jueves, 22 de marzo de 2018

SOR LUCIA LA VIDENTE DE FATIMA- Y EL ABORTO


... para manifestar más la unidad de la sociedad humana que obliga a la vigilancia mutua con el fin de evitar el mal e insistir en la detestación del pecado, ya que el castigo de uno recae sobre los demás como si fuese  un solo cuerpo.

"LUCIA, con su sencilla fe, lo expresaba así "Sí Portugal no aprueba el aborto, esta a salvo, más si lo aprueba tendrá mucho que sufrir . Por los pecados de la persona, paga la persona que de él es responsable, más por el pecado de la Nación paga todo el pueblo. Porque los gobiernos promulgan las leyes inicuas lo hacen en nombre de todo el pueblo que los elige"

miércoles, 21 de marzo de 2018

HOMILIA Domingo de RAMOS en la PASIÓN DEL SEÑOR cB (26 de marzo 2018)

Domingo de RAMOS en la PASIÓN DEL SEÑOR cB (26 de marzo 2018)
PrimeraIsaías 50, 4-7; Salmo: Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24; Segunda: Filipenses 2, 6-11; Evangelio: Marcos 14, 1 – 15, 47
Nexo entre las LECTURAS
La liturgia de hoy nos ayuda a ‘entrar’ en el misterio de la entrega y sufrimiento de Jesucristo por la salvación de muchos. “En su condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (segunda lectura). En los labios de Jesús hemos escuchado: "Abba, Padre. Todo te es posible. Aparta de mí esta copa de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú" (Evangelio). Siglos antes, el siervo de Yahvéh, figura de Jesucristo, había pronunciado proféticamente estas palabras: “El Señor me ha abierto el oído, y yo no me he resistido ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, mi mejilla a los que mesaban mi barba; no volví la cara ante los insultos y salivazos” (primera lectura).
Temas...
El realismo de la pasión. La profecía del Siervo de Yahvéh se ha quedado ‘corta’, por más que sus expresiones impresionan al escucharlas: golpes a la espalda, burlas tirándole de la barba, insultos y salivazos. Jesús realiza y vive una pasión física, que sacude todo su cuerpo; y una pasión moral, una pasión del corazón, un dolor inexplicable porque los hombres, sus íntimos, eligen el pecado. En Getsemaní Jesús sufre pavor, angustia, tristeza mortal, y es prendido y maniatado con violencia por la gente que vino a Él con espadas y palos (14,33-34.46). En el sanedrín, después de ser considerado blasfemo, algunos comenzaron a escupirle y a darle de bofetadas (14,65). En el pretorio, los soldados romanos trenzaron una corona de espinas y se la ciñeron (15,17). Ahí mismo, le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, poniéndose de rodillas, le rendían homenaje (15,19). Marcos escuetamente escribe: Después le crucificaron (15,24). El evangelista termina el relato diciendo: Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró (15,37). Grito de dolor, grito en que resume toda la pasión. Al lado de la pasión corporal, entrelazada con ella, la pasión del corazón. ¿Cómo se comportan los suyos? Judas le traiciona (14,10), Pedro miente -de Él- (14,66-72), todos los discípulos le abandonan y huyen (14,50). ¿Cómo se comportan las autoridades? Las autoridades buscaban el modo de prenderle con engaño y darle muerte (14,1), pagan a Judas para que traicione a su Maestro (14,11), envían un tropel de gente armada para que prenda a Jesús (14,43), buscan una acusación para darle muerte (14,55), lo condenan como blasfemo (14,63-64), azuzan a la gente para que Pilato suelte a Barrabás y mande a Jesús al suplicio de la cruz (15,11-13), sobre el Gólgota triunfantes se burlan de él (15,31-32). Él, el inocente, es juzgado y condenado. Él, el Señor, es abofeteado por un siervo, escarnecido por los soldados, objeto de burla y escarnio de la gente. Y sobre todo, Él, el Hijo de Dios, siente en lo más íntimo, el abandono del Padre (15,34). Este realismo de la pasión recobra un brillo particular, inédito, si lo observamos con la certeza de que Jesús lo hubiese podido evitar, pero no quiso. Asumió todo el dolor de la pasión voluntariamente, en pleno ejercicio de su libertad, como expresión suprema de su libertad entregada al amor a su Padre y a sus hermanos, nosotros, los hombres.
Los frutos del sufrimiento. El primer fruto (si se pudieran enumerar) se produce en la humanidad del mismo Jesús: “Dios lo exaltó y le dio el nombre sobre todo nombre” (segunda lectura); es decir, su humanidad volvió a la vida, a una nueva vida, y el Padre glorificó su humanidad haciéndola partícipe de la misma vida de Dios. El segundo fruto que los textos nos indican es la salvación obtenida mediante el amor del que sufre hasta el heroísmo de la muerte en una cruz. Ese amor doliente salva al que implora misericordia; ese amor que culmina en un grito impresionante y salva al que cree (centurión que reconoce en el crucificado al Hijo de Dios). Salva a Pedro que, enseguida después de haberle negado, rompió a llorar como un niño. En Cristo, Siervo Sufriente, la humanidad es recreada -tocada- por el dedo de Cristo salvador.
Sugerencias...
Una soledad acompañada. En la actual sociedad no son pocas las personas que viven en soledad y la sienten como una pesada losa sobre sus vidas, a pesar de la multiplicación increíble de los medios de comunicación que se ha desarrollado. Los ancianos que se sienten solos, abandonados quizás por su misma familia. Los niños huérfanos, y los abandonados por sus padres a la puerta de un hospital o en el atrio de una Iglesia. Los mendigos que carecen de familia y de techo bajo el cual cobijarse. Los jóvenes que viven "solos" y no pocas veces con angustia los primeros problemas de la existencia: el vacío de sentido, la imposibilidad de un trabajo, la angustia ante el futuro, el escape fugaz y engañoso de la droga, el sexo, el alcohol... La soledad de los inmigrantes, arrancados de sus raíces culturales, de su patria y familia, y no pocas veces maltratados (Catequesis del Papa en las audiencias de los miércoles). Estos solitarios forzados, y todos los demás que pueda haber en nuestro ambiente, tienen que hallar en los cristianos una compañía buena y sincera, una acogida fraterna, una ayuda eficaz, una solidaridad abierta e incluso contra corriente, una compasión verdaderamente cordial. Sepan además éstos solitarios forzados que Jesucristo les acompaña en su soledad y en cierta manera la vive y comparte con ellos; no sólo eso, sino que también Cristo asume y redime su soledad con la suya propia a lo largo de la pasión y muerte en la cruz. Cristo en su gran soledad desde la Cruz se supo acompañado misteriosamente por el Padre, por su madre María, por las santas mujeres... En la más inclemente soledad el hombre ha de saber que alguien le acompaña y reza por él, que Alguien está a su lado.
Confianza en el dolor. Es una de las maravillosas enseñanzas que Jesucristo nos deja sobre el Gólgota. Él ha sufrido y en medio del sufrimiento, ha confiado. A quien cree, el dolor no le hace perder la confianza. Cuando sufres, ¿cómo reaccionas? Dime cómo sufres, y te diré quién eres. A quienes somos cristianos, nos ilumine la actitud confiada de Cristo en su Padre celestial y de cara al futuro. Nos sostenga la Santísima Virgen María, que estuvo de pie al pie de la Cruz.

miércoles, 14 de marzo de 2018

EL PADRENUESTRO SEGÚN EL PAPA FRANCISCO

GENTILEZA AICA

El papa Francisco dedicó la audiencia general de este miércoles 14 de marzo a hablar del padrenuestro y la fracción del Pan. “Es la oración que hizo Jesús. Él nos la enseñó”, recordó el pontífice a los presentes en la plaza San Pedro. “¡Es bello rezar como rezaba Jesús!”, agregó. 

Esta oración, que se nos entregó en el día de nuestro Bautismo, “hace resonar en nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús”, aseguró. Asimismo, señaló que rezarla es “la mejor manera de prepararnos para recibir a Jesús en la Comunión”. “En ella pedimos el ‘pan nuestro de cada día’, con una referencia particular al Pan eucarístico que necesitamos para vivir como hijos de Dios”, expresó. 

