viernes, 30 de junio de 2017

sanación de la autoestima

"Ayúdame a amarme, a aceptar tu perdón, a perdonarme a y perdonar a todos aquellos que me hayan causado injusticias..."

En presencia de Jesús oramos por la sanación de nuestra autoestima y nuestra propia imagen manteniendo delante una foto de nuestra infancia, solo o en familia:
Padre Santo, en el nombre de Jesús, invoco tu misericordia y me dirijo a Ti para que me toques y me des una buena y justa imagen de mí mismo y una verdadera autoestima en Cristo Jesús.
Señor, ten misericordia de mí.
Señor, me he sentido indigno, inapropiado, inferior; me he sentido feo, tímido, patoso o que no hago nada bien. Me han criticado y llamado apodos que no me gustaron y me han hecho sufrir; me siento inseguro y no amado.
Señor, ten  misericordia de mí.
Señor Jesús, llévate mis sentimientos de fracaso, de vergüenza, decepción, culpabilidad, timidez, ira o enfado. Te pido que me liberes de estos sentimientos y emociones que me han mantenido en la esclavitud y me han apartado de vivir una vida plena como varón/mujer.
Señor, ten misericordia de mí.
Amado Señor, hazme saber cuánto me amas y que soy la niña de tus ojos. Me dirijo a Ti, para que sepan que Tú has muerto en la Cruz, no sólo por mis pecados, sino también por mis profundas heridas emocionales y mis recuerdos dolorosos.
Señor, ten misericordia de mí.
Te Ruego Señor, que sanes todo lo herido y roto que hay en mi persona. Ayúdame a amarme, a aceptar tu perdón, a perdonarme a y perdonar a todos aquellos que me hayan causado injusticias: padre, madre, hermanos, tíos, abuelos, primos y demás parientes, profesores, sacerdotes, compañeros de trabajo, jefes, vecinos y amigos. Cualquiera, Señor, que no me  haya mirado con cariño y me haya rechazado consciente o inconscientemente.
Señor, ten misericordia de mí.
Jesús, llena el vacío de mi vida. Y dame el amor y la seguridad que no he recibido. Dame confianza, alegría y energía nuevas para que pueda hacer todas las cosas a través tuyo.
Señor, ten misericordia de mí.
Señor devuélveme una buena imagen de sí mismo, aquella con la que yo fui concebido/a como varón/mujer y que pueda verme como Tú me ves: especial, único, digno, hermoso, para que yo llegue a ser  la persona que Tú creaste y quieres que sea. Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén
(Cfr. Robert DeGrandis)
Hacer un rato de oración en silencio ante el Sagrario con el Santísimo expuesto.
Oración del Padrenuestro
Si hay alguien contigo, le das un abrazo de paz.
Oración final:
Dios, autor de nuestra salvación y de nuestra liberación, escucha nuestras súplicas, y a quienes redimiste por la sangre de tu Hijo concédeles poder vivir para Ti, y en Ti gozar de la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración publicada por esposiblelaesperanza.com

