martes, 14 de febrero de 2023

HOMILIA Domingo Séptimo del TIEMPO ORDINARIO cA (19 de febrero de 2023) P. ANGEL

Foto gentileza p.LUIS TORO

 Domingo Séptimo del TIEMPO ORDINARIO cA (19 de febrero de 2023)

PrimeraLevítico 19, 1-2. 17-18; Salmo: Sal 102, 1-2.3-4.8 y 10.12-13; Segunda: 1Corintios 3, 16-23; Evangelio: Mateo 5, 38-48

Nexo entre las LECTURAS

En nuestro itinerario hacia la Cuaresma continuamos escuchando el sermón de la Montaña, que hoy nos habla de no responder al mal con mal sino con BIEN y que la ley nueva consiste en amar… amar a los enemigos. Jesús lleva a plenitud los mandamientos del Antiguo Testamento introduciéndolos en la lógica de la caridad (amor y servicio). Santo Tomás de Aquino muestra que la ley nueva es más exigente en lo interior, pero más liviana en lo exterior –que la ley antigua–. El drama es que, en ocasiones, los cristianos hemos acogido con facilidad la parte liviana, y nos hemos olvidado de la exigente, por eso san Pablo nos pone en atención: “¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios”. Debería notársenos, a los discípulos misioneros, que lo somos por que verdaderamente tratamos de orientar nuestra vida desde la exigencia del amor imitando a Dios…

Temas... Sugerencias...

Cada Domingo, todos los Domingos, somos invitados a mirarnos al espejo de Cristo: a escuchar y aceptar su Palabra viva, orientadora. Hoy es sobre nuestra relación con el prójimo imitando al Padre que está en el Cielo.

La ley del amor: Ya desde el A.T., como hemos escuchado en la primera lectura, se nos urge a que amemos: a que evitemos el odio, o el silencio cuando es cómplice del amor fraterno, o la venganza, o el rencor. Se nos da ya una buena "medida" de amor: amar al prójimo como a ti mismo... Se nos dice que así imitamos a Dios y somos santos como Él. ¿Cuál es la actitud de Dios que debemos imitar? Nos lo ha hecho repetir el salmo responsorial: "el Señor es compasivo y misericordioso". No podemos decir que honramos a Dios si luego no imitamos su manera de actuar con nosotros: lento a la ira, comprensivo, perdonador, rico en clemencia... La caridad con el hermano aparece como una consecuencia ligada a nuestra fe en Dios. Jesús, en el evangelio, ha concretado más esta ley del amor. Ya no debe regir para los suyos la ley del talión, aunque todavía hoy sea lo más espontáneo: ojo por ojo (no me habla, pues yo no le hablo; me critica, pues yo le critico a él). Los seguidores de Jesús debemos aprender la nueva ley, la ley del amor. No vengarse del mal con el mal, sino intentar vencerlo con el bien (San Ireneo de Lyon). Poner la otra mejilla, regalarle también la túnica, recorrer con él no sólo un kilómetro, sino dos, son expresiones muy plásticas del nuevo estilo. El amor es dar gratuitamente. Lo otro (saludar al que ya nos saluda, tratar bien al que ya nos trata bien o para que nos trate bien) es más bien negocio. Cristo no nos enseña sólo un estilo civilizado de convivencia, sino uno claramente superior: un estilo basado en el amor gratuito, desinteresado, cosa que no nos enseña precisamente este mundo.

Un amor bien entendido: Amar no significa siempre callar. El silencio a veces sería colaboración con el mal. A veces el amor incluye, como ya nos dice la primera lectura, la corrección fraterna: unos padres no pueden consentir los malos caminos de sus hijos, los hijos deben saber decir también una palabra oportuna a sus padres, y lo mismo en la comunidad parroquial o en la religiosa. Igual examen habrán de hacer los Sacerdotes y los Obispos (Papa Francisco, 13 de febrero de 2017). Amar no debe significar cruzarse de brazos y renunciar a una posible acción comprometida en la lucha contra las situaciones injustas… amar tiene que ver con discernir delante de Dios (y a veces con muchas horas de rodillas) para conocer, manifestado por Él, qué haría en esta situación y qué debo hacer para imitarlo bien. Pues este nuevo estilo comporta en hacer todo desde una actitud de amor, y no de rencor o de venganza o sólo servilismo. Lo de la mejilla o lo de la túnica no hay que tomarlo necesariamente al pie de la letra, sino desde su urgencia de actitud pacífica, no violenta ni vengativa. Cuando a Jesús le dieron una bofetada, en la Pasión, no puso la otra mejilla, sino que preguntó serenamente por qué le golpeaban, qué mal había hecho.

Tenemos buenos maestros de esta Nueva ley: El modelo primero, que nos proponen las lecturas de hoy, es Dios mismo. "Sean santos como yo", –primera lectura–. Y ya hemos visto qué retrato de santidad de Dios nos ofrecía el salmo: el Dios lleno de misericordia. También en el evangelio se motiva nuestra actitud fraterna con los demás mirando a Dios: "así serán hijos del Padre que está en el cielo": Dios, al hacer llover o salir el sol sobre todos, nos da ejemplo de un corazón universal y no vengativo. El que mejor nos ha podido enseñar esta doctrina es Cristo Jesús, que con su modo de actuar y sus palabras nos ha dado este mensaje de perdón y de amor. En Él es donde mejor hemos podido experimentar en verdad que Dios es amor –y lo meditamos y practicamos especialmente durante el Año Jubileo, ¿recuerdan?–. Es Él el que ha cumplido en plenitud la nueva ley del amor. Y no porque ‘no luchara’ contra el mal, ni se callará ante las situaciones que quería corregir. Cristo denunció el mal. Pero perdonó. Murió pidiendo a Dios que perdonara a los que le mataban. Dios nos enseña a superar la ofensa con el amor, no con otra ofensa justiciera. También es modelo y maestra de este amor hasta el fin la santísima Virgen María… yendo al pesebre, a Egipto, estando en Caná y encontrando al Señor en el camino de la Cruz y al pie de la Cruz y en el Cenáculo en espera del Espíritu Prometido, y siempre con corazón bueno, amable, tierno, dulce... Cada uno en su corazón podría, durante la semana, considerar como modelo el santo o la santa del que tenemos especial devoción… ellos (los santos) amaron hasta el fin.

La novedad y la audacia de esta ley del amor: Conviene expresar que el estilo de vida que nos enseña Jesús para que sea nuestro, aparece ante el mundo y la cultura relativista como contra corriente, difícil, cuesta arriba. Esto de Jesús es muy ‘solo de Jesús’ y porque sabe cómo nos hizo y para qué nos hizo, y por eso no sólo nos dice que no odiemos… nos pide más: que amemos incluso al "enemigo", aunque estemos luchando contra el mal. La gran fuerza que transformaría el mundo, si los cristianos la creyéramos en la práctica, es el amor. Cuando, antes de ir a comulgar con Cristo en la Eucaristía, nos damos el gesto de paz con los de al lado, éste es un gesto amable, pero serio: es nuestro compromiso de que comprendemos el "amén" que damos a Cristo como íntimamente relacionado con el "amén" que en la vida le vamos a decir a nuestros hermanos.