Recitar el padrenuestro “sin conexión” 
Al resaltar el profundo significado del padrenuestro, el Pontífice reflexionó sobre las veces en que algunas personas recitan esta oración, “sin saber” lo que se dice. Recordó que cuando rezamos el padrenuestro nos conectamos con el Padre que nos ama y precisó que es el Espíritu quien nos da esta “conexión”, “este sentimiento de Hijos de Dios”. 

No es fácil perdonar a las personas que nos ofendieron 
“Imploramos también a Dios que perdone nuestras ofensas y nos comprometemos al mismo tiempo a perdonar a los que nos han ofendido”, explicó el Papa, aunque reconoció que “no es fácil perdonar a las personas que nos ofendieron”, y que eso “es una gracia que debemos pedir”. “Señor enséñame a perdonar como tú me has perdonado”, rezó. 

Sin fraternidad no hay paz
 
“La paz de Cristo no puede radicarse en un corazón incapaz de vivir la fraternidad y de recomponerla tras haberla herido”, advirtió Francisco. “No es posible comunicar el único pan que nos hace un solo Cuerpo en Cristo sin reconocernos pacificados en el amor fraterno”, afirmó. 

“Con el rito de la paz –dijo Francisco- se expresa la unión y el amor mutuo antes de acercarnos al sacramento. Después tiene lugar la fracción del pan. Es el gesto que Jesús realizó en la Última Cena y que permitió a los discípulos reconocerlo después de la resurrección, como en Emaús”. “La fracción del pan está acompañada por la invocación del ‘Cordero de Dios’, que es la imagen bíblica usada por Juan el Bautista para identificar a Jesús como el que quita el pecado del mundo. En el pan eucarístico, que se parte para la vida del mundo, reconocemos al verdadero Cordero de Dios, que es Cristo, y le suplicamos: ‘Ten piedad de nosotros…y danos la paz’”. 

No olvidar la gran oración de Jesús 
El pontífice concluyó la catequesis señalando que las invocaciones “Ten piedad de nosotros” y “danos la paz”, nos ayudan a disponer nuestro ánimo para participar en el banquete eucarístico, e invitó a no olvidar “la gran oración” que nos enseñó Jesús, es decir, la oración con la que Él rezaba al Padre. “Esta oración nos prepara a la comunión”, aseguró e invitó a los presentes a rezar el padrenuestro, cada uno en su idioma. + 

HOMILIA Quinto Domingo de CUARESMA cB (18 de marzo 2018)

Quinto Domingo de CUARESMA cB (18 de marzo 2018)
PrimeraJeremías 31, 31-34; Salmo: Sal 50, 3-4. 12-15; Segunda: Hebreos 5, 7-9; Evangelio: Jn 12, 20-33
Nexo entre las LECTURAS
Mientras que para los hombres el orden habitual de los conceptos es vida-muerte, en Jesucristo es al revés: muerte-vida. De estas dos realidades y de su relación nos habla la liturgia. Es necesario que el grano de trigo muera para que viva y dé fruto… es necesario perder la vida para vivir eternamente (Evangelio). Jesús, sometiéndose en obediencia filial a la muerte vive ahora como Sumo Sacerdote que intercede por nosotros ante Dios (segunda lectura). En la muerte de Jesús -que torna a la vida y da la vida al hombre, se realiza la nueva alianza, ya no sellada con sangre de animales sino escrita en el corazón, y por lo tanto, espiritual y eterna (primera lectura).
Temas...
Quien ama su vida -para sí- la perderá. Si quieres tener vida en Cristo, no temas morir por Cristo. No te ames para ti si quieres vivir; no te ames en esta vida para las cosas de esta vida para no perder la otra, la verdadera. Quien no ama su vida, en este mundo, la guarda para la vida eterna (Jn 12,25). Profunda y admirable afirmación que indica de qué modo tiene el hombre a su alcance, con la ayuda de la gracia, poder alcanzar la Vida verdadera. Si has amado mal, entonces no has amado; pero si has amado rectamente, entonces has amado. Amar bien o rectamente es hacer el bien y servir. Felices quienes amaron mirando el ejemplo del Salvador. Felices quienes no se encierran en el amor egoísta. Cuida mucho de no caer en la tentación de quererte amar a ti mismo para ti (cfr.: San Agustín). El amor, nos anuncia Jesús, es hasta la entrega total de la vida, servicio hasta el final.
La hora de Jesús. En el evangelio de san Juan se une el encuentro de Jesús con los ‘griegos’ (representantes de la humanidad no judía) y la hora de Jesús, es decir, su pasión-muerte-resurrección. La hora de Jesús es, por tanto, la hora de la redención universal por el sufrimiento y por la glorificación. Ambos aspectos brillan con fulgor particular en la segunda lectura. Primeramente el sufrimiento: “Él (Cristo) en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquel que podía salvarlo de la muerte... Aprendió sufriendo lo que cuesta obedecer”. Esos gritos y esas lágrimas, tan humanos, están incluidos en su hora, en su tiempo y modo de salvarnos. No falta, sin embargo, la hora de la glorificación: “Alcanzada así la salvación,... ha sido proclamado por Dios Sumo Sacerdote”. Sumo Sacerdote de la nueva alianza, del nuevo corazón humano, de la nueva ley escrita en lo más íntimo y profundo del alma.
La hora del hombre nuevo. La hora de Jesús es también la hora del hombre nuevo, del discípulo misionero. El sufrimiento y la glorificación de Jesús llevan a cumplimiento la profecía de Jeremías, que la liturgia nos presenta en la primera lectura. La alianza nueva entre Dios y la humanidad estará sellada con la sangre de Cristo. Las cláusulas de esa nueva alianza no estarán escritas sobre piedra ni será Moisés quien las comunique a los hombres; Dios mismo las escribirá en el interior del corazón y el Espíritu Santo ‘leerá’ con claridad, de modo inteligible y personal, a todo el que le quiera escuchar, el contenido de la nueva ley, la ley del Espíritu. Por eso nos dice san Juan que todos serán enseñados por Dios, todos: desde el más pequeño hasta el mayor. La pasión-muerte-resurrección de Jesucristo otorga a la humanidad, toda, la gracia de hacer un pacto de amistad y de comunión con Dios Nuestro Señor, y así llegar a ser hombre nuevo, auténtico, gozoso (E.G.).
Sugerencias...
Sufrir por fidelidad. El sufrir por sufrir es absurdo e indigno -del hombre-. El sufrir porque "no hay otra", porque ésa es la condición humana, es un motivo muy pobre, aunque se diga así con frecuencia. El sufrir para mostrar mi capacidad de autodominio o mi grandeza humana es de pocos, y casi siempre adolece de orgullo. El sufrir por fidelidad a la voluntad de Dios y desde la fe que sustentan la propia vida, ahí está el verdadero sentido y valor del sufrimiento. Sufrir por fidelidad a Dios que lo oigo en mi conciencia, aunque los estímulos externos induzcan más bien al ‘no lo hagas’, ‘aprovecha el momento’, y a la satisfacción de las mil solicitaciones del vicio y del pecado. Sufrir por fidelidad a los deberes de mi estado y profesión, con sinceridad y constancia, sin miedo a aparecer ‘débil’ y sin miedo al respeto humano. Sufrir por fidelidad a las propias convicciones religiosas: católico, religioso, sacerdote, casado, casada, soltera, soltero, novia, novio, actuando siempre y en todo momento y situación de modo coherente y auténtico, creyente y obediente. Ese sufrimiento, a los ojos de Dios, no sólo tiene sentido, sino que tiene un valor imperecedero: valor de redención, como el sufrimiento de Jesucristo. Tal sufrir, no siendo fácil, no deja de ser hermoso y sobre todo fecundo. Podemos rezar preguntándonos si hemos sufrido por ser fieles, si estamos dispuestos a sufrir por fidelidad a Dios y al hombre, nuestro hermano.
La obediencia a la voluntad de Dios. Este es el camino de la santidad, del cristiano, es decir, que se realice el plan de Dios, que la salvación se cumpla. […] ¿Yo rezo para que el Señor me dé las ganas de hacer su voluntad, o busco compromisos porque tengo miedo de la voluntad de Dios? Rezar para conocer la voluntad de Dios sobre mí y sobre mi vida, sobre la decisión que debo tomar ahora… muchas cosas. Sobre la forma de gestionar las cosas… La oración para querer hacer la voluntad de Dios, y oración para conocer la voluntad de Dios. Y cuando conozco la voluntad de Dios, también la oración, por tercera vez: para hacerla. Para cumplir-practicar esa voluntad, que no es la mía, es la Suya. Y no es fácil. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 27 de enero de 2015, en Santa Marta).
La Virgen del SI, nos acompañe en esta entrega diaria…


Pueden ayudar estos temas...