jueves, 22 de junio de 2017

" NO TENGAN MIEDO" HOMILÍA PARA EL PRÓXIMO DOMINGO

Domingo decimosegundo del TIEMPO ORDINARIO cA (25 de junio de 2017)
PrimeraJeremías 20, 10-13; Salmo: Sal Sal 68, 8-10.14 y 17.33-35; Segunda: Romanos 5, 12-15; Evangelio: Mateo 10, 26-33
Nexo entre las LECTURAS
La primera lectura, tomada del profeta Jeremías, y el texto del evangelio de san Mateo insisten en dos aspectos característicos de la existencia cristiana: Por un lado, las persecuciones y dificultades, y por otro la confianza en Dios, que aleja todo temor. "He escuchado las calumnias de la gente... Pero el Señor está conmigo como un héroe poderoso", confiesa Jeremías. "No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden quitar la vida... No teman, ustedes valen más que todos los pájaros", exhorta Jesús a sus discípulos. ¿Por qué no temer? Porque con palabras de la segunda lectura "no hay comparación entre el delito y el don", entre el poder de los perseguidores y el poder de Dios.
También nos ayuda en este camino de confianza en el Señor el salmista: El grito de lamentación que sube de este salmo, para alguno de nosotros, puede ser de candente actualidad: "Sálvame, Dios mío... Me hundo... Me agoto... Mis ojos están cansados... mis detractores son numerosos... Lloro... Los insultos llueven sobre mí"... Es la oración de los enfermos… de los sufrientes… es oración de los migrantes, de los marginados, de los pobres y débiles y la Iglesia nos enseña, este Domingo, la paternidad misericordiosa de Dios y la fraternidad humana (Papa Francisco).
Temas...
No es mayor el discípulo que el Maestro. Si a Jesús han criticado (y antes de Él a los grandes profetas como Jeremías), le han llamado borracho y amigo de la buena mesa, le han atribuido el poder de Beelzebú, a nosotros los cristianos no nos debe extrañar que nos critiquen e incluso nos calumnien... para hacernos más discípulos de Jesucristo y misioneros de su misericordia. Ciertamente no es agradable leer en los periódicos y revistas o escuchar en la televisión críticas sobre nuestra fe en la Encarnación del Verbo o explicaciones ingeniosas, tendientes a no afirmar la resurrección de Jesucristo, hasta quitar grandeza y dignidad a la Virgen Santísima. Puede resultarnos difícil e indigno que se critique la moral católica sobre diversos temas, que contradicen la moral relativista y la mentalidad común. Nos duele y nos parece indigno, pero no debe quitar en lo más mínimo, por un lado, nuestras certezas en el campo de la fe y de la moral y por otro nuestra confianza y total seguridad en la victoria de la gracia sobre el pecado, del don sobre el delito. En un mundo que va perdiendo la solidez de la fe, que se lanza en brazos del "subjetivismo religioso", que se siente libre para opinar sobre lo que sea, incluso aunque no se conozca, los cristianos somos testigos misioneros de valores y actitudes, de verdades y comportamientos que no se comprenden, que se malinterpretan consciente o inconscientemente, que se rechazan por obsoletos y retrógrados, que se consideran fuera del carro de la historia y de la actualidad. Cristo nos dice: "No tengan miedo". La firmeza de nuestra fe nos dará, a corto o largo plazo, la victoria. Incluso hablarán mal del Papa y de cuanto sea necesario para debilitar a quienes queremos vivir en el amor y servicio, como discípulos misioneros del Reino y de la Misericordia. Sigamos… no tengamos miedo… lo mejor está por venir… la comunión definitiva. Testigos de esto son todos los santos, en especial podemos recordar a aquellos de cuales tenemos más devoción.
La gracia de Dios sobreabundó para todos. Aquí está la base de nuestra seguridad y confianza. No es en nuestras fuerzas ni en nuestra moralidad en que nos apoyamos ante las persecuciones, críticas, rechazos, calumnias, incomprensiones, indiferencias. La roca de nuestra seguridad es la gracia de Dios, hecha don gratuito en Jesucristo. Nosotros confiamos en que la gracia divina iluminará las mentes de quienes ahora critican o rechazan la fe de la Iglesia; nosotros confiamos en que la gracia divina moverá los corazones a amar la verdad de Jesucristo que la Iglesia nos transmite, y moverá las voluntades para vivir conforme al decálogo cristiano, sintetizado en el sermón de la montaña y muy bien mostrado en el catecismo (que deberíamos rezarlo con mucha frecuencia). Nosotros confiamos en que el Señor nos dará fuerza para soportar las dificultades que nos sobrevengan de los demás, y para luchar celosamente y con perseverancia por la verdad y el bien. Dios cuida de los pajarillos del cielo, ¿cómo no va a cuidar de nosotros, sus hijos, que valemos más que todos los pajarillos?
Sugerencias...
Tres veces aparece en el evangelio de hoy el «No tengan miedo», y una vez se añade aquello de lo que realmente hay que tener miedo. No hay que tener miedo de todo lo que acontece en el espíritu de la misión de Jesús. En primer lugar, los apóstoles no han de tener miedo a pregonar abiertamente desde los «techos» lo que el Señor les ha «dicho al oído», porque eso está destinado a ser conocido por el mundo entero y nada ni nadie impedirá que se conozca. Naturalmente el predicador se pone con ello en peligro; es como oveja en medio de lobos, tiene que contar con el martirio a causa de su predicación. Pero tampoco en ese caso debe tener miedo, pues sus enemigos no pueden matar su alma. En realidad, sólo habría que temer al que puede destruir con fuego alma y cuerpo; pero esto no sucederá si el discípulo permanece fiel a su misión. Y en tercer lugar el apóstol cristiano no debe tener miedo porque en las manos del Padre está mucho más seguro de lo que él cree: el Padre, que se ocupa hasta de los animales más pequeños y del cabello más insignificante, se preocupa infinitamente más de sus hijos. Jesús habla aquí de «el Padre de ustedes». Pero el contexto indica claramente que el hombre está seguro en tanto en cuanto cumple su misión cristiana, aunque externamente pueda parecer un tanto temerario.
Jeremías expresa en la primera lectura la medida de la amenaza. Se delibera con cuchicheos cómo se le podría denunciar. La peor venganza sería que el profeta se dejará seducir por una palabra imprudente, y entonces se le podría detener. Sus amigos más íntimos están entre sus adversarios, aunque en realidad hay «pavor por todas partes». Esta situación puede llegar a ser también la del cristiano, en cuyo caso éste tendrá que recordar el triple «No tengáis miedo» de Jesús. El profeta sabe que está seguro en medio del terror: el Señor está con él «como fuerte soldado»; «le ha encomendado su causa», y esto le basta para estar seguro de que Él, el «pobre», el indefenso, escapará de las manos de los impíos. Su seguridad se expresa negativamente, con fórmulas típicamente veterotestamentarias: sus enemigos «tropezarán», «no podrán con él», «se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno». Pero en la Nueva Alianza el terror llega hasta la cruz; el canto de victoria, que Jeremías entona al final, es ahora Pascua y la Ascensión.
De ahí saca Pablo, en la segunda lectura, su confianza inaudita. Por un lado, no sólo hay algunos enemigos personales, sino que está el ‘mundo entero’, sometido todo él al pecado y con ello a la muerte lejos de Dios. Correlativamente, su canto de victoria adquiere dimensiones cósmicas. Por la acción redentora de Jesús, la gracia ha conseguido definitivamente la supremacía sobre el pecado y sus consecuencias, y con ello también la esperanza ha conseguido su victoria sobre el temor. También Pablo experimentará más de una vez el mismo sentimiento de abandono que experimentó Jeremías (2 Co 1,8-9; 2 Tm 4,9-16). Pero, como el profeta, añade: «El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas... Me librará de toda acción malvada» (2 Tm 4,17-18). Y sabe aún más: que sus sufrimientos son incorporados a los del Redentor y reciben en ellos una significación salvífica para su comunidad.

El poder de la Cruz (película completa en español HD)

