martes, 14 de junio de 2011

MÉXICO D.F., 19 Mar. 10 / 06:48 am (ACI)

Karyme Lozano es una conocida actriz mexicana de telenovelas. Desde hace un tiempo y siguiendo el ejemplo de su amigo Eduardo Verástegui, con quien sirve en la organización "Manto de Guadalupe", ha decidido vivir la abstinencia sexual, que considera "algo bellísimo que yo no conocía antes".

En entrevista concedida al diario puertorriqueño Nuevo Día, Lozano relata que antes "yo me reía y me burlaba de la castidad, pero ahora Dios ha hecho milagros en mi vida. Dios existe y obra milagros todos los días, lo que pasa es que no queremos verlo a veces".

Seguidamente comentó su admiración por Verástegui, quien ya lleva seis años de abstinencia sexual. "Cuando yo lo veo y siento esa paz que tiene, esa tranquilidad que le viene desde muy adentro, yo me pregunté: ¿qué tiene él? Yo quiero tenerlo".

"He descubierto en la abstinencia algo bellísimo que yo no conocía antes. Me he dado cuenta que no tengo drama en mi vida ahora. Quisiera que cuando encuentre al hombre ideal, que sea el hombre de mi vida, casarme y que sea para siempre", señaló.

Lozano también ha dicho estar en contra del aborto, así como decidida a ayudar a las mujeres embarazadas a acoger la vida de sus bebés.

Hace unos días Karyme Lozano participó junto a Eduardo Verástegui en un gran evento en Guatemala en el que siete mil jóvenes entre 12 y 25 años prometieron vivir la castidad. En ese encuentro la actriz compartió su experiencia de conversión y su firme decisión de vivir cristianamente, de acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia.

viernes, 10 de junio de 2011

EN BARILOCHE SE CREO O UN SATELITE

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=7gzolvkjdhs#t=501s

JUBILADOS JAPONESES


arcelona (Redacción).- "Tengo 72 años y la probabilidad de vivir entre 13 y 15 más. En el caso de que la radiación me afecte, el cáncer tardaría entre 20 y 30 años en aparecer". Quien habla es Yasuteru Yamada, un jubilado japonés que ha decidido dar un paso adelante y se ha propuesto como voluntario para ayudar en la limpieza de la central nuclear de Fukushima. Sus argumentos no dejan lugar a dudas y asegura que ahora su generación tiene la obligación de pasar a la acción.

Según ha relatado a la BBC, Yamada se ha puesto en contacto por correo electrónico y por Twitter con viejos amigos de su quinta y con ellos ha creado el Cuerpo de Veteranos Especializados, que es el nombre que engloba a más de 200 ingenieros jubilados y otros profesionales, todos ellos de más de 60 años.

El grupo está creado y dispuesto a ayudar pero todavía tiene que convencer al gobierno japonés para que les permita actuar en la planta nuclear que sufrió el azote de un terremoto y su posterior tsunami el pasado 11 de marzo. Por lo que ha podido desvelar Yamada a la cadena británica, actualmente cuenta con el apoyo de un par de parlamentarios. "En este momento lo que puedo decir es que estoy hablando con muchos altos cargos del gobierno y de Tepco (la empresa que opera la planta)", revela. "Pero no puedo decir mucho más en este momento. Es un asunto políticamente muy, muy sensible".

La situación en Fukushima hoy, casi tres meses después del seísmo, es que sigue emitiendo radiación, que está previsto su cierre definitivo para enero de 2012 (aunque muchos tildan la previsión de excesivamente optimista) y que al menos tres de sus trabajadores se han expuesto a niveles de radiación mucho mayores a los asumibles por el cuerpo humano.

"No creo que yo sea particularmente especial", ha afirmado. "La mayoría de los japoneses tienen ese sentimiento solidario. La cuestión es si dar un paso adelante o quedarse aparte y observar", ha asegurado a la BBC. "Para dar ese paso necesitas muchas agallas, pero espero que sea una gran experiencia. La mayoría de los japoneses quieren ayudar de cualquier forma posible". En cuanto a la comparación con los kamikazes de la Segunda Guerra Mundial, Yamada simplemente sonríe y asegura: "No somos kamikaze. Los kamikaze fueron algo extraño, no hacían ninguna evaluación del riesgo. Iban a morir. Pero nosotros vamos a volver. Tenemos que trabajar pero morir nunca".

LA ENVIDIA


La envidia


La envidia es un pozo en el alma. No deja de ser una experiencia muy dolorosa para el envidioso (hemos hablado en algunas oportunidades de la tortura del envidiar), pero no lo es menos para el envidiado.

En los salmos hay muchas alusiones a esta experiencia, varios momentos en que los salmistas hablan de lo que uno podría pensar en una persecución fruto de la envidia. Por ej: “Afilan la lengua como la serpiente, esconden en sus labios veneno de víbora. Cuídame Señor de las manos del malvado” Sal 140. “Muchos son los que me odian sin motivo, los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando busco el bien. No me abandones, Señor” Sal 38. “Todo el día retuercen mis palabras” Sal 56. ¿quién no ha tenido la experiencia de que por envidia o por lo que fuera, las palabras de uno son retorcidas, son cambiadas. Aún cuando se respete la literalidad de la palabra, se la interpreta para cualquier lado. “Solo planean daño contra mí, se ocultan, siguen mis pasos”. El envidiado también habitualmente es una persona observada por el envidioso.

Hay una experiencia dura en la vida que es justamente padecer las consecuencias de la envidia, y en este tiempo en que se ve mucha literatura en torno a la toxicidad en las relaciones, a la manipulación en las relaciones, a niveles tóxicos altos en los vínculos, me da la impresión de que esto ha aumentado como fenómeno, o está mas a la luz. O por lo menos, los estragos que genera la envidia son más nítidos, están más claros, más perceptibles.

Creo que ha aumentado la envidia porque ha aumentado la soledad. Y al aumentar la soledad fruto de esta sociedad individualista, esta experiencia de vacío, de sin sentido, de no ser, de inseguridad, de insatisfacción a veces nos interpela de manera compulsiva a envidiar los lugares, los roles, el brillo, la luminosidad de una persona que es amada o que es admirada, o que tiene bienes de algún tipo, en los cuales yo he depositado la esperanza de ser: de ser tenido en cuenta, de ser valorado, de ser querido.

Entonces, en el fondo, lo que se juega para el envidioso, es su propia baja autoestima, su propia experiencia de carencias de amor.

Lamentablemente, la literatura de autoayuda actual, no enfoca del todo el problema del envidioso desde esta perspectiva. No envidia el que quiere sino el que puede. En ese sentido, la envidia tiene un sustrato. Tiene atrás una cruz, una herida, una carencia fuerte. Y habitualmente lo que percibo en la literatura de autoayuda es la mirada hacia el envidioso como la de alguien que en absoluta libertad elige el camino del daño. Varias veces he intentado plantear el tema de si existen las personas malas. Para algunos sí existen. Para otros no: lo que existen son personas heridas que se vuelven malas a consecuencia de un gran dolor o de una gran carencia, o de algo que sobró.

Pero a veces cuando vemos el desempeño de algunas personas generalmente envidiosas o muy competitivas que caminan por la vida generando daño o dejando tras de si una estela de mucho dolor y sufrimiento, uno vuelve a recordar esas páginas en las que se trata de la toxicidad de estas personas como personas verdaderamente peligrosas, dañinas.

Vamos a hablar sobre este daño que hace la envidia. Está tan metida en este momento, que mucha gente va a buscar en prácticas esotéricas o mágicas o parapsicológicas, desactivar el daño que la gente presume que se le ha hecho a raíz de la envidia. Está en la piel de todos en este momento, y es bueno conversar sobre ello.



