lunes, 3 de septiembre de 2018

HOMILIA Domingo Vigesimotercero del TIEMPO ORDINARIO cB (09 de septiembre de 2018)

Domingo Vigesimotercero del TIEMPO ORDINARIO cB (09 de septiembre de 2018) Primera: Isaías 35, 4-7a; Salmo: Sal 145, 7-10; Segunda: Santiago 2, 1-5; Evangelio: Marcos 7, 31-37 Nexo entre las LECTURAS Unos de las verdades de fe es que Dios es el liberador. La Liturgia de este Domingo es toda ella un mensaje de esperanza en Dios-Salvador. Este mensaje está especialmente señalado en los textos litúrgicos de este Domingo. Dios libera a los hombres de su dolorosa condición de desterrados (primera lectura) y lo hace como si estuviera viendo la salvación en presente. Dios en CRISTO libera a los hombres de sus enfermedades del cuerpo y del espíritu: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (evangelio). Nos dice Santiago que Dios libera al hombre, sin acepción de personas, a todos, porque todos, ricos o pobres, somos iguales delante de Dios (segunda lectura). Temas... El poder curativo de Dios para con nuestros males. El profeta Isaías consuela a su pueblo, en horas difíciles, y le asegura -con un lenguaje al que estamos más acostumbrados en las semanas del Adviento- que Dios va a infundir fuerza a los cobardes, y la vista a los ciegos, y el oído a los sordos, y el habla a los mudos, y aguas abundantes al desierto. El salmo amplía todavía más el campo de esta salvación que nos concede Dios, porque habla de los oprimidos y hambrientos, de los cautivos y peregrinos. Y nos invita a elevar a Dios nuestra alabanza agradecida: "Alaba, alma mía, al Señor". Estas palabras del profeta y del salmista nos preparan para escuchar cómo Cristo, en una de esas escenas breves, plásticamente contadas por san Marcos, cura a un sordomudo, y le devuelve el oído y el habla. ¡Cuántas veces aparece Jesús en el evangelio atendiendo a los enfermos, dedicándoles tiempo y ánimos, y curándoles milagrosamente! Con razón comentaba la gente: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos". Los planes de Dios son planes de salud y de vida. A la miseria humana responde su inmensa misericordia, que se nos ha manifestado sobre todo en Cristo Jesús, que tiende su mano a toda persona que sufre, para curarla y darle esperanza. Todavía hoy hay quienes anuncian que la salvación está en planes nuestros o en organizaciones horizontales, como si el bien del hombre fuera lo material, como si el hombre fuera solo materia y ésta de índole animal… san Marcos nos avisa que la salvación viene de Dios y que nuestra grandeza viene de ser imagen y semejanza de Dios… ¡confiemos en Él! ¡pongamos nuestra vida y la de todos en las manos de Dios! Nos cura a nosotros. Jesús nos tiene que curar también a nosotros, porque a veces somos sordos y mudos. No oímos lo que tendríamos que oír: la Palabra de Dios, o también las palabras de nuestros hermanos. Y no hablamos lo que tendríamos que hablar: en la alabanza a Dios y también en nuestras palabras de ayuda a los hermanos. En el rito del Bautismo hay un gesto -libre, pero expresivo-, el del "effetá", o "ábrete", en el que el ministro toca los labios y los oídos del bautizado, mientras dice: "el Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su palabra y proclamar la fe...". Un cristiano tiene que saber escuchar y saber hablar a su tiempo. Debemos escuchar y en ocasiones hablar. Ayudar a los demás. Desde hace dos mil años la Iglesia, la comunidad de los seguidores de Jesús, los discípulos-misioneros, no sólo se goza en ser curada por su fuerza sanadora, que sigue eficazmente presente en los sacramentos, sino que ha recibido el encargo de curar a los demás, de transmitirles esa misma fuerza salvadora. La comunidad cristiana -cada cristiano- debemos ser los signos vivientes de Cristo. La comunidad cristiana, con la Palabra evangelizadora, con los Sacramentos, tiene que ir comunicando esperanza y atendiendo a los pobres y a los que sufren, también con palabras de gozo y de esperanza (Evangelii Gaudium). Atendiendo a los muchos "sordos" y "mudos", los que no se han enterado todavía de la Buena Noticia del amor de Dios. A los que no encuentran voz para hacerse oír, como cuentan que hacía el Obispo Angelelli. Ser seguidores de Jesús no sólo es saber y creer cosas sobre Él, sino imitar su estilo de actuación en la vida. Sugerencias... Todo lo ha hecho bien. Con estas palabras reaccionó la multitud cuando se dio cuenta de que Jesús había curado al sordomudo. Son muchos, por lo demás, los textos evangélicos que relatan las obras buenas de Jesús en favor del hombre. De modo que san Pedro dirá de Jesús, en uno de sus discursos a los primeros cristianos, que "pasó haciendo el bien". San Juan Pablo II nos dice que "la caridad de los cristianos es la prolongación de la presencia de Cristo que se da a sí mismo". Sí, Cristo desea seguir haciendo el bien entre nosotros y en nuestros días mediante los cristianos. Cristo desea seguir liberando al hombre de las necesidades materiales, de las enfermedades, de las calamidades naturales, de los males espirituales mediante los cristianos. De verdad que es hermoso constatar la generosidad de tantos discípulos misioneros que socorren, en cualquier parte del mundo, a los más necesitados. Como discípulos misioneros, sería bueno hacernos algunas preguntas: ¿Hago todo el bien que puedo? ¿Busco que otros, singular o comunitariamente, hagan el bien? ¿Cuál es el tipo de bien que más me gusta hacer: el material, el espiritual, ambos? ¿Estoy convencido de que Cristo glorioso continúa presente entre los hombres haciendo el bien? Recordar, finalmente que hacer el bien desinteresadamente a los hombres es una manera de liberarlos.

miércoles, 15 de agosto de 2018

QUIEN SOSTIENE A QUIEN -LOS ANDES

https://losandes.com.ar/article/view?slug=relacion-historica-entre-iglesia-y-estado-en-la-argentina-quien-sostiene-a-quien

martes, 14 de agosto de 2018

La fe sin el fruto en la vida, una fe que no da fruto en las obras, no es fe. También nosotros nos equivocamos a veces sobre esto: 'Pero yo tengo mucha fe', escuchamos decir. 'Yo creo todo, todo...' Y quizá esta persona que dice eso tiene una vida tibia, débil. Su fe es como una teoría, pero no está viva en su vida. El apóstol Santiago, cuando habla de fe, habla precisamente de la doctrina, de lo que es el contenido de la fe. Pero ustedes pueden conocer todos los mandamientos, todas las profecías, todas las verdades de fe, pero si esto no se pone en práctica, no va a las obras, no sirve. Podemos recitar el Credo teóricamente, también sin fe, y hay tantas personas que lo hacen así. ¡También los demonios! Los demonios conocen bien lo que se dice en el Credo y saben que es verdad. (Cf. S.S. Francisco, 21 de febrero de 2014, homilía en Santa Marta)

HOMILIA Domingo Vigésimo del TIEMPO ORDINARIO cB (19 de agosto de 2018)

