miércoles, 30 de abril de 2014
martes, 29 de abril de 2014
SANTO PADRE FRANCISCO A LOS JÓVENES DE BUENOS AIRES CON OCASIÓN DE LA "PASCUA DE LA JUVENTUD
Sábado 26 de abril
de 2014
Queridos chicos y
chicas, un saludo y ¡Feliz Pascua!
¡Toda la semana es
Pascua! "¡Es el gran día que hizo el Señor!"
Quiero acercarme a
ustedes, me lo pidió el Arzobispo de Buenos Aires, y lo hago con gusto. Quiero
acompañarlos un instante en esta jornada, en esta Pascua de la Juventud.
Estaba pensando
mientras bajaba a hacer esta grabación, qué les iba a decir. "Que hagan
lío" ya se los dije. "Que no le tengan miedo a nada" ya se los
dije. "Que sean libres" ya se los dije.
Entonces me vino a
la mente la figura de algunos jóvenes del Evangelio. Algunos jóvenes que se
cruzaron con Jesús o de los cuales habló Jesús. Quizás pueda ayudar. Si les
sirve, lo asumen, si no les sirve, lo tiran.
Pensé en los
jóvenes Apóstoles, pensé en el joven rico, pensé en el joven que se fue a
buscar nueva vida con la herencia de su padre, pensé en el joven muerto. Los
apóstoles eran jóvenes, unos no tanto, otros sí. Juan era un muchachito. Y
quedaron conmovidos por la figura de Jesús, entusiasmados, con ese estupor que
produce cuando uno se encuentra con Jesús. Y van corriendo y le dicen a los
amigos: "¡Encontramos al Mesías! ¡Encontramos a aquél del que hablan los
profetas!".
¡Encontrarse con
Jesús¡ Vean ustedes esa conducta de los Apóstoles. Y después los apóstoles
flaquearon, después no se portaron tan bien. Pedro lo negó, Judas lo traicionó,
los demás se escaparon. Es decir, después viene la lucha por ser fieles a ese
encuentro, el encuentro con Jesús. Y yo te pregunto a vos: ¿Vos, cuándo te
encontraste con Jesús?, ¿Cómo fue el encuentro con Jesús?, ¿Tuviste un
encuentro con Jesús o lo estás teniendo ahora? ¡Los jóvenes apóstoles! Piensen
en Pedro, Santiago, Juan, Natanael, cómo se fueron encontrando con Jesús.
Otro joven que me
vino a la mente es el joven rico, ese que se acerca a Jesús con una vida
intachable, un muchacho bueno, y le dice:
¿Qué tengo que
hacer para madurar mi vida, para tener la vida eterna?
Jesús le dice:
"Cumplí los mandamientos y andá adelante".
"Si ya los
cumplí siempre".
El Evangelio dice
que: "Jesús lo amó", y entonces le dijo: "Mirá, te falta una
cosa: da todo lo que tenés a los pobres y vení conmigo, a predicar el
Evangelio". Y ese chico se fue triste. Se fue triste porque tenía mucha
guita y no se animó a dejarla por Jesús. Y se fue con SU plata y con SU
tristeza. Los primeros estaban con su alegría, con esa hermosa alegría que daba
el encuentro con Jesús. Éste se fue con su tristeza.
El otro joven, ese
joven que se quiso pasar de vivo, que quiso escribir su vida, que quiso patear
el tablero de la disciplina paterna, y enfrentó a su padre y le dijo:
"dame lo que me toca, que me voy". Y se fue. Todos esos años fueron
años de farra. Gastó la plata en boliche, en vicios, la pasó bien. La plata se
le gastó, se acabó. Y de yapa vino una crisis económica, tuvo que buscar
trabajo, no había trabajo, y consiguió como cuidador de chanchos. Y éste, que
había tenido mucha plata, que le había sacado a su padre de la herencia, que
había sabido lo que era estar en los mejores hoteles y en las mejores fiestas,
se había pasado la gran vida, conoció una cosa que nunca antes había conocido:
hambre.