 

Viene bien MEDITAR todo esto y hacerlo vida en las proximidades del Miércoles de Ceniza… recordemos que es PRECEPTO en el ayuno y abstinencia y que es muy recomendable ir a MISA y recibir la ceniza

 

lunes, 6 de febrero de 2023

HOMILIA Domingo Sexto del TIEMPO ORDINARIO cA (12 de febrero de 2023)

 Domingo Sexto del TIEMPO ORDINARIO cA (12 de febrero de 2023)

Primera: Eclesiástico 15, 15-20; Salmo: Sal 118, 1-2.4-5.17-18.33-34; Segunda: 1Corintios 2, 6-10;

Evangelio: Mateo 5, 17-37

Nexo entre las LECTURAS

Las lecturas de hoy se centran en la auténtica libertad. En la primera lectura el autor del Eclesiástico recurre

a imágenes para mostrar la responsabilidad del hombre en su obrar: "Fuego y agua he puesto ante ti, alarga

la mano a lo que quieras. Ante el hombre están vida y muerte; lo que él quiera se le dará". Jesucristo, en el

Evangelio, desafía la libertad con la elección: "Han oído que se dijo...pero Yo les digo...". Se nos pide que

elijamos libremente hacer el bien… nos liberó Cristo no de algo, sino para algo, para practicar el amor

(obras de misericordia) y el servicio. Finalmente, san Pablo exhorta a los cristianos de Corinto a elegir una

sabiduría superior: divina, misteriosa, escondida, que Dios nos ha revelado por medio de su Espíritu

(segunda lectura). Dice el autor del Salmo que son felices los que siguen la Ley del Señor y termina con una

súplica humilde: Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos, y yo los cumpliré a la perfección.

Temas...

El sentido de la ley: Al comienzo del evangelio, Jesús subraya que no ha venido a abolir la ley dada por

Dios en la Antigua Alianza, sino a darle plenitud: a cumplirla en su sentido original, tal y como Dios quiere.

Y esto hasta en lo más pequeño, es decir, hasta el sentido más íntimo que Dios le ha dado. Este sentido fue

indicado en el Sinaí: «Santifíquense y sean santos, porque yo soy santo» (Lv 11, 44). Jesús lo reitera en el

sermón de la montaña: «Sean buenos del todo, como es bueno el Padre del cielo» (Mt 5, 48). Tal es el

sentido de los mandamientos: quien quiere estar en alianza con Dios, debe corresponder a su actitud y a sus

sentimientos; esto es lo que pretenden los mandamientos. Y Jesús nos mostrará que este cumplimiento de la

ley es posible: Él vivirá ante nosotros, a lo largo de su vida, el sentido último de la ley, hasta que «todo (lo

que ha sido profetizado) se cumpla», hasta la cruz y la resurrección. No se nos pide nada imposible, la

primera lectura lo dice literalmente: «Si quieres, guardarás sus mandatos». «Cumplir la voluntad de Dios»

no es sino «fidelidad» «nobleza», es decir: nuestro deseo de corresponder a su oferta con gratitud. «El

precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable... El mandamiento está a tu alcance;

en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo» (Dt 30, 11.14).

Jesús dice…: Ciertamente parece que en todas estas antítesis («Han oído que se dijo a los antiguos... Pero

Yo les digo») Jesús quiere llevar a plenitud la ley de la Antigua Alianza. Pero la “nueva Ley” no es más que

la que desvela las intenciones y las consecuencias últimas de la antigua. Jesús, además, la purifica de la

herrumbre que se ha ido depositando sobre ella a causa de la negligencia y de la comodidad minimalista de

los hombres, y muestra el sentido límpido que Dios le había dado desde siempre. Para Dios jamás hubo

oposición entre la ley del Sinaí y la fe de Abrahán: guardar los mandamientos de Dios es lo mismo que la

obediencia de la fe. Esto es lo que los «letrados y fariseos» no habían comprendido en su propia justicia, y

por eso su «justicia» debe ser superada en dirección a Abrahán y, más profundamente aún, en dirección a

Cristo. La alianza es la oferta de la reconciliación de Dios con los hombres, por lo que el hombre debe

reconciliarse primero con su prójimo antes de presentarse ante Dios. Dios es eternamente fiel en su alianza,

por eso el matrimonio entre hombre y mujer debe ser una imagen de esta fidelidad. Dios es veraz en su

fidelidad, por lo que el hombre debe atenerse a un sí y a un no verdaderos. En todo esto se trata de una

decisión definitiva (libertad): o me busco a mí mismo y mi propia promoción, o busco a Dios y me pongo

enteramente a su servicio; es decir, escojo la muerte o la vida: «Delante del hombre están muerte y vida: a

cada uno le darán lo que cada uno escoja» (primera lectura).

La profundidad con la que Jesús conoce y comprende la ley de Dios conduce a la ganancia del Reino de los

cielos (Mt 5,20) o a su pérdida, el infierno, el fuego (Mt 5, 22.29.30). El que sigue a Dios, le encuentra y

entra en su Reino; quien sólo busca en la ley su perfección personal, le pierde y, si persiste en su actitud, le

pierde definitivamente. El mundo (dice Pablo en la segunda lectura) no conoce este radicalismo; sin el

Espíritu revelador de Dios «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar» lo que Dios da cuando

se corresponde a su exigencia. Pero a nosotros nos lo ha revelado el Espíritu Santo, «que penetra hasta la

profundidad de Dios», y con ello también hasta las profundidades de la gracia que nos ofrece en la ley de su

alianza: «ser como Él» en su amor y en su misericordia.

Sugerencias...

La libertad cristiana en una sociedad pluralista requiere de gran discernimiento. Los fieles cristianos

vivimos en el pluralismo religioso, político, cultural. Un pluralismo que afecta al mismo modo de ver el bien


y el mal y, consiguientemente, a opciones diversas en campos importantes de la vida humana o de la

sociedad. Para un cristiano el aborto voluntario es siempre un mal, pero en la sociedad pluralista hay quienes

en algunos casos lo consideran posible y hasta necesario. Para un cristiano la prostitución va contra la

dignidad de la mujer y del varón, pero hay quienes la consideran como una "profesión", buena y legítima

como otras... Este pluralismo no ha de debilitar nuestras convicciones, más bien las debe afianzar y nos

llevará a dar razón de nuestra fe y de nuestra postura (San Juan Pablo II, jornada mundial de los jóvenes en

Buenos Aires, Argentina). Pero tampoco nos ha de llevar al fanatismo y a la intransigencia con quienes no

comparten nuestra fe y nuestra moral (Papa Francisco, E. Gaudium). El respeto a las diferencias y el diálogo

ecuménico y más que nada el testimonio de coherencia cristiana, debe ser el camino preferido por nuestra

LIBERTAD.