lunes, 12 de junio de 2017

FIESTA DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Domingo del "DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO", ciclo A. Solemnidad (18 de junio 2017)
PrimeraDeuteronomio 8,2-3.14b-16a; Salmo: 147,12-15.19-20; Segunda: 1Corintios 10,16-17; Evangelio: Juan 6, 51-58
Nexo entre las LECTURAS.
Maná, pan (carne) y vino (sangre) son los términos que abundan en este Domingo en que se celebra la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Según el Deuteronomio (1a lectura), Moisés dice al pueblo: "(El Señor tu Dios) te ha alimentado con el maná, un alimento que no conocías, ni habían conocido tus antepasados". Jesús en el evangelio afirma: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo os daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo". Por su parte, Pablo en su primera carta a los corintios (2a lectura) les pregunta: "El pan que partimos, ¿no nos hace entrar en comunión con el cuerpo de Cristo?"
Temas...
El diálogo entre los judíos y Jesús sobre la Eucaristía se inicia expresamente con el milagro del maná, la providencial comida celeste con que Dios alimentó a sus padres en el desierto. Pero el alimento milagroso (agua de una roca de pedernal, maná del cielo) se ofrece al pueblo en la primera lectura únicamente porque los israelitas están a punto de morir de hambre y de sed, y ya no hay esperanza de poder obtener comida alguna a no ser que ésta venga de Dios. Se dice expresamente: el Señor tu Dios quiso «afligirte (mostrarte tu debilidad), para ponerte a prueba (para ver si has puesto toda tu confianza en Dios)», antes de darte comida y bebida. Por eso la alimentación con el maná se entiende como una prueba de que «no sólo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios». Este alimento corporal proporcionado por Dios en el desierto sólo puede entenderse como palabra de Dios y respuesta a las necesidades del hombre. Y sólo en el desierto, en un «sequedal sin una gota de agua», donde el hombre no puede encontrar nada y depende totalmente de Dios, el pan del cielo y la palabra de Dios se convierten en una misma cosa.
Esta unidad de la palabra de Dios y del pan de Dios se completa en el evangelio con un milagro mucho más grande realizado por Jesús, que se presenta a sí mismo como tal unidad. Esta unidad es totalmente incomprensible para los discípulos, incluso después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces que se acaba de producir. Jesús puede transmitir la palabra de Dios, pero ¿cómo puede su carne y su sangre identificarse con esta palabra? ¿Y cómo puede identificarse hasta tal punto que el que no coma su carne y no beba su sangre no tendrá vida eterna? Jesús no se contenta con invitar a esta comida: insiste, “obliga” a participar en ella. Sólo el que se alimenta de Él tiene en sí la palabra de Dios y con ella a Dios mismo; aquí toda comparación con el maná que los padres comieron en el desierto carece de sentido, porque éstos «murieron» y no consiguieron la vida eterna; ésta sólo se obtiene con la comida que aquí se ofrece. Ante esta durísima (maravillosa) revelación de Jesús es como que caben dos posturas perfectamente diferenciadas: el no de muchos discípulos, que a partir de ese momento se echaron atrás y no volvieron más con Él, y el sí ciego y responsable que pronunciará Pedro porque no ve más camino que el de Jesús. Conviene recordar ahora la situación del desierto: Dios lleva a una situación límite, sin salida, en la que parece que no queda más alternativa que la confianza plena en Dios. Jesús no explica cómo es posible el milagro, únicamente afirma lo siguiente: «Mi carne es verdadera comida y sangre es verdadera bebida»; y el que no acepte esto no tendrá «vida en Él». Al recibir la Eucaristía cada uno de nosotros debe recordar que, en medio del desierto de esta vida, se arroja como un hambriento en los brazos de Dios.
En la segunda lectura el apóstol saca la conclusión de lo que se admite ciegamente como verdadero. Por eso, porque el cuerpo de Cristo es un solo pan para muchos, formamos juntos un único cuerpo, y este cuerpo no es un cuerpo cualquiera, sino únicamente el cuerpo de Cristo. Y esto es así no porque en la comida en común se acreciente la simpatía que existe entre nosotros, sino porque, de modo incomprensible y misterioso, este único cuerpo físico, que ahora toma forma eucarística, tiene el poder de incorporarnos a Él. Tampoco aquí se nos explica cómo es posible este hecho. Esto no tiene nada que ver con la magia o la hechicería; tiene que ver más bien con la «locura» del amor divino, que puede hacer cosas que superan totalmente la capacidad de comprender del hombre. Pero precisamente por eso, porque Dios es el amor, lo inverosímil debe ser verdadero. Debemos ‘eucaristizar’ nuestra vida y el mundo camino al Cielo.
Sugerencias...
Conocer la Eucaristía. Se requiere una catequesis permanente y periódica, mediante las homilías, encuentros catequísticos, los contactos personales, para que un conocimiento pleno del Pan de Vida constituya el punto de apoyo-sostén de la piedad cristiana, que tiene en la Eucaristía su cumbre y su fuente. En este conocimiento subrayaría algunos aspectos: 1) la presencia real de Jesucristo en el Sagrario, y por consiguiente el respeto y el sentido de lo sagrado dentro de la Iglesia (Templo). El Templo es y debe ser un lugar de oración, de silencio, de recogimiento, de adoración, de encuentro con Dios. ¡Qué ingente labor hay que hacer para que los fieles conozcan y vivan este aspecto de la Eucaristía! 2) La explicación teológica, pero de modo sencillo, claro, ejemplificado, con ejemplos de vida y convincente, de los frutos de la Eucaristía. Luego de la explicación, se puede hablar del fomento de las visitas eucarísticas, sobre todo al inicio de la mañana y al final de la tarde para ofrecer a Jesucristo las horas de trabajo y para agradecerle su ayuda y su consuelo; del fomento de la exposición del Santísimo Sacramento y de la adoración, de la fuerza transformante de la Eucaristía en quienes la reciben con rectitud y con fervor. 3) La preparación para recibir fructuosamente a Jesucristo Eucaristía. Una preparación que implica la recepción del sacramento de la reconciliación, si se está en pecado; que implica además la lectura y meditación de la Palabra de Dios, como también el perdón, la reconciliación y el servicio a los hermanos. También el rezo del Rosario preferentemente antes de Misa o en adoración. El compromiso de salir con entusiasmo y hasta con prisa para ir a contarles a todos que estuvimos con el Señor y que nos ha dicho esto y esto… para nosotros, para ustedes, para todos, para la vida del mundo.
Quitar aquellos obstáculos que dificultan el conocimiento del Pan Vivo, que da la vida al mundo. El primer obstáculo es tal vez la tentación de reducir el alimento a las puras necesidades corporales y materiales, marginando o incluso prescindiendo de cualquier otro alimento. Quien se alimenta sólo de las realidades terrestres, no puede elevarse a conocer el Pan del Cielo, le parecerá un lenguaje sin sentido y carente de valor. Otra posible dificultad es hacer de la recepción de la Eucaristía "una costumbre social", como puede ser el felicitar a los novios y recién casados en su boda, o el asistir a la fiesta del cumpleaños de un amigo. La Eucaristía es ciertamente un acontecimiento social, es decir, eclesial, pero es sobre todo un encuentro personal con Jesucristo. No pequeña dificultad puede ser, sobre todo para los hombres, el respeto humano, el qué dirán, el temor a la opinión de los demás. ¡Casi como si la Eucaristía fuera cosa de otros, de aburridos, de los que no tienen nada que hacer!
Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico, ruega por nosotros.

