martes, 10 de julio de 2018

HOMILÍA Domingo Decimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cB (15 de julio de 2018)

Domingo Decimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cB (15 de julio de 2018)
PrimeraAmos 7, 12-15; Salmo: Sal 84, 9ab. 10-14; Segunda: Efesios 1, 3-14; Evangelio: Marcos 6, 7-13
Nexo entre las LECTURAS
El punto de encuentro de las lecturas ES LA MISIÓN. El evangelio habla de la misión que Jesús da a los Doce: "Comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos". El profeta Amós, en la primera lectura, subraya que profetiza, no por voluntad o iniciativa personal, sino "el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: 'Ve a profetizar a mi pueblo Israel'". El himno cristológico de la carta a los efesios (segunda lectura), canta los frutos de la misión en la conciencia de los cristianos: la bendición de Dios Padre, la elección en Cristo, la adopción filial, la redención y el perdón de los pecados, la revelación de los designios de Dios sobre la historia, el bautismo en el Espíritu Santo.
Temas...
La misión en la Iglesia-comunión. La eclesiología del Vaticano II ha resaltado la concepción de la Iglesia-comunión; y esta concepción de la Iglesia se va desarrollado notablemente entre nosotros. La Iglesia comunión es Iglesia en misión, en salida (Francisco). En las palabras y enseñanzas de Jesús encontramos ambas: "Padre, que todos sean uno..." (Jn 17, 21); "esto les mando que se amen unos a otros" (Jn 15,17), por una parte; y por otra, "Eligió a Doce para enviarlos a predicar" (Mc 3, 14); "Comenzó a enviarlos de dos en dos" (Mc 6, 7); "Vayan y prediquen" (Mt 28,19). En la comunión eclesial debe prevalecer el bien supremo de toda la Iglesia, sobre el bien particular de una Iglesia local. La comunión dentro de cada Iglesia local pide igualmente un marcado sentido de misión y un notable espíritu misionero para evangelizar y promover la evangelización de los fieles cristianos. La Iglesia comunión nos ayuda a comprendernos discípulos-misioneros para gloria y alabanza de la Santísima Trinidad.
Misión de Jesús - Misión de la Iglesia. El evangelista Marcos pone de relieve que la misión de los Doce (ahora, de la Iglesia) es la misma misión de Jesús. En efecto, en Mc 6,13 nos dice que los Doce "predicaban la conversión, expulsaban demonios, curaban". Esto corresponde a la misión de Jesús: "Conviértanse y crean en el evangelio" (Mc 1, 15); "había curado a muchos, y cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarlo" (3, 10) y finalmente "se fue a predicar en sus sinagogas por toda Galilea, expulsando los demonios" (Mc 1, 39). De los Doce se añade que "ungían a los enfermos con aceite". Se trata quizás de una referencia a la costumbre entre los primeros cristianos de la "unción de los enfermos en nombre del Señor, por parte de los presbíteros de la Iglesia", como exhorta la carta de Santiago en 5, 14. Por medio de todas esas acciones Jesús primero, y luego los Doce, nos mostraron los signos reveladores de la presencia del Reino de Dios entre los hombres.
Características de la misión. 1) Se pide a los Doce -y a todos los hombres en misión- la comunión (de dos en dos), la pobreza (no tomar nada para el camino, excepto un bastón), la coherencia en una conducta humilde (quedarse en la casa, sin buscar mejores...), en libertad de espíritu (si en algún sitio no los reciben, salgan y sacudan el polvo...); en valentía y audacia (Amós que profetiza, aun con peligro de su vida...). 2) Los Doce en la misión encontrarán las mismas dificultades que ha encontrado Jesús. Como no han recibido ni han escuchado a Jesús, así tampoco en ocasiones recibirán o escucharán a los Doce. Ocho siglos antes sucedió lo mismo al profeta Amós, cuyo mensaje de justicia social y de crítica al culto exterior fue también rechazado por el sacerdote de Betel, Amasías... ahora, al parecer, el mundo ha recibido con buen ánimo las enseñanzas del Papa, leamos lo que nos dice y ayudemos a otros a hacer lo mismo para cambiar el mundo y nuestros corazones. 3) La misión se caracteriza por los frutos, por los resultados, mediante la creación de comunidades de fe, en las que se bendice a Dios Padre, porque nos ha elegido en Cristo, nos ha hecho hijos adoptivos, nos ha redimido en su Hijo, nos ha dado a conocer los misterios de su voluntad y nos ha sellado con el Espíritu mediante el bautismo (segunda lectura).
Sugerencias...
"La misión de la Iglesia se halla todavía en sus comienzos" (san Juan Pablo II, Redemptoris Missio 1). Estas palabras pueden ser pronunciadas en cada generación y en cada época histórica, porque es necesario estar siempre yendo, saliendo, iniciando. En efecto, siendo el Evangelio para todos, cuando llegan nuevos hombres a nuestro planeta hay que comenzar con ellos la labor de evangelización. El Papa Francisco nos anima a comprender que esta es la hora de la misericordia de Dios para todos los pueblos, sobre todo los que no conocen que Dios nos ama. Como discípulos misioneros tenemos que vivir "en estado de misión". Los padres de familia son "misioneros" de sus hijos; los maestros de sus alumnos; los médicos y enfermeros de sus pacientes; los voluntarios de aquéllos a quienes asisten; los párrocos y sus colaboradores de la feligresía... En esta hora de Dios ¡no nos quedemos cruzados de brazos!
Libres para la misión. Para ser "misioneros" se requiere ser libres. Libres PARA: -aceptar esta dimensión propia de la vocación cristiana; -responder a Dios con generosidad, sin ataduras de instintos y pasiones egoístas; -seguir dócilmente las luces y los movimientos del Espíritu Santo dentro de nosotros mismos. Se nos pide ser libres DE: -todo apego a los bienes y medios materiales; -todo orgullo y ansia de poder, con la conciencia clara de que somos servidores del hombre. Se nos pide, ayudados por la gracia, estar únicamente ‘equipados’ con: -un gran amor a Jesucristo, nuestro modelo; -el Evangelio hecho vida; -la confianza en Dios y -la esperanza en la acción del Espíritu Santo en el corazón de los hombres.
María, Estrella de la Evangelización, ruega por nosotros.

martes, 3 de julio de 2018

Los misterios de la tilma de Guadalupe (de nazaret.tv)

HOMILÍA Domingo Decimocuarto del TIEMPO ORDINARIO cB (08 de julio de 2018)