El Espíritu de libertad. El cristiano, cada discípulo–misionero, en el buen ejercicio de su libertad, actúa

bajo la acción del Espíritu. El discernimiento por obra del Espíritu y la docilidad a este mismo Espíritu

permiten al cristiano el uso más pleno de su libertad, el paso de lo bueno a lo mejor, de lo no exigido por la

sociedad o por el ambiente en que se vive a lo exigido por la conciencia, de la simple ayuda a los demás a la

generosidad sin medida. Mientras más dócil sea cada cristiano a la acción del Espíritu Santo en su

conciencia, más libre será en sus opciones fundamentales y en las decisiones grandes y pequeñas de todos

los días. Con el Espíritu Santo y solo con Él, “comprendemos que Jesús no da importancia sencillamente a la

observancia disciplinar y a la conducta exterior. Él va a la raíz de la Ley, apuntando sobre todo a la intención

y, por lo tanto, al corazón del hombre, donde tienen origen nuestras acciones buenas y malas. Para tener

comportamientos buenos y honestos no bastan las normas jurídicas, sino que son necesarias motivaciones

profundas, expresiones de una sabiduría oculta, la Sabiduría de Dios, que se puede acoger gracias al Espíritu

Santo. Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu, que nos hace

capaces de vivir el amor divino. A la luz de esta enseñanza, cada precepto revela su pleno significado como

exigencia de amor, y todos se unen en el más grande mandamiento: ama a Dios con todo el corazón y ama al

prójimo como a ti mismo” (Francisco, 16 de feb de 2014).

Nuestra Señora del SI, del HÁGASE, ruega por nosotros.

jueves, 2 de febrero de 2023

HOMILIA La Presentación del Señor. Fiesta (02 de febrero de 2023)

 La Presentación del Señor. Fiesta (02 de febrero de 2023)


PrimeraMalaquías 3, 1-4; Salmo: Sal 23, 7-10; Segunda: Hebreos 2, 14-18; Evangelio: Lucas 2, 22-40

Nexo entre las LECTURAS. Temas...

Aunque esta fiesta del 2 de febrero cae fuera del Tiempo de Navidad, es una parte integrante del relato de Navidad. Es una chispa de fuego de Navidad, es una Epifanía del día cuadragésimo (40 días). Navidad, Epifanía, Presentación del Señor son tres paneles de un tríptico litúrgico.

Significado de la fiesta. La fiesta de la Presentación celebra una llegada y un encuentro: por un lado: la llegada del anhelado Salvador, centro de las promesas y de la vida religiosa del pueblo, y, por otro: la bienvenida concedida a Él por dos representantes dignos de la raza elegida, Simeón y Ana. Por su avanzada edad, estos dos personajes simbolizan los siglos de espera y de anhelo ferviente de los hombres y mujeres devotos de la Antigua Alianza. En realidad, ellos representan la esperanza y el anhelo de la raza humana.

Al revivir este misterio en la fe, la Iglesia da de nuevo la bienvenida a Cristo. Ese es el verdadero sentido de la fiesta. Es la "Fiesta del Encuentro", el encuentro de Cristo y su Iglesia. Esto vale para cualquier celebración litúrgica, pero especialmente para esta fiesta. La liturgia nos invita a dar la bienvenida a Cristo y a su Madre, como lo hizo su propio pueblo de antaño: "Oh Sión, adorna tu lecho nupcial y da la bienvenida a Cristo el Rey; abraza a María, porque ella es la verdadera puerta del Cielo y nos trae al glorioso Rey de la luz nueva".

Tenía que parecerse en todo a sus hermanos. Es fuerte el contraste entre la "entrada en el templo" de la lectura primera y el salmo, y el sentido de la "presentación en el templo" dado por el evangelio –y el resto de los textos litúrgicos–. La "entrada" salvadora del Señor en el Templo, que Malaquías presenta triunfalmente, ha tenido su realización inesperada y sublime en la "presentación" sencilla de un recién nacido por parte de sus padres, cumpliendo lo que la ley prescribía para los pobres. Y esta presentación no es sino el primer anuncio de lo que será la verdadera "entrada" salvadora en el Templo, la muerte y la resurrección de Jesús. También hoy hacemos memoria de la "entrada" del Señor a nuestro templo interior… Dios salva a los hombres realizando las promesas, pero, superando toda imaginación triunfalista. El Salvador es uno de los nuestros, que ha sufrido y muerto como nosotros, y que ha vivido esta vida de comunión con los hombres como una "presentación al Señor", fiel hasta la muerte.

"Mis ojos han visto a tu Salvador … luz para alumbrar a las naciones...". Simeón proclama la Verdad de este Niño: es el Salvador y la Luz ("lumen gentium"). Simeón habla de toda la realidad de Jesús de Nazaret: su vida, su Palabra, su muerte, y resurrección. Él es la Luz. Él manifiesta el rostro verdadero del Amor de Dios y revela a los hombres los caminos de la humanidad verdadera. Su revelación es inesperada y sorprendente, es luz que revela incluso cuál es la tiniebla, y hay que tener los ojos bien abiertos, como Simeón o Ana, para ver en Jesús y en su fidelidad, la respuesta a la milenaria búsqueda de los hombres.

Él es la Luz que salva. La carta a los hebreos formula la fe cristiana de manera admirable: su muerte nos libera del ‘terror’ de la muerte que nos hacía esclavos del diablo y para toda la vida. Tenemos miedo, y en la raíz de todos nuestros miedos está el terror a la muerte; eso nos lleva a mendigar seguridades, y así acabamos esclavos de todo lo que pretende darnos una seguridad, pero que es imposible. A partir de esta esclavitud se comprenden todas las esclavitudes humanas. Los intentos de liberación humanos que no vayan a esta raíz no harán sino cambiar el sentido de la esclavitud. Jesucristo es el Salvador, precisamente, porque ha ido más allá de los proyectos y teorías, y Él mismo ha pasado por el sufrimiento y la muerte. Muriendo y resucitando nos libera del pecado y de la muerte y del mismo miedo a la muerte. En Él todos podemos ser libres. Podemos amar, esperar, buscar la justicia, sin miedo.

"Será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones". Jesús sabe qué quiere decir ‘ser hombre’; ha conocido el sufrimiento, no sólo el "normal", sino el provocado por los demás. En la raíz de la oposición está un corazón cerrado a la luz, un corazón esclavo, que buscando la propia seguridad hace imposible la vida. Ante Él "queda clara la actitud de muchos corazones". La escena que mejor ilustra estas palabras es la del juicio y la condena a muerte en la sinagoga de Nazaret ante las palabras de Él, que hablaban de misericordia y de apertura a los paganos. Y también están las innumerables escenas de la historia –y del presente– donde ante la verdad, que, aunque sea parcial, es siempre participación de la Verdad (Cristo), y se alzan críticas, incomprensiones y rechazos, que son simples justificaciones de la propia inseguridad y de querer seguir viviendo al margen de los Mandamientos y Preceptos y alejados de las obras de Misericordia y de las Bienaventuranzas.

Sugerencias…

– Jesús es el Ungido de Dios que realiza el anuncio (Promesas) del Antiguo Testamento y las expectativas de los hombres de una manera inesperada, pero del modo más cordialmente humano: haciéndose uno de nosotros, y en todo fiel hasta la muerte.

– Jesucristo es Luz para nosotros y para todos los hombres.

– María y la Iglesia son portadores de esa luz (por eso se propone como símbolo llevar y bendecir las velas, candelas). En la raíz de los problemas y las luchas de los hombres está nuestro miedo a la muerte; buscamos nuestro interés y eso hace imposible el diálogo y la paz. Jesucristo, muriendo y resucitando, nos libera de este miedo y nos salva. La Comunidad cristiana está llamada a ser un ámbito de libertad y de liberación para que todos –en Cristo– tengan vida.

 

El Papa Francisco nos recuerda que el 2 de febrero la Iglesia celebra la Fiesta de la Presentación del Señor y la Jornada Mundial de la Vida Consagrada por lo que alienta a responder con generosidad a Cristo para cumplir su voluntad.

