lunes, 16 de septiembre de 2013

ANGELUS DEL PAPA 14 DE SEPTIEMBRE

Queridos hermanos y hermanas. ¡Buenos días! En la Liturgia de hoy se lee el capítulo 15 del Evangelio de Lucas, que contiene las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja perdida, la de la moneda perdida, y después la más amplia de todas las parábolas, típica de san Lucas, la del padre de los dos hijos, el hijo “pródigo” y el hijo que se cree justo. Que se cree santo. Todas estas tres parábolas hablan de la alegría de Dios. Dios es gozoso, es interesante esto, Dios es gozoso, y ¿cuál es la alegría de Dios? La alegría de Dios es perdonar, ¡la alegría de Dios es perdonar! Es la alegría de un pastor que encuentra a su ovejita; la alegría de una mujer que encuentra su moneda; es la alegría de un padre que vuelve a recibir en casa al hijo que se había perdido, que estaba como muerto y ha vuelto a la vida. Ha vuelto a casa. ¡Aquí está todo el Evangelio, aquí, eh, aquí está todo el Evangelio, está el Cristianismo! ¡Pero miren que no es sentimiento, no es “ostentación de buenos sentimientos”! Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del “cáncer” que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Sólo el amor llena los vacíos, los abismos negativos que el mal abre en el corazón y en la historia. Sólo el amor puede hacer esto. Y ésta es la alegría de Dios. Jesús es todo misericordia, Jesús es todo amor: es Dios hecho hombre. Cada uno de nosotros, cada uno de nosotros es esa oveja perdida, esa moneda perdida, cada uno de nosotros es ese hijo que ha desperdiciado su propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y ha perdido todo. Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona jamás. Pero es un Padre paciente, nos espera siempre. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y cuando volvemos a Él, nos acoge como hijos, en su casa, porque no deja jamás, ni siquiera por un momento, de esperarnos, con amor. Y su corazón está de fiesta por cada hijo que vuelve. Está de fiesta porque es alegría. Dios tiene esta alegría, cuando uno de nosotros, pecadores, va a Él y pide su perdón. ¿Cuál es el peligro? Es que nosotros presumimos que somos justos, y juzgamos a los demás. Juzgamos también a Dios, porque pensamos que debería castigar a los pecadores, condenarlos a muerte, en lugar de perdonar. ¡Entonces sí que corremos el riesgo de permanecer fuera de la casa del Padre! Como ese hermano mayor de la parábola, que en lugar de estar contento porque su hermano ha vuelto, se enoja con el padre que lo ha recibido y hace fiesta. Si en nuestro corazón no hay misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios, incluso si observamos todos los preceptos, porque es el amor el que salva, no la sola práctica de los preceptos. Es el amor por Dios y por el prójimo lo que da cumplimiento a todos los mandamientos. Y esto es el amor de Dios, su alegría, perdonar. Nos espera siempre. Quizá alguien tiene en su corazón algo grave, pero he hecho esto, he hecho aquello, Él te espera, Él es Padre. Siempre nos espera. Si nosotros vivimos según la ley del “ojo por ojo, diente por diente”, jamás salimos de la espiral del mal. El Maligno es astuto, y nos hace creer que con nuestra justicia humana podemos salvarnos y salvar al mundo. En realidad, ¡sólo la justicia de Dios nos puede salvar! Y la justicia de Dios se ha revelado en la Cruz: la Cruz es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre este mundo. ¿Pero cómo nos juzga Dios? ¡Dando la vida por nosotros! He aquí el acto supremo de justicia que ha vencido de una vez para siempre al Príncipe de este mundo; y este acto supremo de justicia es precisamente también el acto supremo de misericordia. Jesús nos llama a todos a seguir este camino: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso” (Lc 6, 36). Yo les pido una cosa ahora. En silencio, todos, pensemos, cada uno piense, en una persona con la que no estamos bien, con la cual estamos enojados y que no la queremos. Pensemos en esa persona y en silencio en este momento oremos por esta persona. Y seamos misericordiosos con esta persona. Invoquemos ahora la intercesión de María, Mater Misericordiae. radio vaticana

martes, 10 de septiembre de 2013

BUEN SAMARITANO

GRACIAS SITIO RELIGION EN LIBERTAD

VIDEO

GRACIAS AL SITIO RELIGION EN LIBERTAD

UN CORO DE MONJES QUE NO CANTAN

ACERCATE

Cada uno de nosotros somos como el Peter [Pedro] del vídeo, trasunto del Apóstol que negó a Cristo y fue luego confirmado por Él. «Tengo que irme por un tiempo. ¿Puedes esperar por mí? Cuando vuelva, puede que yo te resulte extraño. Aun así, ¿vendrás a Mí?», le dice Jesús al pequeño. Cuando asiente, le pide que se esconda tras una valla porque vienen a prenderle. «Le conoces. Estabas con Él», le dice el soldado al chico, quien niega tres veces y luego llora desolado. Al cabo de un tiempo Jesús regresa y, efectivamente, le resulta extraño: lleva una corona de espinas, está ensangrentado y deja un charco en el suelo. El Maestro desaparece, pero luego se siente su voz: «Niño, ¿me amas?», le pregunta tres veces, y con tres síes, como San Pedro, lava sus tres negaciones. «Acércate», oye Pedro entonces. Porque todo consiste en eso: en acercarse y tocar su sangre redentora para ser limpiado por ella. «Señor», reza la frase final, «en el pasado te negué y caminé lejos de ti muchas veces. Pero ahora sé que dejaste en mi corazón la marca indeleble de la cruz. A partir de ahora, la llevaré contigo». FUENTE RELIGION EN LIBERTAD

miércoles, 4 de septiembre de 2013

LA CURACION DEL BEBE DE MANUEL Y NATALIA

La curación del bebé de Manuel y Natalia deja sin palabras a los especialistas: fue la oración La curación del bebé de Manuel y Natalia deja sin palabras a los especialistas: fue la oración El pequeño Santiago con sus padres, Manuel y Natalia - la enfermedad los acercó a Dios Actualizado 3 septiembre 2013 Compartir: Acceder al RSS Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé | Imprimir | Corregir | Enviar | Comentar 2 PortaLuz/ReL La bebé argentina rescatada de la morgue sigue viva porque actuó «la mano de Dios», dice la madre Una bebé pasa 3 horas muerta, está en la capilla del hospital: cuando vienen con el ataúd ¡vive! ¡Feliz nacimiento! 10 partos con milagros modernos oficialmente aprobados por la Iglesia En el mundo, de cada 10.000 seres humanos creciendo en el vientre materno, 2 desarrollan un tumor en el sistema linfático conocido como “Higroma Quístico Congénito”. Una evolución invasiva de este tumor, puede incluso ser causa de muerte. Ese era el riesgo al que se enfrentaba el pequeño Santiago, en Rancagua (Chile). Chile es el segundo país de América con mejores tasas de salud maternal, sólo por detrás de Canadá. Es un papel donde no se practica ningún aborto legal, y el ilegal es también escaso. Es un país de medicina perinatal avanzada y eficaz. Pero no sería suficiente. Padres devastados Los padres de Santiago recibieron la terrible noticia tras la ecografía practicada a Natalia entre el tercer y cuarto mes de embarazo. La madre, profesora de historia, y Manuel, el padre, profesor de Educación Física y microempresario, quedaron devastados. “Con Natalia, cuando nos casamos, nuestro gran anhelo era tener un hijo y lo intentamos en reiteradas oportunidades hasta que ella logró quedar embarazada”, cuenta Manuel Soto, el padre de Santiago. “Nos informaron -precisa Manuel-, que mi hijo tenía dos Higromas Quísticos Cervicales. Era como si tuviera dos cabezas en su espaldita. Ante tamaño diagnóstico se nos derrumbó el mundo. ¡No sabíamos qué hacer! ¡Nuestro hijo era completamente deseado, gestado en el amor!”. Diagnóstico ratificado varias veces Transcurría el año 2011 y ambos padres, residentes en la ciudad de Rancagua (Chile) iniciaron un periplo por clínicas privadas en la capital del país sudamericano. Pero la ciencia no tenía solución. “Hicimos muchos exámenes que los doctores nos solicitaron y en todos arrojaba que nuestro hijo nacería enfermo”, señala Manuel. Los jóvenes padres, ambos entonces de 26 años, retornaron a Rancagua con su médico de control, el doctor Hernán Mellafe, especialista ginecólogo y oncólogo, quien a la luz de los antecedentes terminó por ratificar el diagnóstico, recuerda Manuel. Santiago nacería con esta enfermedad. ¿Abortar en un país sin aborto? Como si el panorama no fuere lo bastante desolador “la guinda de la torta llegó cuando a alguien se le ocurrió decirnos una barbaridad… que si hubiere aborto terapéutico podríamos haber considerado ese camino”, recuerda con enfado el padre. Esto desbordó las resistencias de ambos progenitores y teniendo claro que la ciencia ya no tenía soluciones para su hijo, se aferraron a la única esperanza en la que sí podían confiar. Confortados por un sacerdote Retornando su voz a la calma, Manuel recuerda que “cuando estábamos más desolados nos acercamos a Dios y a la Iglesia”. Alguien les habló dice, de “Padre Luis”, y se fueron a buscarlo a la Parroquia Santísima Trinidad donde hasta hoy presta servicios como párroco [AQUÍ el Facebook de la parroquia, un poco desatendido; el sacerdote al que se refieren es el párroco, Luis Escobar Torrealba, que también es capellán en la cárcel]. “Tuvimos varios encuentros con él –señala el padre de Santiago- y nos confortaba diciéndonos que este tremendo dolor era una invitación a dar algo más de nosotros, que tuviéremos fe, que Dios algo nos iba a mostrar. Nos invitaba a rezar, a orar, a encomendarnos a Dios. Y eso fue lo que hicimos.”. Misas frecuentes, y oración de sanación Natalia avanzaba en su embarazo, sin faltar a los controles y exámenes de rigor. Manuel ocultando su angustia, dice, estaba siempre a su lado y así ambos, precisa, se aferraban a Dios, única esperanza. “Empezamos a ir siempre a misa, también a las eucaristías donde, al finalizar, el Padre Luis hace oración de sanación… nos reuníamos luego con él y siempre tenía para nosotros una palabra de aliento y bendición. También participábamos y recibíamos las gracias de personas generosas, conocidas y anónimas, que hacían cadenas de oración”. La ciencia del s.XXI asombrada El 4 de julio de 2011 es un día donde signos de vida y muerte se cruzarían dejando en silencio a la ciencia… “Fue un impacto maravilloso el nacimiento de Santiago… ¡porque nuestro hijo nació completamente sano, sin ningún problema! Al instante nos miramos con Natalia y sabíamos que esto era obra de Dios”, dice el emocionado y orgulloso padre. Luego del impacto inicial los esposos tomaron conciencia y hoy no dudan en proclamar su gratitud. “Esto que nos sucedió –dice Manuel– fue realmente un milagro. A quien le contamos llega a la misma conclusión”. Contrastando con expertos internacionales Pero su certeza no está sólo bien fundada en la evidencia de los exámenes durante el embarazo y la prueba irrefutable de salud al nacer el niño, quien hoy, en 2013, a sus dos años es un varón vigoroso, sano y feliz, “lleno de amor, encantador”, al decir de Manuel. Agrega este padre que hace algunos meses Natalia quedó embarazada nuevamente y acudieron donde el mismo doctor Hernán Mellafe. Al encontrarse en la consulta, el facultativo ratificó a estos padres su certeza del extraordinario acontecimiento ocurrido con Santiago. “Este médico –confidencia Manuel- nos dijo que había ido a un Congreso en Estados Unidos, donde se encontró con ginecólogos oncólogos, especialistas de casos como el que padeció mi hijo. Agregó que había llevado toda la información del caso de nuestro hijo y que junto a sus colegas concluyeron que la ciencia no podía explicar el cómo nuestro hijo podía haber nacido sano”. Por ello no sorprende la arenga final con que este dichoso padre finaliza su testimonio… “A quienes estén sumidos en el dolor por diagnósticos médicos devastadores o a quienes alguna vez les propongan abortar a sus bebés por favor opten por la vida… tengan esperanza, tengan fe, aférrense a Dios. Él es la única persona que nos puede sacar de nuestro dolor, de nuestra angustia. Perseveren, no se den por vencidos, oren; es la mejor medicina para nuestras vidas y familias.”

