lunes, 15 de mayo de 2023

HOMILIA Solemnidad de la ASCENSIÓN DEL SEÑOR cA (21 de mayo 2023)

 

Solemnidad de la ASCENSIÓN DEL SEÑOR cA (21 de mayo 2023)

Primera: Hechos 1, 1-11; Salmo: Sal 46, 2-3. 6-9; Segunda: Efesios 1, 17-23; Evangelio: Mateo 28, 16-20

Nexo entre las LECTURAS

El nexo de las


Lecturas de este Domingo es la presencia… el fin de una manera de presencia y el inicio de una nueva manera de presencia. En la despedida de Jesús resucitado, Él se dirige a sus discípulos con estas palabras: "Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra" (Evangelio). Al inicio de los Hechos de los Apóstoles, los discípulos preguntan a Jesús si es ahora cuando va a restablecer el reino de Israel, a lo que Jesús responde: "No les toca a ustedes conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder. Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos..." (primera lectura).

También es nexo la revelación y gloria de la Santísima Trinidad: el poder del Padre y fuerza del Espíritu, que son prerrogativas de las que Jesucristo glorioso también participa. En la carta a los de Éfeso, san Pablo pide que Dios nos conceda una revelación que nos permita conocerlo plenamente, que nos permita conocer que Cristo resucitado "está sentado a su derecha en los cielos, por encima de todo principado, potestad, poder y señorío... y que todo lo ha puesto Dios bajo los pies de Cristo" (segunda lectura).

Debemos ser de aquellos que invitan a los demás a esta fiesta divina, como lo hace el salmista: Pueblo elegido... Pueblo escogido... Pueblos de la tierra... Todos los pueblos... Gritos de alegría... aplausos... participar alegremente en esta aclamación de Dios… se trata de una reunión libre, de una "fiesta"… ¿participamos? ¿invitamos a otros a participar con nuestra vida y con nuestras palabras?... venimos de grandes fiestas, Domingo de Ramos, Semana Santa, Pascua de Resurrección, Buen Pastor… y seguimos de fiesta: Ascensión, Pentecostés, Cuerpo y Sangre de Cristo, Sagrado Corazón de Jesús, Santísima Trinidad, la misma fiesta de los Apóstoles san Pedro y san Pablo… ea!!!! hasta el Cielo no paramos.

Temas...

La Ascensión. Ascensión significa subida: hacemos una ascensión al pico de un monte. Jesús "sube" a la derecha del Padre "por encima de todo nombre conocido". Uno de nosotros (Cristo glorificado) ha sido introducido en el mismo ámbito de Dios: ¡claro que está por encima de todas las grandezas que los hombres ambicionamos: fama, autoridad, influencia...! Es cima no por poder/dominio, sino por mayor amor, amor sublime, amor misericordioso.

Y subió al cielo... Jesús no se elevó como los globos o barriletes que entusiasman a los pequeños, como un avión o una nave espacial. Así como la tierra es nuestra casa, llamamos CIELO a la "casa" de Dios: "Padre nuestro que estás en los cielos". Modos de decir: Dios no tiene una casa y una patria; está presente en todas partes. Jesús no fue arriba, ni abajo, ni adentro. Murió (con la muerte dejó, como cada uno de nosotros, nuestro mundo: este modo de vivir y de amar que conocemos y experimentamos) y pasó al modo de vivir y de amar de Dios, que está muy por encima de nuestras realidades. Por eso decimos que "subió al cielo". Y añadimos "está sentado a la derecha del Padre", asociado íntimamente a su vida y a su gloria.

Pascua y Ascensión. Celebramos la Pascua durante siete semanas. Hasta ese momento ponemos el acento en el hecho de que Jesús vive –es el Viviente por excelencia–, no nos ha dejado, está con nosotros. La Ascensión subraya su glorificación. La primera lectura lo describe con una hermosa pieza literaria; la segunda lectura afirma como profesión de fe: el Padre resucitó a Cristo de entre los muertos y lo sentó a su derecha (Resurrección y Ascensión constituyen un único acontecimiento); el evangelio, como en un cuadro magnifico, presenta al Señor de la gloria ejerciendo su soberanía: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra".

La Ascensión de Cristo es también nuestra elevación. En la Pascua celebramos la resurrección de Cristo y la nuestra; en la Ascensión, su exaltación y la nuestra: Él es totalmente para nosotros, los hombres. Los cristianos fuimos incorporados a Él por el bautismo. La segunda lectura lo afirma claramente: "la extraordinaria grandeza de su poder (del Padre) para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha". Estas celebraciones son fuente de vida, de gozo y de esperanza inagotables.

¿Qué hacen ahí plantados mirando al cielo? Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos. La Ascensión no nos evade de la vida cotidiana. No debemos embelesarnos mirando al cielo ni encerrarnos en la propia intimidad y gozar egoístamente del don de Dios. "El mismo Jesús volverá" y nos llevará con Él.

Entretanto debemos ser testigos de lo que vivimos y proclamar las maravillas que hizo Dios para que más gente de todas partes se hagan discípulos de Cristo, como bien lo anima el Salmo Responsorial. Recordemos que estamos en esta vida para amar y servir en obediencia a los mandamientos y gozar en la vida bienaventurada/eterna.

Sugerencias…

Misión cumplida: el triunfo de Cristo ¡"Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, mediador entre Dios y los hombres, juez de vivos y muertos"! Esto es lo que afirmaremos de Jesús en el prefacio de esta fiesta de la Ascensión. Jesús ha triunfado. Ha sido glorificado. Ha cumplido su misión. Ha seguido su camino hasta el final, incluida la muerte... y ahora ha llegado a su plenitud y se muestra como cabeza de la nueva humanidad, constituido por encima de toda la creación y cabeza de la Iglesia. Como nos ha dicho san Pablo, "el Padre ha desplegado la eficacia de su fuerza poderosa en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo".

Es también fiesta para nosotros. Alegrémonos en este día de gloria para Cristo Jesús. Es también fiesta para nosotros, que somos sus discípulos misioneros, los miembros de su Cuerpo que es la Iglesia. El triunfo de Jesús nos reúne –uniéndonos– a todos para la vida en el tiempo y en la eternidad. Su Ascensión es ya nuestra victoria, nos ofrece la garantía de que también nosotros estamos destinados a los bienes del cielo. En Cristo Jesús nuestra naturaleza humana ha sido enaltecida y participa ya de algún modo de su misma gloria. Él nos ha precedido como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino (prefacio).

La fiesta de hoy nos debe llenar de optimismo. San Pablo nos ha invitado, en su carta, a comprender cuál es la esperanza a la que nos llama Dios, y cuál la riqueza de gloria que nos da en herencia a los que creemos en Cristo Jesús e intentamos seguirle en nuestra vida. Más aún: se puede decir que es fiesta y motivo de esperanza para la humanidad entera. Todos estamos incluidos en la victoria de Jesús, que nos da la medida del amor de Dios y de la capacidad de respuesta del hombre. La Ascensión nos señala el camino y la meta final: un destino de vida, no de muerte, aunque el camino sea a veces difícil y oscuro. El motivo principal de este optimismo es la promesa que nos hizo Jesús en su despedida, y que hemos escuchado en el evangelio de Mateo: ‘Sepan, conozcan, que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los días’. No se trata, por tanto, de una despedida, sino de una presencia continuada, aunque sea invisible. Su presencia, y además el don de su Espíritu, es lo que da fuerza a nuestra fe. Como dirá el prefacio, "no se ha ido para desentenderse de este mundo". La Ascensión no es un movimiento contrario a la Navidad (entonces "bajó" y ahora "sube y se va"): desde su existencia gloriosa, libre ya de todo límite de espacio y de tiempo, es cuando más presente nos está Jesús, el Señor, como nos ha prometido.