lunes, 5 de junio de 2017

PREPARANDO EL CORAZON PARA LA FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Solemnidad de la SANTÍSIMA TRINIDAD cA (11de junio 2017)
PrimeraÉxodo 34, 4b-6. 8-9; Salmo: Daniel 3, 52. 53. 54. 55. 56; Segunda: 2 Corinto 13, 11-13; Evangelio: Juan 3, 16-18
Nexo entre las LECTURAS.
La revelación del misterio trinitario se ‘muestra’ en los textos que la liturgia nos ofrece. El texto tomado del Éxodo nos revela la unidad de Dios y el corazón "clemente y compasivo, lleno de amor y fiel" apropiado al Padre. En la petición de Moisés: "Venga el Señor a nosotros" se vislumbra (apropiación) un primer paso hacia la encarnación y la revelación del Hijo, Dios con nosotros. Este misterio de la encarnación es revelado solemnemente en el Evangelio: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único". Al final de la segunda carta a los Corintios Pablo recoge una fórmula trinitaria de la liturgia cristiana primitiva: "La gracia de Jesucristo, el Señor, el amor del Padre y la comunión en los dones del Espíritu Santo, estén con todos ustedes", ahora sí, verdad de fe. "Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos" (Salmo responsorial). Al cantar este himno este Domingo, el discípulo misionero no sólo se siente agradecido por el don de la creación, sino también por ser destinatario de la solicitud paterna de Dios, que en Cristo por el Espíritu lo ha elevado a la dignidad de hijo. Gracias Dios Padre y Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
Temas...
Nos hemos habituado a oír (escuchar) y a decir la expresión: "misterio", "misterio trinitario". Pienso que la fiesta litúrgica nos invita a meditar, en el Misterio de Dios, con sencillez y con inmenso respeto.
El ‘misterio de la Trinidad’ es algo oculto, escondido en el corazón mismo de Dios y a la vez revelado misericordiosamentea los hombres, como dicen los evangelistas: ‘a Dios nadie lo ha visto, ha decidido contarlo el Hijo’. No está oculto en la tierra ni en el espacio, de modo que con el tiempo el hombre pudiera encontrarlo. Está anidado en el mismo Dios. ¿Y quién puede conocer los pensamientos de Dios? Dios creó primeramente el mundo, luego al hombre, pero no manifestó plenamente ahí su vida íntima. Eligió, después un pueblo, estableció con él una alianza, sin todavía revelar esta grandeza de Dios. Sin embargo, en el designio divino se dan ya los primeros pasos en la misma vida y experiencia histórica de Israel. El texto de la primera lectura, donde Dios es llamado "clemente y compasivo, lleno de amor", ¿no es una intuición primeriza de paternidad misericordiosa de Dios? Es una semilla por ahora, que habrá de fructificar al llegar con Jesucristo la plenitud de los tiempos mediante su encarnación y su enseñanza sobre Dios y el don del Espíritu Santo en Pentecostés.
El misterio de la Trinidad está por encima (no arriba de lugar) de cualquier mente humana. La Trinidad de Dios no ha sido obra ni de teólogos ni de místicos, menos de una casualidad de adivinos. El misterio de la Trinidad no es una invención del genio humano para dominar a otros con una idea poderosa. No es una idea, es una Realidad, la Realidad más sublime y más apasionante, que, podemos decir según nuestra manera limitada de hablar, “existe desde siempre y para siempre”. Si Dios mismo no nos la hubiese revelado por medio de su Hijo, continuaría siendo una Realidad, pero desconocida por el hombre. El gran Amor de Dios reside en que decidió revelarnos su misterio (Evangelio): ‘Los llamo amigos porque les he contado el misterio de Dios’.
El misterio trinitario se nos revela sobre todo mediante la acción de Dios en la historia (Lumen Gentium y Ad Gentes). Dios se nos revela como Padre enviando, movido de amor, a su Hijo a nuestro mundo pecador para redimirnos y abrirnos los brazos acogedores de Padre. Jesucristo se nos revela como Hijo en su íntima oración filial, en su perfecta obediencia a la Voluntad de su Padre, en su muerte y resurrección redentoras para destruir un pecado cuya mancha sólo el Hijo podía borrar, y para alcanzarnos la gracia de la salvación. El Espíritu Santo se nos revela como enlace de Amor entre el Padre y el Hijo, como don de comunión a los hombres a fin de que vivan a imagen de la Trinidad, en la Caridad y en el Servicio y en el compromiso con la vida, dada y recibida. Esta es la revelación que Jesucristo nos hizo y que la liturgia recoge (especialmente) en la segunda lectura.
Sugerencias...
Él es «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad». La Antigua Alianza, como muestra la primera lectura, no sabe nada todavía del misterio íntimo de Dios, de su Trinidad. Pero tiene, como muestra Moisés aquí, un profundo e inaudito sentido de la libertad interior de Dios, de su poder y de su plenitud de vida, que se expresa ante el pueblo en todos los atributos que se reconocen a Dios: Él es «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad». Se le puede pedir que se digne caminar con el hombre, perdonar su culpa y su pecado. En estas expresiones no hay el menor rastro de un querer influir mágicamente sobre el ámbito de lo divino, todo es reconocimiento de lo que Dios es en sí, independientemente del hombre. Dios no tiene necesidad de la alianza con Israel para conservar estos atributos. Más bien Israel confía en estos atributos propios de Dios desde siempre: «Tómanos como heredad tuya».
Jesús ha revelado el misterio íntimo de Dios distinguiéndose a sí mismo del Padre, pero manifestándose al mismo tiempo como procedente de Él, y distinguiendo además muy claramente al Espíritu Santo, de Él y del Padre, aunque el Espíritu es el vínculo de su amor recíproco. Con la encarnación del Hijo, la vida íntima de Dios, independiente del mundo y conocida ya en la Antigua Alianza, no sólo se hace cognoscible para el mundo, sino que éste puede tener parte en ella: no en el sentido de que el mundo quede absorbido en Dios, sino en cuanto que puede entrar en el eterno círculo del amor en Dios. Son muchas las fórmulas neotestamentarias que alaban la vida trinitaria de Dios; en la segunda lectura  aparece una muy clara que parte de «la gracia de nuestro Señor Jesucristo», pues  efectivamente toda la revelación de la Trinidad comienza con su gracia, que consiste en que Él nos ha dado a conocer «el amor de Dios» Padre en toda su existencia, también y sobre todo en su pasión y muerte; pero todo esto sería demasiado elevado e incomprensible para nosotros si no tuviéramos además la «comunión del Espíritu Santo»,  es decir, la participación en este Espíritu, mediante el cual somos introducidos en la  «profundidad de Dios» (1 Cor 2,10) que sólo Él conoce.
Meditar. Contemplar. Sólo el evangelio nos permite entrever las auténticas dimensiones del amor divino. Jamás podríamos haber imaginado que el Padre eterno, que ha prodigado ya y por así decirlo agotado todo su amor en el Hijo engendrado por Él, amara tanto al mundo creado que pudiera incluso entregar por Él a su «Hijo predilecto» (Mt 3,17; 17, s), a las tinieblas del abandono de Dios y a los terribles tormentos de la cruz. Esto, que parece un sinsentido, sólo tiene sentido si este sacrificio del Hijo se ve al mismo tiempo como su glorificación suprema: el Hijo muestra todo el amor del Padre precisamente «amando hasta el extremo» (Jn 13,1); el amor de ambos, Padre e Hijo, se muestra en esta entrega como un único amor: en el Espíritu Santo. Sólo este amor absoluto es al mismo tiempo la verdad, -recordando que «gracia y verdad» son una misma cosa (Jn 1,14)-, por lo que el que no lo reconoce se excluye a sí mismo de la verdad y se entrega al juicio. Si el amor trinitario es lo único absoluto, todo el que lo rechaza se juzga a sí mismo.
María, Hija del Padre y Madre del Hijo y Fecunda por el Espíritu, ruega por nosotros.