martes, 3 de septiembre de 2013

'No asesinemos al prójimo con chismes y habladurías "

El papa en Santa Marta: 'No asesinemos al prójimo con chismes y habladurías Donde está Dios no hay odio, envidia, celos ni tampoco los chismes o habladurías que 'asesinan' a los hermanos. Lo dijo hoy el papa Francisco en la homilía de su misa cotidiana en la residencia de Santa Marta, al retomar después de la pausa del verano europeo, la celebración de la santa misa con la presencia de grupos de personas y peregrinos. El encuentro de Jesús con sus compatriotas de Nazaret, como lo narra el evangelio de hoy, estuvo en el centro de la homilía. Francisco consideró que es una de las partes más dramáticas del evangelio en donde se puede ver cómo es nuestra alma, y como el viento puede hacerla girar hacia una parte o hacia otra. El santo padre recuerda que en Nazaret “todos esperaban a Jesús. Querían encontrarlo” porque “habían escuchado lo que Jesús había hecho en Cafarnaún y los milagros”. Y cuando inicia la ceremonia “le piden al huésped que lea el libro. Jesús lo hace y lee el libro del profeta Isaías que era un poco la profecía sobre Él y por ello concluye la lectura diciendo: «Hoy se cumple esta escritura que ustedes han escuchado»”. El papa recordó que después de una primera reacción positiva alguno movido por la polilla de la envidia comenzó a decir: “¿Dónde estudió éste? ¿No es el hijo de José? Y nosotros conocemos a toda su familia, ¿y en qué universidad estudió?”. Entonces pretendían que le hiciera un milagro: solamente después habrían creído. “Ellos querían el espectáculo”, pero “Jesús no era un artista”. Jesús no hizo milagros en Nazaret y subrayó la poca fe de quien pedía el “espectáculo”. Entonces comenzaron a empujarlo para tirarlo por un barranco “por celos, por envidia”. Pero no se trató de un evento de hace dos mil años atrás, evidenció el santo padre: “Esto sucede cada día, cada vez que se acoge a alguien hablando bien el primer día y después siempre menos hasta llegar a la habladuría, casi hasta “desollarlo”. Quien en una comunidad habla contra un hermano acaba por “querer asesinarlo” indicó el papa. “El apóstol Juan” recordó el santo padre “nos dice esto: quien en su corazón odia a su hermano es un homicida” y añadió: “Nosotros estamos acostumbrados a los chismes, a las habladurías” y muchas veces transformamos a nuestras comunidades y también a nuestra familia en un “infierno” en donde se manifiesta esta forma de criminalidad que lleva a “asesinar al hermano y a la hermana con la lengua”. “Para que haya paz en una comunidad -prosigue el papa- en una familia o en un país, en el mundo, tenemos que empezar a estar con el Señor. Porque donde está el Señor no hay envidia, no hay criminalidad, no hay celos, hay hermandad. Pidamos esto al Señor: nunca asesinar al prójimo con nuestra lengua y estar con el Señor, como estaremos todos nosotros en el cielo”. (fuentes Radio Vaticano y L'Osservatore Romano)

"Allí estaba Él"