«El que se ama a sí mismo, se pierde». Este evangelio, ciertamente impresionante, es preludio de la pasión. Algunos gentiles quieren ver a Jesús; su misión, que incluye, más allá de los límites de Israel, a todas las «naciones», sólo culminará con su muerte: únicamente desde la cruz (como se dice al final del evangelio) atraerá hacia Él a todos los hombres. El grano de trigo tiene que morir, si no queda infecundo; Jesús dice esto pensando en Él mismo, pero también, y con gran énfasis, en todos aquellos que quieran «servirle» y seguirle. Y ante esta muerte (cargando con el pecado del mundo) Jesús se turba y tiene miedo: la angustia del monte de los olivos le hace preguntarse si no debería pedir al Padre que le liberase de semejante trance; pero sabe que la encarnación entera sólo tendrá sentido si soporta la «hora», si bebe el cáliz; por eso dice: «Padre, glorifica tu nombre». La voz del Padre confirma que todo el plan de la salvación hasta la cruz y la resurrección es una única «glorificación» del amor divino misericordioso que ha triunfado sobre el mal (el «príncipe de este mundo»). Cada palabra de este evangelio está tan indisolublemente trenzada con todas las demás que en ella se hace visible toda la obra salvífica ante la inminencia de la cruz.

«Aprendió, sufriendo, a obedecer». Juan, en el evangelio, amortigua en cierto modo los acentos del sufrimiento; para él todo, hasta lo más oscuro, es ya manifestación de la gloria del amor. En la segunda lectura, de la carta a los Hebreos, se perciben por el contrario los acentos estridentes, dramáticos de la pasión. Jesús, cuando se sumergió en la noche de la pasión, «a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas» al Dios «que podía salvarlo de la muerte». Por muy obediente que pueda ser, en la oscuridad del dolor y de la angustia, todo hombre, incluso Cristo, debe aprender (crecer) de nuevo a obedecer. Todo hombre que sufre física o espiritualmente lo ha experimentado: lo que se cree poseer habitualmente, debe actualizarse, ha de re-aprenderse, por así decirlo, desde el principio. Jesús gritó a su Padre y el texto dice que fue «escuchado». Y ciertamente fue escuchado por el Padre, pero no entonces, sino solamente cuando llegó el momento de su resurrección de la muerte. Únicamente cuando el Hijo haya sido «llevado a la consumación» podrá brillar abiertamente la luz del amor ya oculta en todo sufrimiento. Y solamente cuando todo haya sido sufrido hasta el extremo, se podrá considerar fundada esa alianza nueva de la que se habla en la primera lectura.



«Meteré mi ley en su corazón». Una «nueva alianza» ha sido sellada por Dios, después de que la primera fuera «quebrantada». Mientras la soberanía de Dios era ante todo una soberanía basada en el poder -el Señor había sacado a los israelitas de Egipto «tomándolos de la mano»- y los hombres no poseían una visión interior de la esencia del amor de Dios, era difícil, por no decir imposible, permanecer fiel a la alianza. Para ellos el amor que se les exigía era en cierto modo como un mandamiento, como una ley, y los hombres siempre propenden a transgredir las leyes para demostrar que son más fuertes que ellas. Pero cuando la ley del amor está dentro de sus corazones y aprenden a comprender desde dentro que Dios es amor, entonces la alianza se convierte en algo totalmente distinto, en una realidad interior, íntima; cada hombre la comprende ahora desde dentro, nadie tiene necesidad de aprenderla de otro, como se aprende en la escuela: «Todos me conocerán, desde el pequeño al grande».

martes, 6 de marzo de 2018

HOMILIA Cuarto Domingo de CUARESMA cB (11 de marzo 2018)

Cuarto Domingo de CUARESMA cB (11 de marzo 2018)
Primera2Crónicas 36, 14-16.19-23; Salmo: Sal 136, 1-6; Segunda: Efesios 2, 4-10; Evangelio: Jn 3, 14-21
Nexo entre las LECTURAS
“Tanto amó Dios al mundo...”: aquí está el mensaje que la Iglesia nos transmite mediante los textos litúrgicos ya cercanos a la Semana Santa y Pascua de Resurrección. Ese amor infinito de Dios ha recorrido un largo camino en la historia de la salvación, antes de llegar a expresarse en forma definitiva y última en Jesucristo (Evangelio). La primera lectura nos muestra en acción el amor de Dios de un modo sorprendente, como ira y castigo, para así suscitar en el pueblo el arrepentimiento y la conversión (primera lectura). La carta a los Efesios resalta por una parte nuestra falta de amor que causa la muerte, y el amor de Dios que nos hace retornar a la vida junto con Jesucristo (segunda lectura). En todo y por encima de todo está y debe estar el amor misericordioso de Dios manifestado en Cristo Jesús.
Temas...
Jesucristo, el amor del Padre. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”. La historia de Dios con el hombre, como se presenta en la Biblia, es una historia genial (ingeniosa y maravillosa) de amor. Dios que por amor crea, da la vida, elige a un pueblo para hacerse presente entre los hombres, se hace ‘carne’ en Jesucristo para salvarnos desde la carne... y el hombre que por orgullo rechaza el amor buscando ‘autocrearse’, ‘autodonarse la vida’, ‘autoelegirse’ en el concierto de las naciones por su potencia y su imperial ambición, ‘autosalvarse’ con la ciencia y la técnica, con la parapsicología y religiones cósmicas, dice el Papa Francisco “autorreferenciarse”. Es tan grave esta manera de vivir y pensar que hasta creen -algunos- que pueden decidir que no vivan los que empiezan a vivir en el seno de una madre por amorosa designación del amor de Dios.  Parecería que el hombre gusta decidir al revés del gobierno providente y amoroso de Dios. Dios quiere enseñarnos a deletrear en nuestra mente y en nuestra vida el verdadero amor, y -nosotros, el hombre- llevados por el pecado sólo queremos pronunciar el egoísmo, el odio y hasta la indiferencia a lo que no sea el propio yo (cfr. Mensaje de Cuaresma del Papa 2015). ¿Qué sucede, en el corazón humano, para que no pueda descubrir en Jesucristo la plenitud del amor de Dios? ¿Qué será que nos pasa que parece más rápido, pronto y fácil el vicio o desorden?
El amor busca el bien de la persona amada. Ante el pueblo de corazón rebelde, cerrado al camino de Dios, el amor divino adquiere manifestaciones que buscan llevar al hombre a la reflexión, al arrepentimiento y a la conversión. Así nos lo muestra la primera lectura: la actitud altanera del pueblo y el amor de Dios que permite la toma de Jerusalén, la matanza, el saqueo, la esclavitud y el destierro a Babilonia, llamándolos a la alianza. Dios actuó de esta manera, manifestación suprema de su amor, porque quiere llevar a los habitantes de Jerusalén a una auténtica conversión mediante el reconocimiento del amor divino. Dios manifiesta su amor dándonos la gracia, el don de la salvación para quien la acoge y la hace fructificar. Dios nos da su gracia para que practiquemos las buenas obras, las obras del amor, con las que respondemos a Su alianza. Como formidable educador del hombre y de los pueblos, Dios Nuestro Señor, nos acompaña amándonos con el único interés de encontrar reciprocidad de amor en el hombre. Sabe muy bien -Dios- que sólo en el amar (a Dios y al hombre) y ser amado reside la grandeza y la felicidad del hombre. (cfr.: San Ireneo de Lyon)
Sugerencias...
Convertirse al Amor. Los textos litúrgicos nos han mostrado que el amor para Dios es darse, entregarse, buscar el bien de la persona amada. Este amor no es el más frecuente entre los hombres, ni resulta fácil. Es más frecuente encerrarse en el propio yo siendo uno mismo sujeto y objeto de su amor. Es más frecuente ‘aprovecharse’ del otro (esposo o esposa, padre o hijo, amigo o amiga, acreedor o cliente, alumno o maestro, párroco o parroquiano...) para satisfacción del propio yo, de los propios intereses, gustos, pasiones. Es más frecuente buscar nuestro bien, que querer el bien de los demás y servirlos hasta la entrega de la propia vida; querernos a nosotros mismos en lugar de hacer el bien al prójimo. Es más pronto la tentación a no darse, no hacer algo por los demás, no ayudar a quien sufre necesidad, no colaborar en las diversas actividades de la evangelización, no buscar formas concretas de amar a Dios, a la Virgen santísima, a nuestros seres queridos, a nuestros hermanos en la fe, a los hombres independientemente de su religión, raza o condición. Hasta, a veces, parece pesado y difícil leer el catecismo, cultivar y hacer crecer la fe. Con todo, en la mayoría de los casos lo que es más frecuente y fácil no es lo mejor para el hombre y su dignidad. Hemos de convertirnos al Amor: ese amor que actúa en nosotros porque Dios nos lo regala y nosotros lo recibimos con gozo. Hemos de convertirnos al Amor, que nos saca de nuestro propio yo y nos pone ‘indefensos’ ante los demás para que vivamos por la fuerza del Amor. El Papa nos invita a la revolución de la ternura.
Cristiano igual a humano. Expresión del Papa en la Evangelii Gaudium. Bien podría decirse: "Cristiano soy y nada de lo humano es ajeno a mí". El concilio Vaticano II nos ha enseñado que “Cristo revela el hombre al hombre”. La auténtica humanidad del ser humano no la vamos a encontrar en los programas de la TV o en los artículos de la prensa, en la invasión sonora de una discoteca o en las reuniones masivas con un cantante famoso, en la fugacidad de la bebida y de la droga o en la falsa consistencia de una relación degenerada...En todos estos campos está muy presente el hombre, pero muy poco lo humano, los valores que dimanan de nuestra dignidad de imagen e hijo de Dios. San Juan Pablo II gustaba de repetir que “el hombre es el camino de la Iglesia”; y se podría añadir también que “el cristiano es el camino del hombre” el discípulo-misionero hace presente a Cristo, para que en Cristo nuestros pueblos tengan vida (cfr.: Aparecida). Por eso, alguien se atrevió a decir que "el tercer milenio o será cristiano, o simplemente no será", pues el hombre terminaría autodestruyéndose. Si esto es verdad, y lo es, ¿no vale la pena vivir a fondo la vocación cristiana? ¿Por qué no luchar para instaurar en la sociedad un verdadero humanismo, es decir, un cristianismo vivido con autenticidad? Beato Papa Pablo VI, invitándonos a vivir la Civilización del Amor (cfr.: Un Nuevo Sol). La Virgen, Madre del Amor Hermoso, nos proteja y acompañe. ¡Que venga con nosotros, a caminar!

