lunes, 7 de octubre de 2019
HOMILIA Domingo Vigesimoctavo del TIEMPO ORDINARIO cC (13 de octubre de 2019).
Domingo Vigesimoctavo del TIEMPO ORDINARIO cC (13 de octubre de 2019).
Primera: 2Reyes 5, 10. 14-17; Salmo: Sal 97, 1-4; Segunda: 2Timoteo 2, 8-13; Evangelio: Lucas 17, 11-19
Nexo entre las LECTURAS…
"La obediencia de la fe" nos ayuda a leer unitariamente los textos de este Domingo. Los diez leprosos se fían de la palabra de Jesús y se ponen en camino para presentarse a los sacerdotes, a fin de ser curados de la lepra (Evangelio)… lo nuevo -de otras veces que han ido a los sacerdotes- es que ahora van en el nombre del Señor Jesús y por eso alcanzan la salud. Naamán el sirio obedece las palabras de Eliseo, a instancias de sus siervos, sumergiéndose siete veces en el Jordán, con lo que quedó curado (Primera lectura). La obediencia de la fe hace que Pablo termine en cadenas y tenga que sufrir no pocos padecimientos (Segunda lectura). Una maravilla la oración que la Iglesia nos hace rezar con el Salmista: "Canten al Señor un canto nuevo, porque Él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria"… ¡¡¡a rezarla con gozo!!!
Temas...
El poder de la obediencia. Los dos milagros de que nos hablan los textos destacan el lugar maravilloso de la obediencia en la vida de la fe. No hay gestos curativos ni de Eliseo ni de Jesús. No se mencionan fórmulas terapéuticas, dirigidas al enfermo, como sucede en otros relatos de milagros. Hay solamente un mandato. El de Eliseo a Naamán suena así: "Ve y báñate siete veces en el Jordán". A los leprosos Jesús les dice: "Vayan y preséntense a los sacerdotes". Tanto Naamán como los diez leprosos todavía no han sido curados, ni siquiera saben si lo serán. Pero se fían y obedecen. Y la fuerza de su confianza y de su obediencia fue la disposición necesaria para la actuación extraordinaria de Dios de favor de cada uno y de su pueblo. La obediencia es un grado de fe-confianza en la persona a la que se obedece.
La fe que no está exenta de tropiezos y dificultades:
Esto es patente en la historia de Naamán. Él tenía otra concepción y otras expectativas sobre el milagro y sobre el modo de realizarse: "¡Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma, y sanaré de la lepra!". Nada de esto ocurrió. Ni siquiera vio a Eliseo, pues el mensaje del profeta le llegó por un intermediario… por la expectativa no cumplida Naamán estaba hecho una furia, y regresaba a su casa, habiendo perdida toda esperanza de curación… en el camino, persuadido por sus siervos, obedeció, se bañó en el Jordán y "su carne volvió a ser como la de un niño pequeño, y quedó curado". Naamán, por fin, se dio cuenta de que no son las aguas las que curan la lepra, sino el Espíritu de Dios que se sirve del Jordán, como de otros muchos medios, para hacer el bien y salvar al hombre.
Los diez leprosos, ante el mandato de Jesús, se pusieron en camino hacia el templo de Jerusalén. Tenían que caminar unos buenos kilómetros. Seguían siendo leprosos y... ¿cómo subir así hasta Jerusalén y presentarse a los sacerdotes? ¿No sería mejor esperar hasta constatar que estaban realmente curados? Vencieron estas dificultades y, en el camino sintieron que su carne se renovaba y quedaba sanada. La obediencia de la fe dispone lo necesario para el milagro.
¿No es acaso también la obediencia de la fe la que hace que Pablo esté encarcelado por el Evangelio? ¿La que permite a Pablo soportar cualquier sufrimiento para que la salvación llegue a todos? Puede ayudarnos a meditar aquello que dicen los testigos de la vida y del ministerio de san José Gabriel del Rosario Brochero: “Vivía según la fe” … de ahí su caridad pastoral y su muerte en cruz (cieguito y leproso) y por eso pudo decir antes de morir: “Yo me fío de la misericordia de Dios”.
La "curación" total. Naamán quedó curado de lepra, pero seguía enfermo de ceguera espiritual. Como hombre bien educado retorna a casa de Eliseo y le ofrece, en señal de agradecimiento, ricos regalos. Eliseo los rehúsa. Ahora, ante el hombre de Dios, comienzan a abrírsele los ojos sobre el verdadero Dios, hasta el punto de llegar a decir: "Tu siervo no ofrecerá ya holocausto ni sacrificio a otros dioses más que a Yahvé". Algo semejante le sucede a uno de los leprosos al quedar curado. Nueve de ellos prosiguen su marcha hacia Jerusalén, se presentan al sacerdote y regresan felices a la casa familiar, olvidándose de Jesús e imposibilitando con ello el que Jesús les otorgue la salvación que Él ha venido a traer a los hombres. El último, un samaritano, al verse curado, siente interiormente el impulso de volver a Jesús para agradecérselo. Se postra a sus pies en adoración agradecida. Y Jesús le concede no sólo verse libre de la lepra, sino también del pecado, de todo aquello que le impedía obtener la salvación. "Vete, tu fe te ha salvado".
A Pablo el encuentro con Jesús en el camino de Damasco le ha abierto los ojos a la fe en Cristo, liberándole de su mentalidad estrictamente farisaica, de su odio a los cristianos, incluso de las mismas debilidades humanas, hasta el punto de soportar serenamente las cadenas de la prisión y de mantenerse firme en el seguimiento y anuncio del mensaje evangélico. Jesucristo en verdad es el gran médico de cuerpos y almas.
Sugerencias...
Razones para obedecer. Todo hombre, desde el nacimiento hasta el fin de la vida temporal e ingreso a la pascua definitiva, está llamados a una vida de obediencia. Como hombres y como cristianos resulta provechoso que tengamos buenas razones para obedecer, como disposición necesaria para alcanzar la plenitud.
- La obediencia agrada a Dios. Dios no es un extraño, es nuestro Padre. ¿Cómo no buscar agradarle?
- Jesús, nuestro modelo, es un testigo supremo de obediencia. Obedeció a Dios en los largos años pasados en Nazaret, sometiéndose a sus padres. Obedeció a Dios durante su vida pública, teniendo como su alimento diario la voluntad de su Padre. Le obedeció hasta la muerte y tuvo una muerte de cruz.
- El Espíritu Santo nos acompaña y fortalece interiormente, de modo que al obedecer no nos sintamos solos.
- El "SI" de María nos impulsa, en nuestra obediencia solícita, sencilla y constante, a la vocación y misión que Dios nos ha confiado. El "hágase en mí según tu palabra" generoso de María, que recordamos tres veces cada día (Ángelus), es un aliento en la conciencia cristiana. Así lo comprendió san Juan Pablo II y en su lema pontificio lo dejó estampado con la expresión “Totus tuus”
- El carácter social del hombre y el carácter comunitario de la fe hablan por sí mismos de la necesidad de una ‘organización’, de una autoridad, y, por consiguiente, de la necesidad de la obediencia para vivir la caridad y la justicia (cfr.: Benedicto XVI, 16 de dic, 2012).
- La obediencia, cuando se hace con fe y con amor, infunde una gran paz en el que obedece. El lema episcopal del San Juan XXIII lo pone de manifiesto: “Oboedientia et pax”.
- La obediencia creyente y amorosa contribuye poderosamente a la maduración de la personalidad cristiana, que tiene como programa, por encima de todo, la voluntad de Dios. "Ante todas las cosas, tu Voluntad, Señor", para la mayor gloria de Dios y salvación del género humano (San Ignacio de Loyola).
- La eficacia que la obediencia proporciona a una institución civil o eclesiástica en la consecución de sus fines propios. De la unión y de la obediencia viene la fuerza… y si por Cristo y con Él hacemos las cosas de cada día, el mundo se irá transformando de fe en fe hasta alcanzar la plenitud y madurez en el tiempo y en la eternidad (cfr. León XIII, consagración del mundo al Sagrado Corazón de Jesús).
Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros
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lunes, 30 de septiembre de 2019
HOMILIA Domingo Vigesimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cC (06 de octubre de 2019).
Domingo Vigesimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cC (06 de octubre de 2019).
Primera: Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4; Salmo: Sal 94, 1-2. 6-9; Segunda: 2Timoteo 1, 6-8. 13-14; Evangelio: Lucas 17, 3b-10
Nexo entre las LECTURAS…
El tema sobresaliente, en este Domingo, es la fe. La historia de Habacuc es muy ilustrativa, y la buena voluntad de los discípulos de Jesús también, aunque en otro sentido: ¡ellos se dan cuenta que no confían suficientemente y querrían confiar más! Para nosotros, saldrían dos preguntas: la primera, sobre si nuestra confianza está puesta en Dios o en otras cosas, como lo es nuestro dinero, nuestras capacidades personales, nuestras buenas obras; la segunda, sobre si nuestra confianza en Dios es suficientemente fuerte como para lanzarnos de verdad al servicio de su reino (si tenemos suficiente fe como para hacer que las moreras se planten en el mar, como dice Jesús). Ciertamente crecer en la fe es un camino que hemos de ir haciendo continuamente, que nunca termina y por eso hay que orar cada día como hacían los apóstoles: "Auméntanos la fe". Jesús en el evangelio se fija en la eficacia de la fe, incluso de la fe pequeña como un grano de mostaza. Y, san Pablo exhorta a Timoteo a dar testimonio de su fe en Cristo Jesús y a aceptar con fe y con amor el mensaje transmitido por Pablo (Segunda lectura).
El segundo tema posible, está en el evangelio y es: ante Dios no podemos alegar méritos ni derechos que nos obtengan gracia ni salvación: hacemos lo que hacemos, la distancia entre nuestras actuaciones y su amor infinito es inmensa, y nunca estaremos a "su altura". Ciertamente que con nuestra manera de vivir y de actuar nosotros respondemos a su llamada y nos acercamos a Él; pero la salvación no nos la obtenemos nosotros, sino que nos es dada. Y eso tiene consecuencias. Porque la hipocresía del fariseo practicante, que no falla en ningún mandamiento, es una hipocresía que también se da entre nosotros, y sirve para mirar a los demás por encima del hombro como el trabajar mucho por la Iglesia y exhibirlo, e incluso cerrar el paso a los demás. Nos pide el Señor que podamos rezar con fe: "somos unos pobres (simples) siervos".
Temas...
Dijimos que el tema principal en este pasaje de hoy, es la fe; eso se nota, por supuesto, en la primera parte del Evangelio que hemos escuchado, allí donde los apóstoles le dicen al Señor: “Auméntanos la fe” (Lc 17,5). Es evidente que el tema central va a ser “creer”, va a ser la “fe”; pero, resulta menos evidente que también la fe es protagonista en la segunda parte. La segunda parte del pasaje de hoy, es la que Cristo describe con el ejemplo de los trabajadores que al final de su jornada, simplemente, pueden decir: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber” (Lc 17,10). Y tal vez, la pregunta que uno puede hacerse, es: ¿cuál es la relación entre “la súplica de fe de los discípulos” y luego aquello de “los siervos inútiles que no esperan un aplauso o un agradecimiento por haber hecho, simplemente, lo que tenían que hacer”? Me parece que la relación está en lo que podríamos llamar “la lógica de la fe”; lo voy a expresar de esta manera: en la primera parte, Cristo nos cuenta que si tenemos verdadera fe, vamos a realizar grandes cosas; y en la segunda parte, Cristo nos dice: “Cuando ustedes realicen grandes cosas, no piensen que es mérito de ustedes; es simplemente, la obra que Dios, a través de ustedes, está realizando”. Así que, sí hay una unidad en las dos partes del Evangelio de hoy: por una parte, las grandes obras que se pueden realizar con la fe; y en la segunda parte, que jamás le robemos la gloria a Dios, cuando esas grandes obras las veamos realizarse sepamos que solo Él merece honor y gloria (San José Gabriel, beato Enrique Angelelli…).
