viernes, 4 de febrero de 2011

AFERRATE


férrate

Aférrate a la fe porque es la fuente
de la creencia de que todo es posible.
Es la fibra y la fortaleza de un alma confiada.

Aférrate a la esperanza porque destierra la duda
y da lugar a actitudes positivas y alegres.

Aférrate a la confianza porque se encuentra
en el corazón de las relaciones fructíferas
que son seguras y satisfechas.

Aférrate al amor porque es el don más preciado
de la vida, porque es generoso, se preocupa
y da significado a la vida.

Aférrate a la familia y a los amigos porque son
las personas más importantes en tu vida y porque
hacen del mundo un lugar mejor. Ellos, son la vida
que ha crecido con el tiempo para alimentarte,
ayudarte a seguir tu camino y permanecer
siempre cerca de ti.

Aférrate a todo lo que eres y a todo lo que has aprendido,
porque esto es lo que te convierte en un ser singular.
No menosprecies lo que sientes y lo que crees
que es bueno e importante; tu corazón te habla
con más fuerza que tu mente.

Aférrate a tus sueños, alcánzalos de manera diligente
y honrada. No tomes nunca el camino más fácil
ni te rindas ante el engaño.

Recuerda a otros en tu camino y dedica tiempo
para atender sus necesidades. Disfruta de la belleza
que te rodea. Ten valor para ver las cosas
de manera diferente y más clara.

Haz del mundo un lugar mejor día a día
y no te olvides de las cosas importantes
que dan significado a tu vida.

miércoles, 2 de febrero de 2011

YO ME LEVANTARE

http://www.youtube.com/watch?v=B4YXiuRkLys

DEJAME AL CUIDADO TUS COSAS


Déjame al cuidado de todas tus cosas.


¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?

Déjame al cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor.

Cuando te entregues a mi, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.

No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos.

Cierra los ojos del alma y dime con calma: "JESÚS YO CONFIO EN TI".

Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después.

No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas.

Déjame ser DIOS y actuar con libertad.

Entrégate confiadamente a mi.

Reposa en mi y deja en mis manos tu futuro.

Dime frecuentemente "JESÚS YO CONFIO EN TI".

Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas

y querer resolver las cosas a tu manera.

Cuando me dices "JESÚS YO CONFIO EN TI", no seas como el paciente que le dice al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo.

Déjate llevar con mis brazos divinos, no tengas miedo, yo te amo.

Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando, cierra los ojos del alma y confia.

Continua diciéndome a toda hora "JESÚS YO CONFIO EN TI".

Necesito las manos libres para poder obrar.

No me ates con tus preocupaciones inútiles.

satanás quiere eso. Agitarte, angustiarte y quitarte la paz.

Confía sólo en mi. Reposa en mi.

Entregate a mi. Yo hago los milagros en la proporción de la entrega y confianza que tienes en mi.

Asi que no te preocupes, echa en mi todas tus angustias y duerme tranquilo.

Dime siempre "JESÚS YO CONFIO EN TI". Y verás grandes milagros.

TE LO PROMETO POR MI AMOR.

JESÚS

LA PRESENTACION DE JESUS


La Presentación de Jesús
en el Templo

El relato de este hermoso hecho lo podemos leer en San Lucas, Capítulo 2, vs. 22-39.
La Ley de Moisés mandaba que a los 40 días de nacido un niño fuera presentado en el templo. Hoy dos de febrero se cumplen los 40 días, contando desde el 25 de diciembre, fecha en la que celebramos el nacimiento de Jesús.

Los católicos hemos tenido la hermosa costumbre de llevar los niños al templo para presentarlos ante Nuestro Señor y la Santísima Virgen. Esta es una costumbre que tiene sus raíces en la Santa Biblia. Cuando hacemos la presentación de nuestros niños en el templo, estamos recordando lo que José y María hicieron con el Niño Jesús.

La Ley de Moisés mandaba que el hijo mayor de cada hogar, o sea el primogénito, le pertenecía a Nuestro Señor y que había que rescatarlo pagando por él una limosna en el templo. Esto lo hicieron María y José.

Por mandato del Libro Sagrado, al presentar un niño en el templo había que llevar un cordero y una paloma y ofrecerlos en sacrificio al Señor (el cordero y la paloma son dos animalitos inofensivos e inocentes y su sangre se ofrecía por los pecados de los que sí somos ofensivos y no somos inocentes. Jesús no necesitaba ofrecer este sacrificio, pero quiso que se ofreciera porque El venía a obedecer humildemente a las Santas Leyes del Señor y a ser semejante en todo a nosotros, menos en el pecado).

La Ley decía que si los papás eran muy pobres podían reemplazar el cordero por unas palomitas. María y José, que eran muy pobres, ofrecieron dos palomitas en sacrificio el día de la Presentación del Niño Jesús.

En la puerta del templo estaba un sacerdote, el cual recibía a los padres y al niño y hacía la oración de presentación del pequeño infante al Señor.

En aquel momento hizo su aparición un personaje muy especial. Su nombre era Simeón. Era un hombre inspirado en el Espíritu Santo. Es interesante constatar que en tres renglones, San Lucas nombra tres veces al Espíritu Santo al hablar de Simeón. Se nota que el Divino Espíritu guiaba a este hombre de Dios.

El Espíritu Santo había prometido a Simeón que no se moriría sin ver al Salvador del mundo, y ahora al llegar esta pareja de jóvenes esposos con su hijito al templo, el Espíritu Santo le hizo saber al profeta que aquel pequeño niño era el Salvador y Redentor.

Simeón emocionado pidió a la Sma. Virgen que le dejara tomar por unos momentos al Niño Jesús en sus brazos y levantándolo hacia el cielo proclamó en voz alta dos noticias: una buena y otra triste.

La noticia buena fue la siguiente: que este Niño será iluminador de todas las naciones y que muchísimos se irán en favor de él, como en una batalla los soldados fieles en favor de su bandera. Y esto se ha cumplido muy bien. Jesús ha sido el iluminador de todas las naciones del mundo. Una sola frase de Jesús trae más sabiduría que todas las enseñanza de los filósofos. Una sola enseñanza de Jesús ayuda más para ser santo que todos los consejos de los psicólogos.

La noticia triste fue: que muchos rechazarán a Jesús (como en una batalla los enemigos atacan la bandera del adversario) y que por causa de Jesús la Virgen Santísima tendría que sufrir de tal manera como si una espada afilada le atravesara el corazón. Ya pronto comenzarán esos sufrimientos con la huida a Egipto. Después vendrá el sufrimiento de la pérdida del niño a los 12 años, y más tarde en el Calvario la Virgen padecerá el atroz martirio de ver morir a su hijo, asesinado ante sus propios ojos, sin poder ayudarlo ni lograr calmar sus crueles dolores.

Y Jesús ha llegado a ser como una bandera en una batalla: los amigos lo aclaman gritando "hosanna", y los enemigos lo atacan diciendo "crucifícale". Y así ha sido y será en todos los siglos. Y cada vez que pecamos lo tratamos a El como si fuéramos sus enemigos, pero cada vez que nos esforzamos por portarnos bien y cumplir sus mandatos, nos comportamos como buenos amigos suyos.

Después de este interesante hecho de la Presentación de Jesús en el templo, la Virgen María meditaba y pensaba seriamente en todo esto que había escuchado.

Ojalá también nosotros pensemos, meditemos y saquemos lecciones de estos hechos tan importantes.