Celebramos la Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo de Jerusalén. De este misterio surge un mensaje para todos: Cristo se ofrece como ejemplo en su ofrenda al Padre, mostrando la generosidad con la que debemos adherirnos a la voluntad de Dios y servir a nuestros hermanos”.

Además, el Santo Padre nos pide “rezar en modo especial por los consagrados y consagradas, dispersos por el mundo y confirmados en su carisma” para que “Cristo, la Palabra de Dios, les conceda cada vez más fuerza para estar al servicio de los valores del Reino y de una Iglesia fraterna y cercana a todos”.

El Papa nos invita a todos a “a permanecer fieles a Cristo Jesús, al que vemos hoy en los brazos de Simeón y Ana, felices de haberlo encontrado”.

Sobre la alegría, el Santo Padre añadió “casi seguro que habrán visto la misma alegría en los rostros de las personas consagradas: es del encuentro diario con Jesús de dónde procede la luz de sus ojos y la fuerza de sus pasos”.

Que el Espíritu Santo nos ilumine para que podamos llevar la bendición de Dios a todos los hombres y mujeres. Que la Virgen Madre y San José velen por nosotros y nos protejan.

Nuestra Señora de la Candelaria, ruega por nosotros.

lunes, 30 de enero de 2023

HOMILIA Domingo Quinto del TIEMPO ORDINARIO cA (05 de febrero de 2023) P. ANGEL

 

Domingo Quinto del TIEMPO ORDINARIO cA (05 de febrero de 2023)

Primera: Isaías 58, 7-10; Salmo: Sal 111, 4-9; Segunda: 1Corintios 2, 1-5; Evangelio: Mateo 5, 13-16

Nexo entre las LECTURAS

"Obras, no palabras", tal podría ser ‘el mensaje’ de la liturgia de este quinto Domingo del TO. "Comparte tu pan...alberga al pobre, viste al desnudo...", éste es el ayuno que agrada a Dios, según el profeta Isaías en la primera lectura. Jesús en el Evangelio dice a los discípulos: "brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo". San Pablo, muy consciente de la esencia de la fe cristiana, centra su predicación no en razonamientos humanos sino en la obra de Cristo por excelencia: su muerte en Cruz por nuestra salvación, no en la elocuencia y capacidad de persuasión, sino en la acción y poder del Espíritu (segunda lectura). Recordamos, al rezar con el salmista, que "Para los buenos brilla una luz en las tinieblas" y que "El justo no vacilará jamás, su recuerdo permanecerá para siempre. No tendrá que temer malas noticias: su corazón está firme, confiado en el Señor".

Temas...

La verdadera fe, es la unida a la caridad. Ambas cosas son imprescindibles e inseparables. Todo cristiano ES sal de la tierra, luz del mundo, ES ciudad sobre la cumbre de un monte. Y, gracias a su fe, gracias a sus obras (caridad) será fiel discípulo si vive las consecuencias/exigencias de este maravilloso don de Dios: sal y luz. La sal es símbolo de la sabiduría, y el cristiano tiene la sabiduría del Evangelio. La sal además tiene la cualidad de preservar de la corrupción, y el cristiano –en cuanto sal– conseguirá preservar el medio en el que vive mediante el testimonio de sus obras (amor y servicio). La luz es para iluminar, y el cristiano es luz que con la Palabra de Dios ilumina las mentes y las situaciones humanas. Pero no se enciende una lámpara para taparla, y el cristiano es esa lámpara cuyas buenas obras no pueden ocultarse, porque sería tanto como dejar al mundo en la oscuridad. Como una ciudad sobre un monte orienta al viajero en su travesía, así el cristiano orienta a los hombres con sus palabras, con la doctrina de la fe (Benedicto XVI). En la ciudad el hombre encuentra refugio, protección, seguridad, y eso es el cristiano con su ejemplo para los demás: un signo de seguridad en medio de las penalidades e incertidumbres de la vida. Recordemos el testimonio de vida de san José Gabriel, de beata Madre Teresa, los beatos Esquiú y Angelelli y los santos de devoción de cada uno o de cada Comunidad …

— La primera lectura ejemplifica algunas de esas obras, por las que el cristiano vivirá su vocación de ser “sal”, “luz” y “ciudad en lo alto” para los hombres: satisfacer el hambre del necesitado, dar albergue a quien no tiene techo, proporcionar ropa a quien no tiene para cubrirse, apartar del alma y de la conducta cualquier muestra de opresión, vencer la tentación de la calumnia y de la acusación gratuita... En definitiva, las obras cristianas son obras de justicia, de solidaridad, de respeto, de caridad hacia los demás (Papa Francisco).

— Nadie tiene más amor que el que da la vida por el amado. Esta es la obra suprema del amor, esa es la obra de Cristo que Pablo presenta a los corintios como la verdaderamente eficaz, por encima de cualquier filosofía o de cualquier retórica persuasiva. Ellos abrazaron la fe justamente por la acción misteriosa de esta obra en el interior de sus corazones, y por el poder del Espíritu que hace eficaz la obra redentora de Jesucristo.

Sugerencias...

El lugar del cristiano en el HOY. Podrán darse acentuaciones, como en todo, pero el papel del cristiano es el de proclamar su fe en Jesucristo tanto con palabras como con obras (San Pablo VI). No basta creer, porque la fe sin obras es una fe muerta, y una fe muerta es como la sal que ha perdido su fuerza de salar (sosa e insípida), y no posee vigor de atracción ni de convencimiento. ¿Se da este tipo de creyentes entre nosotros? Gente (pueblo y ministros consagrados) que ‘va’ a Misa y no celebra, y luego habla mal de los demás, de la misma celebración; como que se cree ferviente cristiano, y soporta malamente y a disgusto a los marginados o los cree objetos de trabajo o destinatarios de nuestras limosnas de lo que nos sobra o sencillamente ya no usamos; hay quienes conocen bien la doctrina cristiana sobre el sexto y noveno mandamiento, pero se ha olvidado vivir el quinto no pagando los impuestos o sustrayendo una parte de los mismos... hasta a veces cristianos con “cara de velorio” (Papa Francisco).

Tampoco es suficiente obrar, porque las obras sin la fe no pueden salvarnos. No es genuino espíritu cristiano trabajar por los demás, entregarse totalmente a obras de asistencia, y luego olvidarse de orar o de ir a Misa los Domingos, rezar el Rosario, orar con la Palabra, adorar a Jesús sacramentado. No lo es, quien da limosna al pobre, ayuda generosamente a obras sociales, pero le resulta "imposible" creer en la resurrección de la carne y en la vida futura... Hay que hacer lo uno, sin omitir lo otro, como nos enseña Jesucristo (Civilización del Amor, San Pablo VI).

Cultivar la fe, practicar las obras de caridad. Es necesario, en la situación actual de muchos fieles, que las parroquias directamente, o con la ayuda de otras instituciones (congregaciones religiosas, movimientos eclesiales, asociaciones de fieles laicos... acompañamiento del Obispo), ofrezca y promueva cursos y actividades para crecer en la fe, para afianzarla, para defenderla ante los posibles peligros. Es también aconsejable que las mismas parroquias promuevan la "caridad organizada" (Benedicto XVI), a nivel parroquial y/o diocesano, para lograr mayor eficacia en el servicio a los necesitados. Las formas pueden ser variadísimas: recolección de ropa o de alimentos para damnificados o para Caritas, el teléfono amigo, la visita a los ancianos y a los enfermos, etc… ayuda frente al flagelo de la droga y toda forma de Trata… y evitar los escándalos.  «Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla». En el 2023 (desde los primeros días de febrero, cercanos al Miércoles de Ceniza, 22 de feb.), comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. «Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz» (Francisco, mensaje para el 1 de enero, 2017).

