martes, 29 de octubre de 2013

MENSAJE DEL PAPA A LAS FAMILIAS

No hay comentarios 70 Encuentro de las Familias con el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro. Foto: ACI Prensa Encuentro de las Familias con el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro. Foto: ACI Prensa VATICANO, 27 Oct. 13 / 10:55 am (ACI).- Al recibir ayer en la plaza de San Pedro a la Peregrinación de las Familias a la tumba de San Pedro con ocasión del Año de la Fe, que ha reunido a más de 150 mil personas de todo el mundo en Roma, el Papa Francisco les exhortó a quedarse siempre “unidos a Jesús y llévenlo a todos con su testimonio”. A continuación, ACI Prensa ofrece a sus lectores el texto completo de las palabras del Santo Padre: "Queridas Familias, ¡Buenas tardes y bienvenidos a Roma! Vinieron como peregrinos desde tantas partes del mundo para poder profesar su fe delante del Sepulcro de San Pedro. Esta plaza los recibe y los abraza. Somos un solo Pueblo con una sola Alma, convocados por el Señor que nos ama y nos sostiene. Saludo a todas las familias que se unen por la televisión y por Internet. ¡Una plaza que se agranda sin confines! Han querido llamar a este momento “Familia, vive la alegría de la fe”. ¡Me gusta este título! Escuché sus experiencias, las historias que han contado. He visto tantos niños y tantos abuelos. He sentido el dolor de tantas familias que viven en situación de pobreza y de guerra. Escuché a los jóvenes que quieren casarse, a pesar de miles de dificultades, y entonces nos preguntamos: ¿Cómo es posible hoy vivir la alegría de la fe en familia? Yo me pregunto. ¿Es posible vivir esta alegría o no es posible? Hay una palabra de Jesús en el Evangelio de Mateo que nos viene al encuentro: “Vengan a mí, todos ustedes que están cansados y agobiados y yo los aliviaré”. Frecuentemente la vida es agotadora. También, tantas veces trágica. Lo hemos escuchado recientemente. El trabajo es un esfuerzo. Buscar trabajo es una fatiga, y encontrar trabajo hoy, requiere tanta fatiga. Pero aquello que pesa más en la vida no es esto. Aquello que pesa más de todas las cosas es la falta de amor. Pesa no recibir una sonrisa, no ser recibidos. Pesan ciertos silencios. A veces, también en familia, entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos. Sin amor el esfuerzo se hace más pesado, intolerable. Pienso en los ancianos solos, en las familias que tienen que fatigar porque no reciben ayuda para sostener a quien en casa tiene necesidad de atención especial y cuidados. “Vengan a mí, todos ustedes que están cansados y oprimidos” dice Jesús. Queridas familias, el Señor conoce nuestras fatigas, las conoce; y conoce los pesos de nuestra vida. Pero el Señor conoce también nuestro profundo deseo de encontrar la alegría del descanso. Recuerden, Jesús dijo “Que su alegría sea plena”. Jesús quiere que nuestra alegría sea plena. Lo dijo a los Apóstoles y lo repite hoy a nosotros. Entonces, ésta es la primera cosa que quiero compartir con ustedes, y es una palabra de Jesús “Vengan a mí, familias de todo el mundo –dice Jesús- y Yo les daré alivio”, para que su alegría sea plena. Y esta palabra de Jesús, llévenla a casa, llévenla en el corazón, compártanla en la familia. Nos invita a ir hacia Él para darnos y darles a todos la alegría. Nos invita a ir hacia él para tener la alegría. La segunda palabra la tomo del rito del matrimonio. Quien se casa, en el sacramento, dice: “prometo serte fiel siempre, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad, y de amarte y honrarte todos los días de mi vida”. Los esposos en ese momento no saben qué ocurrirá. No saben qué alegrías y qué dolores les esperan. Parten como Abraham. Parten en camino juntos, y esto es el matrimonio. Partir y caminar juntos, de la mano, confiándose a la gran mano del Señor, de la mano siempre y para toda la vida, sin hacer caso a esta cultura del provisorio, que nos corta la vida en pedazos. Con esta confianza en la fidelidad de Dios se afronta todo, sin miedo, con responsabilidad. Los esposos cristianos no son ingenuos, conocen los problemas y peligros de la vida, pero no tienen miedo de asumir su responsabilidad delante de Dios y de la sociedad. Sin escaparse, sin aislarnos, sin renunciar a la misión de formar una familia y traer al mundo a los hijos. “Pero hoy, padre, es difícil”. Cierto, es difícil, por eso es necesaria la gracia, la gracia que nos da el Sacramento. Los sacramentos no están para adornar una vida. “Que bonito matrimonio, que