Pero Dios es muy
bueno. Dios aprovecha nuestros fracasos para hablarnos al corazón. No le dijo
Dios a este joven: "sos un fracasado, mirá lo que hiciste". Lo hizo
razonar. Dice el Evangelio que: "Entró dentro de sí" "¿Qué hago
con esta vida? La farra no me sirvió para nada. ¡Cuántos obreros en la fábrica
de mi padre ganan su sueldo y tienen que comer! Yo tengo hambre y soy el hijo
del patrón. Me levantaré, iré a mi padre y diré mi verdad: ‘Pequé contra el
cielo y contra ti’." Y volvió.
La gran sorpresa
que se pegó es que el padre lo estaba esperando, desde hacía años! El Evangelio
dice que lo vio venir de lejos, porque el viejo subía todas las tardes a la
terraza a ver si el chico venía. Y el padre lo abrazó y el padre le hizo
fiesta. Y este gran pecador; este gran despilfarrador de lo que había ganado su
padre se encontró con algo que nunca había hecho conciente: el abrazo de la
misericordia.
Otro joven del
Evangelio: Pensé en el joven muerto también, a la salida de la ciudad de Naím,
cuando lo iban a enterrar: hijo único de madre viuda. Jesús se compadeció de la
madre, no del pibe. Pero el pibe, gracias a la madre, tuvo el milagro y lo
resucitó.
¿Vos quién sos?,
¿El entusiasta, como los apóstoles primero, antes de iniciar el camino?, ¿El
que quiere seguir a Jesús porque le gusta pero está atornillado con tantas cosas
que lo atan y no lo puede seguir, como el joven rico a la mundanidad, a tantas
cosas?, ¿Cómo aquél que se gastó toda la herencia de su padre, pero que se
animó a volver y está sintiendo en este momento el abrazo de la misericordia?,
¿O estás muerto? Si estás muerto, sabé que la Madre Iglesia está llorando por
vos, y Jesús es capaz de resucitarte. Decime, ¿quién sos vos? Decítelo a vos
mismo y eso te va a dar fuerza.
— "Padre,
usted es injusto, —me van a decir las chicas— porque los ejemplos que da es
para los varones, ¿y nosotras qué?"
Ustedes son
aspirantes a consolidar con su vida la ternura y la fidelidad. Ustedes están
sobre el camino de esas mujeres que seguían a Jesús, en las buenas y en las
malas. La mujer tiene ese gran tesoro de poder dar vida, de poder dar ternura,
de poder dar paz y alegría. Hay un solo modelo para ustedes, María: La mujer de
la fidelidad, la que no entendía lo que le pasaba pero obedeció. La que en
cuanto supo lo que su prima necesitaba, se fue corriendo, la Virgen de la Prontitud.
La que se escapó como refugiada en un país extranjero para salvar la vida de su
hijo. La que ayudó a crecer a su Hijo y lo acompañó, y cuando su Hijo empezó a
predicar, iba detrás de Él. La que sufrió todo lo que le estaba pasando a ese
chico, a ese muchacho grande. La que estaba al lado de ese Hijo y le decía los
problemas que había: "Mirá: no tienen vino". La que en el momento de
la Cruz estaba junto a Él.
La mujer tiene una
capacidad para dar vida y para dar ternura que no la tenemos los varones. Ustedes
son mujeres de Iglesia. ¿De Iglesia, del Iglesia? No, no es "el"
Iglesia, es LA iglesia. La Iglesia es femenina, es como María. Ése es el lugar
de ustedes. Ser Iglesia, conformar Iglesia, estar junto a Jesús, dar ternura,
acompañar, dejar crecer.
Que María, la
Señora de la Caricia, la Señora de la Ternura, la Señora de la Prontitud para
servir, les vaya indicando el camino. Bueno, ahora no se enojen, que ustedes
salieron ganando sobre los varones. Les deseo que este día termine bien. Que
cada uno de ustedes se encuentre con Jesús, con ese Jesús resucitado. Y les
digo una cosa: ¡No tengan miedo! ¡Miren a Jesús, miren a María y vayan
adelante!
"Padre ¡que
soy pecador, soy pecadora!"
