domingo, 8 de mayo de 2022

HOMILIA DOMINGO QUINTO DE PASCUA cC (15 de mayo 2022)

 DOMINGO QUINTO DE PASCUA cC (15 de mayo 2022)

Primera: Hechos 14, 21b-27; Salmo: Sal 144, 8-13a; Segunda: Apocalipsis 21, 1-5a; Evangelio: Juan 13, 31-33a. 34-35
Nexo entre las LECTURAS
La Iglesia nace de la Pascua. En este Domingo los textos litúrgicos pueden ‘concentrarse’ en torno al tema de la Iglesia como Pueblo convocado por Dios para recibir su AMOR y dar a todos este AMOR. Ante todo, en el evangelio se nos ofrece la caridad, el amor, como sustancia, como centro de la Iglesia (Amoris Laetitia): "En eso conocerán que son mis discípulos". Esta Iglesia, amor y comunión, se realiza históricamente en las pequeñas comunidades de los orígenes cristianos, por ejemplo, en las comunidades fundadas por Pablo y Bernabé durante su primer viaje misionero (primera lectura). La Iglesia, nuestra Iglesia recibe un impulso de Dios para que practique la CARIDAD hasta llegar a la Iglesia Celeste, morada definitiva, comunión plena con Dios  y entre los hombres salvados (segunda lectura). El salmista nos muestra el amor-misericordia del Padre: “El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas”, mientras lo rezamos pedimos la gracia de ser misericordiosos (amor) como el Padre.
Temas...
La Pascua sigue ascendiendo. Hace cuatro semanas que inauguramos la gran fiesta cristiana: la Pascua. Nos quedan todavía tres para concluirla con Pentecostés (5 de junio). En el tono de nuestras celebraciones -y de nuestra vivencia espiritual fuera de ellas- se debe seguir notando que celebramos Pascua, que nos estamos dejando «contagiar» de su energía y de la novedad de su Espíritu en esta Pascua del 2022, aún con la marca de la guerra y de la pandemia del covid.
Primavera universal. Primavera espiritual. Para ejemplo, un paralelo interesante: No nos cansamos de ver florecer la naturaleza, que florece, no por mera poesía, sino de cara a la madurez y los frutos del verano. No nos debemos cansar tampoco de la primavera de la Pascua -crecer en fe, en esperanza, en entrega por los demás, en novedad de vida- que nos quiere conducir hacia Pentecostés, la plenitud de los frutos del Espíritu, para que así quedemos llenos de fuerza para el resto del año.
A muchos cristianos nos ayudará, también, el recuerdo de la Virgen en este mes de mayo, Luján y Fátima y viene la Auxiliadora y la Visitación. Ella aparece ante la comunidad cristiana como el mejor fruto de la Pascua del Señor, la que se dejó llenar de su nueva existencia, la totalmente disponible al Espíritu. Si María de Nazaret aparece como la que mejor celebró el Adviento y la Navidad, también es la que más cerca estuvo de su Hijo en el camino de la Cruz y en la alegría de su Pascua. Ella es la Maestra de Pascua y de Pentecostés para la comunidad cristiana de todos los tiempos.
Pascua: opción por el optimismo. La historia de cada uno y de la lglesia -como también de la sociedad en la que vivimos- puede no ser demasiado consoladora en estos momentos. A muchos, por ejemplo, les produce dolor contemplar la increencia que se ha adueñado de la sociedad, la dictadura del relativismo, la locura de la guerra. Otros tienen problemas en la familia o en su propia vida personal. Sea cual sea nuestra situación, Pascua nos invita a hacer un «ejercicio» de visión positiva de la historia y de las personas.
Así parecen tratar de convencernos las lecturas de hoy:
-una comunidad que recibe de su Señor, en su despedida (a partir de hoy los evangelios serán de la Ultima Cena) la mejor de las herencias y de los distintivos: el amor fraterno,
-una comunidad, la apostólica (1ª lect.) que rebosa actividad y se siente satisfecha, a pesar del ambiente hostil en que se mueve, por lo que Dios está haciendo en ella: la apertura a los no creyentes, los frutos del trabajo misionero, y que tiene como perspectiva futura «un cielo nuevo y una tierra nueva», con un Dios cercano, que mora en medio de ella y que enjuga las lágrimas de todos (2a lect.).
En Pascua hay permiso para soñar. Pascua es un acto de fe en que sí es posible ese cielo nuevo y esa tierra nueva: porque el Señor ha resucitado, y su Espíritu actúa, y, por poco que le dejemos, quiere transformarnos a cada uno de nosotros, y a nuestras comunidades. Un voto de confianza a Dios. Un voto de confianza a la sociedad y a la Iglesia. Hay muchas fuerzas escondidas, medio dormidas, en las personas y en la comunidad, que sí pueden despertar y mejorar nuestra historia. De modo que la Pascua de Jesús sea este año 2022 un poco más la Pascua de su comunidad.
Claro que hay dificultades: «Hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios» (1ª lect.). Somos conscientes de ello. Pero a pesar de todo, seguimos haciendo opción por Pascua, porque hemos creído lo que ha dicho el que estaba sentado en el trono, Dios: «Ahora hago el universo nuevo», y lo que ha prometido: que enjugaría las lágrimas y nos llevaría a un reino futuro en que ya no habrá muerte ni luto ni llanto ni dolor. ¿En el futuro? ¿o ya desde ahora? La oración poscomunión pedirá que vivamos ya «desde ahora la novedad de la vida eterna».
Tareas realistas, camino de la imaginación. Todo esto no es una huida hacia delante. Es compromiso y tarea para la comunidad cristiana hoy y aquí, según las lecturas:
-el Maestro nos ha encomendado un testamento difícil, el amor fraterno: «que se amen unos a otros como él nos ha amado»; es el único camino hacia el ideal; si crecemos cada uno en verdadero amor por los demás, la Pascua ya se está cumpliendo;
-la primera comunidad aparecía corresponsable, unida, informada, sinodal: «reunieron a la comunidad y les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos»; comparten, se animan los unos a los otros; así se puede realizar lo que individualmente es imposible;
-en esa comunidad hay ministros que predican, viajan, fundan comunidades, presiden la oración: en este caso Pablo y Bernabé; ojalá nuestras comunidades estén animadas por ministros ordenados cada vez más numerosos y santos, en colaboración con toda la comunidad. Rezamos, cada vez más, por las Vocaciones.
Así es posible la utopía (ideal/imaginación de un futuro mejor). En medio de un mundo egoísta, unos cristianos que aman. En medio de una sociedad fragmentada, un espacio de fraternidad activa. Cuando todo invita al interés personal, nosotros queremos asumir el servicio de la animación de la comunidad y en la caridad. La Eucaristía debería ser como una fotografía de la comunidad pascual. Unas personas que creemos en Jesús, escuchamos su Palabra, oramos y cantamos, damos gracias y participamos en la mesa eucarística, que nos sentimos unidos y a la vez enviados misioneramente a mejorar este mundo. Y todo ello, animados visiblemente por los ministros ordenados que representan al Señor.
Sugerencias…
El verdadero rostro de la Iglesia. ¿Qué es lo que hace brillar ante los hombres el verdadero rostro de la Iglesia? Indudablemente la caridad, el amor y servicio. En una manera humana y tal vez no tan propia podemos decir que la Iglesia “docente” es necesaria pero que lo haga amando y sirviendo. La Iglesia que “celebra” los sacramentos es importantísima, pero que lo haga con amor misericordioso, que sea Iglesia Madre como lo es el Padre. La Iglesia en cuanto “institución”, será verdadera y creíble si es pobre y servidora. El verdadero rostro de la Iglesia nos lo da la Iglesia-Caridad, comunión, la Iglesia que realmente ama y se dedica a practicar el amor, la caridad, mediante todos y cada uno de sus hijos y para todos los hombres. Conocemos el canto que dice: "Donde reina la caridad y el amor, allí está Dios", frase que podría parafrasearse de otra manera: "Donde hay caridad y amor, ahí está la Iglesia". Esa caridad que en Dios tiene su manantial y en Dios termina su recorrido de amor por la vida de los hombres. Dios, alfa y omega (Vigilia Pascual) de la caridad… entre estos dos extremos, mostrados en el Cirio Pascual, se hallan todas las demás ‘consonantes y vocales’ con las cuales expresar de todo corazón nuestro amor a Dios y al prójimo. Es nuestra misión unir siempre la caridad con la fe, el dogma, la liturgia, las instituciones, para mostrar al mundo el rostro bello, genuino y verdadero de la Iglesia. Que nuestra manera de vivir sea el rostro de la caridad verdadera y del amor sincero. Recordemos, de nuevo, lo que san Pablo dice en el himno a la caridad: "Si no tengo caridad, nada soy".
María, Madre de Misericordia, ruega por nosotros.
San José, patrono de la Iglesia, ruega por nosotros.
P.ANGEL 