viernes, 13 de febrero de 2015

CATEQUESIS SOBRE LOS HIJOS

CIUDAD DEL VATICANO, 11 de febrero de 2015 (Zenit.org) - Queridos hermanos y hermanas, buenos días.
Después de haber reflexionado sobre las figuras de la madre y del padre, en esta catequesis sobre la familia quisiera hablar sobre el hijo o, mejor, los hijos. Hago referencia a una bonita imagen de Isaías. Escribe el profeta: “Todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón”. Es una imagen espléndida, una imagen de la felicidad que se realiza en la unificación entre padres e hijos, que caminan juntos hacia un futuro de libertad y de paz, después de un largo tiempo de privación y de separación, como ha sido ese tiempo, esa historia que estaban lejos de la patria.
De hecho, hay una estrecha unión entre la esperanza de un pueblo y la armonía entre las generaciones. Pero esto debemos pensarlo bien. Hay una unión estrecha entre la esperanza de un pueblo y la armonía entre las generaciones.  La alegría de los hijos hace palpitar los corazones de los padres y reabre el futuro. Los hijos son la alegría de la familia y de la sociedad. No son un problema de biología reproductiva, ni una de tantas formas de sentirse realizado. Y mucho menos son una posesión de los padres. No, no. Los hijos son un don. Son un regalo. ¿Entendido? Los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible, y al mismo tiempo inconfundiblemente unido a sus raíces. Ser hijo e hija, de hecho, según el diseño de Dios, significa llevar en sí la memoria y la esperanza de una amor que se ha realizado a sí mismo encendiendo la vida de otro ser humano, original y nuevo.

Y para los padres cada hijo es uno mismo, diferente e diverso. Permitidme un recuerdo de familia. Yo recuerdo cuando a mi madre decía, nosotros éramos cinco, y ella decía: “Yo tengo cinco hijos”, pero “¿cuál es tu preferido?”, “yo tengo cinco hijos como cinco dedos. Si me golpean este me hace daño, si me golpean este me hace daño, me hacen mal los cinco. Todos son mios, pero todos diferentes como los dedos de una mano. Y así es la familia, la diferencia de los hijos, pero todos hijos.
A un hijo se le ama, no porque sea guapo, porque sea así o asá, sino porque es hijo. No porque piensa como yo o encarna mis deseos.  Un hijo es un hijo: una vida generada por nosotros pero destinada a él, a su bien, al bien de la familia, de la sociedad, de la humanidad entera.
De aquí viene también la profundidad de la experiencia humana del ser hijo e hija, que nos permite descubrir la dimensión más gratuita del amor, que no termina nunca de sorprendernos. Es la belleza de ser amados antes, los hijos son amados antes de que lleguen. Cuántas veces me encuentro aquí a las madres que me enseñan su barriga y me piden la bendición porque son amados estos niños antes de venir al mundo. Esto es gratuidad, esto es amor. Son amados antes, como el amor de Dios, que nos ama siempre antes.
Son amados antes de haber hecho cualquier cosa para merecerlo, antes de saber hablar o pensar, incluso antes de venir al mundo. Ser hijos es la condición fundamental para conocer el amor de Dios, que es la fuente última de este auténtico milagro. En el alma de cada hijo, aún vulnerable, Dios pone el sello de este amor, que es la base de su dignidad personal, una dignidad que nada ni nadie podrá destruir.
Hoy parece más difícil para los hijos imaginar su futuro. Los padres --lo indicaba en las catequesis precedentes-- han hecho quizá un paso hacia atrás y los hijos se han convertido en más inciertos al dar sus pasos hacia adelante. Podemos aprender la buena relación entre las generaciones de nuestro Padre celeste, que nos deja libre a cada uno de nosotros  pero nunca nos deja solos. Y si nos equivocamos, continúa siguiéndonos con paciencia sin disminuir su amor por nosotros. El Padre celeste no da pasos atrás en su amor por nosotros, nunca, siempre va adelante. Y si no puede ir adelante, nos espera pero nunca va atrás; quiere que sus hijos sean valientes y den sus pasos adelante.
Los hijos, por su parte, no deben tener miedo al compromiso de construir un mundo nuevo: ¡es justo para ellos desear que sea mejor que el que han recibido! Pero esto se hace sin arrogancia, sin presunción. De los hijos es necesario reconocer el valor, y a los padres se les debe honrar siempre.
El cuarto mandamiento pide a los hijos --¡y todos lo somos!-- honrar al padre y a la madre. Este mandamiento viene justo después de los que se refieren a Dios. Después de los tres mandamientos que se refieren a Dios, viene este cuarto. De hecho contiene algo de sagrado, algo que está en la raíz de cualquier otro tipo de respeto entre los hombres.
En la formulación bíblica del cuarto mandamiento se añade: “para que se alarguen tus días en el país que el Señor tu Dios te da”. La unión virtuosa entre las generaciones es garantía de futuro, y es garantía de una historia realmente humana. Una sociedad de hijos que no honran a los padres es una sociedad sin honor, cuando no se honra a los padres se pierde el propio honor. Es una sociedad destinada a llenarse de jóvenes ávidos y codiciosos.
Pero, también una sociedad avara de generación, que no ama rodearse de hijos, que los considera sobre todo un preocupación, un peso, un riesgo, es una sociedad deprimida. Pensemos en muchas sociedades que conocemos aquí en Europa, son sociedades deprimidas porque no quieren hijos, no tienen hijos, el nivel de nacimiento no llega al 1 por ciento.