PrimeraEzequiel 2, 2-5; Salmo: Sal 122, 1-4; Segunda: 2Corintios 12, 7-10; Evangelio: Marcos 6, 1-6
Nexo entre las LECTURAS
El Domingo anterior los textos litúrgicos se centraban en la potencia de la fe. El presente Domingo están centrados en las dificultades para creer y en la actitud de los hombres ante ellas. Los israelitas, a los que dirige su palabra el profeta Ezequiel, dudan de la fidelidad de Dios que les ha abandonado a su propia suerte en el exilio de Babilonia. Ante esta situación se rebelan y su corazón se endurece para las cosas de Dios (primera lectura). Los nazaretanos sufren también una crisis de fe ante Jesús que, por un lado, ha obrado grandes signos y milagros, y, por otro, es uno más entre los habitantes de Nazaret, es "el hijo del carpintero" (evangelio). Pablo no está exento de dificultades en su fe, pero se mantiene firme porque una voz en su interior le repite: "Te basta mi gracia" (segunda lectura).
Temas...
El don de la fe. Creer es aceptar la irrupción de Dios en la propia vida y en la historia. Es aceptar que el hombre, con toda su técnica y todo su saber, no tiene todos los hilos de los acontecimientos en sus manos (Laudato Si). Creer es aceptar el compromiso de que Alguien te indique el camino, que tú no ves. En este sentido, la fe es un auténtico misterio de amistad y diálogo del hombre con Dios. Creer es un llamado a la humildad… a la santidad (Gaudete et exsultate)
- A los israelitas del siglo VI a.C. les ‘chocó’ y se les hizo un verdadero drama el ver que Jerusalén era conquistada por los babilonios, que le deportaron en gran número a su propio país. ¿Dónde está la fidelidad de Yahvéh a sus promesas? ¿Dónde está -se preguntaban los israelitas- el brazo poderoso de Yahvéh? ¿No se ha mostrado más poderoso Marduk (dios babilonio) que Yahvéh? Parece que Yahvéh nos ha abandonado. ¡El escándalo debió ser imponente!... llamados a creer y a renovar la fe en el Dios de los padres se quedaron con sus razonamientos.
- No menor debió ser el escándalo de los nazaretanos. Ellos conocían la familia de Jesús, una familia absolutamente igual a las demás del pueblo. Ellos conocían muy bien a Jesús: su infancia y juventud, a sus padres, su oficio, sus parientes; lo habían visto crecer como uno entre tantos... No, no podemos creer lo que nos cuentan de Él. Les debe haber sucedido algo extraño a su razón. Llamados a creer se quedaron con la sola luz de la razón y no renovaron su fe en el Dios de la alianza.
- La fe de Pablo es probada también. Él ha sido "arrebatado" hasta el tercer cielo, es decir, a una experiencia de Dios absolutamente sobrecogedora y profunda. Con todo, esa experiencia no lo libra del aguijón de la "carne" (¿una enfermedad? ¿la conciencia de su debilidad ante la misión? ¿la conciencia del abismo entre él con todas sus limitaciones y Dios con toda su grandeza? ¿el sentir el peso del propio pecado?). ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué Dios no le libra de esa espina que le atormenta? También Pablo pasó por la prueba para madurar su fe.
Actitudes ante el don de la fe. La Liturgia presenta a nuestra consideración tres actitudes ante el misterio de Dios. (a) La primera es la de los israelitas. Es la actitud de rebelión, de obstinación, de dureza de corazón. En lugar de buscar solución a sus dudas sobre la fidelidad de Dios, se aferran a sus razonamientos, en ellos se encierran y con ello su corazón se endurece ante la voz de Dios que les llega por el profeta Ezequiel. En lugar de buscar resolver sus dudas de fe, se hunden más en ellas. (b) La segunda actitud es la de los habitantes de Nazaret. Ellos no pueden dudar de los signos y prodigios que ha hecho Jesús en Cafarnaúm y en los pueblos de su alrededor. Pero no pueden creer que este hombre de su pueblo, Jesús, logre hacer tales cosas. Ellos se habrían dado cuenta desde antes. ¡No son tan tontos! ¡Algo raro y extraño ha sucedido, aunque no sepan qué es! (c) La tercera actitud, que se nos propone como modelo a imitar, es la de Pablo. La experiencia de Damasco ha marcado para siempre su vida. Lo que le pasa lo comprende desde esa experiencia. Y así, desde la experiencia de fe, llega a dos conclusiones: 1) Ante las crisis de fe está presente la gracia de Cristo para enfrentarse a ellas con decisión y valentía; 2) En la debilidad, es donde soy más fuerte, pero no con mi fuerza, sino con la fuerza de Dios. La ‘prueba’ de la fe es un momento extraordinario para acrecentarla y consolidarla.
Sugerencias...
Las dificultades de la fe hoy. El creer encuentra dificultades en cualquier época y en cualquier punto de la tierra. ¿Cuáles son las dificultades que hoy encuentran nuestros contemporáneos en su camino de fe? las de siempre, pues la fe es un don y hay que acogerlo en la oración y con humildad. En nuestros días se han acentuado algunas dificultades. Por ejemplo, el desinterés por la vida del niño no nacido por parte de un sector del poder político y muchos ciudadanos, el desinterés más o menos marcado por lo que no sea inmediato y aporte algo útil al hombre hoy, aquí y ahora; la excesiva confianza en la razón científica, en prejuicio de la razón filosófica que predispone para la fe; el espíritu relativista dominante en amplios sectores de la sociedad, en el que "Dios" es un punto más de vista en concurrencia con otros aparentemente más atractivos; no pocas veces se menciona también la imagen de una Iglesia retrógrada, enrocada en el pasado en la propuesta de algunas verdades dogmáticas o morales (Lineamentos del Sínodo de la juventud). Hay todavía quien dice no creer porque la fe le aliena y le hace soñar en un mundo inexistente, quitándole energías para trabajar en el mundo en que vive; o quien piensa que la fe es cosa de "viejas o aburridos o fracasados"... Bueno, imagino que cada uno podrá añadir algunas dificultades más a corregir las expresiones según el uso del lugar...
"Fuertes en la fe". Si mil tentaciones no hacen una caída, tampoco mil dificultades hacen una sola duda de fe. No. Las dificultades son "magníficas" para fortalecer nuestra fe, si las sabemos afrontar con valentía y con decidida coherencia, miremos y nos unamos a la Virgen al pie de la Cruz (Lumen Gentium, cap. 8). ¿Viene una dificultad? Ora, en primer lugar y acércate a Dios: en la Palabra, en la Eucaristía y en la práctica de la Caridad tanto en dar algo de ti como en pedir ayuda a los demás y recibir de ellos la fortaleza de la ´comunión’. Pide la gracia del aumento de la fe y ‘la cruz’ te ayudará a madurar tu fe, porque una virtud no probada siempre será una virtud inmadura. No te olvides, por otra parte, de estar vigilante, porque, si vigilas, verás venir la tentación de la duda de la fe y buscarás el modo de defenderte y de atacarla. No te olvides tampoco que no eres el único en tener esa dificultad y que antes que tú ha habido muchos que la han tenido y con la ayuda de la gracia la han superado; además ahora mismo, mientras lees este escrito y que tú puedes tener esa dificultad de fe la están teniendo otros como en alguna parte de nuestro planeta, y están luchando -como tú- para vencerla. Hay que acudir a alguien que te nos ‘de’ una mano, alguien experto en estas cosas de fe, como puede ser un sacerdote amigo, una religiosa que trabaja en tu parroquia, un parroquiano que ha pasado por tu misma prueba y la ha superado felizmente. ¡Es hermoso sentir la caridad, la compañía, el apoyo humano y espiritual de una persona amiga!
Virgen María, feliz porque has creído: ruega por nosotros.

