la doctrina. Pero el fracaso es posible, todos nosotros somos pecadores y necesitamos del perdón de Dios todos los días. Sobre eso abrimos un debate libre, abierto, incluso público, como quiere el Papa. Y aún si alguien intentó impedirlo, eso no es posible. Es una cuestión que afecta muchas personas.
Se habló también de nulidad. ¿Eso es un problema?
Muchos curas de almas están convencidos de que muchos matrimonios, en sentido canónico, no son válidos. El matrimonio es un sacramento y presupone la fe, y si la fe no existe, el matrimonio en el sentido canónico es nulo. Es preciso pedir que los procedimientos para la declaración de nulidad sean más rápidos, más simplificados. Con relación a eso, hay un consenso creciente entre los obispos. Y, después, debemos pensar en la catequesis. Muchos son bautizados, pero no evangelizados; son bautizados, pero, de hecho, no son verdaderos cristianos; son bautizados, pero son paganos. Y, si se casan en la Iglesia sin la fe, el sacramento no es posible. Por eso, es preciso mejorar la preparación prematrimonial partiendo ya de antes, de la pastoral juvenil.
La entrevista es de Annachiara Valle, publicada en la revista Famiglia Cristiana el pasado 15 de marzo. Traducción del blog Buena Voz

jueves, 27 de febrero de 2014

HOMILIA Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo

“El cristiano incoherente escandaliza y el escándalo mata”, el Papa el jueves en Santa Marta



(RV).- En su homilía de hoy en la Casa de Santa Marta el Papa Francisco empleó palabras fuertes inspirándose en la Confirmación administrada durante la Misa. Quien recibe este Sacramento – afirmó el Santo Padre – “manifiesta su deseo de ser cristiano. Ser cristiano significa dar testimonio de Jesucristo”, es una persona que “piensa como cristiano, siente como cristiano y actúa como cristiano. Y ésta es la coherencia de vida de un cristiano”. Alguien – observó – puede decir que tiene fe, “pero si carece de una de estas cosas, no existe en él lo cristiano”, “es algo que no funciona, hay una cierta incoherencia”. Y los cristianos “que viven en la incoherencia, hacen mucho daño”:

“Hemos escuchado lo que el apóstol Santiago dice a algunos incoherentes, que presumían de ser cristianos, pero explotaban a sus empleados, y les dijo: ‘Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo’. El Señor es fuerte. Si alguno escucha esto, puede pensar: ‘¡Eso lo ha dicho un comunista!’. ¡No, no, lo ha dicho el apóstol Santiago! Es la Palabra del Señor. Es la incoherencia. Y cuando la coherencia cristiana no existe y se vive con esta incoherencia, se produce escándalo. Y los cristianos que no son coherentes hacen mucho escándalo”.
“Jesús – prosiguió el Pontífice – habla con mucha fuerza contra el escándalo: ‘Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar’. Un cristiano incoherente hace tanto daño” y “el escándalo mata”. “Muchas veces – agregó el Obispo de Roma - hemos escuchado: ‘Pero padre, yo creo en Dios, pero no en la Iglesia, porque ustedes cristianos dicen una cosa y hacen otra’”. O también: “Yo creo en Dios, pero no en ti”. “Esa es la incoherencia”:

“Si te encuentras ante – ¡imaginemos! – ante un ateo y éste te dice que no cree en Dios, tu puedes leerle una biblioteca entera, donde está escrito que Dios existe y también probar que Dios existe, y el ateo no tendrá fe. Pero si delante de este ateo das testimonio de coherencia de vida cristiana, algo comenzará a moverse en su corazón. Será precisamente tu testimonio lo que lo llevará a esa inquietud sobre la que el Espíritu Santo obra. Es una gracia que todos nosotros, toda la Iglesia debe pedir: ‘Señor, que seamos coherentes’”. 
Entonces, concluyó Francisco, es necesario rezar, “porque para vivir en la coherencia cristiana es necesaria la oración, porque la coherencia cristiana es un don de Dios y debemos pedirla”: “¡Señor, que yo sea coherente! ¡Señor, que yo jamás escandalice, que yo sea una persona que piensa como cristiano, que sienta como cristiano, que actúe como cristiano!”. Y que cuando caigamos por nuestra debilidad, que pidamos perdón:

