domingo, 20 de marzo de 2022

HOMILIA Cuarto Domingo de CUARESMA cC (27 de marzo 2022) P. ANGEL


 Cuarto Domingo de CUARESMA cC (27 de marzo 2022)

PrimeraJosué 5, 9.10-12; Salmo: Sal 33, 2-7; Segunda: 2Cor 5, 17-21; Evangelio: Lucas 15, 1-3.11-32

Nexo entre las LECTURAS

"Déjense reconciliar con Dios", he aquí una clave de lectura de los textos litúrgicos de este Domingo de cuaresma. En la primera lectura Dios se reconcilia con su pueblo, concediéndole entrar en la tierra prometida, después de cuarenta años de vagar sin rumbo por el desierto. En la parábola evangélica el padre se reconcilia con el hijo menor, y, aunque no parece tan claramente, también con el hijo mayor. Finalmente, en la segunda lectura, san Pablo nos enseña que Dios nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación. El Salmo 33 es un canto de acción de gracias. Son muchos los beneficios que, con el salmista, hemos recibido del Señor y nos vemos en la necesidad de agradecérselos. En tantos momentos, especialmente en las pruebas de la vida, hemos visto la mano bondadosa de Dios, su fidelidad, su solicitud, por eso expresamos, toda nuestra gratitud a Dios providente.

Temas...

Deja el pecado, porque Él no te va a dejar. "Conviértete", esta fue la voz que escuchamos el primer día de cuaresma, cuando recibimos la ceniza sobre nuestra cabeza, como señal de la humildad que es propia de este tiempo litúrgico. Pues bien, el evangelio de hoy es quizá la más bella pintura de ese proceso de la conversión: el hijo más pequeño de este padre amoroso finalmente dejó el pecado y volvió a casa. Cuanto más meditamos en cada detalle y aspecto de esta parábola, más vemos que la propia vida queda retratada ante nuestros ojos.

Uno que acoge a los pecadores. Todo empezó con las críticas de los fariseos: "Este anda con pecadores..." Ellos hablaban así como un modo ácido de descalificar a Jesús y a su ministerio. Podríamos traducir su murmuración con estas palabras: "¿Cómo podría este hombre ser un verdadero profeta, y no hablemos del Mesías? ¡Mira nada más con quiénes le gusta andar!" La parábola del hijo pródigo y del padre compasivo es una gran respuesta a estas críticas, como si Cristo les estuviera diciendo: "¿Y es que Dios podría ser de otro modo? ¿Esperarías menos de Dios?"

Descubriendo nuestros límites y la verdad de lo que somos. El hijo menor pidió su parte en la herencia, es decir, pidió su herencia, con lo cual estaba tratando a su papá como si hubiera muerto. Impaciente, como suele suceder en la juventud, este hijo no quería perder un solo día de entretenimiento y disfrute. Como consecuencia, prefirió los bienes del papá al papá. Es un retrato detestable pero realista del pecado: cada vez que pecamos, en efecto, estamos escogiendo a las creaturas y rechazando al Creador.

Este joven poco a poco fue llevado a reconocer sus límites, ya no como algo impuesto desde fuera, como por ejemplo, por las reglas de la casa paterna, sino como algo que existe en la medida en que nosotros mismo existimos. Él aprendió que tenemos una naturaleza y que existen límites naturales, en el sentido de que no podemos producir una reserva infinita de dinero o de placer sólo con desearlo. Esta es la primera conversión y la más fundamental de todas: no somos Dios, y si jugamos a ser Dios terminamos destruyéndonos a nosotros mismos y seguramente destruyendo también a la gente alrededor.

Una vez que descubrimos nuestros límites podemos tomar uno de dos caminos: rebelión, ira y desesperación, por un lado; humildad, contrición y conversión por el otro. Felizmente, el muchacho de la parábola tomó este segundo camino, el de la vuelta a casa, y encontró los brazos abiertos de su padre amoroso, una imagen llena de ternura que describe bien cómo Dios misericordioso está aguardando por cada uno de nosotros.

¿Y el Hermano Mayor? Debemos decir una palabra sobre el hermano mayor. Sabemos que representa ante todo la actitud recelosa y agria de los fariseos. Sin embargo, ahí no acaba todo. Es bien posible que represente también algo de nosotros y nuestros egoísmos y desconfianzas, de nuestros celos y mezquindades. Podemos preguntarnos, en realidad, si nosotros celebramos la misericordia de Dios cuando llega a las vidas de los demás, sobre todo si esos "demás" son nuestros ‘enemigos’, ‘rivales’ o ‘gente extraña’.

Mientras conservamos, pues, delante de nuestros ojos, la imagen preciosa del Dios que perdona y se compadece, pidámosle que nos dé de su Espíritu Santo para amar como Él ama. Sea ese el fruto de esta cuaresma.

Sugerencias... (somos Iglesia servidora y misericordiosa… sinodal y no poderosa)

El largo camino de la reconciliación. Reconciliarse es hermoso, pero puede llegar a ser duro y difícil, arduo. Pide un cambio, y como todo cambio en la vida exige romper esquemas y modelos hechos, dejar caminos usados, abrir nuevas brechas, cultivar (pastoralmente) nuevos campos. En definitiva, salir de nuestra dulce comodidad y rutina, y lanzarnos a vivir día tras día en la ruta nueva que Dios nos va trazando, ruta de donación y amor desinteresados dice el Papa… salir a la periferia… hacer lío. Reconciliarse con Dios, reconciliarse con los demás, implica estar dispuesto a mirar el pasado con ojos de arrepentimiento y a dejarlo sin miramientos, por más que nos siga siendo atractivo. Para reconciliarse de verdad con Dios y con nuestros hermanos, hay que acudir al sacramento de la reconciliación, recibir el perdón de Dios y... ¡santas pascuas! Y esto es el nuevo comienzo... y sigue el trabajo diario y constante por arrancar del alma las causas profundas, a veces muy ocultas, del distanciamiento, de la desavenencia y de la lejanía de Dios, y cualquier signo de ellos en nuestra conducta. Ahora viene la labor tenaz por conquistar nuestro corazón y nuestra vida para el amor, la concordia, la avenencia y la armonía filiales para con Dios y fraternas para con los hombres. Todo hombre, si es sincero consigo mismo, se da cuenta de que está necesitado, en un mayor o menor grado, de reconciliación. Reconcíliate tú primero, y luego ayuda a los demás a conseguir una auténtica reconciliación.

Una Iglesia reconciliada y reconciliadora. El Papa nos ha enseñado con su ejemplo a no tener ningún reparo en pedir perdón. La Iglesia es santa, pero sus hijos somos pecadores. Y los pecados de los hijos dejan huella en el rostro de la Iglesia. Por eso, el sacerdote, en nombre de la Iglesia y como representante suya, cada día en la Santa Misa la reconcilia con Dios. Por otra parte, la Iglesia, en cuanto comunidad de los que creen en Cristo Señor, es muy consciente de las divisiones y de los contrastes, de las diferencias y desarmonías doctrinales y prácticas que bullen en su seno. Se han dado algunos pasos en el camino de la reconciliación. Quedan muchos todavía. Hay que seguir avanzando en la reconciliación entre diversas comunidades eclesiales, entre los miembros de una misma comunidad eclesial, entre diversas órdenes, congregaciones o institutos religiosos, entre diversas diócesis... Sólo una Iglesia reconciliada verticalmente con Dios y horizontalmente con sus hermanos en la fe, podrá ser fermento de reconciliación en la sociedad. ¿Vives reconciliado con Dios? ¿Es tu parroquia una parroquia internamente reconciliada? ¿Eres agente de reconciliación en tu familia y en el ambiente de trabajo?