Autor: P. Fernando Pascual "Allí estaba Él" La conversión de Manuel García Morente "Allí estaba Él" La conversión de Manuel García Morente Manuel García Morente nace el 22 de abril de 1886 en un pueblo de Andalucía. Su familia es profundamente católica. Llegado a la adolescencia, Manuel se niega a acompañar a los suyos a misa. Como explicación, dice simplemente que ha dejado de creer. Tiene una inteligencia profunda y viva. Le encanta la música. Aprende con rapidez a tocar el piano. Sus gustos intelectuales lo llevan a estudiar filosofía, en España, en Francia, en Alemania. En Francia le ofrecen una cátedra, pero prefiere volver a Madrid, donde inicia su carrera como profesor universitario. Su tema preferido es la ética. Dios, mientras tanto, parece haber quedado lejos, muy lejos... En 1913 se casa con Carmen García del Cid. Ella es profundamente religiosa, lo contrario de su esposo, pero logran un buen acuerdo matrimonial. Nacen dos hijas, María José y Carmen. Don Manuel no pone obstáculos para que su esposa pueda impartir la educación religiosa que desee a las hijas. Por su parte, él se mantiene lejos de la fe, y ella le respeta. Quizá en el fondo de su corazón espera que un día su marido cambie, pero ese día se retrasa muchos años. Llega una primera prueba para el famoso filósofo: en 1923 muere su esposa. García Morente lleva a María José, su hija mayor, al cementerio y la deja rezando junto a la tumba. Él se queda atrás, serio, absorto en sus ideas. Si la niña se distrae, su padre le dice: anda, reza por tu madre. España, en esos años, vive en un momento de turbulencia política. El profesor García Morente participa como subsecretario de educación en el gobierno del general Berenguer (1930). En 1931 inicia la República española, con sus tensiones y sus conflictos. María José se casa en 1934 con Ernesto Bonelli, un joven profundamente católico. Nacen dos hijos. Pero en agosto de 1936, un mes después de iniciar la guerra civil, Ernesto es asesinado, simplemente por ser católico. García Morente se encuentra en Madrid. Siente terror por la suerte de su hija y por sus dos nietos de 1 y 2 años. Consigue que traigan a la familia a Madrid. En su casa viven horas de angustia. Grupos de milicianos registran los edificios para llevarse a personas que luego son encarceladas o fusiladas. Los García Morente miran por la ventana, tiemblan cuando escuchan pasos por las escaleras, suspiran de alivio cuando los milicianos se detienen un piso abajo o un piso arriba. Las mujeres de la casa rezan con frecuencia en un cuarto, a escondidas. Don Manuel todavía no puede ni quiere rezar. ¿Y Dios? El 2 de octubre de 1936 un amigo avisa a García Morente de que van a asesinarle, y le pide que escape inmediatamente, sin la familia. García Morente consigue salir de Madrid y pasar a Francia. Se dirige a París, donde conoce a varios amigos. Pero está sin dinero, sin trabajo, sin la familia, lleno de dudas, de zozobras. En algún momento se asoma la idea de Dios por su cabeza, pero la rechaza: la vida es algo dirigido por fuerzas físicas ciegas, inconscientes. No existe ninguna providencia, ningún sentido a todo lo que ocurre. Morente busca trabajo. Llama a una y otra puerta. Nada. De repente, el trabajo llega a través de un amigo. Intenta, al mismo tiempo, tramitar el traslado de sus hijas y nietos de España a Francia. Nada. Todos sus esfuerzos fracasan una y otra vez. De nuevo, por sorpresa, un encuentro fortuito con una persona abre la posibilidad de sacar a la familia de Madrid. Morente intenta reflexionar sobre todo lo que está pasando. Su cabeza da vueltas y vueltas. Llega a la conclusión de que la vida es algo que no hacemos nosotros, que algo o alguien “nos la hace”. Sin embargo, esa vida nos pertenece, es algo nuestro, algo que cada uno vive intensamente. Pero Dios, ¿qué tiene que ver Dios con todo lo que pasa? Morente lleva más de 30 años rechazando cualquier religión. A lo sumo, sería posible pensar en un Dios filosófico, siempre lejano: un Dios que no tiene nada que ver con nuestras vidas. Si algún momento se le viene a la mente que tiene que rezar, que tiene que confiar en Dios, rechaza esta idea como pueril, como absurda: sus convicciones filosóficas cierran el paso a cualquier atisbo de fe. Llega el mes de abril de 1937. El día 29. Es de noche. En París. Ocurre algo especial. Morente llamará más tarde a esa experiencia como “El hecho extraordinario”. ¿Qué ocurre? Nos acercamos de puntillas a esa noche, desde un texto escrito en septiembre de 1940 por el mismo Morente a un sacerdote de confianza, Don José María García Lahiguera. El texto es bastante largo. García Morente explica primero la serie de acontecimientos que se suceden desde agosto de 1936 (asesinato de su yerno) hasta abril de 1937. Cuenta sus reflexiones, sus dudas, su angustia. Llega, por fin, a la noche del 29 de abril. Han pasado por su cabeza un cúmulo inmenso de reflexiones. Reconoce, por fin, que existe una providencia que da sentido a su vida, pero la ve, todavía, como una providencia fría, casi anónima. Dios sigue siendo un Dios filosófico, extraño. Don Manuel está sumamente tenso. Necesita relajarse, quiere estar un momento tranquilo. Enciende la radio y escucha algunas piezas de música francesa. No sabe que ese gesto será el inicio de un cambio radical. No sospecha todo lo que se va a producir en su corazón en unos momentos. Pero Alguien está cerca, muy cerca, y deja a Manuel encender la radio. Primero será su fantasía la que trabaje. Luego, ocurrirá algo extraordinario, inexplicable. Vamos por partes. Acaba la transmisión. Un cúmulo de imágenes pasan por la mente y el corazón de García Morente. Leemos su escrito para que sea él quien nos cuente qué le pasó en esos momentos. “Estaban radiando música francesa: final de una sinfonía de César Frank; luego, al piano, la Pavane pour une infante défunte, de Ravel; luego, en orquesta, un trozo de Berlioz intitulado L´enfance de Jesus. No puede usted imaginarse lo que es esto, si no lo conoce: algo exquisito, suavísimo, de una delicadeza y ternura tales que nadie puede escucharlo con ojos secos. Cantábalo un tenor magnífico de voz dulce, aterciopelada, flexible y suave, que matizaba incomparablemente la melodía pura, ingenua, verdaderamente divina. Cuando terminó, cerré la radio para no perturbar el estado de deliciosa paz en que esa música me había sumergido. Y por mi mente empezaron a desfilar -sin que yo pudiera oponer resistencia- imágenes de la niñez de Nuestro Señor Jesucristo. Vile, en la imaginación, caminando de la mano de la Santísima Virgen, o sentado en un banquillo y mirando con grandes ojos atónitos a San José y María. Seguí representándome otros periodos de la vida del Señor: el perdón que concede a la mujer adúltera, la Magdalena lavando y secando con sus cabellos los pies del Salvador, Jesús atado a la columna, el Cirineo ayudando al Señor a llevar la Cruz, las santas mujeres al pie de la Cruz. Y así, poco a poco, fuese agrandando en mi alma la visión de Cristo, de Cristo hombre, clavado en la Cruz, en una eminencia dominando un paisaje de inmensidad, una infinita llanura pululante de hombres, mujeres, niños, sobre los cuales se extendían los brazos de Nuestro Señor Crucificado. Y los brazos de Cristo crecían, crecían y parecían abrazar a toda aquella humanidad doliente y cubrirla con la inmensidad de su amor; y la Cruz subía, subía hasta el Cielo y llenaba el ámbito todo y tras de ella subían muchos, muchos hombres y mujeres y niños; subían todos, ninguno se quedaba atrás; sólo yo, clavado en el suelo, veía desaparecer en lo alto a Cristo, rodeado por el enjambre inacabable de los que subían con Él; sólo yo me veía a mí mismo, en aquel paisaje ya desierto, arrodillado y con los ojos puestos en lo alto y viendo desvanecerse los últimos resplandores de aquella gloria infinita, que se alejaba de mí [...]. No me cabe la menor duda de que esta especie de visión no fue sino producto de la fantasía excitada por la dulce y penetrante música de Berlioz. Pero tuvo un efecto fulminante en mi alma. «Ése es Dios, ése es el verdadero Dios, Dios Vivo, ésa es la Providencia viva» -me dije a mí mismo-. Ése es Dios, que entiende a los hombres, que vive con los hombres, que sufre con ellos, que los consuela, que les trae la salvación. Si Dios no hubiera venido al mundo, si Dios no se hubiera hecho carne de hombre en el mundo, el hombre no tendría salvación, porque entre Dios y el hombre habría siempre una distancia infinita que jamás podría el hombre franquear. Yo lo había experimentado por mí mismo hacía pocas horas. Yo había querido con toda sinceridad y devoción abrazarme a Dios, a la Providencia de Dios; yo había querido entregarme a esa Providencia, que hace y deshace la vida de los hombres. ¿Y qué me había sucedido? Pues que la distancia entre mi pobre humanidad y ese Dios teórico de la filosofía me había resultado infranqueable. Demasiado lejos, demasiado ajeno, demasiado abstracto, demasiado geométrico e inhumano. Pero Cristo, pero Dios hecho hombre, Cristo sufriendo como yo, más que yo, muchísimo más que yo, a ése sí que lo entiendo y ése sí que me entiende. A ése sí que puedo entregarle fielmente mi voluntad entera, tras de la vida. A ése sí que puedo pedirle, porque sé de cierto que sabe lo que es pedir y sé de cierto que da y dará siempre, puesto que se ha dado entero a nosotros los hombres. ¡A rezar, a rezar! Y puesto de rodillas empecé a balbucir el Padrenuestro. Y ¡horror!, Don José María, ¡se me había olvidado! Permanecí de rodillas un gran rato, ofreciéndome mentalmente a Nuestro Señor Jesucristo con las palabras que se me ocurrían buenamente. Recordé mi niñez; recordé a mi madre, a quien perdí cuando yo contaba nueve años de edad; me representé claramente su cara, el regazo en que me recostaba, estando de rodillas para rezar con ella; lentamente, con paciencia, fui recordando trozos del Padrenuestro; algunos se me ocurrieron en francés, pero al traducirlos restituí fielmente el texto español”. Termina el primer momento. García Morente acaba de rezar. Ha comprendido que Dios está cerca, que ha entrado en la historia humana, que es posible confiar en Él. Pero algo más sorprendente, más profundo, más íntimo, está por llegar. Seguimos con la lectura del manuscrito donde narra lo que ocurrió esa noche del 29 al 30 de abril de 1937. “En el relojito de pared sonaron las doce de la noche. La noche estaba serena y muy clara. En mi alma reinaba una paz extraordinaria. [...] Aquí hay un hueco en mis recuerdos tan minuciosos. Debí quedarme dormido. Mi memoria recoge el hilo de los sucesos en el momento en que me despertaba bajo la impresión de un sobresalto inexplicable. No puedo decir exactamente lo que sentía: miedo, angustia, aprensión, turbación, presentimiento de algo inmenso, formidable, inenarrable, que iba a suceder ya mismo, en ese mismo momento, sin tardar. Me puse de pie todo tembloroso y abrí de par en par la ventana. Una bocanada de aire fresco me azotó el rostro. Volví la cara hacia el interior de la habitación y me quedé petrificado. Allí estaba Él. Yo no lo veía, no lo oía, yo no lo tocaba. Pero Él estaba allí. En la habitación no había más luz que la de una lámpara eléctrica de esas diminutas, de una o dos bujías, en un rincón. Yo no veía nada, no oía nada, no tocaba nada. No tenía la menor sensación. Pero Él estaba allí. Yo permanecía inmóvil, agarrotado por la emoción. Y le percibía; percibía su presencia con la misma claridad con que percibo el papel en que estoy escribiendo y las letras -negro sobre blanco- que estoy trazando. Pero no tenía ninguna sensación ni en la vista, ni en el oído, ni en el tacto, ni en el olfato, ni en el gusto. Sin embargo, le percibía allí presente con entera claridad. Y no podía caberme la menor duda de que era Él, puesto que le percibía aunque sin sensación. ¿Cómo es esto posible? Yo no lo sé, pero sé que Él estaba allí presente y que yo, sin ver, ni oír, ni oler, ni gustar, ni tocar nada, le percibía con absoluta e indiscutible evidencia. Si se me demuestra que no era Él o que yo deliraba, podré no tener nada que contestar a la demostración, pero tan pronto como en mi memoria se actualice el recuerdo, resurgirá en mí la convicción inquebrantable de que era Él, porque lo he percibido. No sé cuánto tiempo permanecí inmóvil y como hipnotizado ante su presencia. Sí sé que no me atrevía a moverme y que hubiera deseado que todo aquello -Él allí- durara eternamente, porque su presencia me inundaba de tal y tan íntimo gozo, que nada es comparable al deleite sobrehumano que yo sentía. Era como una suspensión de todo lo que en el cuerpo pesa y gravita, una sutileza tan delicada de toda mi materia, que dijérase no tenía corporeidad, como si yo todo hubiese sido transformado en un suspiro o céfiro o hálito. Era una caricia infinitamente suave, impalpable, incorpórea, que emanaba de Él y que me envolvía y me sustentaba en vilo, como la madre que tiene en sus brazos al niño. Pero sin ninguna sensación concreta de tacto. ¿Cuándo terminó la estancia de Él allí? Tampoco lo sé. Terminó. En un instante desapareció. Una milésima de segundo antes, estaba Él aún allí, y yo le percibía y me sentía inundado de ese gozo sobrehumano que he dicho. Una milésima de segundo después, ya Él no estaba allí, ya no había nadie en la habitación, ya estaba yo pesadamente gravitando sobre el suelo y sentía mis miembros y mi cuerpo sosteniéndose por el esfuerzo natural de los músculos”. El resto de la narración es un esfuerzo de Morente por explicarse lo que había ocurrido aquella noche. Está convencido de que ha llegado a percibir a Dios, de un modo similar a como se expresa santa Teresa de Jesús respecto de algunas de sus experiencias místicas. Pero no comprende por qué Dios le ha concedido ese regalo tan particular, cuando no había hecho nada, absolutamente nada, para merecerlo... Una noche de abril. Un filósofo llega a experimentar a Dios. Su vida, desde ese momento, cambia. Decide que será sacerdote. Mientras, Dios, que guía la historia, le permite volver a abrazar a sus hijas y nietos. Va a Sudamérica y puede dar una serie de conferencias. Asiste, con sus hijas, a misa. Vuelve a España, y después de una larga confesión general con un obispo, recibe la comunión. ¡Después de más de 30 años! Luego, pasa un tiempo en un monasterio. Varios meses después ingresa en el seminario. El famoso profesor de filosofía que no creía en Cristo se ordena sacerdote en diciembre de 1940. Dios quiere encontrarse nuevamente con Él, de un modo definitivo, eterno. El 7 de diciembre de 1942, cuando apenas lleva dos años de sacerdote, amanece muerto. Alguno no habrá comprendido por qué Dios lo llamó tan pronto, por qué no dejó que el filósofo, ahora convertido en sacerdote, diese conferencias y hablase a los jóvenes de su fe fresca, sincera, experimental. Desde el cielo García Morente sonreirá. Está con Dios, con el Dios de la historia, con el Dios de la providencia llena de amor y de ternura. Desde allí nos espera y nos toca el corazón, no sólo con la narración del “hecho extraordinario”, sino también con esa vida que se genera gracias a la comunión de los santos. CATHOLIC NET