¿Por qué? Cada uno que lo piense y responda. Si se mira una familia generosa de hijos como si fuera un peso, hay algo que no va bien. La generación de los hijos debe ser responsable, como enseña también la encíclica Humanae Vitae del beato Papa Pablo VI, pero tener más hijos no se puede convertir automáticamente en una elección irresponsable. Es más, no tener hijos es una elección egoísta. La vita rejuvenece y adquiere energías multiplicándose: ¡se enriquece, no se empobrece! Los hijos aprenden a hacerse cargo de su familia, maduran en el compartir sus sacrificios, crecen apreciando sus dones. La experiencia feliz de la fraternidad anima al respeto y el cuidado de los padres, a quienes debemos nuestro reconocimiento.
Muchos de vosotros aquí tenéis hijos. Y todos somo hijos. Hagamos algo, un minuto, no nos alargamos mucho. Cada uno piense en su corazón en sus hijos, si los tiene. Piense en silencio.  Y todos pensamos en nuestros padres, y damos gracias a Dios por el don de la vida. En silencio, los que tienen hijos que piensen en ellos y todos pensamos en nuestros padres. (Momentos de silencio) Que el Señor bendiga a nuestros padres y bendiga a vuestros hijos.
Jesús, el Hijo eterno, hecho hijo en el tiempo, nos ayude a encontrar el camino de una nueva irradiación de este experiencia humana así de simple y así de grande que es ser hijos. En el multiplicarse de las generaciones hay un misterio de enriquecimiento de la vida de todos, que viene del mismo Dios. Debemos redescubrirlo, desafiando al prejuicio; y vivirlo, en la fe, en perfecta alegría.  
Y digo qué bonito es, cuando paso entre vosotros, y veo a los papás y las mamás que alzan a sus hijos para ser bendecidos. Este es un gesto casi divino. Gracias por hacerlo.

martes, 27 de enero de 2015

ORAR PARA HACER LA VOLUNTAD DE DIOS-PAPA FRANCISCO

8 h · 
HOMILÍA DEL MARTES: PIDAMOS AL SEÑOR LAS "GANAS" DE HACER SU VOLUNTAD
Es necesario orar a Dios y pedirle cada día la gracia de comprender su voluntad, la gracia de seguirla y la gracia de realizarla totalmente. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Las lecturas y el Salmo del día orientaron la reflexión del Papa sobre uno de los ejes de la fe: la “obediencia a la voluntad de Dios”.
Existía en un tiempo la ley hecha de prescripciones y prohibiciones, de sangre de toros y chivos, “sacrificios antiguos” que no tenían ni la “fuerza” de “perdonar los pecados”, ni de hacer “justicia”, explicó el Papa.
Después vino al mundo Cristo, que nos ha mostrado cuál es el “sacrificio” más agradable a Dios: el ofrecimiento de la propia voluntad para hacer la voluntad del Padre, como hizo Jesús muriendo en la cruz.
Voluntad de Dios, camino de santidad
Éste – afirmó Francisco –, “es el camino de la santidad del cristiano”: que “el plan de Dios sea realizado”, que “la salvación de Dios se cumpla”.
Lo contrario comenzó en el Paraíso, con la desobediencia de Adán, que trajo el mal a toda la humanidad. Los pecados son actos de desobediencia a Dios, de no hacer la voluntad de Dios.
En cambio, el Señor nos enseña que la obediencia al Padre es el camino, y que no hay ningún otro. "Y comienza con Jesús, sí, en el Cielo, en la voluntad de obedecer al Padre; pero en la tierra comienza con la Virgen: con Ella. ¿Qué le dijo al Ángel? “Que se haga lo que tú dices”, es decir que se haga la voluntad de Dios. Y con aquel “sí” al Señor, el Señor ha comenzado su recorrido entre nosotros".
Tantas opciones sobre la bandeja
“No es fácil”. El Papa repitió varias veces esta expresión refiriéndose al hecho de realizar la voluntad de Dios. No ha sido fácil para Jesús que – recordó – sobre esto fue tentado en el desierto, y también en el Huerto de los Olivos, con el corazón atormentado, aceptó el suplicio que le esperaba.
No fue fácil para algunos discípulos, que lo dejaron porque no entendieron lo que quería decir “hacer la voluntad del Padre”.
No lo es para nosotros, desde el momento que – notó Francisco – “cada día nos presentan tantas opciones sobre una bandeja”. De ahí que se haya preguntado: ¿Cómo hago para hacer la voluntad de Dios?”. Pidiendo “la gracia” de querer hacerla:
“¿Yo rezo para que el Señor me de ganas de hacer su voluntad, o busco compromisos porque tengo miedo de la voluntad de Dios? Y otra cosa: rezar para conocer la voluntad de Dios sobre mi vida, sobre la decisión que debo tomar ahora… tantas cosas. Sobre el modo de administrar las cosas… La oración para hacer la voluntad de Dios, y la oración para conocer la voluntad de Dios. Y cuando conozco la voluntad de Dios, también la oración, por tercera vez: para hacerla. Para cumplir aquella voluntad, que no es la mía, es la de Él. Y no es fácil”.
“Querer” la voluntad de Dios
El Papa Francisco resumió estos conceptos afirmando que “hay que rezar para tener ganas de seguir la voluntad de Dios, rezar para conocer la voluntad de Dios y rezar – una vez conocida esta voluntad – para ir adelante con la voluntad de Dios”:
“Que el Señor nos dé la gracia, a todos nosotros, que un día pueda decir de nosotros lo que dijo a aquel grupo, aquella muchedumbre que lo seguía, aquellos que estaban sentados en torno a Él, como hemos escuchado en el Evangelio: 'He aquí mi madre y mis hermanos. El que hace la voluntad de Dios, éste para mí es hermano, hermana y madre'. Hacer la voluntad de Dios nos hace ser parte de la familia de Jesús, nos hace madre, padre, hermana, hermano”.

lunes, 5 de enero de 2015

Gianuluca Murisciano

Conocé la historia de la foto que emociona al mundo entero

Un joven levantó en brazos a su abuela y su prima logró retratar ese momento. En esta nota te contamos la historia de sus protagonistas

Conocé la historia de la foto que emociona al mundo entero
Foto que emociona
ITALIA.- Gianuluca Murisciano, de 28 años, publicó una foto en su perfil de Facebook donde está con su abuela Antonia, de 87, en brazos y que emociona al mundo entero. Desde entonces recibió más de 400.000 "me gusta” y la imagen fue compartida 37.000 veces.

En un pie de foto que acompaña a la imagen Gianuluca escribió: "el mejor momento de mi vida aunque también desgarradoramente triste, con su Alzheimer por momentos me confunde con su hermano. Sin vergüenza ni miedos, sólo para recordar que la vida siempre debe ser vivida”.
 
La foto fue realizada en Año Nuevo: se había terminado la cena, a base de pescado, con los hijos y nietos de Antonia, que camina con fatiga por una reciente fractura en la cadera. Giancarlo la coge con ternura en brazos y mientras espera que la cama sea preparada se sienta sobre una silla, momento que su prima de doce años realiza la foto.
 
