lunes, 17 de julio de 2023

HOMILIA Domingo decimosexto del TIEMPO ORDINARIO cA (23 de julio de 2023)


 Domingo decimosexto del TIEMPO ORDINARIO cA (23 de julio de 2023)

Primera: Sabiduría 12, 13. 16-19; Salmo: Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a; Segunda: Romanos 8, 26-27; Evangelio: Mateo 13, 24-43 

Nexo entre las LECTURAS

Jesús nos pide que seamos pacientes y misericordiosos, es el nexo. El texto que escuchamos del Libro de la Sabiduría nos habla del infinito poder de Dios, y de lo bien que sabe administrarlo, siendo benigno e indulgente. Así, es ejemplo para que nosotros también sepamos gestionar el tiempo que tenemos para hacer el bien en el amor y en el servicio. En relación con esta reflexión del Libro de la Sabiduría, el salmista proclama el amor, la bondad y la clemencia de Dios, ante quien se postran todos los pueblos y a quien el propio salmista le pide fortaleza. La segunda lectura se toma de la Carta a los Romanos. San Pablo nos habla de cómo el Espíritu Santo, de un modo misterioso, nos ayuda a orar desde lo más hondo de nuestro corazón. Y Dios Padre escucha esta oración. Del Evangelio, según san Mateo, escuchamos un largo texto del capítulo 13 en el que Jesús cuenta tres parábolas sobre el Reino de Dios: la cizaña, el grano de mostaza y la levadura. A continuación, los discípulos le piden que les explique la parábola de la cizaña… Jesús nos pide que seamos pacientes y misericordiosos.

Temas...

Entra en escena la cizaña. El pasado Domingo la parábola del sembrador nos aportaba un mensaje de esperanza: no somos tierra abandonada. Somos tierra de siembra. Porque el Señor sale siempre a sembrar en nosotros.

Pero en la parábola que acabamos de escuchar hoy, las cosas se ‘complican’. Es como si, después de ofrecernos una visión de conjunto del campo, la cámara se acercará más y más al objetivo y nos ayudará a descubrir aquello que de lejos no podíamos distinguir, Resulta que en el campo no todo es trigo. Entremezclado con él, ha crecido también la cizaña, una hierba venenosa que sería capaz de alterar la harina. Ha pasado desapercibida porque tan sólo es posible identificarla cuando hecha espigas.

Es comprensible la alarma de los jornaleros al darse cuenta. Van corriendo al encuentro de su amo y le dicen: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Y se produce un diálogo entre criados y amo, en el que está contenida la lección esencial de la parábola. Fijémonos.

Después de mostrarse escandalizados por el hecho, como si no quisieran aceptarlo, los criados hacen una sugerencia insensata: "¿Quieres que vayamos a arrancar la cizaña?".

Por el contrario, el amo no se muestra escandalizado. Deja entender que ya sabe de qué va la cosa: "Un enemigo lo ha hecho". Y rechaza la propuesta de sus criados con un argumento de sentido común: "No, que podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega". Será entonces el momento de la separación.

Puesto esto… vayamos ahora al significado de la parábola.

El campo es el mundo. También, en el contexto de este capítulo 13 de Mateo, puede significar el Reino de Dios, la vida de la Iglesia. En el mundo hay mucho trigo, pero también abunda la cizaña. La vida de la Iglesia está llena de la buena semilla que en ella siembra el Hijo del hombre, pero el espíritu del mal también esparce en ella la cizaña del pecado. ¿Cuál debe de ser nuestra actitud, sobre todo cuando algún hecho especialmente doloroso nos hace caer en la cuenta de lo cruda que puede llegar a ser la vida real?

No nos escandalicemos. La parábola de hoy (trigo y cizaña) nos enseña, en primer lugar, a no escandalizarnos ante la presencia del mal. Hay quien encuentra motivos para dudar de Dios al percatarse de que la corrupción abunda más de lo que sospechaba. Hay también quien halla motivos de desánimo ante las debilidades y el pecado de los demás. O quien a partir de ahí tiene un pretexto para desentenderse de sus responsabilidades cívicas, ordinarias y/o las eclesiales. Incluso cuando nuestra apreciación es justa, cosa que no pasa siempre, porque a menudo las apariencias nos engañan, incluso entonces hemos de ser constructivos. Es muy peligrosa la actitud del todo o nada En eso consiste el peligro del puritanismo.

Existe el trigo y existe la cizaña, y la existencia de la cizaña no me debe ser excusa para dejar de ser trigo.

Paciencia contra intransigencia. La paciencia es la segunda lección de esta parábola. Paciencia contra intransigencia. Paciencia como la de Jesús en su pasión, contra el espíritu de cruzada que representa Pedro cuando, en el huerto de Getsemaní, comete ‘el error’ de desenvainar la espada. Recordemos la primera lectura de hoy: "Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe de ser humano...". Todos tenemos que convivir, poniendo el juicio en manos de Dios. En esto consiste el buen estilo evangélico. Y no olvidemos aquello que gustaba afirmar san Pedro Crisólogo: "La cizaña de hoy, puede convertirse mañana en trigo".

La fuerza del Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad. Todavía podemos destacar una tercera lección de la parábola de hoy: hemos de confiar en la fuerza del trigo, en la fuerza del bien, en la fuerza del "Espíritu que viene en ayuda de nuestra debilidad", como nos ha dicho san Pablo en la segunda lectura. Por más cizaña que haya, el trigo sigue creciendo, nunca para de crecer... Así lo veremos en el día de la siega.

Las dos breves parábolas intercaladas en la del trigo y la cizaña, también estimulan esta confianza: el grano de mostaza es pequeño pero crece más alto que todas las hortalizas... La levadura se diría que desaparece escondida en la harina, pero hace que la masa fermente... Ni el grano de mostaza ni la levadura necesitan que nadie les añada potencia artificial y pretenciosa. La tienen toda. Les viene del Espíritu.

Sugerencias...

Ser apóstoles del bien. No cerraremos los ojos al mal, mas ¿por qué casi nos volvemos ciegos para el bien? Casi que el bien no tiene apóstoles, sino más bien y con frecuencia críticos. En cambio, el mal, el crimen, el desorden moral está en las pantallas de la televisión y de las redes sociales, en los titulares de los periódicos y en los labios de muchos –que se dicen- cristianos. Muchos están ocupados por el medio ambiente y por la ecología del planeta, por las mascotas o las especies en extinción; habremos de interesarnos, al menos por igual, de la ‘ecología moral’ de nuestros medios de comunicación social, de la ‘limpieza ética’ de las calles de nuestras ciudades. Si el grado de contaminación atmosférica sube más allá de lo normal, enseguida se adoptan medidas para hacerlo descender, pero, ¿qué pasa si la contaminación inmoral sube más de lo decente y honesto? A cualquiera que ponga el dedo en la llaga, le lloverá un diluvio de críticas y no pocas veces de improperios. Ciertamente hay que aplacar el mal que se ve y que se propaganda; sepamos que es muy importante y eficaz acallar el mal con la proclamación del bien, desarraigar el mal a base de bien y de bondad, de paciencia y comprensión.