¡Él te perdona! Vos
andá adelante, que tengan una santa pascua y no se olviden de rezar por mí. Que
Jesús los bendiga y la Virgen los cuide.
martes, 1 de abril de 2014
Kasper se explica: “No existen pecados que no puedan ser perdonados”
Kasper se explica: “No existen pecados que no puedan ser perdonados”
IN NOTICIAS / BY GABRIEL A. / ON 31 MARZO, 2014 AT 00:05 /
El Cardenal ha aclarado su postura en una entrevista: “Lo que se puede hacer es reflexionar sobre la diferencia entre doctrina y disciplina y, por lo tanto, entender -como es una antigua tradición de la Iglesia- como actuar con los divorciados en segunda unión.”
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En su conferencia, usted explicó que hay un abismo entre la doctrina de la Iglesia sobre la familia y la vivencia real de los cristianos. ¿Cómo llenarlo?
En su conferencia, usted explicó que hay un abismo entre la doctrina de la Iglesia sobre la familia y la vivencia real de los cristianos. ¿Cómo llenarlo?
Sí, ese abismo obviamente existe, y no sólo en Italia. Pero ya existía aún durante la vida de Jesús. Aún los apóstoles se quedaban muy sorprendidos con sus palabras. Pero, cuando Jesús dice que aquello que Dios unió el hombre no puede deshacer, él también dice que es Dios que conecta, que abraza las dos personas, que quiere ayudarlas para que puedan tener éxito en su proyecto de vida. Tal vez debiéramos comprender, interpretar y explicar bien la doctrina de la Iglesia. La doctrina no quiere ser un fardo, un peso, pero sí una invitación y también una ayuda para encontrar la felicidad. Eso no significa que no haya problemas. Existen muchas dificultades y no solo morales; hay problemas de economía, de condiciones de trabajo. Y hay también una tarea social de la Iglesia que debe contribuir para que nuestra sociedad moderna sea más amigable para las familias.
Usted defiende que no es preciso partir de una lista de enseñanzas y mandamientos, ni fijarse en las cuestiones controversiales ¿Cómo actuar, entonces?
Los mandamientos de Dios quieren ayudar a encontrar la libertad, la felicidad. Nosotros debemos explicar eso. Y es una enseñanza que podemos ofrecer, pero no imponer. Yo creo que debemos mostrar la belleza de la familia, la belleza de la vida cristiana. La belleza convence, no los mandamientos impuestos al otro.
Sin embargo, esos mandamientos, a veces, son percibidos como un peso. Especialmente cuando una unión fracasa.
El fracaso también es posible para un cristiano, y vemos que hoy, infelizmente, hay muchos matrimonios que fracasan. Pero, aún en esas situaciones, la Iglesia debe estar cerca, ayudar, aconsejar, animar. El gran problema que estamos debatiendo es cómo hacer todo eso sin alejarse de la doctrina. Porque debemos ser claros: la doctrina no puede ser evadida, y no se puede cambiar la palabra de Jesús, que es vinculante. Lo que se puede hacer es reflexionar sobre la diferencia entre doctrina y disciplina y, por lo tanto, entender -como es una antigua tradición de la Iglesia- como actuar con los divorciados en segunda unión. Me gustaría decir también que no existen “los divorciados” en segunda unión.
¿En qué sentido?
Quiero decir que no es posible una solución única, porque las situaciones son muy pero muy diversas. Es preciso discernimiento, prudencia y sabiduría para ayudar a esas personas. Me pregunto, por ejemplo, qué hacer con una mujer abandonada por el marido con hijos, que tiene una nueva situación, tal vez con otros hijos. El primer matrimonio fracasó, no pudo realizar lo que prometió delante de Dios, de la Iglesia y de los hombres. Pero, ahora, ella no puede volver a la primera situación, y abandonar la segunda también sería una nueva culpa. Sin embargo, yo me pregunto, si ella hace lo que puede hacer, si vive una buena vida cristiana, si educa a sus hijos en la fe, ¿se le puede negar la absolución del pecado? Todo pecado puede ser perdonado si el pecador lo pide. A mi parecer, delante de Dios, no es posible que haya una situación en que alguien se encuentre inmerso en un agujero sin salida. Eso está contra la misericordia de Dios. No existen pecados que no puedan ser perdonados.
Concretamente, ¿eso significa que es posible aproximarse nuevamente a los sacramentos?