linda la ceremonia, la fiesta” Pero eso no es el sacramento, no es la gracia del sacramento, aquello es una decoración, y la gracia no es para decorar la vida, es para hacernos fuertes, para hacernos valientes, ¡para poder ir hacia delante! Sin aislarnos, siempre juntos Los cristianos se casan en el sacramento porque son conscientes de tener necesidad. Tienen necesidad para estar unidos entre ellos y para cumplir la misión de los padres. En la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad, así dicen los esposos en el sacramento. En su matrimonio rezan juntos, y con la comunidad. ¿Por qué? ¿Porque se acostumbra hacerlo? ¡No! Lo hacen porque tienen necesidad para el largo viaje que tienen que hacer juntos. Un largo viaje que no es por partes, que dura toda la vida, y necesitan la ayuda de Jesús para caminar juntos, con confianza, para acogerse, uno al otro cada día, y perdonarse cada día, y esto es importante en las familias, saber perdonarse. Porque todos nosotros tenemos defectos. ¡Todos! Y a veces hacemos cosas que no son buenas, hacen mal a los demás. Tener el coraje de pedir perdón cuando en la familia nos equivocamos. Algunas semanas atrás, en esta plaza, dije que para llevar adelante una familia es necesario usar tres palabras. Quiero repetirlo, tres palabras: permiso, gracias, y perdón. Tres palabras claves. Pedimos permiso para no ser invasivos. En familia: ¿puedo hacer esto? ¿te gusta que haga esto? Aquél lenguaje del pedir permiso. Damos gracias: gracias por el amor, pero dime, ¿cuántas veces al día le das las gracias a tu esposa? ¿Y tú a tu marido? ¿Cuántos días pasan sin decir esta palabra? ¡Gracias! Y la última, perdón. Todos nos equivocamos, y a veces alguno se ofende en la familia, en la pareja; fuerte algunas veces… Yo digo “vuelan los platos”, ¿eh? Se dicen palabras fuertes, pero escuchen este consejo: no terminen el día sin hacer las paces. La paz se rehace cada día en la familia. Pidiendo perdón: “perdóname” y se recomienza de nuevo. Permiso, gracias y perdón. ¿Las decimos todos juntos? Permiso, gracias y perdón. Bien, hagamos estas tres palabras en familia, perdonarse cada día. En la vida la familia experimenta tantos momentos bellos. El descanso, los almuerzos juntos, las salidas al parque, al campo, la visita a los abuelos, la visita a una persona enferma, pero si falta el amor, falta la alegría, la fiesta, y el amor siempre nos los da Jesús. Él es la fuente inacabable. Allí, Él en el sacramento, nos da su Palabra y nos da el Pan de su vida para que nuestra alegría sea plena. Y para terminar, aquí, delante de nosotros, éste ícono de la presentación de Jesús al Templo es un ícono de verdad bello e importante. Contemplémoslo, y hagámonos ayudar por esta imagen. Como todos ustedes, también los protagonistas de la escena tienen su camino. María y José se pusieron en marcha, peregrinos a Jerusalén, en obediencia a la Ley del Señor. También el viejo Simeón y la profetiza Ana, muy anciana, llegan al Templo, guiados por el Espíritu Santo. La escena nos muestra este encuentro de tres generaciones. Simeón tiene en brazos al niño Jesús, en el cual reconoce al Mesías; y Ana, está retratada en el gesto de alabar a Dios y anunciar la Salvación a quien esperaba la redención de Israel. Estos dos ancianos representan la fe como memoria. Pero me pregunto, ¿ustedes escuchan a los abuelos? ¿Ustedes abren su corazón a la memoria que nos dan los abuelos? ¡Los abuelos son la sabiduría de la familia, son la sabiduría de un pueblo! ¡Y un pueblo que no escucha a los abuelos, es un pueblo que muere! ¡Escuchen a los abuelos! María y José son la familia santificada por la presencia de Jesús, que es el cumplimiento de todas las promesas. Cada familia, como aquella de Nazaret, está insertada en la historia de un pueblo, que no puede existir sin las generaciones precedentes. Por eso hoy tenemos a los abuelos y a los niños. Los niños aprenden de los abuelos, de la generación precedente. Querida familia, también ustedes son parte del Pueblo de Dios. Caminen con alegría juntos a este Pueblo. ¡Quédense siempre unidos a Jesús y llévenlo a todos con su testimonio! Les agradezco que hayan venido. Juntos hagamos nuestras las palabras de San Pedro que nos darán fuerza. Nos darán fuerza en los momentos difíciles. “Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”. Con la gracia de Cristo, vivan la alegría de la fe. Que el Señor los bendiga y que María nuestra Madre los custodie y los acompañe. Gracias".