Domingo Vigésimo del TIEMPO ORDINARIO cB (19 de agosto de 2018) Primera: Proverbios 9, 1-6; Salmo: Sal 33, 2-3. 10-15; Segunda: Efesios 5, 15-20; Evangelio: Juan 6, 51-58 Nexo entre las LECTURAS Las lecturas de este Domingo se centran en el misterio de la Eucaristía: ¿(Qué o) Quién es ese misterio que se oculta tras las especies de pan y vino? La respuesta es amplia y maravillosa: Es Dios hecho Hombre que ha bajado del cielo (evangelio). Es la Sabiduría de Dios que nos invita a un banquete para adquirir inteligencia (primera lectura). Es el Hijo de Dios, que nos quiere hacer partícipes de su vida divina (evangelio). Es el Señor glorioso a quien la comunidad cristiana entona salmos, himnos y cánticos inspirados (segunda lectura). Temas... El misterio de la Eucaristía es real: "El que come mi carne y bebe mi sangre...". ¡Nada de simbolismos o de ideas ajenas a la realidad! ¡La carne y la sangre del hombre que les está hablando, de Jesús de Nazaret, del Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros! No es sólo recuerdo ni celebración, no es la encarnación de una idea bella y generosa, no es una fórmula mágica o un conjuro, es "la carne del hijo del hombre", es la humanidad y divinidad de Jesús de Nazaret la que se nos entrega en el pan y en el vino transubstanciado. ¡Qué sobrecogimiento, pero también qué gozo! Uno tiembla de estupor ante un alimento tan sublime que se nos da de un modo tan sorprendente y empequeñecido. Uno goza y exulta lleno de júbilo ante esta invención tan indecible y propiamente divina, como es la Eucaristía. ¿Quién sino Dios pudo inventar tan gran misterio? Misterio de Fe. Después de la consagración del pan y del vino el sacerdote dice: "Este es el sacramento de nuestra fe" y respondemos "anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, VEN, Señor Jesús". Misterio de fe y misterio de salvación. ¡Maravilloso compendio de la Eucaristía! Sólo por fe estamos ayudados para descubrir en el pan eucarístico la presencia de Cristo, Sabiduría de Dios. Es Dios y a quien de Él se alimenta le hace partícipe de esa la misma Sabiduría divina, "que está más allá de toda capacidad humana" y que le permite conocer los misterios de Dios (primera lectura). Sólo la fe nos conduce a descorrer el velo de las especies, de pan y vino, para ver a Cristo, Hijo de Dios, y Señor glorioso del tiempo y de la historia, de la humanidad y de la creación entera (evangelio, segunda lectura). Sólo la mirada de fe penetra en el misterio de muerte y resurrección que se verifica cuando el sacerdote consagra el pan y el vino para la remisión de nuestros pecados, y la redención integral de nuestra pobre existencia. Misterio de amor y misericordia. La Eucaristía es el último y supremo gesto de amor que Dios se inventó en favor de la humanidad. En el evangelio Jesús nos dice: "El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él... el que me coma, vivirá por mí". Fórmulas que en otras palabras nos hablan de permanecer en el Amor, ser poseídos por el Amor, vivir por el Amor. En la medida en que la creatura humana ha experimentado un amor que no sea puramente sensible y ha sido elevada a otras formas del amor, estará mejor preparada para captar más fácilmente el amor de Cristo Eucaristía. Un Amor, presente en el pan eucarístico, que la asamblea cristiana celebra y adora en la liturgia dominical con cantos y con himnos de alabanza y acción de gracias (segunda lectura). El Amor merece ser celebrado públicamente para que se nos contagie a todos y para testimoniarlo a los demás. Sugerencias... La Eucaristía es uno de los sacramentos de la iniciación cristiana. Es conveniente subrayar la importancia de la catequesis preparatoria a la recepción de este sacramento. Catequesis de quienes van a comulgar por primera vez y la catequesis a los catecúmenos adultos que se preparan para ese encuentro maravilloso con Cristo, Sabiduría de Dios, Hijo de Dios, Señor de la historia. ¡Cuán necesaria es una catequesis integral! Completa, porque toma parte en ella toda la comunidad parroquial: el párroco, los animadores de la catequesis, la familia, los padres, los docentes, etc. Plena, sobre todo, porque se trata de una catequesis que envuelve la integridad de la persona (sea niño o adulto). Se requiere indudablemente el conocimiento completo –y adaptado– de la doctrina católica sobre la Eucaristía. Pero es necesario además que la catequesis abarque la dimensión cultual y litúrgica de la Eucaristía, con lo que ello significa de adoración y de acción de gracias. Es igualmente necesario que el catequizando perciba y se convenza de las consecuencias morales que la recepción de la Eucaristía comporta. Si Jesucristo se convierte en el principio vivificador de nuestra existencia mediante la Eucaristía, ¿será posible vivir de modo diverso y opuesto a como Él vivió entre nosotros? Cuando al recibir la comunión el discípulo misionero, a las palabras del sacerdote: "El cuerpo de Cristo", responde con un "Amén", está declarando: 1) Creo que eso que veo bajo las especies de pan es el Cuerpo y Sangre y Alma y Divinidad de Cristo, y quiero alimentarme con Él; 2) Creo que Cristo viene a mí para purificarme y para fortalecerme en las luchas diarias de la vida y darme la Vida. El culto a la Eucaristía. En la Iglesia católica la Eucaristía se celebra, pero también se conserva en el Sagrario para que los fieles puedan rendirle culto fuera de la celebración de la Misa. Hemos de hacer hincapié los católicos al culto eucarístico, porque quizá ha disminuido entre los fieles y porque son muchos los beneficios que aporta. Las formas de culto son varias: culto individual mediante visitas a Cristo en la Eucaristía; culto comunitario mediante horas eucarísticas, adoración durante el día, procesiones con el Santísimo Sacramento, y otras formas de devoción. Las formas pueden cambiar, lo que ha de permanecer siempre es el deseo ardiente de adorar a nuestro Salvador, reparar su corazón de las ofensas que recibe, expresarle nuestro agradecimiento y nuestro amor y el vivo anhelo de que todos los hombres le amen y encuentren en Él su camino de salvación. Cristo Eucaristía ordena las costumbres, forma el carácter, alimenta las virtudes, consuela a los afligidos, fortalece a los débiles, invita a la imitación a todos los que se acercan a Él. María, Madre del amor hermoso, ruega por nosotros.

lunes, 6 de agosto de 2018

HOMILIA Domingo Decimonoveno del TIEMPO ORDINARIO cB (12 de agosto de 2018)