“Todos somos pecadores, todos, pero todos tenemos la capacidad de pedir perdón. ¡Y Él jamás se cansa de perdonar! Tener la humildad de pedir perdón: ‘Señor, no he sido coherente. ¡Perdón!’. Ir adelante en la vida con coherencia cristiana, con el testimonio de aquel que cree en Jesucristo, que sabe que es pecador, pero que tiene el coraje de pedir perdón cuando se equivoca y que tiene tanto miedo de escandalizar. Que el Señor de esta gracia a todos nosotros”. (RC-RV)

martes, 25 de febrero de 2014

CARTA DEL PAPA A LAS FAMILIAS

EL PAPA NOS HABLA

Esta mañana, Francisco se dirigió a los laicos del mundo para contarles que está trabajando, junto con los cardenales y obispos, para dar respuestas a los desafíos que enfrenta la Familia. Para eso nos pide oraciones.

No dejes de leer la carta del Papa. ¡No dejes de compartirla!

Queridas familias:

Me presento a la puerta de su casa para hablarles de un acontecimiento que, como ya saben, tendrá lugar el próximo mes de octubre en el Vaticano. Se trata de la Asamblea general extraordinaria del Sínodo de los Obispos, convocada para tratar el tema “Los retos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”. Pues la Iglesia hoy está llamada a anunciar el Evangelio afrontando también las nuevas emergencias pastorales relacionadas con la familia.

Este señalado encuentro es importante para todo el Pueblo de Dios, Obispos, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos de las Iglesias particulares del mundo entero, que participan activamente en su preparación con propuestas concretas y con la ayuda indispensable de la oración. El apoyo de la oración es necesario e importante especialmente de parte de ustedes, queridas familias. Esta Asamblea sinodal está dedicada de modo especial a ustedes, a su vocación y misión en la Iglesia y en la sociedad, a los problemas de los matrimonios, de la vida familiar, de la educación de los hijos, y a la tarea de las familias en la misión de la Iglesia. Por tanto, les pido que invoquen con insistencia al Espíritu Santo, para que ilumine a los Padres sinodales y los guíe en su grave responsabilidad. Como saben, a esta Asamblea sinodal extraordinaria seguirá un año después la Asamblea ordinaria, que tratará el mismo tema de la familia. Y, en ese contexto, en septiembre de 2015, tendrá lugar el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia. Así pues, oremos todos juntos para que, mediante estas iniciativas, la Iglesia realice un auténtico camino de discernimiento y adopte los medios pastorales adecuados para ayudar a las familias a afrontar los retos actuales con la luz y la fuerza que vienen del Evangelio.

Les escribo esta carta el día en que se celebra la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. En el Evangelio de Lucas vemos que la Virgen y San José, según la Ley de Moisés, llevaron al Niño al templo para ofrecérselo al Señor, y dos ancianos, Simeón y Ana, impulsados por el Espíritu Santo, fueron a su encuentro y reconocieron en Jesús al Mesías (cf. Lc 2,22-38). Simeón lo tomó en brazos y dio gracias a Dios porque finalmente había “visto” la salvación; Ana, a pesar de su avanzada edad, cobró nuevas fuerzas y se puso a hablar a todos del Niño. Es una hermosa estampa: dos jóvenes padres y dos personas ancianas, reunidas por Jesús. ¡Realmente Jesús hace que generaciones diferentes se encuentren y se unan! Él es la fuente inagotable de ese amor que vence todo egoísmo, toda soledad, toda tristeza. En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús: Él nos ofrece su Palabra, que ilumina nuestro camino; nos da el Pan de vida, que nos sostiene en las fatigas de cada día.

Queridas familias, su oración por el Sínodo de los Obispos será un precioso tesoro que enriquecerá a la Iglesia. Se lo agradezco, y les pido que recen también por mí, para que pueda servir al Pueblo de Dios en la verdad y en la caridad. Que la protección de la Bienaventurada Virgen María y de San José les acompañe siempre y les ayude a caminar unidos en el amor y en el servicio mutuo. Invoco de corazón sobre cada familia la bendición del Señor.