Tenemos una tarea como comunidad cristiana. Además de ser un motivo de fiesta, la Ascensión es también el recuerdo de que Jesús ha dejado a sus discípulos, a nosotros, una tarea a realizar en este mundo. Los ángeles invitaron a los apóstoles a que no se quedaran mirando al cielo. Recibieron el encargo de continuar la misión de Jesús: hacer discípulos, bautizar, enseñar... Así como Cristo ha sido el gran testigo del Padre, ahora los cristianos lo tenemos que ser en cada generación, sinodalmente y con corazón misionero, animados por el Espíritu de Jesús: ‘Cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, recibirán fuerza para ser mis testigos’. Vivimos el tiempo que va desde la Ascensión hasta la venida gloriosa final de Cristo. Un tiempo de trabajo y responsabilidad, de tarea y compromiso (Beata Madre Tránsito). Los cristianos, amados por Dios y animados por la presencia de Cristo Jesús y de su Espíritu, debemos comunicar a los demás, de palabra y de obra, con un estilo de vida que resulte creíble y elocuente a todos, el mismo mensaje de Cristo (Beato Angelelli).

Se nos pide que seamos testigos de alegría y esperanza … que mostremos un amor desinteresado practicando las obras de misericordia… que seamos virtuosos, aferrándonos a la vida de Dios y al servicio del prójimo (Santos Jacinta y Francisco). Esto es para TODOS: sacerdotes, religiosos y los misioneros. Todos: los padres para con los hijos y los hijos para con los padres, los mayores y los jóvenes, los políticos, sindicalistas, choferes, profesionales de la salud y los escritores cristianos, alumnos y docentes, comunidad educativa, sindicatos y partidos políticos. Todos estamos llamados a seguir escribiendo esa historia que empezó hace como dos mil años y que será celebrado como Jubileo en el 2033. Lo que proclamamos estos Domingos en el libro de los Hechos de los Apóstoles fue como el primer capítulo. Nosotros, ahora, en el inicio del tercer milenio (san Juan Pablo II) tenemos que difundir, en el mundo, generación tras generación, la buena noticia del amor de Dios, de la salvación de Cristo y de su estilo de vida.

Miremos a Cristo glorificado, que se nos ofrece como alimento en la Eucaristía, y esto nos da fuerzas para seguir cumpliendo la tarea que nos ha encomendado… anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡VEN SEÑOR, JESÚS! … no soy digno que entres en mi casa, pero una palabra tuya BASTARÁ PARA SANARME. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección… ¡VEN SEÑOR JESÚS!.

FATIMA

 Las apariciones de 1917, precedidas por las del ángel (1915-1916): Oración del Ángel: “Dios mío, creo, os adoro y vos amo”. Oraciones y sacrificios por pecadores. Devoción trinitaria y eucarística.


(13 mayo 1917) Cueva de Iría. La Virgen les dice que aparecerá el día 13 de cada mes. Pide rezar el Rosario y hacer sacrificios por los pecadores: Dios está muy ofendido. Los tres irán al cielo. “Tendréis que padecer mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fuerza”.


(13 junio) Algunas personas presentes. La Virgen pide rezar el Rosario diariamente. “Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado”. “Os queréis ofrecer a Dios?” Muestra su Corazón en su mano derecha, con espinas. Después de la aparición, comienzan las dificultades.


(13 julio) Pide rezar el Rosario por la paz. Según narraciones posteriores de Lucía (las tres partes del secreto): Visión del infierno, hacer la consagración del mundo al Corazón de María, paz y guerra, persecuciones y martirio: “Mi Corazón triunfará” (lo pueden contar a Francisco y a nadie más). Jaculatoria: “Oh Jesús, por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María”. Aumentan las dificultades.


(17 agosto) Después de ser liberados (fueron apresados el 13). La Virgen pide ir diariamente a la Cueva de Iría a rezar el Rosario. Promete un milagro para el mes de octubre.


(13 septiembre) Pide rezar el Rosario. Acude muchedumbre; algunos piden curaciones: La Virgen curará algunos durante año si se convierten. “En octubre… haré el milagro para que todos crean”.


(13 octubre) 50 mil personas. “Que no ofendan a Dios que ya está muy ofendido”. Pide Capilla. “Soy la Virgen del Rosario”, “la guerra terminará”. Lucía pide por los enfermos: algunos curarán si piden perdón. Se les aparece San José y el Niño Jesús bendiciendo el mundo. El sol se movió bruscamente muchas veces (numerosos testigos). Reacciones positivas y negativas.


Los tres videntes y sus vivencias (gracias) peculiares): Lucía veía y escuchaba, hablando con la Virgen; Jacinta veía y escuchaba; Francisco solamente veía (y después se lo contaban). Los tres hicieron un camino de transformación espiritual. No pedían curación para ellos. El mensaje y el buen ejemplo de los pastorcitos convenció a todos.


Jacinta: Jacinta muere en 1920 (nació en 1910). Se conmovía al oír hablar de Cristo crucificado y de la pasión. “Murió por nosotros”. Preguntaba: “Por qué fue clavado en la cruz?… Explícamelo cómo fue… No quiero que Jesús sufra más”. Su amor a María. Sacrificios por pecadores. En el proceso de canonización: alegre y servicial. Caridad con los pobres (daba su merienda). Hacía rezar el Rosario en casa. Enferma 14 meses. Confianza en Dios y en María (cuando enferma, tuvo aparición mariana y se lo contó a Lucía). Encargó a Lucía propagar la devoción a Corazón de María.


Francisco: Murió en 1919 (nació en 1908). Gozaba recordando a Jesús y María. Se sentía lleno de la luz de Dios en el alma. Muy sensible a que Dios había sido ofendido: “Me da mucha pena que esté triste… Si no pudiera consolarle… Sufro para consolar a Ntro. Señor y a Ntra. Señora… Lo ofrezco todo por los pecadores y por el Santo Padre… Ya me falta poco para ir a cielo y allí podré consolar a Ntro. Señor y Ntra. Señora”. En el proceso de canonización: contemplativo, callado, deseoso de Eucaristía, sacrificios, caridad con los pobres. Sensible al pecado del mundo, consolar a Dios.


Lucia: Nació en 1907. A los 14 años inició su formación primaria con las Doroteas y luego pasó a España, Tuy y Pontevera, 1921 y siguientes; profesión perpetua en 1934; regresa a Portugal en 1946; entró en las Carmelitas de Coimbra (1948). Fue a Fátima en la visita de Pablo VI y Juan Pablo II (murió en 2005). Depositaria del testimonio de los dos hermanitos. Anuncia “el misterio de amor de Dios… todos somos hijos del mismo Dios”. Ofrece la propia vida para superar el mal. Propaga devoción al Corazón Inmaculado de María. Escribe 20 años después de las apariciones siempre por obediencia: cuatro “memorias” sobre las apariciones de Fátima (1935, 1937, 1941 dos memorias). La redacción del tercer secreto (por obediencia) fue en 1944. Se expresa según su cultura y peculiaridad, con variantes, pero siempre coherente y objetiva en lo esencial.


La actitud de la Iglesia y la invitación de los Papas (visitas y mensajes): Aprobación inicial de los obispos portugueses. Actuaciones pontificias laudatorias: desde Pío XI a Papa Francisco.