martes, 1 de febrero de 2011

ORACION DE SANACION


ORACIÓN DIRIGIDA DE SANACIÓN INTERIOR
[Cantos iniciales: "Cristo viene", "Sé tú cual la mujer", "Renuévame, Señor Jesús"]
Te invito a sentarte en una postura relajada pero atenta, tal vez con las manos abiertas, palmas hacia arriba, descansando sobre tu regazo... Los ojos, fijos en el tabernáculo, o en una imagen del Señor, o bien, cerrados para no distraerte. Pero de todas maneras, ten presente que estamos aquí en la presencia del Señor. Llama a Jesús a tu lado, y pídele que te acompañe en este ejercicio de recordar toda la trayectoria de tu vida.
Te invito a comenzar estando muy atento a toda tu persona, a todo tu cuerpo, desde la corona de tu cabeza hasta las plantas de tus pies. Lo puedes sentir, ¿verdad?, a pesar de que no estés en movimiento. Bien... A medida que te relajas, percibe la armonía de tus miembros, tu respiración... y el latido de tú corazón dentro de ti... ¿Te das cuenta? que dentro de ti hay vida… - - ¡esa misma vida que un día Dios te regaló! ¡Tú eres presencia de Dios! Él te ama, y te ha creado para que goces de su amor. ¡Si sólo supieras cuánto te ama!...
[Canto: "Nadie te ama como yo"]
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Te invito a retroceder, hasta los primeros momentos de tu vida, -en compañía de Jesús -, aún hasta antes de que nacieras, durante el embarazo de tu madre, porque tú ya existías: ya eras un ser genéticamente independiente de tus padres, ya eras una persona en desarrollo, ¡todo un regalo de Dios! Y aunque no recuerdas ahora nada de esa etapa de tu vida, tú ya percibías movimientos, emociones e impresiones fuertes desde el seno de tu madre. Imagina ahora que Jesús te ve y te toca allí, dentro del vientre materno. Procura verte como en una película. Allí estás en un ambiente tranquilo, de calor humano; te mueves con libertad y sientes seguridad. Jesús quiere sanar cualquier influencia negativa que hayas recibido en ese tiempo del embarazo de mamá: si fuiste concebido como embarazo no deseado, si tus papás incluso pensaban o intentaban abortar, puedes haber captado este rechazo de tu ser, puede ser que creó en ti un sentimiento de “sobrar” en este mundo. Puede ser que tu mamá tuvo mucho miedo, o se sentía muy sola en ese tiempo, y de alguna manera captaste su desamparo y angustia. O bien, si se cayó o fue golpeada: Jesús te quiere sanar de estos sufrimientos. Señor Jesús, toca y sana esas heridas. Gracias, Señor Jesús por tu Luz y tu Amor. Gracias por tu Luz que sana todas las huellas de circunstancias negativas en esa etapa antes de nacer... Señor, que fluya tu poder sanador para subsanar esta parte profunda de nuestro ser, para poder experimentar en ella tu amor.
Ahora, te invito a pensar en el momento de nacer. Él sana lo traumático de ese momento por los sufrimientos del proceso. Ahora, imagínate descendiendo para venir a este mundo... e imagina que es Jesús quien te recibe en el momento de nacer... Te levanta en sus manos llenándote de cariño. El llena todos los vacíos de tu corazón. Gracias, Señor, por tu amor a esa criatura pequeña que acaba de nacer... Señor, si faltaba su mamá o su papá en los primeros meses o años de vida, si no estaba allí al comienzo --por abandono, separación o divorcio-- aunque sea sin culpa alguna, por motivo de trabajo o salud, o por haber fallecido, si el hecho es que no estuvo uno de ellos a su lado en esa primera etapa de vida de esta hija, de este hijo tuyo, y le faltaba sus caricias y cuidados, eso tal vez dejó huellas en su corazón y sensibilidad. Gracias, Señor, porque en este momento suples todo el amor que faltó de mamá o papá... O si no fue querido/a en el momento de nacer, - aunque lo haya descubierto años más tarde- este hecho puede sacudir todo su ser. Pero para ti, Señor, no hay niño “casualidad"; no hay niña que tú no hayas deseado muy explícitamente; para ti toda criatura nace mujercita o varoncito porque tú los has llamado a la vida así. Señor, ponemos todo esto en tus manos divinas, en tus manos llenos de amor, para que tu nos afiances en ti.
[Canto: estribillo de "Tú nos has hecho para ti"]
Ahora, te invito a presentar al Señor los años de tu infancia. Jesús quiere sanar las heridas de estos primeros años, especialmente en relación con tu familia: tanto las cosas que dependían de tus papás, como las que responden a la influencia de otros familiares, de tus hermanos, primos, tíos o abuelos, e incluso de tus antepasados que pueden haberte transmitido de alguna manera una herencia de pecado, cosas que lastiman o esclavizan a uno…
Señor Jesús, tal vez tu hijo, tu hija aquí presente pasó en esa época de su vida momentos de gran soledad o angustia, debido a su pequeña capacidad de comprender --tal vez ni fue por culpa de sus papás o hermanos, pero a ese entonces se sintió que le habían abandonado, traicionado, dejado huérfano/a... Si por la pobreza de su hogar, pasaba penurias en el comer o faltaba la atención médica, si vivía el hacinamiento en casa, durmiendo varios en una sola cama, sin la privacidad que hubiera sido bueno para sus papás... o si en esos primeros años de la vida, años tan impresionables, tan fundamentales para la formación de su ser interior, sufría violencia, a manos de un padre alcohólico, o por el carácter fuerte de su mamá o papá, y vivía en un clima de constantes gritos o peleas... si sus años tiernos estaban marcados por algún trauma fuerte, queremos invitarte Señor, que vengas ahora mismo a ese huerto que es su pobre corazón, un huerto que necesita de tu atención desde hace tiempo. Tal vez no ha sabido cómo invitarte a trabajar en el... Ven, Señor Jesús: ven con esa dulce herramienta que es tu Espíritu Santo, y remueve el suelo de su corazón para restaurarlo a su forma originaria, antes de los golpes o percances de aquellos años. Si ni siquiera tuvo lo que se puede llamar una "niñez", por lo duro que fue su vida, ahora sí, Señor, tú puedes mimarle y llenarle de las caricias de tu amor. Te invitamos, Señor Jesús, a entrar en este huerto y a bendecirlo con tu amor. ¡Gracias, Señor! ¡Gracias por tu presencia con nosotros al lado de estos recuerdos profundos de su ser! Y gracias por todas las personas que pusiste en su vida que sí supieron, aunque imperfectamente, darle de tu amor. Gracias por las personas que le trataron con ternura y amabilidad, que velaron por su bien en las enfermedades, le protegieron de los peligros y consolaron después de los accidentes. Gracias, Señor, porque tu amor ya le estaba llegando en cada una de ellas.
Te invito a pensar por unos momentos en todas estas personas que te rodearon de amor en tu infancia y niñez. Tráelas a tu memoria, visualízales tales como eran a ese entonces, y luego agradece al Señor por cada una de ellas.
Melodía del “Vaso Nuevo”: (“Gracias, quiero darte, por amarme…”)
Te invito ahora a encomendar también al Señor todas tus relaciones familiares. Sobre todo lo que había de negativo en ellas, ya que a lo mejor han dejado sus huellas en tu sensibilidad. Puede ser que por el excesivo temor de tus padres que te sobreprotegieron, no te dieron la libertad que necesitabas para desarrollar como niño/niña, y te sentías como anulado, absorbido por ellos, man-tenido como un niño aun cuando había pasado la niñez. Si vivías en una familia donde existía el favoritismo, con algunos hijos/hijas "preferidos" y otros -otras- marginados; si en las compras, en la repartición de quehaceres, en las mismas muestras de cariño o en los castigos se vio que no había igualdad ante mamá o papá, y si uno tenía que "ganar" el amor de ellos con buenas notas o con una conducta impecable... Si había división en la familia a raíz de las peleas, la separación o el divor-cio de tus papás, o por tener hijos en dos mujeres, o tu mamá en papás diferentes… si tu quedabas como peloteado entre tus padres, y a veces instrumento de sus rencores y venganzas,… todo esto ofrezcámoslo al Señor. Señor Dios, nuestro Padre, Tú no amas a esta criatura tuya por lo que ha hecho, ni mucho menos por lo físico, ni por lo gracioso, inteligente o bondadoso que sea, sino que simplemente le amas. Y si sus papás no fueron capaces de reflejar ese amor tuyo, ese amor incondicional a él, a ella en su niñez, perdónales a ellos, Señor, y sana a tu hijo, a tu hija de ese amor demasiado interesado, de ese amor en fin egoísta. Enséñale tú a amar, como tú amas: generosamente y en libertad, --y enséñale a amarse primero a sí mismo/a de esa manera.
Tal vez por motivo de enfermedad u otras circunstancias tuviste que estar lejos de tus papás, en el hospital o con familiares, tíos o abuelos. Puede ser que allí sentías soledad y pena, o no te sentías con el derecho de pedir nada, o bien pedías, pero no te hacían caso. Si te encargaron con unos extraños, sobre todo si te pasaron cosas lamentables cuando estabas en poder de esa gente, puede ser que resientes esta negligencia de tu padre o tu madre. Jesús quiere sanar todo lo negativo de esos momentos. Te dice: “Con amor eterno te he amado. ¿Pero puede una mujer olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque así sucediese, yo nunca me olvidaré de ti, pues te tengo grabado en la palma de mis manos. No temas porque estoy contigo.” El está contigo llevándote de la mano... En tu imaginación, recorre con Él esos lugares en los cuales estuviste solo/a, o donde no querías estar. Con Él ya no hay lugar a sentir soledad; ya no hay temor. Deja que, al volver a esos recuerdos dolorosos, su presencia contigo te dé paz.
Tal vez experimentaste violencias dentro de la familia en esos años: castigos humillantes, excesivos o brutales; maltrato, sea a ti, sea a tu madre o a uno de tus hermanos: cosas que has visto y vivido en el hogar (ver a tu papá o padrastro gritar o insultar, humillar o golpear a tu mamá, o a un hermano mayor, --aunque fuera a puertas cerradas, pero que escuchaste y podías adivinar, y viste después los signos de pelea o maltrato--) con toda la angustia de un niño, una niña que no sabe qué hacer cuando pelean sus papás, y es demasiado pequeño/a para meterse…
Para presentar al Señor estas relaciones familiares conflictivas, piensa en tu cuarto de cuando tenías 4,5,6 años de edad, e imagínate que estás allí, con Jesús a tu lado. Deja que tu imaginación corra libremente, y que lo que te sugiero en estos momentos lo vayas viendo con mucha soltura. Imagina ahora que Jesús se sienta a tu lado en la cama, y te levanta en sus rodillas. Te llena de amor y tú te sientes muy bien. Te abraza, y sientes seguridad en su presencia. [pausa] El amor de Dios te rodea, y sientes que puedes amar y dejarte amar.
Luego, Jesús invita a tu mamá a entrar en el cuarto, y ella se agacha para ponerse a tu altura, y te levanta en sus brazos. Tocando su rostro con delicadeza, puedes decirle: Mamá, yo comprendo que no eres un dios, que sólo eres una persona como yo, que puede equivocarse y fallar. Yo te perdono. Te quiero mucho. Me duele todo lo que has sufrido, pero ahora que Jesús está aquí, todo va a ser mejor. Te amo, Mamá. Deja que la luz de Dios te rodea.. [pausa]
Ahora, Jesús invita también a tu papá a que entre al cuarto y tú ves que él se acerca con amor; deja que él te levante en sus brazos. Déjate sentir su fuerza y su cariño a la vez, y puedes decirle, "Papá, yo comprendo que no eres un dios, que sólo eres una persona como yo, que puede equivocarse y fallar. Yo te perdono por todo lo que hiciste. Yo te quiero mucho." Deja que la luz de Dios te rodea... [pausa] Dile todo lo que tienes que decirle, y reconcíliate con él. [pausa]
Puedes utilizar esta misma dinámica de oración imaginativa con cualquier otro miembro de la familia, de relación conflictiva o hiriente, ahora, o más tarde a tu propia cuenta.
Puede ser que no había violencias de este tipo en tu hogar, pero que faltaba amor y cariño. De repente no te tocaban mucho ni solían abrazarte tus papás; o uno de ellos era muy frío, demasiado ‘recto’, y extrañabas el cariño y las atenciones que veías que otros niños/as recibían de sus papás, si tus papás te vestían con ropa burda, o ropa de una persona del otro sexo, si se burlaban de tu físico o decía que debías ser varón en vez de mujer, o viceversa, tal vez percibías que tu cuerpo era malo, que ofendías a las personas con tu simple presencia. Y si en algunas ocasiones veías a tus papás teniendo relaciones sexuales y no entendías el sentido de este acto, y se molesta-ron o te botaron violentamente, o si fuiste expuesto a escenas pornográficas a una temprana edad… de repente cogías la idea que la sexualidad era algo sucio que debía vivirse en secreto y fuera del hogar, y todo esto podía haberte causado dificultad después para mostrar y recibir afecto. Hermano Jesús, ayúdale a reconciliarse con su vida afectiva y sexual, a saberse amado/a por ti, y a comprender que todo lo que has hecho es bueno, y que su cuerpo, su sexualidad, su vida afectiva son dones tuyos que ha de vivir en comunión contigo y con los demás…
[tema musical de "Nadie te quiere como yo"]
Tocamos ahora una área de mucha delicadeza, por ser un aspecto muy íntimo de nuestro ser: la heridas en materia de sexualidad en la niñez. Tal vez siendo todavía de muy tierna edad fuiste objeto de acoso o abuso sexual... Señor Jesús, queremos presentarte, con mucho respeto y ternura, a tu hija o a tu hijo que ha sido objetos --víctimas-- de maltratos sexuales, sea de parte de sus parientes (hnos., primos, tíos, padrastro o incluso padre), sea de parte de gente extraña que tenía algún acceso al hogar, la muchacha de casa, un vecino, un profesor o profesora, o cualquier desconocido que le acosó en cualquier lugar… Sea lo que sea: hostigamiento sexual, insinuaciones, manoseos deshonestos, o el acto sumamente reprensible de la violación, -que es el robo de lo más íntimo de una persona- queremos presentarte, Señor, a esta hermana, a este hermano nuestro. Sólo tú, Señor, que eres nuestro creador, puedes saber desde dentro todo lo que ha vivido y sentido esta hija, este hijo tuyo. Sólo tú conoces el drama que ha vivido: drama de temor, vergüenza, de sentirse culpable ante los demás, o sucia una misma: sucia en su cuerpo e interiormente... Muchos de estos sentimientos no tienen razón de ser, estaban y están equivocados, --pero este hecho no los hace menos real, menos dañinos, menos pesados a cargar. Y, si a raíz de estas experiencias dolorosísimas, tu hija / tu hijo ha sentido que su futuro estaba ya malogrado, que casi no tenía sentido su vida, o que incluso ha desesperado alguna vez y ha querido poner un fin a esta vida sufrida por lo que le hicieron, Jesús, toma a esta hermana nuestra, a este hermano nuestro, esta hija tuya, a este persona herida y ultrajada en tus brazos, en tu abrazo casto y respetuoso, tómala ahora mismo, Señor, claro, no a la fuerza, porque esto nunca lo haces tú, sino con su permiso, -invítala a ir hacia ti, a entrar en tu abrazo, y que ella se deje amar por ti ahora mismo. ¡Ámala, Señor! Llénala de tu amor auténtico, tu amor que restaura la integridad de su ser, que la hace sentir lo que es en realidad: hija, hijo de Dios, tu querida hija, tu hijo amado, a quien tu estimas y en quien te complaces. . Devuélvale, Señor, su dignidad de mujer, de varón, para que pueda ir con la cabeza en alto, y no agachada. Ellos, Señor, (el o los victimarios) seguramente no tenían idea de cuán profundamente podían tocar y dañar a esta hija tuya, a este hijo tuyo por sus acciones motivadas por la pasión o el deseo. Seguramente se asustarían si se dieran cuenta de como años y años de su vida han sido marcados por aquellos hechos de violencia sexual. Perdónales, Padre, porque en realidad no sabían lo que hacían. Aunque eran mayores y debían saber, aunque lo hayan hecho siendo adultos (y ella una simple niña, él un niño no más), no sabían lo que le hacían. Y permite que algún día pronto que esta persona herida también perdone a quien le causó / (o a quienes le causaron) tanto y tan profundo daño; infúndele tu amor hasta tal punto, Jesús, que sea liberado/a de todo lo que es odio, rabia y rencor hacia aquella persona o personas victimarias, y libérala también de todo lo que es amargura, depresión, y desesperación respecto a sí misma, a sí mismo. Arranca todas estas malas hierbas del jardín de su corazón, Jesús, porque no son de tu plantío. No tienen razón de estar en su interior. Ella misma, él mismo te da permiso, Señor, para entrar en los rincones oscuros de su ser, de su memoria, de su mismo cuerpo, y con tu capacidad única, ¡saca toda esta basura!, -ya que muchas veces ha tratado de hacerlo ella/él, y no ha podido. Y pon en lugar de estas malas hierbas nuevos sembríos de paz, de aceptación de sí, de la alegría de ser mujer, de una identidad masculina sana, no machista, y de profunda compasión hacia los demás, tanto hacia los victimarios como a tus demás hijos e hijas que han sufrido semejantes ultrajes. Sana estos recuerdos dolorosos, tranquiliza sus sensibilidad en área de lo sexual, y apacigua su mente y pensamientos, para que pueda recuperar un trato normal y abierto con personas de ambos sexos.