Domingo Decimonoveno del TIEMPO ORDINARIO cB (12 de agosto de 2018) Primera: 1Reyes 19, 4-8; Salmo: Sal 33, 2-9; Segunda: Efesios 4, 30–5, 2; Evangelio: Juan 6, 41-51 Nexo entre las LECTURAS… Temas... La Liturgia nos muestra, hoy, la eficacia, el poder, la gracia y la riqueza de la Eucaristía. - «Levántate y come». De nuevo encontramos en el evangelio una parte del discurso en el que Jesús promete la Eucaristía a los suyos, y en la primera lectura una maravillosa imagen veterotestamentaria que la prefigura. El profeta Elías está a punto de desfallecer física y espiritualmente: todo lo que ha hecho le parece inútil, sólo desea la muerte. Entonces se le ofrece, en medio del desierto, un alimento milagroso: un pan cocido y una jarra de agua. Y este maravilloso don se le impone: debe comer, pues de lo contrario no podrá soportar el largo camino que resta hasta el monte del Señor «Con la fuerza de aquel alimento», pudo caminar «durante cuarenta días y cuarenta noches». Cuando Elías está a punto de sucumbir, cuando cree que ha llegado el final, la comida que Dios le ofrece le hace capaz de convertir este final en un nuevo comienzo. No por propia iniciativa, sino por obediencia. Pero lo que Jesús ofrece en el evangelio y exige desde entonces es mucho más. Lo que le aconteció al profeta debe ayudarnos a ver el don y la exigencia de Jesús como algo no imposible. - «El pan que yo daré es mi carne». Jesús dice que Él es el verdadero pan del cielo (en lugar del maná). Pero ¿quién puede creerse esto cuando todo el mundo conoce a su padre y su madre, que demuestran que no procede del cielo? Jesús no remite aquí a sí mismo, a sus palabras y a sus milagros, sino al Padre. Al Dios en el que hay que creer y que conduce, a los que escuchan lo que dice y aprenden verdaderamente de él, al Hijo. A ese Hijo que es el único que conoce verdaderamente al Padre, el único que puede revelar su esencia y llevar a su vida eterna. El maná, al que habían aludido los judíos, en modo alguno podría revelar al Padre como vida eterna, pues los que lo comieron murieron. Pero ahora que el Padre lleva al Hijo y el Hijo lleva al Padre, ahora que el Padre se da a sí mismo en el Hijo (pues todos los que reciben al Hijo serán instruidos por Dios) y que el Hijo en su autodonación revela el amor del Padre, la muerte terrena no tiene ya poder ni significación alguna, «la vida eterna» es infinitamente superior a la muerte corporal. Y para que todas estas palabras no sean consideradas por sus oyentes como una pura fantasía espiritual, Jesús declara para terminar: «El pan que yo daré es mi carne». Este cuerpo, que cuando sea entregado se convertirá en pan para la vida del mundo, es tan realmente palpable como realmente palpables fueron para Elías el pan cocido y la jarra de agua que aparecieron milagrosamente a su lado en el desierto. - «Sean, pues, imitadores de Dios». De nuevo Pablo, en la segunda lectura, saca las consecuencias del milagro eucarístico para los cristianos. Al igual que Cristo «se entregó por nosotros como oblación» por amor, así también su actitud eucarística debe convertirse en el ‘leitmotiv’ de la vida cristiana, en la imitación del amor de Dios; y esta imitación no puede consistir sino en el amor mutuo, la misericordia y el perdón. De este modo los «hijos queridos de Dios» se convierten los unos para los otros en una especie de viático eucarístico, en algo semejante al pan cocido y a la jarra de agua que se materializan de improviso para nuestro prójimo en medio del desierto de nuestra vida. - Cuando en el corazón del hombre habita Jesucristo, haciéndole partícipe de su propia vida divina mediante el Pan de la Palabra y de la Eucaristía, entonces "ya no soy yo quien vivo -por usar palabras de san Pablo-, es Cristo quien vive en mí". El pan que da la vida de Cristo al discípulo-misionero, es también el pan que hace vivir a todos (Aparecida)… hace vivir al hombre desanimado, infundiéndole razones para vivir; hace vivir al hombre desorientado, abriéndole horizontes de futuro y esperanza; hace vivir al hombre descarriado enderezando sus pasos por el camino del amor para ser como Jesús un pedazo de pan para sus hermanos los hombres; hace vivir al hombre desesperado de la vida mostrándole que es bello entregarse a Dios y a los demás, con Jesucristo, como oblación y víctima de suave aroma (Laudato Si’ 220 y 222). Ese pan divino nos da la vida, nos hace vivir y además nos enseña el arte de vivir. Arte que consiste en ser grano de trigo que muere, se pudre, revive, se convierte en espiga… es triturado para llegar a ser harina, es amasado y puesto al fuego (Espíritu Santo) para convertirse en pan dorado (Iglesia-Liturgia) para saciar el hambre de Dios que tienen tantos hombres. Sugerencias... Los frutos de la Eucaristía (Palabra y Sacrificio). De forma sencilla y muy rica el Catecismo de la Iglesia habla de los frutos de la comunión. Son extraordinarios. En primer lugar, la Eucaristía acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibiendo la comunión, recibimos al mismo Cristo y estrechamos nuestros lazos de amor y de unión con él. Todas las almas enamoradas de Jesucristo saben lo que esto significa. En segundo lugar, la Eucaristía nos separa del pecado, a nosotros que tan fácilmente nos vemos inclinados a él. Cristo Eucaristía (Palabra y Sacrificio) borra nuestros pecados veniales, haciéndonos capaces de romper los lazos desordenados con las criaturas. Cristo Eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales, porque nos hace experimentar la dulzura de su amistad. Cristo Eucaristía nos hace Iglesia, es decir, nos da conciencia de estar unidos en la fe de la Iglesia y de ser todos hermanos porque todos nos alimentamos con un mismo Pan. Cristo Eucaristía nos pide un compromiso en favor de los pobres (Papa Francisco, catequesis de los miércoles), para demostrar con la vida nuestra fraternidad y para hacer visible entre los hombres que el amor a Dios y a Jesucristo no sólo no nos exime, sino que nos obliga a amar a los más necesitados. Cristo Eucaristía es, finalmente, prenda de la gloria futura o, como dice san Ignacio de Antioquía, remedio de inmortalidad. Es de mucha utilidad y hace bien a los fieles que podamos compartir estas verdades y este Amor Grande (Evangelii Gaudium), especialmente a los niños y jóvenes, los frutos de la Eucaristía con palabras llanas, claras, eficaces. Una buena homilía es la mejor manera para fomentar una frecuente y fructuosa recepción del Cuerpo de Cristo. Eucaristía y fe. La Eucaristía no da frutos de modo automático, aunque su eficacia provenga no del hombre, sino del sacramento. Como todo don divino fructifica sólo en la tierra de la fe y del amor. Si somos pobres de fe y de amor, pidamos al Señor que acreciente en nosotros las virtudes teologales. Si tenemos dudas sobre los frutos de la Eucaristía, pidamos la gracia y estemos seguros de que Dios acrecentará nuestra fe y nuestro amor para hacernos florecer y fructificar en bien de todos. La Eucaristía tiene en sí toda la fuerza de Dios, somos nosotros con nuestra pequeñez, con nuestro orgullo, con nuestra poca fe los que impedimos a la fuerza de Dios que se manifieste en nuestras vidas. Digamos al Señor con toda el alma: "Señor Jesús, creo en tu presencia en la Eucaristía, aumenta mi fe", "Señor Jesús, te amo en la Eucaristía, aumenta mi amor". Pidamos al Señor una fe y un amor gigantes, para que en nuestra vida se haga verdad la eficacia de la Eucaristía y así ser testimonio vivo de esa eficacia en nuestro ambiente de familia y de trabajo. Es éste también un momento muy propicio para examinar nuestro fervor eucarístico, cómo participamos en la Misa, cómo y con qué frecuencia recibimos a Jesucristo en la comunión, qué resonancia tiene la comunión en nuestra conducta diaria. María, Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, ruega por nosotros.

jueves, 26 de julio de 2018

SANTOS JOAQUIN Y ANA - DIA DE LOS ABUELOS

San Joaquín y Santa Ana, Memoria. MEDITACIÓN Hoy la Iglesia celebra a los padres de la Virgen María, los abuelos de Jesús: los santos Joaquín y Ana. En su casa vino al mundo María, trayendo consigo el extraordinario misterio de la Inmaculada Concepción; en su casa creció acompañada por su amor y su fe; en su casa aprendió a escuchar al Señor y a seguir su voluntad. Los santos Joaquín y Ana forman parte de esa larga cadena que ha transmitido la fe y el amor de Dios, en el calor de la familia, hasta María que acogió en su seno al Hijo de Dios y lo dio al mundo, nos los ha dado a nosotros. ¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe! Refiriéndome al ambiente familiar quisiera subrayar una cosa: hoy, en esta fiesta de los santos Joaquín y Ana, se celebra, tanto en Brasil como en otros países, la fiesta de los abuelos. Qué importantes son en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad. Y qué importante es el encuentro y el diálogo intergeneracional, sobre todo dentro de la familia. El Documento conclusivo de Aparecida nos lo recuerda: “Niños y ancianos construyen el futuro de los pueblos. Los niños porque llevarán adelante la historia, los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida” (n. 447). Esta relación, este diálogo entre las generaciones, es un tesoro que tenemos que preservar y alimentar. En estas Jornadas de la Juventud, los jóvenes quieren saludar a los abuelos. Los saludan con todo cariño. Los abuelos. Saludemos a los abuelos. Ellos, los jóvenes, saludan a sus abuelos con mucho afecto y les agradecen el testimonio de sabiduría que nos ofrecen continuamente. Y ahora, en esta Plaza, en sus calles adyacentes, en las casas que viven con nosotros este momento de oración, sintámonos como una gran familia y dirijámonos a María para que proteja a nuestras familias, las haga hogares de fe y de amor, en los que se sienta la presencia de su Hijo Jesús. VIAJE APOSTÓLICO A RÍO DE JANEIRO. CON OCASIÓN DE LA XXVIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD. PAPA FRANCISCO. ÁNGELUS / LA HORA DE MARÍA. Balcón del Palacio arzobispal, Río de Janeiro. Viernes 26 de julio de 2013