La consagración del mundo al Corazón de María: Obispos portugueses (1931). Pío XII (1942, etc.), Juan Pablo II (1981, etc). Los “secretos” de Fátima (publicación del tercer secreto: 2000)


Resumen: Mensaje claro y concreto, oración (Rosario), sacrifico (reparación). En un contexto cultural e histórico, pero va más allá del tiempo y del lugar (pecado y persecuciones). Impacto permanente, local y universal. Una experiencia mística y un mensaje profético, con expresiones personales. Invitación (motivaciones) para vivir el Evangelio hoy (miserias y pecados de la humanidad), desde el amor de Dios (revelado en Cristo y expresado en el Corazón de su Madre).




lunes, 8 de mayo de 2023

HOMILIA Sexto Domingo de PASCUA ciclo A (14 de mayo 2023) GRACIAS PADRE ANGEL

 Sexto Domingo de PASCUA ciclo A (14 de mayo 2023)

Primera: Hechos 8, 5-8; Salmo: 65, 1-3a.4-7a.16.20; Segunda: 1Pedro 3, 15-18;  Evangelio: Juan 14, 15-21

Nexo entre las LECTURAS

Este último Domingo del tiempo pascual prepara y en cierto modo anticipa la fiesta de Pentecostés. La liturgia nos presenta a Jesús prometiendo el Espíritu, ese mismo Espíritu que le devolvió a la vida, y que en nombre de Jesús los apóstoles comunican a los samaritanos bautizados. "Yo rogaré al Padre para que les envíe otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes", promete Jesús en el evangelio. San Pedro en su primera carta dice: "Cristo en cuanto hombre sufrió la muerte, pero fue devuelto a la vida por el Espíritu" (segunda lectura). Y san Lucas en los Hechos de los Apóstoles presenta a Pedro y a Juan "orando por los bautizados de Samaria, para que reciban el Espíritu Santo" (primera lectura).

 

Temas...

En la historia de la salvación hay una sucesión armoniosa en la actuación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en beneficio siempre de la salvación del hombre para gloria de Dios. El Padre es el origen y fuente de toda iniciativa salvífica. En su amor envía a su Hijo para redimir al hombre y devolverle su condición filial. Una vez que el Hijo realizó su misión en la tierra, es enviado el Espíritu (otro Paráclito) para que acompañe al hombre en su peregrinar por este mundo hacia el Cielo, maravillosamente mostrado en el Concilio Vaticano II (L.G. y A.G.).

La liturgia de hoy nos presenta la promesa hecha por Jesús a los discípulos de enviarles el Espíritu Santo para que esté siempre con ellos. ¿Por qué (para que) Jesucristo les hace esta promesa? Para que los discípulos no se sintieran huérfanos, ya que Jesús estaba por ir a la muerte y regresar –glorificado– a la casa del Padre. Jesús les dice: "No los dejaré huérfanos, volveré a estar con ustedes" (evangelio), pero no como lo conocieron en la historia sino en espíritu.

El Espíritu Santo, que Jesús promete, es ante todo el (otro) Paráclito, es decir, consolador, abogado, animador e iluminador en el proceso interno de la fe, como lo fue Él (primer Paráclito). Los discípulos y primeros cristianos experimentarán en Pentecostés, de una manera especial, esta presencia poderosa e iluminante del Espíritu. Es también el Espíritu de la verdad, de la revelación de Dios al hombre, con la que Dios ilumina toda la existencia humana y le da su verdadero significado y razón de ser. Esta verdad será plenamente acogida por los discípulos, proclamada, confesada, y también defendida ante la 'mentira' del mundo, ante los ataques de la falsedad de la mente y del corazón humanos. Es además el Espíritu que da la vida, que devuelve a la vida a Jesús (segunda lectura) y vivifica a los cristianos que creen en el Evangelio, como los habitantes de Samaria (primera lectura); el Espíritu da la vida de Dios, esa vida que, como la zarza ardiente vista por Moisés a los pies del Sinaí, no se consume ni se apaga jamás. El Espíritu es, finalmente, el impulsor de la evangelización tanto de los judíos como de los samaritanos y paganos. Por eso, los comentaristas de los Hechos de los Apóstoles, suelen hablar de "tres Pentecostés": el de los judíos en Jerusalén (Hch 2), el de los samaritanos en Samaria (Hch 8) y el de los paganos en Cesarea marítima (Hch 10). Con la recepción del Espíritu Santo se pone en movimiento la evangelización, la proclamación del Evangelio y la agregación de otros muchos hombres a la comunidad de los creyentes en Cristo. De este modo, el Espíritu hará realidad las palabras de Jesús: "El que me ama será amado por mi Padre; también Yo lo amaré y me manifestaré a él".

Los santos saben y experimentan que Dios cumple sus promesas. Para los primeros cristianos, ésta fue una verdad indiscutible, objeto de experiencia. Bien, las promesas de Dios se siguen cumpliendo también hoy entre los hombres. Claro que hemos de ser muy conscientes de que Dios no nos promete una 'felicidad a la carta', como a veces quisiéramos los hombres; ni un 'mundo' o una 'Iglesia' sin problemas o libres de toda incoherencia; ni unos hermanos cristianos intachables, impecables, siempre con la bondad y la sonrisa en el rostro; tampoco nos promete liberarnos de la calumnia, la persecución, la indiferencia, los malos tratos, o incluso el martirio. Nos promete únicamente el Espíritu, Su Espíritu, y con Él nos da la capacidad para ser felices de un modo nuevo, ajeno a la mentalidad del mundo; nos da la mirada limpia para ver al mundo y a la Iglesia con fe, con optimismo, con paz, con amor; nos da un corazón generoso para abrirnos y acoger a nuestros hermanos en la fe tal como son, con sus debilidades y miserias, con sus cualidades y virtudes, con su fe, su amor y su esperanza auténticos; nos da la gracia de buscar la verdadera liberación, que es primeramente interior y espiritual, y que desde dentro trabaja por conseguir toda otra liberación de los males de este mundo.

 

Sugerencias...

Puesto que Dios cumple sus promesas, nuestras comunidades han de ser comunidades sinodales, misioneras, gozosas y seguras en su fe (Papa Francisco). Sin querer cerrar los ojos al mal existente, la promesa de Dios continúa actuándose y realizándose en medio de la comunidad. Si no la percibimos, ¿no será que nuestra fe es débil, y quizá enfermiza? Por otra parte, sin dejar a un lado las dudas y perplejidades de los cristianos en la concepción y vivencia de su fe, la presencia del Espíritu de la verdad debe confortar a la comunidad cristiana y proporcionarle una gran solidez en su fe. Nuestra fe no se apoya en los hombres, por más geniales que sean, ni en los ángeles, sino en el Espíritu mismo de Dios, que es Espíritu de Verdad, que es el Maestro Interior (otro Paráclito) que fortifica y garantiza la revelación de Dios y la respuesta de fe (martirial) a esa revelación.

martes, 2 de mayo de 2023

homilia Quinto Domingo de PASCUA ciclo A (07 de mayo 2023)

 Quinto Domingo de PASCUA ciclo A (07 de mayo 2023)

Primera: Hechos 6,1-7; Salmo: 32, 1-2.4-5.18-19; Segunda: 1Pedro 2, 4-9; Evangelio: Juan 14, 1-12

Nexo entre las LECTURAS

El tema que transmite Jesús a sus discípulos, en este 5º Domingo de Pascua, es su partida; se lo presenta como un recorrido centrado en dos verbos: “me voy” y “vuelvo”. “Me voy”: “si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles un lugar?” (Jn 14, 1-2). “Vuelvo”: “Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy».” (Jn 14, 3)

Además, NEXO… "Casa de mi Padre", "templo espiritual", "convocación de los discípulos" son expresiones de la liturgia de este Domingo, que pertenecen al mismo campo semántico: el de la construcción, como edificio, como espacio de estancia y reunión. "En la casa de mi Padre hay lugar para todos... voy a preparar ese lugar", nos dice Jesús en el Evangelio. San Pedro recuerda a los cristianos que "son piedras vivas, con las que se construye un templo espiritual... para ofrecer, por medio de Jesucristo, sacrificios espirituales agradables a Dios" (segunda lectura). En la primera lectura, los apóstoles, ante un problema de la comunidad, reúnen a los discípulos, posiblemente en el Cenáculo, y les piden que elijan 7 ‘diáconos’ para el servicio de las viudas de los cristianos helenistas.