En nuestra conducta, en nuestro modo de ser, capaz que encontramos motivos para que los demás o alguien en particular nos envidie. Me refiero a los motivos que podemos llegar a analizar y cambiar. Si alguien es envidiado por la belleza física, no es algo que deba ser cambiado para que no lo envidien, pero hay personas hermosas que han ido opacándose a lo largo de la vida porque prefirieron no lucir su belleza para no soportar las consecuencias de la envidia, es decir, para no quedarse solos. Lo mismo pasa con personas muy inteligentes o que se destacan por algún talento en especial, y se van dando cuenta de que se van quedando solos porque están en medio del ‘veneno de víboras’, perciben estar en una red donde continuamente le tienden trampas, como hacían con Jesús, en este caso por la enorme influencia que El ejercía en el alma de las personas.

Motivos para que nos envidien puede haber siempre, porque en el intercambio de bienes espirituales, emocionales, intelectuales, físicos en la sociedad siempre va a haber alguien que puede llegar a desear lo que yo tengo, de la misma manera que puede haber alguien que tiene lo que yo deseo.

Pero me estoy refiriendo a analizar motivos para las personas que nos envidian que pueden ser modificados. Por ejemplo: hablamos demasiado de nosotros mismos, o somos demasiado vanidosos, o demasiado indiferentes, o soberbios, y tal vez sin intención o sin darnos cuenta, las personas que nos envidian han quedado como atrapadas en esta especie de conducta que nosotros tenemos y que podemos revisar. Quizá haya algo en nuestra forma de ser que irrite a los demás y no nos damos cuenta, quizá nuestra manera de hablar o de mirar , o nuestros comentarios pueden ser molestos. Hay por ejemplo muchas personas egoístas que tienen suerte en lo económico, y son objeto de envidia (¿por qué esta persona tan mala tiene tantos bienes que no se merece?): suscita en los demás una sensación de injusticia y eso hace que a esta persona se la comience a mirar mal, a criticarla, a envidiarla.

A la hora de descubrir que somos objeto de envidia de los demás, debemos estar atentos para darnos cuenta de qué es lo que incomoda de nosotros a los demás. Si no, podemos preguntárselo a los demás, incluso al que nos envidia, o pedirle a Dios que nos ilumine para descubrirlo. Al que nos envidia, es medio peligroso, porque justamente si alguien tiene una mirada distorsionada de nosotros por la envidia, puede que no sea muy lúcida ni muy objetiva su mirada. Pero también puede ser una pista para que nosotros también nos involucremos en la limpieza, en la purificación de este sentimiento, que a veces es muy destructor en la sociedad.

Muchas veces, tratando de hablar con esas personas con dulzura, tratando de acercarnos a ellas, o incluso si son vínculos más fuertes, podemos hablar sobre esas cuestiones y podemos así llegar a entender mejor ese rencor o esa envidia de que somos objeto. Y hacer eso antes que ir a un brujo a una parapsicóloga para que desaten el daño, tenemos nosotros mismos, en nuestra propia introspección, en nuestra propia reflexión, en nuestra propia inteligencia y en la inteligencia de los demás, la posibilidad de desatar los nudos con nuestra voluntad. Pero también es cierto que a veces hemos sido discretos, no pretendemos parecer superiores a los demás, no hemos sido competitivos ni egoístas, y sin embargo nuestros logros molestan.



Como aquella leyenda de la serpiente que perseguía a la luciérnaga para terminar con ella, porque no soportaba verla brillar, este es un pecado capital que los Padres de la iglesia llamaron “asedia”. Es la envidia ya no por bienes externos sino internos, que están en la identidad, en la esencia, en el perfume del otro. De ninguna manera la luciérnaga puede dejar de brillar. Y sencillamente porque brilla, suscita la feroz envidia de la serpiente que la quiere matar.



No ya desde el que envidia sino del que es envidiado: hay personas que le tienen mucho miedo a esta experiencia, y dejan de brillar con tal de no ser envidiadas, porque el envidioso suele desplegar armas bastante dolorosas, duras. Hay envidiosos torpes, y los hay refinados, que tienen una habilidad especial para detectar el punto donde va a doler más el comentario o la herida, o la actitud… Cual sea la estrategia que el envidioso desarrolla para comerse el brillo del otro, tiene una atención especial. A veces la envidia, cuando está demasiado tiempo trabajando en el alma de las personas, desarrolla hasta una inteligencia, una estrategia para destruir. Porque el envidiado es su enemigo. La envidia es capaz de cegar tanto como la ira. Y quienes han percibido los efectos devastadores que puede tener la envidia (incluso inconscientemente), dejan de brillar. Es un acto de autodefensa o de comodidad muchas veces: las personas no son naturales con sus dones o con sus bienes –y no se trata de ser vanidoso ni nada de eso-, no lucen lo que tienen, mas bien lo esconden. Y hasta las buenas noticias a veces no se comentan, o se comentan sin el agregado de la alegría que me producen, porque hay miedo a la envidia del otro. Obviamente, no vas a contar plata en la mesa del pobre, porque sería ser un desubicado. Pero muchas veces nosotros vivimos situaciones como las de la luciérnaga, y nos preguntamos por qué nos pasa esto si no hicimos daño a nadie, si lo único que hicimos fue seguir nuestro camino lo mas generosamente posible, y nos vamos a encontrar con aquellos que no soportan vernos brillar. Y cuando esto nos pase, no tenemos que dejar de brillar, no tenemos que dejar de ser nosotros mismos, no tenemos que abandonar nuestro camino para corrernos de la influencia de la envidia, porque eso es justamente lo que se busca. Tenemos que seguir siendo lo mejor de nosotros mismos, sin olvidarnos de aquellas cosas en las que somos lo peor. Sin olvidarnos de nuestras sombras, hay que seguir brillando, porque nuestra misión en la vida es encender una luz. Desde el momento en que fuimos concebidos, fuimos llamados a encender una luz, aunque sea pequeña, como la de la luciérnaga.



El fin muy cerca está, lo afrontaré serenamente, ya ves, yo he sido así, te lo diré sinceramente
Viví la intensidad y no encontré jamás fronteras jugué sin descansar y a mi manera.
Jamás viví un amor que para mí fuera importante tomé solo la flor y lo mejor de cada instante
Viajé y disfruté, no se si más que otro cualquiera si bien, todo eso fue a mi manera.

Tal vez lloré, tal vez reí, tal vez gané o tal vez perdí
ahora sé que fuí feliz, que si lloré también amé y todo fue, puedo decir, a mi manera.

Quizás también dudé cuando mejor me divertía quizás yo desprecié aquello que no comprendía
hoy sé que infierno fuí y que afronté ser como era y así logré seguir, a mi manera.
Porque ya sabrás que el hombre al fin conocerás por su vivir
no hay porque hablar, ni que decir, ni recordar, ni hay que fingir
puedo llegar hasta el final, A MI MANERA



'MÁS QUE MI DESTINO'

Abel Pintos


Un sueño, es mas que un sueño...es el deseo y la razón

es el camino más directo al centro de tu corazón.

Como una puerta que se abre...al mañana pero hoy...

la vida, no se termina...nunca se llega hasta el final...

tu mente quedara dormida...pero tu esencia seguirá...

buscando un tiempo y una forma y a mi lado volverás.......



volverás, a mi lado volverás, si me buscas y te busco

y me esperas y te espero volverás, a mi lado volverás

eres parte de mi alma y en tu cielo soy eterno

Es todo....así termino , no tengo más para decir

AMARTE ES MAS QUE MI DESTINO...y la razón de mi existir



Y si una lágrima derramo cuando canto ésta canción......

No la detengo porque es mi alma...que se va, se va con vos.