Es una pregunta que yo hago. Si esa persona cree en el perdón de los pecados, aunque se encuentre en esa situación, ¿puede aproximarse nuevamente a la mesa del Señor? Pero yo no puedo dar una respuesta, no soy yo quien puede decidir, es la Iglesia la que debe decidir. Habrá un Sínodo extraordinario y, después, uno ordinario sobre la familia, y el Sínodo, con el Papa, va a decidir sobre ese punto. Hay muchas personas que esperan una solución. Repito. La respuesta no puede ser general, porque las situaciones son diferentes. Pero demos una solución para las personas que viven en nuestras parroquias, que se comprometen, que tienen un deseo sincero por ese sacramento. No buscamos una solución fácil para quien vive esas cosas de modo muy superficial, muy distante de la Iglesia. Es preciso una ayuda de misericordia, sin tocar la doctrina y en la palabra de Jesús. No sería una ayuda para que las personas abandonen la doctrina. Pero el fracaso es posible, todos nosotros somos pecadores y necesitamos del perdón de Dios todos los días. Sobre eso abrimos un debate libre, abierto, incluso público, como quiere el Papa. Y aún si alguien intentó impedirlo, eso no es posible. Es una cuestión que afecta muchas personas.
Se habló también de nulidad. ¿Eso es un problema?
Muchos curas de almas están convencidos de que muchos matrimonios, en sentido canónico, no son válidos. El matrimonio es un sacramento y presupone la fe, y si la fe no existe, el matrimonio en el sentido canónico es nulo. Es preciso pedir que los procedimientos para la declaración de nulidad sean más rápidos, más simplificados. Con relación a eso, hay un consenso creciente entre los obispos. Y, después, debemos pensar en la catequesis. Muchos son bautizados, pero no evangelizados; son bautizados, pero, de hecho, no son verdaderos cristianos; son bautizados, pero son paganos. Y, si se casan en la Iglesia sin la fe, el sacramento no es posible. Por eso, es preciso mejorar la preparación prematrimonial partiendo ya de antes, de la pastoral juvenil.
La entrevista es de Annachiara Valle, publicada en la revista Famiglia Cristiana el pasado 15 de marzo. Traducción del blog Buena Voz
miércoles, 26 de marzo de 2014
martes, 25 de marzo de 2014
viernes, 21 de marzo de 2014
viernes, 14 de marzo de 2014
miércoles, 12 de marzo de 2014
martes, 11 de marzo de 2014
miércoles, 5 de marzo de 2014
jueves, 27 de febrero de 2014
HOMILIA Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo
“El cristiano incoherente escandaliza y el escándalo mata”, el Papa el jueves en Santa Marta
“Hemos escuchado lo que el apóstol Santiago dice a algunos incoherentes, que presumían de ser cristianos, pero explotaban a sus empleados, y les dijo: ‘Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo’. El Señor es fuerte. Si alguno escucha esto, puede pensar: ‘¡Eso lo ha dicho un comunista!’. ¡No, no, lo ha dicho el apóstol Santiago! Es la Palabra del Señor. Es la incoherencia. Y cuando la coherencia cristiana no existe y se vive con esta incoherencia, se produce escándalo. Y los cristianos que no son coherentes hacen mucho escándalo”.
“Jesús – prosiguió el Pontífice – habla con mucha fuerza contra el escándalo: ‘Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar’. Un cristiano incoherente hace tanto daño” y “el escándalo mata”. “Muchas veces – agregó el Obispo de Roma - hemos escuchado: ‘Pero padre, yo creo en Dios, pero no en la Iglesia, porque ustedes cristianos dicen una cosa y hacen otra’”. O también: “Yo creo en Dios, pero no en ti”. “Esa es la incoherencia”:
“Si te encuentras ante – ¡imaginemos! – ante un ateo y éste te dice que no cree en Dios, tu puedes leerle una biblioteca entera, donde está escrito que Dios existe y también probar que Dios existe, y el ateo no tendrá fe. Pero si delante de este ateo das testimonio de coherencia de vida cristiana, algo comenzará a moverse en su corazón. Será precisamente tu testimonio lo que lo llevará a esa inquietud sobre la que el Espíritu Santo obra. Es una gracia que todos nosotros, toda la Iglesia debe pedir: ‘Señor, que seamos coherentes’”.