La Iglesia es de todos y hay lugar para todos. Hay santos y hay pecadores, hay líderes y hay liderados, hay trigo y hay cizaña, hay flaqueza del hombre y hay misericordia de Dios. Iglesia santa y pecadora. Así es nuestra Iglesia. Como la luna con fases de esplendor (llena) y ausencia de esplendor (nueva), con luz que no es propia, sino que nos viene del Sol, Jesucristo resucitado. Aquí está presente el profundo realismo que nos invade y nos envuelve. Por prolongación, podríamos también decir: "Parroquia santa y pecadora", "institución religiosa santa y pecadora". Seamos realistas con nosotros mismos y en nuestra actividad pastoral. Tengamos fe, con todo, en que puede crecer en medio de nuestra comunidad parroquial o religiosa y en la misma familia, la santidad y disminuir el pecado. Con la liturgia de hoy estemos seguros de que "Dios puede utilizar su poder cuando quiera" (primera lectura) y de que "el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza... e intercede por nosotros con gemidos inefables" (segunda lectura). Convenzámonos con el Evangelio de que la semilla del bien va a transformarse en un árbol gigante.

Es el tiempo de la siembra y el tiempo de la vida el Tiempo Ordinario. En invierno se nota más… pues, bajo una aridez aparente, fecundan las semillas. Parecería que no hay señales de vida porque la vida late bajo la tierra fértil. Día a día, semana tras semana, penetra en nosotros la semilla, la Palabra que Dios que el sembrador esparce en nuestra tierra, en las tierras diversas de las que Jesús hablaba (Mt 13, 1-8; 18-23). Mientras vivimos el “Tiempo Ordinario” atendemos a la profundidad de nuestras vidas personales, acogemos en nuestra entraña creyente la semilla; el Espíritu, la fecunda y van naciendo en nuestra entraña brotes de vida. El “Tiempo Ordinario” es tiempo de interioridad, de madurez, de silencio y contemplación, de lluvias y fríos y rocíos, de vida latente que crece y empuja. Tal vez es por eso (conveniencia), que el color verde sea el color de este Tiempo.

María, Virgen fecunda, ruega por nosotros.

martes, 13 de junio de 2023

HOMILIA Domingo decimoprimero del TIEMPO ORDINARIO cA (18 de junio de 2023)

 Domingo decimoprimero del TIEMPO ORDINARIO cA (18 de junio de 2023)

PrimeraÉxodo 19, 1b-6a; Salmo: Sal 99, 1b-3. 5; Segunda: Romanos 5, 6-11; Evangelio: Mateo 9, 36 – 10, 8

Nexo entre las LECTURAS

En el largo camino de las relaciones entre los hombres y Dios, comienza en el Sinaí una nueva fase: la elección y constitución de un pueblo por parte de Dios. Así dice el Éxodo: “Ustedes serán el pueblo de mi propiedad entre todos los pueblos”. Con Jesucristo se instala en la historia un nuevo pueblo de Dios, cuyos fundamentos son los Doce: “Jesús llamó a sus doce discípulos... Los nombres de los doce apóstoles son: primero Simón...”. El nuevo pueblo de Dios ha sido constituido mediante la ofrenda total de Jesucristo en la cruz por la que el Padre nos ha reconciliado consigo: “Dios ya desde ahora nos ha concedido la reconciliación por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

¡Qué bueno rezar con el salmista: “Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño”!

Temas...

Un pueblo constituido por Dios y formado por hombres. En Egipto las diversas tribus descendientes de Jacob no formaban un solo pueblo bajo la guía de YHWH. Es recién en el Sinaí donde Dios toma la iniciativa y hace de las doce tribus un único pueblo de su propiedad mediante el pacto en la sangre del cordero. En continuidad con el pueblo de Israel, Jesús constituye un nuevo pueblo, eligiendo a doce discípulos en representación/conmemoración de las doce tribus de Israel y como base del nuevo pueblo cristiano. Ni el pueblo de Israel ni la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se constituyen a sí mismos; si existen, es porque Dios los ha hecho existir, esa es la noción que quiere expresar el vocablo IGLESIA (asamblea convocada por la santidad de Dios) . Con todo, sin esos hombres que salieron de Egipto o sin los Doce Dios no habría podido constituir un pueblo suyo. Los hombres son ‘necesarios’ para formar el pueblo y para llevar a cabo su razón de ser en la historia.

El medio con que Dios constituye su pueblo es la alianza. Se trata de una alianza entre el rey (Dios) y su vasallo (el pueblo), con una serie de cláusulas con las que recíprocamente se prometen fidelidad. En esta alianza entre Dios y su pueblo, la fidelidad de Dios está más que asegurada, no así la del pueblo de Israel ni la de la Iglesia. Por eso, hay que estar recordando continuamente la alianza de fidelidad para con Dios. Igual nosotros –antes de recibir el bautismo– nos encontrábamos con: opresión, división, enemistad y odio, irredención. Vino el Redentor, el Hijo hecho carne y nos dio toda clase de gracias y bendiciones y se nos pide que seamos fieles hasta el fin con una vida nueva de discípulos-misioneros para gloria de Dios y salvación de todos. Y continuamente centramos nuestra vida en la Palabra de Dios para enmendarnos y fieles a la alianza.

¿No hay aquí motivo más que suficiente para mantener con generosidad e ilusión la fidelidad a la alianza?

Dios constituye el pueblo de Israel y posteriormente la Iglesia con un fin. Ese fin es, por un lado, proclamar y salvaguardar en la historia el reinado de Dios, y por otro el hacer presente y viva entre los hombres la salvación universal y completa que Jesucristo nos ha traído a todos mediante su cruz y resurrección (misterio que bien acabamos de celebrar en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús). El monoteísmo judío encuentra su plena realización en el misterio cristiano de la Trinidad, con la afirmación inefable de tres personas en un único Dios (misterio celebrado hace pocos Domingos). La salvación universal es Don de Dios y tarea de la Iglesia, que es signo de la unión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí (LG 1). La filiación divina y la fraternidad humana son el mensaje esencial de la Iglesia, y proclamar este mensaje la razón de su ser en el mundo. Por eso es bueno y por fidelidad a Dios que revisemos, como nos dice el Papa, la sinodalidad eclesial y la misión, para ser fieles a Cristo que con estas intenciones la fundó. Además, no olvidemos de ir preparando en el corazón y en el seno del mundo los jubileos de 2025 y 2033.

Sugerencias...

Un solo pueblo. La realidad actual de la sociedad y de la Iglesia estimulan la promoción y la práctica pastoral de la unidad en la diversidad de razas, culturas, partidos políticos, situaciones legales, asociaciones e instituciones. En este "maremagnum" de diferencias, la Iglesia como institución y los obispos, párrocos, sacerdotes y diáconos en virtud de su ministerio de comunión, deben ser un faro alto y luminoso de unidad, de solidaridad, de servicio generoso a todos, en medio de las diferencias y conscientes de la real dificultad de mantener en unidad de intenciones la diversidad real de los hombres en tantos campos del obrar humano. Se puede y se debe, si la conciencia así lo dicta, pertenecer a diversos partidos siendo miembros de una y misma Iglesia; o aceptar en la comunidad parroquial a migrantes de otros países, sin que se sientan humillados o ciudadanos y cristianos de segunda categoría. Puede que haya en la parroquia la presencia de diversos movimientos o asociaciones eclesiales, y que todos contribuyan, según su carisma propio, a la unidad en el respeto y en la caridad, a la animación de la pastoral parroquial, a la santificación y al mejoramiento moral de los fieles de la parroquia...