 

Temas... Sugerencias…

Me voy… Vuelvo. Alrededor de estos dos verbos gira el eje central de la reflexión y los posteriores interrogantes que le hacen sus discípulos.

Es importante contextualizar el diálogo que mantiene Jesús con sus discípulos para conocer con mayor profundidad lo que está pasando entre Jesús y sus apóstoles.

Al terminar la última cena Jesús empieza a despedirse de sus discípulos. Estos están un poco desorientados y desconcertados, intuyen que algo va a pasar pero no saben exactamente qué y, por otro lado, también se platean qué va a ser de ellos.

Jesús se da cuenta de cómo se encuentran, abatidos, e intenta darles fuerza y ánimo para que no decaigan en la fe: “no se inquieten (que no tiemble su corazón). Crean en Dios y crean también en mí.” (Jn14, 1). Jesús les invita a creer en Él, el mejor camino para creer en Dios. También les dice: “voy a preparar un lugar en la casa de mi Padre”. Y adonde yo voy, ya saben el camino” (Jn14, 4).

Tomás le pregunta: “¿cómo podemos saber el camino que nos permita llegar a Dios si no sabemos a dónde vas?” (Jn 14, 5)

Jesús le contesta: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. “Yo soy el camino que lleva al Padre” (Jn 14, 6). También les dice: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mi” (Jn 14, 1).

Felipe le pide: “Señor, muéstranos al Padre; eso nos basta” (Jn 14, 8).

Jesús le contesta: “quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14, 9)

Jesús, en el evangelio de este 5to Domingo de Pascua se presenta con el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6). Ese es nuestro recorrido en la fe, un camino que vamos realizando y en el que nos vamos encontrando con múltiples dificultades que nos invitan a abandonarlo, teniendo la tentación de salirnos del camino para tomar otras carreteras menos tortuosas.

Jesús se presenta como el Camino, la pregunta es: ¿estamos en el camino de Jesús o estamos fuera de ese camino? Si estamos en el camino de Jesús, no nos sorprendamos si encontramos piedras, dificultades, obstáculos…, no importa, lo verdaderamente importante es no salirnos de ese camino que Jesús nos está indicando. Es mejor avanzar poco y despacio en el camino de Jesús que ir corriendo para llegar a donde sea fuera del camino de Jesús.

En este día Jesús se presenta con el Camino, la Verdad y la Vida:

Camino: porque Él es el ejemplo a seguir. Él nos está mostrando qué caminos debemos recorrer: preocuparnos de los que sufren, defender la causa de los que no cuentan, estar al lado de los desvalidos, luchar por la dignidad de las personas, dar voz a los que no la tienen, ser creíbles por nuestras buenas obras ante los ojos de la sociedad…

Verdad: descubrir que la única verdad es el amor y descubrirlo acercándonos al prójimo concreto que sufre y es olvidado, marginado, inmigrante.

Vida: encontrar en Cristo la vida y encontrarnos con un Cristo vivo y capaz de hacernos vivir. Aunque caigamos, aunque nos tropecemos, levantémonos y continuemos en ese caminar; nuestra tarea es asegurarnos de no salirnos de ese camino y cuando tengamos la tentación de hacerlo acordémonos de las palabras de Jesús que dijo a sus apóstoles: "¿Ustedes también quieren irse?”(Jn 6, 67)... "¿Y adónde vamos a ir? Sólo tú tienes palabras de vida eterna"(Jn 6, 68).

Jesús se presenta como el Camino, la pregunta es: ¿estamos en el camino de Jesús o estamos fuera de ese camino?

Cuando tenemos la tentación de salirnos de ese camino, qué nos ayuda para continuar en Él, de dónde sacamos las fuerzas para no abandonar el camino, pese a los “baches” del mismo?

¿Qué cosas estoy haciendo para ser camino, verdad y vida para los demás como otros lo han sido para mí?

martes, 28 de marzo de 2023

HOMILIA DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR cA (02 de abril 2023)

 DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR cA (02 de abril 2023)

PrimeraIsaías 50, 4-7; Salmo: Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24; Segunda: Filipenses 2, 6-11; Evangelio: Mateo 26, 3-5.14 – 27, 66

Nexo entre las LECTURAS

En este Domingo con la procesión simple o solemne se conmemora el ingreso de Jesús en Jerusalén. El evangelio que se proclama al inicio de la procesión pone de relieve que Jesús es el “Hijo de David”, importante título mesiánico, y subraya que éste es un Rey humilde, justo y victorioso que restaurará la ciudad de Jerusalén. El clima de la procesión es festivo y es una anticipación profética del triunfo definitivo de Cristo sobre el pecado y la muerte en su misterio pascual.

Después, la liturgia está envuelta en un ‘manto’ de sufrimiento, pero sabemos y creemos que el mensaje no está ahí, sino en la acción misteriosa, misericordiosa y sublime de Dios en medio del dolor, del sufrimiento y de la muerte. En el tercer canto del siervo de Yahvé escuchamos: "El Señor me ayuda, por eso soportaba los ultrajes" (primera lectura). En el himno cristológico de la carta de san Pablo a los Filipenses se nos dice: "Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está sobre todo nombre". Y en el relato de la pasión, Jesús ora a su Padre: ‘Si es posible, que pase de mí este cáliz –de amargura–; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú’; y en el momento de entregar su espíritu, Jesús, el evangelista escribe: "El velo del templo se rasgó en dos partes de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron...", signos todos de la manifestación de Dios al final de los tiempos, según la mentalidad judía. Importa resaltar que el sufrimiento no es un contrasentido, un error de cálculo de la acción creadora, es consecuencia del pecado original y en “Semana Santa”, Dios se nos revela en Cristo como Señor del sufrimiento dándole sentido al sufrimiento diario que ofrecemos por amor uniéndonos a la Pasión del Señor.

Temas...

Situación: En la estructura litúrgica del Domingo de Ramos encontramos una anticipación de lo que celebraremos en los días del Triduo Pascual. Puesto que la celebración del misterio pascual contiene dos aspectos de muerte y de vida, fracaso y triunfo, los ritos del Domingo de ramos se estructuran en torno a dos ejes: procesión aclamatoria en honor de Cristo, lectura solemne de la pasión de Cristo en la Misa.

Debemos tener en cuenta la distinción de ambos aspectos así como su mutua dependencia. Antes de adentrarnos en la celebración de la Pascua de Cristo, nos detenemos a considerar que Jesús es Rey.

La procesión. La Cuaresma ha sido un camino de conversión que la Iglesia ha realizado con Cristo-cabeza en su ascensión hacia la ciudad de Jerusalén. Ahora llega el momento de hacer el ingreso solemne en la ciudad santa. Cristo mismo está presente en la procesión por medio de la cruz que precede el caminar de los fieles; está presente en el evangelio que se proclama al inicio mismo de la procesión; está presente, finalmente, en quien preside la liturgia procesional. Esta procesión es un símbolo hermoso de cómo Cristo camina con cada uno de los hombres en su peregrinar hacia la patria definitiva. La promesa bíblica encuentra también aquí un hermoso significado: “Yo estaré con ustedes”.