jueves, 1 de agosto de 2013

Papa Francisco: El legado que nos ha dejado No es fácil resumir en pocas palabras los puntos relevantes de las intervenciones del Papa Francisco en Brasil. Destaco algunos con el riesgo de omitir otros importantes. El legado mayor fue la figura del Papa Francisco: un humilde servidor de la fe, despojado de todo aparato, tocando y dejándose tocar, hablando el lenguaje de los jóvenes y diciendo las verdades con sinceridad. Representó al más noble de los líderes, el líder servidor que no hace referencia a sí mismo sino a los demás, con cariño y cuidado, evocando esperanza y confianza en el futuro. En el campo político encontró un país perturbado por las multitudinarias manifestaciones de los jóvenes. Defendió su utopía y el derecho a ser escuchados. Presentó una visión humanística en la política, en la economía y en la erradicación de la pobreza. Criticó duramente un sistema financiero que descarta los dos polos: a las personas mayores, porque ya no producen, y a los jóvenes, no creándoles puestos de trabajo. Las personas mayores no pueden trasmitir su experiencia y a los jóvenes se les priva de construir su futuro. Una sociedad así puede colapsar. El tema de la ética, fundada en la dignidad transcendente de la persona, era recurrente. Con referencia a la democracia acuñó la expresión “humildad social”, que es hablar cara a cara, entre iguales y no desde arriba hacia abajo. Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta apuntó una opción siempre posible: el diálogo constructivo. Tres categorías volvían una y otra vez: el diálogo como mediación para los conflictos, la proximidad a las personas más allá de todas las burocracias y la cultura del encuentro. Todo el mundo tiene algo que dar y algo que recibir. “Hoy o se apuesta por la cultura del encuentro o perdemos todos”. En el campo religioso fue más fecundo y directo. Reconoció que ha habido “jóvenes que perdieron la fe en la Iglesia e incluso en Dios por la incoherencia de muchos cristianos y ministros del evangelio”. El discurso más severo lo reservó para los obispos y cardenales latinoamericanos (CELAM). Reconoció que la Iglesia ̶ y él se incluía ̶ , está atrasada en lo que se refiere a la reforma de sus estructuras. Y les instó no solo abrir las puertas a todos, sino a salir al mundo y a las “periferias existenciales”. Criticó la “psicología principesca” de algunos miembros da jerarquía. Tienen que ser pobres interior y exteriormente. Dos ejes deben estructurar la pastoral: la proximidad al pueblo, más allá de las preocupaciones organizativas, y el encuentro, marcado de cariño y ternura. Habla incluso de la necesaria “revolución de la ternura”, cosa que él demostró vivir personalmente. Entiende la Iglesia como madre que abraza, acaricia y besa. Los pastores deben cultivar esta actitud materna para con sus fieles. La Iglesia no puede ser controladora y administradora sino servidora y facilitadora. Enfáticamente afirma que la posición del pastor no es la del centro sino la de la periferia. Esta afirmación es de destacar: el puesto de los obispos debe ser o “al frente para indicar el camino, o en el medio para mantenerlo unido y neutralizar las desbandadas, o atrás para evitar que alguien se extravíe”, y debe darse cuenta de que “el rebaño tiene su propio olfato para encontrar nuevos caminos”. Además, da centralidad a los laicos para decidir junto con los pastores los caminos de la comunidad. El diálogo con el mundo moderno y la diversidad religiosa: el Papa Francisco no mostró ningún miedo ante el mundo moderno; desea intercambiar y ser parte de un profundo movimiento de solidaridad con los privados de comida y de educación. Todas las confesiones deben trabajar juntas en favor de las víctimas. Poco importa que la atención la preste un cristiano, un judío, un musulmán u otro. Lo decisivo es que el pobre tenga acceso a la comida y a la educación. Ninguna confesión puede dormir tranquila mientras los desheredados de este mundo estén gritando. Aquí se impone un ecumenismo de misión, todos juntos al servicio de los demás. A los jóvenes les dedicó palabras de entusiasmo y de esperanza. Contra una cultura de consumismo y de deshumanización les pidió ser “revolucionarios” y “rebeldes”. Por la ventana de los jóvenes entra el futuro. Criticó el restauracionismo de algunos grupos y el utopismo de otros. Puso el acento en la actualidad: “en el hoy se juega la vida eterna”. Los invitó siempre al entusiasmo, a la creatividad, a ir por el mundo difundiendo el mensaje generoso y humanitario de Jesús, el Dios que se hizo cercano y se encontró con los seres humanos. En la celebración final había más de tres millones de personas, alegres, festivas, en el más absoluto orden. Un aura de benevolencia, de paz y de felicidad descendió sobre Río de Janeiro y sobre Brasil que sólo podía ser la irradiación del tierno y fraterno Papa Francisco y del Sentimiento Divino que supo transmitir. P. José Ricardo de Sales.

jueves, 11 de julio de 2013

EL DIA MAS FELIZ DE ESTE AÑO

GRACIAS DIOS POR FRANCISCO, GRACIAS POR SU ENTREGA Y DEDICACION. OREMOS POR EL PARA QUE SIGA SIENDO UN INSTRUMENTO DE DIOS



http://www.youtube.com/watch?v=Te3Xl2DsUqw&feature=player_detailpage#t=612s

lunes, 8 de abril de 2013

Ni adivinos, ni cartas, ni brujos, solamente Jesús nos da la Salvación

Ni adivinos, ni cartas, ni brujos, solamente Jesús nos da la Salvación

Homilía del papa Francisco en su misa cotidiana

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1424 hitos

Solamente en el nombre de Jesús está la salvación. Lo subrayó el papa Francisco en la homilía de su misa cotidiana en la capilla de la Residencia Santa Martes. Entre los presentes estaban algunos colaboradores de la Curia Romana y un grupo de trabajadores de la Farmacia Vaticana.
El papa Francisco comentando las lecturas de viernes de la Octava de la Pascua, recordó con san Pedro que sólo en el nombre de Jesus seremos salvados.
El Evangelio recuerda a Pedro que había renegado a Jesús, y que en la prisión dió su testimonio ante los jefes judíos, explicando que gracias a la invocación del nombre de Jesús un hombre cojo fue milagrosamente curado.
“Es ese nombre el que nos salva”. Entretanto Pedro no pronuncia ese nombre así, sino “lleno del Espíritu Santo”. De hecho --precisó el papa Francisco- nosotros no podemos dar testimonio de Jesús, no podemos hablar de Jesús, no podemos decir nada sin el Espíritu Santo”.Y recordó que “es el Espirito Santo que nos empuja a confesar Jesus y a tener confianza en Jesus”.
Y el Papa contó una pequeña anécdota sobre un humilde trabajador de la curia de Buenos Aires, con más de 30 años de servicio, padre de 8 hijos, que siempre que iniciaba un trabajo o salía para hacer uno cualquier servicio decía: ¡Jesus!
“Y yo le pregunté -dijo el papa- porqué siempre decía Jesús. Y el respondió: ¡Porque cuando digo Jesús me siento fuerte, y con más capacidad para trabajar, y porque sé que él está a mi lado y me protege”.
“Este hombre -prosiguió- no ha estudiado teología, tiene solamente la gracia del bautismo y la fuerza del Espíritu y a mi me hizo tanto bien: porque nos recordó que en este mundo que nos ofrece a tantos salvadores es solamente el nombre de Jesús que nos salva.
Muchos para resolver sus problemas hoy día recurren, a brujos, magos y videntes. Pero solamente Jesús nos salva “ ¡y debemos dar testimonio de esto! Él es el único”.
Y recordó a los presentes que “la Virgen siempre nos lleva a Jesús como cuando dijo en Caná: 'Hagan lo que Él les dirá'. Así confiémonos en el nombre de Jesús, dejando que el Espíritu Santo nos empuje a realizar esta oración llena de confianza en el nombre de Jesus… ¡Nos va a hacer bien!”