Una sola misión. La Iglesia, la parroquia, los movimientos eclesiales y los grupos parroquiales tienen un único objetivo, aunque los modos de conseguirlo sean muy diversificados: Hacer eficaz el Evangelio de Jesucristo entre los hombres mediante la palabra, las obras y el testimonio de los buenos cristianos. Si Cristo es predicado, si Cristo es conocido, no importa que lo sea por obra de alguien que no pertenece a mi grupo o que usa métodos diversos de los míos. Si Cristo transforma la vida de los hombres, debo sentirme feliz, aunque no sea yo el instrumento de Dios, sino otra persona. Es inmensa la tarea de la Iglesia en el momento actual, como para estar perdiendo tiempo en pensamientos o incluso en disputas sobre si éste o el otro grupo actúan así o asá, usan ‘métodos’ que no comparto, tienen ciertas actividades que me resultan extrañas, son más tradicionales o más liberales... Mientras se conserve la unidad de fe y de moral, hay cabida para todos en la Iglesia y todos contribuyen a la presencia viva y eficaz de la Iglesia en el mundo.

 

lunes, 12 de junio de 2023

HOMILIA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. Solemnidad cA (16 de junio 2023)


 SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. Solemnidad cA (16 de junio 2023)

PrimeraDeuteronomio 7, 6-11; Salmo: 102, 1-4. 6-8. 10; Segunda: 1 Jn 4, 7-16; Evangelio: Mateo 11, 25-30

Nexo entre las LECTURAS… y Temas...

La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús es la celebración del amor de Dios a los hombres, que culmina en el don de su Unigénito, el cual ha amado al mundo con «corazón de hombre» (GS 22), un corazón tomado para instrumento de amor infinito. La primera lectura (Dt 7, 6-11) sube a la consideración del amor de Dios en el Antiguo Testamento, manifestado sobre todo en las relaciones con Israel. Dios eligió a ese pueblo, no porque tuviese méritos especiales, sino por elección libre de su amor: «Si el Señor se enamoró de ustedes y los eligió, no fue por ser ustedes más numerosos que los demás –porque son el pueblo más pequeño–, sino por puro amor» (ib 7-8). La historia de Israel tiene una sola explicación: el amor de Dios. Por amor lo eligió Dios, lo libró de Egipto, pactó con él una Alianza, le dio en posesión la tierra prometida, hizo nacer de su estirpe al Salvador. Es la historia de todo hombre: Con amor eterno te he amado –le dice el Señor–; por eso he reservado gracia para ti» (Jr 31, 3). Dios llama a la existencia por amor, por amor gobierna y dirige la vida de cada criatura, deseando hacerla partícipe de su bienaventuranza eterna. En verdad que «él nos amó primero» (1 Jn 4, 19).

Sobre esta verdad se detiene la segunda lectura (ib 7-16): verdad que se origina en otra más excelsa aún: «Dios es amor» (ib 8.16). Siendo Él amor, todas sus obras son amor; y la obra que lo demuestra principalmente es «que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que tengamos la vida por medio de él» (ib 9). Para crear al hombre de la nada bastó un simple acto de la voluntad de Dios: para redimirlo del mal, Dios comprometió a su Hijo a que asumiese un cuerpo humano y lo inmolase «como propiciación por nuestros pecados» (ib 10). Fijando su mirada en el Hijo de Dios que se anonadó hasta tomar «condición de siervo» (Flp 2, 7), hacerse siervo de los hombres y morir en cruz por ellos, todos los hombres pueden repetir: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4, 16). La profundización del misterio hace al hombre capaz de amar en plenitud, ante todo a Dios que nos amó primero y, en Dios, a los hermanos, objeto como nosotros del mismo amor: «Queridos hermanos: si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros» (ib 11).

El Evangelio (Mt 11, 25-30) descubre más aún el amor de Dios al hombre, mostrándolo en el comportamiento de Jesús «manso y humilde de corazón» (ib 29). Jesús tiene una compasión inmensa de todos los sufrimientos y miserias de la humanidad, y dice: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré» … ¡gran misterio, es éste! y nos anima a acercarnos más que nunca al Sagrado Corazón en los días de dolor (por ejemplo con el COVID-19,  la guerra en Ucrania y todo dolor). PERO no olvidar que lo que más oprime el corazón del hombre es el pecado y para librarlo de este peso Jesús lo tomará sobre sí, lo llevará a la cruz y lo destruirá con su muerte. Por eso no se cansa de ir en busca de pecadores que salvar, de hijos pródigos (varones y mujeres) que devolver al amor del Padre y extraviados que poner de nuevo en el camino del bien. Como única condición pone, para ir con Él, creer en Él y sustituir el peso oprimente del pecado por el liviano de su ley: «Carguen con mi yugo..., porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera» (ib 29-30). La ley de Cristo es «yugo», porque exige disciplina de las pasiones y negación del egoísmo y de la ambición desmedida, pero es yugo «llevadero y ligero» porque es ley de amor. Cuanto más imiten los hombres la mansedumbre y humildad de Cristo, tanto más experimentarán lo dulce que es seguirlo en obediencia al Padre, lo dulce que es amar como Él ha amado, aun cuando el amor exija los mayores sacrificios. «Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso» (ib 29). El Corazón de Cristo es fuente inagotable de consuelo y de salvación, y juntamente escuela de santidad. Y si vamos al MAGISTERIO de su Corazón… de Él aprenderemos como andar los días de nuestra vida peregrinando hacia la eternidad … Recordemos que ¡LOS HOMBRES ANDAMOS MAS CON EL CORAZÓN! que con los pies (cfr.: San Agustín) y por eso seguimos aunque somos tentados de abandonar a Dios y perseguidos por este mundo que pasa.

 

Sugerencias...

Se podría pensar que después de la solemnidad de la Santísima Trinidad, terminaría el Año Litúrgico, las celebraciones restantes sólo podrían significar un declive. Pero esto sería desconocer que el misterio trinitario de Dios sólo se nos revela mediante la entrega perfecta de Jesús. PRIMERO es la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesús y DESPUÉS la del Sagrado Corazón de Jesús COMO concreciones últimas del modo como se nos revela el Dios trinitario: el Padre nos da al Hijo en la Eucaristía realizada por el Espíritu; el corazón traspasado del Hijo nos da acceso al corazón del Padre; y el Espíritu de ambos brota de la herida para el mundo.