lunes, 25 de junio de 2018

HOMILIA Domingo Decimotercero del TIEMPO ORDINARIO cB (01 de julio de 2018)

Primera: Sabiduría 1,13-15. 2,23-24; Salmo: Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b; Segunda: 2Corintios 8, 7.9.13-15;  Evangelio: Marcos 5, 21-43
Nexo entre las LECTURAS
El punto de ‘unión’ de las lecturas se sitúa en la eficacia de la fe. En el Evangelio, a la incapacidad de los médicos para curar a la hemorroísa responde la fuerza curativa de la fe en Jesús y, a la potencia de la muerte que se ha impuesto a la vida de la hija de Jairo responde un poder mayor de Cristo para volverla a la vida en virtud de la fe. Estos dos ejemplos evangélicos evidencian que Dios -Jesús, Mesías e Hijo de Dios- no ha creado la muerte, sino que Él es el Señor de la vida (primera lectura) y tiene, por tanto, poder sobre la misma muerte. La fuerza de la fe y el poder de Dios se manifiestan en la vida de los cristianos, pues, gracias a la potencia de la fe somos capaces de superar barreras étnicas y culturales, y expresar la caridad fraterna a los hermanos de Judea -mediante la colecta- (segunda lectura).
Temas...
La fe vence a la muerte. El poder de la muerte, con características universales, es un poder inquietante que suscita intranquilidad, angustia. Es un interrogante clavado en el corazón de la historia: ¿Quiere Dios la muerte del hombre? ¿Tiene la muerte la última palabra? ¿Tiene algún sentido el morir? Un esbozo de respuesta hallamos en la liturgia de hoy. 1) La muerte como pérdida de la relación con la fuente de la vida que es Dios, como ladrón que nos arranca violentamente el tesoro de la vida, no tiene en Dios su origen, sino que ha entrado en el mundo por envidia del diablo. La carga de angustia, de desesperación y de nada que la muerte trae sobre sus hombros, proviene del enemigo de Dios y del hombre, del enemigo de la vida, que es el demonio. 2) El hombre ha sido creado a imagen de Dios, Señor de la vida; por ello, el hombre ha sido creado para la vida, no para la muerte; ha sido hecho ‘inmortal’, como el mismo Dios. Quien cree en Dios, Señor de la vida, cree en su poder y en la victoria de la vida sobre la muerte. 3) La potencia de la vida sobre la enfermedad y sobre la muerte encuentra dos ejemplos en la Liturgia de hoy -en los relatos de la hemorroísa y de Jairo-. Por eso decimos que queremos las dos vidas… porque queremos toda vida PORQUE queremos a Dios y le creemos a Él y en Él todos los pueblos tienen vida y vida abundante.
Impotencia de los hombres y poder de la fe. El evangelio presenta un altísimo contraste entre la incapacidad humana ante la enfermedad y la muerte, y por otro la fuerza impresionante de la fe. La hemorroísa llevaba doce años enferma. Había recurrido a todos los medios humanos, pero todos habían resultado un fracaso. No sólo no mejoró, sino que había empeorado. La mujer, en su adversa situación, está desesperada. La incapacidad humana es manifiesta. La única actitud que corresponde, siempre, es la fe. Lo que el hombre, con todos sus medios, no puede hacer, lo puede conseguir el poder de la fe. Con esta convicción se acerca a Jesús, la toca con la mano y con la fe, y queda curada. A Jairo le sucede lo mismo. Su hija ha muerto. Ya no hay remedio: la muerte ha vencido. No pertenece a la experiencia humana el poder volver a la vida. Pero la fe es más fuerte que la muerte. Y por eso Jesús dirá a Jairo: "No temas. Basta con que tengas fe". Y Jairo, con la fe, dio por segunda vez la vida a su hija. ¡Magníficos ejemplos de la potencia de la fe! En cada Comunidad y según la propia espiritualidad podemos hablar de ejemplos de santos, de los grandes santos y de los santos de al lado (Papa Francisco). Puede ser beato Ceferino, san Cura Brochero, santa Teresa de Calcuta, san Juan Bosco… ¡que inmensa cantidad de cosas buenas hicieron! sin medios humanos posibles y solo con la fe.
El poder de la fe se llama CARIDAD. La segunda lectura nos habla de la colecta organizada por Pablo en algunas de las comunidades por él fundadas en favor de los hermanos necesitados de Judea. La colecta muestra el poder de la fe. Pablo y los cristianos, provenientes del mundo greco-romano, tienen que vencer prejuicios raciales muy poderosos; tienen que superar un cierto antisemitismo existente ya en la cultura helenística; tienen que sobreponerse sobre todo a obstáculos culturales: mentalidad cerrada de los cristianos de Judea, idea de que todos tienen que ser como ellos (circuncidarse, no comer alimentos impuros, observar el calendario de fiestas judío...), si quieren ser auténticos cristianos. El poder de la fe en Cristo Señor se impone sobre todos estos aspectos, y empuja a los cristianos gentiles a un gesto extraordinario de caridad, porque todos somos hermanos en Cristo, y nos debemos ayudar unos a otros.
Sugerencias...
La fe hace milagros, ciertamente la fe en Jesucristo y en las verdades que Él nos propone para creer. Pero, de modo especial, la fe como confianza y abandono en el amor misericordioso de Jesucristo. No pensemos que el poder de la fe es algo del pasado, de tiempos “oscuros” donde la fe, la superstición y la irracionalidad caminaban al mismo paso y en mezcolanza. La grandeza de la fe no está limitada ni en el espacio ni en el tiempo; tampoco está limitada por el cuerpo o por el alma. El poder de la fe es total. Hoy sigue habiendo milagros, y milagros frecuentes, y muchos -dice el Papa Francisco-, en gente que con una fe inmensa pide a Dios, por intercesión de la Virgen Santísima o de los santos, la curación del cuerpo o la del alma. Si juntamos los milagros que anualmente son reconocidos por la Congregación de los Santos, suman varias decenas. Existen además esos miles de pequeños hechos extraordinarios que llamamos "milagros", que nadie conoce la cantidad ni la profundidad, sino los cercanos (y hasta como interesados), pero que ellos, los que pedían ese milagro, saben que son obra del poder de Dios en favor de su pueblo. Y si la fe es tan poderosa, ¿por qué los hombres, en muchas ocasiones, tenemos tan poca fe? ¿Qué miedos hay agazapados en nuestro espíritu que nos impiden esa fe gigantesca capaz de hacer florecer el milagro, en el desierto de un mundo quizá excesivamente racional, tecnológico, relativista o informático?
"La fe actúa mediante la caridad", nos dice san Pablo. La fe crea la solidaridad. Gracias a Dios, en la conciencia colectiva de nuestro tiempo, hay una sensibilidad mayor para con las necesidades de nuestros hermanos cristianos y de todos los hombres, esto también quedo mostrado, por ejemplo, en la aceptación universal de la encíclica del Papa “Laudato Si’”, también fue muy aceptado en el año jubilar de la misericordia. El Papa, como lo hizo en otro tiempo san Juan Pablo II, recuerda que se nos pide dar la bienvenida a la solidaridad internacional de los cristianos presentes en los gobiernos y en los parlamentos, para comprometerse con el bien común. Dar la bienvenida a la solidaridad ante las calamidades naturales que afectan al mundo, y sea en nuestro país u otros países. Bienvenida a la caridad entre las diversas Iglesias cristianas, entre las diversas conferencias episcopales, entre las diversas diócesis. Bienvenida a la caridad entre los mismos cristianos, de modo que en lugar de aumentarse la distancia entre ricos y pobres se vea poco a poco disminuida. Es ya mucho lo que se hace, iluminados por la fe, en el campo de la solidaridad. Queda muchísimo por hacer. ¿Qué podemos hacer? ¿Queremos hacerlo?
María, Madre de Misericordia, ruega por nosotros.
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miércoles, 20 de junio de 2018