Podemos preguntarnos entonces: Bueno, y hoy, en las circunstancias en que vivimos, ¿para qué es tan necesaria esa fe?, ¿cuáles son las grandes obras que necesitamos ver hoy, y que quizá el Señor quiere realizar y está realizando hoy? Muchas de esas obras tienen que ver con cosas extraordinarias; tienen que ver por ejemplo, con la sanación, tienen que ver con la transformación de vidas humanas. Es un hecho –sé que esto le cuesta trabajo creer a algunas personas– que Dios sigue haciendo milagros maravillosos en el cuerpo, en la mente, en el alma de muchas personas. Ese es un ámbito donde se experimenta el poder de la fe; pero, hay otro ámbito donde también aparece la fe, y es que en muchas de las batallas que hoy tenemos nosotros los creyentes, necesitamos una gran dosis de fe, porque muchas veces tenemos que ir –como nos han dicho varias veces el Papa Francisco– ‘contra corriente’. Cuando todo mundo te está diciendo que algo es normal, pero tú sabes que no es normal, y tú intentas vivir con coherencia lo que sabes y crees, ¡de verdad necesitas fe! porque necesitas navegar un río que va en contra, y la evidencia exterior se opone a lo que tú interiormente sabes; ¡ahí necesitas fe!. Necesitas fe, también, para presentar tu testimonio a otras personas; hablar de Aquel en quien creemos, no es fácil porque de algún modo es exponer fibras muy tiernas de nuestro corazón. El verdadero creyente sabe que al hablar de Cristo, está hablando del amor de su alma, pero hoy hay muchísimas ofensas contra Cristo; entonces, presentar nuestra testimonio, requiere bastante de ese don de la fe, porque sabes que probablemente vas a recibir burlas, vas a recibir ridículo, te van a aislar, y para permanecer con gozo y para servir con amor a los hermanos, ahí necesitarás grandes dosis de fe.
Así que sigamos la invitación que nos hace el Señor: recibamos el don de la fe, preparémonos para experimentar su grandeza, y jamás le quitemos la gloria al Único que la merece.
Sugerencias...
Nos presentan las lecturas de hoy: LA FE. El “justo vivirá por la fe” nos dice la primera lectura… y el santo Evangelio nos presenta a Cristo en una actitud de maestro que corrige y a la vez anima. Quiere indudablemente despertar en nosotros el deseo cuando dice “si tuvieras fe como un granito de mostaza” (este es uno de los cantos carismáticos más conocidos) pero me parece que podemos sacar más del Evangelio de hoy… SÍ, se trata de la fe pero se trata de la fe unidad a otras dos virtudes: la obediencia y la humildad. Y es interesante el hecho de que esa exhortación de Cristo ‘si tuvieras fue moverían montañas’ y ‘si tuvieras fe arrancarías una higuera y la plantarías en el mar’… esa comparación esa enseñanza de Cristo y queda unida a la otra, la de que nosotros somos siervos… siervos que hacemos lo que Dios quiere. Somos llamados hacer la voluntad de Dios. Es bueno que nos preguntemos ¿cuál es la relación entre la fe y la obediencia? Fíjate pues, que cuando Cristo nos habla de esa fuerza de la fe, nos está diciendo que, esa higuera, por ejemplo: que esa higuera que se va a arrancar y se va a plantar en el mar… dice que nos obedecería… nos sería obediente, esa higuera nos haría caso… y luego, pasa Cristo a decirnos la importancia de que nosotros obedezcamos a Dios. ¿Vamos viendo la conexión? Esa fe potente es una fe que hace que las cosas en cierto sentido nos obedezcan. Pero esa fe está unida al hecho de que nosotros obedezcamos a Dios. O sea que la fe no es simplemente un poder, una especie de poder llamémoslo mágico o para lograr cosas extrañas o para lograr cosas a nuestro favor… más bien la fe es el canal que nos pone la sintonía del Dios poderoso… y en la medida en que mi corazón confía en ese Dios “altísimo y poderoso”, en la medida en que me abro a esa obediencia… ese Dios actúa en mí. Y aquí viene lo interesante: el Dios que actúa en mi porque yo soy obediente a Él, porque yo le creo a ese Dios que obra en mí, también empieza a obrar a través de mí… y es ahí donde suceden las cosas prodigiosas como esa higuera que se arrancada y plantada en el mar. Es decir en la medida en que me fe sintoniza en el querer de Dios… en esa misma medida el querer de Dios se vuelve poderoso en mí… y en esa misma medida el querer de Dios puede obrar a través de mí. De modo que en esa íntima relación entre la fe y la obediencia se iluminan estas dos virtudes: porque la obediencia no es caprichosa y la fe no es mágica… sino que la obediencia se ilumina con la luz de la fe y la fe adquiere su verdadero ‘poder’ en aquel que es obediente al querer de Dios.
Hermosa enseñanza que nos deja Jesús para este Domingo. Pedimos a la Virgen, creyente y obediente, que nos proteja con su manto y que vivamos como ella, fieles y obedientes.
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lunes, 23 de septiembre de 2019
HOMILIA Domingo Vigesimosexto del TIEMPO ORDINARIO cC (29 de septiembre de 2019).
Domingo Vigesimosexto del TIEMPO ORDINARIO cC (29 de septiembre de 2019).
Primera: Amós 6, 1a. 4-7; Salmo: Sal 145, 7-10; Segunda: 1Timoteo 6, 11-16; Evangelio: Lucas 16, 19-31
Nexo entre las LECTURAS…
Tiempo y eternidad son como los dos polos que nos pueden servir para la meditación de los textos de este Domingo. Y también Dios-el prójimo o YO. Esto es evidente en el texto evangélico que sitúa al rico, sentado a su mesa y haciendo alarde de su opulencia hasta el extremo de desentenderse de los de alrededor... y a Lázaro… a estos dos en dos escenarios que cambian la situación de cada uno: primero en este mundo y luego en la eternidad. Implícitamente se halla también en la primera lectura, según la cual los ricos samaritanos viven en orgías y lujo, olvidados del futuro juicio de Dios. Para vivir dignamente en el tiempo y alcanzar la eternidad con Dios, la fe viva en Cristo ofrece una garantía segura (Segunda lectura) y es muy bueno el consejo de san Pablo… te recomiendo leer pausadamente ese pasaje.
Temas...
Jugarse la eternidad en el tiempo. Para quienes tenemos fe y creemos en la resurrección de la carne (la eternidad), el tiempo es un tesoro, una verdadera riqueza, porque en él se pone en juego nuestra situación de ahora y en el ‘más allá’ del tiempo. La parábola del ‘rico y del pobre Lázaro’ no subraya el problema de la diferencia entre ricos y pobres. Acentúa -más bien- el juicio de Dios sobre la actitud acerca de la riqueza y de la pobreza. El rico que en este mundo se dedica a descansar y a pasárselo bien, despreocupándose de los pobres, verá duramente cambiada su situación en el más allá. Así le sucedió al rico de la parábola. El pobre, que en esta vida acepta serenamente su condición, sin quejas y sin odios, amando y sirviendo, será recompensado en la eternidad con la gran Riqueza que es Dios mismo. Esto es lo que aconteció al pobre Lázaro. Jesús dice que hay algunos, para su desgracia, que viven como si el Cielo -la eternidad- no existiese. Y hay quienes, los santos, que, para su bien y gloria de Dios, son pobres delante de Dios y de los demás, y tienen puesta su confianza en la recompensa que Dios le dará en la vida venidera. A los primeros (rico de la parábola) no se le recrimina el ser rico, sino el no ser misericordioso, el no tener corazón para quien yace llagado a su puerta. A Lázaro no se le retribuye por su condición de pobreza, sino por su paciencia y esperanza confiada, al estilo de Job. El rico pone su riqueza al servicio de su sensualidad e intemperancia, el pobre vive en esperanza, como mendigo. Jesucristo en la parábola enseña que, en un momento, Dios hará justicia y retribuirá a cada uno según sus obras. Esta enseñanza ha de iluminar también nuestra vida presente, de manera que podemos hablar también de ‘jugarnos’ la eternidad en el día a día. Es decir, el pensamiento del mundo futuro nos conducirá a ser justos y solidarios en el mundo presente. Lo contrario les sucede a los ricachones de Samaria (1 lectura), que, despreocupados del futuro y olvidados de la suerte de su patria, viven "Acostados en lechos de marfil y apoltronados en sus divanes, comen los corderos del rebaño y los terneros sacados del establo y beben el vino en grandes copas, hasta se ungen con los mejores aceites". El Papa Francisco manifestó que mientras el dinero puede servir para realizar cosas buenas, la avaricia "destruye a las personas, a las familias y la sociedad", así como a "la fraternidad humana"… (3 de octubre, 2013).
Fe – tiempo – eternidad. Pablo exhorta a Timoteo, el hombre de Dios, creyente y cristiano auténtico, a de huir de estas cosas. ¿Cuáles son esas cosas? La avaricia, el afán de riquezas, el apetito de dinero. Debe huir porque "nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él" (cf. 1Tim 6,7 y ss.). Le exhorta después "a combatir el buen combate de la fe" en esta vida para poder alcanzar la eterna, en la que reina Jesucristo, el Rey de los reyes y el Señor de los señores. La fe es como la morada en la que el cristiano vive ya la eternidad en el tiempo y el tiempo en la eternidad. Porque vive la eternidad en el tiempo "corre tras la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia en el sufrimiento, la dulzura" (Segunda lectura). Porque vive el tiempo en la eternidad busca con sinceridad de corazón honrar y dar gloria a Dios. Amós, por su parte, nos enseña que existe una fe equivocada, una falsa confianza en el culto y en la religión, simbolizados en el monte Garizín y en el monte Sión, como si el culto, aisladamente, fuese suficiente para obtener la salvación. Nunca la fe religiosa producirá automáticamente la salvación, cuando con ella se cubren indignamente toda clase de injusticias y de desórdenes de la vida. En definitiva, la eternidad está asegurada únicamente para aquellos que viven una vida de fe, que actúa por medio de la caridad (amor y servicio) ... un ejemplo claro de este modo de vivir es la vida y ministerio de san José Brochero, beatos Angelelli, Artémides, Tránsito, Catalina....
Sugerencias...
La riqueza, objeto de servicio. En el catecismo leemos: "Los bienes de la creación están destinados a todo el género humano". Esta afirmación es "absoluta" y no está sometida al cambio de épocas o de mentalidad, al progreso técnico o a la globalización económica. Por otra parte, siempre ha habido, en la historia humana, diferencias en la posesión de bienes y recursos, tanto que misteriosamente, siempre han existido y seguirán existiendo "ricos y pobres". Y, finalmente, no en pocas ocasiones estas diferencias provienen a causa de grandes injusticias que han atravesado toda la geografía de nuestro planeta. Ante estos factores, nosotros los cristianos tenemos una gran obra y misión que realizar entre nuestros hermanos, los hombres. La primera tarea, sin duda, es la de no divinizar la riqueza. No es un dios, al que tengamos que rendir culto a expensas del pobre y del necesitado. Es un bien, pero no es el único ni el supremo. Un bien que está en nuestras manos, que nos ha sido dado por Dios a cada uno, pero que no es enteramente nuestro, es decir, que no podemos hacer con él lo que quisieramos, porque su destino es universal. La segunda tarea: "La riqueza nos ha sido dada para servir, no para dominar", comprendiendo que muchas veces es más libre quién carecen de bienes materiales. La inclinación del hombre a dominar sobre los demás es ancestral y potentísima. Por eso, la riqueza –entre otras muchas cosas– puede ser peligrosa, porque posee el encanto del dominio y del poder. Como discípulos misioneros, seremos los primeros en vivir el evangelio de la pobreza. Seremos para todos un ejemplo y un reclamo de que el dinero o sirve al hombre o no sirve ‘para nada’.
La avaricia, pecado contra la eternidad. "La avaricia es un instrumento de la idolatría, porque avanza por el camino contrario al que hizo Dios con nosotros", aseveró Francisco. El avaricioso sólo tiene ojos para el tiempo presente, que se imagina largo como los siglos. Quisiera meter la eternidad en el tiempo, al mismo tiempo se da cuenta de que es imposible… y reacciona, haciendo caso omiso de ella, aferrándose más a la roca arenosa del presente. La avaricia, se puede afirmar sin lugar a dudas, es una pasión que anida en todo corazón humano. Acumular, querer poseer más, tener hambre de bienes y de medios, vivir con mayores comodidades, etc., no es ajeno a ningún mortal: cristianos o no cristianos, creyentes o ateos, sacerdotes, religiosos y laicos. No es que todo eso en sí mismo sea pecado, pero cuando la tendencia se convierte en pasión absorbente y la vida entera se cifra sólo en acumular, tener, vivir cómodamente, entonces el pecado de la avaricia ya te ha esclavizado y lleva a la corrupción (Papa Francisco). En efecto, por la avaricia el hombre peca, porque su corazón, en vez de estar puesto en Dios su Bien supremo, se postra ante el dios ‘insaciable y efímero’ del dinero… así, sus riquezas no le sirven para servir, sino para satisfacer una pasión, no sale hacia los demás, sino que se vuelve sobre sí mismo enarbolándose como dios. Así, el avaro, peca, pues va contra el designio de Dios que ha dado a todos los bienes de este mundo un destino universal y ha dejado a los hombres de cada época y generación que lo lleven a cabo (Laudato Si). ¿No tendremos, los cristianos, que realizar una verdadera "conversión" de pobreza evangélica? ¿No tendremos que librarnos de muchas ataduras y cadenas económicas, que nos quitan libertad, para vivir la autenticidad del Evangelio? ¿Lograremos comprender que la pobreza de corazón es el corazón de la pobreza, y ‘en Cristo’ es manantial de paz y de fraternidad? ¡Pobre de corazón, y de vida!, como santa (Madre) Teresa de Calcuta, a fin de ser una bendición de Dios para los hombres. Podemos imaginarnos cada uno el santo de devoción personal en la oración de esta semana para comprometernos mas cada día en el bien de los demás.