martes, 19 de marzo de 2013

BIENVENIDO PAPA FRANCISCO

Ya sé que se habla mucho de El, el Papa Francisco. Pero no puedo dejar de maravillarme. Que hayas parado para saludar a un niño, a un discapacitado, que tu auto no tenga blindex que te proteja de la gente, que tus zapatos no sean los costosos rojos de Prada, que hayas puesto en la primera fila de las autoridades a los curas villeros y a unos cartoneros de tu amada ciudad: WOW! Siento que renace la iglesia de Cristo, la de los pescadores de Galilea, la que fundo Jesús... Tengo esperanzas en Cristo en primer lugar y confío en Usted, Santo Padre Francisco. Aquí estamos en la barca de Pedro, esperando que fije el curso, con las manos dispuestas para comenzar a trabajar. Cuente conmigo!!! (GUSTAVO QUILODRAN SEMINARISTA ALTO VALLE)

martes, 22 de enero de 2013

Gloria - MARTIN VALVERDE (Música Católica)

clave de la felicidad

La clave de la felicidad

La felicidad verdadera y profunda es mucho más que solo aprender a
disfrutar las cosas pequeñas y cotidianas, o aceptar nuestras
cualidades y limitaciones.
La época que nos ha tocado vivir tiene una obsesión por el bienestar y
el placer, que a veces son confundidos con la felicidad. Podemos caer
fácilmente en la trampa de buscar la felicidad por medio de los bienes
materiales, o por el reconocimiento social.
Si creemos que está en nosotros mismos la solución para la felicidad,
por supuesto terminaremos solos en esta búsqueda.
La felicidad verdadera y profunda es mucho más que solo aprender a
disfrutar las cosas pequeñas y cotidianas, o aceptar nuestras
cualidades y limitaciones. Una actitud positiva ayuda, pero no es
necesariamente la llave para la felicidad.
Cuando volvemos la mirada a Dios, encontramos la única felicidad
verdadera. Desde el Antiguo Testamento las Sagradas Escrituras nos
dicen que es feliz quien ama a Dios, quien le busca y espera en Él
(Sal 2, 12; 34, 9; 40, 5; 84, 13; 112, 1; Prv 16,20;28, 14;Ec/34,
15;Is30, 18; Tob 13, 14.) La felicidad, en último término, reside en
la comunión con Dios y en Dios como persona (Sal 73, 25).
Jesús es una auténtica puerta a la felicidad y a la esperanza.
Recordemos sus palabras cuando nos explica que son felices “Quienes
escuchan la palabra de Dios” (Lc 11, 28), “Quienes creen sin haber
visto” (Jn 20, 29), “Quienes practican la caridad con los necesitados”
(Lc 14, 14), “Los humildes y serviciales con sus hermanos” (Jn 13, 17)
San Juan Crisóstomo decía que las riquezas no proporcionan felicidad
ninguna cuando el alma vive en la pobreza. La felicidad, la dicha, no
se tiene por las riquezas, ni por el poder, la autoridad o la
dignidad. Tampoco por la sabiduría. Estos atributos no contienen la
felicidad.
“El abandono en la Voluntad de Dios es el secreto para ser feliz en la tierra.—Di, pues: «meas cibus est, ut faciam voluntatem ejus»—mi alimento es hacer su Voluntad.”
Nunca debemos olvidar como cristianos, que la verdadera felicidad no
se encuentra en esta tierra ni en esta vida, sino en la salvación del
alma. Jesús nos ha mandado desear los bienes divinos más, querer el
cielo.
No podemos aspirar a la felicidad “en solitario”. Jesús es el amigo
que nunca olvida, el consuelo siempre presente. Él nos explicó cómo
podemos reconciliarnos con Dios y llenar nuestra vida de alegría. Con
Él podemos encontrar la auténtica felicidad.
Ligado al tema de la felicidad, siempre está el concepto del
sufrimiento. Jesús, es bueno recordarlo, era verdaderamente Dios y
verdaderamente hombre. Nuestro Señor Jesucristo conoció el hambre, la
sed, el cansancio. A Dios no le es ajeno nuestro sufrimiento. Sin
embargo no olvidemos que para los católicos, el sufrimiento y la
prueba tienen un sentido.
Cada vez que experimentamos contradicciones, tristezas, traiciones,
son momentos de gran valor en nuestras vidas en los que podemos
recordar a Simón de Cirene, que le ayudó a Jesús con el peso de la
cruz. Cuando experimentamos penas y dolor o enfermedad, tenemos la
oportunidad de convertirnos en Cirineos que ayudan a Jesús con la
cruz.
Si vemos el mundo con ojos humanos, terminaremos sin entender por qué
del sufrimiento. Pero si impregnamos nuestra vida de Dios,
comenzaremos a ver las cosas de un modo distinto. Por contradictorio
que pudiera parecernos, el sufrimiento es uno de los caminos de la
felicidad cristiana, porque el sufrimiento a la luz de la cruz nos
acerca a Jesús.
Dios espera que seamos cristianamente felices, y eso lo podemos lograr
en nuestra vida ordinaria. Acercarse a Dios es encontrar la felicidad,
y a Él se le puede encontrar en todos los momentos de nuestras vidas:
en el taller, en la oficina, en la escuela, en la casa. Si nos vamos
haciendo conscientes de la intervención permanente de Dios en nuestras
vidas, iremos conociéndolo. Conocer a Dios es amarlo, y no hay un
medio más seguro para la felicidad que amar a Dios, que cumplir Su
voluntad. ¿Cuántas veces hemos visto el sufrimiento de nuestra vida en
el pasado para finalmente entender que era necesario para obtener un
bien mayor?
La llave de la felicidad está sintetizada en los dos mandamientos
fundamentales: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a
uno mismo.
Cuando toda nuestra atención está volcada hacia nosotros mismos,
encontraremos abundantes motivos de tristeza y contradicción. Quien es
egoísta y solo piensa en si mismo, va haciendo su vida solitaria y
deja de encontrar sentido en las contradicciones que le aquejan. En
cambio, quien vuelca su vida a los demás estará pendiente de auxiliar,
de solidarizarse con el dolor ajeno. Y, extraordinariamente, al dejar
de vernos a nosotros mismos sino de amar hacia fuera y volcarnos a los
demás, nuestros propios problemas y sufrimientos se vuelven menos
importantes. El gran antídoto contra el egoísmo es la caridad. Y la
caridad es un camino a la felicidad en la que vamos de la mano como
hermanos con quienes nos rodean.
Si queremos felicidad “instantánea” terminaremos llenos de
frustración. La felicidad “de aspirina” no existe. Solo Dios, Trino y
Uno es la felicidad verdadera. Conocerle y enamorarse de Él es un
proceso que no ocurre de la noche a la mañana. Pero si nos acercamos a
Jesús, Él nos abrirá las puertas del cielo. Conozcamos a Jesucristo
leyendo el Evangelio, reconozcamos cómo impregna nuestras vidas y
llevemos vidas rectas y apegadas a la voluntad de nuestro Padre.
Pidámosle a la Santísima Virgen, fiel intercesora nuestra, que nos
enseñe el camino de la cruz de esta vida para convertirlo en camino de
felicidad. Ella nos mostrará cómo un camino lleno de espinas puede
convertirse en un camino cubierto de pétalos cuando lo empecemos a
recorrer con Jesús.

fuente. encuentra.com

miércoles, 28 de noviembre de 2012

LOS SANTOS ANONIMOS

Ayer me puse a pensar en todas las personas que conozco, y me fui dando cuenta que verdaderamente somos unos bendecidos, ya que alrededor nuestro caminan muchos Santos Anónimos.
Estos Santos Anómimos que son capaces de pasar horas y horas visitando enfermos en la clínica o en el hospital  de nuestra ciudad, dejan la comodidad de sus casas para ir a visitar a aquella enferma mental que no tiene a nadie como familia, o se juegan por entero visitando a los presos, o aquella mamá que llorando recorre escuela por escuela, médico por médico para que su niña hipoacusica pueda tener una vida màs digna. 
Verdaderamente somos bendecidos porque diariamente recibimos un testimonio de vida que edifica nuestro ser, un testimonio que habla más que mil palabras. Y pienso que en cada uno de ellos Dios nos esta mostrando su amor y por eso quiero dar gracias.
Silvina

TU TIENES QUE RECORDAR QUE TE AMO

Después del terremoto en Turquia, cuando los rescatistas comenzaron a buscar sobrevivientes entre las ruinas de la casa de una joven mujer, vieron el cuerpo de
ella por uno de los orificios de las ruinas de la casa. Les pareció extraña la postura del cuerpo, estaba sobre sus rodillas y su cuerpo hacia adelante como cuando una persona se arrodilla para adorar, con el rostro hacia el suelo; su cuerpo estaba inclinado hacia adelante y sus manos estaban sujetas a algún objeto. El peso de la casa quebró su espalda y su cuello. Con mucha dificultad, el líder del equipo de rescate puso sus manos y brazos para ver si la mujer aun estaba con vida. Pero la dureza del cuerpo y la temperatura del mismo, anunciaban que la mujer había muerto. El tenía la esperanza de que la mujer aun estaría con vida. Él y su equipo salieron de las ruinas de la casa para seguir su trabajo en busca de más víctimas. Por alguna razón, el líder del equipo sintió una necesidad enorme de regresar a donde el cuerpo de la mujer se encontraba. Una vez más se arrodilló y puso sus manos en el espacio que les permitía alcanzar el cuerpo y decidió de revisar debajo de ese cuerpo sin vida. Instantáneamente empezó a gritar: "¡Un niño! ¡Hay un niño aquí!" El equipo entero regresó para cuidadosamente remover los escombros alrededor del cuerpo de la mujer. Ahí encontraron un niño de 3 meses de edad envuelto en una frazada estampada con flores debajo del cuerpo de la madre. Obviamente , la mujer hizo su ultimo sacrificio por salvar a su hijo. Cuando la casa comenzó a caer, ella uso su cuerpo para proteger a su hijo. El pequeño niño aun dormía cuando el equipo lo levanto de los escombros. El doctor del equipo vino enseguida a revisar al pequeño. Una vez que abrió la frazada, vio un celular dentro. Había un mensaje de texto en la pantalla que decía: "Si puedes sobrevivir, tu tienes que recordar que TE AMO". El celular pasó por cada uno de los miembros del equipo de rescate. Cada persona que leyó el mensaje, no pudo más que llorar. "Si puedes sobrevivir, tu tienes que recordar que te AMO". Cuán grande es el amor de una madre por su hijo!!! No te olvides de compartir esta historia...