lunes, 23 de julio de 2018

Por Jesús M. Silveyra Escritor* Madagascar es una isla (la cuarta en tamaño del mundo), que se encuentra en el Océano Índico, a unos cuatrocientos kilómetros frente a Mozambique. Esta ex colonia francesa, que alcanzó su independencia en 1960, tiene una población de 25 millones de habitantes. Ubicado entre los diez países más pobres del mundo, con el 71% de la población debajo de la línea de pobreza y tres cuartas partes que vive con menos de 500 dólares al año, tiene el cincuenta por ciento de los niños mal nutridos y el cincuenta y uno por ciento tiene problemas de acceso al agua potable. Cifras del Banco Mundial que hablan por sí solas del nivel de marginalidad y pobreza. El misionero de la Congregación de San Vicente de Paul, Pedro Pablo Opeka, en 1970, con tan sólo veintidós años de edad, llegó por primera vez a la isla. Este sacerdote argentino, hijo de eslovenos (que emigraron a nuestro país luego de la segunda guerra mundial), comenzó así una historia de vida consagrada a los pobres que se extendería por más de cuarenta años de estancia en Madagascar. Luego de dos años de misión en el sur de la isla, viajó a Europa para completar sus estudios teológicos y en 1975 fue ordenado sacerdote en la Basílica de Luján, para retornar definitivamente y hacerse cargo de una parroquia en el sur de la isla. Desde muy chico aprendió el oficio de albañil de su padre y durante los quince años que pasó en aquél perdido lugar no sólo se ocupó de la formación de cientos de grupos de jóvenes (tanto en la espiritualidad como en el deporte, ya que Pedro era un eximio jugador de fútbol), sino que construyó escuelas, dispensarios e iglesias. En 1989, con su salud quebrantada por el paludismo (malaria), fue elegido para hacerse cargo del seminario en Antananarivo, la capital del país. El primer impacto que le produjo la ciudad fue la miseria circundante: gente viviendo en las calles y en los basurales de los suburbios en condiciones infrahumanas, donde los niños peleaban con los cerdos por un trozo de comida. Fue en ese momento que Pedro se dijo: “tengo que hacer algo, esta gente no puede vivir así, Dios no lo quiere, son los hombres los que lo permiten”. Así, según me diría: “cuando más débil me sentía, actuó más fuerte la Providencia”. Una mañana, a mediados de 1989, Pedro fue a las colinas de Ambohimahitsy, donde la gente vivía en casas de cartón próximos al basurero municipal, en un estado que describiría como de un verdadero “infierno”. La violencia, prostitución, el consumo de drogas y el alcoholismo, eran moneda corriente para aquella gente que repartía su vida entre los vicios, la mendicidad y el cirujeo en los basurales. “Un hombre me hizo pasar a su casucha de cartón de un metro veinte de altura”. Allí dentro, frente a un pequeño grupo, Pedro les dijo: “Si están dispuestos a trabajar, yo los voy a ayudar”. Y la gente aceptó la propuesta, dando comienzo “una historia de amor o aventura divina para salir de la pobreza”, como la definiría el padre Opeka. Con la colaboración de un grupo de jóvenes universitarios, nació la Asociación Humanitaria Akamasoa (que en lengua malgache significa: “Los buenos amigos”). Pedro consiguió tierras fiscales y ayuda económica para comprar materiales, alimentos, herramientas y semillas. Un grupo de las familias fue trasladado al campo para iniciar una nueva vida, naciendo así el primer pueblo de la Asociación, al que llamaron: “Don del creador”. Con las restantes familias que permanecían en los suburbios de la capital, iniciaron la construcción del segundo pueblo, llamado Manantenasoa (“Lugar de Esperanza”), comenzando a explotar una cantera y a levantar viviendas dignas para la gente. Hoy, luego de veintisiete años de intenso esfuerzo, los números reflejan los resultados obtenidos. Más de veinte mil personas viven en los cinco pueblos de la Asociación. Miles de chicos asisten a las escuelas y otros miles de personas trabajan en las distintas actividades de Akamasoa que van desde la explotación de canteras, fabricación de muebles y artesanías, hasta la prestación de los servicios comunitarios: educación, salud, y mantenimiento. Cada pueblo cuenta con su dispensario y tienen un hospital. Asimismo, desde su fundación más de quinientas mil personas han pasado por su Centro de Acogida, donde reciben ayuda temporal y son encaminados a reorientar sus vidas. A mediados de 2004, viajé al lugar para escribir un libro sobre la vida del padre Opeka. Su personalidad me impactó desde el primer momento, lo mismo que le ha ocurrido a quienes lo han propuesto varias veces para el “Premio Nobel de la Paz”. Pedro es un líder nato que combina valentía con dulzura, porque como dice él “ambas van de la mano”. A su condición de sacerdote misionero, agrega las de deportista, constructor y filósofo de la promoción social. “El asistencialismo, cuando se vuelve permanente (excepto en los casos de ancianidad, niñez o incapacidad) termina convirtiendo en dependiente al sujeto de la asistencia y Dios vino al mundo para hacernos libres, no esclavos”. Según Pedro, no existe una receta única para salir de la pobreza. “Se sale con el corazón y la voluntad, con el trabajo duro y el esfuerzo”. Para él, la única forma de que los pobres y excluidos recuperen su dignidad es “a través del trabajo y la educación”. De allí que en Akamasoa todo esté centrado en ello. El gran secreto de esta obra humanitaria, ha sido saber canalizar los recursos recibidos en obras concretas y perdurables en el tiempo, generando, a la vez, fuentes de empleo para los habitantes de los pueblos, pero sin cerrar la comunidad. De allí que muchos de los miembros de Akamasoa trabajen fuera de la Asociación y que miles de niños y enfermos venidos de afuera sean atendidos y educados por ellos. “Lo que ocurre en muchos países en vías de desarrollo es que los recursos disponibles para la acción social son mal utilizados por el Estado”, afirma Pedro. En cambio, en Akamasoa, cada donación que ingresa tiene un destino prefijado y controlable por parte de sus benefactores. El objetivo es ser autosustentables y es lo que impulsa a toda la comunidad a vivir en la esperanza basada en los resultados obtenidos, donde cada piedra, puerta, habitación, sala o techo, ha sido cimentada por el propio esfuerzo de los habitantes del proyecto. “Hay que combatir el asistencialismo hasta en la propia familia. Porque si no, no dejamos crecer a los hijos y los acostumbramos a recibir todo de los padres. Asistir a alguien sin ninguna exigencia es matarle su espíritu de iniciativa". Pedro apuesta fundamentalmente a las nuevas generaciones nacidas y educadas en Akamasoa. Ellos son la mejor prueba de que salir de la pobreza es posible si al ser humano se le dan oportunidades y herramientas para lograrlo. “Prefiero que un día me echen de aquí por haberlos hecho trabajar, a que me levanten un monumento diciendo que el padre era muy bueno y nos daba todo sin exigirnos nada a cambio”. (*) El autor es escritor del libro “Un viaje a la Esperanza”, sobre la obra de Pedro Opeka (editado por Lumen).

HOMILIA Domingo Decimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cB (29 de julio de 2018)



Domingo Decimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cB (29 de julio de 2018)
Primera: 2Reyes 4, 42-44; Salmo: Sal 144, 10-11. 15-18; Segunda: Efesios 4, 1-6; Evangelio: Juan 6, 1-15
Nexo entre las LECTURAS
Uno de los principios básicos de la fe cristiana es la "sobreabundancia" del amor de Dios para con el universo y particularmente para con el hombre. Este principio predomina como tema en los textos litúrgicos. En la primera lectura, a Eliseo le son suficientes veinte panes para alimentar a cien hombres. Jesucristo, por su parte, en el evangelio sacia el hambre de 5000 personas con cinco panes y dos peces y, además, "recogieron doce canastos llenos de trozos de pan y de lo que sobró del pescado". Finalmente, en la segunda lectura, la unidad de la comunidad cristiana (Iglesia) es fruto sobreabundante del amor de Dios que llega a todos en cualquier lugar donde nos encontremos.
Temas...
El obrar divino. Si repasamos la obra de Dios, la cosa más sorprendente es precisamente la prodigalidad divina con la creación y particularmente con el hombre. Una prodigalidad que podría parecer excesiva, si la medimos con criterios humanos. Los conocimientos astronómicos actuales (el hombre llegó con una maquina a Plutón) nos permiten maravillarnos mucho por la generosidad de Dios con la creación. No menor admiración provocan los estudios sobre el microcosmos de los cuerpos, en especial del cuerpo humano y los avances de la medicina para ayudar al bienestar verdadero del ser humano (Laudato Si). ¿No es acaso cada célula, cada neurona del hombre un prodigio de generosidad divina? Por otra parte, el principio que ha regido la acción divina en la creación, ha sido igualmente el principio rector de su actuación histórica. Como nos dice san Pablo, "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". La historia, con todas y cada una de sus intrincadas vicisitudes, es la historia del pecado humano, pero mucha más es la historia de la sobreabundancia de la misericordia divina (Misericordiae Vultus). Dios fue sobreabundante en su misericordia con el género humano en Noé, con el pueblo de Israel en Abrahán, con la monarquía israelítica en David, con la humanidad entera en Jesucristo redentor. La sobreabundancia del pan, en las lecturas de este Domingo, es una expresión más de esta verdad.
La sobreabundancia divina. Es bueno que quede claro que la sobreabundancia proviene de Dios y que el hombre es instrumento. Porque, como en el caso de Eliseo y de Jesús, Dios parte de lo que le ofrecen, no crea el pan, sino que lo multiplica. Dios puede partir de dos, de cinco o de veinte (la cantidad no importa mucho a Dios), pero ha querido partir de algo. ¡Es hermoso este querer de Dios! Como es igualmente estupendo que Dios quiera la mediación de los hombres a la hora de distribuir su sobreabundancia. No lo hace directamente. Yahvéh se sirvió de la mediación de Eliseo y éste a su vez de la de un hombre de Baal Salisá. Jesucristo medió la sobreabundancia de Dios y a su vez los apóstoles mediaron entre Jesús y la multitud. Todo cristiano, pero sobre todo el Presbítero, es mediador de la generosidad de Dios para con los hombres. ¡Maravilla de la gracia! ¡Reclamo a la generosidad y a la responsabilidad! Recemos por nuestros sacerdotes y por el aumento de las vocaciones sacerdotales.
Los destinatarios de la sobreabundancia divina. La sobreabundancia divina está destinada "a la gente" (primera lectura), "a un gran gentío, venido de todos los pueblos" (evangelio), especialmente a los ‘marginales’ (Papa Francisco). Dios muestra su sobreabundancia también en el destino de la humanidad: no unos cuantos privilegiados, sino todos. Absolutamente nadie está excluido del "pan" divino. Sólo quien no lo acepta, por estar saciado por otros "panes" o por presunción ya que el pan de Jesús es el pan de todos, especialmente de los pobres, de la gente ‘común’. Ese pan divino es su Palabra de vida, que vivifica a quien lo recibe; es el pan de la caridad (el cristiano que mediante su caridad se convierte en pan para los demás) que satisface las necesidades vitales elementales de todo ser humano, es sobre todo el pan de la Eucaristía, prefigurada en la multiplicación de los panes como nos enseña el catecismo (CIC 1335). La sobreabundancia divina es el supremo igualador del hombre; suprime toda diferencia, porque no hay quién no esté necesitado de la generosidad de Dios.
Sugerencias...
El pan que nos une. Sociológicamente hablando, el pan es un factor de igualdad y de unión. Hay una gran variedad de pan, y cada país tiene sus formas propias de hacerlo, pero es pan para todos y lo es por igual. En la mesa del rico o del pobre, en la de un tunecino o en la de un colombiano, en la de un banquero o en la de un albañil ‘hay siempre’ pan; ese pan que es fruto de la tierra y del trabajo del hombre. Pero en nuestro mundo actual, ¿no hay mesas, no hay manos sin pan? No debería haberlas, porque la sobreabundancia de pan es grande. Sin embargo, las hay. ¿Quién de nosotros no tiene en su recuerdo esos ojos grandes, como dos hogazas, de niños hambrientos que imploran clemencia, que suspiran por un pedazo de pan? ¿Será posible que el pan que nos une se convierta en el pan que nos separa? (X Congreso Eucarístico Nacional)
El pan que nos une es sobre todo el pan eucarístico: el Cuerpo de Cristo. Ese pan maravilloso que evidencia en la historia la sobreabundancia del amor de Cristo hacia los que creen en Él. Ese Pan se nos ofrece a todos los creyentes, día a día, semana tras semana, en la misma mesa: el Altar del sacrificio redentor. Y rezamos con asombro: ¿por qué los hombres, tan hambrientos de lo espiritual, no se acercan con más frecuencia a ese "Pan divino y gracioso", que los puede saciar?
Memoria y esperanza. La sobreabundancia del pan es "memoria" de los prodigios realizados por Dios con los israelitas durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto en que les dio a comer el maná, "pan de ángeles". Es necesario recordar, para agradecer, para estar seguros que Dios sigue obrando prodigios también entre nosotros, dándonos el pan de su Palabra y de su Eucaristía. Pero además de recordar hay que esperar. Esperar que Dios lleve a cabo maravillas aún mejores. Después del éxodo de Egipto Moisés inaugura la pascua judía, Jesús inaugura la pascua cristiana, prefigurada en la multiplicación de los panes. El monte Sinaí es reemplazado por el monte al que Jesús se retira a orar. A los israelitas el mar les abrió un camino para que lo atravesaran, Jesús camina en la noche sobre la superficie de las aguas del mar de Galilea. Moisés se retiró a la soledad para recibir de Dios el decálogo, Jesús se retiró a la soledad para mantener la fidelidad a su misión y defenderse de todo triunfalismo político. Discípulos-misioneros, hagamos memoria del pasado para agradecer, pedir perdón. Pero sobre todo mirar con confianza hacia el futuro para consagrarlo al Señor y vivirlo con la esperanza que no defrauda.
María, Virgen de la esperanza, ruega por nosotros.