De la Iglesia para la Iglesia. P. Angel 

lunes, 14 de marzo de 2022

PADRE ANGEL HOMILIA DEL TERCER DOMINGO DE CUARESMA (20 DE ABRIL DE 2022)

 

Tercer Domingo de CUARESMA cC (20 de marzo 2022)

Primera: Éxodo 3, 1-8.13-15; Salmo: Sal 102, 1-4. 6-8. 11; Segunda: 1Corintios 10, 1-6.10-12; Evangelio: Lucas 13, 1-9

Nexo entre las LECTURAS

Nos parece que el nexo está en la paciencia de Dios que nos conmueve. Frente al pecado y al pecador (evangelio) existe una paciencia misericordiosa de Dios y nos lleva a poner manos a la obra para empezar desde hoy mismo nuestra conversión. Es lo que parece más importante en el relato de Lucas: la paciente misericordia del Señor. La primera lectura confirma esta impresión. La teofanía en forma de fuego y el diálogo entre el Señor así presente y Moisés subraya esta inmensa piedad del Dios de Israel: "He visto la opresión de mi pueblo en Egipto..., me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a liberarlos..." He ahí toda la lección de Éxodo 3,1... 15. El salmo 102, tomado como canto responsorial, canta la ternura y el amor de este Dios: "El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia...". La carta de Pablo a los Corintios (1 Co. 10,1... 12) se inscribe en la misma línea. Se trata en ella de la ruta del desierto y de la diversa suerte de los que caminan. Todos atravesaron el mar Rojo, fueron unidos a Moisés como por un bautismo en la nube y en el mar, todos comieron el mismo alimento espiritual. Pablo nos invita a estar atentos y mantenernos en pie.

Temas... Sugerencias...

El Señor está con nosotros, HOY, COMO CUALQUIER DOMINGO, hemos venido a celebrar la Misa. Quizá con más o menos ganas. Como cada Domingo hemos escuchado la lectura de la Escritura. Quizá con más o menos atención. Renovaremos los signos que Jesús nos dejó como memorial de su entrega. Y bastantes (ojalá fueran cada vez más) participaremos en su alimento de vida. En síntesis: nosotros venimos con más o menos ganas, hacemos mejor o peor ciertos actos. Pero no celebramos nuestras ganas o nuestros actos. Tal vez, este fin de semana con mas angustias por la guerra, por los salarios que no alcanzan, por lo caro que están los alimentos, por muchas cosas… también porque no acabamos de convertirnos y ser santos como nos pide Dios. Lo más importante aquí no somos nosotros SINO LA PRESENCIA ACTIVA DE DIOS entre nosotros. Es esta presencia la que celebramos. De ahí que iniciemos nuestra reunión con aquellas palabras que a menudo repetimos: "El Señor esté con ustedes". Como expresión de nuestra fe: "El Señor ESTA con nosotros". Nosotros podemos venir más o menos animados y podemos celebrar “mejor o peor”; pero el Señor no falta nunca a la cita, Él está siempre presente y activo en nuestra reunión. Nosotros somos siempre -más o menos- pecadores; pero Dios es siempre –del todo– nuestro Salvador.

El nombre de nuestro Dios. Hace siglos, muchos siglos, cuando el pueblo judío buscaba qué era, quién era su Dios, halló UNA RESPUESTA QUE CONTINUA VIGENTE para nosotros. A veces los hombres (y quizá especialmente los cristianos) nos imaginamos que sabemos muchas cosas de Dios. Pero a menudo olvidamos lo más importante: aquello que halló el pueblo judío, el nombre con el que se reveló Dios. MOISÉS -dice el libro sagrado-, antes de iniciar su hazaña de liberador del pueblo esclavizado, quiere saber quién es aquél que guiará su obra. La respuesta que Dios da -según el libro sagrado- es muy significativa. Dice: YO SOY EL QUE ESTARÉ CON USTEDES, el que está con ustedes: yo soy el que es en ustedes, el que interviene, el que salva. De eso hace miles de años. Pero nuestro Dios sigue siendo el mismo, tiene EL MISMO NOMBRE: No es un Señor escondido allí arriba en el cielo, juez imperturbable, tranquilo en su serena eternidad... nuestro Dios es el que está con nosotros, el que es presente y activo en nuestra vida. Si no creemos en este Dios que "está con nosotros" –como rezamos y celebramos en cada Misa–, no creemos en el Dios que nos reveló Jesucristo. Porque eso es lo que nos revela Jesucristo de DIOS: que SE INJERTA en nuestra vida -aunque sea una vida de pecadores- para INJERTARNOS en su vida de amor total.

El Dios impotente: Sin embargo, todo esto es sólo UN ASPECTO. Hay otro: este mismo Dios presente y activo en nuestro camino, es un Dios ‘impotente’. Quiero decir que SU ACCIÓN NECESITA DE NUESTRA RESPUESTA. Sin ella nada puede. Es lo que hemos escuchado en el evangelio. Si nosotros no nos abrimos a esta acción de Dios (si no nos CONVERTIMOS), Dios es impotente. El fruto que Él espera, si no lo damos nosotros, Él no puede forzar. Si nos encerramos en nuestro pecado, Él nada puede hacer.

Por eso el evangelio nos presenta simultáneamente –y no podemos olvidar uno u otro aspecto– la IMPACIENCIA de Dios y su PACIENCIA. O, con otras palabras, su exigencia y su esperanza. Dios quiere que demos fruto, que su amor fructifique en nosotros, y no se contenta con respuestas hipócritas. Pero, al mismo tiempo, Dios nunca pierde la esperanza, confía siempre que nos abriremos a su llamada y así daremos fruto de vida. Dios espera que confiemos más en su amor y que no nos atormentemos con nuestro pecado y lo dirá solemnemente en la Vigilia Pascual del sábado 16 de abril de 2022.