Al mismo tiempo, la procesión de los fieles se dirige hacia Cristo que se inmolará en el Altar. La proclamación de la pasión según san Mateo nos hará ver el camino de afrentas que Jesús tuvo que soportar por amor de nosotros, hombres pecadores. La mirada de los fieles, por lo tanto, se dirige con amor a Cristo, amigo de nuestras almas, Cordero inmolado que ha dado su vida en rescate nuestro. San Bernardo comenta que en la procesión se representa la gloria celeste, mientras que en la Misa se hace claro cuál es el camino para llegar a ella. Si en la procesión vemos con claridad la meta hacia la que debemos llegar, es decir, la patria del cielo, la pasión nos hace ver el camino y las condiciones que son necesarias: la persecución, la obediencia humilde, la pasión dolorosa. El ideal sería descubrir ambas realidades: patria celeste y camino para llegar a ella, en su dimensión cristológica. Cristo que camina con nosotros, Cristo que camina delante de nosotros abriéndonos la puerta de los cielos, Cristo que camina y sufre y padece en nosotros que somos su cuerpo.

La fe en Cristo en la pasión de San Mateo. En Mateo descubrimos una perspectiva cristológica. Jesús afirma claramente ante el Sumo Sacerdote que Él es el Mesías, el Señor y que en Él se cumplen las promesas del Reino y se instaura una nueva alianza. (26, 64) Él se muestra dueño de sus acciones y se ofrece libremente al sacrificio por amor. En Getsemaní podría llamar una legión de ángeles (26, 53), pero no lo hace, va libremente a cumplir la voluntad del Padre. La corona de espinas, el manto púrpura, el bastón puesto en su mano, todo esto pondrá de relieve, paradójicamente, su majestad y realeza. En su pasión Cristo es rey y reina. A través de sus sufrimientos es Rey y salva a los hombres. ¡Cristo Rey nuestro!

 

Sólo Mateo presenta los eventos de la pasión en términos escatológicos: el temblor de tierra, la obscuridad, los sepulcros abiertos... La cortina del templo se rasga simbolizando que los sacrificios de la antigua alianza han sido superados por un sacrificio excelente y que ha sido constituida la nueva alianza entre Dios y los hombres por la sangre de Cristo. Esa cruz que está en el centro de la historia es al mismo tiempo el fin de la historia.

Sugerencias...

La vida humana es un camino en el que descubrimos el valor de la cruz. El ingreso festivo de Jesús en Jerusalén sugiere a nuestra reflexión muchos momentos de la existencia humana. Momentos de alegría, de plenitud, de amistad sincera, de realización personal. Momentos en los que se experimenta más vivamente el amor de Dios, la cercanía y cariño de los seres queridos, la belleza de la vida. Sin embargo, en este caminar de la existencia humana advertimos también momentos de tristeza, de pérdida, de dolor, de fracaso. Una enfermedad, la muerte de un ser querido, una pena moral, una incomprensión... Todo ello nos indica que nuestra Patria definitiva no se encuentra aquí, sino que esta vida, que es en sí misma bella y digna de ser vivida, no es sino el inicio de una vida que ya no conocerá el dolor. Todo esto nos recuerda que somos peregrinos hacia la posesión eterna de Dios y que debemos siempre seguir caminando sin rendirnos ante el cansancio, la fatiga, las penas o los pecados de esta vida. Caminar siempre, avanzar siempre para alcanzar la felicidad eterna que, de algún modo, ya se inició en esta tierra por la fe en Cristo Jesús. No rendirnos ante el tedio de la vida, sino asumir con paz que el camino de la felicidad pasa por la cruz; pero no por cualquier cruz, sino aquella que se vive por Cristo, con Cristo y en Cristo. Se trata de saber descubrir en nuestra vida los “ingresos festivos” en Jerusalén para ensanchar nuestro corazón y caminar por las vías del Señor. Pero al mismo tiempo, disponer el alma para vivir la cruz de cada día, los dolores domésticos, las penas cotidianas con amor, con serenidad, unidos a Cristo.

La educación de la infancia, la Jornada Mundial de la Juventud. Una segunda reflexión se sugiere al ver a los “niños hebreos” que agitan los ramos al paso de Jesús. Se trata de considerar la importancia de educar en la fe y en los valores cristianos a nuestra niñez, a los juveniles y jóvenes. Quizá las generaciones jóvenes están hoy más expuestas que en otras épocas, al influjo negativo de los medios de comunicación y al amplísimo mundo de las redes sociales. Vivimos en una cultura de la imagen que imprime sellos indelebles en el alma de los pequeños (y hasta de los grandes): imágenes de violencia, de injusticias, de lucha entre los hombres, de terror... van dejando sin duda una huella.

Cada cristiano (discípulo misionero) debe sentirse responsable ante esta situación, debe sentir el anhelo de imprimir en el corazón de los que vienen detrás, no sólo imágenes positivas que les ayuden a vivir y esperar, sino también contenidos de fe, de esperanza de amor que los sostengan cuando lleguen a la edad madura. Esta tarea es responsabilidad principalísima de los padres de familia, que forman su hogar como una Iglesia doméstica donde se aprende la fe. Cada niño es como un tesoro que pertenece a Dios y que el mismo Dios ha puesto bajo el cuidado y protección de sus padres. Sin embargo, se trata de una responsabilidad en la que participan también todos los que intervienen en el camino educativo: los profesores, los catequistas, los párrocos...  Dediquemos, como lo hacía el Cura de Ars, una parte no indiferente de nuestro tiempo a la catequesis infantil porque ésos, que hoy son los niños que agitan los ramos de olivo en el atrio de nuestras iglesias, serán los que mañana –lo hacen desde ahora– predicarán el evangelio, formarán comunidades cristianas, entregarán su vida en consagración a Dios, educarán hijos y transmitirán la fe y los valores. “Arte de las artes es educar un niño”. Eduquemos a los niños como lo hacía Jesús: dirijámoslos por las sendas de la virtud, por el amor a la verdad superando toda mentira, por el camino del desprendimiento personal para que sepan darse a los demás.

Un peligro no pequeño de nuestra sociedad es un excesivo individualismo y egocentrismo que recluye a la persona en sí y le impide ser feliz y realizarse en la vida. Aprendamos a valorar los recursos infantiles: ellos, los pequeños, constituyen un ejército de apóstoles por su sencillez, por su amistad íntima y espontánea con Jesús, por su capacidad de lanzarse a grandes empresas sin temor. Los mayores también tenemos que aprender grandes cosas de esos pequeños que agitan traviesos sus ramos en medio de nuestras parroquias…

lunes, 13 de marzo de 2023

HOMILIA Cuarto Domingo de CUARESMA cA (19 de marzo 2023)

 Cuarto Domingo de CUARESMA cA (19 de marzo 2023)

Primera: 1 Samuel 16, 1b.5b-7.10-13a; Salmo: Sal 22, 1-6; Segunda: Éfeso 5, 8-14; Evangelio: Jn 9, 1-41

Nexo entre las LECTURAS

Los caminos de Dios, distintos de los nuestros… ese parece ser el nexo. La primera lectura nos hace leer un

gran regalo de Dios a su pueblo: un rey según su corazón, David. Es una lección de Dios a su pueblo:

además de tomar Él la iniciativa, sorprende a todos, no eligiendo al hijo mayor, al más alto y fuerte, sino a

un muchacho débil, en quien nadie había pensado. Los instrumentos más débiles son los que parece elegir

Dios a lo largo de la historia. Es un modo desconcertante de actuar… En el evangelio, Él elige a un Ciego y

por medio de él nos conduce a la Luz y a la Vida. También ahora, ya más cerca la fiesta anual de la Pascua,

vemos a un hombre de pueblo, hijo de un obrero, pobre, que no pertenece a la nobleza ni a las clases

sacerdotales: pero Él es el Enviado de Dios, y el que con su muerte (aparentemente un fracaso trágico) salva

a la humanidad. Los planes de Dios son distintos de los nuestros, ciertamente. El Salmo nos invita a cantar a

Dios como nuestro Pastor y mostrar nuestra confianza en Él.

