lunes, 12 de junio de 2023

HOMILIA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. Solemnidad cA (16 de junio 2023)


 SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. Solemnidad cA (16 de junio 2023)

PrimeraDeuteronomio 7, 6-11; Salmo: 102, 1-4. 6-8. 10; Segunda: 1 Jn 4, 7-16; Evangelio: Mateo 11, 25-30

Nexo entre las LECTURAS… y Temas...

La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús es la celebración del amor de Dios a los hombres, que culmina en el don de su Unigénito, el cual ha amado al mundo con «corazón de hombre» (GS 22), un corazón tomado para instrumento de amor infinito. La primera lectura (Dt 7, 6-11) sube a la consideración del amor de Dios en el Antiguo Testamento, manifestado sobre todo en las relaciones con Israel. Dios eligió a ese pueblo, no porque tuviese méritos especiales, sino por elección libre de su amor: «Si el Señor se enamoró de ustedes y los eligió, no fue por ser ustedes más numerosos que los demás –porque son el pueblo más pequeño–, sino por puro amor» (ib 7-8). La historia de Israel tiene una sola explicación: el amor de Dios. Por amor lo eligió Dios, lo libró de Egipto, pactó con él una Alianza, le dio en posesión la tierra prometida, hizo nacer de su estirpe al Salvador. Es la historia de todo hombre: Con amor eterno te he amado –le dice el Señor–; por eso he reservado gracia para ti» (Jr 31, 3). Dios llama a la existencia por amor, por amor gobierna y dirige la vida de cada criatura, deseando hacerla partícipe de su bienaventuranza eterna. En verdad que «él nos amó primero» (1 Jn 4, 19).

Sobre esta verdad se detiene la segunda lectura (ib 7-16): verdad que se origina en otra más excelsa aún: «Dios es amor» (ib 8.16). Siendo Él amor, todas sus obras son amor; y la obra que lo demuestra principalmente es «que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que tengamos la vida por medio de él» (ib 9). Para crear al hombre de la nada bastó un simple acto de la voluntad de Dios: para redimirlo del mal, Dios comprometió a su Hijo a que asumiese un cuerpo humano y lo inmolase «como propiciación por nuestros pecados» (ib 10). Fijando su mirada en el Hijo de Dios que se anonadó hasta tomar «condición de siervo» (Flp 2, 7), hacerse siervo de los hombres y morir en cruz por ellos, todos los hombres pueden repetir: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4, 16). La profundización del misterio hace al hombre capaz de amar en plenitud, ante todo a Dios que nos amó primero y, en Dios, a los hermanos, objeto como nosotros del mismo amor: «Queridos hermanos: si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros» (ib 11).

El Evangelio (Mt 11, 25-30) descubre más aún el amor de Dios al hombre, mostrándolo en el comportamiento de Jesús «manso y humilde de corazón» (ib 29). Jesús tiene una compasión inmensa de todos los sufrimientos y miserias de la humanidad, y dice: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré» … ¡gran misterio, es éste! y nos anima a acercarnos más que nunca al Sagrado Corazón en los días de dolor (por ejemplo con el COVID-19,  la guerra en Ucrania y todo dolor). PERO no olvidar que lo que más oprime el corazón del hombre es el pecado y para librarlo de este peso Jesús lo tomará sobre sí, lo llevará a la cruz y lo destruirá con su muerte. Por eso no se cansa de ir en busca de pecadores que salvar, de hijos pródigos (varones y mujeres) que devolver al amor del Padre y extraviados que poner de nuevo en el camino del bien. Como única condición pone, para ir con Él, creer en Él y sustituir el peso oprimente del pecado por el liviano de su ley: «Carguen con mi yugo..., porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera» (ib 29-30). La ley de Cristo es «yugo», porque exige disciplina de las pasiones y negación del egoísmo y de la ambición desmedida, pero es yugo «llevadero y ligero» porque es ley de amor. Cuanto más imiten los hombres la mansedumbre y humildad de Cristo, tanto más experimentarán lo dulce que es seguirlo en obediencia al Padre, lo dulce que es amar como Él ha amado, aun cuando el amor exija los mayores sacrificios. «Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso» (ib 29). El Corazón de Cristo es fuente inagotable de consuelo y de salvación, y juntamente escuela de santidad. Y si vamos al MAGISTERIO de su Corazón… de Él aprenderemos como andar los días de nuestra vida peregrinando hacia la eternidad … Recordemos que ¡LOS HOMBRES ANDAMOS MAS CON EL CORAZÓN! que con los pies (cfr.: San Agustín) y por eso seguimos aunque somos tentados de abandonar a Dios y perseguidos por este mundo que pasa.

 

Sugerencias...

Se podría pensar que después de la solemnidad de la Santísima Trinidad, terminaría el Año Litúrgico, las celebraciones restantes sólo podrían significar un declive. Pero esto sería desconocer que el misterio trinitario de Dios sólo se nos revela mediante la entrega perfecta de Jesús. PRIMERO es la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesús y DESPUÉS la del Sagrado Corazón de Jesús COMO concreciones últimas del modo como se nos revela el Dios trinitario: el Padre nos da al Hijo en la Eucaristía realizada por el Espíritu; el corazón traspasado del Hijo nos da acceso al corazón del Padre; y el Espíritu de ambos brota de la herida para el mundo.

 

- El evangelio designa a Jesús como «humilde de corazón", pero en un contexto eminentemente trinitario: la afirmación de que al conocimiento recíproco del Padre y del Hijo sólo tienen acceso aquellos a los que el Hijo se lo quiera revelar, y éstos son precisamente los pequeños, «la gente sencilla» o, en el sentido de Jesús, los «humildes»; aquellos, por tanto, que tienen ya sentimientos afines a los del Hijo. Pero el Hijo no tiene estos sentimientos únicamente a partir de su encarnación, sino que los tiene, (podríamos decir) como «Hijo» que es, desde toda la eternidad: su actitud frente al Padre, al que, como origen de la divinidad, designa como «más grande» que Él mismo, su actitud de perfecta obediencia y disponibilidad, no es más que la respuesta a la actitud del Padre, que no oculta nada a su Hijo, sino que le da y le revela todo lo que Dios tiene y es, hasta lo último, hasta lo más profundo e íntimo de sí mismo. Es casi como si la «herida del costado» más original, de la que brota lo último, fuese la herida de amor del propio Padre, de la que hace brotar lo último que tiene. Cuando el Hijo encarnado invita a los que están cansados y agobiados a encontrar su alivio en Él, está siendo en el mundo la imagen perfecta del Padre y nos exhala el Espíritu como OTRO Paráclito.