Arregla tu jardín, Señor: es tu posesión, y sólo tú sabes adornarlo con belleza exqui-sita, para que en adelante sea una parcela bien fecunda, bella y donde te recreas en pasear...
[Canto: "Sé tú cual la mujer"]
Ahora te invito a presentar al Señor los años de tu niñez y juventud: las relaciones sociales en el colegio, con las amistades, y en las primeras experiencias de trabajo... Seguramente había mucho de bello y bueno en estas experiencias, pero ahora de nuevo queremos ofrecer en oración lo negativo de todo esto, para que Dios, que todo puede, saque bienes, saque provecho para su Reino.
Primero, te invito a volver a las experiencias negativas entre compañeros/as, con los amigos y las amigas... Si sufriste burlas, marginación o vergüenza por alguna enfermedad, por algún rasgo físico, por tu manera de hablar, o simplemente por tu manera de ser, preséntale al Señor ahora. Si experimentaste lo feo que son los prejuicios, por tu color, tu familia o lugar de origen, ponlo en sus manos; él sabe lo que viviste, lo que sentiste como niño/niña, como joven en aquellos años. Si había problemas por tu lentitud en hacer las cosas --o bien por hacerlas demasiado bien, y así despertar la envidia de los demás-- todas estas cosas también puedes presentarlas al Señor. --Tal vez ahora te parecen cosas pequeñas, sin importancia, y puede ser que en realidad son así. Pero a ese entonces no eran cosas pequeñas. Desde tu poca edad o pocos recursos para enfrentar estas formas de rechazo o desprecio, puede haber sido todo un mundo. Pueden haberte afectado profundamente, y seguir afectándote, por mucho que puedes decir que realmente no era nada. Sí, era algo importante, y por eso es bueno presentárselo todo para que lo sane. Señor Jesús, recibe en estos momentos estas experiencias dolorosas de las primeras relaciones fuera del hogar, en el vecindario, el colegio, el pueblo... Tú sabes valorar el verdadero importe de estos sufrimientos para el desarrollo de nuestra sensibilidad. ¡Sánanos, Señor!
Y si experimentaste humillaciones de parte de profesores, o peor, de tus papás, o exigencias exageradas, con críticas de todo lo que hacías mal, creando en ti un miedo de hablar, de salir en público, de intentar cosas nuevas, temor de equivocarte o de fracasar, o miedo a las burlas, las críticas o las llamadas de atención... muchas de estas cosas todavía pueden influir poderosamente en tu vida. Tómalas, Señor. Y sana a este hijo tuyo, a esta hija tuya, de estas experiencias duras que le marcaron. Sánalas hasta la raíz, Jesús, para que pueda experimentar una nueva libertad en su actuar, y que sepa aceptar sus propios errores con tranquilidad, sin autorrecriminación.
También sería bueno presentar a Jesús tus experiencias laborales; las relaciones con tus compañeros/as de trabajo, con tus jefes. Si durante este tiempo te tocó vivir experiencias desagradables, la presión de un jefe que te maltrataba o chantajeaba sabiendo que necesitabas el trabajo; chismes o intrigas de compañeros laborales, produciendo en ti angustia, y sobrecargándote de frustración que a veces llevabas a casa y descargabas sobre otros que no tenían la culpa… si incluso afectaba tu salud física o mental… Señor te ofrecemos también estas experiencias negativas del mundo de trabajo, para que tú las sanes. Cambia, Jesús, estos recuerdos dolorosos, y haz que pueda descubrir lo lindo que es contribuir con sus dones al perfeccionamiento de tu creación y al bien de la sociedad.
Tal vez experimentaste sufrimientos por la pobreza de tu familia: por ejemplo, el tener que vestirte de ropa vieja, remendada o de otros, en vez de poder lucir una ropa nueva, más al día, más elegante, --y así pasaste vergüenza ante los demás. Si no hubo dinero para actividades o viajes que hicieron tus compañeros, tus compañeras; si no hubo plata para medicinas o algún tratamiento que necesitabas, y quedaste lisiado o con alguna condición crónica por culpa de la pobreza; si incluso tenías que abandonar o postergar los estudios para trabajar, para apoyar a tus hermanitos/as en casa, creando en ti sentimientos de frustración o resentimiento... Ofrécelo todo al Señor; pon todos estos sufrimientos, esta violencia sin rostro, en sus manos. Toma todas estas heridas, Señor, y sánalas por tu misericordia. Que la pobreza ya no le amargue, Señor, ni sea un azote a su sensibilidad, sino algo que pueda vivir solidariamente y sin vergüenza... Sánale, Señor. Haz que descubra el lado hermoso de esos años duros, que pueda sentirse orgulloso de sus orígenes humildes.
Tal vez te has metido imprudentemente, o te han metido en asuntos de brujería o espiritismo, o te has hecho “leer las cartas”, o has jugado con la ouija, o prestado fe a los horóscopos, o cosas por el estilo, y has quedado después como bajo el control de energías extrañas o fuerzas ocultas, nada benéficas, y con secuelas de insomnia, ansiedad o terror. Si es el caso, te invito a expresarte ante el Señor en este momento, poniendo tu vida en sus manos, y rechazando explícitamente el dominio de cualquier otra fuerza o poder sobre tu vida, e invitando al Señor Jesús a ser tu salvador y redentor. Señor, sana y protege a este hijo, a esta hija tuya que hoy se confía a ti; quiere ser totalmente tuyo Señor, y no “tierra de nadie” donde otras fuerzas tienen libre dominio. Pide la fuerza liberadora de tu sangre derramada por nosotros. Dale tu paz, Señor, como el mejor signo que tú has establecido tu señorío en su corazón y vida. Gracias, Señor.
[retomar melodía de "Nadie te ama como yo"]
Te invito también a presentar al Señor cualquier experiencia traumática de la muerte que hayas vivido en esos años de niñez, adolescencia y juventud.
De repente has tenido alguna vez una operación quirúrgica de gravedad, y sentiste que tu vida estaba colgada de un hilo, y te asustaste por lo poco que te separaba de la muerte, por los cuidados intensivos y todo el ambiente del hospital… Sería bueno abrir esto también al Señor. Señor Jesús, te presentamos esta experiencia cercana a la muerte de este hijo, esta hija tuya que creaste para que viva. Ayúdale a no tener miedo a la muerte, sino más bien a aprender, a crecer y a poder comprender mejor a los demás gracias a esta crisis de salud que ha tenido.
Tal vez en algún momento de tu vida experimentaste de cerca un accidente fatal, y recuerdas hasta hoy el sonido del impacto, o te traumatizó la vista de sangre, de personas atrapadas, heridas, entre fierros torcidos, o los esfuerzos de rescate que llegaron demasiado tarde… De repente tú mismo fuiste accidentado, y por poco acababa tu vida en cuestión de segundos… Sea que te escapaste ileso, como por milagro, o que fuiste herido y tuviste una larga recuperación, puedes haber internalizado este susto, ese trauma, y que lo hayas revivido miles de veces esos instantes que fueron quemados en tu memoria por la fuerza de los acontecimientos… Posiblemente te quedaste con miedo de volver a usar ese medio de transporte, o pasar por aquel lugar, o algo por el estilo; hay que presentar esto al Señor para que te libere del trauma del accidente y también de esa fobia. Te presentamos, Señor, esa experiencia chocante de tu hijo, de tu hija: haz que te mire, Jesús. Tú has querido acoger a cada una de las personas heridas y fallecidas en ese accidente. Haz que tu hijo, tu hija te vea allí presente al lado de cada persona accidentada, para que pierda ese temor de cosas horribles e imprevistas que nos pueden pasar: pues aún en esos momentos, Señor, tú estás a nuestro lado para ofrecernos tu amor. Haz que pueda descubrir en aquel accidente algún designio de tu amor y providencia.
Si un familiar tuyo vivió una larga enfermedad, y tú acompañaste a este ser querido en sus últimos meses y días, y te afligiste verlo disminuir de peso, perder fuerzas y ganas de vivir, si lo sentiste estremecer de dolor sin poder hacer nada tú para aliviarlo, y en fin, a pesar de tus oraciones y todos los esfuerzos de los que le atendían, falleció esa persona querida, puede ser que te sentiste defraudado/a por Dios, desconsolado/a , y quedaste con un gran temor a la muerte que te había arrebatado tan cruelmente ese ser querido. Sobre todo si era tu mamá o papá, o uno de tus herma-nos, probablemente después de esto, la vida ya no era lo mismo para ti. De repente, a partir de allí había en ti como un bloqueo que te hacía bien difícil creer en el amor de Dios por ti, que como te quitaba las ganas de orar, o sentiste que Dios ya no te hablaba, o hasta que había muerto para ti.
Señor, tú que experimentaste el trago amargo de la muerte por nosotros, para liberarnos del temor a la muerte, desbloquea lo que en tu hija, en tu hijo, fue el escándalo de una muerte no comprendida, no aceptada, que parecía truncar todas sus legítimas esperanzas, y que tal ves significó años de vacío, sin el apoyo con que contaba de esa persona que falleció. En fin, Señor Jesús, toma a esta persona --que de alguna manera todavía está de duelo-- en tus brazos, apriétala fuerte a tu pecho, y con las caricias de tu amor, consúelale por la muerte de su ser querido. Sólo tú, Señor, tienes palabras que valen frente a la misma muerte. Háblale al corazón, Señor, y muéstrale tu cara de Padre, de hermano misericordioso, tu amor materno que crea un ambiente de hogar aun en la ausencia de quien tanto amaba… Muéstrale, Señor, a ese ser querido tal cual es ahora, en tu presencia, y no en los últimos días de su vida en esta tierra; haz que pueda encontrarlo en ti.
Y si tú has vivido años de angustia, vergüenza y sentido de culpa por el suicidio de alguno de tus familiares, de una amistad cercana, o un compañero de estudio o de trabajo, o si tú mismo has pensado o incluso intentado quitarte la vida en un momento de angustia y depresión, te invito a presentar este hecho trágico al Señor. Él sabe lo que vive una persona que llega a esta determinación desesperada, y sabe perdonarle. Quiere quitarte este peso que tú estarás cargando, y librarte de una falsa culpabilidad. Señor, infunde en nosotros un gran amor a la vida, un respeto profundo a la vida, y a la vez, una gran compasión hacia todos los que han atentado contra su propia integridad. Sana, Señor, las secuelas de culpa, de vergüenza, e incluso de indignación. Pon tu unción en el corazón de los que han perdido a un ser querido por esa trágica decisión.
Si viviste durante un tiempo en ambiente de violencia terrorista o guerrillera, de abusos de las fuerzas militares o de grupos paramilitares, te invito también a presentar esos recuerdos tan duros al Señor misericordioso, que es capaz de devolverte un corazón de carne, la sensibilidad y ternura que diversos hechos brutales pueden haberte quitado. Si tú has visto actos de brutalidad gratuita, si te tocó presenciar alguna tortura, o ver un homicidio, o bien el cadáver de un torturado o asesinado… Si un familiar o conocido tuyo “desapareció” o fue secuestrado, y viviste semanas o meses de angustia junto a sus demás seres queridos, no sabiendo si vivía o si ya lo habían matado… Aunque no hayas vivido en carne propia ningún hecho violento, ni hayas visto en persona ningún cadáver ni torturado, aún sin esto, seguramente el clima de terror y miedo, las noticias de cada día que golpeaban como martillos tu sensibilidad humana, y la inseguridad por el futuro de las personas a tu alrededor, --no puede sino haber dejado sus huellas en tu persona, en tu memoria y sensibili-dad, en tu mismo cuerpo. Te invito a presentar al Señor toda esa época infeliz de tu vida, donde viviste junto a tus familiares, amigos y colegas, ese mismo ambiente violento e inseguro. Señor, pedimos que derrames tu misericordia sobre todos los recuerdos -conscientes e inconscientes- de aquellos años de violencia. Sana sus reacciones nerviosas que se formaron en esa época co-mo respuesta a una situación de auténtico peligro mortal. Devuélvale a esta hija, a este hijo tuyo tan afectado por las experiencias acumuladas de aquel tiempo la capacidad de sentir el dolor y la alegría, la ternura, la esperanza y la seguridad. Sana las reacciones de rabia y los deseos de venganza que todavía pueden brotar en su corazón ante los recuerdos de las injusti-cias brutales de esos años; pon en su lugar, Señor, deseos de construir la paz junto con otros, de fortalecer el tejido de las relaciones sociales de confianza y apertura. Bendícele, sánale, Señor.
También los asaltos o robos que hayas vivido, que también traumatizan a uno, aún cuando son solo cosas que nos quitan, lo sentimos como una especie de violación de nuestra privacidad, de nuestra intimidad, y también podemos quedar afectados por la angustia, la desconfianza o el temor en el futuro. Señor, toma en tus manos estas experiencias de atraco, de robos, de acoso violento, y sana a raíz todo el miedo, angustia o inseguridad que se relaciona con ellas.