Jesucristo, Señor de la historia, TE NECESITAMOS.

Virgen María y san José, rueguen por nosotros.

martes, 24 de enero de 2023

HOMILIA Domingo Cuarto del TIEMPO ORDINARIO cA (29 de enero de 2022)

 Domingo Cuarto del TIEMPO ORDINARIO cA (29 de enero de 2022)

PrimeraSofonías 2, 3; 3, 12-13; Salmo: Sal 145, 7-10; Segunda: 1Corintios 1, 26-31; Evangelio: Mateo 4, 25 – 5, 12

Nexo entre las LECTURAS

La felicidad es la vocación del cristiano. Este es el mensaje de la liturgia. A la vez, nos muestra dónde está la verdadera felicidad. La liturgia de hoy nos ilumina claramente sobre esto: "Yo dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde... Se alimentarán y reposarán sin que nadie los inquiete" (primera lectura). "Felices los pobres en el espíritu, los afligidos, los humildes..." nos dice el Evangelio. Y san Pablo en la segunda lectura, tomada de la primera carta a los corintios: Dios ha elegido lo que el mundo considera necio, débil, vil, despreciable, nada... por eso, el que quiera gloriarse, que lo haga en el Señor, que es la fuente de la verdadera felicidad.

Temas...

El hombre busca la felicidad. Lo hace por llamado interno, del corazón, allí donde reside Dios. El mundo dice que lo hacemos por instinto, PERO nosotros decimos con la Liturgia de este Domingo que buscamos la felicidad por destino, por vocación, Dios nos llama a SER FELICES… es nuestra vocación, nuestra misión. Para un no creyente o con una fe apagada, la búsqueda de la felicidad es un acto natural, un impulso, casi una necesidad que hay que satisfacer y por eso mismo no alcanza la plenitud de la felicidad. Para un discípulo misionero, la felicidad es una llamada, una tarea, una misión, que compromete toda la vida en la búsqueda y posesión de ella. Quien cree, encuentra en la fe la raíz de su felicidad, busca con paz y alegría que las raíces de la felicidad ahonden en su corazón, sabe que esa búsqueda no es ilusoria, sino que le lleva a poseer la dicha que busca, pero sabe también que la felicidad de la fe no tiene residencia definitiva en la tierra sino sólo en la eternidad.

Un no creyente no sabe dónde buscar la felicidad que su corazón anhela. Son muchos los caminos que se abren ante su mirada expectante y muchos los "profetas" que le dicen: "Por aquí…", "Por aquí…", "Sígueme y te llevaré a la felicidad"… Por otra parte, siente en sí mismo instintos y pasiones fuertes... y cree que en su satisfacción será feliz. Siente también ideales nobles, tiene pensamientos generosos y altruistas… y a veces emprende la búsqueda por ese camino. Siente con fuerza irresistible el "yo" y sus exigencias, el ansia de éxito y de triunfo… ¡"Este es el verdadero camino"!, siente que le dice una voz interior. Lo emprende… y tras diversos intentos, se da cuenta de que todos esos caminos eran engañosos...Y ahora, ¿qué hacer?, el que desconoce que la felicidad está en Dios… se fatiga como quien quiere atrapar humo y, gracias a Dios, Dios le da la gracia de sorbos de felicidad para que encuentre el recto camino y alcance la felicidad.

A los discípulos del Reino el Evangelio de Jesucristo nos ofrece el único camino de felicidad aquí y en el Banquete del Reino definitivo. Es un camino sencillo, seguro: La pobreza de espíritu, la humildad de corazón, la sencillez de vida, el abandono confiado en Dios, el desprendimiento de las creaturas, la sabiduría de la cruz… Camino fácil y seguro, que tiene la apariencia de un camino desagradable, duro y contrario a la naturaleza del hombre, según el relativismo reinante. Ciertamente, las bienaventuranzas no son slogans que se vendan bien en el mercado de la publicidad. Las bienaventuranzas son POR ESENCIA fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Sólo Dios nos puede enseñar el lugar donde está la verdadera felicidad. La felicidad es don, no conquista; es posibilidad real, no ilusión. Y, sobre todo, la felicidad está en Él y en la comunión con Él.

Este don maravilloso Jesucristo lo ha recibido de su Padre. Él ha vivido primeramente lo que ha predicado después en el sermón de la montaña. Él ha sido dichoso en la pobreza, en la humildad, en la pureza de corazón, en la persecución, en la misericordia, en la sed de justicia, en la construcción de la paz desde pequeño y en familia con la Virgen María y con San José. Detrás de Jesús. La Virgen y san José vivieron este misterio de las bienaventuranzas de manera plena en Nazareth, ya previamente en Egipto, en Belén… es como si Jesús, al proclamarlas, iba describiendo con ternura el corazón de su Madre y el de su Esposo. Y también los santos… ellos han entrado en el reino de las bienaventuranzas vividas y predicadas por Jesús y por la Virgen, y una vez allí han pedido y logrado quedarse en Él, ser admitidos en la Bodas del Cordero como ciudadanos de ese misterioso Reino. Cristo invita también hoy a los cristianos a ser felices, como Él, como la Virgen y como los santos…

Sugerencias...

El “Sermón de la montaña” traza el mapa de nuestro viaje. Las ocho bienaventuranzas son las señales de tránsito que nos indican el camino. Es un camino cuesta arriba, pero Jesús lo ha caminado antes que nosotros. Un día dijo: “el que me siga no caminará en la oscuridad” (Jn 8,12) y en otra ocasión agregó: “Les he dicho esto, para que mi gozo esté en ustedes, y el gozo de ustedes será colmado (Jn 15,11) Caminando con Cristo podemos encontrar la alegría, ¡la verdadera alegría! Precisamente por esta razón, hoy Jesús nos hace nuevamente un anuncio de alegría: “Bienaventurados...”

Reunidos alrededor del Altar (la Cruz) del Señor, dirigimos nuestra mirada hacia Él: Jesús no se limitó a proclamar las Bienaventuranzas ¡las vivió! Al recorrer de nuevo su vida, el releer el Evangelio quedamos sorprendidos: Jesús es precisamente el más pobre entre los pobres, el más dócil entre los mansos, la persona con el corazón más limpio y más misericordioso. Las bienaventuranzas no son más que la descripción de un rostro ¡su rostro!

Al mismo tiempo las bienaventuranzas describen lo que un cristiano debería ser: son el retrato del discípulo de Jesús, la fotografía de quienes han aceptado el Reino de Dios y quieren que su vida esté en sintonía con las exigencias del Evangelio. Jesús se dirige a este hombre, llamándole “bienaventurado”.

La alegría que prometen las Bienaventuranzas es la misma alegría de Jesús: una alegría buscada y encontrada en la obediencia al Padre y en la entrega de sí mismo al prójimo.

Cristianos, al mirar a Jesús aprenderemos lo que significa ser pobres de espíritu, mansos y misericordiosos; lo que significa buscar la justicia, ser limpios de corazón, trabajadores por la paz.