Tenemos algunas citas del Evangelio donde se describen estrategias sobre todo de los fariseos por la envidia que generaba Jesús. Jn 7,32, Jn 12,18-19 y muchas más, dejan advertir el corazón, el núcleo duro de la envidia: la envidia de la esencia de un ser. Eso es lo más dañino. Los fariseos han sido maestros de cómo se va tejiendo la estrategia de la envidia. El Evangelio nos dice “…permanentemente trataban de hacerle daño… o de tenderle trampas…porque no soportaban que se diera a conocer, que tuviera influencia en las personas.

En estos tiempos vivimos una demanda enorme de atención. Hay hasta quienes ponen en riesgo su vida con tal de despertar la atención de los demás sobre su persona. Creo que también en todos los lugares donde se producen fenómenos masivos –festivales por ejemplo- surge esta cosa compulsiva de llamar la atención de alguna manera, de ser mirado, de ser reconocido, aún cuando fuera a través de gestos o de actitudes negativas. Hay quienes sostienen que hasta se llega a delinquir con tal de obtener una limosna de atención o de fama. Y aunque esto en el fondo nos pueda generar mucha rabia, en realidad, y para pasar por la puerta correcta, lo que debiera suscitar, si es que no perdemos nuestra luz, es una profunda compasión, una gran pena de pensar hasta dónde puede deformarse una persona con tal de tener un mendrugo de afecto.

Para el que es objeto de envidia, lamentablemente lo más común y más cómodo es entrar en una suerte de ‘apagón’, sobre todo las personas que no tienen una personalidad agresiva o luchadora, sino que son pacíficas y/o les cuesta soportar el combate con otro cualquiera sea. Incluso a veces mantienen los vínculos por los que circula la envidia, y esas personas lo saben, pero tratando de proteger todo lo que pueda suscitar. Ese es un camino errado, porque cuando la persona comienza a transitar el camino de la envidia, es muy difícil que alguien pueda hacer algo desde uno para modificarlo, y entonces lo único que logramos achicándonos, es dejar al mundo sin nuestra luz, dejar de irradiar nuestro perfume, resignar nuestra esencia, nuestra misión en el mundo. En definitiva, es esclavizarnos. Y eso es lo que el mal quiere: ir tragando en su red lo bueno, lo noble, lo verdadero, lo bello, ya sea por miedo, ya sea por torcer la voluntad del que ama.

Son duras las experiencias de ser envidiado y de soportar el veneno y toda la cantidad de trampas que el envidioso teje en torno al envidiado, sobre todo en vínculos cercanos, o donde hay convivencia. Pero “No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos.” (Gal 6,9). El camino de retroceder, de achicarse, de acomodarse, de amoldarse al molde que el envidioso nos propone para dejar de brillar, no es un camino verdadero.

Está también el otro camino: el de devolver mal por mal: en cuanto detectamos que somos objeto de envidia (incluso a veces detectamos mal o percibimos exageradamente), muchas veces, no hacemos nada por tratar de descubrir si lo que estamos percibiendo es verdadero. Porque muchas veces yo soy el envidioso y proyecto sobre los demás esa tendencia a la envidia. O al revés: soy vanidoso, soberbio, y hasta me gusta que me envidien-. Hay gente que disfruta de ser admirada pero casi pisando el territorio de la envidia, y necesita de esa mirada envidiosa como una especie de adrenalina y estímulo para continuar en su carrera ascensora.

En definitiva: hay distintas patologías en torno a esta cuestión. Pero la más común suele ser la declaración de guerra, a veces implícita o tácita, a veces explícitas. En definitiva es como caer en la trampa y entonces nuestro brillo comienza a opacarse por esta actitud.

¿cómo pararnos entonces frente a la envidia de los demás? ¿Dónde encontrar los modelos para manejar esto que puede llegar a ser también doloroso y peligroso?

Una de las cosas que se propone desde la espiritualidad cristiana es la entrega: poner en manos de Dios estas heridas, este orgullo lastimado, este miedo a que nos hieran, este dolor de ser criticado a veces de manera difamante. Así como también hay otros sufrimientos que nos quitan la paz, como la enfermedad física, la humillación de un fracaso, una ilusión que se rompe… podemos tomar el camino de entregar en manos de Dios este soportar la envidia de los demás en lugar de alimentar el odio y dejarnos contagiar por el rencor.

“Ofrézcanse como una víctima viva, santa y agradable a Dios que sea el culto de ustedes, y no se acomoden al mundo presente. Mejor, transfórmense por la renovación interior” (Rom 12)



Ser envidiado es realmente una cruz, y el camino de la cruz está claramente marcado por Jesús. Yo creo que este es un mensaje universal. De diversos modos lo dicen las distintas religiones, y no debe haber otro camino, porque la armonía profunda de la vida es el amor, y si no entramos por el camino del amor, indudablemente nos vamos apartando del camino de la vida. Esto quiere decir que es posible la actitud del perdón a priori, es decir, aún cuando la persona que nos envidia no nos pida perdón. Hay que acudir y entrar en el territorio de la reconciliación. Perdonar es de alguna manera aceptar dignamente esa cruz, ese dolor que nos genera, y no responder desde la reacción sino desde la comprensión del problema. La reacción suele ser o fuga o lucha (rencor, odio, ira). Y cuando se comprende profundamente la vida, se descubre que la estructura activa de la vida y lo que únicamente vive es lo que produce vida, que es el amor. Lo que produce muerte muere. Por eso hay que perseverar. Porque en algún momento llegarán los frutos de esa perseverancia si tenemos paciencia para esperar y ver que la vida produce vida, y que el amor y el perdón producen una acogida que está por encima de cualquiera de las rupturas introducidas por el pecado. Por eso digo que hay que apelar al poder más grande, que no es la reacción, el rencor, sino el amor, en este caso manifestado a través del perdón.

Es posible incluso no solo aceptar el dolor de la herida que nos produce la envidia, sino también aceptar al envidioso, al que nos produce esta herida. Propiciar una reconciliación con quien está produciendo rupturas y daños no es una forma refinada de escapismo. No es que ‘aparento ser magnánima’, ni tampoco es una ‘venganza transfigurada’ (si así fuera, es el rencor y no el amor, o es la vanidad la que está motorizando esta actitud). La actitud que propongo es la que nace de un profundo convencimiento y una absoluta confianza en que solo el amor y el perdón pueden restablecer la armonía perdida en esta creación que está deteriorada y rota. También para los que odian o crean cruces para los demás, el amor es una fuerza unitiva, puedan o no recibirlo, puedan o no aceptarlo, puedan o no a lo largo de toda su vida abrirse a una experiencia amorosa. Yo tengo la convicción de que no hay ningún pecado histórico que pueda sofocar esa llama: la llama que se enciende en los crucificados que aceptan con dignidad y grandeza ese dolor, esa cruz y no permiten que la fuerza del rencor, de la envidia o de la destrucción, les tuerza el brillo que llevan en el corazón.

El perdón, la alabanza y la bendición son armas para protegerse de la envidia.

El perdón: decir vivir en una actitud de reconciliación, abrazar el bien por el bien mismo, no por lo que la fe nos da a ‘contraprestación’. Es ir mas allá de la fe útil, que busca una ventaja para nosotros mismos. Aquí es donde realmente se juega la fe como convicción de que el amor es la fuerza superior que mueve al mundo. Y eso es lo que Jesús ha venido a decir: la vida está construida sobre los cimientos del amor, y cuando hablamos de perdonar, y de aceptar y trascender los sufrimientos que la envidia nos provoca, incluso por amor al enemigo, ahí estamos comenzando recién a dar los primeros pasos en la fe, y a sustituir la reacción por la comprensión. Estamos llamados a algo más todavía, y es a ‘coser lo que el otro está rompiendo’ con su envidia.

La alabanza como forma de restablecer el orden de Dios: alabar a Dios por esa persona que nos tiene envidia es una oración maravillosa, porque levanta el corazón hacia Dios y lo saca de las angustias interiores y de las tristezas, y de los temores. Son los Salmos los que más describen el daño que puede hacer la envidia, y también los que más alaban al Señor.