HOMILIA EL NACIMIENTO DE JUAN BAUTISTA. Solemnidad. Misa del día. Año B (24 de junio de 2018)

PrimeraIsaías 49, 1-6; Salmo: Sal 138, 1-3. 13-5; Segunda: Hechos de los apóstoles 13, 22-26; Evangelio: Lucas 1, 57-66. 80

Hoy, 24 de junio, celebramos la solemnidad del Nacimiento de san Juan Bautista. Con excepción de la Virgen María, el Bautista es el único santo del que la liturgia celebra el nacimiento y el martirio, y lo hace porque está íntimamente vinculado con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. De hecho, desde el vientre materno Juan es el precursor de Jesús: el ángel anuncia a María su concepción prodigiosa como una señal de que «para Dios nada hay imposible» (Lc 1, 37), seis meses antes del gran prodigio que nos da la salvación, la unión de Dios con el hombre por obra del Espíritu Santo.
Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como profeta que concluye el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, al Consagrado del Señor. De hecho, será Jesús mismo quien hablará de Juan con estas palabras: «Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti. En verdad les digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él» (Mt 11, 10-11).
El padre de Juan, Zacarías —marido de Isabel, pariente de María—, era sacerdote del culto del Antiguo Testamento. Él no creyó de inmediato en el anuncio de una paternidad tan inesperada, y por eso quedó mudo hasta el día de la circuncisión del niño, al que él y su esposa dieron el nombre indicado por Dios, es decir, Juan, que significa «el Señor da la gracia». Animado por el Espíritu Santo, Zacarías habló así de la misión de su hijo: «Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados» (Lc 1, 76-77). Todo esto se manifestó treinta años más tarde, cuando Juan comenzó a bautizar en el río Jordán, llamando al pueblo a prepararse, con aquel gesto de penitencia, a la inminente venida del Mesías, que Dios le había revelado durante su permanencia en el desierto de Judea. Por esto fue llamado «Bautista», es decir, «Bautizador» (cf. Mt 3, 1-6).
Cuando un día Jesús mismo, desde Nazaret, fue a ser bautizado, Juan al principio se negó, pero luego aceptó, y vio al Espíritu Santo posarse sobre Jesús y oyó la voz del Padre celestial que lo proclamaba su Hijo (cf. Mt 3, 13-17). Pero la misión del Bautista aún no estaba cumplida: poco tiempo después, se le pidió que precediera a Jesús también en la muerte violenta: Juan fue decapitado en la cárcel del rey Herodes, y así dio testimonio pleno del Cordero de Dios, al que antes había reconocido y señalado públicamente.
La fiesta del martirio se remonta a la dedicación de una cripta de Sebaste, en Samaría, donde, ya a mediados del siglo IV, se veneraba su cabeza. Su culto se extendió después a Jerusalén, a las Iglesias de Oriente y a Roma, con el título de Decapitación de san Juan Bautista (29 de agosto). En el Martirologio romano se hace referencia a un segundo hallazgo de la preciosa reliquia, transportada, para la ocasión, a la iglesia de San Silvestre en Campo Marzio, en Roma.
Estas pequeñas ‘referencias’ nos ayudan a comprender cuán antigua y profunda es la veneración de san Juan Bautista. En los Evangelios se pone muy bien de relieve su papel respecto a Jesús. En particular, san Lucas relata su nacimiento, su vida en el desierto, su predicación; y san Marcos nos habla de su dramática muerte. Juan Bautista comienza su predicación bajo el emperador Tiberio, en los años 27-28 d.C., y a la gente que se reúne para escucharlo la invita abiertamente a preparar el camino para acoger al Señor, a enderezar los caminos desviados de la propia vida a través de una conversión radical del corazón (cf. Lc 3, 4). Pero el Bautista no se limita a predicar la penitencia, la conversión, sino que, reconociendo a Jesús como «el Cordero de Dios» que vino a quitar el pecado del mundo (Jn 1, 29), tiene la profunda humildad de mostrar en Jesús al verdadero Enviado de Dios, poniéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido. Como último acto, el Bautista testimonia con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin ceder o retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias. San Beda, monje del siglo IX, en sus Homilías dice así: «San Juan dio su vida por Cristo, aunque no se le ordenó negar a Jesucristo; sólo se le ordenó callar la verdad» (cf. Hom. 23: CCL122, 354). Así, al no callar la verdad, murió por Cristo, que es la Verdad. Precisamente por el amor a la verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios.
Vemos esta gran figura, esta fuerza en la pasión, en la resistencia contra los poderosos. Preguntamos: ¿de dónde nace esta vida, esta interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente, entregada de modo tan total por Dios y para preparar el camino a Jesús? La respuesta es sencilla: de la relación con Dios, de la oración, que es el hilo conductor de toda su existencia. Juan es el don divino durante largo tiempo invocado por sus padres, Zacarías e Isabel (cf. Lc 1, 13); un don grande, humanamente inesperado, porque ambos eran de edad avanzada e Isabel era estéril (cf. Lc 1, 7); pero nada es imposible para Dios (cf. Lc 1, 36). El anuncio de este nacimiento se produce precisamente en el lugar de la oración, en el templo de Jerusalén; más aún, se produce cuando a Zacarías le toca el gran privilegio de entrar en el lugar más sagrado del templo para hacer la ofrenda del incienso al Señor (cf. Lc 1, 8-20). También el nacimiento del Bautista está marcado por la oración: el canto de alegría, de alabanza y de acción de gracias que Zacarías eleva al Señor y que rezamos cada mañana en Laudes, el «Benedictus», exalta la acción de Dios en la historia e indica proféticamente la misión de su hijo Juan: preceder al Hijo de Dios hecho carne para prepararle los caminos (cf. Lc 1, 67-79). Toda la vida del Precursor de Jesús está alimentada por la relación con Dios, en especial el período transcurrido en regiones desiertas (cf. Lc 1, 80); las regiones desiertas que son lugar de tentación, pero también lugar donde el hombre siente su propia pobreza porque se ve privado de apoyos y seguridades materiales, y comprende que el único punto de referencia firme es Dios mismo. Pero Juan Bautista no es sólo hombre de oración, de contacto permanente con Dios, sino también una guía en esta relación. El evangelista san Lucas, al referir la oración que Jesús enseña a los discípulos, el «Padrenuestro», señala que los discípulos formulan la petición con estas palabras: «Señor enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos» (cf. Lc 11, 1).
Celebrar el nacimiento (y el martirio de san Juan Bautista) nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad, no admite componendas. La Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana exige, por decirlo así, el «martirio» de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, la valentía de dejar que Cristo crezca en nosotros, que sea Cristo quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones. Pero esto sólo puede tener lugar en nuestra vida si es sólida la relación con Dios. La oración no es tiempo perdido, no es robar espacio a las actividades, incluso a las actividades apostólicas, sino que es exactamente lo contrario: sólo si somos capaces de tener una vida de oración fiel, constante, confiada, será Dios mismo quien nos dará la capacidad y la fuerza para vivir de un modo feliz y sereno, para superar las dificultades y dar testimonio de él con valentía. Que san Juan Bautista interceda por nosotros, a fin de que sepamos conservar siempre el primado de Dios en nuestra vida.
La Virgen María ayudó a su anciana pariente Isabel a llevar a término el embarazo de Juan. Que ella nos ayude a todos a seguir a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, a quien el Bautista anunció con gran humildad y celo profético.
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lunes, 4 de junio de 2018