Con su mirada fija en Él, TODOS descubriremos el sendero del perdón y la reconciliación en un mundo a menudo devastado por la violencia y el terror.

... Hoy la voz de Jesús resuena en medio de nosotros. Su voz es una voz de vida, de esperanza, de perdón, una voz de justicia y de paz. ¡Escuchémosla! Buenos amigos, la Iglesia nos mira con confianza y espera que cada uno seamos gente de las Bienaventuranzas.

Bienaventurados TODOS si, como Jesús, somos pobres de espíritu, buenos y misericordiosos; si realmente buscamos lo que es justo y recto; si somos puros de corazón, si trabajamos por la paz, si amamos a los pobres y los servimos ¡Bienaventurados!

María, madre bienaventurada, ruega por nosotros. San José, ruega por nosotros.


lunes, 19 de diciembre de 2022

HOMILIA NATIVIDAD DEL SEÑOR. Solemnidad. Misa de la Noche (24 de diciembre 2022)

 NATIVIDAD DEL SEÑOR. Solemnidad. Misa de la Noche (24 de diciembre 2022)

PrimeraIsaías 9, 1-6; Salmo: Sal 95, 1-3. 11-13; Segunda: Tito 2, 11-14; Evangelio: Lucas 2, 1-14

Nexo entre las LECTURAS…

Entre los muchos puntos de contacto de las lecturas, propongo el del ‘Nacimiento’. El anuncio del ángel a los pastores es: “les traigo una buena noticia… Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador.” (Evangelio). El texto de san Lucas, eco del texto de Isaías proclama proféticamente el nacimiento del Mesías: “Un niño nos ha nacido”. En la segunda lectura Pablo, dentro de un contexto de exhortación, fundamenta y motiva a los discípulos misioneros a vivir en una vida virtuosa apoyados en la gracia de Dios, que se ha hecho visible en el nacimiento y en la vida de Jesucristo, mientras esperamos gozosamente su Última Venida.

Temas… Sugerencias...

Navidad. Tanto en el evangelio de Lucas, que se lee en la Misa de medianoche, como en el de Juan, que se lee en la del Día, se insiste en un dato sorprendente: Lucas afirma que cuando José y María llegaron a Belén no encontraron posada, teniendo que cobijarse fuera del pueblo, en una gruta para resguardar los ganados… y san Juan, da testimonio de que “vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Celebramos la Natividad, recordamos aquella que llamamos ‘primera Navidad’, cuando Dios —hecho hombre— nació y el mundo no quiso recibirlo… y ahora en el mundo, de nuevo, parece no haber sitio para Dios. Tampoco hay sitio o acogida para los elegidos de Dios: No hay vivienda para los sin techo, no hay trabajo para los parados, no hay alimentos para los que se mueren de hambre, no hay sitio para los inmigrantes, no hay respeto hacia los diferentes... y al contrario hay atropellos indignos por todos lados. En este mundo al que falta caridad, falta solidaridad, falta hospitalidad y sobra egoísmo, indiferencia, insolidaridad… el Papa nos invita a ponernos en manos del Padre de las Misericordias y reemprender el camino de la conversión, del amor, de servicio y de la paz.

Encarnación. Navidad es la ‘conmemoración’ del nacimiento de Jesús, el hijo de Dios que se hace carne. Es un misterio de encarnación. Dios se hace hombre, toma nuestra condición con todas sus consecuencias hasta la muerte, para que nosotros podamos asumir la condición de hijos de Dios, con todas sus consecuencias, también de inmortalidad y resurrección. Es un misterio, pues, de solidaridad, que funda una nueva relación de Dios con los hombres, y debe fundar también una nueva relación de solidaridad entre los hombres. En Jesús, Dios se hace solidario de nuestra causa, para que todos seamos en Jesús solidarios en la causa de los hombres, sobre todo, la de los pobres y excluidos. Dios está con nosotros, por nosotros, para nosotros, a fin de que también nosotros estemos los unos con los otros, por los otros, para los otros, para todos. Con la gracia de esta fiesta pedimos “Que la locura homicida no encuentre más espacios en nuestro mundo” (Papa Francisco)

Presencia. Que Dios esté con nosotros no significa que Dios esté contra los otros. Y mucho menos que los creyentes nos arroguemos una predilección divina contra otros pueblos o religiones. Al contrario, Dios-con-nosotros significa que Dios está en todos los seres humanos, está en nosotros para que seamos útiles a los otros, y también está en los otros para que le respetemos y escuchemos y amemos, como decía santa Teresa de Calcuta “nos pertenecemos”. De modo que nuestras relaciones interpersonales, las relaciones sociales, debemos ir conformándolas según esta nueva perspectiva de Navidad, como: relaciones de caridad-solidaridad, de disponibilidad, de colaboración y de ayuda hacia todos, pero de modo especial hacia aquellos que más necesitan de nosotros. Pidamos y pedimos la gracia de «La no violencia: un estilo de política para la paz» (Mensaje del Papa para la Paz, 1 de enero de 2017) para que Su presencia nos haga bien a todos… ¡A TODOS!

Pesebre. A los primeros testigos de la Navidad, a los pastores, los ángeles les dieron esta señal: “encontrarán un niño en pañales y acostado en un pesebre”. Dios se deja ver, sobre todo, en la debilidad, en la pobreza y en la realidad de un niño y acostado en el piso. Al hacerse niño —y estar en el suelo— se ha puesto al alcance de nuestro cariño y de nuestra ternura, ¿hay algo más amable que un niño de pocos días? Pero los niños pueden ser también fáciles víctimas de nuestra violencia y desconsideración (especialmente por los sufrimientos de los menores abusados hagamos una oración especial). De ahí la posibilidad de descubrirlo y amarlo y servirlo en los pobres, con los que ha querido identificarse; pero de ahí también el riesgo de que pasemos de largo, de que no lo veamos o no queramos verlo, e incluso de que lo rechacemos (Papa Francisco). Jesús, que es la Palabra de Dios, se ha hecho apenas balbuceo en el niño de Belén, y se hará silencio al morir en la cruz. Así se ha puesto en su sitio, para indicarnos el nuestro, el último lugar, a la cola, al servicio de todos. Que para eso estamos, para servir, para ser útiles, para amar.

Caridad-Solidaridad (San Juan Pablo II). La encarnación, la Navidad, al descubrirnos la misericordia de Dios con el hombre, funda la solidaridad entre los hombres. Frente a la cultura de la competitividad, que amenaza con convertir la convivencia en una lucha sin criterios de todos contra todos, debemos sentar las bases de una nueva cultura, la de solidaridad, la de la Civilización del Amor (San Pablo VI) que nos predisponga a todos en favor de todos. Más allá de la competitividad, entendida y practicada como selectiva y eliminatoria de los débiles, hay que apostar por la competencia, entendida y practicada como capacitación para un servicio cada vez mejor y más operativo y con todos. Trabajemos por la globalización de la Caridad (Benedicto XVI). Se trata, con la ayuda de la gracia, de ir eliminando de nuestra cultura —del mundo y eclesial— todos los rasgos de inhumanidad que hemos ido adquiriendo con la violencia, la explotación, la exclusión, la hostilidad y hostigamiento... y de ir arraigando nuevos rasgos de humanidad, de ayuda mutua, de comprensión y respeto, de tolerancia y cooperación, de solidaridad, de caridad, de no violencia, de paz.