Vaticano, 2 de febrero de 2014
Fiesta de la Presentación del Señor

FRANCISCO

jueves, 30 de enero de 2014

Francisco: La envidia es la puerta por la que el diablo entra al mundo

Francisco: La envidia es la puerta por la que el diablo entra al mundo
Jueves 23 Ene 2014 | 11:53 am
Ciudad del Vaticano (AICA): ¨Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Fue precisamente esta puerta, la puerta de la envidia, por la cual el diablo entró en el mundo”, dijo el papa Francisco, esta mañana, durante la homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. El Pontífice pidió a los cristianos que cierren las puertas a celos, envidias y murmuraciones que dividen y destruyen a nuestras comunidades.

"Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Fue precisamente esta puerta, la puerta de la envidia, por la cual el diablo entró en el mundo”, dijo el papa Francisco, esta mañana, durante la homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. El Pontífice pidió a los cristianos que cierren las puertas a celos, envidias y murmuraciones que dividen y destruyen a nuestras comunidades.

Las reflexiones del Papa tomaron como referencia la primera lectura del día que habla de la victoria de los israelitas sobre los filisteos gracias al valor de joven David. La alegría de la victoria se transforma pronto en tristeza y envidia en el rey Saúl al ver que las mujeres alababan a David por haber matado a Goliat. Entonces, afirma Francisco "esa gran victoria comienza a convertirse en derrota en el corazón del rey" en el que se insinúa, como sucede en Caín, "la semilla de los celos y de la envidia".

Y como Caín con Abel, entonces el rey decide matar a David. "Así hacen los celos en nuestro corazón -observó el Papa- es una inquietud mala, que no tolera que otro hermano o hermana tenga algo que yo no tengo". Saúl, "en vez de alabar a Dios, como hacían las mujeres de Israel, por esta victoria, prefiere cerrarse en sí mismo, lamentarse" y "cocinar sus sentimientos en el caldo de la amargura".

Así lo explicó el Santo Padre: "Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Fue precisamente esta puerta, la puerta de la envidia, por la cual el diablo ha entrado en el mundo. La Biblia dice: 'Por la envidia el diablo ha entrado a hacer mal en el mundo'. Los celos y la envidia abren las puertas a todas las cosas malas. También divide a una comunidad. Una comunidad cristiana, cuando algunos de sus miembros sufren de envidia, de celos, termina dividida: uno contra el otro. Y esto es un veneno fuerte. Es un veneno que encontramos en la primera página de la Biblia con Caín".

En el corazón de una persona tocada por los celos y la envidia -subrayó el Papa- suceden "dos cosas clarísimas". Primero la amargura: "La persona envidiosa, la persona celosa es una persona amarga: no sabe cantar, no sabe alabar, no sabe qué es la alegría, siempre mira 'qué tiene aquel y yo no tengo'. Y esto lleva a la amargura, una amargura que se difunde en toda la comunidad. Son estos sembradores de amargura.

Y la segunda actitud, que llevan los celos y la envidia, es a murmurar. Porque este no tolera que el otro tenga algo, la solución es rebajar al otro, para que yo esté más alto. Y el instrumento son las murmuraciones. Mira siempre y verás que detrás de una murmuración están los celos y la envidia. Y las murmuraciones dividen la comunidad, destruyen a la comunidad. Son las armas del diablo".

El Santo Padre mencionó cuántas bellas comunidades cristianas iban bien, pero después en uno de los miembros entró la semilla de los celos y la envidia y, con esto la tristeza, el resentimiento de los corazones y las murmuraciones.