- La primera lectura (del Deuteronomio), que todavía no conoce el misterio de la Trinidad de Dios, pero sabe ya, por la alianza pactada entre Dios e Israel, que en Dios hay un misterio de amor insondable. Aquí se prescinde de todas las razones lógicas que podrían explicar por qué debía elegirse precisamente a Israel y únicamente queda el amor como motivación de semejante condescendencia y elección divinas. Se recuerda ciertamente que con ello Dios se mantiene fiel al juramento hecho a los padres, pero de este modo la elección amorosa de Dios simplemente se traslada al tiempo de estos padres, en el que en el fondo Dios tenía aún menos motivos para preferir de una manera tan particular a unos pocos hombres, los patriarcas. Con la mirada puesta en el amor insondable de Dios, Israel pudo formular el «mandamiento principal», la respuesta de amor incondicional del pueblo a Dios.

- Con la mirada puesta en el amor del Dios unitrino, manifestado en Jesucristo y demostrado en su pasión, puede Juan, en la segunda lectura, designar a Dios simplemente como «amor». Juan es ciertamente el testigo privilegiado que ha visto el corazón traspasado de Cristo en la cruz, confirmando el hecho de una manera triple y solemne; y en su carta repite una vez más el acontecimiento en el que ha leído su afirmación de que Dios es amor: «Nosotros hemos visto y damos testimonio», dice Juan como testigo ocular, que puede decir enseguida con la comunidad: «Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él». En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús celebramos la prueba última y definitiva de que el Dios trinitario no es sino amor: en un sentido absoluto e inconcebible que nos supera infinitamente.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío… es la súplica que brota de nuestro corazón, humilde y sencillo, que tiene miedo, se asusta y te pide ayuda… entre muchas intenciones… por la salud de todos y para que podamos volver en santidad, si es tu voluntad, al cumplimiento de nuestros deberes acostumbrados. PROMETEMOS hacerlo, con tu ayuda, obedeciendo los mandamientos y practicando las obras de misericordia.

martes, 6 de junio de 2023

HOMILIA Domingo del "DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO" ciclo A (11 de junio 2023)

 Domingo del "DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO" ciclo A (11 de junio 2023)

Primera: Deut 8, 2-3. 14b-16a; Salmo:147, 12-13. 14-15. 19-20; Segunda: 1Corintios 10, 16-18; Evangelio: Juan 6, 51-58

Nexo entre las LECTURAS

Maná, pan (carne) y vino (sangre) son los términos que abundan en este Domingo en que se celebra la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Según el Deuteronomio (1a lectura), Moisés dice al pueblo: "(El Señor tu Dios) te ha alimentado con el maná, un alimento que no conocías, ni habían conocido tus antepasados". Jesús en el evangelio afirma: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo os daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo". Por su parte, Pablo en su primera carta a los corintios (2a lectura) les pregunta: "El pan que partimos, ¿no nos hace entrar en comunión con el cuerpo de Cristo?"  

 

Temas...

Entre los diversos aspectos de la doctrina católica que se podrían meditar, me voy a fijar en que la Eucaristía es un alimento no conocido (Papa Francisco). El maná del desierto o el pan de la Eucaristía es un pan que el hombre no conoce. Quiere esto decir que es un pan que no está en el poder del hombre producir para satisfacer su hambre, cuando sienta necesidad. Quiere decir, en otros términos, que es Dios, únicamente Él, quien lo otorga. No es, por tanto, un pan disponible a nuestro antojo, un objeto más de nuestro capricho, aunque éste tenga apariencia "religiosa". Está disponible sólo a nuestra oración humilde, a nuestro clamor sincero de gran penuria y de viva y urgente necesidad.

Es también un pan no conocido, porque no existía y porque se ignoraban sus efectos. El maná no existía para los israelitas durante su permanencia en Egipto, únicamente en el desierto Dios se lo dio para que no murieran de hambre, en la marcha hacia la tierra prometida. La Eucaristía no existía antes de que Jesús la instituyese en la Última Cena, y la hiciese instrumento santísimo de su presencia personal entre los hombres. Sus efectos son extraordinarios: "Sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura" (Sacrosanctum Concilium 47).

El conocimiento del que se trata es un conocimiento completo, referido tanto a la inteligencia como a la experiencia y al corazón, a fin de desembocar en las obras y vivir con Él y para Él ahora y en la eternidad. En punto a experiencia, se ha de llegar a apreciar y experimentar el valor singular y extraordinario de este alimento que Dios nos concede. Junto a la experiencia, se ha de llegar a conocer toda la riqueza teológica, espiritual y moral que este alimento encierra en sí. Pero no podrá en modo alguno faltar el conocimiento por vía del corazón, mediante una sintonía amorosa muy amplia con quien nos da este alimento y con quien se nos da como alimento, Jesucristo Nuestro Señor (adoración). Con este conocimiento integral de la Eucaristía nos sentiremos impelidos a participar en ella con fervor y frecuencia, y lograremos formar un solo cuerpo, en la fe común y en el amor recíproco. Aquel que logre conocer la Eucaristía con todo su ser, vivirá ciertamente de la Eucaristía y producirá las obras de la Eucaristía: unidad, comunión, fuerza espiritual, santidad de vida, celo apostólico, intimidad con Dios, etc. Podrá ‘eucaristizar’ el mundo camino al Cielo.

 

Sugerencias...

Conocer la Eucaristía. Se requiere una catequesis permanente y periódica, mediante las homilías, encuentros catequísticos, los contactos personales, para que un conocimiento integral del Pan de Vida constituya el sustrato básico de la piedad cristiana, que tiene en la Eucaristía su cumbre y su fuente. En este conocimiento subrayaría algunos aspectos: 1) la presencia real de Jesucristo en el tabernáculo, y por consiguiente el respeto y el sentido de lo sagrado dentro de la iglesia-templo. El Templo es y debe ser un lugar de oración, de silencio, de recogimiento, de adoración, de encuentro con Dios. ¡Qué ingente labor hay que hacer para que los fieles conozcan y vivan este aspecto de la Eucaristía! 2) La explicación teológica, pero de modo sencillo, claro, ejemplificado, con ejemplos de vida y convincente, de los frutos de la Eucaristía. Luego de la explicación, se puede hablar del fomento de las visitas eucarísticas, sobre todo al inicio de la mañana y al final de la tarde para ofrecer a Jesucristo las horas de trabajo y para agradecerle su ayuda y su consuelo; del fomento de la exposición del Santísimo Sacramento y de la adoración, de la fuerza transformante de la Eucaristía en quienes la reciben con rectitud y con fervor. 3) La preparación para recibir fructuosamente a Jesucristo Eucaristía. Una preparación que implica la recepción del sacramento de la reconciliación, si se está en pecado; que implica además la lectura y meditación de la Palabra de Dios, como también el perdón, la reconciliación y el servicio a los hermanos. También el rezo del Rosario preferentemente antes de Misa o en adoración.