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Ahora, te invito a presentar a Jesús tus experiencias del enamoramiento. Hay mucho de bueno allí, mucho que nos ha dado Dios en el amor y la atracción a otra persona cuyos valores y calor humano percibimos. Al fondo, siempre es a Dios mismo a quien hemos amado en los demás. Pero también ha habido muchos obstáculos en el camino, y de repente caídas muy serias, y todo esto sería bueno abrirlo a su obra sanadora en estos momentos. Entonces, Señor, tu hijo, tu hija te abre su memoria de aquellos años adolescentes, y te presenta las experiencias dolorosas, lamentables: sus experiencias de amor traicionado o defraudado, la falta de respeto que experimentó de parte de los enamorados/las enamoradas--personas que jugaron con sus sentimientos, o no supieron ser fieles a la palabra dada-- el chantaje emocional... También tiene sus propios pecados, o hábitos pecaminosos; estos también le hirieron y le estropearon el corazón: las lecturas eróticas o películas pornográficas, las fantasías y los pensamientos impuros, la masturbación y sobre todo el haber sobrepasado y tenido relaciones sexuales, sea a conciencia plena o como llevado y sin querer, sin nunca haber pensado hacerlo. Y si, como consecuencia de estas relaciones sexuales, han concebido una criatura, y han recurrido a un aborto para deshacerse del “problema” en vez de respetar la vida de su hijo/a, te ofrecemos esta tremenda y trágica equivocación, con todas sus secuelas en la vida de ambos. Y cualquier otra cosa en este campo de la sexualidad: la homosexualidad o el lesbianismo, u otras formas malsanas de vivir la sexualidad-- donde tú sabes, Señor, que hay mucho lugar para extraviarse y abusar de esa linda facultad de amor que has puesto en nosotros. Señor, sólo tú eres capaz de desenredar esas cosas tan complicadas emocionalmente, a veces tan torpes, y de saber si uno tuvo la culpa o no la tuvo... Ahora, por ahora, tu hijo, tu hija aquí presente no se juzga ni se absuelve: simplemente se presenta ante ti y quiere que tú le sanes de todos estos males, estos errores en el campo sexual, para que pueda amar en verdad, para que su corazón no siga lastimado por estas heridas, para que sea capaz nuevamente de creer en las personas y, dentro de lo razonable, confiar en ellas.
[retomar melodía y palabras de "Nadie te ama como yo]
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También, quiero invitarte a recordar las experiencias relacionadas con la Iglesia, en tus años de compromiso con diferentes grupos, en la parroquia, tu amistad con tal sacerdote o con tal comunidad de religiosas... También allí seguramente hay cosas que sanar, y muy importantes, porque si no se sanan, pueden ser una traba, no sólo para tu apostolado y testimonio cristiano, sino también para tu misma vida de fe y acercamiento al Señor. Entonces, Señor, esta hija, este hijo tuyo quiere ofrecerte todo lo relacionado con tu Iglesia, esta familia grande que es lugar de tu presencia, pero también casa de pecadores; es instrumento de tu gracia pero también reunión de gente débil e imperfecta que constantemente nos hiere o lastima o decepciona, para que le sanes de las cosas negativas que ha vivido o que ha sabido u oído con relación a tus hijos e hijas en la Iglesia.
Señor, por las malas experiencias que tu fiel ha tenido con la gente de la Iglesia, queremos pedir tu sanación. Si, al entrar más a fondo en la vida y apostolado de tu Iglesia, le ha tocado sentir el aguijón de la soberbia de tus elegidos, o la ingratitud de tus consagradas, pon tu unción sanadora allí donde duele, para que este dolor se vuelva redentor. Y si a este servidor/esta servidora tuya le ha tocado ver o enterarse de cosas sórdidas en la vida de algún sacerdote, cosas indebidas en la vida de alguna comunidad religiosa: doblez, alcoholismo, vida materialista o superficial, búsqueda de placer sexual a margen de su celibato, injusticias o maltrato a la gente, especialmente a los más humildes, pedimos que tomes en tus manos estas malas experiencias, estos recuerdos que lastiman su sentido de justicia y chocan con su fe. Aunque haya sido sólo cuestión de egoísmo o indiferencia, falta de caridad, de generosidad o de sensibilidad en el cumplimiento de su ministerio, son cosas que chocan cuando las encuentra en tus ministros, Señor. Esperaba que no sean así, y le decepcionan cuando se ven tan bajos, tan mezquinos, tan poco fieles a tu llamada. Señor, estas cosas le pueden hacer mucho daño: puede que le hagan menos dócil a tu voz en la Iglesia, menos dispuesto a verte en tus ministros, más fría en la recepción de tus sacramentos, menos dispuesta a sacrificarse en el amor fraterno. Por eso te pedimos que ayudes a este hijo, a esta hija tuya aquí presente a ver a aquel ministro o agente pastoral, a aquella religiosa o catequista, con tus ojos, desde tu misericordia, como persona débil, mal encaminada, también herida, y que desde sus propias carencias va hiriendo a los demás ¡"en tu nombre"! Ayuda a esta persona que cree en ti, en vez de escandalizarse, o alejarse de ti o de tu Iglesia, en vez de volverse escéptico o irónico en cosas de la fe, a encomendar a esas personas a ti, y si es el caso, a tratar de ayudarles a tomar otra actitud, otro camino. Que sea una pequeña experiencia del sacerdocio común, de saber sufrir para bien de tu Iglesia, para que en vez de criticar y comentar inútilmente las debilidades y pecados ajenos, en vez de ir contando sucesos desedificantes de los sacerdotes o religiosas, pueda contribuir al crecimiento de tu Cuerpo Místico por su discreción y caridad.
Y si entre los miembros de los grupos en que participaba ha encontrado también mez-quindad, espíritu partidario, egoísmo, insinceridad, doble vida, afán de poder o insensibili-dad, -todo menos lo que pensaba encontrar entre cristianos comprometidos- también ayúdale a no juzgarles, a no amargarse, ni tener una actitud cínica o pesimista. Mantén en su corazón esta juventud espiritual que siempre cree, que siempre espera, que siempre perdona por amor.
Tal vez experimentó a la Iglesia como una institución fría y burocrática, que margine sistemáticamente a la mujer, a los pobres… sana estas heridas, Señor, y enséñale a esta hija, a este hijo tuyo a contribuir constructivamente a la Iglesia, para que sea más acogedora, más fraterna. Envuélvale en tu amor, Señor...
[A continuación vienen diferentes apéndices para los diversos estados de vida.]
A. Para religiosos/as:
Ahora les invito a recordar finalmente cosas hirientes que has encontrado a lo largo de tu caminar en la vida religiosa. El carisma y la vida comunitaria de tu propio instituto es un hermoso regalo que el Señor te ha hecho, pero no todo es un jardín de rosas; también hay cosas negativas, cosas que no deben ser dentro de la vida consagrada. Y estas cosas no sólo hacen menos feliz la vida en comunidad y empañan la imagen de tu familia religiosa; también traban la realización de su misión en la Iglesia porque dificultan relaciones comunitarias, hacen gastar energías en cosas estériles, quitan fecundidad a tu apostolado, y hasta pueden poner en jaque tu misma consagración.
Sería bueno recordar en primer lugar las dificultades que has tenido durante los años de formación: antes de entrar, en el aspirantado... el postulantado... y el noviciado.... Problemas o crisis en la vida de comunidad: conflictos, frialdad, prejuicios o marginación, o bien relaciones posesivas/demasiado íntimas entre compañeros/as, algún episodio homosexual o lesbiano, malos ejemplos, abandono de la conversión de vida, aceptación de criterios materialistas, hacer la doble vida... Señor, te ofrece todo el universo de recuerdos de esos primeros años de formación inicial: lo bueno y lo malo, las personas con quienes entró, las que se fueron y las que quedaron, las personas encargadas de cada etapa y los acontecimientos más memorables de aquellos años, especialmente los sucesos desagradables o hirientes. Puede ser, Señor, que incluso los ve más que como años de formación, como años de deformación. Pero tú en tu providencia puedes sacar bienes de lo malo, y transformar nuestros inviernos en primaveras. Te ofrece por tanto, Señor, cada etapa sucesivamente, con su carga de heridas, pecados, y errores humanos, para que tú las conviertes en experiencia de gracia...
Es importante también recordar y ofrecer al Señor todo lo negativo relacionado con el proceso de evaluación y aprobación para votos [y ordenación]: exigencias injustas, humillaciones, que otros/as te hayan juzgado temerariamente; habladurías, chismes o interpretaciones de tus acciones que influyeron en los informes / las decisiones... el sentir que otras personas decidieron sobre tu vida sin consultarte adecuadamente, amenazas o insinuaciones de hnos./hnas. que tenían poder sobre ti/sobre tu futuro; falta de confianza en ti; postergación de tu profesión o prolongación de alguna etapa que te pareció injusta; la incertidumbre y el temor que viviste ante la posibilidad de que te despidan de la comunidad... Todo esto queremos presentarte, Señor, para que lo sanes hasta la raíz, ya que tiene que ver con su misma identidad de religioso/a. Si bien su consagración es una cosa grande y santa, también es cierto que pasa por decisiones muy humanas, y a veces queda demasiado marcada por ellas... Haz, Señor, que este hijo, esta hija tuya consagrado a ti se dé cuenta que eres tú quien le estabas llamando a través de todos los caminos tortuosos o ambiguos por los que le ha tocado andar. Permita, Señor Jesús, que experimente alegría, confianza y paz al recordar el momento en que por primera vez prometió vivir sólo por ti, cada vez que renovó el ofrecimiento de su vida, y sobre todo cuando piense en el día de su consagración definitiva.
Y luego, te invito a recordar las heridas de tu tiempo del juniorado: dificultades con las personas mayores en la comunidad; el haber sido tratado como niño/a, siendo uno muy adulto y capaz de pensar para sí y actuar con responsabilidad; el no haber sido respetado o tomado en cuenta; asignaciones o cambios de destino bruscos, inesperados, sin consultar... Y luego, los excesos en la pastoral: el haberte metido a fondo en tal trabajo, hasta quedar tan identificado/a con ello que te era difícil soltarldo, o que te sentiste herido/a cuando te sacaron, o cuando otra persona entró con otro estilo, otras ideas, y deshizo lo que habías hecho con tanto amor; en verte enredado/a en situaciones amorosas con una persona que conociste en la pastoral, o por la falta de calor humano en tu comunidad... el haber descuidado la oración hasta el punto de perder de vista el por qué de tu vida consagrada al Señor... Señor, tú sabes, y --es más-- comprendes todas estas dificultades que esta hija tuya, que este hijo tuyo ha vivido en aquellos años. Tómalas, sánalas, dales remedio eficaz para ordenar suavemente su vida hacia ti; asienta las bases de su vida nuevamente en tu vida divina y en la opción por tus pobres, y no en sí misma/sí mismo. Y haz que los caminos erróneos de esos años sirvan para comprender y poder orientar a muchas otras personas que viven igualmente erradas, perdidas, sea en la vida religiosa, en el matrimonio, o lo que sea...
También, seguramente has tenido algunos problemas con tus formadores/as, con tus superiores/as: el que no escucharon tus opiniones, tu parecer o tu discernimiento, o el no haberse preocupado de tus necesidades (especialmente haberte negado permiso o dinero para la debida atención médica, no haberte dado permiso para visitar a tu familia en el caso de la enfermedad grave o muerte de mamá o papá)... o infinidad de otras cosas que saben hacer las personas en autoridad consciente o inconscientemente que mortifican o hieren a los miembros de sus comunidades...
Y en general, pensando en las comunidades donde has vivido o que has visitado: falta de diálogo o amor fraterno, incomunicación o marginación, habladurías, chismes y traición de confianzas, falta de acogida, etc., etc. Por cualquier problema que has tenido en que tus hermanos/hermanas de comunidad han tenido que ver, te invito a presentarlo a Jesús, ahora mismo, para que lo unge con su amor sanador.
En fin, Señor, esta consagrada tuya, este consagrado tuyo quiere presentarte todo lo que hay de negativo en su experiencia de vida religiosa, hasta el día de hoy, para que lejos de ser un motivo para dejar de servirte o de servirte menos, de mala gana, o friamente, sea más bien motivo para animarse, elevarse, hacerse más generoso/a en tu servicio. Por todas las heridas, pues, que provienen de su vida religiosa en cualquier época o situación, sánale Señor Jesús. Haz que sea una persona íntegra, de corazón sencillo y mente despejada, que puede hablar de la vida religiosa, sin cinismo ni reticencias, como testimonio de tu amor y misericordia . Gracias, Señor.
B. Para los que viven la soltería como estado permanente:
Te invito a recordar los años de tu vida adulta, sobre todo desde que te decidiste quedar como soltero/a, o bien desde que te diste cuenta que de hecho te estabas quedando soltero/a, sin haberlo exactamente elegido...
Tal vez has quedado sin pareja por dedicarte al cuidado de uno de tus papás o algún otro familiar, para sacar adelante a tus hermanitos... Si luego, no encontraste gratitud de parte de ellos o de los demás a quienes supliste con tu generosidad, o si al contrario, sientes que fueron injustos contigo, ofrece esta herida al Señor...
Si experimentaste una decepción amorosa, o nunca encontraste la persona deseada, o algo por el estilo, y te has preguntado muchas veces por qué el Señor no te ayudó a encontrar a alguien... o si te has recriminado, de repente, por haber perdido las grandes oportunidades de tu vida... ¡Para! Corta esta línea de discurso interior, este mensaje grabado con que te latigas constantemente, y abre tu corazón al Señor. Preséntale esta área de tu vida, y luego quédate en silencio ante él; deja que él te hable, si quiere decirte algo, o que por lo menos te muestre su amor, y deja que toque esta herida de largo tiempo en ti, para empezar a curarla.
Tal vez pensabas hacerte religiosa o sacerdote, pero a fin de cuentas no optaste, o intentaste y no te permitieron, u otros factores influyeron --la necesidad de tu familia, accidentes, mala salud-- y no pudiste realizar tus esperanzas. Puede ser que a veces sientes que te faltó un ideal noble para el cual gastar tu vida, y que ahora quedas como demasiado egoísta, centrado/a en ti, o hasta te sientes estéril... Tal vez alguna vez has llegado a culpabilizar a Dios por haber arruinado tu vida, o por la frustración que puedes sentir... Esto también puedes ofrecer al Señor. Háblale; te entiende y no se escandalizará con lo que sientes o con lo que quieres decirle... Díselo... y después, deja que él también te hable y te muestre su amor...
O bien, puede ser que por dedicarte a tu profesión, consciente o inconscientemente te ibas quedando soltero/a, pero que luego la misma carrera te ha proporcionado algunas decepciones pequeñas o grandes... Estas también importan al Señor: llévaselas para que las pueda sanar; háblale de ellas, porque él ya las conoce, pero es importante que tú las abres a su poder sanador.