sábado, 3 de marzo de 2018

CARTA URGENTE A LOS LEGISLADORES ARGENTINOS

GENERAL ROCA, 28 DE FEBRERO DE 2018
Estimado/A Diputado/A: 


Le pido DEFIENDA EL PRIMER DERECHO HUMANO, que es el derecho a la vida, especialmente en el vientre materno.


Vote en contra del aborto. Si permitimos a una madre matar a su hijo, no hay fundamento jurídico para seguir penalizando otros delitos como el homicidio agravado por el vinculo.Asimismo  El derecho a la vida es el primer derecho natural básico y esencial. La Jurisprudencia de la CSJN ha sostenido que es el “primer derecho natural de la persona humana, preexistente a toda legislación positiva, y que resulta admitido y garantizado por la Constitución Nacional y las leyes” (Fallos, 302:1284, Cf. Tb. Fallos 310:112).
Su tutela desde la concepción es reconocida en nuestro ordenamiento jurídico positivo de manera unánime. La tutela del derecho a la vida es tan absoluta que constituye el núcleo mismo de nuestro ordenamiento jurídico. Está protegido en las normas básicas y fundamentales de convivencia de los argentinos, que hacen a nuestra identidad y esta tutela se ha reforzado en la Reforma Constitucional de 1994 y en la suscripción de numerosos Tratados y Declaraciones internacionales que se han constitucionalizado. Constitucionalidad del derecho a la vida desde la concepción. Constitución Nacional: Arts. 14 bis, 16, 33, 43, 75 inc. 19, 75 incs. 22 y 23. Código Civil: Arts. 51,54, 63, 64, 70 , 72 y Art. 264. Código Penal: Arts. 85, 86, 87 y 88.
• Tratados Internacionales incorporados a la Constitución, que también lo garantizan: Convención de Derechos de Niño: (Nueva York, 1989) Preámbulo, Arts. 1, 2, 3, 6 inc. 1, 23 y 24. Reserva Argentina al Art. 1 (Ley 23.869, Art. 2, párrafo 3); Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica, 1969): Art. 1º, párrafo 2, 3, 4, 5, 16, 19 y 24; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966), Arts. 6, 10, 12, y 16; Declaración Americana de los Derechos y Deberes del hombre. Art. I y XVII; Declaración Universal de Derechos Humanos: Arts. 3 y 6. • Siempre que ha habido alguna equivocidad en el lenguaje de los Tratados, Convenciones y Declaraciones, la Argentina ha dejado constancia, en forma de “reservas” respecto de que el comienzo de la existencia de la persona humana debe entenderse desde la concepción. El valor de estas reservas es integrativo de la constitucionalización de los Tratados1  Asimismo, Argentina ha formulado reservas respecto de las promociones de las conferencias del Cairo de 1994 y de Beijing de 1995, en el sentido de que el concepto de salud reproductiva no debe incluir al aborto como método de la regulación de la natalidad. • El valor jurídico de las recomendaciones de estas conferencias y de las directivas de organizaciones internacionales de crédito es escaso: Vulneran el orden público internacional, ya que existen compromisos internacionales integrados como principios esenciales a la convivencia republicana (Art. 75 inc. 22 CN), que no pueden ser lesionados por convenciones o recomendaciones que no tienen este estatuto jurídico. • La aprobación del aborto implicaría una grave falencia a los compromisos internacionales asumidos, y un debilitamiento de la juridicidad de todo el orden jurídico nacional.

DEFENDER LA VIDA es una obligación de los que si pudimos nacer.
Cuento con Ud. Esto es lo mas importante que podrá hacer como representante del pueblo argentino. 


Cordialmente, 
ROJAS LAURA SILVINA
DNI 21847220
ESTADOS UNIDOS 1893 GENERAL ROCA RIO NEGRO

martes, 27 de febrero de 2018

HOMILIA Tercer Domingo de CUARESMA cB (04 de marzo 2018)