EL PESCADOR

EL PESCADOR Mensaje con Poder Para mensajeconpoder@yahoogrupos.com.mx Cuentan que un día, muy temprano, salió a pescar una persona con mucho ánimo y contento, ya que presentía que pescaría mucho. Tenía todas las condiciones perfectas para hacer una gran pesca. Se monta en su bote, comenzó a remar y llegando no muy lejos de la orilla, allí lanzó el ancla. Prepara el hilo, prepara la carnada, pero antes de comenzar a pescar se puso en pie y comenzó a hacer una oración a Dios dando gracias por un día tan precioso y declarando la gran pesca de ese día. Acto seguido, comenzó a pescar. Mientras el pescaba, a pocos metros de distancia había una persona observándolo con mucha atención. Esta persona notaba que cuando el pescador cogía un pez, lo media y decía: “Este mide 15 centímetros”; lo sacaba y lo colocaba en una cesta donde acomodaría toda la pesca del día, y continuaba pescando. Luego saca otro pez, y haciendo lo mismo dijo: “Este mide 16 cm.”; lo echa en la cesta y continúa su pesca. El observador nota que el próximo pez que el pescador saca era bien grande, más del triple de los que había sacado anteriormente, y se sorprende cuando le oye decir: “Este mide mucho”, al tiempo que lo devuelve al agua. Este patrón fue repetido en varias ocasiones, lo que llamó la atención de tal manera al observador, que decidido, comenzó a remar acercándose sutilmente al bote; saludando al pescador le pregunta: -”He visto que ha tenido muy buena pesca, pero he notado que los peces bien grandes los devuelve al agua. Porque siendo tan grandes los devuelve y no hace esto con los de menor medida? -El pescador contesto:” Lo que sucede es que los peces grandes no caben en mi sartén que solo mide 16 centímetros”. A veces pedimos a Dios grandes bendiciones y no estamos preparados para recibir todo lo bueno que Él tiene para nosotros. Debemos expandir nuestra mente para poder recibir las cosas grandes que Dios nos tiene preparadas. ¿Cuánto mide tu sartén? Pide con fe, se fiel al Señor, y espera con la certeza de que Dios te escucha… y que eres su hijo muy amado. Recuerda que nada es mucho para el que AMA. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Mateo 25,21 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mateo 6, 31,