En el mundo helenístico, Éfeso como Corinto, eran ciudades cosmopolitas, famosas, ilustres por su cultura y

por su refinamiento 'espiritual'. Según san Pablo, los cristianos son los hijos de la luz, los paganos de Éfeso

pertenecen más bien al reino de las tinieblas que hay que desenmascarar, para que las ilumine Cristo

(segunda lectura).

Temas…

Situación: Hemos escuchado hoy, como el Domingo anterior, un largo texto del evangelio que nos ha

contado (ahora) la historia de un HOMBRE QUE SE ENCONTRÓ A CRISTO EN SU CAMINO, Y SALIÓ

TRANSFORMADO de ese encuentro. El Domingo pasado fue la samaritana, que iba a sacar agua del pozo,

y se encontró con que Jesús le ofrecía un manantial de agua que no se terminaría nunca, el agua

renovadora, capaz de dar una vida nueva, que venía del propio Jesús. Y hoy, de nuevo, nos encontramos

con la historia de un hombre que busca: un ciego de nacimiento, que buscaba la luz.

«Para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». La historia de la curación del ciego de

nacimiento termina con esta alternativa: el que reconoce que debe su vista, su fe, a Cristo, llega, por la pura

gracia del Señor, definitivamente a la luz; pero el que cree que ve y que es un buen creyente por sí mismo y

sin deber nada a la gracia, ése es ya ciego y lo será siempre. Es lo que Jesús dice al final a los fariseos: «Si

estuvieran (completamente) ciegos no tendrían pecado; pero como decís que ven, el pecado de ustedes

persiste». El ciego de nacimiento no pide a Jesús que le conceda la vista, tampoco Jesús le pregunta si quiere

ver; es simplemente una elección de amor para revelar que Dios actúa en favor de su pueblo. Y después,

ayudado por la gracia, el que había sido ciego, se transforma lentamente en un perfecto creyente. Primero

obedece sin comprender: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé. El ciego fue, se lavó y volvió con vista».

Después no sabe quién es realmente el que le ha curado. Pero ante los fariseos se muestra más osado y

confiesa que el hombre que le ha curado es un profeta, y como sus padres no se atreven (por miedo a los

judíos) a reconocer a Jesús como profeta, el ciego tiene el valor de desafiar a sus adversarios («¿También

ustedes quieren hacerse discípulos suyos?») y de dejarse expulsar de la sinagoga. Ahora está ya maduro para

encontrarse con Cristo y (cuando Jesús se da a conocer) adorarle como un auténtico creyente. Sale de las

tinieblas de la desesperanza para entrar en la pura luz de la fe; todo ello en virtud de una gracia que él ni

siquiera ha pedido, una gracia cuya lógica sigue obedientemente y que crece en él como un grano de

mostaza hasta convertirse en el mayor de los árboles.

La elección de David (primera lectura) es como una confirmación de que el más pequeño, aquel en el que

nadie ha pensado (ni Jesé, ni Samuel), se convierte imprevistamente en ‘el justo’, en el elegido de Dios que

supera a todos sus hermanos mayores. «La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el

hombre mira a las apariencias, pero el Señor mira al corazón», dice el Señor al profeta que busca al rey que

ha de ungir. «En aquel momento», no antes, «el Espíritu del Señor invadió a David y estuvo con él en

adelante», el mismo Espíritu que le hace crecer hasta convertirle en símbolo y antepasado de Jesús, en el

profeta que anticipa algo de la pasión de su descendiente, Cristo.

La segunda lectura nos exhorta simplemente a comportarnos como «hijos de la luz». Todos nosotros

hemos seguido el mismo camino que el ciego de nacimiento: «En otro tiempo éramos tinieblas, ahora somos

luz en el Señor»; es decir: hemos sido introducidos por el Señor, que es la luz del mundo, en su luz; por eso:

«Caminen como hijos de la luz». Y como hijos de la luz debemos, al igual que el ciego de nacimiento,

debemos sacar las tinieblas a la luz, transformarlas para que se vea cómo están iluminadas por la luz y, en el


caso de que se dejen transformar, ellas mismas se convierten en luz. Aquí, como en el gran relato del

evangelio, queda claro que la luz de Jesús no sólo ilumina, sino que transforma todo lo que ilumina en luz

que brilla y actúa junto con la de Jesús.

Sugerencias...

- Nosotros somos cristianos porque lo llevamos dentro. Porque hemos encontrado a Jesús y nuestro

encuentro con Él nos ha abierto los ojos. Porque, aunque quizá no lo sabríamos explicar muy bien,

experimentamos que Él, y su vida, y el estilo que nos invita a seguir, y la novedad que Él ha puesto en el

mundo, nos llenan y nos atraen. Nosotros somos cristianos –si queremos llamarlo así– porque Jesús se ha

apoderado de nosotros y nos ha fascinado. Como a aquel ciego de nacimiento. A aquel pobre hombre, Jesús

se le acercó y le cambió la vida. Y ya podían entonces ir mareándolo y diciéndole que no podía ser. ¡Era tan

evidente, que después de haberse encontrado con Jesús todo era distinto para él! ¡Era tan claro que en la vida

ya no podía haber nada más importante que aquel profeta que le había abierto los ojos! ¡Era tan claro que,

cuando Jesús le pide la fe, la única respuesta posible para él es afirmar sus ganas de creer, de estar a su lado,

de seguirlo!

- Este tiempo de Cuaresma es para nosotros un tiempo para reafirmar nuestra adhesión a Jesucristo, nuestra

unión con Él. Él nos ha abierto los ojos y nosotros nos hemos hecho seguidores suyos. Pero eso tenemos que

vivirlo día a día, debemos reafirmarlo cada día. Tenemos que hacer que cada día la presencia de Jesús sea

más fuerte en nuestra vida. Hemos de orar, debemos empaparnos del Evangelio (¿ya leemos el evangelio? ¿o

nos contentamos solo con lo que escuchamos en la Iglesia?), debemos revisar constantemente si nuestra vida

es verdaderamente cristiana. Mirar nuestra vida, también, desde el Catecismo, o ¿sólo porque ya “hicimos la

Comunión” ya no rezamos más con el Catecismo?