La bendición. “bendigan a los que los maldicen”, dice Jesús. Hay que entrar por esa puerta estrecha, aunque da la impresión de que la fuerza de la envidia es muy grande.

martes, 31 de mayo de 2011

DAR LA VIDA

martes, 24 de mayo de 2011

UNA BUENA PELICULA PARA VER

HOLA TE RECOMIENDO QUE VEAS LA SIGUIENTE PELICULA
http://www.youtube.com/watch?v=j26MqaVjKPc&feature=player_embedded

TE LLENARA DE AMOR, DE ESPERANZA Y PODRAS ENCONTRAR EN ELLA ELEMENTOS PARA DAR GRACIAS POR TU VIDA.

jueves, 19 de mayo de 2011

miércoles, 18 de mayo de 2011

LA SANTA MISA

El Padre Pío explica, durante una entrevista, la Santa Misa:

En 1974 se publicó una obra en italiano, titulada «Cosí parlò Padre Pío»: «Así habló el Padre Pío» (San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia), con el imprimátur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia.

- Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
"Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme".
- ¿Qué hace Jesús en la Comunión?
"Se deleita en su criatura".

Algunos pasajes en los que el Padre Pío habla de la Santa Misa:



Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio?
Sí, porque con él regenera el mundo.

¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios?
Una gloria infinita.

¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?
Compadecernos y amar.

Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa?
Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.

Padre, ¿qué beneficios recibimos al asistir a la Santa Misa?
No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.

Padre, ¿qué es su Misa?
Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi responsabilidad es única en el mundo, decía llorando.

¿Qué tengo que descubrir en su Santa Misa?
Todo el Calvario.

Padre, dígame todo lo que sufre Vd. durante la Santa Misa.
Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión, aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer una criatura humana. Y esto, a pesar de cada una de mis faltas y por su sola bondad.

Padre, durante el Sacrificio Divino, ¿carga Vd. nuestros pecados?
No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.

¿El Señor le considera a Vd. como un pecador?
No lo sé, pero me temo que así es.

Yo lo he visto temblar a Vd. cuando sube las gradas del Altar. ¿Por qué? ¿Por lo que tiene que sufrir?
No por lo que tengo que sufrir, sino por lo que tengo que ofrecer.

¿En qué momento de la Misa sufre Vd. más?
En la Consagración y en la Comunión.

Padre, esta mañana en la Misa, al leer la historia de Esaú, que vendió su primogenitura, sus ojos se llenaron de lágrimas.
¡Te parece poco, despreciar los dones de Dios!

¿Por qué, al leer el Evangelio, lloró cuando leyó esas palabras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre»...?
Llora conmigo de ternura.

Padre, ¿por qué llora Vd. casi siempre cuando lee el Evangelio en la Misa?
Nos parece que no tiene importancia el que un Dios le hable a sus criaturas y que ellas lo contradigan y que continuamente lo ofendan con su ingratitud e incredulidad.

Su Misa, Padre, ¿es un sacrificio cruento?
¡Hereje!

Perdón, Padre, quise decir que en la Misa el Sacrificio de Jesús no es cruento, pero que la participación de Vd. a toda la Pasión si lo es. ¿Me equivoco?
Pues no, en eso no te equivocas. Creo que seguramente tienes razón.

¿Quien le limpia la sangre durante la Santa Misa?
Nadie.

Padre, ¿por qué llora en el Ofertorio?
¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento en que el alma se separa de las cosas profanas.

Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme.

¿No le distraen los ruidos?
Para nada.

Padre, ¿por qué sufre tanto en la Consagración?
No seas malo... (no quiero que me preguntes eso...).

Padre, ¡dígamelo! ¿Por qué sufre tanto en la Consagración?
Porque en ese momento se produce realmente una nueva y admirable destrucción y creación.

Padre, ¿por qué llora en el Altar y qué significan las palabras que dice Vd. en la Elevación? Se lo pregunto por curiosidad, pero también porque quiero repetirlas con Vd.
Los secretos de Rey supremo no pueden revelarse sin profanarlos. Me preguntas por qué lloro, pero yo no quisiera derramar esas pobres lagrimitas sino torrentes de ellas. ¿No meditas en este grandioso misterio?

Padre, ¿sufre Vd. durante la Misa la amargura de la hiel?
Sí, muy a menudo...

Padre, ¿cómo puede estarse de pie en el Altar?
Como estaba Jesús en la Cruz.

En el Altar, ¿está Vd. clavado en la Cruz como Jesús en el Calvario?
¿Y aún me lo preguntas?

¿Como se halla Vd.?
Como Jesús en el Calvario.

Padre, los verdugos acostaron la Cruz de Jesús para hundirle los clavos?
Evidentemente.

¿A Vd. también se los clavan?
¡Y de qué manera!

¿También acuestan la Cruz para Vd.?
Sí, pero no hay que tener miedo.

Padre, durante la Misa, ¿dice Vd. las siete palabras que Jesús dijo en la Cruz?
Sí, indignamente, pero también yo las digo.

Y ¿a quién le dice: «Mujer, he aquí a tu hijo»?
Se lo digo a Ella: He aquí a los hijos de Tu Hijo.

¿Sufre Vd. la sed y el abandono de Jesús?
Sí.

¿En qué momento?
Después de la Consagración.

¿Hasta qué momento?
Suele ser hasta la Comunión.

Vd. ha dicho que le avergüenza decir: «Busqué quien me consolase y no lo hallé». ¿Por qué?
Porque nuestro sufrimiento, de verdaderos culpables, no es nada en comparación del de Jesús.

¿Ante quién siente vergüenza?
Ante Dios y mi conciencia.

Los Angeles del Señor ¿lo reconfortan en el Altar en el que se inmola Vd.?
Pues... no lo siento.

Si el consuelo no llega hasta su alma durante el Santo Sacrificio y Vd. sufre, como Jesús, el abandono total, nuestra presencia no sirve de nada.
La utilidad es para vosotros. ¿Acaso fue inútil la presencia de la Virgen Dolorosa, de San Juan y de las piadosas mujeres a los pies de Jesús agonizante?

¿Qué es la sagrada Comunión?
Es toda una misericordia interior y exterior, todo un abrazo. Pídele a Jesús que se deje sentir sensiblemente.

Cuando viene Jesús, ¿visita solamente el alma?
El ser entero.

¿Qué hace Jesús en la Comunión?
Se deleita en su criatura.

Cuando se une a Jesús en la Santa Comunión, ¿qué quiere que le pidamos al Señor por Vd.?
Que sea otro Jesús, todo Jesús y siempre Jesús.

¿Sufre Vd. también en la Comunión?
Es el punto culminante.

Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos?
Sí, pero son sufrimientos de amor.

¿A quién se dirigió la última mirada de Jesús agonizante?
A su Madre.

Y Vd., ¿a quién mira?
A mis hermanos de exilio.

¿Muere Vd. en la Santa Misa?
Místicamente, en la Sagrada Comunión.

¿Es por exceso de amor o de dolor?
Por ambas cosas, pero más por amor.

Si Vd. muere en la Comunión ¿ya no está en el Altar? ¿Por qué?
Jesús muerto, seguía estando en el Calvario.

Padre, Vd. a dicho que la víctima muere en la Comunión. ¿Lo ponen a Vd. en los brazos de Nuestra Señora?
En los de San Francisco.

Padre, ¿Jesús desclava los brazos de la Cruz para descansar en Vd.?
¡Soy yo quien descansa en El!

¿Cuánto ama a Jesús?
Mi deseo es infinito, pero la verdad es que, por desgracia, tengo que decir que nada, y me da mucha pena.

Padre, ¿por qué llora Vd. al pronunciar la última frase del Evangelio de San Juan: «Y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»?
¿Te parece poco? Si los Apóstoles, con sus ojos de carne, han visto esa gloria, ¿cómo será la que veremos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifieste en el Cielo?