LETANIAS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESUS

LETANIAS DEL SAGRADO CORAZÓN

-Señor, ten piedad.
-Cristo, ten piedad.
-Señor, ten piedad.
-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos.

-Dios Padre celestial,                                              R/. Ten piedad de nosotros. 
-Dios Hijo, redentor del mundo,
-Dios Espíritu Santo,
-
Trinidad Santa, un solo Dios.
-Corazón de Jesús, Hijo del eterno Padre,
-Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en las entrañas de María,
-Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo de Dios,
-Corazón de Jesús, de majestad infinita,
-Corazón de Jesús, templo santo de Dios,
-Corazón de Jesús, santuario del Altísimo,
-Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo,
-Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad,
-Corazón de Jesús, sagrario de la justicia y del amor,
-Corazón de Jesús, lleno de amor y de bondad,
-Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes,
-Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza,
-Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones,
-Corazón de Jesús, donde se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia,
-Corazón de Jesús, donde habita toda la plenitud de la Divinidad,
-Corazón de Jesús, en quien el Padre plenamente se ha complacido,
-Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido,
-Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados,
-Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia,
-Corazón de Jesús, magnánimo con todos los que te invocan,
-Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad,
-Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados,
-Corazón de Jesús, saturado de oprobios,
-Corazón de Jesús, lacerado por nuestros crímenes,
-Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte,
-Corazón de Jesús, atravesado por la lanza,
-Corazón de Jesús, fuente de toda consolación,
-Corazón de Jesús, nuestra vida y reconciliación,
-Corazón de Jesús, víctima de los pecadores,
-Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti,
-Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos. 

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R/. Perdónanos Señor. V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R/. Escúchanos Señor.V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R/. Ten piedad de nosotros.
V/. Jesús, manso y humilde de corazón.
R/. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Oh Dios, que en el corazón de tu Hijo, por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad: te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

miércoles, 30 de mayo de 2018

martes, 29 de mayo de 2018

HOMILIA Solemnidad del SANTÍSIMO CUERPO y SANGRE DEL SEÑOR cB (03 de junio 2018)