Podemos preguntarnos: ¿Cómo celebramos la Navidad? ¿Qué celebramos, la Navidad o las navidades? ¿Un acontecimiento de salvación… unos días de vacaciones? ¿Creemos, con nuestra vida, que el Señor está con nosotros? Y en ese caso: ¿con quién estamos nosotros? ¿con Dios o con el dinero, con las superficialidades? ¿con los ricos o con los pobres? ¿con los poderosos o con los débiles?

¿Vivimos la encarnación? ¿Estamos encarnados para el bien y la virtud y la misericordia con nuestro mundo? Si Navidad es misericordia-solidaridad, ¿somos solidarios? ¿Sólo en las grandes (extremas) ocasiones? ¿Lo somos cada día, en los detalles, siempre y con todos?

Nuestra Señora de la Paz, ruega por nosotros, por la Iglesia y por todos…

lunes, 28 de noviembre de 2022

HOMILIA Segundo Domingo de ADVIENTO cA (04 de diciembre 2022)


 Segundo Domingo de ADVIENTO cA (04 de diciembre 2022)

Primera: Isaías 11, 1-10; Salmo: Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17; SegundaRomanos 15, 4-9; Evangelio: Mateo 3, 1-12

Nexo entre las LECTURAS

El Espíritu es la Persona presente en la Liturgia y especialmente unificador este Domingo. Cuando el Espíritu sopla, hasta los huesos secos recobran vida, de los viejos troncos brotan retoños y toda la faz de la tierra rejuvenece (primera Lectura). No debemos desesperar. Por muy acabados y viejos que nos sintamos, se nos ha prometido un bautismo de Espíritu y fuego. Quien se deja empapar de este Espíritu, que es fuego, quema todo lo caduco y se abre a una vida nueva (san Pablo). Estas semanas de Adviento son, para todos nosotros, una llamada a abrirnos a la constante venida de Dios a nuestra vida. Por eso, cada año, en este segundo Domingo de Adviento, rememoramos como dichas ahora a nosotros las palabras (proféticas) de Juan el Bautista: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos» (Evangelio). Es, por tanto, una invitación personal a la conversión.

Temas...

El que está lleno del Espíritu. Dios viene ahora en una figura terrena, como el “renuevo del tronco de Jesé”. Pero su venida es única y definitiva. Según la primera lectura, tres ‘cosas’ caracterizan esta venida: en primer lugar, la plenitud del Espíritu del Señor que capacita al que viene para las otras dos ‘cosas’: para el juicio separador en favor de los pobres y desamparados contra los violentos y los pecadores, y para la instauración de una paz supra terrenal que transforma totalmente la naturaleza y la humanidad. El Espíritu de sabiduría y de conocimiento que llena al que viene, se derrama sobre el mundo, de modo que el mundo queda “lleno de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar”. Lo que el Mesías –que está lleno del Espíritu– es y tiene, lo ejerce juzgando; lo reparte llenando al mundo con su Espíritu. En la Biblia conocer a Dios es amarlo y experimentar vivamente que nos ama, es impregnarse totalmente de la comprensión íntima de lo que Dios es, que en su intimidad es misericordia; y este “conocimiento” anunciado por el profeta es la paz en Dios, la participación en la paz de Dios.

Bautismo con el Espíritu Santo y fuego. El evangelio presenta al precursor (Juan Bautista) en plena actividad. Prepara el camino al que viene, acompañando a los pecadores para que se conviertan y bautizándolos, a la espera del que viene detrás de él y que es más que él. Se preparan para acoger al que viene. No puede uno fiarse simplemente del pasado, de la pertenencia a la descendencia de Abrahán. Las palabras del Bautista: “Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras”, son extrañamente proféticas: para los judíos esas piedras son los pueblos paganos; el que está lleno del Espíritu (Jesús) y viene detrás de Juan puede convertirlos en hijos de Dios. Juan se prosterna ante Él en una actitud de profunda humildad. Porque, en vez de agua (con agua), Él bautizará con el Espíritu Santo y fuego. Un fuego que es Dios mismo, el fuego del amor divino que Él viene a “derramar sobre la tierra”, un fuego que consume todo egoísmo en las almas; el fuego del amor que será al mismo tiempo el fuego del juicio para los que no quieren amar, para los que son paja: “Quemará la paja en una hoguera que no se apaga”. “Dios es un fuego devorador”: quien no quiera arder en su llama de amor, se abrasará eternamente en ese fuego. El amor es más que la moral mezquina de los fariseos y saduceos. La moral mezquina de los que no creen en el Espíritu Santo, no resistirá ante el que tiene en Su mano la horquilla y limpiará su era.

“Acójanse mutuamente”. La llama de amor que trae el portador del Espíritu desborda los límites del pueblo de Israel y llega al mundo. Los judíos, elegidos desde antiguo, y los paganos, no elegidos, pero ahora admitidos a la salvación, formarán en lo sucesivo una unidad en el amor. Pablo exige de ambos –en la segunda lectura– que “se acojan mutuamente” como y porque Cristo “nos ha acogido” para gloria del Creador, que nos ha creado a todos con vistas a su Hijo. El Hijo realiza las dos cosas: la justicia de la alianza de Dios, pues en su existencia terrena cumple todas las profecías, y la misericordia divina para con todos aquellos que todavía no saben nada de la alianza. El portador del Espíritu que Isaías ve venir, instaurará una paz verdaderamente divina sobre la tierra. Si las naciones quisieran –como lo espera el profeta– buscar este «renuevo del tronco de Jesé», quedarían también ellas llenas del «Espíritu de la ciencia del Señor», en cuya paz «ya no se hace nada malo».

Sugerencias...

Prepararse a la Navidad, dejándose guiar por el Espíritu Santo. La liturgia dominical es un momento oportuno para renovar en nuestra conciencia –cristiana– la acción invisible pero real del Espíritu, su presencia en el alma por la gracia, su eficacia en el desarrollo y progreso de la vida espiritual. Momento igualmente oportuno para invitarnos a estar atentos a la voz del Espíritu que nos habla mediante los acontecimientos de la vida, las situaciones personales, las personas conocidas o amigas, las páginas de un libro, los medios de comunicación social o la misma naturaleza. Momento oportuno, igualmente, para aceptar y obedecer al Espíritu con docilidad y prontitud. Es el Espíritu de Dios quien mejor nos puede preparar para vivir mejor el misterio de la encarnación y del nacimiento de Jesucristo.

Los valores del Reino quizá nos sorprendan a primera vista; nos resulten demasiado elevados y bellos para ser creídos y realizados en una sociedad y en un ambiente en donde hay y tienen vigencia otras escalas de valores –muy opuestas a las del Mesías– y, si no opuestos, al menos muy diferentes. Sin embargo, hay muchos hombres y mujeres que ya viven las virtudes que nos propone el Señor y rigen su existencia por el Sermón del Monte y las obras de misericordia... ¡Pensemos en tantos laicos, familias, religiosos y sacerdotes que viven santamente! Es muy probable que muchos de entre nosotros mismos nos sentimos llamados a convertirnos diariamente a los valores del Reino... Hay que sostener esos esfuerzos, promover esos valores, trabajar con tesón para que todos los hombres vivamos la Civilización del Amor, el Reino del Mesías de Dios. Vayamos cambiando cada día… vayamos renovándonos cada día…

María, Virgen Inmaculada, ruega por nosotros.

lunes, 14 de noviembre de 2022

HOMILIA Domingo Trigésimo cuarto del TIEMPO ORDINARIO cC

 

Domingo Trigésimo cuarto del TIEMPO ORDINARIO cC  


Solemnidad de Nuestro señor Jesucristo Rey del Universo (20 de noviembre de 2022).