Entonces, concluyó Francisco, es necesario rezar, “porque para vivir en la coherencia cristiana es necesaria la oración, porque la coherencia cristiana es un don de Dios y debemos pedirla”: “¡Señor, que yo sea coherente! ¡Señor, que yo jamás escandalice, que yo sea una persona que piensa como cristiano, que sienta como cristiano, que actúe como cristiano!”. Y que cuando caigamos por nuestra debilidad, que pidamos perdón:
“Todos somos pecadores, todos, pero todos tenemos la capacidad de pedir perdón. ¡Y Él jamás se cansa de perdonar! Tener la humildad de pedir perdón: ‘Señor, no he sido coherente. ¡Perdón!’. Ir adelante en la vida con coherencia cristiana, con el testimonio de aquel que cree en Jesucristo, que sabe que es pecador, pero que tiene el coraje de pedir perdón cuando se equivoca y que tiene tanto miedo de escandalizar. Que el Señor de esta gracia a todos nosotros”. (RC-RV)
martes, 25 de febrero de 2014
CARTA DEL PAPA A LAS FAMILIAS
EL PAPA NOS HABLA
Esta mañana, Francisco se dirigió a los laicos del mundo para contarles que está trabajando, junto con los cardenales y obispos, para dar respuestas a los desafíos que enfrenta la Familia. Para eso nos pide oraciones.
No dejes de leer la carta del Papa. ¡No dejes de compartirla!
Queridas familias:
Me presento a la puerta de su casa para hablarles de un acontecimiento que, como ya saben, tendrá lugar el próximo mes de octubre en el Vaticano. Se trata de la Asamblea general extraordinaria del Sínodo de los Obispos, convocada para tratar el tema “Los retos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”. Pues la Iglesia hoy está llamada a anunciar el Evangelio afrontando también las nuevas emergencias pastorales relacionadas con la familia.
Este señalado encuentro es importante para todo el Pueblo de Dios, Obispos, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos de las Iglesias particulares del mundo entero, que participan activamente en su preparación con propuestas concretas y con la ayuda indispensable de la oración. El apoyo de la oración es necesario e importante especialmente de parte de ustedes, queridas familias. Esta Asamblea sinodal está dedicada de modo especial a ustedes, a su vocación y misión en la Iglesia y en la sociedad, a los problemas de los matrimonios, de la vida familiar, de la educación de los hijos, y a la tarea de las familias en la misión de la Iglesia. Por tanto, les pido que invoquen con insistencia al Espíritu Santo, para que ilumine a los Padres sinodales y los guíe en su grave responsabilidad. Como saben, a esta Asamblea sinodal extraordinaria seguirá un año después la Asamblea ordinaria, que tratará el mismo tema de la familia. Y, en ese contexto, en septiembre de 2015, tendrá lugar el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia. Así pues, oremos todos juntos para que, mediante estas iniciativas, la Iglesia realice un auténtico camino de discernimiento y adopte los medios pastorales adecuados para ayudar a las familias a afrontar los retos actuales con la luz y la fuerza que vienen del Evangelio.
Les escribo esta carta el día en que se celebra la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. En el Evangelio de Lucas vemos que la Virgen y San José, según la Ley de Moisés, llevaron al Niño al templo para ofrecérselo al Señor, y dos ancianos, Simeón y Ana, impulsados por el Espíritu Santo, fueron a su encuentro y reconocieron en Jesús al Mesías (cf. Lc 2,22-38). Simeón lo tomó en brazos y dio gracias a Dios porque finalmente había “visto” la salvación; Ana, a pesar de su avanzada edad, cobró nuevas fuerzas y se puso a hablar a todos del Niño. Es una hermosa estampa: dos jóvenes padres y dos personas ancianas, reunidas por Jesús. ¡Realmente Jesús hace que generaciones diferentes se encuentren y se unan! Él es la fuente inagotable de ese amor que vence todo egoísmo, toda soledad, toda tristeza. En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús: Él nos ofrece su Palabra, que ilumina nuestro camino; nos da el Pan de vida, que nos sostiene en las fatigas de cada día.