En cualquier de estas circunstancias, puede ser que la soledad se te ha hecho cosa más y más pesada con el pasar de los años, o con el alejamiento o muerte de algunas personas muy queridas... Especialmente en las reuniones con colegas cuando toda la conversación gira alrededor de las parejas, de los hijos, las actividades en familia... A lo mejor te sientes extraño/a en medio de tus semejantes, y te preguntas dónde esconderte por sentir como un bicho raro, tal vez como una persona incompleta... Pueden asediarte preocupaciones por tu futuro, en caso de enfermedad, o tu vejez... Hasta te puedes sentir desamparado/a, olvidado/a por Dios. No es que Dios te haya olvidado, pero sí uno puede sentirse así, y esto es un problema gordo, porque si nos sentimos abandonados por él, estamos más propensos de abandonarlo nosotros.... Si es el caso, te invito ahora a volver a él, a dar el salto de confianza, y abrir tu vida y tu corazón a su amor.
Tal vez te han cargado injustamente con todos los deberes familiares por "no tener familia"... incluso puede llegar al extremo de haber sido perjudicado en tu parte de la herencia, en favor de los que tienen hijos... (como si fuera una vergüenza ser soltera/o).
También, en caso que has tenido relaciones fugaces, superficiales de pareja, por alguna época de promiscuidad que viviste como intento de escape de tu soledad, o episodios homosexuales, ...todo el desorden en el área sexual de su vida, ábrelo al Señor a su perdón y su sanación, porque él te ama, y te quiere sanar.
Señor, sana a esta hija tuya que no se ha casado por los motivos que sea; sana a este hijo tuyo que no tomó esposa por las razones que tú sabes... Ayúdale a descubrir el pleno sentido y valor de su vida, a sentirse realizado dentro de los parámetros de su vida, en su trabajo, con sus amistades y otras actividades, y sobre todo, como tu hija, tu hijo a quien tú
amas tiernamente. Por las veces en que ha tenido que soportar palabras como "solterón/solterona", u otras expresiones despectivas, sánale, Señor. Devuélvale el sentido de la dignidad de su vocación, de su vida comprometida contigo como creyente. Dale paz y contento, Señor, y sobre todo confianza y seguridad frente a su futuro, porque tú Señor Jesús, nunca abandonas a quien se confía a ti.
C. Para las parejas: madres y padres de familia
[El matrimonio]
Ahora invito los esposos/as, y a los enamorados/as y novios presentes: abre al Señor esta relación tan importante para ti: tu vida de pareja. De nuevo, vamos a enfocar en los aspectos más negativos que positivos. No es por desconocer todo lo bello, lo santo de esta relación; al contrario, tu amor de pareja y tu matrimonio son dones inestimables del Señor, y camino de santidad para ambos. Pero lo que necesita sanación no es esto, sino lo que anda mal en el. Demasiadas veces la vida de pareja queda estropeada por las carencias heredadas de nuestras familias, pervertida por el egoísmo y los demás vicios, y debilitada por toda una historia de desamor...
Por eso, te invito a volver al comienzo de tu relación con la persona que escogiste como compañero/a de tu vida. Piensa en los primeros años de tu relación de pareja: como enamorados, y luego como novios: todo lo negativo que ocurrió entre los dos hasta el día de tus bodas. ¿Qué heridas, qué pecados, qué malos pasos diste en aquellos años? ¿Faltas de transparencia, falta de confianza, o hasta traición de confianza? ¿Faltas de respeto, imposición o manipulación el uno del otro? ¿Presión para ser o hacer lo que uno no quería? No trates de excusarte, ni de juzgarte: sólo reconoce las lacras que había en ti, o en tu pareja que te hizo daño, te hizo sufrir, y ofrezcan todo este conjunto de hechos, palabras, acciones y posturas al Señor, para que lo sane.
Luego, piensa en todo lo relacionado con tu boda. Incidentes tristes alrededor de esta fecha: oposición o ausencia de ciertos familiares; desavenencias por el dinero, la fiesta u otros arreglos; problemas con el sacerdote; incidentes con la familia de tu cónyuge o con la propia familia… Te invito a presentar al Señor estos problemas que acompañaron la fundación de tu hogar, de tu nueva familia. Él es testigo y garante de tu matrimonio, y quiere sanar las raíces de tu vida conyugal. Luego, preséntale también las heridas de los primero años de matrimonio: el descubrir defectos en tu pareja que nunca pensabas encontrar en él, en ella; llegar al punto de discutir violentamente, de pelear de manos, de faltar de respeto o de insultarse mutuamente… Señor, sana todas estas palabras duras, humillantes, decepcionante que escuchó un día --o de repente muchas veces-- de su cónyuge; sana el recuerdo de esos manazos, de las borracheras y los gritos. Sánale de las cosas malas que aprendió en esos años: de cómo herir al otro con una mueca, con excusas que no eran más que pretextos para negarle algo que esperaba, hasta con su silencio. De los intentos de vengarse, de las mezquinas reacciones de despecho. Perdón, Señor, por los días de silencio que vivieron, cuando prefería no pedir perdón, esperando que su pareja lo pidiera primero. Infúndeles a ambos, Señor, la capacidad y la disponibilidad de levantarse, de mostrar cariño, de hacer sacrificios calladamente por el bien de su cónyuge.
Y si has vivido el trauma, el terremoto familiar del abandono, o de la separación o del divorcio… y viste que a veces tus hijos quedaron como piezas de juego entre los dos, o como nació en ti sentimientos de odio, en tus peores momentos… Todo esto, pongámoslo en las manos del Señor misericordioso, de él que es testigo de tus promesas de amor, no como juez sino como médico, como ayudante que te entiende; sabe y siente todo lo que has sufrido, y todavía quiere infundir en tu corazón su amor, su ternura, que puede hacer renacer en ti el amor que tal vez ha muerto hace tiempo. Padre, tu que eres testigo de la vida de pareja de esta hija, de este hijo tuyo, bendícelos. Tú los has llamado a la vida, a la santidad juntos, y precisamente como pareja, como testimonio vivo de tu amor. Señor, tú sabes bien lo que han sufrido, como se han infligido mutuamente heridas muy graves, heridas que tal vez nadie más ve, pero que tú conoces perfectamente, misericordiosamente… Queremos presentarte, Señor, estas heridas, que por ser internas, escondidas, tal vez han seguido sin curación, no han sido atendidas. Señor, esta hija, este hijo que tú amas, quiere permitirte ver estas heridas del corazón, de la sensibilidad, de su dignidad de esposa, de esposo. Tú sabes bien lo que se han dicho, lo que se han hecho, cómo se han tratado, aunque sea sólo de tono de voz, o de negar las pequeñas atenciones que el otro necesitaba y esperaba. Tú sanes, Señor, con que amor o desamor han tenido sus relaciones sexuales, tú sabes incluso lo que nunca se han dicho ni revelado el uno al otro. Señor, tú que eres el primer testigo y el primer interesado en su matrimonio --alianza de amor fiel--, toca el corazón de esta esposa, de este esposo (de estos cónyuges). Ablándalo par dar y recibir cariño; fortalécelo para ser fiel aun en la prueba, en la ausencia, en la cruz y hasta la muerte. Haz que su amor de pareja sea fecundo: no sólo entre sí y para sus hijos, sino para la misma Iglesia. Haz que otros se den cuenta del amor que los une, y que tu amor irradie desde ellos a todos los que viven sin amor y sin alegría.
[Canto: “como no creer en Dios” o “Qué lindo es mi Cristo”]
Te invito también a presentar al Señor como ofrenda agradable tu vivencia como madre o padre de familia. Los hijos son una bendición del Señor --siempre-- pero ¡también una cruz! Y cada madre, cada padre tiene sus propios sufrimientos. No son siempre los mismos, pero creo que no hay persona que haya engendrado hijos que no haya sufrido vivamente a cause de ellos en algún momento de su vida. Primero, si en tu vida de pareja han tenido dificultad en concebir, en tener hijos, o incluso no han podido tenerlos; por esta renuncia de la maternidad, de la paternidad que uno ha tenido que asumir involuntariamente… por todas las situaciones de la vida en las que uno siente como fuera de lugar, extraño, como un bicho raro por el hecho de no tener hijos. Por las indirectas, las insinuaciones, y simplemente las cosas dichas inocentemente por parejas o padres de familia o niños que no toman en cuenta esa realidad de una pareja que no tiene hijos… por tendencia de acusarse mutuamente por la “responsabilidad” de este hecho, por las búsquedas de realización en otras cosas malsanas… Señor, toma en tus manos a esta esposa, a este esposo que viven con la cruz de la infertilidad como pareja, y abre sus ojos para descubrir cómo puedan ser fecundos en ti. Llénalos, Señor.
Ahora, recordemos los sufrimientos de los papás y mamás. Si en tu pareja la dificultad era el ponerse de acuerdo sobre el tener o no hijos, o el número y momento de tenerlos; si venía alguna criatura en el momento menos esperado, menos oportuno… y se desesperaron… y recurrieron a la solución terrible de un aborto, infligiendo un daño gravísimo a tu creatura y ti misma/o… O si has perdido a un bebé durante el embarazo o al nacer, o en la infancia, a pesar de todos tus cuidados y oraciones… esto también es muy, muy duro. Cada etapa tiene sus propios sufrimientos y decepciones… Por las penurias que han tenido que pasar, los sacrificios que han tenido que hacer de cosas que legítimamente desearon, todo por los hijos… luego a veces ni esto bastaba para darles lo que necesitaban… Tal vez has tenido un hijo o una hija con defectos de nacimiento, con retardo mental, o alguna enfermedad o condición crónica, y te preguntaste: “Por qué a mí? ¿Por qué Dios me castiga de ese modo?” y luego tal vez te sentiste culpable de haberle echado en cara todo
esto… Si has tenido problemas disciplinares con uno o varios de tus hijos, seguramente se habrán agravado en la adolescencia (siempre una edad terrible para los papás)… --Parece que los problemas de los padres de familia van creciendo, haciéndose cada vez más pesados con el crecimiento de los hijos.-- Si has tenido problemas con un hijo que abusa el alcohol… o que está en la droga… o en una pandilla…, de un hijo encarcelado.. o una hija que ha sido objeto de maltrato…, si alguno de tus hijos es conviviendo sin matrimonio, o “mal casado” como se dice, con alguien que no puedes aceptar como nuera o yerno… Tal vez han tenido fracasos en sus proyectos laborales, matrimoniales o vocacionales. En fin, si los hijos han tomado decisiones que te entristecen o decepcionan, o si su conducta te provoca rabia o desesperación, si sus sufrimientos en la vida te han hecho sufrir sobremanera… presenta todo esto a Dios, que también es Padre, es Madre… Si sabes lo que es la ingratitud de los hijos, de manera que has tenido que pasar días amargos en fechas muy significativas, porque ni se recordaban de llamar, ni mucho menos se daban la molestia de visitarte… Todo esto y mucho más que habrás vivido, te invito a presentar al Señor.
Padre santo, tú que nos diste a tu propia Hijo para ser nuestro camino, bendice a esta hija tuya que es madre; bendice a este hijo tuyo que es padre. Te ofrecemos todos los desvelos, trabajos, sacrificios y renuncias que hizo en bien de este o del otro de sus hijos, que le han cansado después de muchos años de lo mismo. Te encomendamos también todo lo amargo o dolorosa que ha vivido en su vocación de madre o padre: todas las decepciones, sorpresas desagradables, momentos de cólera o explosiones; los tiempos de angustia y de sentirse impotente para orientar a sus hijos, o cuando se encontraba sola/solo para afrontar las responsabilidades del hogar. Todas las veces que ha castigado injustamente a sus hijos, o de forma desmedida, tal vez para desfogar esa rabia que no sabía cómo ni dónde ventilarla de otra manera. Te ofrecemos también, Padre, todas las palabras que sus hijos/as le han dicho en algún momento de cólera o de discusión, que le han herido profundamente. Tú sabes, Señor, cuánto ha querido ser una buena madre, un buen padre, como querían formar un hogar cristiano, a pesar de todas las fuerzas que van en sentido contrario en nuestro medio. Bendícele, Padre, en esta noble vocación que aun no ha terminado, por muy maduros que sean sus hijos e hijas, y que ni termina con la muerte. Sana las heridas que se han propinado entre padre e hijos; perdona sus faltas, y restaura una relación de cariño y respeto entre ellos. Dispón sus corazones para la reconciliación profunda, y encamínalos todos a la comprensión mutua y a la conversión de vida, para que un día pronto, puedan encontrar su unión familiar alrededor de tu mesa, o por lo menos, después de esta vida, en tu regazo de Padre. ¡Gracias, Señor!
Ofrezcamos también al Señor en esta oración la experiencia tremendamente dolorosa de la viudez; de perder en esta vida la presencia y acompañamiento de uno que ha sido compañero, esposo, amigo y sustento a lo largo de muchos años. Cuánto más se han amado y compenetrado, cuánto más sufre una esposa por la muerte de su cónyuge. Te invito a presentar al Señor todo el camino recorrido desde la muerte de tu marido. Los días negros, los altibajos, el tiempo que se detenía y no parecía avanzar, y los primeros gustos de la alegría de vivir nuevamente…
Señor, queremos ofrecerte también este sufrimiento muy particular, muy hondo que es perder en esta vida a su cónyuge, después de años de convivencia matrimonial. Ningún momento es “oportuno” para esta pérdida. Padre bueno, tu hija aquí presente te abre esta parte de su vida: su desesperación, lo vacío que sintió la vida después de la muerte de su esposo; los días de depresión y hasta algunas locuras que se le había ocurrido hacer. También Señor, todas las cosas que otras personas dijeron que le hirieron, aun a veces con buena intención, pero sin sentir lo que ella sentía… Por las múltiples veces que ella se sintió de más, incómoda en reuniones de parejas o familias, por las noches que extrañaba su esposo y dormía llorando amargamente; Señor te pedimos tu sanación por todo esto, y también por las alegrías que ya no podía gozar por no tener con quién compartirlos… Hasta que, un
día, tal vez meses más tarde, empezaba a sentir nuevamente la alegría de la vida: --inicialmente puede haber sentido culpable, de gozar de la vida estando sin su esposo-- pero luego descubrió que no, que tú quisiste que ella se alegrara, que eres Tú mismo quien pone en su vida las pequeñas y grandes alegrías: las ocurrencias de los nietos; las flores y la delicadeza de los detalles que ponen las amistades; el encontrarte más todavía en la vejez que una te encontraba en la juventud, más a veces en la soledad que cuando rodeada de familia…
D. Enfermos crónicos
Puntos que desarrollar:
Trauma de recibir la noticia, como ¡sentencia de muerte!
Rabia, confusión, miedo/angustia, depresión
Marginación de parte de otras personas, especialmente dolorosa cuando son familiares
Trato duro, faltando ternura o delicadeza; indiferencia o la no-atención a sus necesidades
Sentirse un peso para su familia (alguna vez que se lo hayan echado en cara); pensamientos/deseos de suicidio, de “ya no comer…”
Lejanía o rechazo a/de Dios [sentido]; dificultad o imposibilidad de orar - - o bien descubrimiento por primera vez en la vida del amor increíble de Dios para ti