Una respuesta insuficiente. También fijémonos aún en lo que nos ha recordado san Pablo: hay una posible respuesta insuficiente, hipócrita. Es la respuesta superficial, que NO LLEGA AL CORAZÓN de nuestra vida. No basta decir: "Soy cristiano, tengo fe, estoy bautizado, cumplo, comulgo, no robo ni mato, no soy como éste o aquél..." (Como tampoco para muchos judíos fue suficiente pasar el mar Rojo, comer el maná, creerse el pueblo de Dios...). Jesucristo lo dice con claridad: "Si no se convierten, todos acabarán de la misma manera". No tengamos miedo hoy –en este Domingo de Cuaresma– de mirar qué exige de cada uno de nosotros esta llamada a la conversión. Convertirse ES NO QUEDARSE ESTÉRIL, seco y muerto, Es LIBERARNOS del mal que hay en nosotros PARA ABRIRNOS a la vida de Dios. Del Dios que nos espera en el camino cotidiano de cada uno. Si participamos en la eucaristía es PARA DAR FRUTO. Fruto según la palabra de Dios: fruto de amor, de lucha por la justicia, de fe en la verdad, de aprender a vivir como hijos del Padre que es bueno. Repasar los mandamientos y las obras de misericordia… y empezar CON DETERMINACIÓN a practicarlas… leer diariamente la Biblia, al menos los Evangelios, las cartas de San Pablo… rezar el Rosario, el Vía Crucis, practicar la oración – el ayuno – la limosna…

 

martes, 1 de marzo de 2022

Homilia MIÉRCOLES DE CENIZA (02 de marzo de 2022)

MIÉRCOLES DE CENIZA (02 de marzo de 2022)

PrimeraJoel 2, 12-18; Salmo: Sal 50, 3-6a. 12-14. 17; Segunda: 2Corintios 5, 20 – 6,2; Evangelio: Mateo 6, 1-6.16-18

Hoy empezamos un camino que durará noventa días. La Cuaresma y la Pascua las vivimos en un único y dinámico movimiento, desde hoy hasta el 5 de junio, Pentecostés:  Cristo Jesús nos quiere comunicar, en este año 2022, su vida nueva de Resucitado.

Nexo entre las LECTURAS. Temas... (cfr. Benedicto XVI)

Comenzamos el camino cuaresmal: un camino que dura cuarenta días y que nos lleva a la alegría de la Pascua del Señor. En este itinerario espiritual no estamos solos, porque la Iglesia nos acompaña y nos sostiene desde el principio con la Palabra de Dios, que encierra un programa de vida espiritual y de compromiso penitencial, y con la gracia de los Sacramentos.

Las palabras del Apóstol san Pablo nos dan una consigna precisa: "Los exhortamos a que no reciban en vano la gracia de Dios... Miren ahora el momento favorable; miren ahora el día de salvación" (2 Co 6, 1-2). De hecho, en la visión cristiana de la vida habría que decir que cada momento es favorable y cada día es día de salvación, pero la liturgia de la Iglesia refiere estas palabras de un modo totalmente especial al tiempo de Cuaresma. Que los cuarenta días de preparación de la Pascua son tiempo favorable y de gracia lo podemos entender precisamente en la llamada que el austero rito de la imposición de la ceniza nos dirige y que se expresa, en la liturgia, con dos fórmulas: "Conviértanse y crean en el Evangelio", "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás".

- La primera exhortación es a la conversión, una palabra que hay que considerar en su extraordinaria seriedad, dándonos cuenta de la sorprendente novedad que implica. En efecto, la llamada a la conversión revela y denuncia la fácil superficialidad que con frecuencia caracteriza nuestra vida. Convertirse significa cambiar de dirección en el camino de la vida: pero no con un pequeño ajuste, sino con un verdadero cambio de sentido. Conversión es ir contracorriente, donde la "corriente" es el estilo de vida superficial, incoherente e ilusorio que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace esclavos del mal, o en cualquier caso prisioneros de la mediocridad moral. Con la conversión, en cambio, aspiramos a la medida alta de la vida cristiana, nos adherimos al Evangelio vivo y personal, que es Jesucristo. La meta final y el sentido profundo de la conversión es su persona, Él es la senda por la que todos están llamados a caminar en la vida, dejándose iluminar por su luz y sostener por su fuerza que mueve nuestros pasos. De este modo la conversión manifiesta su rostro más espléndido y fascinante: no es una simple decisión moral, que rectifica nuestra conducta de vida, sino una elección de fe, que nos implica totalmente en la comunión íntima con la persona viva y concreta de Jesús. Convertirse y creer en el Evangelio no son dos cosas distintas o de alguna manera sólo conectadas entre sí, sino que expresan la misma realidad. La conversión es el "sí" total de quien entrega su existencia al Evangelio, respondiendo libremente a Cristo, que antes se ha ofrecido al hombre como camino, verdad y vida, como el único que lo libera y lo salva. Este es precisamente el sentido de las primeras palabras con las que, según el evangelista san Marcos, Jesús inicia la predicación del "Evangelio de Dios": "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en el Evangelio" (Mc 1, 15).

- El " conviértanse y crean en el Evangelio" no está sólo al inicio de la vida cristiana, sino que acompaña todos sus pasos, sigue renovándose y se difunde ramificándose en todas sus expresiones. Cada día es momento favorable y de gracia, porque cada día nos impulsa a entregarnos a Jesús, a confiar en Él, a permanecer en Él, a compartir su estilo de vida, a aprender de Él el amor verdadero, a seguirlo en el cumplimiento diario de la voluntad del Padre, la única gran ley de vida. Cada día, incluso cuando no faltan las dificultades y las fatigas, los cansancios y las caídas, incluso cuando tenemos la tentación de abandonar el camino del seguimiento de Cristo y de encerrarnos en nosotros mismos, en nuestro egoísmo, sin darnos cuenta de la necesidad que tenemos de abrirnos al amor de Dios en Cristo, para vivir la misma lógica de justicia y de amor. "Hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo "mío", para darme gratuitamente lo "suyo". Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. Gracias al amor de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia "mayor", que es la del amor (cf. Rm 13, 8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que se pueda esperar".

- El momento favorable y de gracia de la Cuaresma también nos muestra su significado espiritual mediante la antigua fórmula: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás", que el sacerdote pronuncia cuando impone sobre nuestra cabeza un poco de ceniza. Nos remite así a los comienzos de la historia humana, cuando el Señor dijo a Adán después de la culpa original: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado; porque eres polvo y al polvo volverás" (Gn 3, 19). Aquí la Palabra de Dios nos recuerda nuestra fragilidad, más aún, nuestra muerte, que es su forma extrema. Frente al miedo innato del fin, y más aún en el contexto de una cultura que de muchas maneras tiende a censurar la realidad y la experiencia humana de la muerte, la liturgia cuaresmal, por un lado, nos recuerda la muerte invitándonos al realismo y a la sabiduría; pero, por otro, nos impulsa sobre todo a captar y a vivir la novedad inesperada que la fe cristiana irradia en la realidad de la muerte misma.

El hombre es polvo y al polvo volverá, pero a los ojos de Dios es polvo precioso, porque Dios ha creado al hombre destinándolo a la inmortalidad. Así la fórmula litúrgica "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás" encuentra la plenitud de su significado en referencia al nuevo Adán, Cristo. También Jesús, el Señor, quiso compartir libremente con todo hombre la situación de fragilidad, especialmente mediante su muerte en la cruz; pero precisamente esta muerte, colmada de su amor al Padre y a la humanidad, fue el camino para la gloriosa resurrección, mediante la cual Cristo se convirtió en fuente de una gracia donada a quienes creen en Él y de este modo participan de la misma vida divina. Esta vida que no tendrá fin comienza ya en la fase terrena de nuestra existencia, pero alcanzará su plenitud después de "la resurrección de la carne". El pequeño gesto de la imposición de la ceniza nos desvela la singular riqueza de su significado: es una invitación a recorrer el tiempo cuaresmal como una inmersión más consciente e intensa en el misterio pascual de Cristo, en su muerte y resurrección, mediante la participación en la Eucaristía y en la vida de caridad, que nace de la Eucaristía y encuentra en ella su cumplimiento. Con la imposición de la ceniza renovamos nuestro compromiso de seguir a Jesús, de dejarnos transformar por su misterio pascual, para vencer el mal y hacer el bien, para hacer que muera nuestro "hombre viejo" vinculado al pecado y hacer que nazca el "hombre nuevo" transformado por la gracia de Dios.