¿Qué unión tendremos entonces con Jesús?
La Eucaristía nos da una idea.

¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa?
¿Crees que la Mamá no se interesa por su hijo?

¿Y los ángeles?
En multitudes.

¿Qué hacen?
Adoran y aman.

Padre, ¿quién está más cerca de su Altar?
Todo el Paraíso.

¿Le gustaría decir más de una Misa cada día?
Si yo pudiese, no querría bajar nunca del Altar.

Me ha dicho que Vd. trae consigo su propio Altar...
Sí, porque se realizan estas palabras del Apóstol: «Llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús» (Gal. 6, 17), «estoy crucificado con Cristo» (Gal. 2, 19) y «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (I Cor. 9, 27).

¡En ese caso, no me equivoco cuando digo que estoy viendo a Jesús Crucificado!
(No contesta).

Padre, ¿se acuerda Vd. de mí durante la Santa Misa?
Durante toda la Misa, desde el principio al fin, me acuerdo de tí.

----------

La Misa del Padre Pío en sus primeros años duraba más de dos horas. Siempre fue un éxtasis de amor y de dolor.

Su rostro se veía enteramente concentrado en Dios y lleno de lágrimas. Un día, al confesarme, le pregunté sobre este gran misterio:

Padre, quiero hacerle una pregunta.
Dime, hijo.

Padre, quisiera preguntarle qué es la Misa.
¿Por qué me preguntas eso?

Para oírla mejor, Padre.
Hijo, te puedo decir lo que es mi Misa.

Pues eso es lo que quiero saber, Padre.
Hijo mío, estamos siempre en la cruz y la Misa es una continua agonía.


El santo Padre Pío de Pietrelcina habló en varias ocasiones con la Virgen de Garabandal y escribió a las niñas en nombre de Ella. Vio el Milagro que va a venir poco antes de morir. Las enseñanzas de la Santísima Virgen acerca de la Santa Misa como el Santo Sacrificio de la Cruz de cara al Santísimo se pueden comprender leyendo este diálogo. A esto se refiere María Dolores en una carta escrita en tiempo de las Apariciones cuando dice que la Santísima Virgen la enseñó a vivir la Crucifixión de Jesús durante la Santa Misa.

¿HAY UN SECRETO PARA LA FELICIDAD?


La vida no es fácil: reprobaste, te cortaron, el amor de tu vida no te hace caso. Sin una actitud positiva te lleva el tren. El optimismo ayuda a enfrentar todas las dificultades de la vida y podemos decir “al mal tiempo buena cara.” ¿Hay algún secreto para la felicidad? Bueno, tal vez nunca se pueda ser totalmente feliz, pero si eres optimista habrás dado un gran paso.

También de seguro tienes al clásico amigo pesimista que le ve la mosca en la sopa a todo y, claro, te acaba contagiando. Pero de seguro también conoces a alguien que no se deja caer y que en todo ve oportunidades.

El optimismo no borra los problemas, a veces las cosas simplemente no te salen. De hecho si todo saliera siempre bien no harían falta optimistas.

Cuando te das un frentazo, la frustración puede paralizarte. ¿Has pensado que muchos tropiezos se dan por hacer las cosas demasiado rápido o sin pensar? La experiencia sirve para aprender y rectificar. El optimista sabe que puede equivocarse, pero está dispuesto a corregir.

Una actitud sencilla y optimista no desmerita el esfuerzo o la iniciativa. ¡No eres Superman! No lo puedes todo, pero el optimista sale adelante siempre.

Pero mucho ojo: el optimista no es ingenuo ni se deja llevar por ideas prometedoras, procura pensar y considerar detenidamente todas las posibilidades antes de tomar decisiones. Si una persona desea iniciar un negocio propio sin el capital suficiente, sin conocer a fondo el ramo o con una vaga idea de la administración requerida, por muy optimista que sea seguramente fracasará en su empeño, ya que carece de las herramientas y fundamentos esenciales para lograrlo.


Podría pensarse que el optimismo nada tiene que ver con el resto de las personas, sin embargo, este valor nos hace tener una mejor disposición hacia los demás: cuando conocemos a alguien esperamos una actitud positiva y abierta. Si nuestras expectativas no se cumplen, lo mejor es pensar que las personas pueden cambiar, aprender y adaptarse con nuestra ayuda. El optimista reconoce el momento adecuado para dar aliento, para motivar, para servir.

El paso hacia el verdadero optimismo requiere una disposición más entusiasta y positiva, es tanto como darle la vuelta a una moneda y ver todo con una apariencia distinta:

• Analiza las cosas a partir de los puntos buenos y positivos, seguramente con esto se solucionarán muchos de los inconvenientes. Curiosamente, no siempre funciona igual a la inversa.

• Haz el esfuerzo por dar sugerencias y soluciones, en vez de hacer críticas o pronunciar quejas.

• Procura descubrir las cualidades y capacidades de los demás, reconociendo el esfuerzo, el interés y la dedicación. Esto es lo más justo y honesto.

• Aprende a ser sencillo y pide ayuda, generalmente otras personas encuentran la solución más rápido.

• No hagas alarde de seguridad en ti mismo tomando decisiones a la ligera, considera todo antes de actuar pues las cosas no se solucionan por sí mismas. De lo contrario es imprudencia, no optimismo.

Recuerda siempre que no es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien ha sabido encontrar un estímulo para superarse en lo adverso. Todo requiere esfuerzo y el optimismo es su manifestación más clara, de esta forma, las dificultades y contrariedades dejan de ser una carga.

martes, 17 de mayo de 2011

ORACION VOCACIONAL


Padre Bueno, dueño de la mies,
escucha la oración de tus hijos.
Concédenos muchas y
muy santas vocaciones sacerdotales,
consagradas y laicales,
garantía de vitalidad
para el porvenir de tu Iglesia.
Haz que los sacerdotes,
los consagrados y los laicos
seamos testimonio de caridad
por nuestra total entrega a ti
y a nuestro prójimo.
Danos a todos sabiduría
para descubrir tu llamado
y generosidad para
responder con prontitud.
María, Madre de la Iglesia,
modelo de toda vocación,
intercede por nosotros
y ayúdanos a decir "Sí" al Señor
que nos llama a colaborar
en el designio divino de salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

TESTIMONIO DE MEDICOS SIN FRONTERAS


Testimonios
Claudia Noguera
Psicóloga - Colombia


Claudia Noguera es psicóloga y actualmente forma parte de los equipos de MSF en República Centroafricana (RCA), país en el que la organización viene trabajando en diversos proyectos desde 1997. Allí, miles de personas viven atrapadas en áreas afectadas por el conflicto armado entre grupos rebeldes y militares. Cada día, MSF es testigo del aislamiento y de la falta de acceso a la atención sanitaria de los pacientes que viven en regiones muy remotas.

A continuación, Claudia describe su trabajo y los proyectos de MSF en ese país, y recuerda su anterior experiencia con la organización en Haití.


Abril 2011

“He venido a la República Centroafricana para comenzar las actividades psicosociales en varios proyectos del norte del país, donde MSF trabaja desde 2006 atendiendo a las víctimas del conflicto armado. Actualmente estoy formando al personal para desarrollar más actividades de consejería y de sensibilización, de modo que la población sepa que tendrá un servicio de atención psicosocial a su disposición si lo necesita. Vamos a comenzar a realizar actividades a nivel comunitario y en el hospital, orientadas a las víctimas de la violencia del conflicto armado, pero también abarcaremos a víctimas de violencia sexual y a los pacientes que sufran de la enfermedad del sueño, del VIH, o de malnutrición. En principio, los casos vendrán referidos por el equipo médico, pero el objetivo es ampliar las actividades de sensibilización para que la gente conozca la existencia del apoyo psicosocial y se acerque voluntariamente cuando lo necesite. Hasta ahora, las actividades de consejería se habían concentrado en pacientes de VIH, pero no habíamos tenido impacto sobre las víctimas de la violencia, por lo que éste es un gran paso adelante.