 

- El evangelio designa a Jesús como «humilde de corazón", pero en un contexto eminentemente trinitario: la afirmación de que al conocimiento recíproco del Padre y del Hijo sólo tienen acceso aquellos a los que el Hijo se lo quiera revelar, y éstos son precisamente los pequeños, «la gente sencilla» o, en el sentido de Jesús, los «humildes»; aquellos, por tanto, que tienen ya sentimientos afines a los del Hijo. Pero el Hijo no tiene estos sentimientos únicamente a partir de su encarnación, sino que los tiene, (podríamos decir) como «Hijo» que es, desde toda la eternidad: su actitud frente al Padre, al que, como origen de la divinidad, designa como «más grande» que Él mismo, su actitud de perfecta obediencia y disponibilidad, no es más que la respuesta a la actitud del Padre, que no oculta nada a su Hijo, sino que le da y le revela todo lo que Dios tiene y es, hasta lo último, hasta lo más profundo e íntimo de sí mismo. Es casi como si la «herida del costado» más original, de la que brota lo último, fuese la herida de amor del propio Padre, de la que hace brotar lo último que tiene. Cuando el Hijo encarnado invita a los que están cansados y agobiados a encontrar su alivio en Él, está siendo en el mundo la imagen perfecta del Padre y nos exhala el Espíritu como OTRO Paráclito.

- La primera lectura (del Deuteronomio), que todavía no conoce el misterio de la Trinidad de Dios, pero sabe ya, por la alianza pactada entre Dios e Israel, que en Dios hay un misterio de amor insondable. Aquí se prescinde de todas las razones lógicas que podrían explicar por qué debía elegirse precisamente a Israel y únicamente queda el amor como motivación de semejante condescendencia y elección divinas. Se recuerda ciertamente que con ello Dios se mantiene fiel al juramento hecho a los padres, pero de este modo la elección amorosa de Dios simplemente se traslada al tiempo de estos padres, en el que en el fondo Dios tenía aún menos motivos para preferir de una manera tan particular a unos pocos hombres, los patriarcas. Con la mirada puesta en el amor insondable de Dios, Israel pudo formular el «mandamiento principal», la respuesta de amor incondicional del pueblo a Dios.

- Con la mirada puesta en el amor del Dios unitrino, manifestado en Jesucristo y demostrado en su pasión, puede Juan, en la segunda lectura, designar a Dios simplemente como «amor». Juan es ciertamente el testigo privilegiado que ha visto el corazón traspasado de Cristo en la cruz, confirmando el hecho de una manera triple y solemne; y en su carta repite una vez más el acontecimiento en el que ha leído su afirmación de que Dios es amor: «Nosotros hemos visto y damos testimonio», dice Juan como testigo ocular, que puede decir enseguida con la comunidad: «Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él». En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús celebramos la prueba última y definitiva de que el Dios trinitario no es sino amor: en un sentido absoluto e inconcebible que nos supera infinitamente.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío… es la súplica que brota de nuestro corazón, humilde y sencillo, que tiene miedo, se asusta y te pide ayuda… entre muchas intenciones… por la salud de todos y para que podamos volver en santidad, si es tu voluntad, al cumplimiento de nuestros deberes acostumbrados. PROMETEMOS hacerlo, con tu ayuda, obedeciendo los mandamientos y practicando las obras de misericordia.

martes, 6 de junio de 2023

HOMILIA Domingo del "DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO" ciclo A (11 de junio 2023)

 Domingo del "DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO" ciclo A (11 de junio 2023)

Primera: Deut 8, 2-3. 14b-16a; Salmo:147, 12-13. 14-15. 19-20; Segunda: 1Corintios 10, 16-18; Evangelio: Juan 6, 51-58

Nexo entre las LECTURAS

Maná, pan (carne) y vino (sangre) son los términos que abundan en este Domingo en que se celebra la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Según el Deuteronomio (1a lectura), Moisés dice al pueblo: "(El Señor tu Dios) te ha alimentado con el maná, un alimento que no conocías, ni habían conocido tus antepasados". Jesús en el evangelio afirma: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo os daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo". Por su parte, Pablo en su primera carta a los corintios (2a lectura) les pregunta: "El pan que partimos, ¿no nos hace entrar en comunión con el cuerpo de Cristo?"  

 

Temas...

Entre los diversos aspectos de la doctrina católica que se podrían meditar, me voy a fijar en que la Eucaristía es un alimento no conocido (Papa Francisco). El maná del desierto o el pan de la Eucaristía es un pan que el hombre no conoce. Quiere esto decir que es un pan que no está en el poder del hombre producir para satisfacer su hambre, cuando sienta necesidad. Quiere decir, en otros términos, que es Dios, únicamente Él, quien lo otorga. No es, por tanto, un pan disponible a nuestro antojo, un objeto más de nuestro capricho, aunque éste tenga apariencia "religiosa". Está disponible sólo a nuestra oración humilde, a nuestro clamor sincero de gran penuria y de viva y urgente necesidad.

Es también un pan no conocido, porque no existía y porque se ignoraban sus efectos. El maná no existía para los israelitas durante su permanencia en Egipto, únicamente en el desierto Dios se lo dio para que no murieran de hambre, en la marcha hacia la tierra prometida. La Eucaristía no existía antes de que Jesús la instituyese en la Última Cena, y la hiciese instrumento santísimo de su presencia personal entre los hombres. Sus efectos son extraordinarios: "Sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura" (Sacrosanctum Concilium 47).

El conocimiento del que se trata es un conocimiento completo, referido tanto a la inteligencia como a la experiencia y al corazón, a fin de desembocar en las obras y vivir con Él y para Él ahora y en la eternidad. En punto a experiencia, se ha de llegar a apreciar y experimentar el valor singular y extraordinario de este alimento que Dios nos concede. Junto a la experiencia, se ha de llegar a conocer toda la riqueza teológica, espiritual y moral que este alimento encierra en sí. Pero no podrá en modo alguno faltar el conocimiento por vía del corazón, mediante una sintonía amorosa muy amplia con quien nos da este alimento y con quien se nos da como alimento, Jesucristo Nuestro Señor (adoración). Con este conocimiento integral de la Eucaristía nos sentiremos impelidos a participar en ella con fervor y frecuencia, y lograremos formar un solo cuerpo, en la fe común y en el amor recíproco. Aquel que logre conocer la Eucaristía con todo su ser, vivirá ciertamente de la Eucaristía y producirá las obras de la Eucaristía: unidad, comunión, fuerza espiritual, santidad de vida, celo apostólico, intimidad con Dios, etc. Podrá ‘eucaristizar’ el mundo camino al Cielo.

 

Sugerencias...

Conocer la Eucaristía. Se requiere una catequesis permanente y periódica, mediante las homilías, encuentros catequísticos, los contactos personales, para que un conocimiento integral del Pan de Vida constituya el sustrato básico de la piedad cristiana, que tiene en la Eucaristía su cumbre y su fuente. En este conocimiento subrayaría algunos aspectos: 1) la presencia real de Jesucristo en el tabernáculo, y por consiguiente el respeto y el sentido de lo sagrado dentro de la iglesia-templo. El Templo es y debe ser un lugar de oración, de silencio, de recogimiento, de adoración, de encuentro con Dios. ¡Qué ingente labor hay que hacer para que los fieles conozcan y vivan este aspecto de la Eucaristía! 2) La explicación teológica, pero de modo sencillo, claro, ejemplificado, con ejemplos de vida y convincente, de los frutos de la Eucaristía. Luego de la explicación, se puede hablar del fomento de las visitas eucarísticas, sobre todo al inicio de la mañana y al final de la tarde para ofrecer a Jesucristo las horas de trabajo y para agradecerle su ayuda y su consuelo; del fomento de la exposición del Santísimo Sacramento y de la adoración, de la fuerza transformante de la Eucaristía en quienes la reciben con rectitud y con fervor. 3) La preparación para recibir fructuosamente a Jesucristo Eucaristía. Una preparación que implica la recepción del sacramento de la reconciliación, si se está en pecado; que implica además la lectura y meditación de la Palabra de Dios, como también el perdón, la reconciliación y el servicio a los hermanos. También el rezo del Rosario preferentemente antes de Misa o en adoración.