Primera: 2Samuel 5, 1-3; Salmo: Sal 121, 1-2. 4-5; Segunda: Colosenses 1, 12-20; Evangelio: Lc 23, 35-43

Nexo entre las LECTURAS…

"Rey de Israel, rey de los judíos, reino del Hijo" son las expresiones con que la liturgia nos recuerda solemnemente la gozosa realidad de Jesucristo, Rey del universo, Rey universal. El título de la cruz sobre la que Jesús murió para redimir a los hombres era el siguiente: "Jesús nazareno, rey de los judíos" (Evangelio). Históricamente, este título se remontaba hasta David, rey de Israel, (Primera lectura), de quien Jesús descendía según la carne. Recordando Pablo a los colosenses la obra redentora de Cristo les escribe: "El Padre nos trasladó al Reino de su Hijo querido, en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados" (Segunda lectura).

Temas...

«Este es el Rey de los judíos». El letrero colocado sobre la cabeza del Crucificado: «Este es el Rey de los judíos», ha sido formulado por Pilato como ‘provocación’ a los judíos; los soldados que lo leen se burlan de Él, al igual que las «autoridades» del pueblo, diciendo: «Si eres tú el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Pero en el evangelio de Lucas hay al menos uno que toma en serio este letrero, uno de los dos malhechores crucificados con Jesús, quien se dirige a Él en estos términos: «Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». La inscripción colocada sobre la cruz indica que el reino de Dios tradicional se entiende aquí por primera vez como un reino de Cristo, y que el antiguo «Dios es rey» de los salmos se trasforma ahora en «Cristo es rey». Poco importa cómo el ‘buen ladrón’ se imagina este reinado de Jesús; en todo caso parece claro que piensa que este Rey puede ayudarle a Él, un pobre agonizante. Se trata del ‘primer acto’ de la soberanía regia de Jesús sobre el mundo entero.

«Ungieron a David como rey de Israel». La primera lectura recuerda brevemente que David como rey es el antepasado de Jesús; David había sido ya ungido por Samuel cuando no era más que un joven pastor y en una época en que todavía reinaba Saúl; aquí es reconocido oficialmente por todas las tribus de Israel como el pastor de todo el pueblo. Es una imagen anticipada de lo que sucede en la cruz: Jesús era desde el principio el Ungido (Mesías), pero en la cruz es proclamado Rey oficialmente (en las tres lenguas del mundo, según Juan).

«Todo se mantiene en Él... Por la sangre de su cruz». La segunda lectura amplía el presentimiento del ‘buen’ ladrón hasta lo ilimitado, sin abandonar el centro de esta realeza de Jesús, su cruz. La creación entera está sometida a Él como Rey, porque sin Él ella simplemente no existiría. Toda ella «se mantiene» en Él. El Padre ha concebido el mundo desde un principio de modo que debe llegar a convertirse en el «reino de su Hijo querido», y esto por así decirlo no a partir de sí mismo, sino expresamente de modo que por Jesús «sean reconciliados todos los seres» y todos recibamos por Él «la redención, el perdón de los pecados», y de modo que esta «paz» entre todos los seres, los del cielo y los de la tierra, sólo debe fundarse en «la sangre de su cruz». Sólo en esta entrega suprema, bajo las burlas de judíos y paganos y la huida y la negación cobardes de los cristianos, se manifestó en el Hijo todo el amor de Dios al mundo, de tal manera que este amor divino en la figura del Hijo puede obtener ahora la soberanía sobre todas las cosas.

Sugerencias...

"El condicional de la duda: ‘Si eres rey...’": he ahí la perpetua tentación del hombre hundido en su miseria e indigencia. "Si eres el Hijo de Dios...", así el tentador y así tantos hombres a lo largo de la historia. "Si eres bueno..., ¿por qué reina tanto mal a nuestro alrededor?". "Si me amas..., ¿por qué en lugar de que reine tu amor en mí, reina, al contrario, el desorden de las pasiones, el desenfreno del egoísmo?". "Si eres rey..., ¿cómo es posible que haya gobiernos descreídos y ateos, que persiguen, encarcelan y asesinan a tus súbditos?". "Si eres rey..., ¿qué clase de reinado es el tuyo que se oculta hasta el punto de que se desvanece y llega casi a desaparecer?". "Si eres rey...". La duda nos importuna y nos sacude interiormente. El condicional nos muerde el alma hasta la herida mortal. "Eso de Cristo Rey, ¿no será un cuento o una de tantas utopías que recorren la historia?". "Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera, Cristo ama-salva", cree la Iglesia. "¿Es esto verdad o más bien un exagerado triunfalismo?". ¡Seamos valientes! Quitemos de una vez por todas el "sí" condicional de nuestra amistad con Jesucristo Rey. En lugar de dudar, agradezcamos al Padre que no haya querido instaurar un reino como hubiésemos querido los hombres, a la medida de nuestros deseos y de nuestras mezquinas concepciones de las cosas. Cristo reina según su designio y su medida, no según la nuestra. El Reino de Cristo se recibe como un regalo, como una revelación del cielo; no es fruto de una mente humana privilegiada ni del acuerdo razonable de los hombres. El Reino de Cristo se instala en la vida de los hombres, pero no es algo ya hecho, sino una realidad que crece. Desde el momento que ponemos el reino de Cristo bajo la ley del condicional, estemos seguros de que estamos corriendo el riesgo de no entenderlo y de quedarnos fuera.

¡Venga tu Reino! Tertuliano en su comentario al padrenuestro escribe: "Que tu Reino venga lo antes posible es el deseo de los cristianos, es la confusión para las naciones. Nosotros sufrimos por esto, más aún nosotros rezamos por su llegada". Es un deseo que los cristianos venimos repitiendo desde los primeros siglos. Venga a nuestra tierra tu reino de paz en los Balcanes, en la tierra de Israel, en Malasia, en Ucrania, en el cuerno de África o de los grandes lagos, en todas las naciones... en todos nuestros lugares. Venga a nuestra Patria, a nuestra tierra tu reino de justicia frente a la corrupción relativista, frene a tantas diferencias sociales y económicas, frente a tanta degradación moral. Venga tu reino de amor entre los esposos, entre padres e hijos, entre miembros de diferentes razas o religiones; de amor hacia los niños y hacia los ancianos, hacia los pobres y enfermos, hacia todos los más necesitados de atención, cariño, ternura. Sabemos que el Reino de Cristo vive en una situación de tensión permanente, porque lo exige su mismo crecimiento, porque encuentra resistencias a su acción transformadora. Porque llegue este reino de paz, de justicia y de amor trabajamos, sufrimos, oramos los cristianos y todos los hombres de buena voluntad. ¡Venga tu Reino! Sea ese el grito con el que amanezcamos a un nuevo día y con el que cerremos el duro ofrecer-trabajo de la jornada. "Para que, digamos con san Cipriano, nosotros que lo hemos servido en esta vida, reinemos en la otra con Cristo Rey, como Él mismo nos ha prometido".

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...