- La Pascua, la renovación de nuestro bautismo. Si hacemos esto, entonces, cuando de aquí a tres semanas,

la noche santa de Pascua, encendamos la luz de Jesucristo y de aquella luz encendamos nuestras velas, y

cuando después renovemos nuestras promesas bautismales, nuestra celebración, nuestra fiesta, será

verdadera y auténtica. De aquí a tres semanas, en la noche santa de Pascua, en la Vigilia pascual, tanto los

que nos encontraremos aquí en esta Celebración como los que estén fuera en otros lugares, viviremos con

todo el gozo la presencia salvadora del Señor resucitado. Ahora, en estos días de Cuaresma, lo

acompañaremos, viviremos intensamente nuestro camino de conversión, nos uniremos a Él en su entrega

hasta la muerte en la cruz. Y después, en la Pascua, lo celebraremos y aclamaremos. Porque Él es la única

luz capaz de iluminar de verdad nuestras vidas.

martes, 14 de febrero de 2023

HOMILIA Domingo Séptimo del TIEMPO ORDINARIO cA (19 de febrero de 2023) P. ANGEL

Foto gentileza p.LUIS TORO

 Domingo Séptimo del TIEMPO ORDINARIO cA (19 de febrero de 2023)

PrimeraLevítico 19, 1-2. 17-18; Salmo: Sal 102, 1-2.3-4.8 y 10.12-13; Segunda: 1Corintios 3, 16-23; Evangelio: Mateo 5, 38-48

Nexo entre las LECTURAS

En nuestro itinerario hacia la Cuaresma continuamos escuchando el sermón de la Montaña, que hoy nos habla de no responder al mal con mal sino con BIEN y que la ley nueva consiste en amar… amar a los enemigos. Jesús lleva a plenitud los mandamientos del Antiguo Testamento introduciéndolos en la lógica de la caridad (amor y servicio). Santo Tomás de Aquino muestra que la ley nueva es más exigente en lo interior, pero más liviana en lo exterior –que la ley antigua–. El drama es que, en ocasiones, los cristianos hemos acogido con facilidad la parte liviana, y nos hemos olvidado de la exigente, por eso san Pablo nos pone en atención: “¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios”. Debería notársenos, a los discípulos misioneros, que lo somos por que verdaderamente tratamos de orientar nuestra vida desde la exigencia del amor imitando a Dios…

Temas... Sugerencias...

Cada Domingo, todos los Domingos, somos invitados a mirarnos al espejo de Cristo: a escuchar y aceptar su Palabra viva, orientadora. Hoy es sobre nuestra relación con el prójimo imitando al Padre que está en el Cielo.

La ley del amor: Ya desde el A.T., como hemos escuchado en la primera lectura, se nos urge a que amemos: a que evitemos el odio, o el silencio cuando es cómplice del amor fraterno, o la venganza, o el rencor. Se nos da ya una buena "medida" de amor: amar al prójimo como a ti mismo... Se nos dice que así imitamos a Dios y somos santos como Él. ¿Cuál es la actitud de Dios que debemos imitar? Nos lo ha hecho repetir el salmo responsorial: "el Señor es compasivo y misericordioso". No podemos decir que honramos a Dios si luego no imitamos su manera de actuar con nosotros: lento a la ira, comprensivo, perdonador, rico en clemencia... La caridad con el hermano aparece como una consecuencia ligada a nuestra fe en Dios. Jesús, en el evangelio, ha concretado más esta ley del amor. Ya no debe regir para los suyos la ley del talión, aunque todavía hoy sea lo más espontáneo: ojo por ojo (no me habla, pues yo no le hablo; me critica, pues yo le critico a él). Los seguidores de Jesús debemos aprender la nueva ley, la ley del amor. No vengarse del mal con el mal, sino intentar vencerlo con el bien (San Ireneo de Lyon). Poner la otra mejilla, regalarle también la túnica, recorrer con él no sólo un kilómetro, sino dos, son expresiones muy plásticas del nuevo estilo. El amor es dar gratuitamente. Lo otro (saludar al que ya nos saluda, tratar bien al que ya nos trata bien o para que nos trate bien) es más bien negocio. Cristo no nos enseña sólo un estilo civilizado de convivencia, sino uno claramente superior: un estilo basado en el amor gratuito, desinteresado, cosa que no nos enseña precisamente este mundo.

Un amor bien entendido: Amar no significa siempre callar. El silencio a veces sería colaboración con el mal. A veces el amor incluye, como ya nos dice la primera lectura, la corrección fraterna: unos padres no pueden consentir los malos caminos de sus hijos, los hijos deben saber decir también una palabra oportuna a sus padres, y lo mismo en la comunidad parroquial o en la religiosa. Igual examen habrán de hacer los Sacerdotes y los Obispos (Papa Francisco, 13 de febrero de 2017). Amar no debe significar cruzarse de brazos y renunciar a una posible acción comprometida en la lucha contra las situaciones injustas… amar tiene que ver con discernir delante de Dios (y a veces con muchas horas de rodillas) para conocer, manifestado por Él, qué haría en esta situación y qué debo hacer para imitarlo bien. Pues este nuevo estilo comporta en hacer todo desde una actitud de amor, y no de rencor o de venganza o sólo servilismo. Lo de la mejilla o lo de la túnica no hay que tomarlo necesariamente al pie de la letra, sino desde su urgencia de actitud pacífica, no violenta ni vengativa. Cuando a Jesús le dieron una bofetada, en la Pasión, no puso la otra mejilla, sino que preguntó serenamente por qué le golpeaban, qué mal había hecho.

Tenemos buenos maestros de esta Nueva ley: El modelo primero, que nos proponen las lecturas de hoy, es Dios mismo. "Sean santos como yo", –primera lectura–. Y ya hemos visto qué retrato de santidad de Dios nos ofrecía el salmo: el Dios lleno de misericordia. También en el evangelio se motiva nuestra actitud fraterna con los demás mirando a Dios: "así serán hijos del Padre que está en el cielo": Dios, al hacer llover o salir el sol sobre todos, nos da ejemplo de un corazón universal y no vengativo. El que mejor nos ha podido enseñar esta doctrina es Cristo Jesús, que con su modo de actuar y sus palabras nos ha dado este mensaje de perdón y de amor. En Él es donde mejor hemos podido experimentar en verdad que Dios es amor –y lo meditamos y practicamos especialmente durante el Año Jubileo, ¿recuerdan?–. Es Él el que ha cumplido en plenitud la nueva ley del amor. Y no porque ‘no luchara’ contra el mal, ni se callará ante las situaciones que quería corregir. Cristo denunció el mal. Pero perdonó. Murió pidiendo a Dios que perdonara a los que le mataban. Dios nos enseña a superar la ofensa con el amor, no con otra ofensa justiciera. También es modelo y maestra de este amor hasta el fin la santísima Virgen María… yendo al pesebre, a Egipto, estando en Caná y encontrando al Señor en el camino de la Cruz y al pie de la Cruz y en el Cenáculo en espera del Espíritu Prometido, y siempre con corazón bueno, amable, tierno, dulce... Cada uno en su corazón podría, durante la semana, considerar como modelo el santo o la santa del que tenemos especial devoción… ellos (los santos) amaron hasta el fin.

La novedad y la audacia de esta ley del amor: Conviene expresar que el estilo de vida que nos enseña Jesús para que sea nuestro, aparece ante el mundo y la cultura relativista como contra corriente, difícil, cuesta arriba. Esto de Jesús es muy ‘solo de Jesús’ y porque sabe cómo nos hizo y para qué nos hizo, y por eso no sólo nos dice que no odiemos… nos pide más: que amemos incluso al "enemigo", aunque estemos luchando contra el mal. La gran fuerza que transformaría el mundo, si los cristianos la creyéramos en la práctica, es el amor. Cuando, antes de ir a comulgar con Cristo en la Eucaristía, nos damos el gesto de paz con los de al lado, éste es un gesto amable, pero serio: es nuestro compromiso de que comprendemos el "amén" que damos a Cristo como íntimamente relacionado con el "amén" que en la vida le vamos a decir a nuestros hermanos.