- Invoquemos con particular confianza la protección y la ayuda de la Virgen María. Que ella, la primera creyente en Cristo, nos acompañe en estos cuarenta días de intensa oración y de sincera penitencia, para llegar a celebrar, purificados y completamente renovados en la mente y en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de su Hijo.

¡Feliz Cuaresma a todos!

Sugerencias...

Desde hoy, se debe notar que vivimos la primera parte de este "tiempo fuerte", la Cuaresma, acompañando a Cristo en su camino a la Cruz y a la Pascua. El ambiente nos lo tiene que recordar: el color morado de los vestidos, la ausencia de flores y el silencio del Gloria, del aleluya y de los instrumentos musicales. La plegaria eucarística podría ser hoy la primera de Reconciliación.  El gesto simbólico específico es hoy la imposición de la ceniza, después de la celebración de la Palabra. Un gesto bíblico que puede resultar expresivo si se hace bien. La ceniza es polvo, símbolo de la caducidad humana, una invitación a la humildad y la conversión. El sacerdote también se impone la ceniza (o se la impone otro): también él empieza el camino pascual con la conversión.

Se podría hacer un doble gesto simbólico: el sacerdote impone la ceniza diciendo a cada uno: "Acuérdate que eres polvo...". Y luego los fieles pasan a que otra persona les ofrezca a besar el Leccionario (o lo toquen con la mano y se santigüen), mientras les dice las otras palabras del Misal: "Conviértete y cree en el Evangelio" (mejor en singular). Resulta más expresivo de la doble dimensión de la Cuaresma.

Hoy, tanto las lecturas como las oraciones y cantos, nos proponen con insistencia un programa de conversión pascual: "conviértete y cree en el evangelio", "que nos mantengamos en espíritu de conversión" (colecta), "conviértete a mí de todo corazón" (Joel), “misericordia, Señor, hemos pecado" (salmo), "déjense reconciliar con Dios" (Pablo).

Clásicamente, las "prácticas cuaresmales" se han formulado según el triple programa que hoy nos ofrece Jesús en el evangelio: la limosna, la oración y el ayuno. La limosna es la apertura a los demás; La oración es la apertura a Dios; El ayuno es la renuncia a tantas cosas superfluas a que nos invita la sociedad de consumo en la que vivimos.

Las tres direcciones resumen toda nuestra existencia: cara a nosotros mismos: nos controlamos más; cara a Dios: nos abrimos a Él y le tenemos más en cuenta en nuestro programa de vida; cara a los demás: nos comprometemos más en la caridad fraterna. Cada uno debería pensar en qué aspectos concretos de las tres direcciones necesita mejorar en la Cuaresma–Pascua de este año 2022.

María, Madre de misericordia, ¡ruega por nosotros!

miércoles, 23 de febrero de 2022

homilia Domingo Octavo del TIEMPO ORDINARIO cC (27 de febrero de 2022)

 

Domingo Octavo del TIEMPO ORDINARIO cC (27 de febrero de 2022)

Primera: Eclesiástico 27, 4-7; Salmo: Sal 91, 2-3. 13-16; Segunda1 Corintios 15, 51. 54-58; Evangelio: Lucas 6, 39-45

Nexo entre las LECTURAS… Sugerencias...

La fuerza de las palabras. La insistencia frecuente en la necesidad de ACTUAR más que HABLAR puede llevarnos a la falsa idea de que las palabras poco importan. Es un pensamiento trágicamente erróneo porque, en efecto, nuestras palabras pueden sanar pero también herir; pueden guiar o también desorientar. Las palabras tienen esa capacidad de impacto porque también brotan de muy adentro de nosotros. La primera lectura de hoy nos recuerda que en la manera de razonar cada uno revela lo que lleva por dentro. Y es muy cierto: al presentar nuestros argumentos estamos también revelando dos cosas claves: ¿qué tanto importa la verdad? ¿Cuáles son las propias prioridades en este caso?

Conocerse para superar prejuicios. Un buen ‘autoexamen’ es un modo honesto de buscar la verdad. Aquella famosa comparación de Cristo entre la paja y la viga hace ver de modo casi gracioso cómo lo que más nos perturba no es la información exterior sino los prejuicios y sesgos que interiormente llevamos a todas partes. Tomar conciencia de ello es un comienzo de libertad y una buena apuesta hacia la verdad. Una persona honesta de corazón modera sus palabras precisamente porque sabe que su percepción de las cosas todavía puede ser incompleta. La necedad en cambio es temeraria y arrogante. Dicho de otro modo: cuando escuchamos que alguien es consciente de sus "vigas" podemos esperar mucha más luz de esa persona.

Un llamado a la prudencia. La observación que hace Cristo en el Evangelio, en cuanto a los "frutos" como criterio de discernimiento, va en la misma línea de lo que venimos diciendo: ¿qué sale de cada persona? De seguro ello nos puede contar algo de lo que lleva por dentro. Pero esta observación conviene tomarla con una precaución especial. En efecto, en una cultura agraria, "los frutos" son un sinónimo de "la cosecha" es decir: todo lo que la tierra dio en aquella temporada. Fijarse en los frutos implica entonces ampliar la mirada y buscar un arco de comprensión suficientemente amplio. Una persona puede parecer agria el día que la tratamos pero era solo un día; o puede parecer muy bondadosa, y luego se demostró que era aduladora. Ver "los frutos" implica entonces fijarse en toda una cosecha y no solo en unas cuantas muestras. Así se avanza hacia la sabiduría!

Temas...

Contexto Litúrgico. Acaba hoy la primera parte del Tiempo Ordinario, porque el próximo miércoles iniciamos ya la Cuaresma. Además, tanto en la segunda lectura como en el evangelio, concluimos la lectura de los textos que íbamos leyendo a lo largo de las últimas semanas; así acabamos la lectura continuada de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto, y también el resumen del mensaje de Jesús que el evangelista Lucas ha recogido en el capítulo 6, y del que hoy leemos el tercer y último fragmento.

Por tanto, toda la liturgia de hoy nos invita a cerrar un período, una etapa del Año Litúrgico, durante la cual hemos ido siguiendo los inicios del ministerio de Jesús, para iniciar otra la próxima semana: la Cuaresma, un tiempo fuerte, con todo lo que comporta.