Quitar aquellos obstáculos que dificultan el conocimiento del Pan Vivo, que da la vida al mundo. El primer obstáculo es tal vez la tentación de reducir el alimento a las puras necesidades corporales y materiales, marginando o incluso prescindiendo de cualquier otro alimento. Quien se alimenta sólo de las realidades terrestres, no puede elevarse a conocer el Pan del Cielo, le parecerá un lenguaje sin sentido y carente de valor. Otra posible dificultad es hacer de la recepción de la Eucaristía "una costumbre social", como puede ser el felicitar a los novios en su boda, o el asistir a la fiesta del cumpleaños de un amigo. La Eucaristía es ciertamente un acontecimiento social, es decir, eclesial/comunitario, pero es sobre todo un encuentro personal con Jesucristo. No pequeña dificultad puede ser, sobre todo para los hombres, el respeto humano, el qué dirán, el temor a la opinión de los demás. ¡Casi como si la Eucaristía fuera cosa de otros, de aburridos, de los que no tienen nada que hacer! 

 


lunes, 15 de mayo de 2023

HOMILIA Solemnidad de la ASCENSIÓN DEL SEÑOR cA (21 de mayo 2023)

 

Solemnidad de la ASCENSIÓN DEL SEÑOR cA (21 de mayo 2023)

Primera: Hechos 1, 1-11; Salmo: Sal 46, 2-3. 6-9; Segunda: Efesios 1, 17-23; Evangelio: Mateo 28, 16-20

Nexo entre las LECTURAS

El nexo de las


Lecturas de este Domingo es la presencia… el fin de una manera de presencia y el inicio de una nueva manera de presencia. En la despedida de Jesús resucitado, Él se dirige a sus discípulos con estas palabras: "Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra" (Evangelio). Al inicio de los Hechos de los Apóstoles, los discípulos preguntan a Jesús si es ahora cuando va a restablecer el reino de Israel, a lo que Jesús responde: "No les toca a ustedes conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder. Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos..." (primera lectura).

También es nexo la revelación y gloria de la Santísima Trinidad: el poder del Padre y fuerza del Espíritu, que son prerrogativas de las que Jesucristo glorioso también participa. En la carta a los de Éfeso, san Pablo pide que Dios nos conceda una revelación que nos permita conocerlo plenamente, que nos permita conocer que Cristo resucitado "está sentado a su derecha en los cielos, por encima de todo principado, potestad, poder y señorío... y que todo lo ha puesto Dios bajo los pies de Cristo" (segunda lectura).

Debemos ser de aquellos que invitan a los demás a esta fiesta divina, como lo hace el salmista: Pueblo elegido... Pueblo escogido... Pueblos de la tierra... Todos los pueblos... Gritos de alegría... aplausos... participar alegremente en esta aclamación de Dios… se trata de una reunión libre, de una "fiesta"… ¿participamos? ¿invitamos a otros a participar con nuestra vida y con nuestras palabras?... venimos de grandes fiestas, Domingo de Ramos, Semana Santa, Pascua de Resurrección, Buen Pastor… y seguimos de fiesta: Ascensión, Pentecostés, Cuerpo y Sangre de Cristo, Sagrado Corazón de Jesús, Santísima Trinidad, la misma fiesta de los Apóstoles san Pedro y san Pablo… ea!!!! hasta el Cielo no paramos.

Temas...

La Ascensión. Ascensión significa subida: hacemos una ascensión al pico de un monte. Jesús "sube" a la derecha del Padre "por encima de todo nombre conocido". Uno de nosotros (Cristo glorificado) ha sido introducido en el mismo ámbito de Dios: ¡claro que está por encima de todas las grandezas que los hombres ambicionamos: fama, autoridad, influencia...! Es cima no por poder/dominio, sino por mayor amor, amor sublime, amor misericordioso.

Y subió al cielo... Jesús no se elevó como los globos o barriletes que entusiasman a los pequeños, como un avión o una nave espacial. Así como la tierra es nuestra casa, llamamos CIELO a la "casa" de Dios: "Padre nuestro que estás en los cielos". Modos de decir: Dios no tiene una casa y una patria; está presente en todas partes. Jesús no fue arriba, ni abajo, ni adentro. Murió (con la muerte dejó, como cada uno de nosotros, nuestro mundo: este modo de vivir y de amar que conocemos y experimentamos) y pasó al modo de vivir y de amar de Dios, que está muy por encima de nuestras realidades. Por eso decimos que "subió al cielo". Y añadimos "está sentado a la derecha del Padre", asociado íntimamente a su vida y a su gloria.

Pascua y Ascensión. Celebramos la Pascua durante siete semanas. Hasta ese momento ponemos el acento en el hecho de que Jesús vive –es el Viviente por excelencia–, no nos ha dejado, está con nosotros. La Ascensión subraya su glorificación. La primera lectura lo describe con una hermosa pieza literaria; la segunda lectura afirma como profesión de fe: el Padre resucitó a Cristo de entre los muertos y lo sentó a su derecha (Resurrección y Ascensión constituyen un único acontecimiento); el evangelio, como en un cuadro magnifico, presenta al Señor de la gloria ejerciendo su soberanía: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra".

La Ascensión de Cristo es también nuestra elevación. En la Pascua celebramos la resurrección de Cristo y la nuestra; en la Ascensión, su exaltación y la nuestra: Él es totalmente para nosotros, los hombres. Los cristianos fuimos incorporados a Él por el bautismo. La segunda lectura lo afirma claramente: "la extraordinaria grandeza de su poder (del Padre) para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha". Estas celebraciones son fuente de vida, de gozo y de esperanza inagotables.

¿Qué hacen ahí plantados mirando al cielo? Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos. La Ascensión no nos evade de la vida cotidiana. No debemos embelesarnos mirando al cielo ni encerrarnos en la propia intimidad y gozar egoístamente del don de Dios. "El mismo Jesús volverá" y nos llevará con Él.

Entretanto debemos ser testigos de lo que vivimos y proclamar las maravillas que hizo Dios para que más gente de todas partes se hagan discípulos de Cristo, como bien lo anima el Salmo Responsorial. Recordemos que estamos en esta vida para amar y servir en obediencia a los mandamientos y gozar en la vida bienaventurada/eterna.

Sugerencias…

Misión cumplida: el triunfo de Cristo ¡"Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, mediador entre Dios y los hombres, juez de vivos y muertos"! Esto es lo que afirmaremos de Jesús en el prefacio de esta fiesta de la Ascensión. Jesús ha triunfado. Ha sido glorificado. Ha cumplido su misión. Ha seguido su camino hasta el final, incluida la muerte... y ahora ha llegado a su plenitud y se muestra como cabeza de la nueva humanidad, constituido por encima de toda la creación y cabeza de la Iglesia. Como nos ha dicho san Pablo, "el Padre ha desplegado la eficacia de su fuerza poderosa en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo".