sábado, 25 de agosto de 2012

EL JOVEN Y SU PAPA

Un muchacho vivía solo con su padre, ambos tenían una relación extraordinaria y muy especial.
El joven pertenecía al equipo de fútbol americano de su colegio, usualmente no tenía la oportunidad de jugar, bueno casi nunca, sin embargo su padre permanecía siempre en las gradas haciéndole compañía.
El joven era él más bajo de la clase cuando comenzó la secundaria, insistía en participar en el equipo de fútbol del colegio, su padre siempre le daba orientación y le explicaba claramente que “el no tenía que jugar fútbol si no lo deseaba en realidad” Pero el joven amaba el fútbol, no faltaba ni a una practica ni a un juego, estaba decidido a dar lo mejor de sí, se sentía felizmente comprometido!.
Durante su vida en secundaria, lo recordaron como el calentador de bancas, debido a que siempre permanecía sentado… Su padre con su espíritu de luchador, siempre estaba en las gradas, dándole compañía, palabras de aliento y el mejor apoyo que ningún hijo podía esperar. Cuando comenzó la universidad, intentó entrar al equipo de fútbol, todos estaban seguros de que no lo lograría, pero a todos venció, entrando al equipo.
El entrenador dio la noticia, admitiendo que lo había aceptado además por como él demostraba entregar su corazón y su alma en cada una de las prácticas y al mismo tiempo le daba a los demás el entusiasmo perfecto. La noticia llenó por completo su corazón, corrió al teléfono más cercano y llamó a su padre, quien compartió con él su emoción. Le enviaba en todas las temporadas todas las entradas para que asistiera a todos los juegos de la universidad.
El joven atleta era muy persistente, nunca faltó ni a una práctica ni a un juego durante los 4 años de la universidad y nunca tuvo el chance de participar en ningún juego!.
Era el final de la temporada y justo unos minutos antes que comenzará el primer juego de la eliminatoria, el entrenador le entregó un telegrama, el joven lo tomó y luego de leerlo quedó en silencio… y temblando le dijo al entrenador: “mi padre murió esta mañana, ¿no hay problema de que falte al juego?, el entrenador le abrazó y le dijo “toma el resto de la semana libre hijo y no se te ocurra venir el sábado”
Llegó el sábado y el juego no estaba muy bien en el tercer cuarto, cuando el equipo tenía 10 puntos de desventaja, el joven entró al vestuario y calladamente se colocó el uniforme y corrió hacía donde estaba el entrenador y su equipo, quienes estaban impresionados de ver a su luchador compañero de regreso, “entrenador, por favor permítame jugar, yo tengo que jugar hoy” imploró el joven, el entrenador pretendió no escucharlo, de ninguna manera él podía permitir que su peor jugador entrará en las eliminatorias, pero el joven insistió tanto que el entrenador sintió lastima y aceptó: “Ok hijo puedes entrar, el campo es todo tuyo, dijo minutos después el entrenador.
El equipo y el público, no podían creer lo que estaban viendo, un pequeño desconocido que nunca había participado en un juego, estaba haciendo todo perfectamente brillante, nadie podía detenerlo en el campo, corría fácilmente como toda una estrella, su equipo comenzó a ganar, hasta que empató el juego.
En los segundos de cierre, el muchacho interceptó un pase y corrió todo el campo hasta ganar con una anotación, la gente que estaba en las gradas gritaba emocionada, su equipo lo llevó cargado por todo el campo, finalmente cuando todo terminó, el entrenador notó que el joven estaba sentado calladamente y sólo en una esquina, se acercó y le dijo: “muchacho no puedo creerlo, estuviste fantástico”, dime ¿cómo lo lograste?, el joven miró al entrenador y le dijo: “usted sabe que mi padre murió… ¿pero sabía que mi padre era ciego?, el joven hizo una pausa y trato de sonreír… “Mi padre asistió a todos mis juegos, pero hoy era la primera vez que él podía verme jugar… y yo quise mostrarle que si podía hacerlo”… .
Así que recuerda: Siempre existe alguien que está orgulloso de ti, piensa en ti, quiere estar a tu lado, quiere sujetar tu mano, quiere que te encuentres feliz, quiere abrazarte, admira tu fortaleza, no le gusta verte sufrir, te ama por quien eres, te considera un tesoro, confía en tí y sobre todo te considera su hijo. Sabes de quién hablo? no está de más decirte que el Padre Celestial está sentado en su trono observándote y cuidándote.
Colosenses 3:17
Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Colosenses 3:23
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;
1 Pedro 5:7
Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
"RENUEVO DE PLENITUD" GRACIAS POR ESTA REFLEXION

jueves, 23 de agosto de 2012

John Gedhardt

Una bella foto de guerra! Es el otro lado de la guerra, y es emocionante!! El corazón de un soldado, el corazón de un hombre, de un padre Esta historia es dura. pero reconfortante para el corazón, cuando miramos esta foto de John Gedhardt en Afghanistan, la esposa de John, Mindy, nos cuenta que la familia entera de esta niña fue ejecutada Los insurrectos querian matarla tambien y le pegaron un tiro cerca de la cabeza...pero por suerte fallaron y no murió Ella fue cuidada en el hospital por John y esta en vias de curarse, aunque llora y se queja. Las enfermeras han dicho que John es el único que logra calmarla, entonces... John ha pasado las ultimas noches teniéndola en sus brazos,y los dos duermen en esta silla. La pequeña se recupera lentamente. John es un verdadero héroe de la guerra y representa lo humano y bello de el amor y el amor a nuestro prójimo Esto amigos mios , vale la pena de ser compartido ,con el resto del MUNDO entero No verás, jamás una cosa asi en las noticias. El mundo necesita ver fotos como esta y asi creer en la humanidad y tener la oportunidad de ser participes en el cambio de esta vida , tan llena de violencia, egoismos , maldad..... pero por esta razón esta foto nos llena de esperanza y credibilidad en la humanidad. Que viva EL AMOR!!!! No tengas temor de vivir y testimoniar la FE en los diversos ambientes de la sociedad, en múltiples situaciones de la existencia humana, sobretodo en las más dificiles La FE nos muestra y nos da la fuerza de Dios para tener siempre confianza y aliento. para seguir adelante con nuevas decisiones, para emprender las iniciativas necesarias para dar un rostro siempre mas bello a nuestra tierra. Benedicto XVI QUE DE LA VUELTA AL MUNDO. FUENTE: HNA. BERTA