Estilo sapiencial. La primera lectura de hoy está tomada del libro del Eclesiástico y es el típico texto de la literatura sapiencial con sabor poético. A partir de varias imágenes (la criba, el horno, el fruto del árbol) se nos dice que la bondad del hombre se manifiesta auténticamente después de haber sido probada, después de haber sido examinada. Tan sólo entonces se constata si es algo sólo superficial o si es algo que mana de lo hondo del corazón: "No alabes a nadie antes de que razone, porque ésa es la prueba del hombre". El evangelio de hoy usa este estilo, con una serie de máximas e imágenes del mismo tipo de las que hemos visto en la primera lectura, algunas incluso calcadas: el ciego y el hoyo, el discípulo y su maestro, la paja y la viga en el ojo, el árbol y sus frutos, el corazón y la boca.

El valor de lo interior. También el mensaje de este fragmento de Lucas empalma con el de la 1ª lectura. El núcleo de este mensaje de hoy consiste en valorar lo interior. Jesús invita a la profundidad y a la sinceridad de corazón; a no quedarse con la imagen exterior, que sólo es, al fin y al cabo, un reflejo de la interioridad de la persona. El evangelio tiene dos partes: la primera consiste en una llamada a la humildad, a la sencillez, a la hora de valorarnos a nosotros y a los demás. A partir de las imágenes del ciego que no puede ser guía de otro ciego, y del discípulo que no está tan instruido como su maestro, Jesús hace una llamada a ser conscientes de la propia limitación, a la capacidad de autocrítica. Este pensamiento culmina con el ejemplo de la viga en el propio ojo y la paja en el del vecino: "¿Por qué te fijas en la paja que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?"

Y a partir de la falsa situación del que pretende enseñar siendo ciego o un simple discípulo, y del que pretende corregir a los demás cuando él está aún más cargado de faltas, Jesús invita, en la segunda parte del texto de hoy, a descubrir al hombre en su propia realidad. Una realidad que halla su aspecto más auténtico en lo que hay en el fondo del corazón. Lo que vale en cada persona no es lo que dice, ni lo que hace, sino lo que hay en su corazón. Y lo que hay en el fondo del corazón se expresará después en sus palabras y en sus obras. Con todo esto Jesús nos invita a cultivar la dimensión interior de la persona, aquello que constituye la parte más profunda y auténtica de su ser. Una dimensión interior que Jesús ve en positivo, al decir que "El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien". Pero este tesoro de bondad que cada cual guarda en su corazón se ha de cultivar para que dé su fruto. Por eso es tan importante trabajar la vida interior de las personas, su capacidad de reflexión, de escucha, de meditación, de silencio.

La vida interior del cristiano. Y en concreto, el cristiano ha de ir modelando su corazón según Dios y siguiendo el estilo de Jesús. El mensaje del evangelio, que hemos ido recordando estas últimas semanas, pide interiorización, exige poder arraigar en el corazón del cristiano para poder vivirlo de verdad.

El salmo de hoy nos recuerda precisamente que, cuando las raíces son hondas y están agarradas en el Señor, "El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor. En la vejez seguirá dando fruto... ". Y en la segunda lectura san Pablo nos recuerda dónde se encuentra el fundamento de nuestra esperanza: la victoria de Cristo que ha engullido la muerte. Si arraigamos profundamente nuestro corazón en esta convicción, nuestra vida será un auténtico testimonio de la fe que profesamos. "¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Por eso, queridos hermanos, permanezcan firmes e inconmovibles, progresando constantemente en la obra del Señor, con la certidumbre de que los esfuerzos que realizan por Él no serán vanos.

Se trata, en definitiva, de buscar la renovación del corazón. Los cristianos la encontraremos en la lectura del evangelio, bien fundamentados en Cristo muerto y resucitado. La ya inmediata Cuaresma nos ayudará todavía más a avanzar en esta línea de interiorización y de renovación.

Nuestra Señora del diálogo y del discernimiento, ruega por nosotros.


VAYAN A JOSÉ

 


Ponerse bajo el manto paternal de San José es una gran bendición en la vida espiritual. En las representaciones artísticas de San José dentro de la tradición carmelita, su manto es un tema muy importante, El manto de San José es símbolo de seguridad y protección paternal. Así como María protege a sus hijos bajo su manto, San José también protege amorosamente a sus hijos bajo su manto paternal.

En la devoción católica, quienes aman a San José rezan en ocasiones la Novena al Sagrado Manto de San José.

Novena al Sagrado Manto de San José

Oh glorioso patriarca San José, que fuiste elegido por Dios sobre todos los hombres para ser la cabeza terrenal de la más sagrada de las familias, te suplico que me recibas en los pliegues de tu sagrado manto, y que seas el guardián y custodio de mi alma.

A partir de este momento te elijo como mi padre, mi protector, mi consejero y mi patrono, y te suplico que pongas bajo tu custodia mi cuerpo, mi alma, todo lo que soy, lo que poseo, mi vida y mi muerte.

Mírame como a uno de tus hijos; defiéndeme de la traición de mis enemigos, visibles o invisibles, ayúdame en todo momento en todas mis necesidades; consuélame en las amarguras de mi vida y especialmente en la hora de mi muerte, y aunque sea una sola palabra, háblale de mí al Redentor Divino, a quien fuiste digno de sostener entre tus brazos, y a la Santísima Virgen María, tu castísima Esposa. Pide para mí las bendiciones que me llevarán a la salvación. Inclúyeme entre aquellos que te son más queridos, y yo procuraré mostrarme digno de tu especial patrocinio. Amén.

Por lo general las novenas son de nueve días, pero la Novena al Sagrado Manto consiste en 30 días de oración en honor a los 30 años que San José vivió con Jesús. La Novena al Sagrado Manto está considerada una de las novenas más eficaces del tesoro de la Iglesia.

Resguárdate bajo el manto paternal de San José. Abre tu corazón a la paternidad espiritual de San José y experimenta el amor del mejor de los padres.

 

Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo.

Papa León XIII

 

Glorioso San José, esposo de la Virgen María, te rogamos por el corazón de Jesucristo, nos concedas tu paternal protección. 14

— San Francisco de Sales

 

¡Ite ad Ioseph!

Si quieres estar cerca de Cristo, también hoy te repetimos “Ite ad Ioseph”: “Acude a José

— Ven. Papa Pío XII

 

¿Cuál es la forma de estar más unido a Jesús en esta vida? La respuesta es fácil: recibirlo en la Santa Comunión. No existe mayor intimidad con Jesús en esta vida, que cuando lo recibimos en la santa Eucaristía durante la Misa. El Santísimo Sacramento es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo.

¿Sabías que sin la paternidad terrenal de San José no podrías recibir el Pan de Vida? A San José se le dio la misión de mantener y proteger al sagrado Pan de Vida para ti.


Permíteme explicarlo.

Probablemente conozcas la historia del Libro del Génesis sobre los hijos de Israel que vendieron a uno de sus hermanos a la esclavitud. El hermano vendido a la esclavitud se llamaba José. Los nuevos dueños de José se lo llevaron a Egipto, muy lejos de sus familiares. Lo que aquellos hombres le hicieron a su hermano fue horrible y vergonzoso, pero Dios tenía un plan.

Increíblemente (designio de la Providencia), el Faraón, rey de Egipto, adoptó a José como miembro de su propia familia, por lo que se tenía a José como hijo del Faraón. El rey le dio gran autoridad a José poniéndolo al frente de todos los silos de Egipto, que en aquella época era considerado como el granero del mundo. José realizó un trabajo muy eficiente almacenando cereales.