lunes, 2 de mayo de 2022

HOMILIA DOMINGO CUARTO DE PASCUA cC (8 de mayo 2022) GRACIAS PADRE ANGEL


 DOMINGO CUARTO DE PASCUA cC (8 de mayo 2022)

59 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Primera: Hechos 13, 14.43-52; Salmo: Sal 99, 1b-3. 5; Segunda: Apocalipsis 7, 9.14-17; Evangelio: Juan

10, 27-30

Nexo entre las LECTURAS

¡El Buen Pastor! Éste es el símbolo de Jesucristo que la liturgia del Cuarto Domingo de Pascua resalta y que

san Pablo VI, Papa, ha querido que presida en nuestras asambleas Litúrgicas rezando por las Vocaciones...

costumbre que han cuidado con esmero, afecto, devoción y compromiso los Papas que lo sucedieron en la

Sede de Pedro. Jesucristo es el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas (evangelio). Es el

Buen Pastor que a todos quiere salvar y a todos ofrece su vida (primera lectura). Es el Buen Pastor, que

apacienta a sus ovejas no sólo en esta tierra, sino también en el cielo, conduciéndolas a las fuentes de aguas

vivas (segunda lectura). Y nosotros somos y queremos ser su pueblo, las ovejas de su Rebaño (salmo).

Temas...

Las maravillas del Buen Pastor. En la historia de Israel se habla mucho de las maravillas de Dios, de los

grandes portentos que Dios hizo en favor de su pueblo. Es legítimo hablar también de las maravillas del

Buen Pastor. Veamos algunas que nos señalan los textos litúrgicos.

1) Yo conozco a mis ovejas. El carácter ‘comunitario y social’ de la fe, no disminuye, al contrario

acrecienta, el carácter personal de la relación del Buen Pastor con cada una de sus ovejas. Porque el conocer,

en la lengua hebrea, implica el amar, el desear el bien de la persona y procurárselo, el sentir afecto por ella.

Es decir, sólo se puede llegar a conocer a una persona en el ámbito de la relación íntima y personal. Cuando

el hombre es conocido de esa manera por Jesucristo, en virtud del carácter recíproco de toda relación

personal, entra también en el mundo de la intimidad de Jesucristo, le escucha con atención y le sigue con

fidelidad, alegría y agradecimiento. En el evangelio de san Juan, por otra parte, el conocer casi se identifica

con el creer. Jesucristo tiene confianza, se fía de sus ovejas, porque las ama y se siente amado por ellas. Y,

sobre todo, las ovejas confían en Cristo, y le confiesan como su Salvador y Señor.

2) Yo les doy vida eterna. El don más grande que Dios nos ha concedido es el de la Vida. Pero esta vida

dura unos años y luego... ¿reinará la muerte sobre el hombre? ¿volverá a la nada de la que Dios lo sacó al

crearle? Es una pregunta que encuentra respuesta en Cristo resucitado. Él es el Señor de la Vida, el Viviente.

Siendo Señor de la Vida, puede disponer de ella y darla a los que ama y confían en Él. Cristo nos hace

partícipes de su misma vida, la que no está sometida al dominio de la muerte, la vida eterna. En el

Apocalipsis leemos: "El Cordero (Cristo muerto y resucitado) que está en medio del trono los apacentará y

los conducirá a fuentes de aguas vivas". La vida eterna es la misma vida de Cristo, que ya está presente en

nosotros por el bautismo y por la gracia, y que adquirirá forma plena en el “más allá” de la existencia

terrena. Como la vida terrena es un don precioso del Padre, la vida bienaventurada es un don estupendo de

Cristo resucitado.

3) Nadie puede arrebatarme las ovejas. Ningún poder, humano, angélico, diabólico, está por encima del

poder de Cristo resucitado. Un poder (fortaleza) que Cristo ha recibido del Padre omnipotente. Querer

arrebatar a Jesucristo sus ovejas, equivaldría a arrebatárselas a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.

¡Algo absurdo! Los hombres pueden cortar el hilo de esta Vida, pero no pueden arrancar de las manos del

Padre el disponer de la vida eterna. Los ángeles, como nos enseña el catecismo, están al servicio de Dios:

"Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios" (CEC 329) y del hombre: "Desde la

infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión" (CEC 336). El

demonio, finalmente, aunque sea una criatura poderosa, por el hecho de ser espíritu puro, no puede impedir

la edificación del Reino de Dios, no puede arrebatar de las manos de Cristo a sus ovejas, porque "el poder de

Satán no es infinito" (CEC 395). Sólo y únicamente el hombre en su libertad puede escaparse del rebaño de

Cristo y sustraerse de las manos bondadosas del Padre. El texto de los Hechos de los Apóstoles da fe de ello:

"Los judíos se pusieron a rebatir con insultos las palabras de Pablo". ¡Qué poder tan tremendo el de la

libertad, que puede hacer inútiles las maravillas del Buen Pastor!