Quitar aquellos obstáculos que dificultan el conocimiento del Pan Vivo, que da la vida al mundo. El primer obstáculo es tal vez la tentación de reducir el alimento a las puras necesidades corporales y materiales, marginando o incluso prescindiendo de cualquier otro alimento. Quien se alimenta sólo de las realidades terrestres, no puede elevarse a conocer el Pan del Cielo, le parecerá un lenguaje sin sentido y carente de valor. Otra posible dificultad es hacer de la recepción de la Eucaristía "una costumbre social", como puede ser el felicitar a los novios en su boda, o el asistir a la fiesta del cumpleaños de un amigo. La Eucaristía es ciertamente un acontecimiento social, es decir, eclesial/comunitario, pero es sobre todo un encuentro personal con Jesucristo. No pequeña dificultad puede ser, sobre todo para los hombres, el respeto humano, el qué dirán, el temor a la opinión de los demás. ¡Casi como si la Eucaristía fuera cosa de otros, de aburridos, de los que no tienen nada que hacer! 

 


lunes, 15 de mayo de 2023

HOMILIA Solemnidad de la ASCENSIÓN DEL SEÑOR cA (21 de mayo 2023)

 

Solemnidad de la ASCENSIÓN DEL SEÑOR cA (21 de mayo 2023)

Primera: Hechos 1, 1-11; Salmo: Sal 46, 2-3. 6-9; Segunda: Efesios 1, 17-23; Evangelio: Mateo 28, 16-20

Nexo entre las LECTURAS

El nexo de las


Lecturas de este Domingo es la presencia… el fin de una manera de presencia y el inicio de una nueva manera de presencia. En la despedida de Jesús resucitado, Él se dirige a sus discípulos con estas palabras: "Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra" (Evangelio). Al inicio de los Hechos de los Apóstoles, los discípulos preguntan a Jesús si es ahora cuando va a restablecer el reino de Israel, a lo que Jesús responde: "No les toca a ustedes conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder. Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos..." (primera lectura).

También es nexo la revelación y gloria de la Santísima Trinidad: el poder del Padre y fuerza del Espíritu, que son prerrogativas de las que Jesucristo glorioso también participa. En la carta a los de Éfeso, san Pablo pide que Dios nos conceda una revelación que nos permita conocerlo plenamente, que nos permita conocer que Cristo resucitado "está sentado a su derecha en los cielos, por encima de todo principado, potestad, poder y señorío... y que todo lo ha puesto Dios bajo los pies de Cristo" (segunda lectura).

Debemos ser de aquellos que invitan a los demás a esta fiesta divina, como lo hace el salmista: Pueblo elegido... Pueblo escogido... Pueblos de la tierra... Todos los pueblos... Gritos de alegría... aplausos... participar alegremente en esta aclamación de Dios… se trata de una reunión libre, de una "fiesta"… ¿participamos? ¿invitamos a otros a participar con nuestra vida y con nuestras palabras?... venimos de grandes fiestas, Domingo de Ramos, Semana Santa, Pascua de Resurrección, Buen Pastor… y seguimos de fiesta: Ascensión, Pentecostés, Cuerpo y Sangre de Cristo, Sagrado Corazón de Jesús, Santísima Trinidad, la misma fiesta de los Apóstoles san Pedro y san Pablo… ea!!!! hasta el Cielo no paramos.

Temas...

La Ascensión. Ascensión significa subida: hacemos una ascensión al pico de un monte. Jesús "sube" a la derecha del Padre "por encima de todo nombre conocido". Uno de nosotros (Cristo glorificado) ha sido introducido en el mismo ámbito de Dios: ¡claro que está por encima de todas las grandezas que los hombres ambicionamos: fama, autoridad, influencia...! Es cima no por poder/dominio, sino por mayor amor, amor sublime, amor misericordioso.

Y subió al cielo... Jesús no se elevó como los globos o barriletes que entusiasman a los pequeños, como un avión o una nave espacial. Así como la tierra es nuestra casa, llamamos CIELO a la "casa" de Dios: "Padre nuestro que estás en los cielos". Modos de decir: Dios no tiene una casa y una patria; está presente en todas partes. Jesús no fue arriba, ni abajo, ni adentro. Murió (con la muerte dejó, como cada uno de nosotros, nuestro mundo: este modo de vivir y de amar que conocemos y experimentamos) y pasó al modo de vivir y de amar de Dios, que está muy por encima de nuestras realidades. Por eso decimos que "subió al cielo". Y añadimos "está sentado a la derecha del Padre", asociado íntimamente a su vida y a su gloria.

Pascua y Ascensión. Celebramos la Pascua durante siete semanas. Hasta ese momento ponemos el acento en el hecho de que Jesús vive –es el Viviente por excelencia–, no nos ha dejado, está con nosotros. La Ascensión subraya su glorificación. La primera lectura lo describe con una hermosa pieza literaria; la segunda lectura afirma como profesión de fe: el Padre resucitó a Cristo de entre los muertos y lo sentó a su derecha (Resurrección y Ascensión constituyen un único acontecimiento); el evangelio, como en un cuadro magnifico, presenta al Señor de la gloria ejerciendo su soberanía: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra".

La Ascensión de Cristo es también nuestra elevación. En la Pascua celebramos la resurrección de Cristo y la nuestra; en la Ascensión, su exaltación y la nuestra: Él es totalmente para nosotros, los hombres. Los cristianos fuimos incorporados a Él por el bautismo. La segunda lectura lo afirma claramente: "la extraordinaria grandeza de su poder (del Padre) para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha". Estas celebraciones son fuente de vida, de gozo y de esperanza inagotables.

¿Qué hacen ahí plantados mirando al cielo? Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos. La Ascensión no nos evade de la vida cotidiana. No debemos embelesarnos mirando al cielo ni encerrarnos en la propia intimidad y gozar egoístamente del don de Dios. "El mismo Jesús volverá" y nos llevará con Él.