Sobre el gesto de la abuela en la foto, Giancarlo aclara que no está llorando, sino que es una expresión de pudor y desagrado por su propia debilidad, y al mismo tiempo de reconocimiento por no haber sido dejada nunca sola. "De día no está nunca sola y de noche mi madre duerme con ella", afirma Giancarlo.
 
La abuela Antonia, con tres hijos varones y dos mujeres, fue siempre el motor de la familia, y ahora son ellos los que se preocupan de ella. La foto, en la madrugada de Año Nuevo, habla del paso amoroso entre tres generaciones y está así cargada de gran simbolismo. No en vano está recibiendo aplausos y un sinfín de adhesiones, que hablan de amor, ternura y familia.
 
 
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miércoles, 10 de diciembre de 2014

“Estén siempre alegres” (Flp. 4,4) Mensaje de los obispos de la patagonia

“Estén siempre alegres” (Flp. 4,4)
Mensaje de los obispos de la Región Patagonia-Comahue para la Navidad 2014 (Diciembre de 2014)

Queridos hermanos y hermanas:

Llega la Navidad y queremos desearles lo que San Pablo en nombre de Dios nos in-vita insistentemente: “estén siempre alegres”. De verdad ese es el augurio que les deseamos.

1. Algunos nos dirán:
  • ¿cómo estar alegres si los hombres no logramos la reconciliación y la paz, no solo en la sociedad en que vivimos, sino también en el seno de nuestras familias?
  • ¿cómo estar alegres si nuestros hijos y nietos viven con escasas oportunidades de estudio y de trabajo?
  • ¿cómo vivir alegres si tantos niños, adolescentes, y jóvenes, padres, autoridades públicas y… tantos adultos son atrapados por el mundo de la droga?
  • ¿cómo estar alegres si la subsistencia de cada día depende de “una changa” que no siempre se encuentra, de un sueldo tan alejado del costo de vida, o de una vida subsidiada que empobrece la dignidad?
  • ¿cómo estar alegres si las noticias de cada día, y los medios de comunicación masi-vos ponen de relieve insistentemente hechos de violencia y de muerte?
  • ¿cómo estar alegres si las grandes explotaciones (frutícolas, mineras y petroleras) benefician a unos pocos y postergan a muchos?
  • ¿cómo estar alegres si muchas urgencias sociales no son recepcionadas por quienes tienen el deber de ocuparse de las mismas?

2. No desconocemos esta cruda realidad, la sufrimos y sabemos las consecuencias do-lorosas en la vida de muchos. Pero la historia no queda cerrada en este triste horizonte. Fe-lizmente, con muchos hombres y mujeres de ayer y de hoy, descubrimos que “la noche” de la Navidad, hace sentir el anhelo de un camino nuevo de esperanza y alegría.

No nos equivocamos si decimos que en la noche de Navidad había más oscuridad que cualquier noche. En esa noche María y José vivieron la experiencia dolorosa de no existir para nadie, “no había lugar para ellos” dice el evangelista. No eran tenidos en cuenta ni por las autoridades del Imperio Romano que los había convocado a Belén para un censo, ni por las organizaciones civiles y religiosas de la ciudad santa, ni por los vecinos,…. En ese desamparo total, enfrentaron lo que no podía esperar a “mañana”: el nacimiento de su hijo. Tuvieron que resolver con sus recursos lo urgente de ese momento, y resolverlo en la pobreza, lejos de tener lo imprescindible, llenos de inseguridades. Podríamos decir entonces que esa noche de Belén concentra plenamente las carencias y angustias de la humanidad y que son las de muchos de nosotros.

En esa oscuridad, el Evangelio trae una noticia sorprendente: “les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo” (Lc.2,10) . ¿Y cuál es esa Buena Noticia llena de esperanza y alegría? Un Salvador nos ha sido nacido, y Dios está con nosotros, ¡nunca más solos!.

En esta Navidad 2014 queremos reconocer con ustedes esta buena noticia: Dios se metió en nuestra historia, se hizo compañero de camino, sostén y fuerza, ‘descarguen, en-tonces, en Él todas sus preocupaciones porque Él se interesa por ustedes’ (1Pe 5,7)

3. Cada Navidad es inicio y camino de alegría porque:
  • En ese niño recién nacido está todo el Amor de Dios. La misericordia infinita de Dios sale a nuestro encuentro con toda su ternura para curar heridas, abrir caminos nuevos y dejar al descubierto con su luz, nuestras miserias y pecados. El pecado es la causa del mal. Somos pecadores, queremos reconocerlo, no esconderlo ni aceptarlo como “normal”. Situaciones que generan sufrimiento en muchos, tienen como raíz a personas concretas, a nosotros, que muchas veces vivimos encerrados en nuestros intereses, comodidades, y proyectando la vida sin importarnos los otros. La Navidad nos llama a dejarnos tocar por ese Amor, a convertirnos, para andar caminos nuevos de vida digna para todos. Aceptar el Amor y el perdón del Dios frágil de Belén es adentrarse en un camino de conversión, es “vencer el mal haciendo el bien” (Rom. 12,26).
  • En ese Niño recién nacido se pone de manifiesto que la verdadera alegría brota de poner nuestra vida al servicio del otro. María y José son los primeros en hacer suya esta Buena Noticia, y es así como unen sus vidas no para buscarse ellos mismos, sino para el Bien de su Hijo; no dan paso alguno sin buscar el Bien del uno hacia el otro, y de ambos para con su hijo Jesús, y en la oscuridad de lo que ese hijo signifi-caría para muchos, en especial para los humildes y ‘sencillos’. Desde la gruta de Belén podemos aprender que el camino de la alegría está más en dar que en recibir. Qué paradoja: Aquel que viene a dar a la humanidad todo lo que puede necesitar para su felicidad, se hace necesitado de los demás, y justamente en ese gesto nos enseña que el camino que sacia todos nuestros anhelos y búsquedas de felicidad está en brindarnos al otro olvidándonos de nosotros mismos. Cada Navidad nos propone entonces como camino seguro de alegría el vivir en familia, el vivir en comunión con los demás en el barrio, en el trabajo, en una comunidad cristiana, en un pueblo y en un país, ‘dándonos, ofreciéndonos para hacernos el Bien’. Vivir en comunión entrela-zando nuestras vidas para construir una historia de paz y dejar esta tierra –don de Dios- mejor de lo que la encontramos, más parecida al ‘cielo nuevo y la tierra nueva’ que esperamos.
4. Contemplemos en esta Navidad a la familia de Nazaret, a ese Niño que nos ha sido dado. El camino siempre es Cristo. Aceptando a Cristo sanamos con su perdón nuestras heridas, y reconocemos al otro como un don. Juntos renovemos los anhelos y el compromiso por la Paz. No lo dudemos, esto es posible y éste es el camino de la verdadera alegría.