Queridas familias, su oración por el Sínodo de los Obispos será un precioso tesoro que enriquecerá a la Iglesia. Se lo agradezco, y les pido que recen también por mí, para que pueda servir al Pueblo de Dios en la verdad y en la caridad. Que la protección de la Bienaventurada Virgen María y de San José les acompañe siempre y les ayude a caminar unidos en el amor y en el servicio mutuo. Invoco de corazón sobre cada familia la bendición del Señor.
Vaticano, 2 de febrero de 2014
Fiesta de la Presentación del Señor
FRANCISCO
Esta mañana, Francisco se dirigió a los laicos del mundo para contarles que está trabajando, junto con los cardenales y obispos, para dar respuestas a los desafíos que enfrenta la Familia. Para eso nos pide oraciones.
No dejes de leer la carta del Papa. ¡No dejes de compartirla!
Queridas familias:
Me presento a la puerta de su casa para hablarles de un acontecimiento que, como ya saben, tendrá lugar el próximo mes de octubre en el Vaticano. Se trata de la Asamblea general extraordinaria del Sínodo de los Obispos, convocada para tratar el tema “Los retos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”. Pues la Iglesia hoy está llamada a anunciar el Evangelio afrontando también las nuevas emergencias pastorales relacionadas con la familia.
Este señalado encuentro es importante para todo el Pueblo de Dios, Obispos, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos de las Iglesias particulares del mundo entero, que participan activamente en su preparación con propuestas concretas y con la ayuda indispensable de la oración. El apoyo de la oración es necesario e importante especialmente de parte de ustedes, queridas familias. Esta Asamblea sinodal está dedicada de modo especial a ustedes, a su vocación y misión en la Iglesia y en la sociedad, a los problemas de los matrimonios, de la vida familiar, de la educación de los hijos, y a la tarea de las familias en la misión de la Iglesia. Por tanto, les pido que invoquen con insistencia al Espíritu Santo, para que ilumine a los Padres sinodales y los guíe en su grave responsabilidad. Como saben, a esta Asamblea sinodal extraordinaria seguirá un año después la Asamblea ordinaria, que tratará el mismo tema de la familia. Y, en ese contexto, en septiembre de 2015, tendrá lugar el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia. Así pues, oremos todos juntos para que, mediante estas iniciativas, la Iglesia realice un auténtico camino de discernimiento y adopte los medios pastorales adecuados para ayudar a las familias a afrontar los retos actuales con la luz y la fuerza que vienen del Evangelio.
Les escribo esta carta el día en que se celebra la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. En el Evangelio de Lucas vemos que la Virgen y San José, según la Ley de Moisés, llevaron al Niño al templo para ofrecérselo al Señor, y dos ancianos, Simeón y Ana, impulsados por el Espíritu Santo, fueron a su encuentro y reconocieron en Jesús al Mesías (cf. Lc 2,22-38). Simeón lo tomó en brazos y dio gracias a Dios porque finalmente había “visto” la salvación; Ana, a pesar de su avanzada edad, cobró nuevas fuerzas y se puso a hablar a todos del Niño. Es una hermosa estampa: dos jóvenes padres y dos personas ancianas, reunidas por Jesús. ¡Realmente Jesús hace que generaciones diferentes se encuentren y se unan! Él es la fuente inagotable de ese amor que vence todo egoísmo, toda soledad, toda tristeza. En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús: Él nos ofrece su Palabra, que ilumina nuestro camino; nos da el Pan de vida, que nos sostiene en las fatigas de cada día.
Queridas familias, su oración por el Sínodo de los Obispos será un precioso tesoro que enriquecerá a la Iglesia. Se lo agradezco, y les pido que recen también por mí, para que pueda servir al Pueblo de Dios en la verdad y en la caridad. Que la protección de la Bienaventurada Virgen María y de San José les acompañe siempre y les ayude a caminar unidos en el amor y en el servicio mutuo. Invoco de corazón sobre cada familia la bendición del Señor.
Vaticano, 2 de febrero de 2014
Fiesta de la Presentación del Señor
FRANCISCO
miércoles, 19 de febrero de 2014
jueves, 6 de febrero de 2014
jueves, 30 de enero de 2014
Francisco: La envidia es la puerta por la que el diablo entra al mundo
Francisco: La envidia es la puerta por la que el diablo entra al mundo
Jueves 23 Ene 2014 | 11:53 am
Ciudad del Vaticano (AICA):
¨Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Fue precisamente
esta puerta, la puerta de la envidia, por la cual el diablo entró en el
mundo”, dijo el papa Francisco, esta mañana, durante la homilía de la
misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. El
Pontífice pidió a los cristianos que cierren las puertas a celos,
envidias y murmuraciones que dividen y destruyen a nuestras comunidades.
"Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Fue precisamente esta puerta, la puerta de la envidia, por la cual el diablo entró en el mundo”, dijo el papa Francisco, esta mañana, durante la homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. El Pontífice pidió a los cristianos que cierren las puertas a celos, envidias y murmuraciones que dividen y destruyen a nuestras comunidades.
Las reflexiones del Papa tomaron como referencia la primera lectura del día que habla de la victoria de los israelitas sobre los filisteos gracias al valor de joven David. La alegría de la victoria se transforma pronto en tristeza y envidia en el rey Saúl al ver que las mujeres alababan a David por haber matado a Goliat. Entonces, afirma Francisco "esa gran victoria comienza a convertirse en derrota en el corazón del rey" en el que se insinúa, como sucede en Caín, "la semilla de los celos y de la envidia".
Y como Caín con Abel, entonces el rey decide matar a David. "Así hacen los celos en nuestro corazón -observó el Papa- es una inquietud mala, que no tolera que otro hermano o hermana tenga algo que yo no tengo". Saúl, "en vez de alabar a Dios, como hacían las mujeres de Israel, por esta victoria, prefiere cerrarse en sí mismo, lamentarse" y "cocinar sus sentimientos en el caldo de la amargura".
Así lo explicó el Santo Padre: "Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Fue precisamente esta puerta, la puerta de la envidia, por la cual el diablo ha entrado en el mundo. La Biblia dice: 'Por la envidia el diablo ha entrado a hacer mal en el mundo'. Los celos y la envidia abren las puertas a todas las cosas malas. También divide a una comunidad. Una comunidad cristiana, cuando algunos de sus miembros sufren de envidia, de celos, termina dividida: uno contra el otro. Y esto es un veneno fuerte. Es un veneno que encontramos en la primera página de la Biblia con Caín".
En el corazón de una persona tocada por los celos y la envidia -subrayó el Papa- suceden "dos cosas clarísimas". Primero la amargura: "La persona envidiosa, la persona celosa es una persona amarga: no sabe cantar, no sabe alabar, no sabe qué es la alegría, siempre mira 'qué tiene aquel y yo no tengo'. Y esto lleva a la amargura, una amargura que se difunde en toda la comunidad. Son estos sembradores de amargura.
Y la segunda actitud, que llevan los celos y la envidia, es a murmurar. Porque este no tolera que el otro tenga algo, la solución es rebajar al otro, para que yo esté más alto. Y el instrumento son las murmuraciones. Mira siempre y verás que detrás de una murmuración están los celos y la envidia. Y las murmuraciones dividen la comunidad, destruyen a la comunidad. Son las armas del diablo".
El Santo Padre mencionó cuántas bellas comunidades cristianas iban bien, pero después en uno de los miembros entró la semilla de los celos y la envidia y, con esto la tristeza, el resentimiento de los corazones y las murmuraciones.
Continuó señalando que "una persona que está bajo la influencia de la envidia y de los celos, mata", como dice el apóstol Juan: "Quien odia a su hermano es un homicida". Así como "el envidioso, el celoso, comienza a odiar al hermano". Por tanto, Francisco concluyó pidiendo: "Hoy, en esta misa, recemos por nuestras comunidades cristianas, para que esta semilla de los celos no sea sembrada entre nosotros, para que la envidia no tome lugar en nuestro corazón, en el corazón de nuestras comunidades, y así podamos ir hacia adelante, alabando al Señor, con alegría. Y es una gracia grande, la gracia de no caer en la tristeza, en el estar resentido, en los celos y en la envidia".+
martes, 7 de enero de 2014
carta de un sacerdote
Un sacerdote escribe al Papa antes de morir a los 31 años. Aquí os ofrecemos la carta
No le pido a Dios mi curación, sino la fuerza y la alegría de continuar siendo un testimonio verdadero de su amor y un sacerdote según su corazón
© DR
Fabrizio nació en Nápoles el 8 de septiembre de
1982. Miles, casi tres mil personas, se reunieron en Ponticelli (NA),
para darle el último saludo en la Basílica de Nuestra Señora de la
Nieve, donde era vice-párroco. Un sufrimiento grande el del padre
Fabrizio en los últimos meses, vivido siempre con gran fe y con una gran
fuerza de ánimo. Siempre con una sonrisa, siempre con una palabra de
consuelo para sus familiares y amigos que han estado con él hasta su
último aliento. Aquí os ofrecemos la carta que envió al Papa.A Su Santidad el Papa Francisco
Santo Padre,
En las oraciones diarias que dirijo a Dios, no dejo de rezar por usted y por el ministerio que el Señor mismo Le ha confiado, para que pueda darle siempre fuerza y alegría para continuar anunciando la bella noticia del Evangelio.