Es también fiesta para nosotros. Alegrémonos en este día de gloria para Cristo Jesús. Es también fiesta para nosotros, que somos sus discípulos misioneros, los miembros de su Cuerpo que es la Iglesia. El triunfo de Jesús nos reúne –uniéndonos– a todos para la vida en el tiempo y en la eternidad. Su Ascensión es ya nuestra victoria, nos ofrece la garantía de que también nosotros estamos destinados a los bienes del cielo. En Cristo Jesús nuestra naturaleza humana ha sido enaltecida y participa ya de algún modo de su misma gloria. Él nos ha precedido como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino (prefacio).

La fiesta de hoy nos debe llenar de optimismo. San Pablo nos ha invitado, en su carta, a comprender cuál es la esperanza a la que nos llama Dios, y cuál la riqueza de gloria que nos da en herencia a los que creemos en Cristo Jesús e intentamos seguirle en nuestra vida. Más aún: se puede decir que es fiesta y motivo de esperanza para la humanidad entera. Todos estamos incluidos en la victoria de Jesús, que nos da la medida del amor de Dios y de la capacidad de respuesta del hombre. La Ascensión nos señala el camino y la meta final: un destino de vida, no de muerte, aunque el camino sea a veces difícil y oscuro. El motivo principal de este optimismo es la promesa que nos hizo Jesús en su despedida, y que hemos escuchado en el evangelio de Mateo: ‘Sepan, conozcan, que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los días’. No se trata, por tanto, de una despedida, sino de una presencia continuada, aunque sea invisible. Su presencia, y además el don de su Espíritu, es lo que da fuerza a nuestra fe. Como dirá el prefacio, "no se ha ido para desentenderse de este mundo". La Ascensión no es un movimiento contrario a la Navidad (entonces "bajó" y ahora "sube y se va"): desde su existencia gloriosa, libre ya de todo límite de espacio y de tiempo, es cuando más presente nos está Jesús, el Señor, como nos ha prometido.

Tenemos una tarea como comunidad cristiana. Además de ser un motivo de fiesta, la Ascensión es también el recuerdo de que Jesús ha dejado a sus discípulos, a nosotros, una tarea a realizar en este mundo. Los ángeles invitaron a los apóstoles a que no se quedaran mirando al cielo. Recibieron el encargo de continuar la misión de Jesús: hacer discípulos, bautizar, enseñar... Así como Cristo ha sido el gran testigo del Padre, ahora los cristianos lo tenemos que ser en cada generación, sinodalmente y con corazón misionero, animados por el Espíritu de Jesús: ‘Cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, recibirán fuerza para ser mis testigos’. Vivimos el tiempo que va desde la Ascensión hasta la venida gloriosa final de Cristo. Un tiempo de trabajo y responsabilidad, de tarea y compromiso (Beata Madre Tránsito). Los cristianos, amados por Dios y animados por la presencia de Cristo Jesús y de su Espíritu, debemos comunicar a los demás, de palabra y de obra, con un estilo de vida que resulte creíble y elocuente a todos, el mismo mensaje de Cristo (Beato Angelelli).

Se nos pide que seamos testigos de alegría y esperanza … que mostremos un amor desinteresado practicando las obras de misericordia… que seamos virtuosos, aferrándonos a la vida de Dios y al servicio del prójimo (Santos Jacinta y Francisco). Esto es para TODOS: sacerdotes, religiosos y los misioneros. Todos: los padres para con los hijos y los hijos para con los padres, los mayores y los jóvenes, los políticos, sindicalistas, choferes, profesionales de la salud y los escritores cristianos, alumnos y docentes, comunidad educativa, sindicatos y partidos políticos. Todos estamos llamados a seguir escribiendo esa historia que empezó hace como dos mil años y que será celebrado como Jubileo en el 2033. Lo que proclamamos estos Domingos en el libro de los Hechos de los Apóstoles fue como el primer capítulo. Nosotros, ahora, en el inicio del tercer milenio (san Juan Pablo II) tenemos que difundir, en el mundo, generación tras generación, la buena noticia del amor de Dios, de la salvación de Cristo y de su estilo de vida.

Miremos a Cristo glorificado, que se nos ofrece como alimento en la Eucaristía, y esto nos da fuerzas para seguir cumpliendo la tarea que nos ha encomendado… anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡VEN SEÑOR, JESÚS! … no soy digno que entres en mi casa, pero una palabra tuya BASTARÁ PARA SANARME. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección… ¡VEN SEÑOR JESÚS!.

FATIMA

 Las apariciones de 1917, precedidas por las del ángel (1915-1916): Oración del Ángel: “Dios mío, creo, os adoro y vos amo”. Oraciones y sacrificios por pecadores. Devoción trinitaria y eucarística.


(13 mayo 1917) Cueva de Iría. La Virgen les dice que aparecerá el día 13 de cada mes. Pide rezar el Rosario y hacer sacrificios por los pecadores: Dios está muy ofendido. Los tres irán al cielo. “Tendréis que padecer mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fuerza”.


(13 junio) Algunas personas presentes. La Virgen pide rezar el Rosario diariamente. “Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado”. “Os queréis ofrecer a Dios?” Muestra su Corazón en su mano derecha, con espinas. Después de la aparición, comienzan las dificultades.


(13 julio) Pide rezar el Rosario por la paz. Según narraciones posteriores de Lucía (las tres partes del secreto): Visión del infierno, hacer la consagración del mundo al Corazón de María, paz y guerra, persecuciones y martirio: “Mi Corazón triunfará” (lo pueden contar a Francisco y a nadie más). Jaculatoria: “Oh Jesús, por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María”. Aumentan las dificultades.


(17 agosto) Después de ser liberados (fueron apresados el 13). La Virgen pide ir diariamente a la Cueva de Iría a rezar el Rosario. Promete un milagro para el mes de octubre.


(13 septiembre) Pide rezar el Rosario. Acude muchedumbre; algunos piden curaciones: La Virgen curará algunos durante año si se convierten. “En octubre… haré el milagro para que todos crean”.


(13 octubre) 50 mil personas. “Que no ofendan a Dios que ya está muy ofendido”. Pide Capilla. “Soy la Virgen del Rosario”, “la guerra terminará”. Lucía pide por los enfermos: algunos curarán si piden perdón. Se les aparece San José y el Niño Jesús bendiciendo el mundo. El sol se movió bruscamente muchas veces (numerosos testigos). Reacciones positivas y negativas.


Los tres videntes y sus vivencias (gracias) peculiares): Lucía veía y escuchaba, hablando con la Virgen; Jacinta veía y escuchaba; Francisco solamente veía (y después se lo contaban). Los tres hicieron un camino de transformación espiritual. No pedían curación para ellos. El mensaje y el buen ejemplo de los pastorcitos convenció a todos.