Con un fraterno abrazo les deseamos feliz Navidad y que el Señor nos siga acompañando con su bendición en todo el próximo año 2015.

Diciembre del 2014

Mons. Virginio D. Bressanelli SCJ, obispo de Neuquén)
Mons. Fernando Croxatto, obispo Auxiliar de Comodoro Rivadavia
Mons. Marcelo A. Cuenca, Obispo de Alto Valle del Río Negro
Mons. Juan José Chaparro CMF, obispo de San Carlos de Bariloche
Mons. Miguel Ángel D’Annibale, obispo de Río Gallegos
Mons. Joaquín Gimeno Lahoz, obispo de Comodoro Rivadavia
Mons. Esteban M. Laxague SDB, obispo de Viedma
Mons. José Slaby C.Ss.R., obispo de la Prelatura de Esquel
Mons. Miguel E. Hesayne, obispo emérito de Viedma
Mons. Marcelo A. Melani SDB, obispo emérito de Neuquén
Mons. Néstor H. Navarro, obispo emérito de Alto Valle del Río Negro
Mons. José Pedro Pozzi SDB, obispos emérito de Alto Valle del Río Negro

martes, 16 de septiembre de 2014

VENDRIA BIEN-POR ANTONIO DE BERNARDIN

CAPAZ VENDRÍA BIEN.
Antonio De Bernardin.
Che, me dijo un vecino, vendría bien si anduviéramos juntos. Sí, claro, que vendría bien, vendría bien.
Un ramalazo de ética vendría bien. Un ventarrón de sinceridad. Un tanto de generosidad y capacidad de ver lo bueno del otro-a. Vendría bien reinventar la honra, sacarle el polvo que la hace antigua: la humildad de reconocerse en la propia dignidad, con los grandes méritos y las eternas debilidades. Un mazado de honorabilidad: actuar con respeto. Un vendaval de silencios, para escuchar a los otros, a Dios, a la naturaleza; a Dios presente en la naturaleza y en los otros y en mí mismo-a.
Vendría bien un sacudón de ternura, para abrazar entrañablemente. Un terremoto de aprecio, para rescatar la verdad y la justicia. Un espaldarazo de belleza, para descubrir que el universo late en la célula del agua, en el ojo del niño y en la yesca del herrero. Vendría bien, pero bien-bien-bien mirarse más a los ojos, eso sí. Dejar que acontezca lo trascendente en nuestra materia, amar nuestra corporeidad como espacio de los encuentros perdurables.
Vendría bien empezar a pensar que la vida no termina en la tranquera del patio, ni en la puerta de la casa, ni en la vereda de enfrente. ¡No! El mundo entero espera nuestro mensaje de dulzura y esperanza. La responsabilidad social y la propiedad privada vendrían bien en su equilibrio y medida y no en la asquerosa desproporción del amontonamiento. Además, por si acaso, vendría bien despegar el trabajo de la vida, darle a cada uno su lugar, hacer cada día algo bello, que nos guste hacer.
Vendría bien, por las dudas, por si mañana, por si los otros, y sobre todo, por si a nosotros, en un rincón de oscuridad, se nos apagaran las estrellas.

martes, 29 de julio de 2014

DECALOGO PARA SER FELIZ (PAPA FRANCISCO)


1)." Viví y dejá vivir " : Acá los romanos tienen un dicho y podríamos tomarlo como un hilo para tirar de la fórmula esa que dice: ‘Anda adelante y deja que la gente vaya adelante’. Viví y dejá vivir, es el primer paso de la paz y la felicidad.
2)." Darse a los demás ": “Si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta. Y el agua estancada es la primera que se corrompe.”
3)." Moverse remansadamente": “En Don Segundo Sombra hay una cosa muy linda, de alguien que relee su vida. El protagonista. Dice que de joven era un arroyo pedregoso que se llevaba por delante todo; que de adulto era un río que andaba adelante y que en la vejez se sentía en movimiento, pero lentamente remansado. Yo utilizaría esta imagen del poeta y novelista Ricardo Güiraldes, ese último adjetivo, remansado. La capacidad de moverse con benevolencia y humildad, el remanso de la vida. Los ancianos tienen esa sabiduría,son la memoria de un pueblo. Y un pueblo que no cuida a sus ancianos no tiene futuro.”
4)." Jugar con los chicos": “El consumismo nos llevó a esa ansiedad de perder la sana cultura del ocio, leer, disfrutar del arte. Ahora confieso poco, pero en Buenos Aires confesaba mucho y cuando venía una mamá joven le preguntaba: ‘¿Cuántos hijos tenés? ¿Jugás con tus hijos?’ Y era una pregunta que no se esperaba, pero yo le decía que jugar con los chicos es clave, es una cultura sana. Es difícil, los padres se van a trabajar temprano y vuelven a veces cuando sus hijos duermen, es difícil, pero hay que hacerlo.”
5)." Compartir los domingos con la familia ": “El otro día, en Campobasso, fui a una reunión entre el mundo de la universidad y el mundo obrero, todos reclamaban el domingo no laborable. El domingo es para la familia.”
6)." Ayudar a los jóvenes a conseguir empleo ": “Hay que ser creativos con esta franja. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo. El otro día leí, pero no me fío porque no es un dato científico, que había 75 millones de jóvenes de 25 años para abajo desocupados. No alcanza con darles de comer: hay que inventarles cursos de un año de plomero, electricista, costurero. La dignidad te la da el llevar el
7) " Cuidar la naturaleza ": “Hay que cuidar la creación y no lo estamos haciendo. Es uno de los desafíos más grandes que tenemos.”
8)." Olvidarse rápido de lo negativo ":“La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro. Olvidarse rápido de lo negativo es sano.”
9)." Respetar al que piensa distinto ": “Podemos inquietar al otro desde el testimonio, para que ambos progresen en esa comunicación, pero lo peor que
puede haber es el proselitismo religioso, que paraliza: ‘Yo dialogo contigo para convencerte’, no. Cada uno dialoga desde su identidad. La Iglesia crece
por atracción, no por proselitismo.”
10)." Buscar activamente la paz ": “Estamos viviendo en una época de mucha guerra. En Africa parecen guerras tribales, pero son algo más. La guerra destruye. Y el clamor por la paz hay que gritarlo. La paz a veces da la idea de quietud, pero nunca es quietud, siempre es una paz activa.”

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...