 

De esa manera, José acumuló una enorme cantidad de cereales, tanto como la arena del mar, hasta tal punto que dejó de llevar un control, porque superaba toda medida.

— Gen 41, 49

 

Aunque los hermanos de José lo habían vendido a la esclavitud, Dios tenía planes maravillosos para José. Después de que José había almacenado una cantidad inconmensurable de cereal, una terrible hambruna azotó Egipto y los territorios circundantes. Como resultado de la escasez de comida, el Faraón instruyó a todos en Egipto: “¡Vayan a José y hagan lo que él les diga!” (Gen 41, 55) Como la Virgen en Caná de Galilea. La hambruna llegó a tal extremo, que los propios hermanos de José, los que lo habían vendido, viajaron a Egipto buscando comida.

Cuando los hermanos conocieron al hombre encargado de los graneros de Egipto, había pasado tanto tiempo que no se dieron cuenta de que estaban parados en presencia de su propio hermano a quien habían vendido como esclavo años atrás. Como todos los demás, ellos también consideraron que José era miembro de la realeza egipcia, y se dirigieron a él como a su señor. Sin embargo, José sí los reconoció.

Resumiendo, José ocultó su identidad, pero fue amable y misericordioso con sus hermanos llenándoles sus sacos de granos para que pudieran llevar bastante a su padre, Israel. Oportunamente, José les reveló su identidad y perdonó a sus hermanos, Gracias a José y su función como administrador del cereal, incontables vidas se salvaron de la hambruna y la muerte. Y protegió la PROMESA de Dios que la salvación venía de la dependencia de Abraham.

La historia del Antiguo Testamento es verídica y es una prefiguración de un José más grande aún que mantendría seguro a su Hijo, el Pan del Cielo, en Egipto, ¡San José protegió una comida capaz de salvar a todo el mundo!

San José, nuestro padre espiritual, es mucho más grande que el José del Antiguo Testamento. ¡Nuestro José fue el custodio del Pan del Cielo! ¡Su deseo en el Cielo es que todos sus hijos coman el Pan de Vida Eterna!

 

El primer José (del Antiguo Testamento) era santo, recto, piadoso, casto, pero este José lo sobrepasa en santidad y perfección, como el sol eclipsa la luna.

— San Lorenzo de Brindis

 

Dios envió a San José a Egipto para que de allí San José pudiera llevar el Pan de Vida a las naciones. San José salvó de Herodes a Nuestro Pan; lo protegió y lo cuidó en Egipto; y ahora él quiere que recibamos el Pan de Vida en la Santa Misa. A diferencia del de José en el Antiguo Testamento, el Pan Celestial de San José es más numeroso que las arenas del mar. Este Pan celestial puede alimentar a todas las multitudes y satisfacer a cada alma.

 

El Faraón, el poderoso rey de Egipto, exaltó a José y lo hizo el príncipe más encumbrado de su reino porque almacenó el trigo y el pan salvando a la gente de todo su reino, Así José salvó y protegió a Cristo que es el Pan vivo y da vida eterna al mundo.

— San Lorenzo de Brindis

 

El (San José) diligentemente crió a Aquel a quien los fieles recibirían como el Pan que bajó del Cielo para que pudieran obtener la vida eterna.

— Beato Papa Pío IX

 

Si quieres hacerte una idea de la grandeza de San José, considera que por un privilegio divino mereció el título de “Padre de Jesús”, dijo la Virgen: “Tu padre y yo te buscábamos” …

 

 Reflexiona también en lo que su propio nombre "José" significa: aumento. Teniendo en cuenta al gran patriarca José vendido por sus hermanos en Egipto, comprende que nuestro santo ha heredado no sólo su nombre, sino más aún, su poder, su inocencia y su santidad. Así como el patriarca José almacenó el trigo no para sí mismo sino para la gente en tiempo de necesidad, así José ha recibido la comisión celestial de custodiar el Pan Vivo no para sí mismo, sino para el mundo entero.

— San Bernardo de Claraval

 


Sin José no tendríamos el Pan Vivo de la Eucaristía. María "amasó la masa" en su sagrado vientre; San José amorosamente resguardó el Pan en Egipto, y continúa custodiando y preservando el Pan de Vida en cada tabernáculo del mundo. San José hizo posible que todos sus hijos recibieran el Pan de Vida eterna.

 

¡A (San) José se le sigue atribuyendo la custodia del Pan Vivo!

— ven. Fulton J. Sheen

 

Actualmente hay hambruna espiritual y moral en todo el mundo. Las almas están muriendo por falta de alimento espiritual. Los corazones están destrozados, los matrimonios arruinados, las vidas destruidas, los niños son asesinados en el vientre de sus madres, y la verdad y el sentido común son escasos. La hambruna espiritual y moral del mundo está devastando a todas las naciones y arrasando con la humanidad. No hay un solo país que no se haya visto afectado por eso. ¿Qué debemos hacer? ¿A quién podemos acudir para encontrar alimento para nuestras almas?

 

¡Vayan a José y hagan lo que él les diga!

— Gen 41, 55

 

P. Donald H. Calloway, MIC

jueves, 3 de febrero de 2022

Este es el libro que el demonio nunca quiso que se difundiera


Este es el libro que el demonio nunca quiso que se difundiera: En el pasado, el demonio intentó evitar la difusión del “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen (VD)” de San Luis María Grignon de Montfort, que propone un método de consagración a Jesucristo por medio de la Virgen María, que ha sido adoptado por grandes santos como San Juan Pablo II o San Pío X.

martes, 1 de febrero de 2022

HOMILIA La Presentación del Señor. Fiesta (02 de febrero de 2022)

La Presentación del Señor. Fiesta (02 de febrero de 2022) Primera: Malaquías 3, 1-4; Salmo: Sal 23, 7-10; Segunda: Hebreos 2, 14-18; Evangelio: Lucas 2, 22-40 