martes, 10 de julio de 2018

HOMILÍA Domingo Decimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cB (15 de julio de 2018)

Domingo Decimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cB (15 de julio de 2018)
PrimeraAmos 7, 12-15; Salmo: Sal 84, 9ab. 10-14; Segunda: Efesios 1, 3-14; Evangelio: Marcos 6, 7-13
Nexo entre las LECTURAS
El punto de encuentro de las lecturas ES LA MISIÓN. El evangelio habla de la misión que Jesús da a los Doce: "Comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos". El profeta Amós, en la primera lectura, subraya que profetiza, no por voluntad o iniciativa personal, sino "el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: 'Ve a profetizar a mi pueblo Israel'". El himno cristológico de la carta a los efesios (segunda lectura), canta los frutos de la misión en la conciencia de los cristianos: la bendición de Dios Padre, la elección en Cristo, la adopción filial, la redención y el perdón de los pecados, la revelación de los designios de Dios sobre la historia, el bautismo en el Espíritu Santo.
Temas...
La misión en la Iglesia-comunión. La eclesiología del Vaticano II ha resaltado la concepción de la Iglesia-comunión; y esta concepción de la Iglesia se va desarrollado notablemente entre nosotros. La Iglesia comunión es Iglesia en misión, en salida (Francisco). En las palabras y enseñanzas de Jesús encontramos ambas: "Padre, que todos sean uno..." (Jn 17, 21); "esto les mando que se amen unos a otros" (Jn 15,17), por una parte; y por otra, "Eligió a Doce para enviarlos a predicar" (Mc 3, 14); "Comenzó a enviarlos de dos en dos" (Mc 6, 7); "Vayan y prediquen" (Mt 28,19). En la comunión eclesial debe prevalecer el bien supremo de toda la Iglesia, sobre el bien particular de una Iglesia local. La comunión dentro de cada Iglesia local pide igualmente un marcado sentido de misión y un notable espíritu misionero para evangelizar y promover la evangelización de los fieles cristianos. La Iglesia comunión nos ayuda a comprendernos discípulos-misioneros para gloria y alabanza de la Santísima Trinidad.
Misión de Jesús - Misión de la Iglesia. El evangelista Marcos pone de relieve que la misión de los Doce (ahora, de la Iglesia) es la misma misión de Jesús. En efecto, en Mc 6,13 nos dice que los Doce "predicaban la conversión, expulsaban demonios, curaban". Esto corresponde a la misión de Jesús: "Conviértanse y crean en el evangelio" (Mc 1, 15); "había curado a muchos, y cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarlo" (3, 10) y finalmente "se fue a predicar en sus sinagogas por toda Galilea, expulsando los demonios" (Mc 1, 39). De los Doce se añade que "ungían a los enfermos con aceite". Se trata quizás de una referencia a la costumbre entre los primeros cristianos de la "unción de los enfermos en nombre del Señor, por parte de los presbíteros de la Iglesia", como exhorta la carta de Santiago en 5, 14. Por medio de todas esas acciones Jesús primero, y luego los Doce, nos mostraron los signos reveladores de la presencia del Reino de Dios entre los hombres.
Características de la misión. 1) Se pide a los Doce -y a todos los hombres en misión- la comunión (de dos en dos), la pobreza (no tomar nada para el camino, excepto un bastón), la coherencia en una conducta humilde (quedarse en la casa, sin buscar mejores...), en libertad de espíritu (si en algún sitio no los reciben, salgan y sacudan el polvo...); en valentía y audacia (Amós que profetiza, aun con peligro de su vida...). 2) Los Doce en la misión encontrarán las mismas dificultades que ha encontrado Jesús. Como no han recibido ni han escuchado a Jesús, así tampoco en ocasiones recibirán o escucharán a los Doce. Ocho siglos antes sucedió lo mismo al profeta Amós, cuyo mensaje de justicia social y de crítica al culto exterior fue también rechazado por el sacerdote de Betel, Amasías... ahora, al parecer, el mundo ha recibido con buen ánimo las enseñanzas del Papa, leamos lo que nos dice y ayudemos a otros a hacer lo mismo para cambiar el mundo y nuestros corazones. 3) La misión se caracteriza por los frutos, por los resultados, mediante la creación de comunidades de fe, en las que se bendice a Dios Padre, porque nos ha elegido en Cristo, nos ha hecho hijos adoptivos, nos ha redimido en su Hijo, nos ha dado a conocer los misterios de su voluntad y nos ha sellado con el Espíritu mediante el bautismo (segunda lectura).
Sugerencias...
"La misión de la Iglesia se halla todavía en sus comienzos" (san Juan Pablo II, Redemptoris Missio 1). Estas palabras pueden ser pronunciadas en cada generación y en cada época histórica, porque es necesario estar siempre yendo, saliendo, iniciando. En efecto, siendo el Evangelio para todos, cuando llegan nuevos hombres a nuestro planeta hay que comenzar con ellos la labor de evangelización. El Papa Francisco nos anima a comprender que esta es la hora de la misericordia de Dios para todos los pueblos, sobre todo los que no conocen que Dios nos ama. Como discípulos misioneros tenemos que vivir "en estado de misión". Los padres de familia son "misioneros" de sus hijos; los maestros de sus alumnos; los médicos y enfermeros de sus pacientes; los voluntarios de aquéllos a quienes asisten; los párrocos y sus colaboradores de la feligresía... En esta hora de Dios ¡no nos quedemos cruzados de brazos!
Libres para la misión. Para ser "misioneros" se requiere ser libres. Libres PARA: -aceptar esta dimensión propia de la vocación cristiana; -responder a Dios con generosidad, sin ataduras de instintos y pasiones egoístas; -seguir dócilmente las luces y los movimientos del Espíritu Santo dentro de nosotros mismos. Se nos pide ser libres DE: -todo apego a los bienes y medios materiales; -todo orgullo y ansia de poder, con la conciencia clara de que somos servidores del hombre. Se nos pide, ayudados por la gracia, estar únicamente ‘equipados’ con: -un gran amor a Jesucristo, nuestro modelo; -el Evangelio hecho vida; -la confianza en Dios y -la esperanza en la acción del Espíritu Santo en el corazón de los hombres.
María, Estrella de la Evangelización, ruega por nosotros.