Mi primera misión con MSF fue en Haití. Estuve como supervisora del equipo de salud mental en Jacmel, tras el terremoto de enero de 2010. Allí, trabajaba en el hospital y en los campos de desplazados, atendiendo a quienes habían perdido sus casas y se habían instalado en el estadio o en otros sectores de la ciudad. Inicialmente nos concentramos en el impacto psicológico del terremoto, pero con el tiempo vimos que había necesidad de trabajar sobre las relaciones comunitarias: el cambio de vida que habían tenido que realizar los pacientes por tener que vivir en tiendas de campaña junto a otras personas. Por ejemplo, comenzamos a observar otros problemas que surgían, relacionados con la vida de los campos de desplazados, como por ejemplo la violencia sexual. Así, organizamos grupos psicoeducativos para tratar temas como el maltrato familiar, la vida en convivencia y la violencia sexual. Estuve seis meses allí: fue una experiencia muy fuerte; la primera misión marca mucho.

Antes de trabajar con MSF era psicóloga en un colegio y sentía necesidad de estar en contacto directo con las necesidades humanas, sentir que estaba haciendo algo de mayor impacto con las personas que necesitaban más de mi trabajo. Conocía el trabajo de MSF en mi país, Colombia, pero nunca trabajé allí. El trabajo humanitario como psicóloga es muy interesante. Desde mi punto de vista como psicóloga me interesa el trabajo que implique también lo cultural, no sólo lo clínico. El hecho de venir a trabajar en un contexto que te exige un conocimiento de la cultura, adaptar tus técnicas y conocimientos a diferentes contextos, para mi es un aprendizaje, una oportunidad.

Mi misión en RCA es mi primera experiencia en África. Personalmente ha sido un reto y una oportunidad para aprender muchísimas cosas en muy poco tiempo. El hecho de que ocupo un puesto móvil (es decir, trabajo para varios proyectos al mismo tiempo y me desplazo continuamente entre ellos), me ha permitido conocer muchos equipos en tres ciudades distintas, contextos distintos y necesidades diferentes. Ahora ya estoy trabajando con un equipo psicosocial y estoy más satisfecha porque empiezas a ver que lo que haces puede tener un resultado directo. Que el servicio funciona. Espero que continúe funcionando bien en el futuro, que sigamos logrando buenos resultados.”

lunes, 9 de mayo de 2011

DON ZATTI


CUANDO NIÑA, MI MADRE CONSAGRO MI VIDA A LA INTERCESION DE DON ZATTI, EL ENFERMERO SANTO DE LA PATAGONIA, DON ZATTI MODELO DE VIDA, INTERCEDE POR NOSOTROS.

sábado, 7 de mayo de 2011

EL DON DE LA VIDA


El don de la Vida, es tan maravilloso, cuanto más aún cuando a cada instante nuestro Creador nos va regalando pequeños y grandes milagros, basta con el milagro de respirar cada mañana el aire fresco de esta querida patagonia.
Bendito sea Dios por todo lo bello que nos ha dado en la vida, bendito sea Dios por cada vida que viene al mundo, por cada niño formándose en el vientre materno, por cada persona que ama y se deja amar, por el misterio y milagro que somos cada uno de nosotros.
Por eso, como Madre Teresa de Calcuta animémonos a vivir de tal manera que, todo lo que hagamos nos sirva para tener un tesoro en el cielo.
Gastemos nuestro ser, gastemos nuestra vida, dándonos, sirviendo, siendo instrumentos del amor de Dios, aunque esto nos lleve a la indiferencia de muchos, a ser el hazme reír de varios, no importa gastemos nuestra vida regalándonos al servicio de nuestros hermanos y así seremos Testigos de que hemos conocido verdaderamente a Dios.
Sil.-

viernes, 6 de mayo de 2011

QUEDARME EN TI

¡OH Señor Rey de Reyes, amado de mi alma, tomame, guiame. Solo Tu tienes palabras de vida eterna . Solo tu puedes cambiar mi vida, te entrego todo a ti, te entrego mi salud, mis padres, mis estudios, las personas que amo y las que debería amar más. Toma mi Ser te pertenece. Oh Dios mio, Rey mio, mi fuerza, mi baluarte. Todo lo que soy es tuyo, te amo, tomame, guiame, fortaleceme. Tomame como arcilla en tus manos y en tus preciosas llagas escondeme. Te amo. Silvina

viernes, 29 de abril de 2011

JUAN PABLO II EN VIEDMA

Viedma: Mensaje a la Patagonia. La nueva evangelización*


*Mensaje pronunciado por el Papa Juan Pablo II en el acto celebrado cerca del aeropuerto de Viedma, el 7 de abril de 1987, en presencia de pobladores locales, de las diócesis patagónicas y de aborígenes mapuches.


Síntesis:
1. Saludo a los pastores y a los fieles de la Patagonia. El V centenario de la Evangelización de América latina es una ocasión para renovar la tarea evangelizadora en esta vasta región.
2. La evangelización de la Patagonia, gracias al impulso evangelizador de la familia salesiana.
3. La Iglesia y cada uno de sus miembros deben continuar la misión de Cristo. La Iglesia participa del amor preferencial de Cristo con los pobres.
4. Mensaje especial a los mapuches y a todos los descendientes de los antiguos habitantes de la Patagonia. Palabras para los más necesitados. Llamado a los responsables. Más insidiosa que la pobreza material es la falta de dignidad. Reconciliación fraternal de los argentinos.
5. Seguir las huellas de la primera comunidad cristiana de Jerusalén. Realizar la evangelización desde la Iglesia comunión. Dar testimonio de unidad. La parroquia como comunidad misionera.
6. Necesidad del binomio formación y espiritualidad. Perseverar en la oración.
7. Invocación final a María Auxiliadora y Bendición.


1. “El Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha ungido. Me ha enviado para evangelizar a los pobres, para predicar a los cautivos la redención y devolver la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y promulgar un año de gracia del Señor” (Lc. 4, 18-19).

Queridísimos hermanos y hermanas:
Con estas palabras del profeta Isaías leídas en la sinagoga de Nazaret, Jesús proclama los objetivos que contiene la misión recibida del Padre. “Me ha enviado para evangelizar a los pobres” (Lc. 4,18). Estas mismas palabras quisiera que resonaran hoy también dentro de vosotros, que por el Bautismo, habéis sido hechos partícipes de la misión evangelizadora de Cristo.
Siento una gran alegría por haber podido venir hasta Viedma, centro de irradiación evangélica en la dilatada región patagónica, para manifestar el amor del Papa por todos y cada uno de vosotros. Deseo dirigir mi saludo, junto con mi fraterno afecto al pastor de esta diócesis de Vietma, y a los demás queridos hermanos en el Episcopado, que participáis en nuestro encuentro, en ellos quiero saludar también a todos los demás fieles de la Patagonia sacerdotes, religiosos y religiosas, diáconos, catequistas y laicos.
Esta visita pastoral desea llegar espiritualmente, y a través de los medios de comunicación, a todos los rionegrinos, neuquinos, chubutenses, santacruceños y fueguinos. Mi mensaje de paz y esperanza en Cristo, mi sincero afecto y mis oraciones son igualmente para todos. Me dirijo en particular al noble pueblo mapuche y a todos los antiguos habitantes de esta vasta meseta: el Papa os lleva muy dentro de su corazón.
La Iglesia se está disponiendo a celebrar el V Centenario de la Evangelización de América latina. Es, sin duda, el aniversario de un acontecimiento de gran relieve. La llegada de la fe a este continente. El Espíritu Santo nos urge a continuar la tarea evangelizadora, con nuevo ímpetu, en las condiciones del tiempo presente. Para la Iglesia entera en América latina se abre una nueva etapa en la obra de evangelización. Por esto, como Pastor de la Iglesia universal, exhorto hoy a todos los miembros de la Iglesia que está en el sur de la Argentina a que, bajo la guía de sus pastores, asuman con responsabilidad su parte en esta gran misión: lograr que en todos los hijos e hijas de esta tierra brille la luz de Cristo, cada vez con mayor intensidad.
El Espíritu estará sobre cada uno y hará posible esta gran obra, para la cual contáis con la ayuda maternal de María Auxiliadora. Patrona de la Patagonia.