Entretanto debemos ser testigos de lo que vivimos y proclamar las maravillas que hizo Dios para que más gente de todas partes se hagan discípulos de Cristo, como bien lo anima el Salmo Responsorial. Recordemos que estamos en esta vida para amar y servir en obediencia a los mandamientos y gozar en la vida bienaventurada/eterna.

Sugerencias…

Misión cumplida: el triunfo de Cristo ¡"Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, mediador entre Dios y los hombres, juez de vivos y muertos"! Esto es lo que afirmaremos de Jesús en el prefacio de esta fiesta de la Ascensión. Jesús ha triunfado. Ha sido glorificado. Ha cumplido su misión. Ha seguido su camino hasta el final, incluida la muerte... y ahora ha llegado a su plenitud y se muestra como cabeza de la nueva humanidad, constituido por encima de toda la creación y cabeza de la Iglesia. Como nos ha dicho san Pablo, "el Padre ha desplegado la eficacia de su fuerza poderosa en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo".

Es también fiesta para nosotros. Alegrémonos en este día de gloria para Cristo Jesús. Es también fiesta para nosotros, que somos sus discípulos misioneros, los miembros de su Cuerpo que es la Iglesia. El triunfo de Jesús nos reúne –uniéndonos– a todos para la vida en el tiempo y en la eternidad. Su Ascensión es ya nuestra victoria, nos ofrece la garantía de que también nosotros estamos destinados a los bienes del cielo. En Cristo Jesús nuestra naturaleza humana ha sido enaltecida y participa ya de algún modo de su misma gloria. Él nos ha precedido como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino (prefacio).

La fiesta de hoy nos debe llenar de optimismo. San Pablo nos ha invitado, en su carta, a comprender cuál es la esperanza a la que nos llama Dios, y cuál la riqueza de gloria que nos da en herencia a los que creemos en Cristo Jesús e intentamos seguirle en nuestra vida. Más aún: se puede decir que es fiesta y motivo de esperanza para la humanidad entera. Todos estamos incluidos en la victoria de Jesús, que nos da la medida del amor de Dios y de la capacidad de respuesta del hombre. La Ascensión nos señala el camino y la meta final: un destino de vida, no de muerte, aunque el camino sea a veces difícil y oscuro. El motivo principal de este optimismo es la promesa que nos hizo Jesús en su despedida, y que hemos escuchado en el evangelio de Mateo: ‘Sepan, conozcan, que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los días’. No se trata, por tanto, de una despedida, sino de una presencia continuada, aunque sea invisible. Su presencia, y además el don de su Espíritu, es lo que da fuerza a nuestra fe. Como dirá el prefacio, "no se ha ido para desentenderse de este mundo". La Ascensión no es un movimiento contrario a la Navidad (entonces "bajó" y ahora "sube y se va"): desde su existencia gloriosa, libre ya de todo límite de espacio y de tiempo, es cuando más presente nos está Jesús, el Señor, como nos ha prometido.

Tenemos una tarea como comunidad cristiana. Además de ser un motivo de fiesta, la Ascensión es también el recuerdo de que Jesús ha dejado a sus discípulos, a nosotros, una tarea a realizar en este mundo. Los ángeles invitaron a los apóstoles a que no se quedaran mirando al cielo. Recibieron el encargo de continuar la misión de Jesús: hacer discípulos, bautizar, enseñar... Así como Cristo ha sido el gran testigo del Padre, ahora los cristianos lo tenemos que ser en cada generación, sinodalmente y con corazón misionero, animados por el Espíritu de Jesús: ‘Cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, recibirán fuerza para ser mis testigos’. Vivimos el tiempo que va desde la Ascensión hasta la venida gloriosa final de Cristo. Un tiempo de trabajo y responsabilidad, de tarea y compromiso (Beata Madre Tránsito). Los cristianos, amados por Dios y animados por la presencia de Cristo Jesús y de su Espíritu, debemos comunicar a los demás, de palabra y de obra, con un estilo de vida que resulte creíble y elocuente a todos, el mismo mensaje de Cristo (Beato Angelelli).

Se nos pide que seamos testigos de alegría y esperanza … que mostremos un amor desinteresado practicando las obras de misericordia… que seamos virtuosos, aferrándonos a la vida de Dios y al servicio del prójimo (Santos Jacinta y Francisco). Esto es para TODOS: sacerdotes, religiosos y los misioneros. Todos: los padres para con los hijos y los hijos para con los padres, los mayores y los jóvenes, los políticos, sindicalistas, choferes, profesionales de la salud y los escritores cristianos, alumnos y docentes, comunidad educativa, sindicatos y partidos políticos. Todos estamos llamados a seguir escribiendo esa historia que empezó hace como dos mil años y que será celebrado como Jubileo en el 2033. Lo que proclamamos estos Domingos en el libro de los Hechos de los Apóstoles fue como el primer capítulo. Nosotros, ahora, en el inicio del tercer milenio (san Juan Pablo II) tenemos que difundir, en el mundo, generación tras generación, la buena noticia del amor de Dios, de la salvación de Cristo y de su estilo de vida.

Miremos a Cristo glorificado, que se nos ofrece como alimento en la Eucaristía, y esto nos da fuerzas para seguir cumpliendo la tarea que nos ha encomendado… anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡VEN SEÑOR, JESÚS! … no soy digno que entres en mi casa, pero una palabra tuya BASTARÁ PARA SANARME. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección… ¡VEN SEÑOR JESÚS!.

FATIMA

 Las apariciones de 1917, precedidas por las del ángel (1915-1916): Oración del Ángel: “Dios mío, creo, os adoro y vos amo”. Oraciones y sacrificios por pecadores. Devoción trinitaria y eucarística.


(13 mayo 1917) Cueva de Iría. La Virgen les dice que aparecerá el día 13 de cada mes. Pide rezar el Rosario y hacer sacrificios por los pecadores: Dios está muy ofendido. Los tres irán al cielo. “Tendréis que padecer mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fuerza”.


(13 junio) Algunas personas presentes. La Virgen pide rezar el Rosario diariamente. “Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado”. “Os queréis ofrecer a Dios?” Muestra su Corazón en su mano derecha, con espinas. Después de la aparición, comienzan las dificultades.


(13 julio) Pide rezar el Rosario por la paz. Según narraciones posteriores de Lucía (las tres partes del secreto): Visión del infierno, hacer la consagración del mundo al Corazón de María, paz y guerra, persecuciones y martirio: “Mi Corazón triunfará” (lo pueden contar a Francisco y a nadie más). Jaculatoria: “Oh Jesús, por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María”. Aumentan las dificultades.