Sugerencias…

Una noticia que se propaga. El libro de los Hechos de los Apóstoles va recogiendo puntualmente los

grandes hitos en la propagación de la Palabra de Dios. Más que una historia de los apóstoles, como tal, es

una historia de la difusión del mensaje del Evangelio, ya sea a través de Pedro, del diácono Felipe o del

apóstol Pablo. La palabra se difunde como en círculos concéntricos, avanzando desde Jerusalén hasta los


confines del mundo, según la expresión que Nuestro Señor utiliza al principio de este mismo libro (Hch 1,8).

La palabra no va sola, sin embargo; le acompañan magníficas señales de la presencia y de la acción del

Espíritu Santo. No se trata de un avance sencillo ni suave ni fluido. Ya hemos tenido ocasión de ver cómo la

persecución va marcando el ritmo de vida y de ministerio de los apóstoles y de sus colaboradores. Pero la

persecución, ya desde el comienzo no es vista como una tragedia ni como un motivo de desaliento sino

como una señal de autenticidad, como un estímulo y también como un modo de reconocer la voluntad

misma de Dios. Esto contiene una preciosa enseñanza para nosotros.

De esta misma lectura es bueno destacar el papel de las mujeres, un tema que es tan frecuente en la obra de

Lucas. En el caso presente, son las "mujeres distinguidas" quienes tienen la capacidad de influencia directa

como para lograr la expulsión de los recién llegados evangelistas, Pablo y Bernabé. Mucho se habla de la

subordinación de las mujeres, pero ello no excluye, según vemos, que tuvieran poder real, para lo bueno o

para lo malo.

Vencedores de la Persecución. La segunda lectura continúa el tema de la persecución en una nueva clave:

el triunfo y la victoria son para los que han padecido. No hay victoria sin combate, no hay combate sin

privaciones, dolor, exclusión. El cristiano, alumbrado por la luz de la Pascua, sabe que las tinieblas no tienen

la última palabra pero sufre con la oscuridad, con la marginación, con las dudas que le pueden asaltar y con

las incomprensiones y amenazas que le sobrevengan. El Apocalipsis nos habla de "una multitud enorme que

nadie podía contar." Quizá no tenemos una idea tan optimista del cristianismo. Quizá pensamos que pocos,

muy pocos alcanzan la fidelidad y que sólo un número reducido puede cantar la victoria del Cordero

Pascual. Todo indica, sin embargo, que hay sorpresas y que por caminos que tal vez no comprendemos ni

imaginaríamos Dios va haciendo su obra sorprendente y va creando corazones llenos de amor a Él.

Buen Pastor. Ahora bien, el cristiano no apuesta en el vacío. Tiene siempre ante sus ojos al Buen Pastor, a

Cristo bendito, primero entre los perseguidos y rey de todos los mártires, que dijo de sus ovejas: "nadie

puede arrebatármelas." Y así se cumple, en realidad: el dolor de ser perseguidos no es más fuerte que el

amor de ser redimidos. Y es que en verdad, si el odio nos persigue y también nuestros propios pecados nos

persiguen, hay Uno que es Cristo, que nos "persigue" también. El pecado nos persigue para matarnos;

Cristo, para darnos vida eterna.

Así pues, Cristo es Pastor en este texto del evangelio, aunque es Cordero en el texto del Apocalipsis. El

pastor nos da la idea de alguien que dirige, alguien que tiene poder, de algún modo; el cordero nos sugiere la

idea de uno que se entrega, que se inmola. Aprendemos así cuál es el verdadero sentido del poder y de la

autoridad en la comunidad de los creyentes: sólo aquel que da su vida puede dar vida; sólo aquel que entrega

su ser marca con su entrega el ritmo y el caminar del rebaño.

Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente

con los dones de tu Espíritu, concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean

fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Ti y a la

evangelización. Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes una adecuada catequesis vocacional y

caminos de especial consagración. Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones de

modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso. Que María, Madre y educadora de Jesús,

interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo,

sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios. (Francisco)

lunes, 25 de abril de 2022

RECOMENDACION DE LIBRO "PARA SALVARTE"

  En estos días a través de las redes sociales, me encontré con un libro que quiero compartir con ustedes. Se trata de PARA SALVARTE evangelización católica del siglo xxi del Jesuita JORGE LORING . Verdaderamente un libro que impacta, transforma la mirada y te aseguro que querras recomendarlo a quienes buscan la VERDAD. 

These days through social networks, I came across a book that I want to share with you. This is TO SAVE YOU, a 21st-century Catholic evangelization by the Jesuit JORGE LORING. Truly a book that impacts, transforms the look and I assure you that you will want to recommend it to those who seek the TRUTH.


HOMILIA DOMINGO TERCERO DE PASCUA cC (1 de mayo 2022)


 DOMINGO TERCERO DE PASCUA cC (1 de mayo 2022)

PrimeraHechos 5, 27-32.40-41; Salmo: Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b; Segunda: Apocalipsis 5, 11-14; Evangelio: Juan 21, 1-19

Nexo entre las LECTURAS

Cada Domingo (como dicen los textos) debería ser, una experiencia de encuentro con el Señor, con consecuencias concretas en el estilo de vida durante toda la semana… y así todas las semanas del Año.

¿Quiénes somos la comunidad cristiana?:

a) somos unos creyentes –pecadores, pero creyentes– que nos reunimos cada primer día de la semana (el Domingo) en torno a Cristo Jesús;

b) escuchamos su Palabra y nos alimentamos de Él mismo, en el Pan y Vino consagrados;

c) alzamos la mirada hacia el Cielo, prefigurado en esa asamblea del Apocalipsis, que celebra con entusiasmo el triunfo del Señor, así nos unimos a sus himnos de victoria (por ejemplo, el Santo Santo Santo que lo cantamos en unión con los ángeles y los santos). Y a continuación…

d) nos sentimos «enviados» para vivir la Caridad en nuestras ocupaciones diarias, como signo profético en medio del mundo, para dar testimonio de esta «aparición pascual» de nuestro Señor, y ser, en nuestros ambientes, levadura, fermento y sal: un espacio de libertad, de esperanza y de entrega fraterna.

Signos, nosotros mismos, del Señor Resucitado. Si es así, echaremos las redes y no será en vano… y el mundo exclamará: ¡ES EL SEÑOR!

Las lecturas y los textos litúrgicos nos iluminan para seguir descubriendo lo que el Papa nos pide de la sinodalidad como estilo de vida de los cristianos.

 

Temas...

Aprender a Alabar. Este tiempo de Pascua es como una prolongada contemplación de la gloria de Cristo y de su victoria. El Señor vive, se ha levantado de entre los muertos, y como él mismo dijo está siendo realidad aquello de que una vez levantado nos atrae a todos hacia Sí. Cristo se levanta y con él el pueblo que confía en su Nombre; Cristo se levanta y su victoria da unidad a la creación ya renovada, para presentarla como ofrenda solemne en el Altar del cielo. Debemos poder afirmar que Pascua es el tiempo más propicio para reunir nuestras voces con los coros de los ángeles en el cielo. A todo lo largo de la Pascua descubrimos de manera nueva que no hay sino una Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, o mejor: el Cristo total, como gustaba de decir san Agustín de Hipona. Tal es la grandiosa visión de la que escuchábamos en el texto de la segunda lectura: “Y todas las criaturas del cielo y de la tierra, de debajo de la tierra y del mar, oí que también decían: Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos”.