martes, 3 de julio de 2018

Los misterios de la tilma de Guadalupe (de nazaret.tv)

HOMILÍA Domingo Decimocuarto del TIEMPO ORDINARIO cB (08 de julio de 2018)

PrimeraEzequiel 2, 2-5; Salmo: Sal 122, 1-4; Segunda: 2Corintios 12, 7-10; Evangelio: Marcos 6, 1-6
Nexo entre las LECTURAS
El Domingo anterior los textos litúrgicos se centraban en la potencia de la fe. El presente Domingo están centrados en las dificultades para creer y en la actitud de los hombres ante ellas. Los israelitas, a los que dirige su palabra el profeta Ezequiel, dudan de la fidelidad de Dios que les ha abandonado a su propia suerte en el exilio de Babilonia. Ante esta situación se rebelan y su corazón se endurece para las cosas de Dios (primera lectura). Los nazaretanos sufren también una crisis de fe ante Jesús que, por un lado, ha obrado grandes signos y milagros, y, por otro, es uno más entre los habitantes de Nazaret, es "el hijo del carpintero" (evangelio). Pablo no está exento de dificultades en su fe, pero se mantiene firme porque una voz en su interior le repite: "Te basta mi gracia" (segunda lectura).
Temas...
El don de la fe. Creer es aceptar la irrupción de Dios en la propia vida y en la historia. Es aceptar que el hombre, con toda su técnica y todo su saber, no tiene todos los hilos de los acontecimientos en sus manos (Laudato Si). Creer es aceptar el compromiso de que Alguien te indique el camino, que tú no ves. En este sentido, la fe es un auténtico misterio de amistad y diálogo del hombre con Dios. Creer es un llamado a la humildad… a la santidad (Gaudete et exsultate)
- A los israelitas del siglo VI a.C. les ‘chocó’ y se les hizo un verdadero drama el ver que Jerusalén era conquistada por los babilonios, que le deportaron en gran número a su propio país. ¿Dónde está la fidelidad de Yahvéh a sus promesas? ¿Dónde está -se preguntaban los israelitas- el brazo poderoso de Yahvéh? ¿No se ha mostrado más poderoso Marduk (dios babilonio) que Yahvéh? Parece que Yahvéh nos ha abandonado. ¡El escándalo debió ser imponente!... llamados a creer y a renovar la fe en el Dios de los padres se quedaron con sus razonamientos.
- No menor debió ser el escándalo de los nazaretanos. Ellos conocían la familia de Jesús, una familia absolutamente igual a las demás del pueblo. Ellos conocían muy bien a Jesús: su infancia y juventud, a sus padres, su oficio, sus parientes; lo habían visto crecer como uno entre tantos... No, no podemos creer lo que nos cuentan de Él. Les debe haber sucedido algo extraño a su razón. Llamados a creer se quedaron con la sola luz de la razón y no renovaron su fe en el Dios de la alianza.
- La fe de Pablo es probada también. Él ha sido "arrebatado" hasta el tercer cielo, es decir, a una experiencia de Dios absolutamente sobrecogedora y profunda. Con todo, esa experiencia no lo libra del aguijón de la "carne" (¿una enfermedad? ¿la conciencia de su debilidad ante la misión? ¿la conciencia del abismo entre él con todas sus limitaciones y Dios con toda su grandeza? ¿el sentir el peso del propio pecado?). ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué Dios no le libra de esa espina que le atormenta? También Pablo pasó por la prueba para madurar su fe.
Actitudes ante el don de la fe. La Liturgia presenta a nuestra consideración tres actitudes ante el misterio de Dios. (a) La primera es la de los israelitas. Es la actitud de rebelión, de obstinación, de dureza de corazón. En lugar de buscar solución a sus dudas sobre la fidelidad de Dios, se aferran a sus razonamientos, en ellos se encierran y con ello su corazón se endurece ante la voz de Dios que les llega por el profeta Ezequiel. En lugar de buscar resolver sus dudas de fe, se hunden más en ellas. (b) La segunda actitud es la de los habitantes de Nazaret. Ellos no pueden dudar de los signos y prodigios que ha hecho Jesús en Cafarnaúm y en los pueblos de su alrededor. Pero no pueden creer que este hombre de su pueblo, Jesús, logre hacer tales cosas. Ellos se habrían dado cuenta desde antes. ¡No son tan tontos! ¡Algo raro y extraño ha sucedido, aunque no sepan qué es! (c) La tercera actitud, que se nos propone como modelo a imitar, es la de Pablo. La experiencia de Damasco ha marcado para siempre su vida. Lo que le pasa lo comprende desde esa experiencia. Y así, desde la experiencia de fe, llega a dos conclusiones: 1) Ante las crisis de fe está presente la gracia de Cristo para enfrentarse a ellas con decisión y valentía; 2) En la debilidad, es donde soy más fuerte, pero no con mi fuerza, sino con la fuerza de Dios. La ‘prueba’ de la fe es un momento extraordinario para acrecentarla y consolidarla.
Sugerencias...
Las dificultades de la fe hoy. El creer encuentra dificultades en cualquier época y en cualquier punto de la tierra. ¿Cuáles son las dificultades que hoy encuentran nuestros contemporáneos en su camino de fe? las de siempre, pues la fe es un don y hay que acogerlo en la oración y con humildad. En nuestros días se han acentuado algunas dificultades. Por ejemplo, el desinterés por la vida del niño no nacido por parte de un sector del poder político y muchos ciudadanos, el desinterés más o menos marcado por lo que no sea inmediato y aporte algo útil al hombre hoy, aquí y ahora; la excesiva confianza en la razón científica, en prejuicio de la razón filosófica que predispone para la fe; el espíritu relativista dominante en amplios sectores de la sociedad, en el que "Dios" es un punto más de vista en concurrencia con otros aparentemente más atractivos; no pocas veces se menciona también la imagen de una Iglesia retrógrada, enrocada en el pasado en la propuesta de algunas verdades dogmáticas o morales (Lineamentos del Sínodo de la juventud). Hay todavía quien dice no creer porque la fe le aliena y le hace soñar en un mundo inexistente, quitándole energías para trabajar en el mundo en que vive; o quien piensa que la fe es cosa de "viejas o aburridos o fracasados"... Bueno, imagino que cada uno podrá añadir algunas dificultades más a corregir las expresiones según el uso del lugar...
"Fuertes en la fe". Si mil tentaciones no hacen una caída, tampoco mil dificultades hacen una sola duda de fe. No. Las dificultades son "magníficas" para fortalecer nuestra fe, si las sabemos afrontar con valentía y con decidida coherencia, miremos y nos unamos a la Virgen al pie de la Cruz (Lumen Gentium, cap. 8). ¿Viene una dificultad? Ora, en primer lugar y acércate a Dios: en la Palabra, en la Eucaristía y en la práctica de la Caridad tanto en dar algo de ti como en pedir ayuda a los demás y recibir de ellos la fortaleza de la ´comunión’. Pide la gracia del aumento de la fe y ‘la cruz’ te ayudará a madurar tu fe, porque una virtud no probada siempre será una virtud inmadura. No te olvides, por otra parte, de estar vigilante, porque, si vigilas, verás venir la tentación de la duda de la fe y buscarás el modo de defenderte y de atacarla. No te olvides tampoco que no eres el único en tener esa dificultad y que antes que tú ha habido muchos que la han tenido y con la ayuda de la gracia la han superado; además ahora mismo, mientras lees este escrito y que tú puedes tener esa dificultad de fe la están teniendo otros como en alguna parte de nuestro planeta, y están luchando -como tú- para vencerla. Hay que acudir a alguien que te nos ‘de’ una mano, alguien experto en estas cosas de fe, como puede ser un sacerdote amigo, una religiosa que trabaja en tu parroquia, un parroquiano que ha pasado por tu misma prueba y la ha superado felizmente. ¡Es hermoso sentir la caridad, la compañía, el apoyo humano y espiritual de una persona amiga!
Virgen María, feliz porque has creído: ruega por nosotros.