SALVEMOS ASIA BIBI

Este es un ejemplo de mensaje que puedes enviar a tus amigos:
Asunto: Salvemos a Asia Bibi
Pakistán ha condenado a Asia Bibi a muerte por ser católica. No le quedan muchos días de vida. Las autoridades pakistaníes la acusan de blasfemia: cometió el terrible “delito” de defender públicamente su fe.
Escribe una petición de indulto al Presidente de Pakistán ahora:
http://porasiabibi.org

EL MUNDO NECESITA A DIOS

El Papa Benedicto XVI señaló que el mundo siempre necesita a Dios y por eso espera la respuesta generosa de miembros de la Iglesia que se dediquen de por vida a la causa del Evangelio como concreción de su vocación.

En su mensaje al II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones que se celebra en Cartago (Costa Rica) del 31 de enero al 5 de febrero bajo el lema "Maestro, en tu Palabra echaré las redes", el Papa señaló que "una acción misionera más incisiva trae como fruto precioso, junto al fortalecimiento de la vida cristiana en general, el aumento de las vocaciones de especial consagración".

"De alguna manera, la abundancia de vocaciones es un signo elocuente de vitalidad eclesial, así como de la fuerte vivencia de la fe por parte de todos los miembros del Pueblo de Dios".

En el texto con fecha 21 de enero y dado a conocer hoy, el Papa recordó que el Concilio Vaticano II afirma que "toda la comunidad cristiana tiene el deber de fomentar las vocaciones, y debe procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana".

"La experiencia nos enseña que, allí donde hay una buena planificación y una práctica constante de la pastoral vocacional, las vocaciones no faltan. Dios es generoso, e igualmente generoso debería ser el empeño pastoral vocacional en todas las Iglesias particulares".

El Papa se refirió luego a la centralidad del cuidado de la vida espiritual para el cultivo de las vocaciones: "La vocación no es fruto de ningún proyecto humano o de una hábil estrategia organizativa. En su realidad más honda, es un don de Dios", resaltó.

La vocación, continuó, es "una iniciativa misteriosa e inefable del Señor, que entra en la vida de una persona cautivándola con la belleza de su amor, y suscitando consiguientemente una entrega total y definitiva a ese amor divino".

"Es necesario ofrecer a las jóvenes generaciones la posibilidad de abrir sus corazones a una realidad más grande: a Cristo, el único que puede dar sentido y plenitud a sus vidas. Necesitamos vencer nuestra autosuficiencia e ir con humildad al Señor, suplicándole que siga llamando a muchos".

"Pero al mismo tiempo, el fortalecimiento de nuestra vida espiritual nos ha de llevar a una identificación cada vez mayor con la voluntad de Dios, y a ofrecer un testimonio más limpio y transparente de fe, esperanza y caridad".

Benedicto XVI destacó además la importancia del testimonio de la propia vocación como semilla de nuevas vocaciones: "ciertamente, el testimonio personal y comunitario de una vida de amistad e intimidad con Cristo, de total y gozosa entrega a Dios, ocupa un lugar de primer orden en la labor de promoción vocacional".

"El testimonio fiel y alegre de la propia vocación ha sido y es un medio privilegiado para despertar en tantos jóvenes el deseo de ir tras los pasos de Cristo. Y, junto a eso, la valentía de proponerles con delicadeza y respeto la posibilidad de que Dios los llame también a ellos".

Con frecuencia, continuó el Santo Padre "la vocación divina se abre paso a través de una palabra humana, o gracias a un ambiente en el que se experimenta una fe viva. Hoy, como siempre, los jóvenes 'son sensibles a la llamada de Cristo que les invita a seguirle'".

"El mundo tiene necesidad de Dios, y por eso siempre tendrá necesidad de personas que vivan para él y que lo anuncien a los demás", precisó.