Y así como durante la Cuaresma nos ejercitábamos en el ayuno y el arrepentimiento de nuestras culpas, ahora, llegada la Pascua, se nos invita a ejercitarnos en la alabanza y en la acción de gracias, porque una cosa es cierta: tanto necesita nuestro corazón aprender a alegrarse en el bien como necesita aprender a rechazar el mal.

Amor del bueno.

2.1 Los apóstoles ciertamente habían aprendido muy bien estas lecciones, pues, después de ser injusta y cruelmente azotados como oímos en la primera lectura de hoy, continúan con entereza en el anuncio gozoso del Reino. Fortalecidos por el don del Espíritu Santo, fueron capaces no sólo de dar testimonio sino de sufrir, e incluso gozarse en el sufrimiento, como un modo máximo de dar testimonio de Aquel que les concedía tal fortaleza y tal alegría. Todo, pues, depende de la calidad de amor que nos mueve, como lo muestra el evangelio de hoy. Tres veces negó Pedro a Jesús, cuando llegaba la hora suprema de la dolorosa Pasión; tres veces preguntó Jesús a Pedro si le amaba, cuando la tormenta había ya pasado. Aquel testimonio de amor tenía una razón de ser muy clara: sanar las heridas que habían causado el miedo, la vanidad y el orgullo.

Y de aquí podemos tomar una segunda lección muy importante sobre el sentido del tiempo pascual: buscar amor que sea digno de ese nombre. De hecho, el tiempo pascual es como un inmenso arco tendido entre la Resurrección del Señor y Pentecostés (5 de junio). Estos límites cronológicos tienen una razón de ser: tanto la resurrección como la efusión maravillosa del Espíritu Santo son las más grandes expresiones del amor que vence sobre el pecado y la muerte.

Sugerencias…

- Habían vuelto a la vida anterior y esto da a entender el clima de dispersión y de extravío que reinaba entre ellos. Les estaba siendo difícil comprender lo que había acontecido.

- Pero, cuando todo parecía acabado, nuevamente, como en el camino de Emaús, Jesús sale al encuentro de sus amigos. Esta vez los encuentra en el mar, lugar que hace pensar en las dificultades y las tribulaciones de la vida; los encuentra al amanecer, después de un esfuerzo estéril que había durado toda la noche. Su red estaba vacía. En cierto modo, eso parece el balance de su experiencia con Jesús: lo habían conocido, habían estado con él y él les había prometido muchas cosas. Y, sin embargo, ahora se volvían a encontrar con la red vacía de peces.

- Al alba, Jesús les sale al encuentro, pero ellos no lo reconocen inmediatamente. El "alba" en la Biblia indica con frecuencia el momento de intervenciones extraordinarias de Dios. Por ejemplo, en el libro del Éxodo, “llegada la vigilia matutina”, el Señor interviene “desde la columna de fuego y humo” para salvar a su pueblo que huía de Egipto. También al alba, María Magdalena y las demás mujeres que habían corrido al sepulcro, encuentran al Señor resucitado.

- Del mismo modo, en el pasaje evangélico nos recuerda que ya ha pasado la noche cuando el Señor dice a los discípulos, cansados de trabajar y decepcionados por no haber pescado nada: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Normalmente los peces caen en la red durante la noche, cuando está oscuro, y no por la mañana, cuando el agua ya es transparente. Con todo, los discípulos se fiaron de Jesús y el resultado fue una pesca milagrosamente abundante.

- En ese momento, Juan, iluminado por el amor, se dirige a Pedro y le dice: "Es el Señor". La mirada perspicaz del discípulo a quien Jesús amaba –icono del creyente– reconoce al Maestro presente en la orilla del lago. “Es el Señor”: esta espontánea profesión de fe es, también para nosotros, una invitación a proclamar que Cristo resucitado es el Señor de nuestra vida.

- Rezamos para que la Iglesia que está en… (cada uno puede hacer referencia a su propia persona o comunidad) repita con el entusiasmo de Juan: Jesucristo “es el Señor”. Ojalá que la comunidad escuche al Señor que nos repite: “Echa la red, Iglesia de … , y encontrarás”. En efecto, el Señor ha venido a cada uno y a todos, sobre todo, para animaros a ser testigos valientes de Cristo y no de manera individual sino, sinodalmente (Francisco).

- La confiada adhesión a su palabra es lo que hará fecundos los esfuerzos pastorales y los personales de vivir mas y mejor la fe. Cuando el trabajo en la viña del Señor parece estéril, como el esfuerzo nocturno de los Apóstoles, no conviene olvidar que Jesús es capaz de cambiar la situación en un instante.

- La página evangélica nos recuerda que (a) debemos comprometernos en las actividades pastorales como si el resultado dependiera totalmente de nuestros esfuerzos. Pero, por otra, nos hace comprender que (b) el auténtico éxito de nuestra misión es totalmente don de la gracia.

- En los misteriosos designios de su sabiduría, Dios sabe cuándo es tiempo de intervenir. Y entonces, como la dócil adhesión a la palabra del Señor hizo que se llenara la red de los discípulos, así también en todos los tiempos, incluido el nuestro, el Espíritu del Señor puede hacer eficaz la misión de la Iglesia en el mundo.

María, Virgen y Madre, ruega por nosotros y acompáñanos en la misión… ven con nosotros a caminar…

lunes, 18 de abril de 2022

HOMILIA II DOMINGO DE PASCUA o DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA cC (24 de abril 2022)

 

II DOMINGO DE PASCUA o DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA cC (24 de abril 2022)

Primera: Hechos 5, 12-16; Salmo: Sal 117, 2-4. 22-27a; Segunda: Apocalipsis 1, 9-11.12-13.17-19; Evangelio: Juan 20, 19-31

Nexo entre las LECTURAS

Cristo, "el Viviente" "el Misericordioso". Así lo "ve" san Juan en el Apocalipsis y en el Evangelio. También a nosotros, hoy, en este Domingo que san Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, el Señor nos muestra que es misericordioso, y uno de los signos son sus llagas, como el amor paciente a los discípulos, en especial a Tomás. Bien, son llagas de misericordia. «Por sus llagas fuimos sanados» (Is 53,5), decía la liturgia del Viernes Santo. Jesús nos invita a mirar sus llagas, nos invita a tocarlas, como a Tomás, para sanar nuestra incredulidad y nuestras llagas. Nos invita, sobre todo, a entrar en el misterio de sus llagas, para que obtengamos misericordia y seamos misericordiosos con los demás. Así lo experimentan los primeros cristianos de Jerusalén e iniciaron una cadena de misericordia que está llegando hasta nuestros días y seguirá presente hasta el fin de los tiempos.