jueves, 9 de agosto de 2012

EDITH STEIN

Teresa Benedicta de la Cruz, (Edith Stein)- Biografía Nació el 12 de octubre de 1891, en la entonces ciudad alemana de Breslau (hoy Wroclaw-capital de la Silesia, que pasó a pertenecer a Polonia después de la Segunda Guerra Mundial). Ella era la menor de los 11 hijos que tuvo el matrimonio Stein. Sus padres, Sigfred y Auguste, dedicados al comercio, eran judíos. Él murió antes de que Edith cumpliera los dos años, y su madre hubo de cargar con la dirección del comercio y la educación de sus hijos. Edith escribió de sí misma que de niña era muy sensible, dinámica, nerviosa e irascible, pero que a los siete años ya empezó en ella a madurar un temperamento reflexivo. Pronto se destacaría por su inteligencia y por su capacidad de estar abierta a los problemas que la rodean. En plena adolescencia deja la escuela y la religión porque no encuentra en ellas sentido para la vida. Surgen sus grandes dudas existenciales sobre el sentido de la vida del hombre en general, y se percata de la discriminación que sufre la mujer. Desde ahí inicia su búsqueda, motivada por un sólo principio: "estamos en el mundo para servir a la humanidad". Fue una brillante estudiante de fenomenología, en la Universidad de Gottiengen. Husserl la escoge antes que a Martín Heidegger (uno de los filósofos más importantes del siglo XX) para ser su asistente de cátedra. Como mujer, en la época de 1916 esto era un logro impresionante. Partiendo de una personalidad marcada fuertemente por la determinación, la tenacidad, terquedad y seguridad en sí misma, recibió el título de Filosofía de la Universidad de Friburgo. Siendo una mujer con una personalidad de alta tensión y fuertemente pasional, así como totalmente racionalista y atea, en el fondo mismo de su corazón, la semilla de la generosidad y servicio a la humanidad causaba un profundo cuestionamiento existencial. Fue así que decidió enlistarse en la Cruz Roja como enfermera durante la primera Guerra mundial. Sus palabras fueron: "ahora mi vida no me pertenece. Todas mis energías están al servicio del gran acontecimiento. Cuando termine la Guerra, si es que vivo todavía, podré pensar de nuevo en mis asuntos personales. Si los que están en las trincheras tienen que sufrir calamidades, porqué he de ser yo una privilegiada?" Todo esto revela la búsqueda de un alma buena, de un alma que en ese momento no conocía a Dios pero que, sin embargo, ante el sufrimiento ajeno, se hace solidaria. En 1915 recibe la “medalla al valor". Otras características humanas de su carácter brillaron en ese período: su amabilidad, paz, silencio, servicio y dominio de sí misma. Todo el mundo la quería. Dios ya estaba preparando su alma para un día reinar en ella. El Momento de la Conversión En el año 1921, tras la muerte de un amigo muy cercano, Edith decide acompañar a la viuda, Hedwig Conrad, que también es muy amiga suya. Edith pensaba que se iba a encontrar con una mujer totalmente desconsolada ante la pérdida de su esposo tan querido. La muerte le causaba siempre un impacto interior muy grande, porque le hacia sentir la urgencia de dar respuesta a los grandes interrogantes de la vida. En este momento de su vida, ya vivía interiormente una cierta kenósis, pues había experimentado el vacío de las aspiraciones de las ideas filosóficas. Éstas no eran capaces de llenar su alma, ni de calmar su deseo de una verdad más profunda, más completa. Reconocía que en ellas quedaban grandes vacíos y lagunas. Edith buscaba más. Fue por tanto de gran impacto para ella, encontrar que su amiga, no sólo no estaba desconsolada, sino que tenía una gran paz y gran fe en Dios. Viéndola, Edith deseaba conocer la fuente de esta paz y de esta fe. Mientras estaba en casa de la viuda Conrad, Edith tiene acceso a leer la biografía de quien pasaría a ser su maestra de vida interior y su Madre Fundadora, Santa Teresa de Jesús. Una vez que lo comienza, Edith no pudo soltar el libro, sino que pasó toda la noche leyendo hasta terminarlo. Intelectual y lógica como era, leía y analizaba cada página hasta que finalmente su raciocinio se sometió a la gracia haciéndola pronunciar aquellas palabras desde su corazón femenino: "ésta es la verdad". La fenomenóloga brillante quiere rendirse a la gracia, pero atraviesa crisis profundas. Crisis a las que su voluntad se resiste. Edith estudia incansablemente "los fenómenos" que se van sucediendo en su alma, se apasiona por "explicar" qué es lo que pasa sin lograrlo. Esto la lleva a tener un cansancio crónico pero que finalmente le muestra lo que es el poder de la gracia de Dios en el alma. Ella misma escribe: "hay un estado de sosiego en Dios, de total relajación de toda actividad espiritual, en el que no se hacen planes ningunos, no se toman decisiones de ninguna clase y, sobre todo, no se actúa, sino que todo el porvenir se deja a la voluntad de Dios, se abandona uno totalmente al "destino". Edith ha descubierto la verdad y se entrega: Seré Católica. Unos pocos meses más tarde, sin más, Edith entra en una Iglesia Católica, y después de la Santa Misa, busca al sacerdote en la sacristía y le comunica su deseo de ser bautizada. Ante el asombro del Padre y cuestionamiento de su preparación para recibir el sacramento y de ser iniciada en la Fe Católica, Edith responde simplemente: ‘Haga la prueba.” El día 1 de enero de 1922, Edith es bautizada Católica. Añade a su nombre el de Hedwig, en honor a su amiga quien fue instrumento en su conversión. Su bautismo es fuente de inmensas gracias. Ella reconoce, admirablemente, que su inserción en el Cuerpo Místico de Cristo como Católica, lejos de robarle su identidad como Judía, más bien le da cumplimiento y un sentido más profundo. Al ser Católica se siente mas Judía; encuentra en Jesucristo el sentido de toda su fe y vida como Judía. Este doble aspecto, crea en Edith un corazón auténticamente reconciliador entre las dos religiones. Después de su bautismo emergió en ella, como fruto directo, la seguridad de su vocación a la vida religiosa. Ella misma escribía a su hermana Rosa en una ocasión: "Un cuerpo, pero mucho miembros. Un Espíritu, pero muchos dones. ¿Cuál es el lugar de cada uno? Ésta es la pregunta vocacional. La misma no puede ser contestada sólo en base de auto-examen y de un análisis de los posibles caminos. La solución debe ser pedida en la oración y en muchos casos debe ser buscada a través de la obediencia". Es difícil a una mujer tan acostumbrada a la vida independiente y con la tenacidad de su carácter someterse a la obediencia. Pero en efecto, lo hizo. Vida Apostólica Edith deseaba entrar casi inmediatamente a la vida religiosa, pero el Padre que en ese momento la aconsejaba espiritualmente, reconociendo los dones extraordinarios que ella poseía, la disuade, considerando que aún tenía mucho bien que hacer por medio de sus actividades “en el mundo”. Así, Edith empieza un periodo de apostolado fecundo y de un alcance impresionante. Empieza a trabajar como maestra en la escuela de formación de maestras de las dominicas de Santa Magdalena. Aquí establece amistosas relaciones con varias profesoras y alumnas, amistades que durarán toda su vida. Además de sus clases, escribe, traduce, e imparte conferencias. Durante estos años realizó, además de otros trabajos menores, dos obras voluminosas: La traducción al alemán de las cartas y diarios del Cardenal Newman, y la traducción, en dos tomos, de las Cuestiones sobre la verdad de Santo Tomás de Aquino. Este se convertirá en base fundamental para sus obras filosóficas, escritas luego en el Carmelo. También durante esta época, da varias conferencias y programas radiales dentro y fuera de Alemania, siendo reconocida notablemente por sus colegas. Aún en medio de tanta actividad apostólica, Edith busca siempre que puede, sobre todo en Semana Santa, la soledad y la paz de la abadía benedictina de Beuron. Su amor a la Liturgia de la Iglesia la lleva a pasar horas en la capilla y a celebrar las diferentes horas de oración junto con los benedictinos. Cuando más tarde debe escoger un nombre religioso, decide agregarse el nombre de Benedicta, en reconocimiento de las muchas gracias que recibió durante sus horas con la orden benedictina. En 1933, las situaciones políticas en Alemania van empeorando. El 1 de abril de 1933, el nuevo Gobierno nazi ordena a los profesores no-arios que abandonen “de forma espontánea”, sus profesiones. Aunque teme por la situación cada vez más precaria para los judíos, Edith y su director espiritual reconocen que, por esta eventualidad, no hay nada que ya le impida su entrada al Carmelo, lo cual ha sido su sueño mas constante durante los últimos 11 años. Y así, en el momento más fecundo de su profesión, Edith decide escuchar y acceder a la voz de su corazón, abrazando la vida religiosa. La famosa y brillante conferencista católica renuncia al mundo y voluntariamente pasa a ser parte del anonimato por tanto tiempo anhelado. "¡Una verdadera locura!" ¿Cómo a alguien se le ocurre renunciar a la fama y al éxito de esa manera especialmente después de tanta lucha? Ella, que hubiera sido nombrada "Filósofa del siglo XX" si no se hubiese retirado... Pero Stein desapareció de la vida pública y la Orden del Carmelo abrió sus puertas a una de las grandes pensadoras de nuestra época. Su Familia En este momento, sería oportuno destacar lo que significa todo esto para la familia de Edith y sobre todo para su mamá. Más que su profesión, y más que su trabajo a favor de la mujer y sus derechos, fue la incomprensión de su mamá, lo que le causó un verdadero martirio interior a la santa. Para su madre, los actos de Edith constituían una traición familiar que no aceptaría jamás. Su madre, que nunca había comprendido su conversión al catolicismo, sufre un duro golpe con la nueva decisión de su hija más querida de entrar en la vida religiosa, y se niega a escuchar sus explicaciones. Edith abraza este profundo sufrimiento que traspasó su corazón, por seguir la voluntad de Dios, costara lo que costara. Entrada al Convento de Colonia El 15 de abril de 1934, toma el hábito carmelitano y cambia su nombre a Teresa Benedicta de la Cruz. Son muchos quienes traducen su nombre como Teresa “bendecida por la cruz”. Ella no ha tomado su nombre a la ligera; ha entendido bien que abrazar la vida religiosa no tiene otro fin que la entrega generosa del alma en la cruz, en unión con el Crucificado, para el bien de las almas. Ella escribe: “Mira hacia el Crucificado. Si estás unida a él, como una novia en el fiel cumplimiento de tus santos votos, es tu sangre y Su sangre preciosa las que se derraman. Unida a él, eres como el omnipresente. Con la fuerza de la Cruz, puede estar en todos los lugares de aflicción.” Y también: “Hay una vocación a sufrir con Cristo y por lo tanto a colaborar en su obra de redención. Si estamos unidos al Señor, entonces somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Todo sufrimiento llevado en unión con el Señor es un sufrimiento que da fruto porque forma parte de la gran obra de redención.” El 21 de abril de 1935, acabado el año de