 Nexo entre las LECTURAS. Temas... Sugerencias… Aunque esta fiesta del 2 de febrero cae fuera del tiempo de navidad, es una parte integrante del relato de navidad. Es una chispa de fuego de navidad, es una epifanía del día cuadragésimo. Navidad, epifanía, presentación del Señor son tres paneles de un tríptico litúrgico. Es una fiesta antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV. Se celebraba allí a los cuarenta días de la fiesta de la epifanía, el 14 de febrero. La peregrina Eteria, que cuenta esto en su famoso diario, añade el interesante comentario de que se "celebraba con el mayor gozo, como si fuera la pascua misma"'. Desde Jerusalén, la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente. En el siglo VII, si no antes, había sido introducida en Roma. Se asoció con esta fiesta una procesión de las candelas. La Iglesia romana celebraba la fiesta cuarenta días después de navidad. Entre las iglesias orientales se conocía esta fiesta como "La fiesta del Encuentro" (en griego, Hypapante), nombre muy significativo y expresivo, que destaca un aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo. San Lucas narra el hecho en el capítulo 2 de su evangelio. Obedeciendo a la ley mosaica, los padres de Jesús llevaron a su hijo al templo cuarenta días después de su nacimiento para presentarlo al Señor y hacer una ofrenda por él. Esta fiesta comenzó a ser conocida en Occidente, desde el siglo X, con el nombre de Purificación de la bienaventurada virgen María. Fue incluida entre las fiestas de Nuestra Señora. Pero esto no era del todo correcto, ya que la Iglesia celebra en este día, esencialmente, un misterio de nuestro Señor. En el calendario romano, revisado en 1969, se cambió el nombre por el de "La Presentación del Señor". Esta es una indicación más verdadera de la naturaleza y del objeto de la fiesta. Sin embargo, ello no quiere decir que infravaloremos el papel importantísimo de María en los acontecimientos que celebramos. Los misterios de Cristo y de su madre están estrechamente ligados, de manera que nos encontramos aquí con una especie de celebración dual, una fiesta de Cristo y de María. La bendición de las candelas antes de la misa y la procesión con las velas encendidas son rasgos extraños de la celebración actual. El misal romano ha mantenido estas costumbres, ofreciendo dos formas alternativas de procesión. Es adecuado que, en este día, al escuchar el cántico de Simeón en el evangelio (Lc 2,22-40), aclamemos a Cristo como "luz para iluminar a las naciones y para dar gloria a tu pueblo, Israel". Significado de la fiesta. La fiesta de la Presentación celebra UNA LLEGADA Y UN ENCUENTRO; la llegada del anhelado Salvador, núcleo de la vida religiosa del pueblo, y la bienvenida concedida a él por dos representantes dignos de la raza elegida, Simeón y Ana. Por su provecta edad, estos dos personajes simbolizan los siglos de espera y de anhelo ferviente de los hombres y mujeres devotos de la antigua alianza. En realidad, ellos representan la esperanza y el anhelo de la raza humana. Al revivir este misterio en la fe, la Iglesia da de nuevo la bienvenida a Cristo. Ese es el verdadero sentido de la fiesta. Es la "Fiesta del Encuentro", el encuentro de Cristo y su Iglesia. Esto vale para cualquier celebración litúrgica, pero especialmente para esta fiesta. La liturgia nos invita a dar la bienvenida a Cristo y a su madre, como lo hizo su propio pueblo de antaño: "Oh Sión, adorna tu cámara nupcial y da la bienvenida a Cristo el Rey; abraza a María, porque ella es la verdadera puerta del cielo y te trae al glorioso Rey de la luz nueva". Al dramatizar de esta manera el recuerdo de este encuentro de Cristo con Simeón, la Iglesia nos pide que profesemos públicamente nuestra fe en la Luz del mundo, luz de revelación para todo pueblo y persona. En la bellísima introducción a la bendición de las candelas y a la procesión, el celebrante recuerda cómo Simeón y Ana, guiados por el Espíritu, vinieron al templo y reconocieron a Cristo como su Señor. Y concluye con la siguiente invitación: "Unidos por el Espíritu, vayamos ahora a la casa de Dios a dar la bienvenida a Cristo, el Señor. Le reconoceremos allí en la fracción del pan hasta que venga de nuevo en gloria". Se alude claramente al encuentro sacramental, al que la procesión sirve de preludio. Respondemos a la invitación: "Vayamos en paz al encuentro del Señor"; y sabemos que este encuentro tendrá lugar en la eucaristía, en la palabra y en el sacramento Entramos en contacto con Cristo a través de la liturgia; por ella tenemos también acceso a su gracia. San Ambrosio escribe de este encuentro sacramental en una página insuperable: "Te me has revelado cara a cara, oh Cristo. Te encuentro en tus sacramentos". Función de María y la maravillosa presencia de san José. La fiesta de la presentación es, como hemos dicho, una fiesta de Cristo antes que cualquier otra cosa. Es un misterio de salvación. El nombre "presentación" tiene un contenido muy rico. Habla de ofrecimiento, sacrificio. Recuerda la auto oblación inicial de Cristo, palabra encarnada, cuando entró en el mundo: "Heme aquí que vengo a hacer tu voluntad". Apunta a la vida de sacrificio y a la perfección final de esa auto oblación en la colina del Calvario. Dicho esto; tenemos que pasar a considerar el papel de María en estos acontecimientos salvíficos. Después de todo, ella es la que presenta a Jesús en el templo; o, más correctamente, ella y su esposo José, pues se menciona a ambos padres. Y preguntamos: ¿Se trataba exclusivamente de cumplir el ritual prescrito, una formalidad practicada por muchos otros matrimonios? ¿O encerraba una significación mucho más profunda que todo esto? Los padres de la Iglesia y la tradición cristiana responden en sentido afirmativo. Para María y para san José, la presentación y ofrenda de su hijo en el templo no era un simple gesto ritual. Indudablemente, ellos no eran conscientes de todas las implicaciones ni de la significación profética de este acto. Fue un acto de ofrecimiento verdadero y consciente. Significaba que ofrecían a su Hijo para la obra de la redención con la que él estaba comprometido desde un principio. Renunciaba a sus derechos y a toda pretensión sobre él; y lo ofrecían a la voluntad del Padre. San Bernardo ha expresado muy bien esto: "Ofrece a tu hijo, santa Virgen, y presenta al Señor el fruto bendito de tu vientre. Ofrece, para reconciliación de todos nosotros, la santa Víctima que es agradable a Dios'. Hay un nuevo simbolismo en el hecho de que María pone a su Hijo en los brazos de Simeón. Al actuar de esa manera, ella no lo ofrece exclusivamente al Padre, sino también al mundo, representado por aquel anciano. De esa manera, ella representa su papel de madre de la humanidad, y se nos recuerda que el don de la vida viene a través de María. Existe, también, una conexión entre este ofrecimiento y lo que sucederá en el Gólgota cuando se ejecuten todas las implicaciones del acto inicial de obediencia de María: "Hágase en mi según tu palabra". Por esa razón, el evangelio de esta fiesta cargada de alegría no nos ahorra la nota profética punzante: "He aquí que este niño está destinado para ser caída y resurgimiento de muchos en Israel; será signo de contradicción, y una espada atravesará tu alma, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones" (Lc 2,34-35). El encuentro futuro. La fiesta de hoy no se limita a permitirnos revivir un acontecimiento pasado, sino que nos proyecta hacia el futuro. Prefigura nuestro encuentro final con Cristo en su segunda venida. San Sofronio, patriarca de Jerusalén desde el año 634 hasta su muerte, acaecida en el año 638, expresó esto con elocuencia: "Por eso vamos en procesión con velas en nuestras manos y nos apresuramos llevando luces; queremos demostrar que la luz ha brillado sobre nosotros y significar la gloria que debe venirnos a través de él. Por eso corramos juntos al encuentro con Dios". La procesión representa l
a peregrinación de la vida misma. El pueblo peregrino de Dios camina penosamente a través de este mundo del tiempo, guiado por la luz de Cristo y sostenido por la esperanza de encontrar finalmente al Señor de la gloria en su reino eterno. El sacerdote dice en la bendición de las candelas: "Que quienes las llevamos para ensalzar tu gloria caminemos en la senda de bondad y vengamos a la luz que brilla por siempre". La candela (vela) que sostenemos en nuestras manos recuerda la vela de nuestro bautismo. Y la admonición del sacerdote dice: "Ojalá guarden la llama de la fe viva en sus corazones. Que cuando el Señor venga salgan a su encuentro con todos los santos en el reino celestial". Este será el encuentro final, la presentación postrera, cuando la luz de la fe se convierta en la luz de la gloria. Entonces será la consumación de nuestro más profundo deseo, la gracia que pedimos en la poscomunión de la Misa: “Por estos sacramentos que hemos recibido, llénanos de tu gracia, Señor, tú que has colmado plenamente la esperanza de Simeón; y así como a él no le dejaste morir sin haber tenido en sus brazos a Cristo, concédenos a nosotros, que caminamos al encuentro del Señor, merecer el premio de la vida eterna”.