Solemnidad del SANTÍSIMO CUERPO y SANGRE DEL SEÑOR cB (03 de junio 2018)
Primera: Éxodo 24, 3-8; Salmo: Sal 115, 12-13. 15-16. 17-18; Segunda: Hebreos 9, 11-15; Evangelio: Marcos 14, 12-16.22-26
Nexo entre las LECTURAS
La alianza -o pacto- es el centro de referencia de los textos litúrgicos. La alianza sellada con la sangre de Cristo es el corazón del culto y de la vida de la Iglesia: "Ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por muchos" (evangelio). Esta alianza está prefigurada en la que ahora se llama “antigua alianza” sellada con sangre de novillos: "Ésta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, según las cláusulas ya dichas" (primera lectura). La alianza en la sangre de Cristo perpetúa la presencia de Dios entre nosotros y purifica a la humanidad de todos sus pecados "para poder dar culto al Dios vivo" (segunda lectura).
Temas...
La antigua alianza. El texto de la primera lectura menciona algunas partes del rito de alianza, con un lenguaje y rito que era común a los pueblos orientales de la época del texto: Primeramente el carácter recíproco de la alianza: Yahvéh por un lado y el pueblo por el otro; luego, las cláusulas del pacto, que indican los contenidos obligantes a que se comprometen, Dios y el pueblo; finalmente, el sacrificio de comunión, que culminará en un banquete y el rito de aspersión de la sangre sobre los contrayentes del pacto mediante el cual éste se ratifica. ¡La condescendencia de Dios con el hombre llega hasta estos extremos, el de un ‘pacto recíproco’! Este pacto nos habla, con sencillez y profundidad, del amor misericordioso de Dios y de su eterna fidelidad. Este pacto, a pesar de tantas respuestas infieles del pueblo de Israel, fue siempre un punto de referencia incontrastado y un signo inequívoco de esperanza y de renovación permanente. Israel aprendió, poco a poco, en su larga experiencia histórica, que Dios jamás abandona, que su fidelidad "dura por siempre". Viendo la fidelidad de Dios, Israel sintió la fuerza atractiva de la fidelidad, de responder al pacto con Yahvéh con un ‘amén’ sincero y definitivo.
La nueva alianza. Yahvéh-Dios reveló al profeta Jeremías la promesa de una nueva alianza, una alianza inscrita en el interior del corazón, que otorgará a todos el don del conocimiento de Dios y de su perdón misericordioso (Jer 31, 31-34). Esa promesa llegó a cumplimiento definitivo en Jesucristo, en la cena pascual que Él comió con sus discípulos la noche en que iba a ser entregado, en la sangre de alianza, derramada por muchos sobre la cumbre del calvario. Los judíos recordaban la antigua alianza cada año en la fiesta de Pascua; los cristianos recordamos y revivimos la nueva alianza, cada día, pero de manera especial todos los Domingos, en la celebración eucarística. La fiesta de la alianza ya no es anual, sino diaria, semanal. No olvidemos: alianza recíproca de Dios con la Iglesia y con cada uno de sus hijos, y consiguientemente de la Iglesia y cada uno de sus hijos con Dios. Todos y cada uno de los cristianos hemos de valorar la belleza de una alianza con Dios en la sangre de Jesucristo, y a la vez la seriedad y responsabilidad de un pacto, al que hemos jurado fidelidad.
La novedad de la alianza. El evangelio y la segunda lectura presentan algunos rasgos de esta novedad. 1) En Jesucristo coinciden el mediador de la alianza (en la antigua alianza, Moisés), la víctima sacrificada con cuya sangre se sella y ratifica (en la antigua, la sangre de los novillos) y el altar, que en la nueva y eterna alianza es la misma carne de Hijo de Dios; 2) La alianza en la sangre de Cristo, ya no es sólo con el pueblo de Israel, sino con la humanidad toda. Por eso, su sangre "es derramada por todos" y nos alcanza "una redención eterna"; 3) La alianza que Cristo establece entre Dios y la humanidad no solamente es nueva, es además definitiva. Así como en Cristo encuentra la revelación su plenitud, igualmente en Él encuentra plenitud la alianza; 4) La alianza entre Dios y el hombre en Cristo Jesús está presente, con su carácter definitivo, en la historia, y por ello sometida a las diversas situaciones espacio-temporales. Esta alianza culminará y logrará su perfección, al final de los siglos, en la eternidad con Dios.
Sugerencias...
Sacerdotes de la nueva alianza. La nueva alianza está destinada a todos los hombres. Jesucristo, el Mediador de ella, necesita labios para que llegue a todos la buena noticia de esta alianza. Necesita labios y manos para que consagren el pan y el vino de la alianza nueva y lo distribuyan a los hombres. Podemos decir que Dios y los hombres tienen necesidad de sacerdotes. Es preciso que la comunidad cristiana crezca más en la conciencia de esta necesidad. Si no hay Sacerdotes, Ministros ordenados, ¿quién hará presente en el mundo la mediación de Cristo entre Dios y los hombres? Es bueno que maduremos la responsabilidad, todos, de rezar por el aumento de las vocaciones sacerdotales; de renovar la vida de las familias y de las Comunidades para que muchos puedan oír al Señor que está llamando para la vida sacerdotal; renovar el compromiso de hablar y proclamar la necesidad de nuevos y buenos que colaboren con quienes presiden las celebraciones del Santísimo Sacramento
Dar culto al Dios vivo. En la Eucaristía está presente Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Por eso, la Iglesia católica ha dado y continúa dando culto de adoración a la Eucaristía, no sólo durante la Misa, sino también fuera de su celebración. San Juan Pablo II ha escrito: "La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración". Asumamos el compromiso de llegar unos minutos antes del horario de la Celebración y, en adoración al Señor, preparar bien nuestro corazón. Podemos elegir, además, algún momento durante la semana, para una hora de adoración al Santísimo o para un momento de adoración. Recuperar la adoración personal o comunitaria de los primeros jueves y rezar especialmente por las vocaciones sacerdotales.
Corazón eucarístico de María, ruega por nosotros.

ENJ Mensaje del Santo Padre a los Jóvenes

martes, 22 de mayo de 2018

EL QUE AMA NUNCA SE QUEDA VACIO (MI VIDA EN CRISTO)

Por Kenneth Pierce
San Pablo decía que había mayor felicidad en dar que en recibir. Cuando uno lo piensa un poco puede sonar paradójico. Al dar me estoy desprendiendo de algo que poseo. Tengo, en un sentido, menos. Sin embargo, ¿quién no ha comprobado la gran verdad de la frase de San Pablo? Aunque sea en cosas pequeñas, cuando doy experimento una felicidad auténtica y sé que, en algún sentido, he ganado más de lo que di.
Hay algo muy profundo en la identidad de todo hombre y mujer que nos hace experimentar alegría cuando nos damos a los demás. La razón, en el fondo, no es muy difícil encontrarla. Cuando Dios creo al ser humano lo creó a imagen y semejanza suya. Dios, como sabemos es amor. El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo se aman plenamente entre ellos, constantemente se donan uno al otro.
Cuando con recta intención damos algo que es valioso para nosotros –sea tiempo, dones personales, o bienes– y nos donamos, nos acercamos un poco a la experiencia del amor de Dios. Vivimos en un sentido aquello que está en lo más profundo de la intimidad de Dios.
Nutridos del amor de Dios iremos aprendiendo que el amor es donación, y que cuanto más nos donamos por amor, más nos acercamos a Dios y vivimos aquello que estamos llamados a vivir.
El que vive la caridad, el que ama, nunca se queda vacío. Es imposible que una vela se apague por haber encendido otras velas. Podría, en un sentido, seguir compartiendo su luz a cada vez más velas, sin agotarse. ¡Así es el amor de Dios, que nosotros podemos también testimoniar en nuestras vidas!

lunes, 21 de mayo de 2018

HOMILIA Solemnidad de la SANTÍSIMA TRINIDAD cB (27 de mayo 2018)