(17 agosto) Después de ser liberados (fueron apresados el 13). La Virgen pide ir diariamente a la Cueva de Iría a rezar el Rosario. Promete un milagro para el mes de octubre.


(13 septiembre) Pide rezar el Rosario. Acude muchedumbre; algunos piden curaciones: La Virgen curará algunos durante año si se convierten. “En octubre… haré el milagro para que todos crean”.


(13 octubre) 50 mil personas. “Que no ofendan a Dios que ya está muy ofendido”. Pide Capilla. “Soy la Virgen del Rosario”, “la guerra terminará”. Lucía pide por los enfermos: algunos curarán si piden perdón. Se les aparece San José y el Niño Jesús bendiciendo el mundo. El sol se movió bruscamente muchas veces (numerosos testigos). Reacciones positivas y negativas.


Los tres videntes y sus vivencias (gracias) peculiares): Lucía veía y escuchaba, hablando con la Virgen; Jacinta veía y escuchaba; Francisco solamente veía (y después se lo contaban). Los tres hicieron un camino de transformación espiritual. No pedían curación para ellos. El mensaje y el buen ejemplo de los pastorcitos convenció a todos.


Jacinta: Jacinta muere en 1920 (nació en 1910). Se conmovía al oír hablar de Cristo crucificado y de la pasión. “Murió por nosotros”. Preguntaba: “Por qué fue clavado en la cruz?… Explícamelo cómo fue… No quiero que Jesús sufra más”. Su amor a María. Sacrificios por pecadores. En el proceso de canonización: alegre y servicial. Caridad con los pobres (daba su merienda). Hacía rezar el Rosario en casa. Enferma 14 meses. Confianza en Dios y en María (cuando enferma, tuvo aparición mariana y se lo contó a Lucía). Encargó a Lucía propagar la devoción a Corazón de María.


Francisco: Murió en 1919 (nació en 1908). Gozaba recordando a Jesús y María. Se sentía lleno de la luz de Dios en el alma. Muy sensible a que Dios había sido ofendido: “Me da mucha pena que esté triste… Si no pudiera consolarle… Sufro para consolar a Ntro. Señor y a Ntra. Señora… Lo ofrezco todo por los pecadores y por el Santo Padre… Ya me falta poco para ir a cielo y allí podré consolar a Ntro. Señor y Ntra. Señora”. En el proceso de canonización: contemplativo, callado, deseoso de Eucaristía, sacrificios, caridad con los pobres. Sensible al pecado del mundo, consolar a Dios.


Lucia: Nació en 1907. A los 14 años inició su formación primaria con las Doroteas y luego pasó a España, Tuy y Pontevera, 1921 y siguientes; profesión perpetua en 1934; regresa a Portugal en 1946; entró en las Carmelitas de Coimbra (1948). Fue a Fátima en la visita de Pablo VI y Juan Pablo II (murió en 2005). Depositaria del testimonio de los dos hermanitos. Anuncia “el misterio de amor de Dios… todos somos hijos del mismo Dios”. Ofrece la propia vida para superar el mal. Propaga devoción al Corazón Inmaculado de María. Escribe 20 años después de las apariciones siempre por obediencia: cuatro “memorias” sobre las apariciones de Fátima (1935, 1937, 1941 dos memorias). La redacción del tercer secreto (por obediencia) fue en 1944. Se expresa según su cultura y peculiaridad, con variantes, pero siempre coherente y objetiva en lo esencial.


La actitud de la Iglesia y la invitación de los Papas (visitas y mensajes): Aprobación inicial de los obispos portugueses. Actuaciones pontificias laudatorias: desde Pío XI a Papa Francisco.


La consagración del mundo al Corazón de María: Obispos portugueses (1931). Pío XII (1942, etc.), Juan Pablo II (1981, etc). Los “secretos” de Fátima (publicación del tercer secreto: 2000)


Resumen: Mensaje claro y concreto, oración (Rosario), sacrifico (reparación). En un contexto cultural e histórico, pero va más allá del tiempo y del lugar (pecado y persecuciones). Impacto permanente, local y universal. Una experiencia mística y un mensaje profético, con expresiones personales. Invitación (motivaciones) para vivir el Evangelio hoy (miserias y pecados de la humanidad), desde el amor de Dios (revelado en Cristo y expresado en el Corazón de su Madre).




lunes, 8 de mayo de 2023

HOMILIA Sexto Domingo de PASCUA ciclo A (14 de mayo 2023) GRACIAS PADRE ANGEL

 Sexto Domingo de PASCUA ciclo A (14 de mayo 2023)

Primera: Hechos 8, 5-8; Salmo: 65, 1-3a.4-7a.16.20; Segunda: 1Pedro 3, 15-18;  Evangelio: Juan 14, 15-21

Nexo entre las LECTURAS

Este último Domingo del tiempo pascual prepara y en cierto modo anticipa la fiesta de Pentecostés. La liturgia nos presenta a Jesús prometiendo el Espíritu, ese mismo Espíritu que le devolvió a la vida, y que en nombre de Jesús los apóstoles comunican a los samaritanos bautizados. "Yo rogaré al Padre para que les envíe otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes", promete Jesús en el evangelio. San Pedro en su primera carta dice: "Cristo en cuanto hombre sufrió la muerte, pero fue devuelto a la vida por el Espíritu" (segunda lectura). Y san Lucas en los Hechos de los Apóstoles presenta a Pedro y a Juan "orando por los bautizados de Samaria, para que reciban el Espíritu Santo" (primera lectura).

 

Temas...

En la historia de la salvación hay una sucesión armoniosa en la actuación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en beneficio siempre de la salvación del hombre para gloria de Dios. El Padre es el origen y fuente de toda iniciativa salvífica. En su amor envía a su Hijo para redimir al hombre y devolverle su condición filial. Una vez que el Hijo realizó su misión en la tierra, es enviado el Espíritu (otro Paráclito) para que acompañe al hombre en su peregrinar por este mundo hacia el Cielo, maravillosamente mostrado en el Concilio Vaticano II (L.G. y A.G.).

La liturgia de hoy nos presenta la promesa hecha por Jesús a los discípulos de enviarles el Espíritu Santo para que esté siempre con ellos. ¿Por qué (para que) Jesucristo les hace esta promesa? Para que los discípulos no se sintieran huérfanos, ya que Jesús estaba por ir a la muerte y regresar –glorificado– a la casa del Padre. Jesús les dice: "No los dejaré huérfanos, volveré a estar con ustedes" (evangelio), pero no como lo conocieron en la historia sino en espíritu.