lunes, 31 de enero de 2022

HOMILIA P. ANGEL Domingo Quinto del TIEMPO ORDINARIO cC (06 de febrero de 2022)

Primera: Isaías 6, 1-2a. 3-8; Salmo: Sal 137, 1-5. 7c-8; Segunda: 1Corintios 15, 1-11; Evangelio: Lucas 5, 1-11 Nexo entre las LECTURAS El misterio de la libre y gratuita elección de Dios está presente en las tres lecturas litúrgicas. Isaías es elegido durante una acción litúrgica en el templo de Jerusalén: “Oí la voz del Señor que me decía: ¿A quién enviaré?” (primera lectura). Pedro, por su parte, percibe la elección divina en el misterio de su oficio de pescador: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” (evangelio). Finalmente, Pablo evoca la aparición de Jesús resucitado, camino de Damasco, a él, “el menor de los apóstoles... pero por la gracia de Dios soy lo que soy”, aparición que sigue siendo viva y cierta en cada celebración de la Eucaristía (segunda lectura). Con el salmista la Iglesia nos invita a cantar y alabar a Dios por su “amor y fidelidad” acompañando a los que Él llama. Temas... Historias de Envío. El tema central de las lecturas de hoy es el envío, que literalmente significa: ser puesto en el camino. Tres cosas conviene reflexionar en este Domingo: quién envía, a quiénes envía, y qué caminos los envía. Empecemos sin embargo por los enviados. En la primera lectura se trata de Isaías, que se reconoce como "hombre de labios impuros", en el evangelio los llamados son unos pescadores sin mucho éxito. En esos personajes quedan bien representadas las dos grandes limitaciones humanas: el pecado y la insuficiencia o impotencia. Isaías se ve obligado a reconocer su situación de pecado ante la luz deslumbrante de Dios que lo llama. Los pescadores de Galilea, en cambio, no han obrado mal, sino que sencillamente no han sabido o no han podido lograr lo que querían. Solemos decir: no se les dieron las cosas. Si uno lo piensa bien, también el pecado es una clase de insuficiencia, aunque interna. Pecamos porque no soportamos el peso del camino. Queremos encontrar un atajo hacia la felicidad o asegurar que sí valemos, que nuestras cosas importan, que nuestras fuerzas y deseos pueden imponerse. Todas estas limitaciones de los que son enviados terminan por producir extrañeza: ¿por qué el Dios que todo lo puede quiere valerse de instrumentos tan frágiles, tan chatos, tan proclives al error y tan capaces de traición? La pregunta se hace más aguda si uno piensa en las historias vocacionales, a veces de final triste, que uno conoce en la Iglesia. Dios, que envía. Esa pregunta que Dios se hace en el pasaje que oímos de Isaías tiene una tensión y una profundidad inmensas. He aquí a Dios que pregunta: "¿A quién enviaré?" No le falta amor, pero sí le falta quién le ayude. Todos necesitan y es tanta su necesidad, que pocos están dispuestos para aliviar la necesidad de otros. El resultado es que Dios se queda como sin ayuda. Bueno, ¿y no podría Dios resolverlo todo, sanarlo todo, completarlo todo por sí mismo? Sí podría, pero a precio de negar uno de los rasgos que Él mismo quiso imprimir en su creatura racional, a saber, su dimensión social. Dios mismo nos creó capaces de interactuar unos con otros. Si Dios, sin intervención de ninguna otra causa, atendiera Él mismo a todas las necesidades y dolencias de cada ser humano, habría una dolencia y carencia que se quedaría sin atender, a saber, la carencia de amor y servicio entre nosotros. Esa parte nuestra quedaría enferma o atrofiada si nunca se diera el caso de que un ser humano sirve con genuina caridad a otro. Así pues, al crearnos como seres en sociedad, Dios en parte eligió tener que buscar "ayuda" en el ser humano para levantar y redimir al mismo ser humano. El Camino al que somos Enviados. Isaías grita: "¡Envíame a mí!" Sus labios han sido purificados por una brasa del santuario y por el ministerio de un Ángel, y siente en su corazón urgencia de servir. Quiere ser puesto en camino, aunque todavía no conoce ese camino. Algo parecido sucede en el evangelio de hoy: aquellos pescadores lo dejaron "todo", y lo siguieron. Quizá sabían lo que dejaban, pero en todo caso no parece que supieran exactamente lo que encontrarían. Parece ser ésta una ley del llamado que Dios hace. También Abraham, en Génesis 12, es llamado por Dios, y es puesto en camino, aunque de ese camino lo único que sabe es que Dios se lo mostrará (Génesis 12,1). Y en realidad eso es lo único que importa del camino: que Dios lo conoce bien. No interesa tanto saber por dónde voy sino con quién voy. Sugerencias... En la historia de la salvación aparece claro que Dios ha querido salvar a los hombres por medio (con la ayuda) de otros hombres. El único Salvador es Dios, pero los hombres somos sus manos para distribuir la salvación a todos los que la pidan, somos sus labios para predicar (la salvación) en las miles de lenguas de nuestro planeta, somos sus pies para llevarla a todos los rincones de la tierra, sobre todo allí donde todavía no la conocen, aunque la anhelen vivamente. ¡Es un gesto inmenso de la misericordia de Dios para con la humanidad… un gesto de su infinito amor hasta hacerse mendigo del hombre! Dios mendiga de ti, sacerdote o laico, religioso o voluntario, misionero o misionera, quiere que le ayudes: ¿vas a ayudar? ¿eh? Dios mendiga de ti, joven, tu juventud para ofrecer su salvación a los jóvenes del mundo, y quizás no sólo tu juventud, sino toda tu vida para salvar al hombre, para liberarlo de sí mismo, para ennoblecer su vida de hijo de Dios. Dios mendiga de ti, adulto, tu adultez, en el estado de vida en que te halles, para que colabores con Él en la salvación de ti mismo, en la salvación de quienes viven en tu entorno familiar, profesional, social, cultural. Dios mendiga de ti, jubilado, anciano, tu tiempo, tu experiencia humana y espiritual, tu sabiduría de la vida, para que la transmitas a los demás, para que contribuyas a construir un mundo más humano y más cristiano. ¿Escucharemos los hombres el grito de Dios que pide nuestra ayuda? Recemos especialmente por el aumento de las vocaciones. Nuestra Señora del SI, ruega por nosotros.

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...