Tercer Domingo de CUARESMA cB (04 de marzo 2018)
PrimeraÉxodo 20, 1-17; Salmo: Sal 18, 8-11; Segunda: 1 Corintios 1, 22-25; Evangelio: Juan 2, 13-25
Nexo entre las LECTURAS
“Nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (segunda lectura). En esta expresión puede resumirse el mensaje central de la Liturgia de este Domingo –tercero– de cuaresma. Fuerza y sabiduría de Dios manifestada en Cristo glorificado que superan y perfeccionan la fuerza y sabiduría de Dios manifestado en el Decálogo (primera lectura). Fuerza y sabiduría de Dios que instauran un nuevo templo y un nuevo culto, situado no ya en un lugar, cuanto en una persona (‘Él hablaba del templo de su cuerpo’): Cristo crucificado, muerto y resucitado en quien la relación entre Dios y el hombre alcanza su plenitud y su esperanza.
Temas...
Jesucristo, sabiduría de Dios. La revelación de Dios es un largo y progresivo camino de sabiduría divina. Esa sabiduría se revela según los eternos designios de Dios que acompaña al crecimiento espiritual y corporal de los hombres. Esto es la condescendencia divina, Providencia. Y requiere, de parte del hombre, la aceptación de nuestra historicidad con todos los límites y condicionamientos que comporta. Después de largos siglos en que la sabiduría divina se fue manifestando en enseñanzas, instituciones, profetas y sabios, la sabiduría de Dios se encarna en Jesús de Nazaret, pero con caracteres bastante diversos a lo esperado. Jesús dirá que no ha venido a abolir la ley sino a perfeccionarla, por eso no basta el decálogo, con su amor a Dios y al hombre, es necesario añadir que se trata de amar a Dios en su misterio trinitario revelado por Jesucristo, y de amar al prójimo, incluso si es nuestro enemigo. Jesús, como nuevo templo, interioriza el culto cristiano, fundado no en sacrificios ni ritos externos, sino en la acción del Espíritu de súplica, alabanza y adoración. Tanto en uno como en otro caso, se trata de una sabiduría que mana del Espíritu de Dios, no obra del hombre ni de sus capacidades superiores (Salmo).
La cruz, sabiduría de Cristo y del cristiano. La sabiduría de Jesucristo brilla con una fuerza particular en la ‘locura’ de la cruz. La cruz era el objeto más horrible a los ojos de un buen romano, y para un piadoso judío era signo de maldición divina. ¡A quién se le ocurre hacer de la cruz el signo más elocuente de la sabiduría de Dios y del cristianismo! Ciertamente no a los hombres, pero se le ocurrió a Dios. Ante la figura de Cristo crucificado, la sabiduría humana o cae de rodillas en actitud de reconocimiento de una ciencia misteriosa y superior, o se rebela y sucumbe bajo el peso insoportable de algo que sobrepasa el humano razonamiento. Desde hace veinte siglos Jesús sigue proclamando desde el Gólgota que el madero de la cruz es el verdadero árbol de la ciencia del bien y del mal, de la ciencia y de la vida. Los cristianos hemos de ser conscientes de que en la cruz está nuestra verdadera sabiduría, y que hemos de anunciar a todos el Evangelio de la cruz, el evangelio del sufrimiento, de la ofrenda y de la entrega. Más aún, es una gracia que debemos pedir a Dios, Espíritu Santo.
La ‘potencia’ de Cristo crucificado. Ningún crucificado antes de Cristo pudo hacer de la cruz su trono y su cetro. Solo Cristo ha llevado a cabo esa transformación que parecía imposible: ha cambiado el signo de ignominia en signo de salvación. Para los que creemos, en efecto, la cruz es potencia de Dios. El decálogo era signo del pacto entre el Dios soberano e Israel su vasallo; el templo, con su imponente grandiosidad de edificio, de rito y de sacrificio, era signo del poder y trascendencia de Dios. Con Jesús la omnipotencia de Dios se hace patente en la debilidad de la carne, en la maldición de un madero, en la humana ignominia de un crucificado. La Cruz muestra de manera excelsa y maravillosa la misericordia de Dios y la llamada universal a la salvación. Los hombres, generación tras generación, no podemos comprender este gran misterio. Quienes se dejan seducir por Él y aceptan Su gracia y en Él entran –por la obediencia y la humildad–, alcanzan la sabiduría de la fe y son capaces de ser discípulos–misioneros.
Sugerencias...
EXIGENCIA. La lectura del decálogo y las amenazas que en él se encuentran debería llevar a una consideración importante: Dios es exigente. Ser creyente –formar parte del pueblo de Dios– implica una fidelidad trabajada en un estilo de vida virtuoso. La Cuaresma es una llamada a revisar cómo vivimos ese estilo de vida. Marcarse algún objetivo de conversión en algunos puntos concretos de modo que la renovación de las promesas del bautismo en la Vigilia Pascual sea algo auténtico.
La segunda lectura de hoy (y el evangelio) pueden completar adecuadamente la reflexión sobre esta exigencia. Jesús es el que ha vivido plenamente según el criterio básico de la Ley: considerando a Dios como Único y Absoluto. Viviendo así, el cristiano, fundamentándose sólo en Dios y no en exhibiciones de poder o de sabiduría, chocará con este mundo que se fundamenta en el relativismo. Unámonos a Cristo que es Camino, Verdad y Vida. Unámonos a María, la Madre de Jesús y Madre nuestra.
JESÚS, EL ÚNICO TEMPLO. El evangelio de hoy habla ya directamente de la muerte y resurrección de Jesús. Juan, colocando esta escena al principio de su evangelio (al contrario de los sinópticos, en que aparece inmediatamente antes de la pasión) quiere dejar claro que la muerte–resurrección muestra el sentido pleno de todo lo que Jesús decía y hacía desde el principio (desde que “la Palabra se hizo carne”).
Además, el evangelio, muestra que los hombres han buscado relacionarse con el Dios lejano por medio de determinados actos u objetos: las ofrendas, los templos, etc. Pero estas mediaciones dejan siempre una gran distancia, y con facilidad pueden conducir a la hipocresía. Jesús proclama hoy que hay ya un camino nuevo, verdadero y pleno: un Camino que no es un acto o un objeto sino una Persona, la vida concreta de una Persona, y estamos llamados a vivir en comunión con Él, que es el Centro (Cfr.: Papa Francisco).
MEDIACIÓN. Jesús mediador, la vida humana mediadora. La vida y la persona de Jesucristo (y su vida entregada definitivamente en la cruz) es el único camino de acercamiento al Padre. Y esto significa para el creyente: fe, abandono y confianza en Jesucristo, y trabajo espiritual diario por convertir –con la ayuda de Su gracia– la propia vida en una imagen de la de Jesús.
¿Y los sacramentos? ¿Y los actos religiosos? El mediador con el Padre es el Verbo hecho carne, Jesucristo. Para el pueblo de Israel, el templo podía entenderse como el camino hacia Dios. Para nosotros, el único camino hacia Dios es Jesucristo y… la Iglesia, los sacramentos, los actos religiosos, la piedad popular, son medios (cada uno con su dignidad propia) dados por Él para que nosotros, en estado de peregrinación, crezcamos en comunión con Él y, amando y sirviendo, alcancemos la Jerusalén Celestial. Por todo esto necesitaremos siempre la verdadera purificación, porque muy fácilmente podemos desviarnos del verdadero sentido de la mediación eclesial (cfr.: Evangelii Gaudium).

lunes, 19 de febrero de 2018

HOMILIA Segundo Domingo de CUARESMA cB (25 de febrero 2018)