El Espíritu Santo, que Jesús promete, es ante todo el (otro) Paráclito, es decir, consolador, abogado, animador e iluminador en el proceso interno de la fe, como lo fue Él (primer Paráclito). Los discípulos y primeros cristianos experimentarán en Pentecostés, de una manera especial, esta presencia poderosa e iluminante del Espíritu. Es también el Espíritu de la verdad, de la revelación de Dios al hombre, con la que Dios ilumina toda la existencia humana y le da su verdadero significado y razón de ser. Esta verdad será plenamente acogida por los discípulos, proclamada, confesada, y también defendida ante la 'mentira' del mundo, ante los ataques de la falsedad de la mente y del corazón humanos. Es además el Espíritu que da la vida, que devuelve a la vida a Jesús (segunda lectura) y vivifica a los cristianos que creen en el Evangelio, como los habitantes de Samaria (primera lectura); el Espíritu da la vida de Dios, esa vida que, como la zarza ardiente vista por Moisés a los pies del Sinaí, no se consume ni se apaga jamás. El Espíritu es, finalmente, el impulsor de la evangelización tanto de los judíos como de los samaritanos y paganos. Por eso, los comentaristas de los Hechos de los Apóstoles, suelen hablar de "tres Pentecostés": el de los judíos en Jerusalén (Hch 2), el de los samaritanos en Samaria (Hch 8) y el de los paganos en Cesarea marítima (Hch 10). Con la recepción del Espíritu Santo se pone en movimiento la evangelización, la proclamación del Evangelio y la agregación de otros muchos hombres a la comunidad de los creyentes en Cristo. De este modo, el Espíritu hará realidad las palabras de Jesús: "El que me ama será amado por mi Padre; también Yo lo amaré y me manifestaré a él".

Los santos saben y experimentan que Dios cumple sus promesas. Para los primeros cristianos, ésta fue una verdad indiscutible, objeto de experiencia. Bien, las promesas de Dios se siguen cumpliendo también hoy entre los hombres. Claro que hemos de ser muy conscientes de que Dios no nos promete una 'felicidad a la carta', como a veces quisiéramos los hombres; ni un 'mundo' o una 'Iglesia' sin problemas o libres de toda incoherencia; ni unos hermanos cristianos intachables, impecables, siempre con la bondad y la sonrisa en el rostro; tampoco nos promete liberarnos de la calumnia, la persecución, la indiferencia, los malos tratos, o incluso el martirio. Nos promete únicamente el Espíritu, Su Espíritu, y con Él nos da la capacidad para ser felices de un modo nuevo, ajeno a la mentalidad del mundo; nos da la mirada limpia para ver al mundo y a la Iglesia con fe, con optimismo, con paz, con amor; nos da un corazón generoso para abrirnos y acoger a nuestros hermanos en la fe tal como son, con sus debilidades y miserias, con sus cualidades y virtudes, con su fe, su amor y su esperanza auténticos; nos da la gracia de buscar la verdadera liberación, que es primeramente interior y espiritual, y que desde dentro trabaja por conseguir toda otra liberación de los males de este mundo.

 

Sugerencias...

Puesto que Dios cumple sus promesas, nuestras comunidades han de ser comunidades sinodales, misioneras, gozosas y seguras en su fe (Papa Francisco). Sin querer cerrar los ojos al mal existente, la promesa de Dios continúa actuándose y realizándose en medio de la comunidad. Si no la percibimos, ¿no será que nuestra fe es débil, y quizá enfermiza? Por otra parte, sin dejar a un lado las dudas y perplejidades de los cristianos en la concepción y vivencia de su fe, la presencia del Espíritu de la verdad debe confortar a la comunidad cristiana y proporcionarle una gran solidez en su fe. Nuestra fe no se apoya en los hombres, por más geniales que sean, ni en los ángeles, sino en el Espíritu mismo de Dios, que es Espíritu de Verdad, que es el Maestro Interior (otro Paráclito) que fortifica y garantiza la revelación de Dios y la respuesta de fe (martirial) a esa revelación.

martes, 2 de mayo de 2023

homilia Quinto Domingo de PASCUA ciclo A (07 de mayo 2023)

 Quinto Domingo de PASCUA ciclo A (07 de mayo 2023)

Primera: Hechos 6,1-7; Salmo: 32, 1-2.4-5.18-19; Segunda: 1Pedro 2, 4-9; Evangelio: Juan 14, 1-12

Nexo entre las LECTURAS

El tema que transmite Jesús a sus discípulos, en este 5º Domingo de Pascua, es su partida; se lo presenta como un recorrido centrado en dos verbos: “me voy” y “vuelvo”. “Me voy”: “si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles un lugar?” (Jn 14, 1-2). “Vuelvo”: “Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy».” (Jn 14, 3)

Además, NEXO… "Casa de mi Padre", "templo espiritual", "convocación de los discípulos" son expresiones de la liturgia de este Domingo, que pertenecen al mismo campo semántico: el de la construcción, como edificio, como espacio de estancia y reunión. "En la casa de mi Padre hay lugar para todos... voy a preparar ese lugar", nos dice Jesús en el Evangelio. San Pedro recuerda a los cristianos que "son piedras vivas, con las que se construye un templo espiritual... para ofrecer, por medio de Jesucristo, sacrificios espirituales agradables a Dios" (segunda lectura). En la primera lectura, los apóstoles, ante un problema de la comunidad, reúnen a los discípulos, posiblemente en el Cenáculo, y les piden que elijan 7 ‘diáconos’ para el servicio de las viudas de los cristianos helenistas.

 

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Me voy… Vuelvo. Alrededor de estos dos verbos gira el eje central de la reflexión y los posteriores interrogantes que le hacen sus discípulos.

Es importante contextualizar el diálogo que mantiene Jesús con sus discípulos para conocer con mayor profundidad lo que está pasando entre Jesús y sus apóstoles.

Al terminar la última cena Jesús empieza a despedirse de sus discípulos. Estos están un poco desorientados y desconcertados, intuyen que algo va a pasar pero no saben exactamente qué y, por otro lado, también se platean qué va a ser de ellos.