Me llamo Fabricio De Michino y soy un sacerdote joven de la diócesis de Nápoles. Tengo 31 años y hace cinco que soy sacerdote. Desarrollo mi servicio en el Seminario Arzobispal de Nápoles como educados del grupo de diáconos, y en una parroquia en Ponticelli, que se encuentra en la periferia de Nápoles. La parroquia, recordando el milagro sucedido en la colina Esquilino, recibe el nombre de la Señora de las Nieves y en 2014 celebrará el primer centenario de la Coronación de la estatua de madera del 1500, muy querida para todos sus habitantes.
Ponticelli es un barrio degradado por su pobreza y alta criminalidad, pero cada día descubro verdaderamente la belleza de ver lo que el Señor realiza en estas personas que se fían de Dios y de la Virgen.
También yo, desde que estoy en esta parroquia he podido ampliar cada vez más mi amor confiado hacia la Madre Celeste, experimentando también en las dificultades, su cercanía y protección. Por desgracia, hace tres años que me encuentro peleando contra una enfermedad rara: un tumor justo en el interior del corazón y desde hace algún mes, con metástasis en el hígado y en el bazo. En estos años nada fáciles, sin embargo, nunca he perdido la alegría de ser anunciador del Evangelio. También en el cansancio percibo, verdaderamente, esta fuerza que no viene de mí sino de Dios que me permite desarrollar con sencillez mi ministerio. Hay una cita bíblica que me está acompañando y me infunde confianza en la fuerza del Señor, es la de Ezequiel: “Os daré un corazón nuevo, meteré dentro de vosotros un Espíritu nuevo, arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ez 36, 26).
En este tiempo ha sido muy cercana la presencia de mi obispo, el card. Crescenzio Sepe, que me apoya contantemente, aunque a veces me dice que descanse para no cansarme demasiado.
Agradezco a Dios también por mis familiares y mis amigos sacerdotes que me ayudan y sostienen sobre todo cuando hago las distintas terapias, compartiendo conmigo los diversos momentos de inevitable sufrimiento. También mis médicos me apoyan muchísimo y hacen lo imposible para encontrar los tratamientos adecuados para mí.
Santo Padre,
Me estoy alargando demasiado, pero solo quiero decirle que ofrezco al Señor todo esto por el bien de la Iglesia y por Usted de un modo especial, para que el Señor le bendiga siempre y le acompañe en este ministerio de servicio y amor.
Le ruego que me añada a sus oraciones: lo que le pido todos los días al Señor es hacer su voluntad, siempre y en todas partes. A menudo, es verdad, no le pido a Dios mi curación, sino la fuerza y la alegría de continuar siendo un testimonio verdadero de su amor y un sacerdote según su corazón.
Seguro de sus paternales oraciones, le saludo devotamente.
Don Fabrizio De Michino
viernes, 3 de enero de 2014
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Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1; Salmo : Sal 1...
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“Si no sabes hacia dónde vas, nunca sabrás cuando llegarás” Éxito es una palabra que causa controversia en algunas personas, muchos lo anhel...
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Estaba participando en un evento del Ministerio Compasión en el Salvador, y una mañana entré al salón de reuniones y pasé por el lado de una...
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DOMINGO QUINTO DE PASCUA cC (15 de mayo 2022) Primera: Hechos 14, 21b-27; Salmo: Sal 144, 8-13a; Segunda: Apocalipsis 21, 1-5a; Evangelio:...