Virgen de Banneux o Nuestra Señora de los Pobres, ruega por nosotros.
jueves, 19 de septiembre de 2019
HOMILIA Domingo Vigesimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cC (22 de septiembre de 2019).
Domingo Vigesimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cC (22 de septiembre de 2019).
Primera: Amós 8, 4-7; Salmo: Sal 112, 1-2. 4-8; Segunda: 1Timoteo 2, 1-8; Evangelio: Lucas 16, 1-13
Nexo entre las LECTURAS…
En el fondo de los textos litúrgicos se plantea la pregunta sobre dónde está la verdadera riqueza, como hace unos Domingos: ¿cuál es la verdadera sabiduría? La verdadera riqueza no puede coincidir con la ambición y la avaricia en perjuicio de los más pobres y necesitados, nos responde la primera lectura… tampoco reside en la habilidad para hacerse "amigos" con las riquezas de otros, por mera conveniencia como quien ‘negocia’ con la verdad. La verdadera riqueza es la riqueza de la fe, que poseen los hijos de la luz (Evangelio). Esta manera de ver las cosas no nos resulta natural, sino que la conseguimos sólo en el ámbito de la oración (Segunda lectura).
Temas...
¿Qué pasa con los hijos de la luz? La expresión "hijos de la luz" parece referirse a los primeros cristianos, que habían sido iluminados por Cristo glorificado a la Derecha del Padre mediante el bautismo. A esa expresión se contrapone la de "hijos de este mundo", con la que se quiere señalar a todos aquellos cuya vida está regida por una mentalidad mundana, materialista, "económica", y no religiosa. La sentencia evangélica impresiona fuertemente y hasta nos pone ‘piel de gallina’: "Los hijos de este mundo son más sagaces, más hábiles con su propia gente que los hijos de la luz". ¿Por qué este fenómeno que no es únicamente de un ayer lejano, sino que tiene visos de ser de una tremenda actualidad? ¿Qué es lo que pasa con los hijos de la luz? Los hijos de este mundo saben hacer uso extraordinario de sus habilidades y de su ambición para manipular injustamente las balanzas y para engañar manifiestamente a los pobres, para incluso reducir a otros hombres a esclavitud por falta de solvencia económica (Primera lectura). Los hijos de este mundo, en circunstancias adversas, ponen inmediatamente en juego todas sus capacidades para salir de la situación en forma ventajosa (Evangelio). A los hijos de la luz Jesús les manda que tengan la sana búsqueda de recurrir a todos los medios virtuosos-lícitos para difundir la fe y la luz del Evangelio. Que pongan todas sus capacidades para inventar modos de vencer las adversidades, de superar los obstáculos, y sobre todo de llevar la luz a otros muchos hombres. Jesucristo Dios y el "dios dinero" no pueden dividirse el señorío de la persona, pues, éste último es solo humo y apariencia. Dios Jesucristo es Creador, Redentor, Misericordioso y el "dios dinero", no es, no existe. La misión de mostrar al verdadero Dios, al Supremo Bien y Riqueza del hombre, y alejarse del ídolo de la riqueza, es propia de los hijos de la luz, de los discípulos misioneros, de los cristianos. En la sociedad relativista el ídolo del dinero y del consumismo se propone aumentar adoradores… somos llamados, como hijos de la luz, para adorar al Dios vivo y verdadero en espíritu y en verdad.
La oración, lugar del verdadero encuentro con uno mismo, con los demás y con Dios. La luz y la fuerza para trabajar por la verdadera riqueza del hombre se nos da de la mano de la oración. El discípulo-misionero ora por todos, por los gobernantes, por los que detentan el poder y por los débiles, pobres y enfermos… con todos y por todos. El hecho mismo de orar por-con todos nos ayuda a ponernos a todos bajo la amorosa mirada del Dios vivo y a su gobierno providente. Todas las demás cosas, pasan y acaban. La oración, el ayuno y la limosna nos enseñan que Dios es Dios y nosotros su pueblo y que en el mundo estamos para ayudarnos, cuidarnos y encaminarnos como peregrinos de la Jerusalén Celestial.
En la oración comprendemos que Dios juzgará la prepotencia del soberbio (rico), cuyos abusos gritan justicia al Dios del cielo (Primera lectura). En la oración es más fácil entender que la riqueza del hombre consiste en la riqueza de su fe. Es efectivamente en el “horno” de la oración donde se cuece diariamente el pan de la fe, de la esperanza, de la caridad y de la solidaridad fraterna. El orador que alza al cielo manos puras, sin ira y sin rivalidades, descubre la riqueza de la salvación y de la gracia, que Jesucristo Mediador nos regala, comprendiendo, con mayor facilidad, que cualquier otra riqueza de este mundo es humo y vanidad. Somos iluminados para comprender que todos los bienes terrenos vienen de Dios, que el hombre es únicamente su administrador, y que –con la ayuda de la gracia– debemos administrarlos bien. ¿Podrá acaso el hombre orador, dador de toda riqueza, estafar a Dios, mostrarse prepotente con los que carecen de bienes y riquezas? En la escuela de la oración llegamos a percibir que las riquezas y bienes mundanos son un medio, una herramienta posible, para servir mejor a los demás; un medio para que, cuando dejemos la administración de este mundo y nos presentemos ante el juicio de Dios, seamos bien acogidos en las moradas eternas.
Sugerencias...
La llamada al REINO del amor y de la adoración. En una sociedad, en gran parte consumista y materialista, como lo es la que origina el pecado y su instigador, el ‘dios dinero’ intenta encandilar incluso a los mejores cristianos. Si vamos hasta el fondo de las cosas, ¿no es el culto al dios dinero la causa principal de la persistencia en la producción de la droga… del aborto… de la ideología de género?, ¿no es el culto al dólar el motor más determinante de la producción y venta de armamentos a países que deberían utilizar esos fondos para la creación de infraestructuras, y para el desarrollo social y cultural de la población?, ¿acaso no es el dios dinero el incentivo más poderoso de algunas de las guerras étnicas en varios países de África?, ¿cómo explicar la corrupción en no pocos gobernantes, sino porque han levantado un altar a este dios insaciable? El dinero seduce, encandila, provoca divisiones fratricidas, divide a las familias, separa a cónyuges, despierta instintos de ambición, hace sucumbir hasta los principios más sacrosantos y nobles, endurece el corazón, deshumaniza y hasta hace olvidarse de Dios, favorece la distancia entre amigos, y todo esto para que no sea adorado EL VERDADERO DIOS POR QUIEN SE VIVE en la Santa Eucaristía (aparición en Guadalupe). El dios-dinero hasta considera inútil la vocación sacerdotal o promueve la vagancia en los mismos sacerdotes para que sea menos celebrada la Eucaristía y con el decoro que el Señor y la Iglesias nos piden (cfr.: santo Cura de Ars).
Como discípulos-misioneros hemos de tener ante nuestros ojos esta realidad y conocer esta tentación, no fácil de vencer, para asirnos más del Señor en el ayuno, oración y limosna y pedir la asistencia del Espíritu Santo, Padre de los pobres, que Él venga en ayuda de nuestra debilidad y multiplique en el mundo verdaderos adoradores y fomente la verdadera adoración y devoción. Con espíritu vigilante y con la asiduidad en la oración, hemos de ejercitarnos en desprendernos el dinero, en ponerlo en el lugar que le corresponde en los planes de Dios, en servirnos de los bienes como medio para vivir dignamente, para hacer el bien a los necesitados, para ponerlo al servicio de la fe y del Reino de Cristo. Vivamos nuestra vida diaria procurando valorar más y más la riqueza de la fe, la riqueza que es Dios. ¿Por qué no contrarrestamos la seducción del dinero con la llamada de Dios? ¿O es que Dios es tan solo un objeto de fe que ya no nos seduce? El Dios vivo y personal es el mejor ‘antídoto’ contra todos los ídolos que puedan llamar a la puerta de nuestro corazón.
Recemos por el aumento de las vocaciones sacerdotales y por el aumento de los verdaderos adoradores.
María, Madre del amor hermoso, verdadero Dios por quien se vive… Ruega por nosotros.
lunes, 9 de septiembre de 2019
HOMILIA Domingo Vigesimocuarto del TIEMPO ORDINARIO cC (15 de septiembre de 2019).
Domingo Vigesimocuarto del TIEMPO ORDINARIO cC (15 de septiembre de 2019).
Primera: Éxodo 32, 7-11. 13-14; Salmo: Sal 50, 3-4. 12-13. 17.19; Segunda: 1Timoteo 1, 12-17; Evangelio: Lucas 15, 1-32
Nexo entre las LECTURAS…
La misericordia de Dios Padre resuena en el conjunto de la liturgia, ayudándonos a vivir con renovado entusiasmo la entrega de cada día, especialmente con los pobres, débiles y sufrientes. En los textos, la nota más elevada la tiene el evangelio, que recoge tres magníficas parábolas de la misericordia divina. En la primera lectura escuchamos la ‘música’ de la misericordia de Dios para con su pueblo, gracias a la intervención intercesora de Moisés y nos hace descubrir que la intercesión en favor de los demás es otro nombre del AMOR. En la primera carta de Pablo -a Timoteo- sentimos mucha alegría al oír la confesión que Pablo hace de la misericordia de Jesucristo hacia él: "Jesucristo ha querido demostrar en mí, en primer lugar, toda su magnanimidad" (Segunda lectura). “Sintamos disgusto de nosotros mismos cuando pecamos, ya que el pecado disgusta a Dios. Y, ya que no estamos libres de pecado, por lo menos asemejémonos a Dios en nuestro disgusto por lo que a él le disgusta. Así nuestra voluntad coincide en algo con la de Dios, en cuanto que nos disgusta lo mismo que odia tu Hacedor” dice San Agustín ayudándonos a rezar el salmo.
Temas...
Amor y perdón: las dos caras de la misericordia. El Dios que Jesucristo nos "pinta" en las tres parábolas evangélicas es Dios Amor. Dios ama a los hombres, y muy especialmente a los que se reconocen pecadores y por eso los busca… como el buen pastor -en busca de la oveja-; como un ama de casa que busca la ‘dracma’, como Padre que busca a sus hijos que nos pinta al "fresco" que se le va de casa pidiéndole por adelantado su herencia, y al cómodo y seguro que se queda en casa, pero se comporta con él de modo distante y tal vez huraño. La Liturgia nos muestra que Dios ama y no puede hacer otra cosa que amar: Él perdona, comunica amor, invita a celebrar, hace fiesta, invita a todos a compartir su alegría. Este retrato de Dios, ‘pintado por Jesucristo’, nos conmueve y nos infunde nuevos y verdaderos ánimos para vivir dignamente como hijos y hermanos. Este retrato resalta todavía más si lo ponemos al lado del retrato que nos ofrece la primera lectura, tomada de la historia del Éxodo… el autor nos narra lo que se podría denominar "el pecado primordial" del pueblo de Israel: apenas acaba de "firmar" el pacto de alianza con Yahvé, cuando la rompen, se construyen un toro de metal fundido y lo convierten en su "dios" en lugar de Yahvé. Dios se llena de ira y quiere exterminarlo… intercede Moisés y logra que Dios se "arrepienta" y abra la puerta de su corazón a la misericordia. ¡Indudablemente hay un progreso en la revelación del amor de Dios! Con Pablo conocemos que la misericordia de Dios tiene nombre: es "Jesucristo". En efecto, no sólo se le ha mostrado misericordioso sacándole de su dureza de corazón en el camino de Damasco, sino que además le ha tenido confianza, tanta que le ha llamado a predicar el evangelio de la misericordia en todo el mundo. ¡Cómo no sentir profundo agradecimiento ante tanta magnanimidad de Jesucristo!