Jesús se da cuenta de cómo se encuentran, abatidos, e intenta darles fuerza y ánimo para que no decaigan en la fe: “no se inquieten (que no tiemble su corazón). Crean en Dios y crean también en mí.” (Jn14, 1). Jesús les invita a creer en Él, el mejor camino para creer en Dios. También les dice: “voy a preparar un lugar en la casa de mi Padre”. Y adonde yo voy, ya saben el camino” (Jn14, 4).

Tomás le pregunta: “¿cómo podemos saber el camino que nos permita llegar a Dios si no sabemos a dónde vas?” (Jn 14, 5)

Jesús le contesta: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. “Yo soy el camino que lleva al Padre” (Jn 14, 6). También les dice: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mi” (Jn 14, 1).

Felipe le pide: “Señor, muéstranos al Padre; eso nos basta” (Jn 14, 8).

Jesús le contesta: “quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14, 9)

Jesús, en el evangelio de este 5to Domingo de Pascua se presenta con el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6). Ese es nuestro recorrido en la fe, un camino que vamos realizando y en el que nos vamos encontrando con múltiples dificultades que nos invitan a abandonarlo, teniendo la tentación de salirnos del camino para tomar otras carreteras menos tortuosas.

Jesús se presenta como el Camino, la pregunta es: ¿estamos en el camino de Jesús o estamos fuera de ese camino? Si estamos en el camino de Jesús, no nos sorprendamos si encontramos piedras, dificultades, obstáculos…, no importa, lo verdaderamente importante es no salirnos de ese camino que Jesús nos está indicando. Es mejor avanzar poco y despacio en el camino de Jesús que ir corriendo para llegar a donde sea fuera del camino de Jesús.

En este día Jesús se presenta con el Camino, la Verdad y la Vida:

Camino: porque Él es el ejemplo a seguir. Él nos está mostrando qué caminos debemos recorrer: preocuparnos de los que sufren, defender la causa de los que no cuentan, estar al lado de los desvalidos, luchar por la dignidad de las personas, dar voz a los que no la tienen, ser creíbles por nuestras buenas obras ante los ojos de la sociedad…

Verdad: descubrir que la única verdad es el amor y descubrirlo acercándonos al prójimo concreto que sufre y es olvidado, marginado, inmigrante.

Vida: encontrar en Cristo la vida y encontrarnos con un Cristo vivo y capaz de hacernos vivir. Aunque caigamos, aunque nos tropecemos, levantémonos y continuemos en ese caminar; nuestra tarea es asegurarnos de no salirnos de ese camino y cuando tengamos la tentación de hacerlo acordémonos de las palabras de Jesús que dijo a sus apóstoles: "¿Ustedes también quieren irse?”(Jn 6, 67)... "¿Y adónde vamos a ir? Sólo tú tienes palabras de vida eterna"(Jn 6, 68).

Jesús se presenta como el Camino, la pregunta es: ¿estamos en el camino de Jesús o estamos fuera de ese camino?

Cuando tenemos la tentación de salirnos de ese camino, qué nos ayuda para continuar en Él, de dónde sacamos las fuerzas para no abandonar el camino, pese a los “baches” del mismo?

¿Qué cosas estoy haciendo para ser camino, verdad y vida para los demás como otros lo han sido para mí?

martes, 28 de marzo de 2023

HOMILIA DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR cA (02 de abril 2023)

 DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR cA (02 de abril 2023)

PrimeraIsaías 50, 4-7; Salmo: Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24; Segunda: Filipenses 2, 6-11; Evangelio: Mateo 26, 3-5.14 – 27, 66

Nexo entre las LECTURAS

En este Domingo con la procesión simple o solemne se conmemora el ingreso de Jesús en Jerusalén. El evangelio que se proclama al inicio de la procesión pone de relieve que Jesús es el “Hijo de David”, importante título mesiánico, y subraya que éste es un Rey humilde, justo y victorioso que restaurará la ciudad de Jerusalén. El clima de la procesión es festivo y es una anticipación profética del triunfo definitivo de Cristo sobre el pecado y la muerte en su misterio pascual.

Después, la liturgia está envuelta en un ‘manto’ de sufrimiento, pero sabemos y creemos que el mensaje no está ahí, sino en la acción misteriosa, misericordiosa y sublime de Dios en medio del dolor, del sufrimiento y de la muerte. En el tercer canto del siervo de Yahvé escuchamos: "El Señor me ayuda, por eso soportaba los ultrajes" (primera lectura). En el himno cristológico de la carta de san Pablo a los Filipenses se nos dice: "Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está sobre todo nombre". Y en el relato de la pasión, Jesús ora a su Padre: ‘Si es posible, que pase de mí este cáliz –de amargura–; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú’; y en el momento de entregar su espíritu, Jesús, el evangelista escribe: "El velo del templo se rasgó en dos partes de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron...", signos todos de la manifestación de Dios al final de los tiempos, según la mentalidad judía. Importa resaltar que el sufrimiento no es un contrasentido, un error de cálculo de la acción creadora, es consecuencia del pecado original y en “Semana Santa”, Dios se nos revela en Cristo como Señor del sufrimiento dándole sentido al sufrimiento diario que ofrecemos por amor uniéndonos a la Pasión del Señor.

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Situación: En la estructura litúrgica del Domingo de Ramos encontramos una anticipación de lo que celebraremos en los días del Triduo Pascual. Puesto que la celebración del misterio pascual contiene dos aspectos de muerte y de vida, fracaso y triunfo, los ritos del Domingo de ramos se estructuran en torno a dos ejes: procesión aclamatoria en honor de Cristo, lectura solemne de la pasión de Cristo en la Misa.

Debemos tener en cuenta la distinción de ambos aspectos así como su mutua dependencia. Antes de adentrarnos en la celebración de la Pascua de Cristo, nos detenemos a considerar que Jesús es Rey.

La procesión. La Cuaresma ha sido un camino de conversión que la Iglesia ha realizado con Cristo-cabeza en su ascensión hacia la ciudad de Jerusalén. Ahora llega el momento de hacer el ingreso solemne en la ciudad santa. Cristo mismo está presente en la procesión por medio de la cruz que precede el caminar de los fieles; está presente en el evangelio que se proclama al inicio mismo de la procesión; está presente, finalmente, en quien preside la liturgia procesional. Esta procesión es un símbolo hermoso de cómo Cristo camina con cada uno de los hombres en su peregrinar hacia la patria definitiva. La promesa bíblica encuentra también aquí un hermoso significado: “Yo estaré con ustedes”.