jueves, 3 de octubre de 2013

La Iglesia está abierta a todos

Catequesis del Papa: La Iglesia está abierta a todos Ciudad del Vaticano, 2 Oct 2013 (AICA): La santidad de la Iglesia fue el tema elegido por el papa Francisco para la catequesis de la audiencia general de los miércoles, que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro y contó con la presencia de más de 50.000 personas. En el Credo, después de profesar que la Iglesia es “una”, dijo el Papa, “también decimos que es “santa”; afirmamos la santidad de la Iglesia, una característica que estuvo presente desde el principio en la conciencia de los primeros cristianos, que se llamaban sencillamente 'los santos' porque tenían la certeza de que es la acción de Dios, el Espíritu Santo que santifica la Iglesia”. Pero, se preguntó, “¿Cómo podemos decir que la Iglesia es santa, si vemos que la Iglesia histórica, en su camino durante los siglos, atravesó tantos momentos de oscuridad? ¿Cómo puede ser santa una Iglesia hecha de seres humanos, de pecadores, hombres pecadores, mujeres pecadoras, sacerdotes pecadores, monjas pecadoras, obispos pecadores, cardenales pecadores, papas pecadores? Todos. ¿Cómo puede ser santa una Iglesia así? La Iglesia es santa porque “procede de Dios que es santo, es fiel y no la abandona nunca al poder de la muerte y del mal; es santa porque Jesucristo, el Santo de Dios, se ha unido a ella indisolublemente; es santa porque la guía el Espíritu Santo que la purifica, y la renueva. No es santa por nuestros méritos, sino porque Dios la hace santa”. “Podrán decirme: Pero la Iglesia está formada por pecadores; lo vemos todos los días. Es verdad: somos una Iglesia de pecadores; y nosotros, los pecadores, estamos llamados a dejarnos transformar por Dios”. “En la historia de la Iglesia hubo la tentación por parte de algunos de afirmar: la Iglesia es solo la Iglesia de los puros, de los que son totalmente coherentes, y a los otros hay que alejarlos. ¡No es verdad! Esto es una herejía. La Iglesia, que es santa, no rechaza a los pecadores: los recibe y está abierta también a los más lejanos, llama a todos a dejarse envolver por la misericordia, la ternura y el perdón del Padre que da a todos la posibilidad de encontrarlo, de caminar hacia la santidad. ¿Alguno de los que está aquí ha venido sin sus pecados? No, todos llevamos nuestros pecados con nosotros”. En la Iglesia, el Dios que encontramos “no es un juez despiadado, es como el Padre de la parábola evangélica. El Señor quiere que seamos parte de una Iglesia que sabe abrir los brazos para recibir a todos, que no es la casa de unos pocos, sino de todos, donde todos pueden ser renovados, transformados y santificados por su amor; los más fuertes y los más débiles, los pecadores, los indiferentes, los que se sienten abandonados y perdidos. La Iglesia brinda a todos la posibilidad de recorrer el camino de la santidad que es el camino del cristiano”. “No tengan miedo de la santidad -concluyó Francisco- de dejarse amar y purificar por Dios. Dejemos que la santidad de Dios nos contagie. Cada cristiano está llamado a la santidad; y la santidad no consiste, ante todo, en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar que Dios actúe. Es el encuentro de nuestra debilidad con la fuerza de su gracia”. +