Segundo Domingo de CUARESMA cB (25 de febrero 2018)
PrimeraGénesis 22, 1-2.9.10-13; Salmo: Sal 115, 10. 15-19; Segunda: Romanos 8, 31-34; Evangelio: Marcos 9, 2-10
Nexo entre las LECTURAS
El amor de Dios al hombre y del hombre a Dios, compendia la liturgia de hoy. El amor de Dios a los discípulos que, después del primer anuncio de la pasión, les revela el esplendor de su divinidad (Evangelio). Amor misterioso, de Dios a Abraham, al infundirle una absoluta confianza en su providencia, frente al mandato de sacrificar a su hijo Isaac (primera lectura). Amor de Dios que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros (segunda lectura). Amor, por otra parte, de Abraham a Dios, al estar dispuesto a sacrificar a su hijo único en obediencia amorosa (primera lectura). Amor de los discípulos en la disponibilidad para obedecer al Padre que les dice: Éste es mi Hijo muy amado. Escúchenlo (Evangelio). Amor de Jesús que nos salvó mediante su muerte e intercede por nosotros desde su trono a la derecha de Dios (segunda lectura).
Temas...
Amor de Dios. Dios es un misterio infinito. Su modo de actuar y de amar está también lleno de misterio.  Misterio para nuestra mente y para nuestra lógica humana. Sólo el corazón puede entreabrir la puerta del misterio y vislumbrar, por la fe, una mínima parte de su sobrecogedora grandeza. En efecto, a la lógica humana resulta ‘misterioso’ que Dios haya dado un hijo a Abraham, hijo de la promesa que Dios, para que luego le pida sacrificarlo sobre el monte Moria. Como parece igualmente misterioso que Dios ame a su Hijo Jesucristo con un amor de Padre y luego le pida sufrir la máxima ignominia muriendo en una cruz como un esclavo. Y no es menos paradójico que el hombre haya recibido la salvación de Jesucristo y luego se encuentre en el trabajo de cada día con tremendas fuerzas hostiles que le hacen dudar de dicha salvación. No deja, sin embargo, de ser verdad que Dios supera las paradojas y une los extremos aparentemente contradictorios con lazos inseparables de amor. No es que Dios ame menos en un caso que en otro. Más bien habrá que decir que su amor es diferente. El hombre, por su parte, no deberá tratar de racionalizar los caminos de la actuación divina, pues fracasará siempre con toda seguridad, sino más bien deberá dilatar el corazón y buscar "creer y comprender" con la esperanza y la caridad.
Formas de amar. La liturgia de hoy nos presenta tres de estas formas de expresar el amor.
A) Ver. Sobre el monte Moria "Dios provee" y de esta manera manifiesta su amor a Abraham. Por su parte, Abraham "vio" un carnero enredado en un matorral y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Así mostró su amor agradecido al Señor. En el texto evangélico, Pedro, Santiago y Juan vieron a Jesús transfigurado con el esplendor de la divinidad y por los ojos les prendió el deseo de morar allí contemplando y gozando amorosamente de esa experiencia inefable. Pedir a Dios, con humildad y paciencia, la gracia de ‘verlo’ vivo y presente entre nosotros.
B) Escuchar. Es dulce al oído escuchar la voz de la persona amada. Por eso, Abraham que ama a Dios, escucha su voz que le llama y enseguida responde: "Aquí estoy", en un gesto de disponibilidad desde el amor. Por eso, el Padre invita a los discípulos a escuchar a Jesús para que a través de sus palabras lleguen a sus oídos las revelaciones del amor hasta la locura de la cruz. Escuchar la voz del amado entraña una actitud de obediencia. De ahí que la auténtica obediencia cristiana coincida con la escucha de la voz divina, que pone en movimiento el deseo de hacer lo que quiera el amado.
C) Experimentar. Estamos llamados a hacer experiencia  del amor del Señor y del prójimo. El amor que pasa por la experiencia del servicio y de la entrega-ofrenda supera el sentimentalismo y el solo ‘me gusta’ o ‘no me gusta’. Abraham experimentó el amor fiel de Dios, por eso su amor permaneció firme en el momento de la prueba. Jesús experimentó el amor del Padre y el amor a los hombres, por eso pudo abrazar la cruz con decisión y libertad. Y a Pablo, que ha experimentado de modo fuerte el amor de Cristo, ¿quién le podrá separar de ese amor?
Sugerencias...
Un camino difícil pero necesario... Los  evangelios nos presentan el progresivo descubrimiento (fe) de los  apóstoles. Los discípulos, ayudados por Jesús de Nazaret, van descubriendo su actuación y la presencia de Dios en Él. Pero este progresivo descubrimiento es difícil, es un  camino de fe (catequesis) que exige ir siguiendo al Maestro, paso a paso. De esta manera van creciendo en la fe y en el amor. Este camino de  progresivo descubrimiento, no lo podemos evitar. Aunque muchos (tal vez todos) tendemos a ahorrárnoslo. Para algunos hasta hay que sacarse las catequesis de encima. Es como que tendemos a  creer que ya conocemos a Jesucristo, que ya sabemos bien quién es. Pero lo que sucede a menudo es que nos contentamos con una imagen parcial, desfigurada de Él. Hemos de buscar unos momentos privilegiados (esto es la Cuaresma) que  nos permitan transfigurar esta realidad, no para evadirnos sino, por el contrario, para  poder encontrarnos, cara a cara, con Dios y con el prójimo… amor y servicio, amor y compromiso, amor y ofrenda.
Un camino de descubrimiento: se llega a la Vida pasando por la muerte... la fe (camino que hacen los Doce) incluye el creer que la acción de Dios, en Jesucristo, conduce a la humanidad hacia la plenitud de la Vida –por eso aparecen Moisés y Elías, que muestran que Jesús Glorificado es la plenitud–. Creer que vamos  hacia aquello que en el Credo rezamos "la resurrección de la carne y la vida eterna", es decir, definitivos, de total realización humana por la comunicación del amor de Dios, –es lo que significan los símbolos de los vestidos blancos y  deslumbradores–. Pero esta afirmación básica de la fe cristiana, los apóstoles consiguen unirla con otra: el camino hacia la plenitud de vida pasa por la entrega diaria y por el sufrimiento, por la persecución, por el aparente fracaso. Creyeron y creemos que Jesucristo llegará a la gloria de la Resurrección pasando por la lucha e ignominia de la Pasión y Muerte.
Nuestro camino de cada día... Esta experiencia de fe de los apóstoles y lo que fue para ellos: ‘la difícil catequesis de Jesús’, la Iglesia quiere que la vivamos nosotros en la entrega de cada día, especialmente en este tiempo de Cuaresma, caminando hacia la  Pascua en el ayuno, la oración y la limosna (práctica de la caridad). Que no nos contentemos con una fe superficial, con una fe sin contenido, sin  camino. Que también nosotros sepamos unir la nuestra fe en que Dios está vivo-activo entre  nosotros para llevarnos hacia la plenitud de vida, con la afirmación de la necesidad de la entrega, lucha, con el reconocimiento de la fuerza liberadora del esfuerzo cotidiano, asistidos por el Espíritu Santo. Descubrir esta realidad más profunda de nuestra fe en nuestra vida, es una gracia de  Dios, una gracia de ‘transfiguración’, no para evadirnos del camino de cada día sino, por el contrario, para vivirlo plenamente. Pidámoslo en la Eucaristía de hoy.

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martes, 13 de febrero de 2018

HOMILIA Primer Domingo de CUARESMA cB (18 de febrero 2018)