Finalmente el Papa afirmó que "la preocupación por las vocaciones ocupa un lugar privilegiado en mi corazón y en mis oraciones. Les animo, pues, queridos hermanos y hermanas, a que se consagren con todas sus fuerzas y talentos a esta apasionante y urgente tarea, que el Señor sabrá recompensar con creces".

jueves, 27 de enero de 2011

Levanto Mis Manos




LEVANTA TUS MANOS EL SEÑOR TOMA TODAS TUS CARGAS, EL TE AMA Y QUIERE QUE SEAS FELIZ. SILVINA

Yo quiero un cambio

Entrevista de Juan José Santander a Bernardo Stamateas
JS = Juan José Santander
BS = Bernardo Stamateas

JS: ¿por qué en nuestra sociedad está tan mal visto el error, la equivocación, y no como que es un paso para lograr algo mejor?
BS: Dicen que ‘si el error te enseña es tu amigo y si no te enseña es tu enemigo’, entonces, el camino al éxito está pavimentado de fracasos. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a rotularnos: ‘me equivoqué, no sirvo para nada’. Tendemos a ligar el error a la autoestima. Cuando uno tiene sueños, la crítica, el error, el fracaso, forman parte del ‘combo’. Pero como venimos de una sociedad muy culpógena, donde todo es culpa, dolor, amor al sufrimiento, creemos que el éxito es que no nos pase nada malo. El error es parte de cualquier proceso de aprendizaje.
Cuando uno se equivoca y por eso piensa que es un inútil, actúa en consecuencia. Por eso el cambio más importante que debemos hacer es el cambio interior, el cambio de las creencias, de las ideas: sacarse las ideas limitantes de ‘no se’, ‘no puedo’, ‘es muy difícil’… Cuando hacemos esos cambios de pensamientos, todo el afuera comienza a cambiar.
Es muy importante saber que los cambios nos pueden ayudar, y que hay que hacerlos cuando estamos bien y no cuando estamos mal. En general uno busca cambiar cuando toca fondo. Por ejemplo: el momento de buscar trabajo no es cuando uno ya no lo tiene, porque está con una carga emocional que lo tira abajo.
Es importante saber también de que el error es parte del crecimiento, y que debemos equivocarnos. Cuanto más rápido nos equivocamos más cerca estamos del éxito

JS: A veces pensamos que son tantas cosas las que debemos cambiar! Que quedamos trabados y no empieza por nada.
BS: A veces pensamos que necesitamos grandes cambios. A quien dice que necesita un cambio de 360º, yo le digo: no es así, porque entonces quedás en el mismo lugar. Un pequeño cambio es como una bolita de nieve que lanzamos desde la punta de una montaña, y que puede arrastrar un montón de otros cambios positivos. Un cambio muy sencillo y poderoso que podemos comenzar a hacer ahora mismo, es por ejemplo, comenzar a llevarnos un poquito mejor con los demás. ¿Por qué digo que es tan importante? Porque no llega a la cima el que sabe más sino el que sabe relacionarse mejor con los otros. En un trabajo te contratan por tu capacidad y te despiden por tu carácter. Eso se llama inteligencia emocional. Sonreír un poco más, ayudar a otro a alcanzar sus sueños, buscar las cosas en común que tenemos con los demás. Nadie llega a la cima solo. Se llega en equipo. Por eso nuestro capital mas valioso son nuestras relaciones interpersonales. Hay que cuidar los vínculos.

JS: ¿Siempre estamos a tiempo de cambiar?
BS: Siempre. Tenemos que hacernos amigos de los cambios. Otro cambio posible, positivo, necesario, es recuperar los sueños. Un álbum de fotos tiene todas fotos del pasado. ¿Por qué no hacer un álbum de fotos del futuro? Reforzar las fotos de lo que queremos lograr, lo que esperamos. Dibujar los sueños. Las personas no envejecen por su edad sino por la falta de sueños. Los sueños, lo que esperamos, es el mañana. Cuanto más sueños pongamos delante nuestro mas lejos vamos a sentir la muerte.

JS: A veces relacionamos la palabra ‘sueños’ a una etapa de la vida, a la infancia, adolescencia, juventud. Y después parece que ya no tendríamos que soñar más
BS: Y eso es lo que pasa con los jóvenes que no tiene proyectos: caen en la droga, en la depresión… Cuando el pasado es más grande que el presente, se cae en la depresión. En cambio cuando el futuro es más grande que el presente, somos soñadores. Necesitamos entonces agarrar un lápiz y comenzar a escribir todos nuestros sueños, ya sea en lo económico como en lo espiritual, familiar, personal. ¿cómo sabemos que un sueño es bueno? Cuando se lo contamos a alguien y nos dice ‘¡estás loco!’. Abrazar un sueño grande es un cambio extraordinario, porque cuando uno tiene sueños está motivado. Motivación es eso: motivo y acción.
Dicen que ‘Dios escondió su voluntad en lo que te apasiona’. Hay gente que dice no saber cuál es la voluntad de Dios. Yo les digo: mirá lo que te apasiona. Esa es la pista de aterrizaje de tus sueños.

JS: A veces desde la fe pensamos que la voluntad de Dios tiene que ver justo con lo contrario de lo que nos gusta y nos apasiona ¿cuánto tiene que ver la pasión en el desarrollo de los sueños y en la posibilidad de cambio?
BS: Hay gente que piensa que dice no saber si lo que le gusta es lo que Dios quiere. Yo le digo: más vale que te guste a vos, porque la que va a hacer eso sos vos y no Dios. Dios nos va a dar los deseos del corazón. Volver a recuperar el deseo, lo que nos apasiona, lo que nos entusiasma, es un buen cambio que puede traer grandes resultados.

JS: ¿cómo se pueden priorizar y ordenar los cambios? A veces sentimos que hay mucho que cambiar, pero se debe empezar por algo.
BS: tenemos que empezar con la pregunta clave: “¿qué puedo hacer yo frente a lo que me pasa?”. Eso se llama “actitud”. Yo no elijo todas las batallas que vienen a mi, pero puedo elegir cómo reaccionar. Ejemplo: me siento solo. ¿qué puedo hacer para sentirme un poquito menos solo? No tengo plata…no hay hombres… NO. No digamos lo que NO. Digamos qué podríamos hacer. Otro ejemplo: Se murió un hijo ¿qué podríamos hacer para sentirnos un poco más consolados? Llamar a alguien, escribir una carta, compartir a alguien lo que estamos sintiendo… Cuando uno recupera el ‘control remoto’ de su mundo emocional y sale de la posición de víctima y se pone en la posición de protagonista, los cambios empiezan a suceder. Es decir que lo más importante es dejar de esperar que nos vengan a salvar de afuera. Nadie nos va a venir a salvar. Tenemos el poder interno para elegir nuestras reacciones. Cuando uno recupera el control remoto, comienzan a suceder uno detrás de otro los cambios, porque dejamos de ser gente pasiva para tomar un rol activo. Ese sería el primer paso.
A veces queremos generar un cambio y nos cuesta. ¿qué tenemos que hacer? Achicarlo. ¿cuánto más chiquito? Hasta que lo podamos lograr. Porque cuando logramos algo chiquito se refuerza nuestra estima. Entonces nos ponemos otra pequeña meta, y otra, y otra, y cuando nos damos cuenta estamos en un círculo virtuoso. Es decir, no necesitamos GRANDES cambios.
Otra cosa que podemos hacer es revisar nuestro sistema de creencias, nuestras ideas. ¿qué ideas están vencidas, ya no sirven? Y des enamorarse de ellas, para que las podamos reemplazar por ideas de mejor calidad. No es fácil, pero sí posible.


- Conocí el amor siendo maltratada física y psicológicamente. Desde entonces sigo buscando un compañero, pero caigo siempre en el mismo tipo de personas. Quiero cambiar, y lucho, y me aferro a Dios, a la ayuda psiquiátrica, y veo que sigo hiriéndome, maltratándome ¿por qué? Estoy logrando lo contrario de lo que deseo

BS: Primero, te felicito por tu fortaleza para querer seguir adelante pese a los maltratos recibidos. Por eso, lo primero que te diría es que sos más fuerte de lo que vos creés y pensás. Otra persona hubiese abandonado al primer golpe. Vos, a pesar de haber repetido el mismo patrón, querés crecer y cambiar. Tenés que conectarte con esa fuerza interna que tenés. Lo segundo es que trabajes en tu estima: vuelvas a ser una ‘naranja completa’ y no ‘media naranja’ buscando alguien que te haga feliz. Tenés que comenzar a ser feliz ahora, como estás, sin pareja, para que cuando encuentres a alguien puedas compartir esa felicidad y no la esperes de ese otro. En general el maltratador viene como un seductor, promete amor, y una eterna luna de miel. Pero pide a cambio de ese amor que el otro sea ‘su barrilete’, sea un objeto. Nadie que te descalifique, que te compare, que te reduzca a una cosa, es una persona digna de estar con vos. Sobre eso debés reflexionar y a partir de allí comenzar los cambios.


- ¿Por qué cuesta creer en uno mismo y se da importancia lo que dicen los demás?

BS: Hay un gran error que cometemos a menudo los seres humanos y es pensar que la estima viene de la valoración exterior. Entonces nos metemos en una montaña rusa emocional, y quedamos esclavos de la gente, y nos sentimos según nos feliciten o nos maltraten. La estima es algo que nos tenemos que dar nosotros a nosotros mismos, y saber que no tenemos precio sino valor. La gente nos pone. Y si hacemos caso al precio que nos ponen, vamos a ser des-preciados, menos-preciados…Nosotros valemos por ser creación de Dios. Hay que recuperar el valor interno que nos damos nosotros a nosotros mismos. Todos los seres humanos a lo largo de toda la vida vamos a tener virtudes y defectos. Cuando uno acepta esto, comienza a tener paz interior, y deja de idealizar a los demás.

Si te arrancan al niño, que llevamos por dentro, Si te quitan la teta y te cambian de cuento
No te tragues la pena, porque no estamos muertos. Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.

Si te anclaran las alas, en el muelle del viento Yo te espero un segundo en la orilla del tiempo
Llegarás cuando vayas más allá del intento Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo

Si te abrazan las paredes desabrocha el corazón No permitas que te anuden la respiración
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión que la vida son dos trazos y un borrón.


Tengo miedo que se rompa la esperanza, que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo, te eche un pulso y pueda más. No te rindas no te sientes a esperar.

Si robaran el mapa del país de los sueños siempre queda el camino que te late por dentro
Si te caes te levantas, si te arrimas te espero. Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.


Mejor lento que parado, desabrocha el corazón No permitas que te anuden la imaginación
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión que la vida son dos trazos y un borrón.

Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo, si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegarás cuando vayas, más allá del intento. Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.




DAME ESTE MONTE Jesús Adrián Romero
Que se ha pasado el tiempo y que los años marcan mi cara
Que mi voz ha cambiado, que no es el mismo mi caminar
Que malgasté mi fuerza, que en vanidades la dejé ir
Que diga NO a mis sueños, que se ha pasado mi mes de abril

Pero dame este monte y con mis fuerzas lo he de tomar
Cumpliré la promesa Yo he sido creado para luchar
No habrá gigante que me haga dudar y mi bandera he de alzar

Hay quienes me aconsejan que toque ahora la retirada
Que lo que no hizo el joven jamás el viejo conseguirá
Que el tren se me ha pasado, que debería ya desistir
Que ya no estoy a tiempo, que mi carrera llegó a su fin

Pero dame este monte y con mis fuerzas lo he de tomar
Cumpliré la promesa. Yo he sido creado para luchar
No habrá gigante que me haga dudar, y mi bandera he de alzar


BS: Tenemos que aprender a usar las dos palabras más poderosas que tenemos: SI y NO. Muchas veces decir NO es dar un paso adelante. Siempre vamos a tener gente que nos ama, gente que nos odia, gente que no nos conoce, que nunca caminó en nuestros zapatos pero opina de nosotros

JS: ¿Todos estamos llamados a un cambio?
BS: Sí. Además porque el cambio es inevitable. El paso del tiempo es inevitable. No hay una etapa evolutiva más linda que otra. Todas tienen su encanto, Tenemos que aprender a descubrir cual es ese encanto, saber que tenemos que pasar de una estación a la otra, y cuando pasemos tenemos que tomar un tren distinto. Tenemos que aprender a descubrir la bendición que conlleva cada etapa y saber que cada etapa trae sus cambios.
JS: Todos los días son distintos, todos estamos invitados a comenzar otra vez. Este diálogo nos ha traído mucha luz para los cambios que queremos y que también Dios nos está pidiendo.
BS: No hay que dejarse llevar por eso de que “la posibilidad es un tren que se pierde y ‘nunca más’”. Eso amarga y frustra a mucha gente. Es cierto que no hay que perder oportunidades que tal vez no vuelvan. Pero más importante es nunca darnos por perdidos. Dios dispone todo para bien. Si nos pasó algo malo, hay que saber que Dios permitirá mas adelante algo bueno y nuevo. Algo mejor va a venir, y eso es lo que nos mantiene con vida y con alegría. No debemos quedarnos en lo que perdimos.