Solemnidad de la SANTÍSIMA TRINIDAD cB (27 de mayo 2018)
PrimeraDeut 4, 32-34.39-40; Salmo: Sal 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22; Segunda: Romanos 8, 14-17; Evangelio: Mateo Mt 28, 16-20
Nexo entre las LECTURAS
Es bien mostrado en las lecturas de esta liturgia que Dios es Dios-Amor e interviene con mano fuerte y brazo poderoso para sacar a su pueblo de Egipto, símbolo de servidumbre y opresión (primera lectura). Es Dios-Amor que regala a sus discípulos una misión maravillosa y les asegura su compañía a lo largo de los siglos (evangelio). Es Dios-Amor que hace a los hombres sus hijos adoptivos para que puedan clamar con Jesucristo: "Abba", es decir, "Padre". Es DIOS-AMOR y quiere que seamos HIJOS-AMOR para vivir con Él y con todos la plenitud del amor y de la comunión en el banquete de la vida.
Temas...
El “Dios” de Moisés. En el AT se encuentran figuras que preparan la revelación del misterio trinitario. Dios en el AT (el ‘Dios de Moisés’) se revela en su unicidad de cara a otros que les dicen dioses y que no lo son. En la pedagogía de Dios con el hombre tiene lugar, primeramente, la revelación de un Dios único y personal que en su amor inenarrable se elige un pueblo, lo libera y hace alianza con él. En la capacidad de apertura del hombre a lo divino, está primero la revelación de su carácter único, personal y salvífico ante los acontecimientos y situaciones que en aquellos siglos remotos encontraron los israelitas. El politeísmo circundante (sobre todo los dioses cananeos: Baal, dios de la tierra y de sus frutos, Astarté, diosa de la fecundidad, y Moloch, dios que exigía sacrificios humanos) ejercían un fuerte atractivo sobre la religiosidad, todavía elemental, de las tribus de Israel. Dios elige proclamar y mostrar Su unicidad: "Reconoce hoy y convéncete de que el Señor es Dios allá arriba en los cielos y aquí abajo en la tierra, y de que no hay otro" (primera lectura). En la misma línea que el deuteronomista, el segundo Isaías pone en boca de Dios estas palabras: "¿Hay algún dios fuera de mí, algún otro apoyo que yo no conozca? (Is 44,8) y poco antes había dicho de los ídolos: "Todos ellos son una nulidad, sus obras una nada, viento y vacío son sus estatuas"" (Is 41,29). La tentación de la idolatría no pertenece al pasado. Acecha cada época y en cada momento de la historia. En nuestros días, en una sociedad pluri-étnica y religiosamente individualista, la tentación casi parece invadir todo.
El Dios de Jesucristo. Tras la preparación en el antiguo Israel, Dios revela su vida íntima, su misterio trinitario. Dios-Amor envía a su Hijo para que nos descorra lo posible del velo de su misteriosa intimidad, y el Espíritu Santo nos instruye interiormente para que no seamos necios ni quedemos ofuscados o ciegos ante el resplandor divino. Dios en Jesucristo se revela como Dios de donación: el Padre nos dona a su Hijo, el Padre y el Hijo nos donan su Espíritu. El Padre y el Hijo y el Espíritu (se) nos donan su propia vida haciéndonos hijos de Dios. El Dios de Jesucristo es un Dios salvador, redentor: El Padre quiere que todos los hombres se salven, el Hijo lleva a cabo la salvación de todos en su Sacrificio y el Espíritu hace eficaz en el corazón de cada hombre la salvación de Dios. El Dios de Jesucristo es un Dios de misión: Póngase en camino, hagan discípulos a todos los pueblos, bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enséñenles a poner por obra todo lo que yo les he mandado. La revelación de este misterio divino se puede captar un poco con la inteligencia, pero se penetra todavía algo más con el corazón y con la experiencia de Dios en la oración.
Dios con nosotros. El evangelio según san Mateo comienza con el nacimiento del Enmanuel (Dios con nosotros) y termina igualmente con la presencia de Jesucristo glorioso entre sus discípulos y en la historia humana: "Yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de este mundo" (evangelio). Israel había ya experimentado en su historia la presencia y cercanía de Yahvéh. Ahora el nuevo Israel, la Iglesia, experimenta la cercanía del Padre en la presencia y en el rostro de su Hijo, Jesucristo, en virtud del Espíritu Santo cuya misión es hacer presente en el tiempo y en la historia la verdad completa ‘sobre Dios y sobre el hombre’. En el tiempo de la Iglesia, no sólo el Hijo, sino también el Padre y el Espíritu, están realmente con nosotros y en nosotros (cfr.: mensaje de la Virgen en Fátima a los pastorcitos).
Sugerencias...
La “nada” de los ídolos. En la religiosidad del hombre herido por el pecado ha sido verdad que si Dios no existe, habrá que inventarlo. No hay pueblo ni cultura, desde la más primitiva hasta la más avanzada, que no se haya fabricado sus dioses. La historia de las religiones da fe de ello. Ni siquiera los que se llaman o son ateos están exentos de esta realidad. Ellos cambiarán el rostro de sus ídolos, divinizarán al "Partido", darán culto al "Jefe", lucharán por plantar el cielo en la tierra... Es evidente que no se puede eliminar eso que el hombre lleva inscrito en su misma naturaleza “nos hiciste para Ti…”. En la historia humana, las generaciones han visto caer muchos ídolos, pero surgen otros nuevos. Estamos llamados los discípulos-misioneros para hablar al mundo del Dios único y verdadero, que nos ha revelado Jesucristo y no de ídolos, que ‘no son’. Es una deformidad grave, un pecado que no hablemos de Dios, que nos sumerjamos en el silencio por ignorancia, por temor o por excesiva prudencia humana. No tengamos miedo, Dios mismo pondrá en nuestros labios las palabras justas para que hablemos bien de Él. El mundo tiene necesidad de Dios, aunque parece que no lo sabe… cfr. Papa Francisco.
Hacer visible a Dios-Amor. No solo hablar, debemos obrar de tal manera que hagamos visible a Dios. Estamos llamados a tener una experiencia viva de Él, mejorar nuestro trato con Dios, que no se reduzca a una abstracción, sino que dialoguemos con Dios Vivo, que es Padre y es Hijo y es Espíritu Santo. La justicia se hace visible en un hombre justo, la verdad en un hombre veraz, el amor en un hombre que ama y sirve realmente, pues de esa misma manera Dios se hace visible en un hombre que ha experimentado el amor, la ternura, la grandeza y belleza de Dios; en un hombre "que ha visto, ha oído, ha tocado" a Dios en la Sagrada Escritura, en la oración, en los sacramentos, en el hermano, en las prácticas de las obras de Misericordia (Bula del Papa Francisco). ¿No es verdad que cada cristiano debería ser como un ostensorio del Dios viviente, del Amor trinitario? Si Dios no está más presente en nuestro mundo, no nos desalentemos... digámonos: "Es hora de esfuerzos, es hora de responsabilidad". ¡Manos a la obra!
María, Estrella de la Evangelización y causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.

miércoles, 16 de mayo de 2018

HOMILIA Solemnidad de PENTECOSTÉS cB (20 de mayo 2018)