Primer Domingo de CUARESMA cB (18 de febrero 2018)
PrimeraGénesis 9, 8-15; Salmo: Sal 24, 4-5b. 6. 7b-9; Segunda: 1Pedro 3, 18-22; Evangelio: Marcos 1, 12-15
Nexo entre las LECTURAS
La salvación es el punto de convergencia de las lecturas de este Primer Domingo. Jesucristo es el nuevo Adán, que -en el desierto de la tentación y de la oración-salva al hombre, de sus tentaciones y del pecado, y le llama a entrar mediante, la conversión y la fe, en el Reino de Dios (Evangelio). La salvación de Cristo está prefigurada en la salvación que Dios realizó con Noé y su familia (que representa a la humanidad) después del diluvio y es el arco iris el signo de su alianza salvífica (primera lectura). El arca de Noé, arca de salvación, dice san Pedro en la segunda lectura que es figura del bautismo, por el cual el cristiano participa de la salvación que Jesucristo ha traído a los hombres mediante su muerte y resurrección. El salmista reúne estas enseñanzas y las propone como oración: Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque Tú eres mi Dios y mi salvador.
Temas...
El hombre necesita salvación. Es una enseñanza constante de la Biblia. Es, también, nuestra experiencia. El hombre que entra en su interior con sinceridad, descubre en sí unas fuerzas, unos impulsos que lo dominan, unas cadenas que le sujetan y no le dejan respirar libremente ni volar a las alturas que ardientemente anhela. El hombre, como vuelto a sí mismo y en un mundo hostil, busca una mano amiga, busca un redentor, un salvador, que rompa sus cadenas, que le permita crecer en el amor, la verdad, la vida, que le permita vivir en libertad. La Biblia nos enseña que hay un solo y único Salvador, que es Dios, que nos ofrece su salvación, es Jesucristo, Dios verdadero y Hombre verdadero. En el mundo ‘caótico y pecador’, Noé es salvado por Dios y con él, como un nuevo Adán, recomienza Dios una creación nueva, cuyo centro será el respeto a la vida. Este nuevo Adán y esta nueva creación son figura e imagen del novísimo Adán, que es Jesucristo, y de la novísima creación, cuyo centro es la vida nueva, vida de gracia, regalada por la muerte y resurrección de Cristo, y de la que nosotros participamos mediante el bautismo. En efecto, "el misterio de Cristo es la luz decisiva sobre el misterio de la creación; revela el fin en vista del cual, ‘al principio Dios creó el cielo y la tierra’: desde el principio Dios preveía la gloria de la nueva creación en Cristo" (Catecismo Iglesia Católica, 280).
Características de la salvación. A) Salvación universal. Dios, creador de todas las cosas y de todos los hombres, desea también la salvación de todos. Hay, pues, un llamado universal a la salvación. El diluvio (primera lectura), que es como una negra nube sobre el cielo de la salvación, cesa por obra de Dios, que hace resplandecer el arco iris como promesa y signo de la alianza salvífica de Dios con la humanidad y con el cosmos. Jesucristo nos llama a la salvación invitándonos a entrar en el Reino de Dios por la puerta del bautismo (bautismo de agua y Espíritu, bautismo de sangre, bautismo de deseo); una puerta abierta a todos, sin excepción, ya que por todos Cristo ha muerto y ha vuelto a la vida. El descenso a los infiernos, de que nos habla la segunda lectura, es una manera simbólica de expresar la universalidad de la salvación aportada por Cristo, que se extiende no sólo al presente y al futuro, sino al mismo pasado de la humanidad desde sus mismos orígenes. B) Salvación cierta. No podemos dudar de la fidelidad de Dios, en que se apoya nuestra certeza de salvación. Con la certeza con que aparece el arco iris un día de lluvia y con sol, con la certeza con que Cristo ha muerto y resucitado, con esa misma certeza se nos ofrece la salvación de Dios.
La respuesta del hombre. San Marcos resume en dos palabras la respuesta que Jesús espera del hombre ante la presencia del Reino y la oferta de salvación: conversión y fe. "Conviértanse y crean en el Evangelio". La conversión no es un momento puntual de la vida humana y cristiana; tampoco es la reacción a una ideología que me atrae y me encandila hasta "convertirme". La conversión cristiana es conversión a la persona de Jesucristo, es decir, dejar otros caminos, por muy atractivos que aparentemente puedan resultar, y tomar el camino de Cristo (Carta del Papa). Igualmente, la fe con la que somos invitados a responder, no es sólo una fe humana, ni una fe puramente ‘religiosa’, sino fe en Jesucristo, es decir, en su vida y en su doctrina como camino de salvación para el hombre. Una fe que no está unida al misterio de Cristo o que no conduce a Él, es una fe insuficiente, que necesita ser completada e iluminada por la verdadera fe en Cristo Jesús.
Sugerencias...
Convertirse, es necesario. Es una tentación creer que no necesito convertirme. Le pasaba a los fariseos, ellos creían que los ‘otros’ si… Hoy la Liturgia nos recuerda que somos tentados a no reconocernos pecadores, otros simplemente a decir que soy pecador como todos, y otros a no darle importancia, con tal, todos somos pecadores. Así, el Tentador puede tenernos lejos del amor misericordioso de Dios que nos invita reconocernos pecadores y a acudir con prontitud y diligencia al trono de la misericordia en el sacramento de la Reconciliación. Tal vez tengamos que decirnos entre los cristianos que es necesario convertirse, que nos alejemos de la tentación de creer que no debo convertirme. Es un ejercicio de sinceridad reconocerse pecador y querer cambiar, caminar por un sendero diverso al andado, volver quizá a comenzar la vida después de muchos años de existencia. Siempre se puede crecer… siempre hay que convertirse.
Vivir la experiencia bautismal. La mayoría de nosotros hemos sido bautizados cuando teníamos algunos días o meses de vida. En aquel momento nuestros familiares hicieron una gran fiesta, sin que nosotros nos enterásemos en ese momento. Después, quizás es tradición familiar celebrar el aniversario de ese acontecimiento, o tal vez ese acontecimiento se conserva en el cajón del olvido, del que lo sacamos en alguna ocasión particular nada más. La Iglesia, sin embargo, nos enseña que el bautismo tiene que ser una experiencia vivida todos los días y fundamento de una auténtica espiritualidad cristiana, el Papa Francisco insiste en ‘hacer memorial de ese grandioso momento’. Vivir diariamente la experiencia del bautismo es vivir la experiencia de la salvación que Cristo nos ofrece día tras día, es vivir nuestra pertenencia a la Iglesia y consiguientemente nuestra adhesión y amor a ella, es vivir la experiencia de gracia y de amistad gozosa con Dios, es vivir la conciencia de la presencia y acción del Espíritu Santo en nuestro interior, es vivir un proceso de progreso espiritual y de transformación que cada día se repite y que no termina sino con la muerte. En definitiva, vivir la experiencia bautismal es vivir en santidad, cualquiera que sea nuestro estado de vida, nuestra edad y condición, nuestra profesión o tarea en este mundo.


Otra sugerencia.
La Liturgia cuaresmal se desarrolla sobre un doble binario: de una parte, se marcan las etapas fundamentales de la historia de la salvación ilustradas por el Antiguo Testamento y de otra se destacan los hechos más sobresalientes de la vida de Jesús hasta su muerte y resurrección presentados por el Evangelio.
A partir del pecado de Adán que ha roto la amistad del hombre con Dios, Éste inicia la larga serie de intervenciones con que pretenderá volver al hombre a su amor. Entre éstos sobresale la alianza establecida con Noé al final del diluvio Gn 9, 8-15 (1a lectura), cuando el patriarca, bajando a la tierra seca, ofreció al Señor un sacrificio en agradecimiento por haberle salvado junto con sus hijos: «Dijo Dios a Noé y a sus hijos con él: He aquí que Yo establezco mi alianza con ustedes… y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra» (ib 8-11). Los castigos de Dios llevan siempre el germen de la salvación: Adán, arrojado del Paraíso, oyó que el Señor le prometía un Salvador; Noé, salvado de las mismas aguas que habían arrasado innumerables hombres, recibe de Dios la promesa de que el diluvio no volverá jamás a hundir a la humanidad. Y como señal de su alianza, el Señor pone su arco en las nubes (ib 13), arco de paz que une la tierra con el cielo. Y sin embargo todo esto no es más que el símbolo de una alianza inmensamente superior que será pactada en la sangre de Cristo.
San Pedro (2a lectura: 1 Pe 3, 18-22), recordando a los primeros cristianos «el arca en la que unos pocos, es decir ocho personas, fueron salvados», explica: «A ésta ahora corresponde el bautismo que los salva» (ib 20-21). Las aguas del bautismo destruyendo el pecado -lo mismo que las aguas del diluvio arrasaron a los hombres pecadores- salen al creyente «por medio de la Resurrección de Jesucristo». Más que Noé, es ciertamente el cristiano un salvado por medio del agua; y no sobre la madera del arca sino sobre el madero de la Cruz del Señor, en virtud de su muerte y resurrección. La Cuaresma intenta especialmente despertar en el cristiano el recuerdo del bautismo, que le purificó del pecado y le comprometió a vivir «con una buena conciencia» (ib 21), siendo fiel a la promesa de renunciar a Satanás y servir a Dios solo.
Para animarlo en este serio propósito viene muy oportuno el evangelio del día (Mc 1, 12-15), con la tradicional escena del desierto donde Jesús lucha contra Satanás rechazando todas sus sugerencias. Separándose, de los otros sinópticos, Marcos no se detiene a describir las diversas tentaciones, sino que resume muy brevemente: «A continuación, el Espíritu le impulsa al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás» (ib 12-13). Esto sucede inmediatamente después del bautismo en el Jordán: lo mismo que allí Jesús quiso mezclarse entre los pecadores como si fuese uno más, necesitado de purificación, también ahora en el desierto quiere hacerse semejante a ellos hasta el límite máximo que permite su santidad, la tentación. Aceptando la lucha con Satanás, de la cual ha de salir absolutamente victorioso, Jesús enseña que ha venido a liberar al mundo del dominio del Maligno y al mismo tiempo merece, para todo hombre, la fuerza con la que pueda vencer sus insidiosas tentaciones. El cristiano, aunque bautizado, no está inmune de ellas; al contrario, a veces cuanto más se empeña en servir a Dios con fervor, más procura Satanás obstaculizar-obstruir el camino, como hubiera querido hacer con el mismísimo Jesús, para impedirle que cumpliera su misión redentora. Entonces, es necesario acudir a las mismas armas (herramientas) que usó Cristo: penitencia, oración, conformidad perfecta con la voluntad del Padre como nos dice el Papa en la carta de Cuaresma para este año. Quien es fiel a la palabra de Dios, quien se alimenta constantemente de ella, no podrá ser vencido por el Maligno.