JS: ¿qué incidencia tienen nuestras ideas en nuestros proyectos de cambio?
BS: Alguien dijo “Si crees que puedes, tienes razón. Y si crees que no puedes, también tienes razón”. Es decir: la fe puede usarse para mover montañas para ver mejor, o para mover montañas y que la montaña nos aplaste. Uno se predispone emocionalmente a lo que uno declara. La realidad se construye con las palabras. En Gn 1 Dios Dijo “que se haga la luz..” etc. Es decir: todo fue creado por la Palabra. Y también pasa eso con nosotros: creamos nuestro mundo con lo que hablamos. Cuando una persona dice por ejemplo “a mi todos me usan” “siempre me equivoco”, esas palabras construyen la realidad que después vive. Por eso es importante recuperar la confianza en nosotros mismos, sacarnos esa maldita culpa que nos vino a veces de parte de la religión, a veces de parte de la cultura, a veces de parte de la familia, que nos dijeron que todo es sufrimiento, dolor, que cuanto más sufrimos mas santos vamos a ser, el no me lo merezco… Eso hace que muchos, cuando le preguntamos ‘¿cómo estás?’, en lugar de responder ‘bien, contento’, dice ‘acá ando, luchando…’. A veces, visto desde la fe, parece que estar contento se vive con culpa.
Acá hay un principio muy importante desde la fe: Jesús se identificó con mi dolor para que yo me identifique con su victoria. Esto es un cambio de paradigma muy importante: no estamos acá para sufrir sino para superar el dolor, crecer, ser feliz. Necesitamos recuperar la alegría de la vida, la autoestima, los sueños. Saber que tenemos dentro nuestro el enorme poder de superar cualquier crisis, levantarnos de los golpes más duros. Recuperar nuestra verdadera imagen que es la imagen de Dios en nosotros.

JS: Muchas veces hacemos de una situación y un problema de nuestra vida, nuestro tema, y todo gira en torno a eso.
BS: Saltamos del TODO al NADA. “Todos me odian”, “todo me sale mal” A veces preguntamos a alguien que nos dice estar deprimido, ¿desde cuándo?, y nos responde “desde siempre”. O nos dicen “estoy mal, estuve mal todo el día” No puede ser, porque no hay nada más fugaz que la emoción. Y la emoción tiene algo negativo y algo positivo. Lo negativo es que cuando uno se siente enojado, con miedo y demás, se siente mal. La positiva es que dura unos minutos, pasa. La “ley del 20 – 80” dice que “Los grandes líderes invierten el 20% de su tiempo en analizar el problema, y el 80% en cómo resolverlo”. No tenemos que estar el 80% del tiempo analizando el problema, sino proponiendo soluciones. Hay gente que dice “¡por qué?” y hay gente que dice “¿por qué no?”

JS: ¿qué pasa cuando siempre queremos cambiar a los demás y tenemos dificultades para hacer cambios personales?
BS: Va a venir un stress muy grande, porque el querer cambiar a los otros es una señal de control y proporciona un desgaste emocional brutal. El stress es la plataforma de todas las enfermedades, es veneno, es un cáncer espiritual. Cuando uno quiere cambiar el mundo externo, cambiar a los hijos, al marido, a la abuela,…entra en un desgaste de perfeccionismo, de control, que puede llevar a una depresión muy grande. Cambiarnos a nosotros es la mejor maneja de ejercer influencia sobre los demás.

JS: A veces parece que ponemos en polos opuestos la obra de Dios, lo que Jesús puede hacer en cada uno de nosotros y la tarea y el desafío personal que uno tiene. Y una cosa no quita la otra
BS: Un ejemplo: una persona que tiene ataques de pánico es una persona que tiene una sensación, una vivencia intensa, un terror exagerado de que se va a morir, de que se está volviendo loco…y eso aparece de golpe. Hoy hay tratamientos muy buenos para superar los ataques de pánico y las fobias. En general son gente muy ansiosa. Viven el mañana. La mente está delante del cuerpo. Esa ansiedad y ese perfeccionismo, esa necesidad de controlar a todo el mundo y eso es lo que hay que trabajar: los trastornos de ansiedad.

JS: ¿cómo la fe en Dios, el encuentro con El, el aferrarnos a El tiene una enorme incidencia en estos cambios, que seguramente Dios quiere para nosotros?
BS: Una vez me preguntaron ¿por qué la gente está volviendo a la espiritualidad? Yo es explicaba que en Ap 5, hay una imagen de un ángel que tiene un pie en el mar y otro en la tierra. El pie en la tierra simboliza, lo material, lo que queremos lograr, y el mar representa el mundo espiritual. Si nos paramos con un solo pie, alguien me empuja y me caigo. Lo que pasa a mucha gente es que pisa solo un ámbito: han trabajado, estudiado, y se han dado cuenta de que les ha faltado pisar el mundo espiritual. Se dan cuenta de que la vida no solo es trabajar, estudiar, hacer dinero, y entonces comienzan a descubrir el mundo espiritual. Por otro lado están los que solo pisaron el mundo espiritual: meditar, orar, pero no tenían una moneda ni para ir en colectivo. Entonces creo que la fe en Dios es lo que nos ayuda a recuperar los dos mundos. Poder avanzar en lo material, en el crecimiento vocacional, pero también pisar lo espiritual. Los que somos creyentes tenemos la gran bendición de tener la revelación del cielo y saber que Dios quiere que pisemos fuerte en lo espiritual, que hagamos su voluntad, que nos llenemos de El, y que también lo natural, en esta ‘pelota de barro’ que es el mundo que nos ha regalado, poder avanzar, crecer, superarnos. Creo que cuando pisamos los dos mundos, cuando conectamos el cielo con la tierra, es cuando somos personas completas.
La primera revelación que tenemos de Dios es ‘Dios creativo’. Y eso está dentro nuestro: tenemos la capacidad creativa para resolver cualquier problema, para levantarnos de cualquier crisis y escalar cualquier montaña.

Derogar Ley de Blasfemia en Pakistán

Benedicto XVI pidió derogar Ley de Blasfemia en Pakistán



Ciudad del Vaticano, ENE 26 (AICA):
Por constituir una norma que "lesiona el derecho de las personas a la libertad religiosa", en este caso de los cristianos, el papa Benedicto XVI pidió hoy derogar la llamada Ley de Blasfemia en Pakistán.

En su tradicional discurso anual a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Santo Padre pidió a las autoridades de Pakistán "realizar los esfuerzos necesarios para abrogarla, ya que es evidente que sirve de pretexto para cometer injusticias y violencias contra las minorías religiosas".

El Pontífice dijo luego que "el trágico asesinato del Gobernador del Punjab (Salman Taseer) pone de manifiesto la urgencia de proceder en este sentido: la veneración a Dios promueve la fraternidad y el amor, no el odio o la división".

"El peso particular de una determinada religión en una nación jamás debería implicar la discriminación en la vida social de los ciudadanos que pertenecen a otra confesión o, peor aún, que se consienta la violencia contra ellos. Por ello es importante que el diálogo interreligioso favorezca un compromiso común para reconocer y promover la libertad religiosa de todas las personas y comunidades".

"Como ya he recordado -dijo finalmente-, la violencia contra los cristianos no perdona ni siquiera a África. Un triste testimonio de ello son los ataques contra dos lugares de culto en Nigeria, mientras se celebraba el Nacimiento de Cristo.

Ley de Blasfemia
La Ley de Blasfemia reúne varias normas contenidas en el Código Penal inspiradas directamente en la Shariah –ley religiosa musulmana– para sancionar cualquier ofensa de palabra u obra contra Alá, Mahoma o el Corán.

La ofensa puede ser denunciada por un musulmán sin necesidad de testigos o pruebas adicionales y el castigo supone el juicio inmediato y la posterior condena a prisión o muerte del acusado.

La ley es usada con frecuencia para perseguir a la minoría cristiana, que suele ser explotada laboralmente y discriminada en el acceso a la educación y los puestos de la función pública.

El caso más conocido de la aplicación de esta ley es el de la cristiana Asia Bibi, por quien el Papa Benedicto XVI también intercedió pidiendo su inmediata libertad.+

miércoles, 26 de enero de 2011

EL MILAGRO DE JUAN PABLO II

PARÍS, 21 Ene. 11 / 12:47 am (ACI)

La religiosa francesa Marie Simon Pierre reveló detalles inéditos del milagro que permitirá la beatificación del Papa Juan Pablo II el próximo 1 de mayo, como el hecho de experimentar un deseo incontenible de rezar solo momentos antes de descubrir que fue curada del mal de Parkinson, enfermedad que padeció Karol Wojtyla.

En una entrevista concedida el 14 de enero a la cadena francesa KTOtv y a la cadena italiana RAI Vaticano, la religiosa relata que "el 2 de junio de 2005 fue el día de mi curación. Ese día por la mañana yo estaba completamente impedida y ya no podía más".

"Pensé en buscar a Sor Marie (superiora de su comunidad) para pedirle mi dimisión, dejar de brindar mi servicio en la maternidad donde trabajaba con muchas personas a mi cargo. Me sentía muy pesada y me dije: es necesario que pare, que deje el servicio. Yo no puedo hacer que esto deje de avanzar, no es posible".

El pedido de la hermana Marie Simon Pierre fue rechazado con amabilidad y a cambio su superiora le propuso pedir la gracia de su curación a Juan Pablo II.

Cuando esto sucedió, "sentimos por un buen momento un gran cambio en su oficina, diría que una gran paz, una paz muy grande y una gran serenidad, me sentía muy apacible, ella también".

En ese momento, le pidió escribir el nombre de Juan Pablo II en un papel. El avance del Parkinson había afectado su brazo izquierdo y sufría de intensos temblores. Su superiora le propuso escribir con la mano derecha. "Le dije que no podía porque mi mano derecha también se ponía a temblar, pero ella insistió: 'sí puedes, sí puedes'".

Escribió algo ilegible pero pensó que de repente "ocurre un milagro si es que creo".

"Me fui y seguí con mi servicio. Esa noche seguí la jornada como de costumbre con la comida comunitaria, luego un poco más de servicio y después la oración nocturna en la capilla".

Al regresar a su cuarto, la hermana Marie Simon-Pierre se obligó a escribir y se llevó una gran sorpresa al ver que en ese momento sí pudo hacerlo bien.

Pasó una noche tranquila y durmió bien, sin el insomnio habitual que presentaba por el dolor del Parkinson. A las 4:30 de la madrugada del 3 de junio despertó sintiendo que "ya no era la misma. Había una alegría interior y una gran paz; y luego me sorprendí mucho por los gestos de mi cuerpo".

Al mismo tiempo despertó en ella "un gran deseo de rezar. A esa hora no tenía autorización para rezar, pero recé".

Rezó frente al tabernáculo del oratorio de la maternidad "siempre con una alegría muy profunda" meditando además los misterios luminosos del Papa Juan Pablo II.

A las 6:00 a.m. su comunidad asistía a la Eucaristía, así que se dirigió del oratorio a la capilla.

En ese trayecto "me di cuenta de que mi brazo izquierdo ya no se quedaba inmóvil al caminar sino que se balanceaba normalmente. En la Eucaristía tuve la certeza de que estaba curada".

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...