Características de la misericordia divina. Ante todo, habrá que subrayar que la misericordia de Dios no está sometida a las leyes del tiempo. Y esto en un doble sentido: primero, cualquier momento es bueno para que el Buen Pastor busque la oveja, como también lo es para que el hijo se ponga en camino hacia la casa del padre; en segundo lugar, la puerta del corazón del Padre está abierta las veinticuatro horas del día, no tiene horarios. Nadie podrá decir a Dios: "Cuando te busqué, Tú no estabas". La misericordia divina no se agota jamás, está marcada por la eternidad que Él es y en la que Él vive. Mientras exista la vida, siempre habrá la posibilidad de acudir a Él y ser acogido en sus brazos de Padre. No mira Dios el comportamiento indigno que se haya tenido, ni el número de veces que se le ha abandonado y despreciado; mira únicamente los movimientos interiores del alma que anhela el perdón y el abrazo paterno… mira los ojos húmedos como una esmeralda en la que brilla el arrepentimiento… mira los pasos indecisos de quien se acerca a Él para decirle: "He pecado. Perdóname. ¿Qué quieres que haga?". Dios no se fija en la categoría del pecado, sino en el corazón del hombre. La misericordia de Dios transforma a todos, ‘revoluciona’ en cierta manera la vida del hombre. El pueblo de Israel, en medio de tantas dificultades y a pesar de sus caídas e infidelidades, experimentó el amor de Dios y creyó siempre en ese amor… que es fiel y redentor. El caso de Pablo es luminoso: puso todas sus cualidades al servicio del Evangelio de Jesucristo y por Él se gastó y desgastó hasta dar la vida. De los dos hijos no sabemos cómo continuaría la historia, pero... ¿por qué no hemos de pensar que se comportarían en el futuro como hijos fieles y cariñosos?... ¿vivimos la práctica de las obras de misericordia?
Sugerencias...
La "difícil" ciencia del perdón cristiano. La Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) es la cátedra desde la que Dios enseña a los cristianos, y a todos los hombres, la ciencia de la misericordia, del amor y del perdón. Es una ciencia cuyo aprendizaje dura toda la vida, porque en cualquier momento de la vida nos puede acechar la tentación del odio… de la desesperación… de los vicios. ¿Cómo amar a quien te ha difamado o calumniado, sea privada o públicamente? ¿Cómo perdonar a quien, en tu ausencia, ha entrado en tu casa y te ha robado? ¿Cómo amar a… (cada uno pongamos ejemplos de situaciones difíciles vividas)? ¿Cómo perdonar a quien ha metido a otro por el negro túnel de la drogadicción, destruyendo así toda la familia? ¿te das cuenta que debes amar a quien quiere el mal, tu mal… hasta el gran mal de desear -hasta el colmo- el aborto? Estas preguntas, y otras semejantes, muestran cuán difícil es la ciencia del perdón cristiano. Pero el ideal está claro: debemos dejarnos amar por Dios en tal magnitud que elijamos ser gratos al Señor y amemos como Él ama y aborrezcamos el mal que Él aborrece (invitación del Papa Francisco a dar frutos buenos en el Jubileo de la Misericordia ¿lo recuerdan?).
Sin embargo, no nos desalentemos, si todavía estamos lejos de este camino marcado por Jesucristo... mantengamos el firme propósito de la decisión y la voluntad de aprender esta misteriosa ciencia, a pesar de nosotros y de todos los obstáculos que encontremos. Procuremos ejercitarnos, todavía más, en la práctica de las obras de misericordia, especialmente la de perdonar a otros las pequeñas faltas de respeto o de atención, las bromas pesadas que alguien nos pueda hacer, etc., para ir creciendo y ensanchando nuestra capacidad mediante el ejercicio. Leamos, también, con frecuencia la Biblia, sobre todo estas parábolas de la misericordia, los salmos en los que reluce de modo admirable la misericordia divina, y tantos otros textos en los que aparece la misericordia de Dios en acción. En último término, levantemos nuestra mirada y nuestro corazón hacia Jesucristo, hacia toda su vida -desde la encarnación hasta la cruz y la resurrección- para que, en el contacto asiduo y orante con la vida y en el misterio de Él vayamos asimilando poco a poco, paso a paso, la maravillosa ciencia del perdón cristiano. ¡Difícil ciencia! ¡Difícil y apasionante catecismo de Jesucristo! (San Agustín). Todo nuestro ser se rebela ante ciertos casos y situaciones… ¡maravillosa ciencia la de la misericordia! Con el perdón de la ofensa, toda la humanidad en cierto modo se mejora y dignifica… (San Pablo VI, Papa, Jubileo Año 1975)
El poder de la intercesión. La intercesión es otro nombre posible del amor. Quien intercede se sitúa como un puente de amor entre el ofensor y la persona ofendida. Ama al ofendido, y por ello comparte su pena, pero tiene la confianza suficiente para suplicarle en favor del ofensor. Ama al ofensor, trata de acercarle al arrepentimiento de lo que ha hecho, e incluso le induce a pedir perdón a la persona ofendida (sabiduría de los Padres de la Iglesia). Y así, mediante la intercesión, se logra la reconciliación y se establece incluso la amistad. La intercesión cristiana no excluye ningún ámbito de la vida: interceder por un familiar ante otro que ha sido ofendido; interceder por un condenado a muerte para que no sea ejecutado; interceder por los presos políticos para que sean liberados, etc. Pero la intercesión cristiana es primordialmente religiosa: interceder ante Dios por los pecadores. Es lo que hace Moisés ante el pecado de los israelitas, como nos narra la primera lectura. Es sobre todo lo que hace Jesucristo, pues toda su vida se puede resumir como una constante intercesión ante el Padre para lograr la redención de la humanidad pecadora. En el catecismo se nos enseña que "la intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús, el único intercesor ante el Padre" (CIC 2634). Especialmente recemos por los Sacerdotes, por el aumento de las vocaciones y para que sean santos intercesores entre Dios y los hombres… por todos.
María, Madre de Misericordia, Madre de los Sacerdotes, ruega por nosotros.
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lunes, 26 de agosto de 2019
HOMILIA Domingo Vigesimosegundo del TIEMPO ORDINARIO cC (1 de septiembre de 2019).
Domingo Vigesimosegundo del TIEMPO ORDINARIO cC (1 de septiembre de 2019).
Primera: Eclesiástico 3, 17-18.20.28-29; Salmo: Sal 67, 4-5a. c. 6-7b. 10-11; Segunda: Hebreos 12, 18-19.22-24; Evangelio: Lucas 14, 1.7-14
Nexo entre las LECTURAS…
La primera lectura y el salmo subrayan, con la exhortación sapiencial la primera, y con la referencia histórica del éxodo el Salmo, la actitud de Dios para con los pobres y humildes. Así se orienta el contenido de las conversaciones de Jesús hacia la descripción de las actitudes de humildad que hacen posible la glorificación, que es el tema final de la liturgia de este Domingo. En el mundo actual es urgente que los discípulos-misioneros seamos testigos, ante los demás, de la existencia de ese mundo distinto (nuevo), diverso y joven, bello y pacífico en el que Cristo nos introdujo con su muerte (segunda lectura) y solo seremos testigos si somos servidores especialmente de los más humildes y sencillos.
Temas...
Los fariseos eran expertos en observar a la gente. Como ellos conocían tan bien la Ley de Moisés, y como tenían tantas tradiciones y costumbres y normas, entonces estaban muy atentos a ver quién cumplía y quién no cumplía. Y hoy hemos proclamado el evangelio y nos encontramos con otra de las muchas discusiones que Jesús tuvo con los fariseos. Para ellos, todo era problemático, todo era pecado, eso… todo era problema. Y Jesús trae un anuncio, una lógica distinta, precisamente muestra cómo es de ancho su corazón en el hecho de que, aunque Él no compartía el modo de obrar de los fariseos, no por eso dejaba de compartir con los fariseos. Es lo que nos enseña la obra de misericordia: soportar con paciencia los defectos de los demás… también las bienaventuranzas: de la mansedumbre, de los que tienen un corazón paciente, manso, misericordioso.
Jesús tiene el corazón abierto, amplio y en verdad… por eso, si es verdad que ellos lo están observando a Él, Él también los está observando a ellos y no va al banquete como un tímido comensal sino que va como lo que es, un Maestro y el que quiera oír que lo oiga; y por eso, ahí delante de todos y de los fariseos, da la enseñanza: “…todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado”. En la Liturgia, hoy nos está invitando a la humildad. Es valioso aprovechar estos minutitos en la iglesia (homilía)… aprovechemos, porque lo que oímos hablar de humildad lo oiremos tan solo de la puerta para adentro… PUES de la puerta para afuera… ni se oye, ni parece útil, ni parece provechoso, ni parece posible la humildad. Y, con dolor, lo decimos… muchas veces nosotros mismos (los que predicamos) no lo practicamos. De modo que, ya que estamos en la Iglesia, ya que nos reunimos para la Eucaristía, oigamos a Jesús, nuestro Maestro, y meditemos -por un momento- qué es esto de la humildad y… con los ritos de la Celebración, la practiquemos... seamos obedientes/humildes al Misal y a la Liturgia… eso es verdad y eso es humildad… los ritos nos ponen en verdad delante de Dios y de los demás. Y como en el mundo sirve más bien la suficiencia, la dureza, el sentirse uno capaz de todo, el egoísmo… hagamos lo que Dios nos pide en la Iglesia y esa oración nos dará la fortaleza del mismo Dios para ser sus hijos practicando los mandamientos y obras de misericordia en el mundo… en las cosas de cada día.
Y… ¿Qué es la HUMILDAD?: Podemos escuchar a Santa Teresa de Jesús que nos dice: "la humildad es la verdad". Resulta que la verdad de uno es una cosa, y lo que uno dice de uno y lo que uno se imagina de uno y lo que uno aparenta de uno, eso son “otras” cosas. La humildad no es negar lo bueno que uno tiene, ni mucho menos. La humildad lo conserva a uno en la verdad de uno, que es bastante pequeña, pero también bastante prometedora que esas fantasías en las que uno suele vivir y en lo que uno suele aparentar.
Hoy la Liturgia muestra la relación muy estrecha que hay entre la humildad y la sabiduría… por algo la primera lectura -hermosa- del libro Eclesiástico, capítulo tercero, habla de la humildad y de la sabiduría. Lo podemos poner en un ejemplo: cuando uno se encuentra con un verdadero científico, es una persona humilde, es una persona discreta que reposa sus declaraciones, que da sus posiciones de una manera muy sencilla, muy modesta. El verdadero científico es modesto, es humilde y, ¿por qué? Porque el verdadero científico sí sabe todo lo que no sabe. En cambio, el fanfarrón, el que se ha leído dos o tres libritos por ahí, el que se ha leído en una revista de divulgación, entonces de pronto se siente súper seguro de su ciencia… lo mismo podíamos decir de la filosofía, de la teología o de la fe, de los de la Iglesia… conocer un poquito a Cristo nos puede volver fanáticos. Cuando conocemos mucho de Cristo descubrimos que todos necesitamos de la gracia que Él promete y seguramente no vamos a hacer ni presuntuosos ni aplastantes con las otras personas, porque nosotros mismos hemos descubierto todo lo que no somos.
La humildad nos hace sabios porque nos pone en contacto con todo lo que nos hace falta… es la soberbia la que nos hace ciegos. El creer que se tiene la respuesta completa o el estilo completo, o la única modalidad POSIBLE… nos hace incapaces de creer y nos hace incapaces de crecer, nos congela en lo que somos… y no nos deja estar con los demás. Llenarse de soberbia es matarse, porque la persona que está llena de soberbia hasta ahí llega. No puede saber más y no puede hacer espacio en su corazón para que entren los demás… por eso debemos rezar cada vez más la jaculatoria: Corazón de Jesús, manso y humilde, haz nuestro corazón semejante al tuyo, también tenemos que crecer en la devoción al Corazón de María, como Maximiliano Kolbe, Antonio María Claret y tantos otros… para que en nuestro corazón HAYA lugar para TODOS.
Sin esta humildad, en tu vida no va a suceder todo lo que Dios quiere para Ti, todo lo que podrías ser. La verdadera devoción (vida devota) nos ayuda a rezar para ser humildes, porque la vida mostrará los errores. Es mejor, es más sensato ser humildes porque a medida que va pasando el tiempo, van apareciendo las consecuencias de todas las fanfarronadas y todas las salidas orgullosas (de poder) y todas las altanerías de uno. Qué bien nos hace la devoción, tan recomendada por la Iglesia, de San José: hombre justo, obediente, humilde…
Sugerencias…
Humildad, o sea, la verdad. Lo que Jesucristo en el evangelio pretende darnos no es una clase de cortesía y buena educación. Jesús va más a fondo, a lo esencial, al sustrato íntimo de la persona. Y allí, ¿qué encuentra? Encuentra un letrero que dice: "todo es don, todo es gracia". El hombre que no sea capaz de admitirlo, está en la mentira, se autoengaña y procurará de muchos modos engañar también a los demás. Por ejemplo, complaciéndose con sus éxitos, hablando de sus triunfos, exaltando sus muchas cualidades, creyéndose y haciéndose el importante... Aquel que sea capaz de admitir que todo es Don y Gracia, está en la verdad, y será profundamente humilde. Porque la humildad es la verdad con la que nos vemos a nosotros mismos delante de Dios. Por sí mismo el hombre es polvo, viento, nada (Eclesiástico). Por la gracia de Dios es su imagen y es su hijo. Que podamos decir como san Pablo: "Por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido vana en mí". ¡Qué manera tan distinta de vivir cuando se vive en la verdad! El hombre humilde vive la verdad en el Amor: la verdad sobre sí mismo, la verdad sobre los demás y la verdad sobre Dios. No puedo no afirmar que una Iglesia de humildes será una Iglesia más auténtica, más fiel al designio original de su Fundador (San Pablo VI, Papa). Cada uno, en humildad, contribuye en algo para bien y salvación de los demás.