lunes, 25 de junio de 2018

HOMILIA Domingo Decimotercero del TIEMPO ORDINARIO cB (01 de julio de 2018)

Primera: Sabiduría 1,13-15. 2,23-24; Salmo: Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b; Segunda: 2Corintios 8, 7.9.13-15;  Evangelio: Marcos 5, 21-43
Nexo entre las LECTURAS
El punto de ‘unión’ de las lecturas se sitúa en la eficacia de la fe. En el Evangelio, a la incapacidad de los médicos para curar a la hemorroísa responde la fuerza curativa de la fe en Jesús y, a la potencia de la muerte que se ha impuesto a la vida de la hija de Jairo responde un poder mayor de Cristo para volverla a la vida en virtud de la fe. Estos dos ejemplos evangélicos evidencian que Dios -Jesús, Mesías e Hijo de Dios- no ha creado la muerte, sino que Él es el Señor de la vida (primera lectura) y tiene, por tanto, poder sobre la misma muerte. La fuerza de la fe y el poder de Dios se manifiestan en la vida de los cristianos, pues, gracias a la potencia de la fe somos capaces de superar barreras étnicas y culturales, y expresar la caridad fraterna a los hermanos de Judea -mediante la colecta- (segunda lectura).
Temas...
La fe vence a la muerte. El poder de la muerte, con características universales, es un poder inquietante que suscita intranquilidad, angustia. Es un interrogante clavado en el corazón de la historia: ¿Quiere Dios la muerte del hombre? ¿Tiene la muerte la última palabra? ¿Tiene algún sentido el morir? Un esbozo de respuesta hallamos en la liturgia de hoy. 1) La muerte como pérdida de la relación con la fuente de la vida que es Dios, como ladrón que nos arranca violentamente el tesoro de la vida, no tiene en Dios su origen, sino que ha entrado en el mundo por envidia del diablo. La carga de angustia, de desesperación y de nada que la muerte trae sobre sus hombros, proviene del enemigo de Dios y del hombre, del enemigo de la vida, que es el demonio. 2) El hombre ha sido creado a imagen de Dios, Señor de la vida; por ello, el hombre ha sido creado para la vida, no para la muerte; ha sido hecho ‘inmortal’, como el mismo Dios. Quien cree en Dios, Señor de la vida, cree en su poder y en la victoria de la vida sobre la muerte. 3) La potencia de la vida sobre la enfermedad y sobre la muerte encuentra dos ejemplos en la Liturgia de hoy -en los relatos de la hemorroísa y de Jairo-. Por eso decimos que queremos las dos vidas… porque queremos toda vida PORQUE queremos a Dios y le creemos a Él y en Él todos los pueblos tienen vida y vida abundante.
Impotencia de los hombres y poder de la fe. El evangelio presenta un altísimo contraste entre la incapacidad humana ante la enfermedad y la muerte, y por otro la fuerza impresionante de la fe. La hemorroísa llevaba doce años enferma. Había recurrido a todos los medios humanos, pero todos habían resultado un fracaso. No sólo no mejoró, sino que había empeorado. La mujer, en su adversa situación, está desesperada. La incapacidad humana es manifiesta. La única actitud que corresponde, siempre, es la fe. Lo que el hombre, con todos sus medios, no puede hacer, lo puede conseguir el poder de la fe. Con esta convicción se acerca a Jesús, la toca con la mano y con la fe, y queda curada. A Jairo le sucede lo mismo. Su hija ha muerto. Ya no hay remedio: la muerte ha vencido. No pertenece a la experiencia humana el poder volver a la vida. Pero la fe es más fuerte que la muerte. Y por eso Jesús dirá a Jairo: "No temas. Basta con que tengas fe". Y Jairo, con la fe, dio por segunda vez la vida a su hija. ¡Magníficos ejemplos de la potencia de la fe! En cada Comunidad y según la propia espiritualidad podemos hablar de ejemplos de santos, de los grandes santos y de los santos de al lado (Papa Francisco). Puede ser beato Ceferino, san Cura Brochero, santa Teresa de Calcuta, san Juan Bosco… ¡que inmensa cantidad de cosas buenas hicieron! sin medios humanos posibles y solo con la fe.
El poder de la fe se llama CARIDAD. La segunda lectura nos habla de la colecta organizada por Pablo en algunas de las comunidades por él fundadas en favor de los hermanos necesitados de Judea. La colecta muestra el poder de la fe. Pablo y los cristianos, provenientes del mundo greco-romano, tienen que vencer prejuicios raciales muy poderosos; tienen que superar un cierto antisemitismo existente ya en la cultura helenística; tienen que sobreponerse sobre todo a obstáculos culturales: mentalidad cerrada de los cristianos de Judea, idea de que todos tienen que ser como ellos (circuncidarse, no comer alimentos impuros, observar el calendario de fiestas judío...), si quieren ser auténticos cristianos. El poder de la fe en Cristo Señor se impone sobre todos estos aspectos, y empuja a los cristianos gentiles a un gesto extraordinario de caridad, porque todos somos hermanos en Cristo, y nos debemos ayudar unos a otros.
Sugerencias...
La fe hace milagros, ciertamente la fe en Jesucristo y en las verdades que Él nos propone para creer. Pero, de modo especial, la fe como confianza y abandono en el amor misericordioso de Jesucristo. No pensemos que el poder de la fe es algo del pasado, de tiempos “oscuros” donde la fe, la superstición y la irracionalidad caminaban al mismo paso y en mezcolanza. La grandeza de la fe no está limitada ni en el espacio ni en el tiempo; tampoco está limitada por el cuerpo o por el alma. El poder de la fe es total. Hoy sigue habiendo milagros, y milagros frecuentes, y muchos -dice el Papa Francisco-, en gente que con una fe inmensa pide a Dios, por intercesión de la Virgen Santísima o de los santos, la curación del cuerpo o la del alma. Si juntamos los milagros que anualmente son reconocidos por la Congregación de los Santos, suman varias decenas. Existen además esos miles de pequeños hechos extraordinarios que llamamos "milagros", que nadie conoce la cantidad ni la profundidad, sino los cercanos (y hasta como interesados), pero que ellos, los que pedían ese milagro, saben que son obra del poder de Dios en favor de su pueblo. Y si la fe es tan poderosa, ¿por qué los hombres, en muchas ocasiones, tenemos tan poca fe? ¿Qué miedos hay agazapados en nuestro espíritu que nos impiden esa fe gigantesca capaz de hacer florecer el milagro, en el desierto de un mundo quizá excesivamente racional, tecnológico, relativista o informático?
"La fe actúa mediante la caridad", nos dice san Pablo. La fe crea la solidaridad. Gracias a Dios, en la conciencia colectiva de nuestro tiempo, hay una sensibilidad mayor para con las necesidades de nuestros hermanos cristianos y de todos los hombres, esto también quedo mostrado, por ejemplo, en la aceptación universal de la encíclica del Papa “Laudato Si’”, también fue muy aceptado en el año jubilar de la misericordia. El Papa, como lo hizo en otro tiempo san Juan Pablo II, recuerda que se nos pide dar la bienvenida a la solidaridad internacional de los cristianos presentes en los gobiernos y en los parlamentos, para comprometerse con el bien común. Dar la bienvenida a la solidaridad ante las calamidades naturales que afectan al mundo, y sea en nuestro país u otros países. Bienvenida a la caridad entre las diversas Iglesias cristianas, entre las diversas conferencias episcopales, entre las diversas diócesis. Bienvenida a la caridad entre los mismos cristianos, de modo que en lugar de aumentarse la distancia entre ricos y pobres se vea poco a poco disminuida. Es ya mucho lo que se hace, iluminados por la fe, en el campo de la solidaridad. Queda muchísimo por hacer. ¿Qué podemos hacer? ¿Queremos hacerlo?
María, Madre de Misericordia, ruega por nosotros.
Área de archivos adjuntos

miércoles, 20 de junio de 2018

HOMILIA EL NACIMIENTO DE JUAN BAUTISTA. Solemnidad. Misa del día. Año B (24 de junio de 2018)

PrimeraIsaías 49, 1-6; Salmo: Sal 138, 1-3. 13-5; Segunda: Hechos de los apóstoles 13, 22-26; Evangelio: Lucas 1, 57-66. 80