"Yo soy el que vive; estuve muerto, pero ahora vivo para siempre" dice el Hijo de hombre a san Juan en la visión (segunda lectura). El Viviente se aparece a los discípulos atemorizados para infundirles paz, encomendarles la misión y otorgarles el Espíritu (Evangelio). El Viviente, el Misericordioso continúa operando signos y prodigios en medio del pueblo por medio de los apóstoles (primera lectura) y nos invita a ser testigos delante de todos… como dice el salmista: Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor!

Pedimos que lo puedan experimentar los muchos sufrientes del mundo de hoy, en especial los pueblos de Ucrania y Rusia.

Temas... Sugerencias… (acompañados por san Juan Pablo II)

"No temas:  yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto, y ya ves, vivo por los siglos de los siglos" (Ap 1, 17-18). En la segunda lectura, tomada del libro del Apocalipsis, hemos escuchado estas consoladoras palabras, que nos invitan a dirigir la mirada a Cristo, para experimentar su tranquilizadora presencia. En cualquier situación en que nos encontremos, aunque sea la más compleja y dramática, el Resucitado nos repite a cada uno:  "No temas"; morí en la cruz, pero ahora "vivo por los siglos de los siglos"; "yo soy el primero y el último, yo soy el que vive". Cuánta necesidad tenemos de volver a escuchar estas palabras en la intimidad de un encuentro con Él para tener fuerza y valentía (coraje) para la entrega diaria y testimoniar la fe. Él nos dice: "El primero", es decir, la fuente de todo ser y la primicia de la nueva creación; "el último", el término definitivo de la historia; "el que vive", el manantial inagotable de la vida que ha derrotado la muerte para siempre. En el Mesías crucificado y resucitado reconocemos los rasgos del Cordero inmolado en el Gólgota, que implora el perdón para sus verdugos y abre a los pecadores arrepentidos las puertas del cielo; vislumbramos el rostro del Rey inmortal, que tiene ya "las llaves de la muerte y del infierno" (Ap 1, 18).

"Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia" (Sal 117, 1). Hagamos nuestra la exclamación del salmista, que hemos cantado en el Salmo responsorial:  la misericordia del Señor es eterna. Para comprender a fondo la verdad de estas palabras, dejemos que la liturgia nos guíe al corazón del acontecimiento salvífico, que une la muerte y la resurrección de Cristo a nuestra existencia y a la historia del mundo. Este prodigio de misericordia ha cambiado radicalmente el destino de la humanidad. Es un prodigio en el que se manifiesta plenamente el amor del Padre, el cual, con vistas a nuestra redención, no se acobarda ni siquiera ante el sacrificio de su Hijo unigénito.

Tanto los creyentes como los no creyentes pueden ‘admirar’ en el Cristo humillado y sufriente una solidaridad sorprendente, que lo une a nuestra condición humana más allá de cualquier medida imaginable. La cruz, incluso después de la resurrección del Hijo de Dios, "habla y no cesa nunca de decir que Dios-Padre es absolutamente fiel a su eterno amor por el hombre. (...) Creer en ese amor significa creer en la misericordia".

Queremos dar gracias al Señor por su amor, que es más fuerte que la muerte y que el pecado. Ese amor se revela y se realiza como misericordia en nuestra existencia diaria, e impulsa a todo hombre a tener, a su vez, "misericordia" hacia el Crucificado. ¿No es precisamente amar a Dios y amar al próximo, e incluso a los "enemigos", siguiendo el ejemplo de Jesús, el programa de vida de todo bautizado y de la Iglesia toda?

Con estos sentimientos, celebramos el II domingo de Pascua, que desde el gran jubileo, se llama también domingo de la Misericordia divina. El mensaje que anunciamos constituye la respuesta adecuada y decisiva que Dios quiso dar a los interrogantes y a las expectativas de los hombres de nuestro tiempo, marcado por enormes tragedias (pensemos en la cuarentena y en la guerra… y mucho otros dolores). Un día Jesús nos dijo por medio de sor Faustina:  "La humanidad no encontrará paz hasta que se dirija con confianza a la misericordia divina". ¡La misericordia divina! Este es el don pascual que la Iglesia recibe de Cristo resucitado y que ofrece a la humanidad, en los comienzos del tercer milenio.

El evangelio, que acabamos de proclamar, nos ayuda a captar plenamente el sentido y el valor de este don. El evangelista san Juan nos hace compartir la emoción que experimentaron los Apóstoles durante el encuentro con Cristo, después de su resurrección. Nuestra atención se centra en el gesto del Maestro, que transmite a los discípulos temerosos y atónitos la misión de ser ministros de la misericordia divina. Les muestra sus manos y su costado con los signos de su pasión, y les comunica:  "Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". E inmediatamente después "exhaló (sopló) su aliento sobre ellos y les dijo:  "Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengan les quedan retenidos". Jesús les confía el don de "perdonar los pecados", un don que brota de las heridas de sus manos, de sus pies y sobre todo de su costado traspasado. Desde allí una ola de misericordia inunda toda la humanidad. Revivamos este momento con gran intensidad espiritual. También a nosotros el Señor nos muestra hoy sus llagas gloriosas y su corazón, manantial inagotable de luz y verdad, de amor y perdón.

¡El Corazón de Cristo! Su "Sagrado Corazón" ha dado todo a los hombres:  la redención, la salvación y la santificación. De ese Corazón rebosante de ternura, santa Faustina vio salir dos haces de luz que iluminaban el mundo. "Los dos rayos -como le dijo el mismo Jesús- representan la sangre y el agua". La sangre evoca el sacrificio del Gólgota y el misterio de la Eucaristía; el agua, según la rica simbología del evangelista san Juan, alude al bautismo y al don del Espíritu Santo. A través del misterio de este Corazón herido, no cesa de difundirse también entre los hombres y las mujeres de nuestra época el flujo restaurador del amor misericordioso de Dios. Quien aspira a la felicidad auténtica y duradera, sólo en Él puede encontrar su secreto.

"Jesús, en ti confío". Esta jaculatoria, que rezan numerosos devotos, expresa muy bien la actitud con la que también nosotros queremos abandonarnos con confianza en tus manos, oh Señor, nuestro único Salvador. Tú ardes del deseo de ser amado, y el que sintoniza con los sentimientos de tu corazón aprende a ser constructor de la nueva civilización del amor. Un simple acto de abandono basta para romper las barreras de la oscuridad y la tristeza (Francisco, Vigilia Pascual 2022), de la duda y la desesperación. Los rayos de tu misericordia divina devuelven la esperanza, de modo especial, al que se siente oprimido por el peso del pecado.