¡Atención a la ‘falsa humildad’! Hemos dicho que la humildad es la verdad, como enseña santa Teresa de Jesús. Existen, sin embargo, formas aparentes de humildad. Al faltarles la verdad, esas formas no pueden ser humildad auténtica. Recordemos algunas formas de falsa humildad. Un claro caso es el complejo de inferioridad: "Yo no valgo para ese encargo", "Yo no puedo hacer ese trabajo", "Yo no tengo esa cualidad". A veces detrás de esas frases se oculta una ingente pereza o un deseo de poder. La mayoría de las veces se esconde una astuta soberbia que quiere evitar a toda costa el hacer un mal papel o el quedar mal ante los demás pero le encantaría ocupar ese lugar. Humilde es aquel que reconoce sus cualidades, su valía, sus buenos resultados, y lo atribuye a Dios como a su fuente. Otro ejemplo de falsa humildad es no aceptar la alabanza de los demás, rechazar cualquier reconocimiento público, aparentar indiferencia ante la opinión de los demás. En el fondo muchas veces es sólo una pose para saborear de nuevo la alabanza escuchada, o para que vuelvan a insistirte en los buenos resultados obtenidos, o para adular sus oídos con la buena opinión de que goza ante los demás (lo hacen para ser vistos, dice el Señor). Humilde, al contrario, es quien acepta la alabanza, pero la eleva hasta Dios; acepta el reconocimiento público por una buena obra o la buena opinión de los demás sobre él, pero descubre en ello un gesto de caridad fraterna y una acción misteriosa de Dios. Un último caso, es el de quien cree que todo le sale mal, que ha nacido ‘con esa mala estrella’, y que no hay nada que hacer. En un tal individuo la soberbia es tan grande que le ciega para ver cualquier cosa buena que haga; sólo tiene ojos para las cosas malas, o para los límites e imperfecciones de las cosas buenas. El humilde, más bien, sabe ver la bondad en las cosas, incluso en aquellas que le salen mal. Y dice con san Pablo: "Para los que aman a Dios todas las cosas contribuyen a su bien".
María, Virgen humilde y obediente, ruega por nosotros.
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miércoles, 14 de agosto de 2019
Solemnidad de la Asunción de la VIRGEN MARÍA (15 de agosto de 2019)
Solemnidad de la Asunción de la VIRGEN MARÍA (15 de agosto de 2019)
Primera: Apocalipsis 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab; Salmo: Sal 44, 10bc. 11-12. 15b-16; Segunda: 1Corintios 15, 20-26; Evangelio: Lucas 1, 39-56
Nexo entre las LECTURAS
Toda la celebración de hoy tiene un color de victoria y de esperanza que nos va muy bien en medio de un mundo sin demasiadas perspectivas del bien, de la verdad, de lo definitiva. Más bien este mundo es confuso en muchos aspectos y especialmente por la dictadura del relativismo reinante y los cristianos hacemos un alto para celebrar la victoria de María, la Madre de Jesús y de la Iglesia, y nos dejamos contagiar de su alegría. El nexo de las lecturas y centro de la Solemnidad es entonces la alegría en la victoria cierta.
Teniendo en cuenta que ésta es una de las fiestas más grandes de la Virgen, todo el estilo de la celebración, de las moniciones y de la homilía y las actividades de los cristianos el 15, deberían mostrar nuestra alegría por la obra que Dios ha hecho en la Virgen y por lo que esto supone de esperanza para nosotros. ¡Vivamos de manera muy festiva esta Liturgia y este día!
Temas...
1. «Una señal grandiosa apareció en el cielo: una mujer con el sol por vestido, la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas» (Entrada). Así saluda la Liturgia a María asunta al cielo aplicándole las palabras del Apocalipsis (12, 1) que se leen hoy también en la primera lectura. En la visión profética de Juan esa mujer excepcional aparece esperando un hijo y en lucha con el «dragón», el perpetuo enemigo de Dios y de los hombres. Este cuadro de luz y de sombras, de gloria y de guerra lleva a pensar en la realización de la promesa mesiánica contenida en las palabras dirigidas por Dios a la serpiente engañadora: «Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza» (Gn 3, 15). Todo esto se realizó por medio de María, la Madre del Salvador, contra el que se precipitó Satanás, pero del que éste fue definitivamente vencido. Cristo, hijo de María, es el Vencedor… sin embargo, para que la humanidad pueda gozar plenamente de la victoria conseguida por Él, es necesario que, como Él, sostenga la lucha. En este duro combate, el hombre es sostenido por la fe en Cristo y por el poder de su gracia; pero también lo es por la protección materna de María que desde la gloria del cielo no cesa de interceder por cuantos militan/participan en seguimiento de su Hijo divino. Ellos vencerán en virtud de la sangre del Cordero (Ap. 12, 11), la sangre que le fue dada por la Virgen Madre (Sor Lucí de Fátima). María dio el Salvador al mundo; por medio de ella, pues, «llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías» (ib 10). Así sucedió porque tal ha sido la voluntad del que ha establecido que lo tuviésemos todo por medio de María» (S. Bernardo, De aquaed. 7). Mientras la visión apocalíptica muestra al hijo de la mujer arrebatado y llevado junto al trono de Dios -alusión a la ascensión de Cristo al cielo-, presenta a la mujer misma en fuga a «un lugar preparado por Dios» (Ap. 12, 5-6), figura de la asunción de María a la gloria del Eterno.
María es la primera en participar plenamente en la suerte de su Hijo divino; unida a él como madre y «compañera singularmente generosa» que «cooperó de forma enteramente impar» a su obra de Salvador (LG 61), comparte su gloria, asunta al cielo en alma y cuerpo.
2.El concepto expresado por la primera lectura es completado por la segunda (1 Cr 15, 20-26). San Pablo hablando de Cristo, primicia de los resucitados, concluye que un día todos los creyentes tendrán parte en su glorificación. Pero en diferente grado: «Primero Cristo como primicia: después, todos los cristianos» (ib 23). Y entre «los cristianos» el primer puesto pertenece sin duda a la Virgen, que fue siempre suya porque jamás estuvo atada por el pecado. Es la única criatura en quien el esplendor de la imagen de Dios nunca fue ofuscado; es la «Inmaculada Concepción», la obra intacta de la Trinidad, en la que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han podido siempre complacerse, recibiendo de ella una respuesta total a su amor.
La respuesta de María al amor de Dios resuena en el Evangelio de este día (Lc 1, 39-59), tanto en las palabras de Isabel que exaltan la gran fe que ha llevado a María a adherirse sin vacilación al querer divino, como en las de la misma Virgen que entona un himno de alabanza al Altísimo por las cosas grandes que ha hecho en ella. María no se mira a sí misma sino para reconocer su pequeñez, y de ésta se eleva a Dios para glorificar su dignación y misericordia, su intervención y su poder en favor de los pequeños, de los humildes y de los pobres, entre los cuales se coloca ella con suma sencillez. Su respuesta al amor inmenso de Dios que la ha elegido entre todas las mujeres para madre de su Hijo divino es invariablemente la dada al ángel: «Aquí está la esclava del Señor» (ib 38). Para María ser esclava significa estar totalmente abierta y disponible para Dios: Él puede hacer de ella lo que quiera. Y Dios, después de haberla asociado a la pasión de su Hijo, la ensalzará un día realizando en ella las palabras de su cántico: «derriba del solio a los poderosos y enaltece a los humildes» (ib 52); pues la humilde esclava, en efecto, «fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial..., con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores» (LG 59). En María asunta al cielo la cristiandad entera tiene una poderosa abogada y también un magnífico modelo. De ella aprenden todos a reconocer la propia pequeñez, a ofrecerse a Dios en total disponibilidad a sus quereres y a creer en el amor misericordioso y omnipotente con fe inquebrantable
Sugerencias...
La Asunción es un grito de fe en que es posible esta salvación. Es una respuesta a los pesimistas y a los perezosos. Es una respuesta de Dios al hombre materialista y secularizado que no ve más que los valores económicos o humanos: algo está presente en nuestro mundo, que trasciende de nuestras fuerzas y que lleva más allá. El destino del hombre es la glorificación en Cristo y con Cristo.
El hombre, cuerpo y alma, está destinado a la vida. Esa es la dignidad y futuro del hombre. Por eso en la Misa de hoy pedimos repetidamente que también a nosotros, como a la Virgen María, nos conceda "el premio de la gloria" (oración de la vigilia), que "lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo" (oración del día). Estamos celebrando nuestro propio futuro (optimistas) realizado ya en María.
Nuestro Magníficat: la Eucaristía. Los Domingos, y también otros días (preceptos) como hoy que la Iglesia considera muy importantes, la comunidad cristiana se reúne y entona a Dios su alabanza y su acción de gracias. Como la Virgen prorrumpió en el canto del Magníficat, así nosotros expresamos nuestra alegría, con fe y esperanza, por lo que Dios hace, en cantos, en aclamaciones y, sobre todo, en la Plegaria Eucarística. Es nuestra respuesta a la acción de Dios: nuestro "Magníficat" continuado. Y no sólo damos gracias, sino que en la Eucaristía participamos del misterio pascual, la Muerte y Resurrección de Cristo, del que la Virgen ha participado en cuerpo y alma, y así tenemos la garantía de la vida: "quien come mi Carne y bebe mi Sangre tendrá la vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (Jn 6.). La Eucaristía nos invita a mirar y a caminar en la misma dirección en la que nos alegra hoy la fiesta de la Asunción.
María, Hija de Sión, Madre de misericordia, ruega por nosotros.
miércoles, 7 de agosto de 2019
¿Es pecado votar por un político que promueve el aborto? - Por: Germán Sánchez Griese | Fuente: catholic.net
¿Es pecado votar por un político que promueve el aborto?
Al referirse a políticos y promoción me imagino que estamos hablando de democracia. Vamos a enmarcar esta pregunta en el caso de un país democrático en donde los habitantes ejercen su derecho de voto para elegir a las personas que los representarán en el quehacer político.
Una democracia no se define por la ciega aplicación de la regla de la mayoría, como comúnmente se cree. Imagínese usted donde quedaríamos los gordos, los flacos, los calvos si la mayoría decidiese una acción penal contra todos los que adoleciéramos de alguna de las situaciones (no voy a llamar defectos) antes mencionados. Una democracia se define por la voluntad de desterrar privilegios y discriminaciones en nombre de una dignidad que es igual para todos los hombres. Podemos entonces decir que toda democracia se basa en el hecho de que reconoce una misma dignidad para todos los seres humanos, simplemente por el hecho de que son eso: seres humanos. Esta dignidad le da a las personas unos derechos y el Estado democrático debe reconocerlos y respetarlos. Esos derechos no están subordinados ni a los políticos, ni a los padres, ni tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana.
Uno de estos derechos es el del respeto a la vida. Por el hecho de ser concebido, ese pequeño embrión, microscópico, insignificante, contiene en sí una vida humana y por lo tanto debe ser respetada y protegida. Cuando un Estado democrático decide eliminar una porción de seres humanos está negando la igualdad de todos ante la ley. Si el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todos los ciudadanos y particularmente de quien es más débil, quebranta entonces los fundamentos mismos del derecho. De ahí al totalitarismo, no hay más que un paso. ¿Cuál es la diferencia entre eliminar judíos o niños no nacidos? ¿Existe alguna justificación para deshacerse de hombres y mujeres de la tercera edad improductivos para el Estado o niños que vengan al mundo con algún defecto genético? ¿Bajo qué argumentos se decide quién vendrá o no vendrá al mundo? ¿Sólo los niños rubios de ojos azules?
Cuando un partido político o un hombre que hace política promueve el aborto bajo cualquier justificación, está atentando contra las mismas bases del Estado, pues queriendo o no queriendo, pone a los niños no nacidos en una categoría aparte, en una categoría diferente a la de los demás seres humanos. Podrá justificarse diciendo que el no nacido es parte del cuerpo de su madre, que el no nacido no es un ser humano completo porque aún no puede valerse por sí mismo, que la eliminación de los no nacidos es el único camino viable para reducir el alto índice demográfico de su país y así alcanzar altos niveles de bienestar, que es un camino de conmiseración para la mujer que ha sido violado y que no quiere el hijo fruto de un acto violento. Podrá decir lo que quiera para atraer el mayor número de votos, pero en última instancia está poniendo en una segunda categoría de seres humanos a los niños no nacidos.