Jacinta: Jacinta muere en 1920 (nació en 1910). Se conmovía al oír hablar de Cristo crucificado y de la pasión. “Murió por nosotros”. Preguntaba: “Por qué fue clavado en la cruz?… Explícamelo cómo fue… No quiero que Jesús sufra más”. Su amor a María. Sacrificios por pecadores. En el proceso de canonización: alegre y servicial. Caridad con los pobres (daba su merienda). Hacía rezar el Rosario en casa. Enferma 14 meses. Confianza en Dios y en María (cuando enferma, tuvo aparición mariana y se lo contó a Lucía). Encargó a Lucía propagar la devoción a Corazón de María.


Francisco: Murió en 1919 (nació en 1908). Gozaba recordando a Jesús y María. Se sentía lleno de la luz de Dios en el alma. Muy sensible a que Dios había sido ofendido: “Me da mucha pena que esté triste… Si no pudiera consolarle… Sufro para consolar a Ntro. Señor y a Ntra. Señora… Lo ofrezco todo por los pecadores y por el Santo Padre… Ya me falta poco para ir a cielo y allí podré consolar a Ntro. Señor y Ntra. Señora”. En el proceso de canonización: contemplativo, callado, deseoso de Eucaristía, sacrificios, caridad con los pobres. Sensible al pecado del mundo, consolar a Dios.


Lucia: Nació en 1907. A los 14 años inició su formación primaria con las Doroteas y luego pasó a España, Tuy y Pontevera, 1921 y siguientes; profesión perpetua en 1934; regresa a Portugal en 1946; entró en las Carmelitas de Coimbra (1948). Fue a Fátima en la visita de Pablo VI y Juan Pablo II (murió en 2005). Depositaria del testimonio de los dos hermanitos. Anuncia “el misterio de amor de Dios… todos somos hijos del mismo Dios”. Ofrece la propia vida para superar el mal. Propaga devoción al Corazón Inmaculado de María. Escribe 20 años después de las apariciones siempre por obediencia: cuatro “memorias” sobre las apariciones de Fátima (1935, 1937, 1941 dos memorias). La redacción del tercer secreto (por obediencia) fue en 1944. Se expresa según su cultura y peculiaridad, con variantes, pero siempre coherente y objetiva en lo esencial.


La actitud de la Iglesia y la invitación de los Papas (visitas y mensajes): Aprobación inicial de los obispos portugueses. Actuaciones pontificias laudatorias: desde Pío XI a Papa Francisco.


La consagración del mundo al Corazón de María: Obispos portugueses (1931). Pío XII (1942, etc.), Juan Pablo II (1981, etc). Los “secretos” de Fátima (publicación del tercer secreto: 2000)


Resumen: Mensaje claro y concreto, oración (Rosario), sacrifico (reparación). En un contexto cultural e histórico, pero va más allá del tiempo y del lugar (pecado y persecuciones). Impacto permanente, local y universal. Una experiencia mística y un mensaje profético, con expresiones personales. Invitación (motivaciones) para vivir el Evangelio hoy (miserias y pecados de la humanidad), desde el amor de Dios (revelado en Cristo y expresado en el Corazón de su Madre).




lunes, 8 de mayo de 2023

HOMILIA Sexto Domingo de PASCUA ciclo A (14 de mayo 2023) GRACIAS PADRE ANGEL

 Sexto Domingo de PASCUA ciclo A (14 de mayo 2023)

Primera: Hechos 8, 5-8; Salmo: 65, 1-3a.4-7a.16.20; Segunda: 1Pedro 3, 15-18;  Evangelio: Juan 14, 15-21

Nexo entre las LECTURAS

Este último Domingo del tiempo pascual prepara y en cierto modo anticipa la fiesta de Pentecostés. La liturgia nos presenta a Jesús prometiendo el Espíritu, ese mismo Espíritu que le devolvió a la vida, y que en nombre de Jesús los apóstoles comunican a los samaritanos bautizados. "Yo rogaré al Padre para que les envíe otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes", promete Jesús en el evangelio. San Pedro en su primera carta dice: "Cristo en cuanto hombre sufrió la muerte, pero fue devuelto a la vida por el Espíritu" (segunda lectura). Y san Lucas en los Hechos de los Apóstoles presenta a Pedro y a Juan "orando por los bautizados de Samaria, para que reciban el Espíritu Santo" (primera lectura).

 

Temas...

En la historia de la salvación hay una sucesión armoniosa en la actuación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en beneficio siempre de la salvación del hombre para gloria de Dios. El Padre es el origen y fuente de toda iniciativa salvífica. En su amor envía a su Hijo para redimir al hombre y devolverle su condición filial. Una vez que el Hijo realizó su misión en la tierra, es enviado el Espíritu (otro Paráclito) para que acompañe al hombre en su peregrinar por este mundo hacia el Cielo, maravillosamente mostrado en el Concilio Vaticano II (L.G. y A.G.).

La liturgia de hoy nos presenta la promesa hecha por Jesús a los discípulos de enviarles el Espíritu Santo para que esté siempre con ellos. ¿Por qué (para que) Jesucristo les hace esta promesa? Para que los discípulos no se sintieran huérfanos, ya que Jesús estaba por ir a la muerte y regresar –glorificado– a la casa del Padre. Jesús les dice: "No los dejaré huérfanos, volveré a estar con ustedes" (evangelio), pero no como lo conocieron en la historia sino en espíritu.

El Espíritu Santo, que Jesús promete, es ante todo el (otro) Paráclito, es decir, consolador, abogado, animador e iluminador en el proceso interno de la fe, como lo fue Él (primer Paráclito). Los discípulos y primeros cristianos experimentarán en Pentecostés, de una manera especial, esta presencia poderosa e iluminante del Espíritu. Es también el Espíritu de la verdad, de la revelación de Dios al hombre, con la que Dios ilumina toda la existencia humana y le da su verdadero significado y razón de ser. Esta verdad será plenamente acogida por los discípulos, proclamada, confesada, y también defendida ante la 'mentira' del mundo, ante los ataques de la falsedad de la mente y del corazón humanos. Es además el Espíritu que da la vida, que devuelve a la vida a Jesús (segunda lectura) y vivifica a los cristianos que creen en el Evangelio, como los habitantes de Samaria (primera lectura); el Espíritu da la vida de Dios, esa vida que, como la zarza ardiente vista por Moisés a los pies del Sinaí, no se consume ni se apaga jamás. El Espíritu es, finalmente, el impulsor de la evangelización tanto de los judíos como de los samaritanos y paganos. Por eso, los comentaristas de los Hechos de los Apóstoles, suelen hablar de "tres Pentecostés": el de los judíos en Jerusalén (Hch 2), el de los samaritanos en Samaria (Hch 8) y el de los paganos en Cesarea marítima (Hch 10). Con la recepción del Espíritu Santo se pone en movimiento la evangelización, la proclamación del Evangelio y la agregación de otros muchos hombres a la comunidad de los creyentes en Cristo. De este modo, el Espíritu hará realidad las palabras de Jesús: "El que me ama será amado por mi Padre; también Yo lo amaré y me manifestaré a él".