María, Madre de misericordia, haz que mantengamos siempre viva esta confianza en tu Hijo, nuestro Redentor. Ayúdanos también tú, santa Faustina, que hoy recordamos con particular afecto. Fijando nuestra débil mirada en el rostro del Salvador divino, queremos repetir contigo:  "Jesús, en ti confío". Hoy y siempre.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío…

P. ANGEL 




miércoles, 13 de abril de 2022

HOMILIA DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR MISA DEL DIA... P. ANGEL

 DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR


MISA DEL DÍA (Domingo 17 de abril 2022)

PrimeraHechos 10, 34.37-43; Salmo: Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23; Segunda: 1Corintios 5, 6b-8; Evangelio: Juan 20, 1-9

Nexo entre las LECTURAS

Cristo resucitado es el mensaje central de la liturgia de Pascua. Ante todo, Jesucristo resucitado, como objeto de fe, ante la evidencia del sepulcro vacío: "vio y creyó" (evangelio). Cristo resucitado, objeto de proclamación y de testimonio ante el pueblo: "A Él, a quien mataron colgándolo de un madero, Dios lo resucitó al tercer día" (primera lectura). Cristo resucitado, objeto de transformación, levadura nueva y ácimos de sinceridad y de verdad: "Sean masa nueva, como panes pascuales que son, pues Cristo, que es nuestro cordero pascual, ha sido ya inmolado" (segunda lectura).

Temas...

El amor nos hace ver a Jesús.

El evangelio de hoy es un signo de Juan que nos hace descubrir qué necesitamos para «ver» a Jesús en su nueva dimensión de Hombre Nuevo. Es el primer día de la semana, aún de madrugada, casi a oscuras, cuando la fe aún no ha iluminado nuestro día. Estamos, como la Magdalena, confusos y llorosos, mirando con miedo el vacío de una tumba. Ese vacío interior que a veces nos invade: cansancio de vivir, acciones sin sentido, rutina. El vacío que se nos produce cuando estamos en crisis y los esquemas antiguos ya no tienen respuesta; cuando sentimos que tal acontecimiento o nueva manera de proponer la enseñanza de siempre nos quita eso seguro a lo que estábamos aferrados. Cuando tomamos conciencia de ello, nos asustamos, creyendo que se derrumba nuestro mundo bien armado.

¿Y Jesús? ¿Dónde está? Nos lo han robado, justamente a nosotros que creíamos tenerlo tan seguro, tan bien «conservado». Habíamos ‘conquistado’ a Jesús con nuestras categorías mentales, con un cierto modo muy definido de vivir, como si el tiempo se hubiera detenido para que nosotros pudiéramos gozar y recrearnos indefinidamente en ese mundo ya hecho y terminado y ya cristiano. Pero sobreviene la crisis (recordemos la cuarentena, tengamos presente la guerra), cae ese mundo y Cristo parece desaparecer... Entonces pedimos ayuda, y Pedro y Juan comienzan a correr... ¿Será posible que Jesús no esté allí donde lo habíamos dejado debajo de una pesada piedra? Jesús ¿está en otro lugar donde acostumbraba a verlo y como lo veía?

Es la pregunta de la comunidad cristiana, atónita cuando algo nuevo sucede en el mundo o en la Iglesia, y debe recomponer sus esquemas. Pedro y Juan se largan a la carrera. Pedro, sería como lo institucional de la Iglesia. Juan, como el carismático, el amor, el íntimo. El amor corre más ligero y llega antes, pero deja paso a la potestad para que investigue y averigüe qué ha pasado. Pedro observa con detenimiento todo, pero no comprende. Mas Juan, el discípulo «a quien Jesús amaba», el que había estado a los pies de la cruz en el momento en que todos abandonaron al Maestro, el que vio cómo de su corazón salía sangre y agua, el que recibió a María como madre..., el Juan que compartió el dolor de Cristo, «vio y creyó». Entrevió lo que había pasado porque el amor lo había abierto más al pensamiento de Jesús. Pedro siempre había resistido a la cruz y al camino de la humillación; el orgullo lo había turbado y no se decidía a romper sus esquemas galileos. Pero tiempo más tarde, cuando junto al lago de Genesaret Jesús le exija el triple testimonio de amor: "¿Me amas más que éstos?", y le proponga seguirlo por el mismo derrotero que conduce a la cruz, entonces Pedro será recuperado y no solamente creerá, sino que –como hemos leído en la primera lectura– dará testimonio de ese Cristo resucitado que "había comido y bebido con él después de la resurrección".

La lección del Evangelio parece clara: sólo el amor puede hacernos ver a Jesús en su nueva dimensión; sólo quien primero acepta su camino de renuncia y de entrega, puede compartir su vida nueva. Inútil es, como Pedro, investigar, hurgar entre los lienzos, buscar explicaciones. La fe en la Pascua es una experiencia sólo accesible a quienes escuchan el Evangelio del amor y lo llevan a la práctica… escuchar – practicar – enseñar a otros a hacer lo mismo.

El grano de trigo debe morir para dar fruto. Si no amamos, esta Pascua es vacía como aquella tumba. Si esta Pascua no nos hace más hermanos, sus palabras no son verdad. Si esta comunidad no vive y crece en el amor, si no pasa «haciendo el bien y curando a los oprimidos» (primera lectura), ¿cómo pretenderá dar testimonio de Cristo? ¿Y cómo lo podrá ver y encontrar si Cristo sólo está donde "dos o tres se reúnen en mi nombre"?

Sugerencias...

La Pascua, levadura del mundo.

El breve mensaje de Pablo (segunda lectura) sirve de magnífico cierre para estas meditaciones de cuaresma y semana santa. «Basta un poco de levadura para fermentar toda la masa.» No es tema de esta noche (ni debe serlo) una estadística acerca de cuántos somos los cristianos en el mundo, es decir, los bautizados. Lo que importa es cómo vivimos esa fe –y aquí no podemos hacer estadísticas–, si como levadura vieja o nueva. Hace un poco más de dos mil años, un pequeño grupo de hombres y mujeres, conscientes de la Presencia viva de Cristo y llenos de su Espíritu, se metieron sigilosamente en la gran “masa humana”, colocando en ella la nueva levadura de la Pascua. Ya conocemos los resultados.

Hoy los cristianos somos de nuevo un escaso grupo, aunque numéricamente grande, en proporción al mundo moderno y sus problemas. Pero no es esa la cuestión que debe ocuparnos. El interrogante es otro: ¿Qué significamos para el mundo de hoy? ¿Qué nueva levadura aportamos? ¿Qué representará para los hombres de este 2022 el que nosotros estemos celebrando una Pascua más? Pablo nos invita a celebrarla «con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad». Quizá sea éste nuestro camino y el mejor aporte a un mundo corrompido por tantas mentiras y contradicciones. Prediquemos el mensaje de la verdad con una vida nueva, amasada de sinceridad... Bastará un poco. y con el tiempo fermentará toda la masa (Santa Teresa de Calcuta).

María, Reina de los Apóstoles, Madre Misionera, ruega por nosotros.