Un católico deberá estar siempre a favor de la vida por el hecho mismo de que la vida es un don de Dios y no está en manos de ningún hombre el darla o quitarla. Dar su voto por alguien que promueve el aborto, en igualdad de circunstancias, equivale a cooperar con el aborto, por lo tanto se iría en contra del mandamiento “No matarás”. Pero habrá que analizar bien cada situación. ¿Cuál es la propuesta alternativa de los otros partidos? ¿Las otras posturas no estarán atentando contra otros derechos fundamentales del hombre? ¿Solamente ese partido es el que atenta contra la vida a través de la promoción del aborto?
Hubo en la historia contemporánea el caso de un hombre que supo ser fiel a su conciencia y no emitió su voto a favor del aborto. Se trata del Rey Balduino de Bélgica. El 6 de noviembre de 1989 el Senado de su país había aprobado una de las leyes más laxas sobre el aborto y el 29 de marzo del siguiente año, la aprobó también la Cámara. Faltaba únicamente la firma de él para que la ley pudiera aplicarse. En un hecho sin precedentes el Rey Balduino, el 30 de marzo de 1990 envió una carta al Primer Ministro de su país explicando las razones de conciencia por las cuales no podía firmar dicha ley. “Temo que este proyecto provoque una disminución sensible del respeto de la vida de aquellos que son más débiles. Comprenda usted porqué, por todo ello, no quiero asociarme a esa ley (...) pues estimo que asumiría una cierta corresponsabilidad”.
lunes, 5 de agosto de 2019
HOMILIA Domingo Decimonoveno del TIEMPO ORDINARIO cC (11 de agosto de 2019).
Domingo Decimonoveno del TIEMPO ORDINARIO cC (11 de agosto de 2019).
Primera: Sabiduría 18, 3.6-9; Salmo: Sal 32, 1. 12. 18-20. 22; Segunda: Hebreos 11, 1-2.8-19; Evangelio: Lucas 12, 32-48
Nexo entre las LECTURAS…
"En confiada y vigilante espera", así puede resumirse el contenido principal del mensaje litúrgico de hoy. Esta es la actitud de Abraham y Sara, y de todos aquellos que murieron en espera de la promesa hecha por Dios (segunda lectura). Esta es la actitud de los descendientes de los patriarcas, esperando con confianza, en medio de duros trabajos, la noche de la liberación (primera lectura). Esta es la actitud del cristiano en este mundo, entregado a sus quehaceres diarios, esperando con corazón vigilante la llegada de su Señor (evangelio). Es lo que rezamos gozosos con el salmo, feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia… nuestra alma espera en el Señor: Él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Temas...
Los textos de esta celebración nos exigen vivir en movimiento, en tensión, en un continuo éxodo, desinstalados, en estado de peregrinación; en una palabra: vivir en vela, en razón de la promesa de Dios, en razón de las cuentas que habremos de rendir...
«La fe es seguridad de lo que se espera». La segunda lectura llama a esta existencia desinstalada simplemente «fe». La fe se apoya en una palabra recibida de Dios que anuncia una realidad invisible y futura. Esto se muestra en la existencia de Israel, que comienza con el éxodo de Abraham y se continúa a través de los siglos; esta fe puede ser sometida a duras pruebas, como cuando se exige a Abraham que sacrifique a su hijo, como demuestra también el hecho de que todos los representantes de la Antigua Alianza «murieron sin haber recibido la tierra prometida». Estos aprendieron, casi más drásticamente que los cristianos, lo que significa vivir «como huéspedes y peregrinos en la tierra», y buscar una Patria que está más allá de toda su existencia perecedera. Porque en el misterio de Jesús y en la recepción del Espíritu Santo los cristianos no solamente «hemos visto y saludado de lejos» la Patria Celeste, sino que, como dice Juan, «han oído, visto y palpado la Palabra que es la vida eterna», y según Pablo: hemos recibido el Espíritu Santo como prenda, como arras o garantía de lo que esperan, por lo que pueden y deben ir al encuentro del cumplimiento de la promesa con mayor seguridad, y por ello, también, con mayor responsabilidad.
«La noche de la liberación se les anunció de antemano». La primera lectura muestra que ya en la Antigua Alianza la fe no estaba desprovista de signos, de toda garantía: hubo anuncios que se cumplieron, como el de la noche de la comida pascual o la promesa de Dios al rey David, como la predicción de los profetas sobre el exilio y su duración. Todo hombre atento recibe tales/muchas señales. Dios muestra así, de alguna manera, que se está en el buen camino; y exige de él la fe. Dios no nos deja en la incertidumbre, aunque a veces sea sometido a una dura prueba como Abraham o algunos profetas, pues en último término su fe no puede apoyarse sobre señales y milagros, sino sobre la fidelidad de Dios, que mantiene su palabra de modo inquebrantable.
«Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá». En el evangelio aparecen múltiples variantes de la exigencia dirigida a los cristianos de vivir siempre preparados, en vela/atentos. Y esto tanto más cuanto mayores son los dones y tareas que Dios nos ha dado (y encomendado). Las tareas encomendadas por Dios se cumplen de la mejor manera cuando el criado no pierde de vista que en cualquier momento puede ser llamado a ‘rendir cuentas’. Por tanto, cada uno de los momentos temporales deben ser vividos y configurados de cara a la eternidad. Si el cristiano olvida esta inmediatez, olvida también el contenido de su tarea terrena en el amor y el servicio, también olvida el de la justicia que esto implica («empieza a pegarles servidores y a las sirvientas»); ahora queda claro que el cristiano no practicará la caridad y la justicia, si no es capaz de mirar más allá del mundo para poner sus ojos en las exigencias de la justicia eterna, que no es una sola «idea», sino el Señor viviente cuya aparición gloriosa esperamos.
Sugerencias...
Mirar el presente con ojos de fe. El discípulo-misionero no es un soñador desconectado del presente… sino que vive el realismo del presente, con las pequeñas tareas de cada día, con los pequeños o grandes proyectos, con las luchas por la vida y la supervivencia de tantos hombres, con la crónica negra de las noticias, con las pequeñas sorpresas que de vez en cuando llaman a la puerta. En realidad, la vida se vive en presente y servicio o no se vive. El presente es lo único a nuestra disposición, porque el pasado ya no está y hay que dejarlo a la misericordia infinita de Dios y el futuro carece todavía de consistencia propia y hay que prepararlo con esperanza. El presente es el hoy en el que se me da la tarea de amar y servir -a Dios y al prójimo- para gozar con Dios después de santa muerte. No hemos de tener miedo al presente, hemos de trabajar con la paz que nos da el Señor para que vivamos practicando las virtudes, practicando las obras de misericordia. El presente, así vivido, está abierto al futuro que, paso a paso, se convierte en presente… por eso hay que mirar el presente con ojos lejanos. El presente abierto ve ya la espiga dorada en la semilla apenas arrojada en la tierra. El presente abierto y cristiano lanza su mirada hacia adelante, cada vez más y más hasta hacerla entrar en la morada misma de Dios. Miremos las cosas de cada día (la tierra) con la enseñanza del Cielo y miremos el Cielo haciendo la voluntad de Dios en la tierra.
La vigilancia no es opcional. El hombre prudente, sensato, no considera la actitud vigilante algo simplemente posible, una entre otras muchas opciones. La vigilancia es la mejor opción. Vigilar para que el futuro no nos sorprenda… ¿quieres saber si te salvarás?, ¡obra como salvado y te salvarás! (San Agustín). Vigilar para ser capaces de dominar los acontecimientos, en lugar de ser dominados por ellos. Vigilar para no perder jamás la paz, ni siquiera ante el desencadenamiento más duro de pruebas y experiencias adversas. En realidad, quien vigila ya ha mirado hacia la meta, y está preparado para llegar al fin. Vigilar para descubrir la escritura de Dios en las páginas de la historia. Vigilar para saber descubrir la acción del Espíritu en tu interior, en el interior de los hombres. Vigilar para mantener íntegras la fe, la esperanza y la caridad, "cuando Él venga". La vigilancia no es opcional, es necesaria para vivir.
Nuestra Señora de la espera, ruega por nosotros.
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lunes, 29 de julio de 2019
HOMILIA Domingo Decimoctavo del TIEMPO ORDINARIO cC (4 de agosto de 2019).
Domingo Decimoctavo del TIEMPO ORDINARIO cC (4 de agosto de 2019).
Primera: Eclesiastés 1, 2; 2. 21-23; Salmo: Sal 89, 3-6. 12-14. 17; Segunda: Colosenses 3, 1-5. 9-11; Evangelio: Lucas 12, 13-21
Nexo entre las LECTURAS…
Los textos litúrgicos de este Domingo nos proponen dos modos de vivir (ser) y de estar en el mundo. Está el modo de vivir del hombre viejo y está el modo de vivir propio del hombre nuevo… existe el hombre que busca las cosas de la tierra y el que busca las cosas del cielo (segunda lectura), aquel para quien todas las cosas son vanidad y para quien todo es providencia de Dios (primera lectura). El evangelio, por su parte, opone la vida de quien cifra todo en el tener, y atesora riquezas para sí, y la vida de quien funda su existencia en el ser, en ser hijo de Dios y hermano de los demás… peregrino a la Patria celestial: es el que atesora riquezas delante de Dios. El salmo hace una severa advertencia de resistir a la tentación con una invitación positiva: “Hoy... todo es posible”. El pasado es pasado... el mal de ayer se acabó. Una nueva jornada comienza… ¿vas a empezar? Eh!.
Temas...
Vivir para sí. Este es un modo de estar en el mundo, de realizar la existencia en el arco de años entre el nacimiento y la muerte. Vivir para sí es un modo de pensar, de actuar, de relacionarse con los hombres y con las cosas. Para estos el punto de referencia de todo es el yo, son “autorreferenciales” y la autorreferencialidad es un pecado grave (Papa Francisco). Al fin y al cabo el saber, el trabajo, el esfuerzo con sus buenos resultados aparecen, ante estos: caducos y vanos. Pensando que el hombre es un ser para morir, viven creyendo que no sirve saber, ni trabajar, ni amar o servir… todo es vanidad, humo que se lleva el viento MENOS lo que quiero ahora para mí. Cuando el yo es el centro de la vida, tenemos al hombre viejo, incapaz por sí mismo de salir de la tiniebla de y a esto lo convierten en absoluto. Viven en su hermetismo, cada vez más sumergido en el fondo del vicio y del pecado, con la mirada cada vez más puesta en las cosas de la tierra sin la posibilidad de alzarla hacia las alturas. Hombre viejo, porque en cierta manera repite en su vida la historia antiquísima del primer Adán, del gusto del pecado y de la caída original. Por otra parte, el yo autorreferencial es sumamente pobre dejado en sus propias manos, porque privilegia el tener y el aparecer. ¿Hay algo más efímero y frágil que esas dos realidades? ¿Cómo se puede fundar una existencia sobre algo que hoy es y mañana desaparece? ¿Cómo se puede mirar de frente a la meta, cuando los grandes valores que han regido la vida han sido los bienes materiales y las apariencias, olvidando el umbral del más allá? Con razón se puede aplicar a quien vive así las palabras de Jesús en la parábola del texto evangélico: "¡Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?". Así es quien atesora riquezas para sí, quien centra en sí su propio vivir y actuar entre los hombres.
Vivir delante de Dios. Hay que empezar diciendo que Dios no es el antagonista del yo, de la realización personal, como dicen los relativistas. ¡De ninguna manera!. La sabiduría eterna nos enseña que la propia realización consiste y se lleva a cabo por el camino del vivir para Dios, de vivir a los ojos de Dios, esto es lo que engrandece la dignidad de cada uno y por eso mismo la de los demás. El trabajo y el saber, a los ojos de Dios, tienen un sentido y un destino providenciales, más allá de los límites de la esfera mundana. Todo lo que uno hace por Dios, en este mundo, lo trasciende y habita -purificado y elevado- en la eterna morada de Dios. Vive bien el que vive ante Dios y para Dios… este es el hombre nuevo, el que ha sido rehecho por Cristo mediante el bautismo a su imagen y semejanza, el que ha sido circuncidado no en su carne sino en su corazón, y viviendo delante de Dios ESTE vive sin miedo a la muerte, más aún: cree que la muerte es la puerta a una existencia nueva de la que ya se participa, aunque sea de modo muy incipiente. Por eso, el hombre nuevo tiene los pies bien puestos en la tierra y en los quehaceres de este mundo, con la mirada y el corazón puestos arriba, en el cielo, hacia donde camina con fe, confianza y esperanza, amando y sirviendo como lo hizo el Señor Jesús. Quien vive para Dios no se enajena del mundo, no lo desprecia ni lo odia, porque es la casa que el Padre nos ha dado para que en ella habitemos mientras nos preparamos para llegar a la Patria definitiva. Trabaja como todos los demás, gasta sus fuerzas para producir riqueza, pero tiene un corazón puro y desprendido y sabe muy bien que los bienes de este mundo tienen un destino universal, y no pueden ser injustamente acaparados en pocas manos (Laudato Si). En vez de decirse a sí mismo: "Descansa, come, bebe, banquetea", piensa más bien en cómo ayudar para que los hombres todos, sobre todo quienes están más cerca (vecinos), tengan su oportuno descanso, dispongan de alimentos y puedan sanamente disfrutar de lo necesario para un banquete de fiesta, como María en Caná de Galilea… como el beato Enrique Angelelli que nos pedía tener un oído en el evangelio y el otro en el pueblo.