 

Viene bien MEDITAR todo esto y hacerlo vida en las proximidades del Miércoles de Ceniza… recordemos que es PRECEPTO en el ayuno y abstinencia y que es muy recomendable ir a MISA y recibir la ceniza

 

lunes, 6 de febrero de 2023

HOMILIA Domingo Sexto del TIEMPO ORDINARIO cA (12 de febrero de 2023)

 Domingo Sexto del TIEMPO ORDINARIO cA (12 de febrero de 2023)

Primera: Eclesiástico 15, 15-20; Salmo: Sal 118, 1-2.4-5.17-18.33-34; Segunda: 1Corintios 2, 6-10;

Evangelio: Mateo 5, 17-37

Nexo entre las LECTURAS

Las lecturas de hoy se centran en la auténtica libertad. En la primera lectura el autor del Eclesiástico recurre

a imágenes para mostrar la responsabilidad del hombre en su obrar: "Fuego y agua he puesto ante ti, alarga

la mano a lo que quieras. Ante el hombre están vida y muerte; lo que él quiera se le dará". Jesucristo, en el

Evangelio, desafía la libertad con la elección: "Han oído que se dijo...pero Yo les digo...". Se nos pide que

elijamos libremente hacer el bien… nos liberó Cristo no de algo, sino para algo, para practicar el amor

(obras de misericordia) y el servicio. Finalmente, san Pablo exhorta a los cristianos de Corinto a elegir una

sabiduría superior: divina, misteriosa, escondida, que Dios nos ha revelado por medio de su Espíritu

(segunda lectura). Dice el autor del Salmo que son felices los que siguen la Ley del Señor y termina con una

súplica humilde: Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos, y yo los cumpliré a la perfección.

Temas...

El sentido de la ley: Al comienzo del evangelio, Jesús subraya que no ha venido a abolir la ley dada por

Dios en la Antigua Alianza, sino a darle plenitud: a cumplirla en su sentido original, tal y como Dios quiere.

Y esto hasta en lo más pequeño, es decir, hasta el sentido más íntimo que Dios le ha dado. Este sentido fue

indicado en el Sinaí: «Santifíquense y sean santos, porque yo soy santo» (Lv 11, 44). Jesús lo reitera en el

sermón de la montaña: «Sean buenos del todo, como es bueno el Padre del cielo» (Mt 5, 48). Tal es el

sentido de los mandamientos: quien quiere estar en alianza con Dios, debe corresponder a su actitud y a sus

sentimientos; esto es lo que pretenden los mandamientos. Y Jesús nos mostrará que este cumplimiento de la

ley es posible: Él vivirá ante nosotros, a lo largo de su vida, el sentido último de la ley, hasta que «todo (lo

que ha sido profetizado) se cumpla», hasta la cruz y la resurrección. No se nos pide nada imposible, la

primera lectura lo dice literalmente: «Si quieres, guardarás sus mandatos». «Cumplir la voluntad de Dios»

no es sino «fidelidad» «nobleza», es decir: nuestro deseo de corresponder a su oferta con gratitud. «El

precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable... El mandamiento está a tu alcance;

en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo» (Dt 30, 11.14).

Jesús dice…: Ciertamente parece que en todas estas antítesis («Han oído que se dijo a los antiguos... Pero

Yo les digo») Jesús quiere llevar a plenitud la ley de la Antigua Alianza. Pero la “nueva Ley” no es más que

la que desvela las intenciones y las consecuencias últimas de la antigua. Jesús, además, la purifica de la

herrumbre que se ha ido depositando sobre ella a causa de la negligencia y de la comodidad minimalista de

los hombres, y muestra el sentido límpido que Dios le había dado desde siempre. Para Dios jamás hubo

oposición entre la ley del Sinaí y la fe de Abrahán: guardar los mandamientos de Dios es lo mismo que la

obediencia de la fe. Esto es lo que los «letrados y fariseos» no habían comprendido en su propia justicia, y

por eso su «justicia» debe ser superada en dirección a Abrahán y, más profundamente aún, en dirección a

Cristo. La alianza es la oferta de la reconciliación de Dios con los hombres, por lo que el hombre debe

reconciliarse primero con su prójimo antes de presentarse ante Dios. Dios es eternamente fiel en su alianza,

por eso el matrimonio entre hombre y mujer debe ser una imagen de esta fidelidad. Dios es veraz en su

fidelidad, por lo que el hombre debe atenerse a un sí y a un no verdaderos. En todo esto se trata de una

decisión definitiva (libertad): o me busco a mí mismo y mi propia promoción, o busco a Dios y me pongo

enteramente a su servicio; es decir, escojo la muerte o la vida: «Delante del hombre están muerte y vida: a

cada uno le darán lo que cada uno escoja» (primera lectura).

La profundidad con la que Jesús conoce y comprende la ley de Dios conduce a la ganancia del Reino de los

cielos (Mt 5,20) o a su pérdida, el infierno, el fuego (Mt 5, 22.29.30). El que sigue a Dios, le encuentra y

entra en su Reino; quien sólo busca en la ley su perfección personal, le pierde y, si persiste en su actitud, le

pierde definitivamente. El mundo (dice Pablo en la segunda lectura) no conoce este radicalismo; sin el

Espíritu revelador de Dios «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar» lo que Dios da cuando

se corresponde a su exigencia. Pero a nosotros nos lo ha revelado el Espíritu Santo, «que penetra hasta la

profundidad de Dios», y con ello también hasta las profundidades de la gracia que nos ofrece en la ley de su

alianza: «ser como Él» en su amor y en su misericordia.

Sugerencias...

La libertad cristiana en una sociedad pluralista requiere de gran discernimiento. Los fieles cristianos

vivimos en el pluralismo religioso, político, cultural. Un pluralismo que afecta al mismo modo de ver el bien


y el mal y, consiguientemente, a opciones diversas en campos importantes de la vida humana o de la

sociedad. Para un cristiano el aborto voluntario es siempre un mal, pero en la sociedad pluralista hay quienes

en algunos casos lo consideran posible y hasta necesario. Para un cristiano la prostitución va contra la

dignidad de la mujer y del varón, pero hay quienes la consideran como una "profesión", buena y legítima

como otras... Este pluralismo no ha de debilitar nuestras convicciones, más bien las debe afianzar y nos

llevará a dar razón de nuestra fe y de nuestra postura (San Juan Pablo II, jornada mundial de los jóvenes en

Buenos Aires, Argentina). Pero tampoco nos ha de llevar al fanatismo y a la intransigencia con quienes no

comparten nuestra fe y nuestra moral (Papa Francisco, E. Gaudium). El respeto a las diferencias y el diálogo

ecuménico y más que nada el testimonio de coherencia cristiana, debe ser el camino preferido por nuestra

LIBERTAD.

El Espíritu de libertad. El cristiano, cada discípulo–misionero, en el buen ejercicio de su libertad, actúa

bajo la acción del Espíritu. El discernimiento por obra del Espíritu y la docilidad a este mismo Espíritu

permiten al cristiano el uso más pleno de su libertad, el paso de lo bueno a lo mejor, de lo no exigido por la

sociedad o por el ambiente en que se vive a lo exigido por la conciencia, de la simple ayuda a los demás a la

generosidad sin medida. Mientras más dócil sea cada cristiano a la acción del Espíritu Santo en su

conciencia, más libre será en sus opciones fundamentales y en las decisiones grandes y pequeñas de todos

los días. Con el Espíritu Santo y solo con Él, “comprendemos que Jesús no da importancia sencillamente a la

observancia disciplinar y a la conducta exterior. Él va a la raíz de la Ley, apuntando sobre todo a la intención

y, por lo tanto, al corazón del hombre, donde tienen origen nuestras acciones buenas y malas. Para tener

comportamientos buenos y honestos no bastan las normas jurídicas, sino que son necesarias motivaciones

profundas, expresiones de una sabiduría oculta, la Sabiduría de Dios, que se puede acoger gracias al Espíritu

Santo. Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu, que nos hace

capaces de vivir el amor divino. A la luz de esta enseñanza, cada precepto revela su pleno significado como

exigencia de amor, y todos se unen en el más grande mandamiento: ama a Dios con todo el corazón y ama al

prójimo como a ti mismo” (Francisco, 16 de feb de 2014).

Nuestra Señora del SI, del HÁGASE, ruega por nosotros.

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...