HOMILIA DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 16 de abril 2022) GENTILEZA P. ANGEL


 DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 16 de abril 2022)

PrimeraÉxodo 14, 15 – 15, 1; Salmo: Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23; Segunda: Romanos 6, 3-11; Evangelio: Lucas 24, 1-12

Nexo entre las LECTURAS

Los libros históricos nos han presentado la creación del mundo y del hombre. Ahora es el nuevo Adán, el Hombre verdadero, el que centra nuestra atención. La fe de Abrahán, dispuesto a sacrificar a su hijo, es figura del Cristo que se ha entregado por salvar a todos. Dios salvó a su pueblo de la esclavitud: el paso del Mar Rojo nos prepara para comprender el paso de Cristo a través de la muerte a la nueva existencia, liberándonos a todos. Los profetas, en sus cuatro lecturas, nos han dicho palabras de esperanza y estímulo: los reuniré, les daré un corazón nuevo, los purificaré, serán mi pueblo, los amaré con misericordia eterna, los llenaré de toda clase de bienes... Y, sobre todo, Lucas nos anuncia la gran noticia de la Resurrección y san Pablo su actualización sacramental en el Bautismo, por el que nosotros mismos hemos sido sumergidos en la nueva existencia de Cristo… misterio que celebramos en la EUCARISTÍA, Cristo VIVO y PRESENTE.

Temas...

«Recordaron sus palabras». Las mujeres, que van al sepulcro de madrugada con sus aromas, encuentran corrida la piedra; entran al sepulcro, pero no encuentran al que buscan. Están «desconcertadas» porque lo que allí encuentran no tiene sentido para ellas, ni humano, ni sobrenatural. Lo mismo le ocurrirá a Pedro cuando acuda al sepulcro tras oír lo que cuentan las mujeres. Todo ello muestra cuán inconcebibles seguían siendo para todos, incluso para los muy dispuestos y receptivos, las palabras de Jesús a propósito de su resurrección al tercer día. El hombre no puede comprender un acontecimiento semejante que se produce en medio del curso normal de la historia. Por eso las mujeres necesitan que se “les recuerde” de un modo sobrenatural la predicción de Jesús, «estando todavía en Galilea», de que «tenía que ser entregado en manos de pecadores [ser crucificado] y al tercer día resucitar». Para las mujeres es como si oyeran estas palabras por primera vez. Las palabras que eran incomprensibles se tornan ahora evidentes ante la tumba vacía y la memoria explícita que los ángeles hacen de ellas. Lo que no había sido comprendido, al llegar, es transformado por los ángeles en un anuncio que facilita ahora la comprensión.

«Un delirio». No conocemos el tenor del relato de las mujeres a los discípulos; no sabemos, por este relato, si también ellos recordaron las palabras de Jesús sobre su resurrección. Pero aunque lo hicieran, esto no es suficiente para despertar la fe en los discípulos. Simplemente en la experiencia humana no se da ni un caso que haga verosímil, ni siquiera de lejos, semejante acontecimiento. Por eso la resurrección, para los apóstoles, les parece «un delirio» de las mujeres.

«Admirándose de lo sucedido». Al final del evangelio de hoy se informa que Pedro se levantó, superando la parálisis que le ocasiono tanto dolor y esta noticia de las mujeres,  y acudió corriendo al sepulcro. Este final del relato es diferente de todo lo anterior. Aquí no aparece ningún ángel. En nuestro evangelio tampoco aparece el sudario enrollado aparte del que se habla en el evangelio de Juan; Pedro sólo ve las vendas por el suelo. Algún sentido debe tener este cúmulo de cosas incomprensibles. Justamente en esta constatación el pensamiento se detiene como un reloj: «Admiración», quizá incluso «reflexión». Muchos podemos madurar en la fe si leemos la totalidad de los relatos sobre la resurrección. Desde los textos sagrados, un camino conduce hasta la fe, si el Señor nos concede la gracia de ser visto y adorado con los ojos del Espíritu.

Sugerencias...

La Pascua de Jesús debe ser nuestra Pascua. Alegrémonos, hermanos y hermanas. El mismo amor de Dios que creó el mundo hace millones de años y que resucitó a Jesús de Nazaret, que se había entregado por nosotros, hace un poco más de dos mil años, es el que hoy nos ha congregado aquí a nosotros y nos quiere comunicar su Espíritu de vida y de alegría y de amor.

Esto es lo que celebramos y esto lo que da sentido a nuestra vida. Por eso creemos y tenemos esperanza e intentamos vivir como cristianos: nosotros no seguimos una doctrina, o un libro, ni estamos celebrando el aniversario de un hecho pasado. Celebramos y seguimos a Cristo Jesús, invisible pero presente en medio de nosotros como el Señor Resucitado.

Dejémonos ganar por esta alegría. Participemos con toda la Iglesia de esta fiesta de Pascua, que empieza ahora y que durará siete semanas, hasta el día de Pentecostés y cada Domingo. La Pascua de Jesús, que quiere ser también nuestra Pascua. Recordaremos en seguida nuestro Bautismo, y sobre todo, participaremos una vez más del Cuerpo y Sangre del Resucitado, que ha querido ser nuestro alimento. Así Dios quiere renovar los dones de gracia con que nos llenó el día del Bautismo y comunicarnos su fuerza para todo el año.

Dejémonos llenar de vida por el mismo Espíritu de Dios que resucitó a Jesús, en este año en que tenemos los ojos de una manera especial fijos en él por los dolores de la pos pandemia y de la guerra en Ucrania (y d ellos dolores que cada uno recuerda en su corazón). Él nos quiere comunicar fuerza, alegría, energía, esperanza, para que se nos note, no sólo en este momento de la celebración, sino en toda nuestra vida, que somos seguidores del Resucitado y queremos vivir con él y como él.

martes, 12 de abril de 2022

HOMI LIA VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR (15 de abril 2022) AUTOR: PADRE ANGEL

 VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR (15 de abril 2022)


PrimeraIsaías 52,13 – 53,12; Salmo: Sal 30, 2.6.12-13.15-16.17.25; Segunda: Hebreos 4, 14-16; 5,7-9 Evangelio: Juan 18, 1 – 19, 42

Nexo entre las LECTURAS

Las lecturas de la liturgia de hoy giran en torno al misterio de la cruz, un misterio que ningún concepto humano puede expresar adecuadamente. Pero las tres aproximaciones bíblicas tienen algo en común: que el milagro inagotable e inefable de la cruz se ha realizado «por nosotros». El siervo de Dios de la primera lectura ha sido ultrajado por nosotros, por su pueblo; el sumo sacerdote de la segunda lectura, a gritos y con  lágrimas, se ha ofrecido a sí mismo como víctima a Dios para convertirse, por nosotros, en el  autor de la salvación; y el rey de los judíos, tal y como lo describe la pasión según san Juan, ha «cumplido» por nosotros todo lo que exigía la Escritura, para finalmente, con la sangre y el agua que brotó de su costado traspasado, fundar su Iglesia para la salvación del mundo.

Temas...