miércoles, 18 de septiembre de 2013

lunes, 16 de septiembre de 2013

ANGELUS DEL PAPA 14 DE SEPTIEMBRE

Queridos hermanos y hermanas. ¡Buenos días! En la Liturgia de hoy se lee el capítulo 15 del Evangelio de Lucas, que contiene las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja perdida, la de la moneda perdida, y después la más amplia de todas las parábolas, típica de san Lucas, la del padre de los dos hijos, el hijo “pródigo” y el hijo que se cree justo. Que se cree santo. Todas estas tres parábolas hablan de la alegría de Dios. Dios es gozoso, es interesante esto, Dios es gozoso, y ¿cuál es la alegría de Dios? La alegría de Dios es perdonar, ¡la alegría de Dios es perdonar! Es la alegría de un pastor que encuentra a su ovejita; la alegría de una mujer que encuentra su moneda; es la alegría de un padre que vuelve a recibir en casa al hijo que se había perdido, que estaba como muerto y ha vuelto a la vida. Ha vuelto a casa. ¡Aquí está todo el Evangelio, aquí, eh, aquí está todo el Evangelio, está el Cristianismo! ¡Pero miren que no es sentimiento, no es “ostentación de buenos sentimientos”! Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del “cáncer” que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Sólo el amor llena los vacíos, los abismos negativos que el mal abre en el corazón y en la historia. Sólo el amor puede hacer esto. Y ésta es la alegría de Dios. Jesús es todo misericordia, Jesús es todo amor: es Dios hecho hombre. Cada uno de nosotros, cada uno de nosotros es esa oveja perdida, esa moneda perdida, cada uno de nosotros es ese hijo que ha desperdiciado su propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y ha perdido todo. Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona jamás. Pero es un Padre paciente, nos espera siempre. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y cuando volvemos a Él, nos acoge como hijos, en su casa, porque no deja jamás, ni siquiera por un momento, de esperarnos, con amor. Y su corazón está de fiesta por cada hijo que vuelve. Está de fiesta porque es alegría. Dios tiene esta alegría, cuando uno de nosotros, pecadores, va a Él y pide su perdón. ¿Cuál es el peligro? Es que nosotros presumimos que somos justos, y juzgamos a los demás. Juzgamos también a Dios, porque pensamos que debería castigar a los pecadores, condenarlos a muerte, en lugar de perdonar. ¡Entonces sí que corremos el riesgo de permanecer fuera de la casa del Padre! Como ese hermano mayor de la parábola, que en lugar de estar contento porque su hermano ha vuelto, se enoja con el padre que lo ha recibido y hace fiesta. Si en nuestro corazón no hay misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios, incluso si observamos todos los preceptos, porque es el amor el que salva, no la sola práctica de los preceptos. Es el amor por Dios y por el prójimo lo que da cumplimiento a todos los mandamientos. Y esto es el amor de Dios, su alegría, perdonar. Nos espera siempre. Quizá alguien tiene en su corazón algo grave, pero he hecho esto, he hecho aquello, Él te espera, Él es Padre. Siempre nos espera. Si nosotros vivimos según la ley del “ojo por ojo, diente por diente”, jamás salimos de la espiral del mal. El Maligno es astuto, y nos hace creer que con nuestra justicia humana podemos salvarnos y salvar al mundo. En realidad, ¡sólo la justicia de Dios nos puede salvar! Y la justicia de Dios se ha revelado en la Cruz: la Cruz es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre este mundo. ¿Pero cómo nos juzga Dios? ¡Dando la vida por nosotros! He aquí el acto supremo de justicia que ha vencido de una vez para siempre al Príncipe de este mundo; y este acto supremo de justicia es precisamente también el acto supremo de misericordia. Jesús nos llama a todos a seguir este camino: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso” (Lc 6, 36). Yo les pido una cosa ahora. En silencio, todos, pensemos, cada uno piense, en una persona con la que no estamos bien, con la cual estamos enojados y que no la queremos. Pensemos en esa persona y en silencio en este momento oremos por esta persona. Y seamos misericordiosos con esta persona. Invoquemos ahora la intercesión de María, Mater Misericordiae. radio vaticana