Al mismo tiempo, la procesión de los fieles se dirige hacia Cristo que se inmolará en el Altar. La proclamación de la pasión según san Mateo nos hará ver el camino de afrentas que Jesús tuvo que soportar por amor de nosotros, hombres pecadores. La mirada de los fieles, por lo tanto, se dirige con amor a Cristo, amigo de nuestras almas, Cordero inmolado que ha dado su vida en rescate nuestro. San Bernardo comenta que en la procesión se representa la gloria celeste, mientras que en la Misa se hace claro cuál es el camino para llegar a ella. Si en la procesión vemos con claridad la meta hacia la que debemos llegar, es decir, la patria del cielo, la pasión nos hace ver el camino y las condiciones que son necesarias: la persecución, la obediencia humilde, la pasión dolorosa. El ideal sería descubrir ambas realidades: patria celeste y camino para llegar a ella, en su dimensión cristológica. Cristo que camina con nosotros, Cristo que camina delante de nosotros abriéndonos la puerta de los cielos, Cristo que camina y sufre y padece en nosotros que somos su cuerpo.

La fe en Cristo en la pasión de San Mateo. En Mateo descubrimos una perspectiva cristológica. Jesús afirma claramente ante el Sumo Sacerdote que Él es el Mesías, el Señor y que en Él se cumplen las promesas del Reino y se instaura una nueva alianza. (26, 64) Él se muestra dueño de sus acciones y se ofrece libremente al sacrificio por amor. En Getsemaní podría llamar una legión de ángeles (26, 53), pero no lo hace, va libremente a cumplir la voluntad del Padre. La corona de espinas, el manto púrpura, el bastón puesto en su mano, todo esto pondrá de relieve, paradójicamente, su majestad y realeza. En su pasión Cristo es rey y reina. A través de sus sufrimientos es Rey y salva a los hombres. ¡Cristo Rey nuestro!

 

Sólo Mateo presenta los eventos de la pasión en términos escatológicos: el temblor de tierra, la obscuridad, los sepulcros abiertos... La cortina del templo se rasga simbolizando que los sacrificios de la antigua alianza han sido superados por un sacrificio excelente y que ha sido constituida la nueva alianza entre Dios y los hombres por la sangre de Cristo. Esa cruz que está en el centro de la historia es al mismo tiempo el fin de la historia.

Sugerencias...

La vida humana es un camino en el que descubrimos el valor de la cruz. El ingreso festivo de Jesús en Jerusalén sugiere a nuestra reflexión muchos momentos de la existencia humana. Momentos de alegría, de plenitud, de amistad sincera, de realización personal. Momentos en los que se experimenta más vivamente el amor de Dios, la cercanía y cariño de los seres queridos, la belleza de la vida. Sin embargo, en este caminar de la existencia humana advertimos también momentos de tristeza, de pérdida, de dolor, de fracaso. Una enfermedad, la muerte de un ser querido, una pena moral, una incomprensión... Todo ello nos indica que nuestra Patria definitiva no se encuentra aquí, sino que esta vida, que es en sí misma bella y digna de ser vivida, no es sino el inicio de una vida que ya no conocerá el dolor. Todo esto nos recuerda que somos peregrinos hacia la posesión eterna de Dios y que debemos siempre seguir caminando sin rendirnos ante el cansancio, la fatiga, las penas o los pecados de esta vida. Caminar siempre, avanzar siempre para alcanzar la felicidad eterna que, de algún modo, ya se inició en esta tierra por la fe en Cristo Jesús. No rendirnos ante el tedio de la vida, sino asumir con paz que el camino de la felicidad pasa por la cruz; pero no por cualquier cruz, sino aquella que se vive por Cristo, con Cristo y en Cristo. Se trata de saber descubrir en nuestra vida los “ingresos festivos” en Jerusalén para ensanchar nuestro corazón y caminar por las vías del Señor. Pero al mismo tiempo, disponer el alma para vivir la cruz de cada día, los dolores domésticos, las penas cotidianas con amor, con serenidad, unidos a Cristo.

La educación de la infancia, la Jornada Mundial de la Juventud. Una segunda reflexión se sugiere al ver a los “niños hebreos” que agitan los ramos al paso de Jesús. Se trata de considerar la importancia de educar en la fe y en los valores cristianos a nuestra niñez, a los juveniles y jóvenes. Quizá las generaciones jóvenes están hoy más expuestas que en otras épocas, al influjo negativo de los medios de comunicación y al amplísimo mundo de las redes sociales. Vivimos en una cultura de la imagen que imprime sellos indelebles en el alma de los pequeños (y hasta de los grandes): imágenes de violencia, de injusticias, de lucha entre los hombres, de terror... van dejando sin duda una huella.

Cada cristiano (discípulo misionero) debe sentirse responsable ante esta situación, debe sentir el anhelo de imprimir en el corazón de los que vienen detrás, no sólo imágenes positivas que les ayuden a vivir y esperar, sino también contenidos de fe, de esperanza de amor que los sostengan cuando lleguen a la edad madura. Esta tarea es responsabilidad principalísima de los padres de familia, que forman su hogar como una Iglesia doméstica donde se aprende la fe. Cada niño es como un tesoro que pertenece a Dios y que el mismo Dios ha puesto bajo el cuidado y protección de sus padres. Sin embargo, se trata de una responsabilidad en la que participan también todos los que intervienen en el camino educativo: los profesores, los catequistas, los párrocos...  Dediquemos, como lo hacía el Cura de Ars, una parte no indiferente de nuestro tiempo a la catequesis infantil porque ésos, que hoy son los niños que agitan los ramos de olivo en el atrio de nuestras iglesias, serán los que mañana –lo hacen desde ahora– predicarán el evangelio, formarán comunidades cristianas, entregarán su vida en consagración a Dios, educarán hijos y transmitirán la fe y los valores. “Arte de las artes es educar un niño”. Eduquemos a los niños como lo hacía Jesús: dirijámoslos por las sendas de la virtud, por el amor a la verdad superando toda mentira, por el camino del desprendimiento personal para que sepan darse a los demás.

Un peligro no pequeño de nuestra sociedad es un excesivo individualismo y egocentrismo que recluye a la persona en sí y le impide ser feliz y realizarse en la vida. Aprendamos a valorar los recursos infantiles: ellos, los pequeños, constituyen un ejército de apóstoles por su sencillez, por su amistad íntima y espontánea con Jesús, por su capacidad de lanzarse a grandes empresas sin temor. Los mayores también tenemos que aprender grandes cosas de esos pequeños que agitan traviesos sus ramos en medio de nuestras parroquias…

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...