Continuó señalando que "una persona que está bajo la influencia de la envidia y de los celos, mata", como dice el apóstol Juan: "Quien odia a su hermano es un homicida". Así como "el envidioso, el celoso, comienza a odiar al hermano". Por tanto, Francisco concluyó pidiendo: "Hoy, en esta misa, recemos por nuestras comunidades cristianas, para que esta semilla de los celos no sea sembrada entre nosotros, para que la envidia no tome lugar en nuestro corazón, en el corazón de nuestras comunidades, y así podamos ir hacia adelante, alabando al Señor, con alegría. Y es una gracia grande, la gracia de no caer en la tristeza, en el estar resentido, en los celos y en la envidia".+

martes, 7 de enero de 2014

FRANCISCO VISITA UN PESEBRE VIVIENTE


carta de un sacerdote

Un sacerdote escribe al Papa antes de morir a los 31 años. Aquí os ofrecemos la carta

No le pido a Dios mi curación, sino la fuerza y la alegría de continuar siendo un testimonio verdadero de su amor y un sacerdote según su corazón



















© DR
Fabrizio nació en Nápoles el 8 de septiembre de 1982. Miles, casi tres mil personas, se reunieron en Ponticelli (NA), para darle el último saludo en la Basílica de Nuestra Señora de la Nieve, donde era vice-párroco. Un sufrimiento grande el del padre Fabrizio en los últimos meses, vivido siempre con gran fe y con una gran fuerza de ánimo. Siempre con una sonrisa, siempre con una palabra de consuelo para sus familiares y amigos que han estado con él hasta su último aliento. Aquí os ofrecemos la carta que envió al Papa.

A Su Santidad el Papa Francisco
     

Santo Padre,

En las oraciones diarias que dirijo a Dios, no dejo de rezar por usted y por el ministerio que el Señor mismo Le ha confiado, para que pueda darle siempre fuerza y alegría para continuar anunciando la bella noticia del Evangelio.

Me llamo Fabricio De Michino y soy un sacerdote joven de la diócesis de Nápoles. Tengo 31 años y hace cinco que soy sacerdote. Desarrollo mi servicio en el Seminario Arzobispal de Nápoles como educados del grupo de diáconos, y en una parroquia en Ponticelli, que se encuentra en la periferia de Nápoles. La parroquia, recordando el milagro sucedido en la colina Esquilino, recibe el nombre de la Señora de las Nieves y en 2014 celebrará el primer centenario de la Coronación de la estatua de madera del 1500, muy querida para todos sus habitantes.

Ponticelli es un barrio degradado por su pobreza y alta criminalidad, pero cada día descubro verdaderamente la belleza de ver lo que el Señor realiza en estas personas que se fían de Dios y de la Virgen.

También yo, desde que estoy en esta parroquia he podido ampliar cada vez más mi amor confiado hacia la Madre Celeste, experimentando también en las dificultades, su cercanía y protección. Por desgracia, hace tres años que me encuentro peleando contra una enfermedad rara: un tumor justo en el interior del corazón y desde hace algún mes, con metástasis en el hígado y en el bazo. En estos años nada fáciles, sin embargo, nunca he perdido la alegría de ser anunciador del Evangelio. También en el cansancio percibo, verdaderamente, esta fuerza que no viene de mí sino de Dios que me permite desarrollar con sencillez mi ministerio. Hay una cita bíblica que me está acompañando y me infunde confianza en la fuerza del Señor, es la de Ezequiel: “Os daré un corazón nuevo, meteré dentro de vosotros un Espíritu nuevo, arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ez 36, 26).

En este tiempo ha sido muy cercana la presencia de mi obispo, el card. Crescenzio Sepe, que me apoya contantemente, aunque a veces me dice que descanse para no cansarme demasiado.

Agradezco a Dios también por mis familiares y mis amigos sacerdotes que me ayudan y sostienen sobre todo cuando hago las distintas terapias, compartiendo conmigo los diversos momentos de inevitable sufrimiento. También mis médicos me apoyan muchísimo y hacen lo imposible para encontrar los tratamientos adecuados para mí.

Santo Padre,

Me estoy alargando demasiado, pero solo quiero decirle que ofrezco al Señor todo esto por el bien de la Iglesia y por Usted de un modo especial, para que el Señor le bendiga siempre y le acompañe en este ministerio de servicio y amor.

Le ruego que me añada a sus oraciones: lo que le pido todos los días al Señor es hacer su voluntad, siempre y en todas partes. A menudo, es verdad, no le pido a Dios mi curación, sino la fuerza y la alegría de continuar siendo un testimonio verdadero de su amor y un sacerdote según su corazón.

Seguro de sus paternales oraciones, le saludo devotamente.

Don Fabrizio De Michino

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...