Reconocimiento a los salesianos
2. Vosotros, amadísimos hermanos, sois los continuadores de una magnífica tradición evangelizadora y misionera, que desde hace poco más de un siglo, se ha ido desarrollando admirablemente en estas tierras, gracias al constante celo apostólico de los salesianos, unido al de las hijas de María Auxiliadora. La implantación de la Iglesia en la Patagonia está ligada a la actividad incansable y a la abnegación de aquellos misioneros hombres y mujeres, que dejaron su patria para venir a predicar el Evangelio y dar vida a numerosas obras de educación, de asistencia social, de promoción humana y cristiana. Entre ellos, no puedo menos que recordar a monseñor Juan Cagliero, primer vicario apostólico de la Patagonia septentrional, y a monseñor José Fagnano, primer prefecto apostólico de la Patagonia meridional, la Tierra del Fuego y las Islas Malvinas. Doy gracias al Señor, con mucha emoción por la entrega y dedicación de aquellos hombres y mujeres, que fueron los colaboradores de Dios en hacer realidad la visión profética de san Juan Bosco: la evangelización de la Patagonia.
Viedma fue uno de los centros desde donde se impulsó aquella primera acción misionera. Desde esta misma ciudad os animo a seguir dando cumplimiento al mandato misional, propio de la Iglesia, de propagar la fe y la salvación de Cristo (Ad gentes, 5), con la mirada puesta, en primer lugar, en todos los habitantes de estas tierras, pero sin olvidar al resto de vuestros hermanos argentinos e incluso al mundo entero, tan necesitado de la Buena Nueva.
¡La Iglesia de Dios que está en la Patagonia, heredera de una tan rica tradición evangelizadora, ha de seguir siendo siempre misionera!

Cristo y los pobres
3. Queridos hermanos y hermanas: no podéis quedaros indiferentes ante la salvación de los hombres.
-Si creéis en Cristo, habréis de creer también en el programa de vida que el nos propone.
-Si amáis a Cristo, habréis de amar a los que él ama y como él los ama.
-Si estáis unidos a Cristo, os debéis sentir enviados por él y como él a anunciar el Evangelio a toda criatura.
En el Evangelio que acabamos de escuchar, hemos oído como Jesús se da a conocer como Mesías, precisamente por la evangelización de los pobres, por el anuncio redentor a los cautivos, ciegos y oprimidos, es decir, por su amor preferencial a los más necesitados. También la Iglesia, a pesar de las debilidades de los errores en que hayan podido incurrir algunos de sus hijos, ha manifestado siempre esta predicación por los pobres.
La evangelización no sería auténtica si no siguiera las huellas de Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres. Debéis hacer propia la compasión de Jesús por el hombre y la mujer necesitados. El auténtico discípulo de Cristo se siente siempre solidario con el hermano que sufre, trata de aliviar sus penas –en la medida de sus posibilidades, pero con generosidad-, lucha para que sea respetada en todo instante la dignidad de la persona humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte. No olvida nunca que la “misión evangelizadora tiene como parte indispensable la acción por la justicia y las tareas de promoción del hombre” (Discurso de Puebla, 28 de enero de 1979, III. 2).
Sin embargo, el verdadero celo evangelizador se compadece sobre todo de la situación de necesidad espiritual –a veces extrema- en la que se debaten tantos hombres y mujeres. Pensad en cuántos todavía no conocen a Cristo, o bien tienen una imagen deformada de él, o han abandonado su seguimiento, buscando el propio bienestar en los atractivos de la sociedad secularizada o a través del odioso enfrentamiento de las luchas ideológicas. Ante esa pobreza del espíritu, el cristiano no puede permanecer pasivo: ha de orar, dar testimonio de su fe en todo momento, y hablar de Cristo, su gran amor, con valentía y caridad. Y debe procurar que esos hermanos se acerquen o retornen al Señor y a su Cuerpo místico, que es la Iglesia, mediante una profunda y gozosa conversión de sus vidas, que dé sentido y valor de eternidad a todo su caminar eterno.
La primacía de esta atención a las formas espirituales de la pobreza humana, impedirá que el amor preferencial de Cristo por los pobres –del que participará la Iglesia- sea interpretado con categorías meramente socioeconómicas, y alejará todo peligro de injusta discriminación en la acción pastoral.

Pobreza y falta de dignidad
4. De modo especial deseo dirigir mi saludo en este día a los queridos hermanos y hermanas mapuches y a todos los descendientes de los primitivos habitantes de la Patagonia. Dad gracias al Señor por los valores y tradiciones de vuestra cultura, y esforzaos en promoverla al mismo tiempo que os empeñáis por avanzar en todos los aspectos de vuestra existencia.
De cara a los problemas que os aquejan, quiero haceros en nombre de la Iglesia, un firme llamado a la esperanza: nuestro Señor –que siendo rico se hizo pobre para enriquecer a los hombres- es justo en sus designios, y si es grande el sufrimiento que permite a veces, mayor aún es la ayuda que nos otorga para que las lágrimas se conviertan en gracia redentora y evangelizadora.
Mi llamado de esperanza se extiende a todos, en particular a los que son responsables de la vida económica y política, para que, con empeño y sentido de justicia aprovechéis todas las riquezas naturales de esta región y dirijáis eficazmente todas las energías al bien común de la Patagonia, de modo que se alcancen condiciones de vida cada vez más humanas, y, a pesar de los rigores de vuestro clima, se pueblen más y más estas dilatadas extensiones. A la vez, os animo a promover generosas y eficaces iniciativas de solidaridad con los más necesitados. Que nadie se sienta tranquilo mientras haya en vuestra patria un hombre, una mujer, un niño, un anciano, un enfermo, ¡un hijo de Dios!, cuya dignidad humana y cristiana no sea respetada y amada.
A todos los que padecéis necesidades –mapuches, emigrantes, y tantos otros en el campo y la ciudad- quiero manifestaros mi particular afecto y recordaros que sois vosotros mismos los primeros responsables de vuestra promoción humana. No os dejéis llevar por el desánimo y la pasividad. Trabajad con empeño y constancia por obtener las condiciones del legítimo bienestar para vosotros y vuestras familias, y por participar cada vez más en los bienes de la educación y la cultura. Pero no empleéis, para lograr esos objetivos, las armas del odio y la violencia, sino las del amor y las del trabajo solidario, que son las únicas que conducen a metas de verdadera justicia y renovación.
No olvidéis que más insidiosa que la pobreza material o las opresiones, es la falta de dignidad humana en el actuar y nadie os puede arrebatar esa dignidad! Dignidad significa magnanimidad, apertura de corazón, querer a todos sin discriminación de ningún tipo, perdonar a quienes os hayan ofendido.
Queridos argentinos, con motivo de esta visita pastoral, os pido una profunda reconciliación fraterna que hunda sus raíces en la reconciliación de cada uno con Dios, nuestro Padre, que destierre para siempre los odios y rencores en esta hermosa y hospitalaria tierra argentina, de modo que triunfe en todos los corazones la justicia y la paz de Cristo.