Solemnidad de PENTECOSTÉS cB (20 de mayo 2018)
PrimeraHechos 2, 1-11; Salmo: Sal 103, 1ab. 24ac. 29b-31. 34; Segunda: 1 Corinto 12, 3b-7. 12-13, o bien Gálatas 5, 16-25; Evangelio: Juan 20, 19-23, o bien Juan 15, 26-27; 16, 12-15
Nexo entre las LECTURAS
En la fiesta de Pentecostés, el Espíritu Santo inunda, con su presencia, todos los textos litúrgicos. El evangelio anuncia el Espíritu de Verdad, que iluminará y llevará a los discípulos a la verdad completa. En la primera lectura, lo que fue promesa se hace cumplimiento, y el Espíritu Santo viene con su poder sobre los apóstoles y otros discípulos de Jesús, reunidos con María en el Cenáculo. Cuando el Espíritu Santo entra y se apodera del corazón de un discípulo de Jesús, entonces toda su existencia cristiana y su comportamiento cambian y producen los frutos del Espíritu, que se sintetizan en el amor -caridad- dice san Pablo.
Temas...
El Espíritu Santo es revelado mediante símbolos y mostrando su acción en el interior del hombre. Son dos los símbolos que utiliza san Lucas en los Hechos. El primero es el viento impetuoso y creador, como el aliento de Dios sobre el primer hombre (Gén 2), que sacude al ser humano, lo despoja de sí, penetra en el recinto secreto del alma y aporta vida y santidad. El segundo es el fuego, que bajo forma de lenguas, se posa sobre los discípulos y los purifica y transforma. Ese fuego del Espíritu debe arder siempre, por eso san Pablo nos exhorta a no apagar el Espíritu (cf 1Tes 5,19).
En los textos de hoy se nos señalan diversos modos de obrar del Espíritu Santo en los hombres: 1) Es el Espíritu de verdad, que ilumina al hombre para que comprenda y acepte, en la fe, la verdad completa. Como Jesucristo es la plenitud de la verdad y de la revelación (Dei Verbum 2) el Espíritu nos iluminará para que comprendamos el misterio de Cristo. Así fue con los discípulos en el día de Pentecostés, ellos recibieron esa luz que abrió sus mentes a una comprensión superior y más plena de toda la vida de Cristo, de su origen y de su destino, y sobre todo del misterio de su pasión, muerte y resurrección. 2) El Espíritu da testimonio de Cristo, es decir, no sólo enseña sino que acredita con autoridad el misterio de Cristo. Dará ante todo testimonio en el corazón de los discípulos reunidos en el Cenáculo, un testimonio tan fidedigno que se transmite convirtiendo a esos discípulos en testigos. A lo largo del tiempo, dará testimonio en el alma de cada cristiano, sirviéndose de la palabra y de la vida de los testigos humanos. Sí, el Espíritu es el testigo de Cristo en el corazón de la historia. 3) El Espíritu glorifica a Cristo, porque no tiene mensaje propio, sino que dirá únicamente lo que ha oído. La gloria con que Cristo aparece, en su esplendor y grandeza, a los ojos de los hombres es obra del Espíritu Santo: su maravilloso poder de hacer milagros, el fulgor de su mirada, la fascinación de su Palabra, la fuerza y generosidad de su amor infinito, la conmovedora ternura hacia los niños y hacia los enfermos y necesitados...
Los frutos del Espíritu. En el interior de cada hombre se enfrentan fuerzas opuestas. De un lado, la carne (el hombre con sus pasiones desordenadas, con su tendencia hacia el mal) y de otro el espíritu (los nobles anhelos que anidan en el hombre, su aspiración hacia el bien, gracias al Espíritu Santo). En ese campo de batalla, que es el corazón del hombre, el mal trata de vencer mediante sus obras en los diversos ámbitos de la vida: el ámbito religioso con la idolatría y la hechicería; el ámbito social con las enemistades y discordias, la rivalidad, la ira, el egoísmo, las disensiones, cismas y envidias; el ámbito personal con intemperancias, borracheras y orgías; el ámbito sexual mediante la fornicación, la impureza y el desenfreno. En ese mismo corazón, el bien y con la ayuda de la gracia -el Espíritu Santo que lo alienta y promueve-, ‘pretende’ vencer al mal mediante el amor auténtico, fundado en Cristo y en su testimonio; un amor que se muestra operativamente en tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de sí mismo; un amor que se disfruta en la alegría verdadera y en la paz, que es compendio de todos los bienes. La batalla es cierta y constante. Con la ayuda de su gracia podremos salir victoriosos de la tentación y practicar las virtudes para gloria y alabanza de la Santísima Trinidad.
Sugerencias...
El corazón de la vida cristiana. La imagen del corazón nos refiere y trae a la mente el amor, y el Espíritu Santo es el Amor personal dentro del misterio trinitario, y por eso es el corazón de la vida cristiana. Ser cristiano significa, en definitiva, saber-querer amar. ¿Y quién nos enseña el arte de amar de modo cristiano? No precisamente los libros ni las ideas. El arte del amor cristiano nos lo enseña personalmente, a cada uno, el Espíritu Santo poniendo ante nuestros ojos a Cristo, sobre todo a Cristo crucificado. El Espíritu Santo nos enseña el arte de amar la verdad cristiana, contenida sustancialmente en el Credo y desarrollada con gran belleza y autoridad en el catecismo de la Iglesia católica. El Espíritu nos enseña el arte de amar la liturgia de la Iglesia y sus sacramentos, fuente de gracia y santidad para cada cristiano y para toda la Iglesia. El Espíritu nos enseña también el arte de amar en la moral cristiana que, con sus exigencias a veces no fáciles, infunde nobleza y dignidad, elevación y prestancia moral a todo el que la ama y la vive. El Espíritu enseña, también, el arte de amar la oración y la vida espiritual, como camino seguro y eficaz de unirse a Dios y de vivir en el gozo del amor la misma vida divina. Si dejamos actuar al Espíritu con libertad, Él nos hará hombres auténticos y santos en la Iglesia y al servicio de la Iglesia, y de la humanidad.
Caminar según el Espíritu. La exhortación de san Pablo abarca toda la vida del cristiano, a cualquier edad y en cualquier condición o profesión, cada día de la semana y cada hora del día (Gaudete et exsutate). Estés en casa con la familia, en clase de geografía en la escuela, en el club deportivo jugando bien, en la Iglesia participando en la celebración eucarística... compórtate según el Espíritu. Estás metido en un trabajo difícil en la oficina, estás feliz porque te has encontrado a un amigo que no veías desde hacía tiempo, estás divirtiéndote, has ido a visitar a tus suegros, has salido con la familia de paseo al campo... actúa movido por el Espíritu. Estás desganado y apagado por una mala noticia, rebosas de euforia porque has hecho un examen brillante, tienes un problema con tu esposa o esposo, con tus hijos... invoca al Espíritu Santo, pídele su luz y su fuerza, guíate por lo que Él te inspire. ¡Eso es ser cristiano! Con Él sabrás que es posible y además es fuente de paz y felicidad… con el Espíritu seamos santos de la casa de al lado…
María, esposa y madre, fiel discípula de Jesús, ruega por nosotros.

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...