noviciado, hace su primera profesión religiosa y el 21 de abril de 1938, su profesión solemne. Es durante estos años que concluyó una de las más admirables y profundas de sus obras, no ya para brillar, sino para obedecer. Se trata de la gran obra titulada: Ser Finito y Eterno. En esta obra, Edith trata las preguntas mas existenciales del hombre; reconoce la sed infinita que posee el hombre de conocer la verdad y de experimentar su fruto, entendido desde la realidad de lo eterno y lo trascendental. Y así busca unir las dos fuentes que conducen al hombre al conocimiento de si mismo y de la verdad: la fe y la filosofía. Una vez mas, la situación de los judíos y de los que los acogen o apoyan empeora. Y ante la hostilidad creciente, sobre todo después de la famosa noche de los “Cristales Rotos” (entre el 9 y 10 de noviembre de 1938), Edith pide trasladarse del Carmelo de Colonia para evitar peligros a la comunidad. Es trasladada, --junto con su hermana Rosa, quien, después de la muerte de la mamá, se había convertido al Catolicismo como Edith y era una hermana lega de la comunidad- al Convento Carmelita de Holanda. Es aquí donde Edith empieza a escribir, en 1941, su última y más ilustre obra: La Ciencia de la Cruz. Hecha por obediencia a sus superiores, más que una obra intelectual, es el fruto de su propio camino interior de inmolación y victimazgo en imitación al Cordero Inmolado. Teresa Benedicta de la Cruz ha deseado con todo su ser, dar respuesta a la vocación de la entrega total, hasta la Cruz. Entrega su propia vida a favor de los pecadores, y por la liberación de su pueblo, de la situación tan horrenda que viven bajo los nazis. El estar detrás de las puertas del Carmelo no ha acallado las voces del sufrimiento de su pueblo, ni del horror de la guerra. La Hermana Teresa está profundamente preocupada por la situación del pueblo judío en general, y ve en su entrega sacrificial la oportunidad de responder. Este deseo creciente del ofrecimiento de sí misma como víctima por su pueblo, por la conversión de Alemania y por la paz en el mundo, se hace cada vez más vivo. Su modo de apostolado se había transformado en el apostolado del sufrimiento. Ella escribe: “Yo hablaba (en una ocasión) con el Salvador y le decía que sabía que era su Cruz la que ahora había sido puesta sobre el pueblo judío. La mayoría no lo comprendían; mas aquellos que lo sabían, deberían echarla de buena gana sobre sí en nombre de todos. Al terminar el retiro, tenía la más firme persuasión de que había sido oída por el Señor. Pero dónde había de llevarme la Cruz, aún era desconocido para mí.” El pueblo sufría y la Hermana Teresa, por amor, desea sufrir con él. “El amor desea estar con el amado.” Decidida en su vocación a la Cruz a favor de su pueblo y de los pecadores, la Hermana Teresa hace una petición por escrito a su Priora, pidiendo permiso para ofrecerse como víctima: “Querida Madre, permítame Vuestra Reverencia, el ofrecerme en holocausto al Corazón de Jesús para pedir la verdadera paz: que la potencia del Anticristo desaparezca sin necesidad de una nueva guerra mundial y que pueda ser instaurado un orden nuevo. Yo quiero hacerlo hoy porque ya es medianoche. Sé que no soy nada, pero Jesús lo quiere, y Él llamará aún a muchos más en estos días.” Como Católica, la Hermana Teresa, vive su realidad judía en plenitud. Es llamada a responder como respondió la Reina Ester a favor de su pueblo. Su función consiste en interceder con toda el alma y con una disposición total para conseguir lo que pide, incluso contando con la posible pérdida de la vida. Pero lo hace en total unión con el ofrecimiento del Divino Mesías. Quiere colaborar en lo que falta a la Pasión de Cristo. Ella escribe: “Y es por eso que el Señor ha tomado mi vida por todos. Tengo que pensar continuamente en la Reina Ester que fue arrancada de su pueblo para interceder ante el rey por su pueblo. Yo soy una pobre e impotente pequeña Ester, pero el rey que me ha escogido es infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran consuelo.” En 1942 empiezan las deportaciones de judíos. Luteranos, calvinistas y católicos acuerdan leer el mismo día un texto conjunto de protesta en sus servicios religiosos. La Gestapo amenaza a todas las autoridades cristianas de Holanda con extender la orden de deportación a los judíos conversos a sus credos. Los calvinistas y los luteranos dan marcha atrás, pero Pío XII se mantiene firme. El texto de condena se lee en todas las iglesias católicas de Holanda. La venganza se cumple unos días mas tarde. Las SS invaden el convento del Carmelo de Echt y se llevan a dos monjas judías conversas: Edith y Rosa Stein. No era la primera vez que la Iglesia protestaba y sufría. Ya el día de la Pascua de 1939, la encíclica de Pío XI condenando duramente el nazismo, se había leído desde todos los púlpitos de Alemania. Muchos sacerdotes y católicos comprometidos habían sufrido graves consecuencias. Esta condenaba ocurrió antes que Francia e Inglaterra se decidieran contra Hitler. Esta vez las fuerzas Nazi de Ocupación, en retaliación por las declaraciones de los obispos católicos de Holanda en contra de las deportaciones de los judíos, declaran a todos los católicos-judíos “apartidas”. A la vista de los graves peligros que corren en Holanda, la comunidad del Carmelo comienza los trámites para que Edith y Rosa puedan emigrar a Suiza, pero los intentos no dan resultado. El 2 de agosto del año 1942, miembros de la SS se presentan en el convento y apresan a la Hermana Teresa Benedicta de la Cruz y a su hermana Rosa para conducirlas al campo de concentración de Auschwitz. Al salir del convento, la Hermana Teresa cogió tranquilamente a su hermana de la mano y le dijo: “¡Ven, hagámoslo por nuestro pueblo!” Estas palabras eran eco de unas que había escrito mucho antes pero con la misma dedicación y determinación: “Yo sólo deseo que la muerte me encuentre en un lugar apartado, lejos de todo trato con los hombres, sin hermanos de hábito a quienes dirigir; sin alegrías que me consuelen, y atormentada de toda clase de penas y dolores. He querido que Dios me pruebe como a sierva, después de que Él ha probado en el trabajo la tenacidad de mi carácter; he querido que me visite en la enfermedad, como me ha tentado en la salud y la fuerza; he querido que me tentase en el oprobio, como lo ha hecho con el buen nombre que he tenido ante mis enemigos. Dígnate, Señor, coronar con el martirio la cabeza de tu indigna sierva.” En la Cima de la Cruz Al ser tomadas del Convento de Holanda, primero son trasladadas la Hermana Teresa y Rosa, al campo de concentración de Mersforrt. A empujones y golpes de culata las metieron en barracones llenos de suciedad. Tenían que dormir sobre somieres de hierro sin colchón; a los servicios tenían que ir en grupo y las vigilaban mientras los utilizaban. Los hombres del SS se divertían colocando a las monjas contra la pared y apuntando hacia ellas los fusiles sin el seguro. En aquella horrible situación, una gran paz emanaba de Edith Stein. En la noche del 4 de agosto, obligaron de nuevo a los prisioneros a subir a los medios de transporte, llevándoles hacia el norte del país. Durante este traslado, eran muchos los que morían por las asfixia y otros se volvían locos por la desesperación. La caravana se detuvo en un lugar descampado, y entre bosques y prados, obligaron a las 1200 personas que llevaban a ir hacia el campo de Westerbork. Durante toda esta trayectoria horrenda, los prisioneros quedaban admirados ante la serenidad de Edith. Algunos de los sobreviventes dan testimonio de la paz interior de la santa: “Las lamentaciones en el campamento, y el nerviosismo en los recién llegados, eran indescriptibles. Edith Stein iba de una parte a otra, entre las mujeres, consolando, ayudando, tranquilizando como un ángel. Muchas madres, a punto de enloquecer, no se habían ocupado de sus hijos durantes días. Edith se ocupaba inmediatamente de los pequeños, los lavaba, peinaba y les buscaba alimento.” Otro dice: “Había una monja que me llamó inmediatamente la atención y a la que jamás he podido olvidar, a pesar de los muchos episodios repugnantes de los que fui testigo allí. Aquella mujer, con una sonrisa que no era una simple máscara, iluminaba y daba calor. Yo tuve la certeza de que me hallaba ante una persona verdaderamente grande. En una conversación dijo ella: “El mundo está hecho de contradicciones; en último término nada quedará de estas contradicciones. Sólo el gran amor permanecerá. ¿Cómo podría ser de otra manera?” Y finalmente otro: “Tengo la impresión de que ella pensaba en el sufrimiento que preveía, no en su propio sufrimiento, --por eso estaba bastante tranquila, demasiado tranquila, diría yo--, sino en el sufrimiento que aguardaba a los demás. Cuando yo quiero imaginármela mentalmente sentada en el barracón, todo su porte externo despierta en mí la idea de una Pietá sin Cristo.” Después de varios tormentos y humillaciones indescriptibles, el 7 de agosto, apenas salido el sol, Edith y su hermana, junto con unos mil judíos, son trasladados una vez más. Su destino es Auschwitz. Llegan al campo de concentración el mismo 9 de agosto y los prisioneros son conducidos inmediatamente a la cámara de gas. Es ahí donde Edith encuentra la culminación de su ofrecimiento como Esposa de Cristo. Muere como mártir, ofreciéndose como holocausto para la salvación de las almas, por la liberación de su pueblo y por la conversión de Alemania. Con la oración de un Padrenuestro en los labios, Edith da el sentido mas pleno a su vida, entregándose por todos, por amor... Sin duda podemos declarar que la vida de Teresa fue bendecida por la Cruz. Con su vida, la Hermana Teresa repite las palabras de su gran madre espiritual, Sta Teresa de Ávila: “No me arrepiento de haberme entregado al Amor.” Edith Stein fue canonizada como mártir en 1998 por el Papa Juan Pablo II, quien le dio el titulo de “mártir de amor”. En octubre de 1999, fue declarada co-patrona de Europa. Su último testamento: El telegrama que Edith había enviado a la Priora de Echt antes de ser llevada a Auschwitz, contenía esta declaración: "No se puede adquirir la ciencia de la Cruz más que sufriendo verdaderamente el peso de la cruz. Desde el primer instante he tenido la convicción íntima de ello y me he dicho desde el fondo de mi corazón: Salve, OH Cruz, mi única esperanza". Sta. Teresa Benedicta de la Cruz... Ruega por nosotros!

Alianza de Amor

Sello alianza de amor contigo Señor, solo Tu y yo . Tu amado de mi alma, tu mi fuerza y mi refugio. Quien me conoce tal cual soy, con mis fortalezas y debilidades. Ante quien no necesito ponerme mascara alguna, tu me conoces tal cual soy y me amas. Tu amor edifica mi vida. Por eso Sello Alianza de Amor contigo y me entrego , sé que tu gracia me basta y con esa esperanza camino. Y quiero dejarme en tus manos así como el barro en tus manos de alfarero, quiero Dejarme moldear por ti.S é que debo ser nada para que vos seas TODO. Tu mi rey y mi Señor. Con todo mi amor. Silvina

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...