Sugerencias...
El hombre (horizontal) es el centrado en el dinero y en el bienestar. Hemos de afirmar que el hombre materialista carece de futuro. Hay gente que dice: "Con el dinero puedes hacer todo lo que quieras; el dinero abre todas las puertas". No es verdad. Con dinero no obtienes la felicidad, aunque a ratos (muchos ratos) puedas ser feliz. Con dinero no obtienes el amor, aunque puedas pagar para hacer cosas que el mundo llama amor. El dinero no te hace virtuoso, más bien abre con no poca frecuencia la puerta al antro del vicio. Lo reconozcamos o no, todos pretendemos un futuro más feliz, pero este futuro no lo encontraremos en una cuenta de dinero abundante… lo encontrarás dentro de ti, en el interior de tu conciencia, en la paz interior en comunión con Dios y con el prójimo. Sobre todo, el hombre materialista, no tiene futuro, porque el "hombre horizontal" no es ciudadano del cielo, le falta el pasaporte y, ante la muerte y el juicio de Dios, las cosas no cuentan. ¿Por qué no cambiar el "hombre horizontal" en "hombre espiritual", en hombre en gracia, guiado y configurado por la acción del Espíritu Santo? Sabemos que no es fácil, pero es posible con la ayuda de la gracia y es deseable por el Don de Dios. Son muchos quienes lo han hecho, los santos… consideremos su vida e imitemos su ejemplo.
La segunda lectura entrega la conclusión general: «Aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra». Pero el “Bien” no son los tesoros, los méritos o las recompensas que nosotros hemos acumulado en el cielo, sino simplemente «Cristo». Él es «nuestra vida», la verdad de nuestro ser, pues todo lo que somos en Dios y para Dios se lo debemos sólo a Él, lo somos precisamente en Él, «en quien están encerrados todos los tesoros» (Col 2,3). «Déjense construir» sobre Él, nos aconseja el apóstol (v. 7), aunque con ello el sentido esencial de nuestra vida permanezca oculto para los ojos del mundo. Debemos «dar muerte» a todas las formas de la voluntad de tener enumeradas por el apóstol (vicios), y que no son sino diversas variantes de la concupiscencia desordenada… y esta muerte es un nacimiento: un «revestirnos de una nueva condición», un llegar a ser hombres nuevos. En esta nueva condición desaparecen las divisiones que limitan el ser del hombre en la tierra («esclavos o libres»), mientras que todo lo valioso que tenemos en nuestra singularidad (Pablo lo llama carisma) contribuye a la formación de la plenitud definitiva de Cristo (Ef 4,11-16).
Nuestra señora de las bodas de Caná, ruega por nosotros.
lunes, 15 de julio de 2019
HOMILIA Domingo Decimosexto del TIEMPO ORDINARIO cC (21 de julio de 2019).
Domingo Decimosexto del TIEMPO ORDINARIO cC (21 de julio de 2019).
Primera: Génesis 18, 1-10a; Salmo: Sal 14, 2-5; Segunda: Colosenses 1, 24-28; Evangelio: Lucas 10, 38-42
Nexo entre las LECTURAS…
La primera lectura y el evangelio hablan, claramente, de la hospitalidad. Se nos habla de Abraham que, descansando a la hora de más calor, ofrece un hospedaje espléndido a tres misteriosos personajes. Se nos habla de Marta de Betania que acoge a Jesús y a sus discípulos en su casa… y de María, su hermana, que acoge como discípula atenta la palabra de Jesús en su corazón. El texto de la carta a los colosenses presenta a Pablo que hospeda en su cuerpo y en su alma al Cristo Crucificado para completar las tribulaciones de Cristo en su cuerpo, que es la Iglesia. El salmista muestra que Dios es el Hospedero por excelencia y que nos invita a entrar, hagamos el bien con rectitud e imitemos a Dios hospedando a los demás.
Temas...
Hospitalidad y bendición. Es sabido que la hospitalidad era, entre los pueblos nómadas, la virtud por excelencia. En cierta manera, gozaba de un cierto carácter sagrado e inviolable, digno del máximo respeto. El relato de la primera lectura narra la hospitalidad de Abraham para con tres personajes algo misteriosos, pero se trata de una hospitalidad que va acompañada de una bendición sorprendente que supera las leyes naturales. Para Abraham, esos personajes, son mensajeros (ángeles) y vienen a anunciarle algo de parte de Yahvé. La narración tiene, por tanto, signos de ser una teofanía en la que Abraham acoge y hospeda generosa y gozosamente a Dios bajo el rostro de tres delegados suyos. El mensaje de Dios no se hace esperar, y es de bendición: "Volveré sin falta a ti pasado el tiempo de un embarazo, y para entonces tu mujer Sara tendrá un hijo". ¿Qué otra mejor bendición podría esperar Abraham que la descendencia, que hasta ahora le había sido negada por la esterilidad de su mujer? Ahora se le pide a Abraham acoger sin titubeos, con absoluta confianza, esta bendición de Dios. Y Abraham acogió de nuevo esta palabra de bendición y Dios le dio un hijo en su vejez. Hospedar generosamente nos hace entrar en el misterio de Dios… hospedar confiadamente la palabra de Dios nos trae la bendición a nosotros y por nosotros a todos los demás.
Dos formas de hospedar al amigo. Estas dos formas están simbolizadas por Marta y María. Son dos formas buenas, aunque la segunda sea la necesaria (y no la primera). Marta hospeda a Jesús y a sus discípulos en su casa. De esta manera, les muestra primeramente su aprecio y amistad, les protege además del calor ardiente del desierto que acaban de atravesar para llegar hasta Betania, y les da de beber y comer para reparar sus fuerzas, gastadas por la larga y fatigosa caminata. María hospeda a Jesús escuchando su palabra, sentada a sus pies, como una discípula entusiasta que no quiere perderse ni ‘una gota’ de las enseñanzas del Maestro. Este hospedaje interior, espiritualmente activo, es estimado por Jesús de más valor que el hospedaje externo, centrado en la preparación de la mesa para una comida de hospitalidad. Por eso Jesús le dice a Marta: "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola". Jesús no desprecia la hospitalidad de Marta, la considera valiosa. Pero a la vez le recuerda que hay otra hospitalidad más importante e invita a Marta a practicarla.
Pablo, anfitrión del Crucificado. María ha hospedado la palabra de Jesús. Pablo hospeda la cruz de Jesús, o mejor, al Crucificado. "Completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo". Aunque el huésped sea un Crucificado, Pablo no se espanta ni se angustia, lo acoge con alegría porque sabe por experiencia que en Cristo crucificado está la esperanza de la gloria para él y para todos los cristianos. Para Pablo, Cristo crucificado no es un huésped obligado, molesto, sino la razón de su existir y de su misión. Dirá: "Estoy crucificado con Cristo. Vivo yo, pero ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí". Marta acoge en su casa al Amigo bueno y sumamente apreciado, María acoge al Maestro que tiene palabras de vida, Pablo hospeda al Redentor, a quien con su pasión, muerte y resurrección redime al hombre de sus pecados, lo salva de sí mismo. La hospitalidad de Pablo culmina, como en el caso de Abrahán, en bendición, en la bendición suprema. ¿Queres vivir el gozo de la amistad con Dios para traer la paz al mundo?.
Sugerencias...
Hospedar a Quien nos ha hospedado. Es importante que tomemos conciencia de que somos huéspedes en la Iglesia y en el mundo. Al venir a la vida hemos sido hospedados por Dios que es el Creador de esta gran casa que es la tierra; Sí… porque -toda- la tierra es la casa de Dios para todo hombre que viene a este mundo. Hemos sido hospedados en una familia: nuestros padres y hermanos, nuestros abuelos, nuestros tíos... Hemos sido hospedados en una sociedad, en una nación, en una cultura, en una institución política, educativa...Y sobre todo hemos sido hospedados por Dios en la Iglesia, la casa que Dios nos ha regalado a los creyentes en Cristo. La reciprocidad nos obliga. Hemos de hospedar a quien nos ha hospedado, sobre todo al Huésped por excelencia que es Dios Nuestro Señor. Hemos de dar el debido respeto al Huésped en nuestras palabras y acciones: practicar las virtudes y las obras de misericordia y hablar a todos de la Buena noticia del Reino. Hemos de dar el debido respeto a Dios en la Iglesia, ante el Santísimo Sacramento. Un respeto que se traduce en conciencia de la presencia de Dios en la Eucaristía, en adoración humilde y agradecida, en la oración y meditación, en el reconocimiento práctico del carácter sagrado de la Iglesia… y ayudar a otros para que hagan lo mismo.
Hospitalidad hacia los emigrantes (Papa Francisco). Hoy la palabra hospitalidad puede traducirse por solidaridad. El cristianismo nos recuerda enseñándonos que todos somos hermanos, y que debemos ser solidarios unos con otros como Dios lo es con todos (conmigo y con los demás). Además… no hemos de olvidar que la solidaridad es y debe ser recíproca. El anfitrión se muestra solidario acogiendo al huésped, y éste hace patente su solidaridad acogiendo con agradecimiento y respeto la hospitalidad que se le brinda, y esto con tres expresiones sencillas: “permiso”; “gracias”; “perdón”. Por sobre todo hay que comprender (y creer) que el anfitrión acoge a Cristo en el huésped y éste acoge a Cristo en el anfitrión. Todo esto resulta de gran actualidad ante el problema no pequeño ni fácil de los emigrantes que, como oleadas constantes, llegan sobre todo a los países de Europa y de Asia. Ellos son nuestros hermanos en Cristo o, al menos, en humanidad, y por eso hemos de respetarles y acogerlos. Ellos, por su parte, no han de olvidar que nosotros somos sus hermanos, a quienes deben respeto y acogida en su corazón.
Un especial examen de conciencia… ¿Cómo no pensar que, tras la pantalla de la emigración, se esconde en ocasiones la microcriminalidad, la ‘mafia’ de emigrantes clandestinos, la importación ilícita, entre otros: de tabaco y de droga, la mafia inhumana de secuestro de niños para vender sus órganos o el engaño de jovencitas que serán llevadas a diversos países de Europa y vendidas a la prostitución? Cuando el respeto mutuo falla, no se debe exasperar ni generalizar, dejándose caer en el racismo o el odio a todos los extranjeros, pero debemos colaborar, también, con la autoridad pública para intervenir y, cuando sea necesario, expulsar a los delincuentes. La hospitalidad tiene sus reglas humanas y cristianas, y todos hemos de cumplirlas con fidelidad, para que la convivencia sea provechosa para todos.
Virgen María, que fuiste huésped en Egipto, ruega por nosotros.
lunes, 8 de julio de 2019
HOMILÍA Domingo Decimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cC (14 de julio de 2019).
Domingo Decimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cC (14 de julio de 2019).
Primera: Deuteronomio 30, 10-14; Salmo: Sal 68, 14. 17. 30-31. 36-37; Segunda: Colosenses 1, 15-20; Evangelio: Lucas 10, 25-37
Nexo entre las LECTURAS…
Moisés (Primera lectura), en nombre de Dios, otorga al pueblo, con el Decálogo y el Código de la Alianza, un “proyecto de vida diferente” para salir del caos vivido en Egipto y, todavía más, es para salir del caos del pecado hacia la libertad. Jesús, nos dice san Lucas, da un paso definitivo hacia el bien del hombre renovando el “proyecto civilizatorio” de Moisés, para la salvación, comprometiéndonos a vivir en el servicio, en el amor, la compasión, la generosidad, el desinterés y la misericordia (Evangelio). Pablo insta a los Colosenses a ser testigos de la centralidad de Jesús en medio de un mundo que tienta a la comunidad con ideologías falsas y religiones ambiguas. El Papa Francisco (6 de jun de 2016) nos ha invitado a vivir las bienaventuranzas, como si fuera el "GPS" para el camino correcto frente a los ídolos del egoísmo, el dinero y la saciedad de un corazón que se ríe con satisfacción ignorando a los otros. Por eso rezamos con el salmista y manifestamos nuestra confianza en Dios que nos ayuda: “Busquemos al Señor, y revivirá nuestro corazón”.