1. El siervo de Yahvé. Nos muestra la Sagrada Escritura que hay amigos de Dios que interceden por sus hermanos, sobre todo por el pueblo elegido, es más, es un tema frecuente en la historia de Israel: Abrahán intercedió por Sodoma, la ciudad llena de pecado; Moisés hizo penitencia durante cuarenta días y cuarenta noches por el pecado de Israel y suplicó a Dios que no abandonara a su pueblo; profetas, como Jeremías y Ezequiel, tuvieron que soportar las pruebas más terribles por el pueblo. Pero ninguno de ellos llegó a sufrir tanto como el misterioso “siervo de Dios” de la primera lectura: el «hombre de dolores» despreciado y evitado por todos, «herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes, que entregó su vida como expiación". Pero este sacrificio produce su efecto: «Sus cicatrices (heridas) nos curaron». Se trata ciertamente de una visión anticipada del Crucificado, este siervo no es el pueblo de Israel, pues, ni siquiera expía su propio pecado. No, es el siervo plenamente sometido a Dios, en el que Dios «se ha complacido». Durante siglos este siervo de Dios permaneció desconocido e ignorado por Israel, hasta que finalmente encontró un nombre en el Siervo Crucificado, Jesucristo, Hijo amado del Padre.

2. El sumo sacerdote. En la Antigua Alianza el sumo sacerdote podía entrar una vez al año en el Santuario y rociarlo con la sangre sacrificial de un animal. Pero ahora, en la segunda lectura, el sumo sacerdote por excelencia entra «con su propia sangre» (Hb 9,12), por tanto como sacerdote  y como víctima a la vez, en el verdadero y definitivo santuario, en el Cielo ante el Padre; por nosotros ha sido sometido a la tentación humana; por nosotros ha orado y suplicado a Dios en la debilidad humana, «a gritos y con lágrimas»; y por nosotros el Hijo, sometido eternamente al Padre, «aprendió», sufriendo, a obedecer sobre la tierra, convirtiéndose así  en «autor de salvación eterna» para todos nosotros. Tenía que hacer todo esto como Hijo de Dios para poder realizar eficazmente toda la profundidad de su servicio y sacrificio obedientes.

3. El rey. En la pasión según san Juan, Jesús se comporta como un auténtico rey en su sufrimiento: se deja arrestar voluntariamente; responde soberanamente a Anás que Él ha hablado abiertamente al mundo; declara su realeza ante Pilato, una realeza que consiste en ser testigo de la verdad, es decir, en dar testimonio con su sangre de que Dios ha amado al mundo hasta el extremo. Pilato le presenta como un rey inocente ante el pueblo que grita «¡crucifícalo!». «¿Al rey de ustedes voy a crucificar?», pregunta Pilato, y, tras entregar a Jesús para que lo crucificaran… manda poner sobre la cruz un letrero en el que estaba escrito: «El rey de los judíos». Y esto en las tres lenguas del mundo, irrevocablemente. La cruz es el trono real desde el que Jesús «atrae hacia Él» a todos los hombres, desde el que funda su Iglesia, confiando su Madre al discípulo amado, que la introduce en la comunidad de los apóstoles, y culmina la fundación confiándole, al morir, su Espíritu Santo viviente, que infundirá en Pascua y manifestará en Pentecostés.

Los tres caminos conducen, desde sitios distintos, al «REFULGENTE MISTERIO DE LA CRUZ»; ante esta suprema manifestación del amor y misericordia de Dios, el hombre se arrodilla en actitud de adoración.

Sugerencias...

GRACIAS, Varón de dolores. Es justo, y honra a todo cristiano, –e incluso a todo hombre– el dar gracias, este Viernes santo, al Crucificado, al Hijo de Dios, que se ha hecho esclavo (no-hombre) para que el hombre no se olvide que está llamado a ser plenamente hombre. Gracias, Señor Crucificado, porque has querido sufrir por nosotros hasta no parecer hombre y no tener aspecto humano; gracias, porque elegiste ser abrumado de dolores y familiarizado con el sufrimiento para que sintiéramos tu presencia en nuestros sufrimientos; gracias, oh Jesús, trono de misericordia y de perdón, porque quisiste sufrir por nuestro bien y curarnos con tus llagas. Gracias, oh Redentor, porque te entregaste a la muerte y compartiste la suerte de los pecadores. Gracias porque sufriste el arresto de los hombres, para acompañar a todos los arrestados de la historia, de nuestro tiempo, a veces, al igual que tú, sin culpa alguna. Gracias, hermano del hombre, porque con tu mirada lavaste la negación de Pedro y la de todos los que hoy continuamos sin razón alguna renegando de ti. Gracias, Verdad sublime, porque en los supremos momentos, como a lo largo de la vida, pusiste la verdad por encima incluso de la vida, como lo han hecho, siguiendo tus pasos, tantos mártires del pasado y de nuestros días. Gracias. Gracias, Hijo de María y de san José, el más digno de entre los hombres, porque aceptaste la ignominia de ser pospuesto a un criminal, como lo era Barrabás, Tú, el Inocente. Gracias, Tú, el hombre más libre de la historia, porque no desdeñaste la muerte del esclavo y convertiste el signo del oprobio en signo victorioso de gloria. Gracias, Señor Crucificado, porque con tu cruz has redimido al mundo.

El arte de sufrir. Sufrir es connatural a la condición humana, pero el arte de sufrir es gracia y se aprende, requiere de una lenta y constante educación. El Viernes santo es para los cristianos, y para todo ser humano, una escuela ‘excelsa’ del dolor. El Viernes santo aprendemos a sufrir en silencio, con Jesús, como Jesús. El Viernes Santo Jesucristo nos da la gran lección de aceptar–ofrecer el sufrimiento y la cruz, aunque no se sea culpable, en virtud de un motivo superior que es el amor a Dios y a los hermanos. El Viernes santo se nos enseña –¡qué gran lección!– a perdonar al que nos ha hecho mal, a orar por el que se burla de nosotros y es causa de nuestro dolor. En la escuela del Viernes Santo aprendemos a sufrir con paciencia y con amor, aceptando los acontecimientos y las circunstancias, tal como Dios los ha querido o los ha permitido para nuestro bien. El viacrucis del Viernes Santo se nos presenta como el viacrucis de la vida humana: en él se van entremezclando amor y odio, golpes y consuelos, seguidores y verónicas, sumos sacerdotes y cireneos, ultrajes y lágrimas, ladrón que blasfema y ladrón que se arrepiente, la Madre que le acompaña en su dolor y los discípulos que lo dejan en su soledad, quienes se reparten sus vestidos y quienes compran lienzos y aromas para su sepultura. Cristo acepta todo ello. Sufre, porque es mucho el peso físico y moral cargado sobre su pobre cuerpo maltrecho. Sufre, porque hace sufrir a sus seres queridos, a tantas personas que le aman de veras. Sufre, para que nosotros sepamos sufrir con Él y como Él.

Gracias, amado Redentor, ¡gracias!

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...