lunes, 12 de febrero de 2018

HOMILÍA MIÉRCOLES DE CENIZA (14 de febrero 2018)



MIÉRCOLES DE CENIZA (14 de febrero 2018)
Primera: Joel 2, 12-18; Salmo: Sal 50, 3-6a. 12-14. 17; Segunda: 2Corintios 5, 20–6, 2; Evangelio: Mt 6,1-6.16-18
Nexo entre las LECTURAS
El miércoles de ceniza es un llamado a la interiorización de los actos de penitencia y de conversión. Así en la primera lectura Dios nos dice mediante el profeta Joel: "Desgarren su corazón y no sus vestiduras". En el evangelio Jesucristo, al enseñar sobre las tres prácticas de piedad del judaísmo: ayuno, oración y limosna, en las tres insiste: "No hagan el bien para que ser vistos por los hombres, y que ellos los recompensen". Finalmente, san Pablo exhorta a los corintios a que se dejen reconciliar con Dios para tener experiencia de la fuerza salvadora de Él, y a que no dejen pasar el tiempo favorable, el día de la salvación (segunda lectura).
Temas...
- Todos los cristianos y todos los hombres somos invitados a reproducir en nosotros, en cuanto es posible humanamente, la intimidad y la familiaridad de Jesucristo en sus relaciones con Dios, su Padre y, desde la Resurrección y Pentecostés, nuestro Padre. Sólo cuando hay una verdadera interiorización, las manifestaciones externas de la religiosidad y las diversas prácticas del culto y de la piedad dejan de ser objeto de manipulación por parte nuestra, como pura obligación "religiosa", para ser, en realidad, obediencia de corazón al Dios de la vida y por eso crecimiento en la dignidad humana. Es propio de la experiencia humana que, cuando algo ha calado profundamente en el alma, sienta la necesidad de manifestarlo y compartirlo. Sólo desde la fe (de alguna manera verdadera religión interior) el paso a las manifestaciones religiosas, a la piedad popular, es auténtica. En efecto, del corazón que ama a Dios y a los demás con amor verdadero nace el impulso interior a la penitencia, el ayuno, la oración, la limosna. Ese tal hombre nuevo no hace caso a los falsos profetas.
- Las prácticas religiosas son necesarias, pero si no surgen del corazón puro, de la conciencia como sagrario del Espíritu Santo, son fácilmente manipulables e instrumentalizadas por los hombres al servicio de objetivos egoístas. Jesucristo, en el evangelio, pone el dedo sobre este punto tan delicado. Ayunar, dar limosna, orar son prácticas buenas en sí, pero se instrumentalizan cuando se llevan a cabo sólo para ser vistos y alabados por los hombres, cuando se horizontaliza. A los ojos de los hombres, esos que dan limosna haciendo sonar una trompeta para que todos se enteren, o que oran en las esquinas de las plazas para que todos se den cuenta de que oran y de que saben de memoria largas oraciones, o que ponen cara triste para dar a entender que han ayunado, pueden pasar por hombres sumamente piadosos y hasta ser considerados ‘santos’, pero, Jesús anuncia que a Dios no lo engañamos, no se le puede engañar. Dios mira el corazón, lo ve, y sabe si somos egoístas o piadosos… sabe cómo es nuestro ayuno, limosna y oración.
- Todo hombre, en la conciencia, sabe cómo es su actuar y su vida… sabemos si no siempre estamos en paz o reconciliados con Dios. Nos damos cuenta, por Su amor y gracia, que a veces no estamos bien ligados a Dios, y otras tantas que hemos roto la relación con Él y también sabemos si vamos, con humildad, por el buen camino. Dejarse reconciliar es volver a aceptar nuestra condición de pecadores y mostrar que queremos establecer con Dios relaciones auténticas, nuevas y sanas: no de enemistad o de odio, sino de amor y servicio, no de separación o apartamiento sino de cercanía e intimidad. No somos nosotros quienes nos reconciliamos con Dios, más bien tenemos que dejarnos reconciliar; somos libres para aceptar la reconciliación, pero no para crearla o iniciarla. A nosotros, cristianos, quien nos reconcilia con Dios es nuestro Señor Jesucristo por medio de su cruz y de su gloriosa resurrección. Por eso, cada Domingo, en que conmemoramos tales realidades y misterios, es el tiempo propicio para que Jesucristo haga eficaz en nosotros la obra de su reconciliación con el Padre y, con Su ayuda, con nuestros hermanos.
Sugerencias...
Ya en los primeros escritos de los cristianos (siglo I) se habla de las prácticas penitenciales cristianas. Esas prácticas penitenciales y "religiosas" han estado siempre presente en la vida de la Iglesia, y lo continúan estando. Según las épocas y las costumbres de los pueblos, esas prácticas eran más rigurosas o menos, más numerosas o reducidas. Cuando, hoy, leemos sobre las penitencias de los monjes irlandeses o los gestos penitenciales de los hombres medievales, nos causan sorpresa y pensamos que eran exageradas; pero no parece ser que en esas épocas y lugares pensasen de la misma manera que nosotros, TAL VEZ nosotros dejamos de acercarnos a Dios de esa manera, pues los santos también hoy (Brochero, Jacinta, Francisco) hacían penitencia, y vaya que la hacían y mucha. En nuestro tiempo la Iglesia ha atenuado las prácticas penitenciales prescritas, y quedaron el ayuno, la abstinencia, la penitencia impuesta por el sacerdote al finalizar la celebración del sacramento de la reconciliación. COMO buena y verdadera Madre, la Iglesia no ha dejado de indicar otras prácticas de penitencia más acordes con nuestro tiempo y sobre todo la penitencia interior, es decir, de nuestras pasiones de orgullo, de vanidad, de deseo de tener y dominar, de la concupiscencia de la mente y del corazón, del afán de aparecer... Esta es la penitencia que sin duda alguna más agrada a Dios y además la que más nos beneficia espiritualmente a nosotros, pues nos conduce a desprendernos de nuestro yo y de todo aquello en que el ‘yo’ ocupa el lugar primero, incluso respecto al mismo Dios. Porque, ¿qué sentido tiene macerar el cuerpo, cuando el corazón está podrido de egoísmo? ¿Es la penitencia de nuestro egoísmo y de nuestro orgullo la que más practicamos los cristianos? En la parroquia, en la familia, en la escuela, hay que ir enseñando poco a poco a los niños y adolescentes este tipo de penitencia, en la que reside el verdadero sentido de la penitencia cristiana.
En la parroquia hay muchas celebraciones y actividades… y en el centro de la vida parroquial, está la celebración de la Eucaristía, de los sacramentos… pero están, también, las actividades de catequesis y de caridad, especialmente con pobres, enfermos, ancianos, emigrantes, desocupados; están las actividades de misión y las culturales, deportivas, sociales... No está mal preguntarse alguna que otra vez con qué intención las personas que animamos algunas de esas diversas actividades es que lo hacemos. Recemos para que siempre la intención sea pura delante de Dios... que no se mezclen intenciones desordenadas, y en tal caso que podamos convertirnos cuando estas aparezcan. Jesucristo nos repite de nuevo: "Conviértanse, Crean". El periodo de Cuaresma que iniciamos debe propiciar un examen de nuestra conciencia para ver más a fondo y con sinceridad cuáles son las intenciones de nuestros comportamientos, actitudes, actividades, proyectos y realizaciones.

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...