martes, 10 de septiembre de 2013

BUEN SAMARITANO

GRACIAS SITIO RELIGION EN LIBERTAD

VIDEO

GRACIAS AL SITIO RELIGION EN LIBERTAD

UN CORO DE MONJES QUE NO CANTAN

ACERCATE

Cada uno de nosotros somos como el Peter [Pedro] del vídeo, trasunto del Apóstol que negó a Cristo y fue luego confirmado por Él. «Tengo que irme por un tiempo. ¿Puedes esperar por mí? Cuando vuelva, puede que yo te resulte extraño. Aun así, ¿vendrás a Mí?», le dice Jesús al pequeño. Cuando asiente, le pide que se esconda tras una valla porque vienen a prenderle. «Le conoces. Estabas con Él», le dice el soldado al chico, quien niega tres veces y luego llora desolado. Al cabo de un tiempo Jesús regresa y, efectivamente, le resulta extraño: lleva una corona de espinas, está ensangrentado y deja un charco en el suelo. El Maestro desaparece, pero luego se siente su voz: «Niño, ¿me amas?», le pregunta tres veces, y con tres síes, como San Pedro, lava sus tres negaciones. «Acércate», oye Pedro entonces. Porque todo consiste en eso: en acercarse y tocar su sangre redentora para ser limpiado por ella. «Señor», reza la frase final, «en el pasado te negué y caminé lejos de ti muchas veces. Pero ahora sé que dejaste en mi corazón la marca indeleble de la cruz. A partir de ahora, la llevaré contigo». FUENTE RELIGION EN LIBERTAD