Hoy, 24 de junio, celebramos la solemnidad del Nacimiento de san Juan Bautista. Con excepción de la Virgen María, el Bautista es el único santo del que la liturgia celebra el nacimiento y el martirio, y lo hace porque está íntimamente vinculado con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. De hecho, desde el vientre materno Juan es el precursor de Jesús: el ángel anuncia a María su concepción prodigiosa como una señal de que «para Dios nada hay imposible» (Lc 1, 37), seis meses antes del gran prodigio que nos da la salvación, la unión de Dios con el hombre por obra del Espíritu Santo.
Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como profeta que concluye el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, al Consagrado del Señor. De hecho, será Jesús mismo quien hablará de Juan con estas palabras: «Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti. En verdad les digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él» (Mt 11, 10-11).
El padre de Juan, Zacarías —marido de Isabel, pariente de María—, era sacerdote del culto del Antiguo Testamento. Él no creyó de inmediato en el anuncio de una paternidad tan inesperada, y por eso quedó mudo hasta el día de la circuncisión del niño, al que él y su esposa dieron el nombre indicado por Dios, es decir, Juan, que significa «el Señor da la gracia». Animado por el Espíritu Santo, Zacarías habló así de la misión de su hijo: «Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados» (Lc 1, 76-77). Todo esto se manifestó treinta años más tarde, cuando Juan comenzó a bautizar en el río Jordán, llamando al pueblo a prepararse, con aquel gesto de penitencia, a la inminente venida del Mesías, que Dios le había revelado durante su permanencia en el desierto de Judea. Por esto fue llamado «Bautista», es decir, «Bautizador» (cf. Mt 3, 1-6).
Cuando un día Jesús mismo, desde Nazaret, fue a ser bautizado, Juan al principio se negó, pero luego aceptó, y vio al Espíritu Santo posarse sobre Jesús y oyó la voz del Padre celestial que lo proclamaba su Hijo (cf. Mt 3, 13-17). Pero la misión del Bautista aún no estaba cumplida: poco tiempo después, se le pidió que precediera a Jesús también en la muerte violenta: Juan fue decapitado en la cárcel del rey Herodes, y así dio testimonio pleno del Cordero de Dios, al que antes había reconocido y señalado públicamente.
La fiesta del martirio se remonta a la dedicación de una cripta de Sebaste, en Samaría, donde, ya a mediados del siglo IV, se veneraba su cabeza. Su culto se extendió después a Jerusalén, a las Iglesias de Oriente y a Roma, con el título de Decapitación de san Juan Bautista (29 de agosto). En el Martirologio romano se hace referencia a un segundo hallazgo de la preciosa reliquia, transportada, para la ocasión, a la iglesia de San Silvestre en Campo Marzio, en Roma.
Estas pequeñas ‘referencias’ nos ayudan a comprender cuán antigua y profunda es la veneración de san Juan Bautista. En los Evangelios se pone muy bien de relieve su papel respecto a Jesús. En particular, san Lucas relata su nacimiento, su vida en el desierto, su predicación; y san Marcos nos habla de su dramática muerte. Juan Bautista comienza su predicación bajo el emperador Tiberio, en los años 27-28 d.C., y a la gente que se reúne para escucharlo la invita abiertamente a preparar el camino para acoger al Señor, a enderezar los caminos desviados de la propia vida a través de una conversión radical del corazón (cf. Lc 3, 4). Pero el Bautista no se limita a predicar la penitencia, la conversión, sino que, reconociendo a Jesús como «el Cordero de Dios» que vino a quitar el pecado del mundo (Jn 1, 29), tiene la profunda humildad de mostrar en Jesús al verdadero Enviado de Dios, poniéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido. Como último acto, el Bautista testimonia con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin ceder o retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias. San Beda, monje del siglo IX, en sus Homilías dice así: «San Juan dio su vida por Cristo, aunque no se le ordenó negar a Jesucristo; sólo se le ordenó callar la verdad» (cf. Hom. 23: CCL122, 354). Así, al no callar la verdad, murió por Cristo, que es la Verdad. Precisamente por el amor a la verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios.
Vemos esta gran figura, esta fuerza en la pasión, en la resistencia contra los poderosos. Preguntamos: ¿de dónde nace esta vida, esta interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente, entregada de modo tan total por Dios y para preparar el camino a Jesús? La respuesta es sencilla: de la relación con Dios, de la oración, que es el hilo conductor de toda su existencia. Juan es el don divino durante largo tiempo invocado por sus padres, Zacarías e Isabel (cf. Lc 1, 13); un don grande, humanamente inesperado, porque ambos eran de edad avanzada e Isabel era estéril (cf. Lc 1, 7); pero nada es imposible para Dios (cf. Lc 1, 36). El anuncio de este nacimiento se produce precisamente en el lugar de la oración, en el templo de Jerusalén; más aún, se produce cuando a Zacarías le toca el gran privilegio de entrar en el lugar más sagrado del templo para hacer la ofrenda del incienso al Señor (cf. Lc 1, 8-20). También el nacimiento del Bautista está marcado por la oración: el canto de alegría, de alabanza y de acción de gracias que Zacarías eleva al Señor y que rezamos cada mañana en Laudes, el «Benedictus», exalta la acción de Dios en la historia e indica proféticamente la misión de su hijo Juan: preceder al Hijo de Dios hecho carne para prepararle los caminos (cf. Lc 1, 67-79). Toda la vida del Precursor de Jesús está alimentada por la relación con Dios, en especial el período transcurrido en regiones desiertas (cf. Lc 1, 80); las regiones desiertas que son lugar de tentación, pero también lugar donde el hombre siente su propia pobreza porque se ve privado de apoyos y seguridades materiales, y comprende que el único punto de referencia firme es Dios mismo. Pero Juan Bautista no es sólo hombre de oración, de contacto permanente con Dios, sino también una guía en esta relación. El evangelista san Lucas, al referir la oración que Jesús enseña a los discípulos, el «Padrenuestro», señala que los discípulos formulan la petición con estas palabras: «Señor enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos» (cf. Lc 11, 1).
Celebrar el nacimiento (y el martirio de san Juan Bautista) nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad, no admite componendas. La Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana exige, por decirlo así, el «martirio» de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, la valentía de dejar que Cristo crezca en nosotros, que sea Cristo quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones. Pero esto sólo puede tener lugar en nuestra vida si es sólida la relación con Dios. La oración no es tiempo perdido, no es robar espacio a las actividades, incluso a las actividades apostólicas, sino que es exactamente lo contrario: sólo si somos capaces de tener una vida de oración fiel, constante, confiada, será Dios mismo quien nos dará la capacidad y la fuerza para vivir de un modo feliz y sereno, para superar las dificultades y dar testimonio de él con valentía. Que san Juan Bautista interceda por nosotros, a fin de que sepamos conservar siempre el primado de Dios en nuestra vida.
La Virgen María ayudó a su anciana pariente Isabel a llevar a término el embarazo de Juan. Que ella nos ayude a todos a seguir a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, a quien el Bautista anunció con gran humildad y celo profético.
Área de archivos adjuntos

lunes, 4 de junio de 2018

LETANIAS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESUS

LETANIAS DEL SAGRADO CORAZÓN

-Señor, ten piedad.
-Cristo, ten piedad.
-Señor, ten piedad.
-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos.

-Dios Padre celestial,                                              R/. Ten piedad de nosotros. 
-Dios Hijo, redentor del mundo,
-Dios Espíritu Santo,
-
Trinidad Santa, un solo Dios.
-Corazón de Jesús, Hijo del eterno Padre,
-Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en las entrañas de María,
-Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo de Dios,
-Corazón de Jesús, de majestad infinita,
-Corazón de Jesús, templo santo de Dios,
-Corazón de Jesús, santuario del Altísimo,
-Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo,
-Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad,
-Corazón de Jesús, sagrario de la justicia y del amor,
-Corazón de Jesús, lleno de amor y de bondad,
-Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes,
-Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza,
-Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones,
-Corazón de Jesús, donde se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia,
-Corazón de Jesús, donde habita toda la plenitud de la Divinidad,
-Corazón de Jesús, en quien el Padre plenamente se ha complacido,
-Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido,
-Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados,
-Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia,
-Corazón de Jesús, magnánimo con todos los que te invocan,
-Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad,
-Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados,
-Corazón de Jesús, saturado de oprobios,
-Corazón de Jesús, lacerado por nuestros crímenes,
-Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte,
-Corazón de Jesús, atravesado por la lanza,
-Corazón de Jesús, fuente de toda consolación,
-Corazón de Jesús, nuestra vida y reconciliación,
-Corazón de Jesús, víctima de los pecadores,
-Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti,
-Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos. 

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R/. Perdónanos Señor. V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R/. Escúchanos Señor.V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R/. Ten piedad de nosotros.
V/. Jesús, manso y humilde de corazón.
R/. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Oh Dios, que en el corazón de tu Hijo, por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad: te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...