El testimonio de la unidad

5. Para que de veras resulte eficaz la nueva etapa de la evangelización que el Señor espera de vosotros, debéis formar verdaderas comunidades cristianas, como las de nuestros primeros hermanos en la fe (cf. Act 2, 42-47; 4, 32-36). Se conseguirá de este modo una profunda renovación de todas las comunidades parroquiales, tal como queréis poner en marcha entre vosotros. Y si en el cumplimiento de su misión están impregnadas del amor a Dios, serán verdaderamente comunidades misioneras y servidoras de los hombres.
Para continuar y crecer en el estilo de vida evangélico como los primeros cristianos, es necesario que, al igual que ellos, perseveréis en la unión entre vosotros y con vuestros pastores, en las verdades de nuestra fe meditándolas en vuestro corazón, en la vida sacramental y litúrgica.
Habéis de llevar a cabo vuestra tarea evangelizadora, sintiéndoos miembros vivos de una Iglesia que es comunión. El último Sínodo Extraordinario de los Obispos ha insistido mucho en que “la eclesiología de comunión es una idea central y fundamental en los documentos del Concilio” (Relación final, II, C, 1). Sólo desde el interior de una Iglesia-comunión se puede entender la vocación y misión del cristiano. Tratad de reproducir el magnífico testimonio de la Iglesia primitiva: “la multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma” (Act. 4, 32).
¡Cuan necesario y urgente es ofrecer al mundo de hoy el testimonio de una Iglesia-comunión, animada por el Espíritu Santo, comprometida toda ella en una nueva evangelización!
Esto supone una relación muy estrecha con los pastores, los cuales, como primeros colaboradores del Espíritu Santo, son el principio visible de la comunión eclesial; y requiere también unidad, colaboración fraterna y comunión entre los sacerdotes, religiosos y laicos, que buscan –cada uno según su propio carisma- construir el Reino de Dios.


Formación y espiritualidad
6. En este momento, en que el Espíritu Santo impulsa la corresponsabilidad y participación activa de todos los cristianos en la misión evangelizadora de la Iglesia, se percibe cada vez más la necesidad de profundizar en la formación y en la espiritualidad adecuadas a su vocación. Todo cristiano debe escuchar y meditar asiduamente la Palabra de Dios y esforzarse por descubrir la presencia del Señor en los acontecimientos diarios de su vida personal y de toda la sociedad. Hace falta una formación permanente que lleve a todos los fieles a una continua conversión, hasta reproducir en sus vidas la imagen de Dios. Toda persona tiene necesidad de una formación integral e integradora –cultural, profesional, doctrinal, espiritual y apostólica- que le disponga a vivir en una coherente unidad interior y le permita siempre dar razón de su esperanza a todo aquel que se la pida (cf. 1 Pe. 3,15).
La identidad cristiana exige el esfuerzo consiste por formarse cada vez mejor, pues la ignorancia es el peor enemigo de nuestra fe. ¿Quién podrá decir que ama de verdad a Cristo, si no pone empeño por conocerlo mejor? Amados hermanos, no abandonéis la lectura asidua de la Sagrada Escritura, profundizad constantemente en las verdades de nuestra fe, acudid con ilusión a la catequesis que, si es imprescindible para los más jóvenes, no es menos necesaria para los mayores. ¿Cómo podréis transmitir la Palabra de Dios si vosotros mismos no la conocéis de un modo profundo y vivo?
¡Formación y espiritualidad! Un binomio inseparable para quien aspire a conducir una vida cristiana verdaderamente comprometida en la edificación y en la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Si deseáis ser fieles en vuestra vida cotidiana a las exigencias de Dios y a las expectativas de los hombres y de la historia, debéis alimentaros constantemente de la Palabra de Dios y de los Sacramentos que “la Palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza” (Col 3, 16); vivid las exigencias y la gracia sacramental de vuestro bautismo y de vuestra confirmación. Del sacramento de la reconciliación y de la eucaristía, del sacramento del matrimonio para quienes habéis sido llamados a este estado de vida que manifiesta y realiza el misterio de la alianza de Jesús con la Iglesia.
Sed hombres y mujeres de oración. Preparad en la intimidad con el Señor, el encuentro salvador con los hombres. En la oración filial, el cristiano tiene la posibilidad de entablar un diálogo con Dios Uno y Trino, que mora en el alma de quien vive en gracia (cf. Jn 14,23), para poder después anunciarlo a los hermanos, Esta es la dignidad filial de los cristianos: invocar a Dios como Padre, y dejarse guiar por el Espíritu para identificarse en plenitud con el Hijo. Por medio de la oración, buscamos, encontramos y tratamos a nuestro Dios, como a un amigo íntimo (cf. Jn 15, 15), a quien contamos nuestras penas y alegrías, nuestras debilidades y problemas, nuestros deseos de ser mejores y de ayudar a que otros también lo sean.
El Evangelio recuerda “la necesidad de orar perseverantemente y no desfallecer jamás” (Lc. 18, 1). Dedicad, por tanto, todos los días algún tiempo de vuestra jornada a conversar con Dios, como prueba sincera de que lo amáis, pues el amor siempre busca la cercanía del ser amado. Por eso, la oración debe ir antes que todo; quien no lo entienda así, quien no lo practique, no puede excusarse en la falta de tiempo: lo que le falta es amor.

7. Los Apóstoles “perseveraban unánimemente en la oración, en compañía de María, la Madre de Jesús” (Act. 1, 14).
Antes de impartiros con afecto mi Bendición Apostólica, pido a María Auxiliadora, Reina de los Apóstoles que interceda por todos vosotros a fin de que vuestro celo apostólico y misionero aumente más cada día y, con vuestro testimonio cristiano, la claridad de Dios, que resplandece en el rostro de Cristo Jesús, para todos los hombres en el Espíritu Santo. Amén.

Y ahora quiero dirigir un saludo especial a nuestros hermanos mapuches en su propia lengua: ciertamente con algunos errores, con algunas faltas de pronunciación:

Poyén pu mapúche peñi ka pu déya: marimári, pu wen! Ayüwnkéchi trkúlpanién, déuma rupái kiñe patáka tripántü, féichi ñi llegmún támrn wéche peñi, Ceferino Namúnkura.
Inchetáñi mlen fau fachántü tfáchi nütrám ayafún ñi nieál eimrn mu: “feichi Pápa, rumél mleái aimrn ñi ináu méu; Peumanén, inchiñ táiñ Wenu-Cháu, pile támrn rumél kümélkaleál, mrnél pu prñéñ.
Kumé feleáimn, pu wén!

(Estimados hermanos y hermanas; Hola amigos. Con alegría recuerdo que ya han pasado cien años del nacimiento de vuestro joven hermano Ceferino Namuncurá. Mi presencia hoy aquí quisiera que tuviera este sentido para vosotros: el Papa estará siempre a vuestro lado; ojalá nuestro Padre del cielo os conceda un permanente bienestar, en particular a vuestros niños. Felicidades amigos.)

Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 páginas 128y 130.



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Cristo resucitó en un determinado momento de la historia, pero aún espera
resucitar en la historia de innumerables hombres, en la historia de los
individuos y en la de los pueblos. Esta es una resurrección que supone la
cooperación del hombre, de todos los hombres. Pero es una resurrección en la
cual se manifiesta siempre una oleada de esa vida que surgió del sepulcro una
mañana de Pascua hace ya tantos siglos.

Dondequiera que un corazón, superando el egoísmo, la violencia y el odio, se
inclina con un gesto de amor hacia el necesitado, allí Cristo resucita
hoy de nuevo.

Dondequiera que en empeño operante por la justicia emerja una verdadera
voluntad de paz, allí retrocede la muerte y se consolida la vida de Cristo.

Dondequiera que muera quien ha vivido creyendo, amando y sufriendo, allí la
resurrección de Cristo celebra su victoria definitiva.

La última palabra de Dios sobre las vicisitudes humanas no es la muerte, sino
la vida; no es la desesperación, sino la esperanza.

Juan Pablo II

martes, 19 de abril de 2011

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

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