miércoles, 4 de septiembre de 2013

LA CURACION DEL BEBE DE MANUEL Y NATALIA

La curación del bebé de Manuel y Natalia deja sin palabras a los especialistas: fue la oración La curación del bebé de Manuel y Natalia deja sin palabras a los especialistas: fue la oración El pequeño Santiago con sus padres, Manuel y Natalia - la enfermedad los acercó a Dios Actualizado 3 septiembre 2013 Compartir: Acceder al RSS Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé | Imprimir | Corregir | Enviar | Comentar 2 PortaLuz/ReL La bebé argentina rescatada de la morgue sigue viva porque actuó «la mano de Dios», dice la madre Una bebé pasa 3 horas muerta, está en la capilla del hospital: cuando vienen con el ataúd ¡vive! ¡Feliz nacimiento! 10 partos con milagros modernos oficialmente aprobados por la Iglesia En el mundo, de cada 10.000 seres humanos creciendo en el vientre materno, 2 desarrollan un tumor en el sistema linfático conocido como “Higroma Quístico Congénito”. Una evolución invasiva de este tumor, puede incluso ser causa de muerte. Ese era el riesgo al que se enfrentaba el pequeño Santiago, en Rancagua (Chile). Chile es el segundo país de América con mejores tasas de salud maternal, sólo por detrás de Canadá. Es un papel donde no se practica ningún aborto legal, y el ilegal es también escaso. Es un país de medicina perinatal avanzada y eficaz. Pero no sería suficiente. Padres devastados Los padres de Santiago recibieron la terrible noticia tras la ecografía practicada a Natalia entre el tercer y cuarto mes de embarazo. La madre, profesora de historia, y Manuel, el padre, profesor de Educación Física y microempresario, quedaron devastados. “Con Natalia, cuando nos casamos, nuestro gran anhelo era tener un hijo y lo intentamos en reiteradas oportunidades hasta que ella logró quedar embarazada”, cuenta Manuel Soto, el padre de Santiago. “Nos informaron -precisa Manuel-, que mi hijo tenía dos Higromas Quísticos Cervicales. Era como si tuviera dos cabezas en su espaldita. Ante tamaño diagnóstico se nos derrumbó el mundo. ¡No sabíamos qué hacer! ¡Nuestro hijo era completamente deseado, gestado en el amor!”. Diagnóstico ratificado varias veces Transcurría el año 2011 y ambos padres, residentes en la ciudad de Rancagua (Chile) iniciaron un periplo por clínicas privadas en la capital del país sudamericano. Pero la ciencia no tenía solución. “Hicimos muchos exámenes que los doctores nos solicitaron y en todos arrojaba que nuestro hijo nacería enfermo”, señala Manuel. Los jóvenes padres, ambos entonces de 26 años, retornaron a Rancagua con su médico de control, el doctor Hernán Mellafe, especialista ginecólogo y oncólogo, quien a la luz de los antecedentes terminó por ratificar el diagnóstico, recuerda Manuel. Santiago nacería con esta enfermedad. ¿Abortar en un país sin aborto? Como si el panorama no fuere lo bastante desolador “la guinda de la torta llegó cuando a alguien se le ocurrió decirnos una barbaridad… que si hubiere aborto terapéutico podríamos haber considerado ese camino”, recuerda con enfado el padre. Esto desbordó las resistencias de ambos progenitores y teniendo claro que la ciencia ya no tenía soluciones para su hijo, se aferraron a la única esperanza en la que sí podían confiar. Confortados por un sacerdote Retornando su voz a la calma, Manuel recuerda que “cuando estábamos más desolados nos acercamos a Dios y a la Iglesia”. Alguien les habló dice, de “Padre Luis”, y se fueron a buscarlo a la Parroquia Santísima Trinidad donde hasta hoy presta servicios como párroco [AQUÍ el Facebook de la parroquia, un poco desatendido; el sacerdote al que se refieren es el párroco, Luis Escobar Torrealba, que también es capellán en la cárcel]. “Tuvimos varios encuentros con él –señala el padre de Santiago- y nos confortaba diciéndonos que este tremendo dolor era una invitación a dar algo más de nosotros, que tuviéremos fe, que Dios algo nos iba a mostrar. Nos invitaba a rezar, a orar, a encomendarnos a Dios. Y eso fue lo que hicimos.”. Misas frecuentes, y oración de sanación Natalia avanzaba en su embarazo, sin faltar a los controles y exámenes de rigor. Manuel ocultando su angustia, dice, estaba siempre a su lado y así ambos, precisa, se aferraban a Dios, única esperanza. “Empezamos a ir siempre a misa, también a las eucaristías donde, al finalizar, el Padre Luis hace oración de sanación… nos reuníamos luego con él y siempre tenía para nosotros una palabra de aliento y bendición. También participábamos y recibíamos las gracias de personas generosas, conocidas y anónimas, que hacían cadenas de oración”. La ciencia del s.XXI asombrada El 4 de julio de 2011 es un día donde signos de vida y muerte se cruzarían dejando en silencio a la ciencia… “Fue un impacto maravilloso el nacimiento de Santiago… ¡porque nuestro hijo nació completamente sano, sin ningún problema! Al instante nos miramos con Natalia y sabíamos que esto era obra de Dios”, dice el emocionado y orgulloso padre. Luego del impacto inicial los esposos tomaron conciencia y hoy no dudan en proclamar su gratitud. “Esto que nos sucedió –dice Manuel– fue realmente un milagro. A quien le contamos llega a la misma conclusión”. Contrastando con expertos internacionales Pero su certeza no está sólo bien fundada en la evidencia de los exámenes durante el embarazo y la prueba irrefutable de salud al nacer el niño, quien hoy, en 2013, a sus dos años es un varón vigoroso, sano y feliz, “lleno de amor, encantador”, al decir de Manuel. Agrega este padre que hace algunos meses Natalia quedó embarazada nuevamente y acudieron donde el mismo doctor Hernán Mellafe. Al encontrarse en la consulta, el facultativo ratificó a estos padres su certeza del extraordinario acontecimiento ocurrido con Santiago. “Este médico –confidencia Manuel- nos dijo que había ido a un Congreso en Estados Unidos, donde se encontró con ginecólogos oncólogos, especialistas de casos como el que padeció mi hijo. Agregó que había llevado toda la información del caso de nuestro hijo y que junto a sus colegas concluyeron que la ciencia no podía explicar el cómo nuestro hijo podía haber nacido sano”. Por ello no sorprende la arenga final con que este dichoso padre finaliza su testimonio… “A quienes estén sumidos en el dolor por diagnósticos médicos devastadores o a quienes alguna vez les propongan abortar a sus bebés por favor opten por la vida… tengan esperanza, tengan fe, aférrense a Dios. Él es la única persona que nos puede sacar de nuestro dolor, de nuestra angustia. Perseveren, no se den por vencidos, oren; es la mejor medicina para nuestras vidas y familias.”

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...