Los santos saben y experimentan que Dios cumple sus promesas. Para los primeros cristianos, ésta fue una verdad indiscutible, objeto de experiencia. Bien, las promesas de Dios se siguen cumpliendo también hoy entre los hombres. Claro que hemos de ser muy conscientes de que Dios no nos promete una 'felicidad a la carta', como a veces quisiéramos los hombres; ni un 'mundo' o una 'Iglesia' sin problemas o libres de toda incoherencia; ni unos hermanos cristianos intachables, impecables, siempre con la bondad y la sonrisa en el rostro; tampoco nos promete liberarnos de la calumnia, la persecución, la indiferencia, los malos tratos, o incluso el martirio. Nos promete únicamente el Espíritu, Su Espíritu, y con Él nos da la capacidad para ser felices de un modo nuevo, ajeno a la mentalidad del mundo; nos da la mirada limpia para ver al mundo y a la Iglesia con fe, con optimismo, con paz, con amor; nos da un corazón generoso para abrirnos y acoger a nuestros hermanos en la fe tal como son, con sus debilidades y miserias, con sus cualidades y virtudes, con su fe, su amor y su esperanza auténticos; nos da la gracia de buscar la verdadera liberación, que es primeramente interior y espiritual, y que desde dentro trabaja por conseguir toda otra liberación de los males de este mundo.

 

Sugerencias...

Puesto que Dios cumple sus promesas, nuestras comunidades han de ser comunidades sinodales, misioneras, gozosas y seguras en su fe (Papa Francisco). Sin querer cerrar los ojos al mal existente, la promesa de Dios continúa actuándose y realizándose en medio de la comunidad. Si no la percibimos, ¿no será que nuestra fe es débil, y quizá enfermiza? Por otra parte, sin dejar a un lado las dudas y perplejidades de los cristianos en la concepción y vivencia de su fe, la presencia del Espíritu de la verdad debe confortar a la comunidad cristiana y proporcionarle una gran solidez en su fe. Nuestra fe no se apoya en los hombres, por más geniales que sean, ni en los ángeles, sino en el Espíritu mismo de Dios, que es Espíritu de Verdad, que es el Maestro Interior (otro Paráclito) que fortifica y garantiza la revelación de Dios y la respuesta de fe (martirial) a esa revelación.

martes, 2 de mayo de 2023

homilia Quinto Domingo de PASCUA ciclo A (07 de mayo 2023)

 Quinto Domingo de PASCUA ciclo A (07 de mayo 2023)

Primera: Hechos 6,1-7; Salmo: 32, 1-2.4-5.18-19; Segunda: 1Pedro 2, 4-9; Evangelio: Juan 14, 1-12

Nexo entre las LECTURAS

El tema que transmite Jesús a sus discípulos, en este 5º Domingo de Pascua, es su partida; se lo presenta como un recorrido centrado en dos verbos: “me voy” y “vuelvo”. “Me voy”: “si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles un lugar?” (Jn 14, 1-2). “Vuelvo”: “Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy».” (Jn 14, 3)

Además, NEXO… "Casa de mi Padre", "templo espiritual", "convocación de los discípulos" son expresiones de la liturgia de este Domingo, que pertenecen al mismo campo semántico: el de la construcción, como edificio, como espacio de estancia y reunión. "En la casa de mi Padre hay lugar para todos... voy a preparar ese lugar", nos dice Jesús en el Evangelio. San Pedro recuerda a los cristianos que "son piedras vivas, con las que se construye un templo espiritual... para ofrecer, por medio de Jesucristo, sacrificios espirituales agradables a Dios" (segunda lectura). En la primera lectura, los apóstoles, ante un problema de la comunidad, reúnen a los discípulos, posiblemente en el Cenáculo, y les piden que elijan 7 ‘diáconos’ para el servicio de las viudas de los cristianos helenistas.

 

Temas... Sugerencias…

Me voy… Vuelvo. Alrededor de estos dos verbos gira el eje central de la reflexión y los posteriores interrogantes que le hacen sus discípulos.

Es importante contextualizar el diálogo que mantiene Jesús con sus discípulos para conocer con mayor profundidad lo que está pasando entre Jesús y sus apóstoles.

Al terminar la última cena Jesús empieza a despedirse de sus discípulos. Estos están un poco desorientados y desconcertados, intuyen que algo va a pasar pero no saben exactamente qué y, por otro lado, también se platean qué va a ser de ellos.

Jesús se da cuenta de cómo se encuentran, abatidos, e intenta darles fuerza y ánimo para que no decaigan en la fe: “no se inquieten (que no tiemble su corazón). Crean en Dios y crean también en mí.” (Jn14, 1). Jesús les invita a creer en Él, el mejor camino para creer en Dios. También les dice: “voy a preparar un lugar en la casa de mi Padre”. Y adonde yo voy, ya saben el camino” (Jn14, 4).

Tomás le pregunta: “¿cómo podemos saber el camino que nos permita llegar a Dios si no sabemos a dónde vas?” (Jn 14, 5)

Jesús le contesta: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. “Yo soy el camino que lleva al Padre” (Jn 14, 6). También les dice: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mi” (Jn 14, 1).

Felipe le pide: “Señor, muéstranos al Padre; eso nos basta” (Jn 14, 8).

Jesús le contesta: “quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14, 9)

Jesús, en el evangelio de este 5to Domingo de Pascua se presenta con el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6). Ese es nuestro recorrido en la fe, un camino que vamos realizando y en el que nos vamos encontrando con múltiples dificultades que nos invitan a abandonarlo, teniendo la tentación de salirnos del camino para tomar otras carreteras menos tortuosas.

Jesús se presenta como el Camino, la pregunta es: ¿estamos en el camino de Jesús o estamos fuera de ese camino? Si estamos en el camino de Jesús, no nos sorprendamos si encontramos piedras, dificultades, obstáculos…, no importa, lo verdaderamente importante es no salirnos de ese camino que Jesús nos está indicando. Es mejor avanzar poco y despacio en el camino de Jesús que ir corriendo para llegar a donde sea fuera del camino de Jesús.

En este día Jesús se presenta con el Camino, la Verdad y la Vida:

Camino: porque Él es el ejemplo a seguir. Él nos está mostrando qué caminos debemos recorrer: preocuparnos de los que sufren, defender la causa de los que no cuentan, estar al lado de los desvalidos, luchar por la dignidad de las personas, dar voz a los que no la tienen, ser creíbles por nuestras buenas obras ante los ojos de la sociedad…

Verdad: descubrir que la única verdad es el amor y descubrirlo acercándonos al prójimo concreto que sufre y es olvidado, marginado, inmigrante.

Vida: encontrar en Cristo la vida y encontrarnos con un Cristo vivo y capaz de hacernos vivir. Aunque caigamos, aunque nos tropecemos, levantémonos y continuemos en ese caminar; nuestra tarea es asegurarnos de no salirnos de ese camino y cuando tengamos la tentación de hacerlo acordémonos de las palabras de Jesús que dijo a sus apóstoles: "¿Ustedes también quieren irse?”(Jn 6, 67)... "¿Y adónde vamos a ir? Sólo tú tienes palabras de vida eterna"(Jn 6, 68).

Jesús se presenta como el Camino, la pregunta es: ¿estamos en el camino de Jesús o estamos fuera de ese camino?

Cuando tenemos la tentación de salirnos de ese camino, qué nos ayuda para continuar en Él, de dónde sacamos las fuerzas para no abandonar el camino, pese a los “baches” del mismo?

¿Qué cosas estoy haciendo para ser camino, verdad y vida para los demás como otros lo han sido para mí?

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...