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«Anda, haz tú lo mismo». La parábola del buen samaritano es aparentemente una historia en la que Jesús no aparece. Y sin embargo lleva claramente su marca; nadie más que Él podía contarla en estos términos: que los que debían practicar la misericordia, el sacerdote y el levita, se muestren indiferentes y pasen de largo, y que sea precisamente el extranjero el que tenga compasión del malherido «medio muerto», que lo cure, que vende las heridas, lo cuide y, tras su marcha, el que sigue ocupándose de él. Sólo Jesús puede contar esto así, pero no por sus sentimientos humanitarios, sino porque lo que dice que hace el extranjero con el malherido, es lo que hace Él mismo (como extranjero, es Dios que viene de lo alto) y lo sigue haciendo por todos y más allá de toda medida. El samaritano es un pseudónimo/distintivo de Jesús, y cuando le dice al doctor de la Ley: «Haz tú los mismo», lo está invitando a imitar a Cristo, a estar en sintonía con Cristo, el Maestro. En la sobreabundancia de la obra de misericordia, narrada por san Lucas, se encuentra el sello de Cristo, algo que remite a la respuesta que Jesús había dado cuando se le preguntó ¿qué hay que hacer para heredar la vida eterna?: «Amarás con todo tu corazón», no sólo a Dios, sino también al prójimo… ¡AMARÁS!
«Por Él quiso Dios reconciliar consigo todos los seres». Jesús, que se oculta tras el extranjero de la parábola del evangelio, es, en la segunda lectura «el primogénito» en el que «mantiene» toda la creación. Sin este primogénito, sin este Modelo (Jn 1,1-18), no habría creación alguna. La creación sólo existe porque «en Él quiso Dios que residiera toda plenitud y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres». También la injusticia social de la que se habla en la parábola, que un hombre esté malherido en medio del camino, que las clases altas de la sociedad, los acomodados -espiritual y corporalmente-, pasen de largo sin hacer “nada”, también esto es expiado y reconciliado en la obra de CRISTO, el Buen Samaritano, que ha derramado su sangre por el mundo. Por lo demás, no conviene olvidar las palabras del final «Anda, haz tú lo mismo». Pero antes de esta acción, está la obra universal de reconciliación realizada por Jesús, y antes de ésta, su verdad como fundamento y arquetipo de la creación.
Sugerencias...
«El mandamiento está muy cerca de ti». La primera lectura de hoy, nos habla de los mandamientos de Dios y el Evangelio de hoy, tomado del capítulo décimo de San Lucas, nos habla de nuestro prójimo, pero hay algo que tienen en común la primera lectura y el Evangelio: en ambos casos se habla de lo que está cerca. Nos dice Moisés en el Deuteronomio: “El mandamiento está muy cerca de ti” (Dt 30,14); y nos dice el Evangelio, que el prójimo está muy cerca, aquel que tiene necesidad, aquel que requiere algo de ti, está muy cerca (cf. Lc 10,29-37). Esa cercanía es entonces el vínculo entre la primera lectura y el Evangelio: lo que Dios quiere no está lejos, nos dice Moisés; y el hermano que te necesita, no está muy lejos. Es decir, que el puente al que somos invitados hoy, es descubrir que el camino de la voluntad de Dios, es también el camino del servicio al prójimo. Moisés decía que el mandamiento de Dios no es algo que esté remoto, no es algo que está lejísimos, porque si estuviera muy lejos, sería inalcanzable; es que ¡no!, NO está tan lejos, el mandamiento está próximo (cf. Dt 30,11-14). Dios sabe que nosotros para poder cumplir su voluntad, necesitamos eso, lo que está cercano, lo que está próximo. Es lo mismo que sucede al caminar; al caminar para llegar allá, tengo que dar unos cuantos pasos desde acá… pero el primer paso que doy, está cerca de donde yo me encontraba, y el siguiente paso está cerca del primero. La vida “funciona” así: paso a paso; el amor “funciona” así: detalle a detalle; la fe “funciona” así: una obediencia tras otra; y el amor de Dios, “funciona” así.
Dice San Juan en el Prólogo, que en Cristo hemos recibido gracia sobre gracia, paso a paso vamos caminando, y el camino del servicio a Dios, es también el camino del servicio a nuestros hermanos. Hay algo, sin embargo, que debemos destacar, y es que servir al prójimo, es precisamente servirlo de parte de Dios, en razón de Dios y para Dios. No limitemos la caridad únicamente a lo que ven nuestros ojos, porque el primero que nos mostró que la caridad va más allá de lo que ven los ojos, fue el mismo Cristo. Recuerda cómo, por ejemplo, en el caso de un paralítico, la parálisis la veían todos, pero Cristo fue el único que se dio cuenta que ese corazón estaba en pecado, lo cual quiere decir que el amor no debe limitarse únicamente a lo que ven nuestros ojos.
En resumen podemos decir que el camino del servicio a Dios se implica/involucra con el camino del servicio al prójimo, entendiendo que el amor con el que amamos al prójimo, viene de Dios y a Dios quiere retornar. Y así, paso a paso aprendemos a ser discípulos del Señor.
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lunes, 1 de julio de 2019
HOMILIA Domingo Decimocuarto del TIEMPO ORDINARIO cC (07 de julio de 2019).
Domingo Decimocuarto del TIEMPO ORDINARIO cC (07 de julio de 2019).
Primera: Isaías 66, 10-14; Salmo: Sal 65, 1-3a. 4-7a. 16. 20; Segunda: Gálatas 6,14-18; Evangelio: Lucas 10, 1-12. 17-20
Nexo entre las LECTURAS…
Buscar en todo el fin: esta expresión puede ayudarnos a reunir el mensaje de los textos litúrgicos. El fin de la misión de los setenta y dos no es el éxito, sino que los llena de alegría saber que están colaborando con Dios en hacer un mundo diferente, están participando en la transformación del mundo y, como dice el Evangelio, "sus nombres están escritos en el cielo"… y el Cielo es el término de toda esperanza humana. El texto del profeta Isaías tiene como dos elementos característicos: la fecundidad y abundancia, por una parte, y la consolación, por otra. El profeta ve anticipadamente el fin de todos sus sueños: la ciudad de Jerusalén que reúne a todos sus hijos, como una madre (primera lectura). A esto nos une el salmista, que dice: "¡Aclamen! ¡Celebren! ¡Canten! ¡Vengan! ¡Miren! ¡Den gracias! No, no estamos a merced de los poderes del mal. ¡Dios es Dios! Y "creemos" en la acción victoriosa de Dios. Decimos los cristianos ‘Creo en la Resurrección y en la vida eterna’. ¡"Bendito sea Dios que nos salva"! Y San Pablo, dándonos consejos y recomendaciones (segunda lectura), nos anuncia que la existencia cristiana no tiene otro fin sino el de apropiarse la vida de Cristo en toda su realidad histórica, especialmente en el misterio de la cruz... para participar de la Vida junto a Él.
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Inscritos en el libro de la vida. Los 72 discípulos de Jesús, símbolo de los cristianos esparcidos por el mundo, en cuanto que 72 son todos los pueblos de la tierra (ver en: Génesis 10), están contentos de la misión cumplida y llegan a Jesús para contarle sus proezas misioneras. Jesús los escucha, pero a la vez les hace caer en la cuenta de algo importante: las hazañas misioneras no tienen valor en sí mismas, lo que realmente ‘vale y nos debe alegrar’ profundamente es nuestro destino eterno con Dios en la Vida. Esta búsqueda gozosa del verdadero fin de la existencia explica y da sentido a la alegría, en sí legítima y razonable, por los éxitos apostólicos, al igual que da sentido a los sufrimientos y adversidades en el desarrollo de la misión cristiana. El discípulo-misionero, en efecto, no predica realidades sensiblemente captables y atractivas… predica que el Reino de Dios ya ha llegado, predica la paz mesiánica, predica en medio de un mundo muchas veces hostil y reacio a los valores del Reino… predica valiéndose y poniendo su confianza más que en los medios humanos en la fuerza misteriosa de Dios. Indudablemente, el ‘éxito’ no es un elemento esencial en la vida del misionero.
Madre de consolación y de paz. Cuando el autor de este fragmento del libro de las profecías de Isaías escribe este bellísimo texto, la dispersión judía es una grandeza extendida por todo el imperio persa y por el mediterráneo. El profeta, bajo la acción del Espíritu divino, sueña con un pueblo unido y unificado en la ciudad mística de Jerusalén. Con ojo alerta en Dios mira hacia el futuro y prevé poéticamente el momento gozoso de la reunificación. Lo hace recurriendo a la imagen de una madre de familia que reúne, entorno a sí, a todos sus hijos, tiene tiernamente en sus brazos al más pequeño y le alimenta de su propio pecho. Todos, al reunirse de nuevo con la madre, se llenan de consuelo y se sienten como inundados por una grande paz. Esta Jerusalén, madre de consolación y de paz, simboliza al Dios del consuelo, simboliza a Cristo, que es nuestra paz, simboliza a la Iglesia en cuyo seno todos somos hermanos y de cuyo amor brota la paz de Cristo que dura para siempre. Muestra maravillosamente el lugar de Santa María Virgen en el plan de salvación como Madre de Dios y Madre nuestra. Y la Iglesia, está llamada a ser, como la Virgen, madre de consolación y de paz para todos los pueblos.
Llevo en mi cuerpo la marca de Jesús. Para un cristiano, nos dice San Pablo, carece de valor estar o no circuncidado, lo que vale es ser una nueva creatura. Todo ha de estar subordinado a la consecución de este fin. San Pablo es consciente de haberlo conseguido, pues lleva en su cuerpo la marca de Jesús. Es decir, lleva en todo su ser una señal de pertenencia a Jesús, como el esclavo llevaba una señal de pertenencia a su patrón, o como en otros grupos, el iniciado llevaba en sí una señal de pertenencia. Como Pablo, así deben ser todos los cristianos, por eso puede decirles: "Sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo". Este es, además, el fin de la misión de Jesucristo: que el hombre se apropie de la redención que obtuvo en la cruz y resurrección y llegue así a ser y a manifestar a los demás que estamos llamados a ser “pertenencia”, templos, de Dios. ¿Llevas grabado, en tu mismo ser, la marca de Jesucristo? ¿Celebras la fecha en que fuiste bautizado, confirmado?
Sugerencias...
Cristiano, o sea, misionero. La imagen del cristiano que se ‘conforma’ con ir a Misa, creer en los dogmas de fe y cumplir con los mandamientos o algunos de ellos… es incompleta… Ser cristiano es tener una misión y realizarla con celo y ardor en los quehaceres de la vida y en la amplísima gama de tareas eclesiales hoy existentes (Aparecida). Más aún, el sentido de misión es el estímulo más fuerte para creer y vivir la fe, para cumplir con los mandamientos de Dios y de la Iglesia, para vivir en la fe, esperanza y caridad. En el Catecismo se lee: "Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es ‘enviada’ al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. ‘La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado" (CIC 863). Si amamos filialmente a la Iglesia, no dudemos de que la mejor manera de expresarle nuestro amor es mediante nuestro espíritu misionero. Y misionero significa conciencia viva de ser enviado y de ser discípulo; y este envío es también ‘ser cristo’ para el vecino de casa, el cliente en el trabajo, el que encuentro en la parada del ómnibus o del semáforo, a la joven pareja que se prepara para el matrimonio... Hoy en día misionar no es únicamente marchar a un país lejano a predicar la fe y el estilo de vida de Cristo, es también una tarea que se lleva a cabo en el propio barrio, en las plazas de la ciudad e incluso entre las paredes del propio hogar… llamados a ser santos ‘de la casa de al lado’ (Francisco)
La misión puede más que el miedo. Parafraseando a san Juan Pablo II podríamos decir: "No tengan miedo de ser misioneros". Porque, a decir verdad, algunas veces al menos nos atenaza el temor, el respeto humano, el qué pensarán y el qué dirán. Es humano sentir miedo, pero la misión ha de superar y sobrepasar nuestros temores para vivir en caridad (no enfrentándonos). El futbolista no tiene miedo de hablar de fútbol ni el médico o el maestro de hablar de su profesión. Conociendo las distancias con los ejemplos: ¿Hemos de tener miedo, los cristianos, de hablar de Cristo: su persona, su vida, su verdad, su amor, su misterio? La fe y la misión comienzan en el corazón, eso es verdad, pero han de terminar en los hechos y en los labios. Todos hemos de recibir la fuerza que viene de lo alto, el Espíritu Santo, y con Él ‘vencer’, con la ayuda de la gracia, cualquier muestra de miedo ¡Es nuestra hora! ¿La dejaremos pasar? (Papa Francisco) También ustedes, maestros y educadores cristianos, que tienen en sus manos la niñez y la adolescencia, ¡sean misioneros en la escuela! ¿Podremos permitir que el miedo prevalezca sobre nuestra misión cristiana? Nuestra misión ha de ser nuestra corona y nuestra gloria para que todos los pueblos tengan Vida en Cristo y la tengan en abundancia.
Virgen Misionera, ruega por nosotros.
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