lunes, 28 de agosto de 2023

HOMILIA Domingo vigesimosegundo del TIEMPO ORDINARIO cA (03 de septiembre de 2023)

Domingo vigesimosegundo del TIEMPO ORDINARIO cA (03 de septiembre de 2023)

Primera: Jeremías 20, 7-9; Salmo: Sal 62, 2-6.8-9; Segunda: Romanos 12, 1-2; Evangelio: Mateo 16, 21-27

Nexo entre las LECTURAS…

La Voluntad de Dios es la suprema norma del profeta Jeremías, de Jesucristo y de los cristianos. Jeremías siente el aguijón de la rebelión, de tirar todo por la borda; pero "(la Palabra de Dios) era dentro de mí como un fuego devorador encerrado en mis huesos; me esforzaba en contenerlo, pero no podía" (Primera lectura). El Evangelio de hoy sigue a la proclamación que Pedro hace de Jesús como Mesías e Hijo de Dios (Domingo anterior). Jesús quiere dejar bien sentado cuál es el sentido de su mesianismo según el designio de Dios: "Ir a Jerusalén y sufrir mucho por causa de los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; morir y al tercer día resucitar" (Evangelio). San Pablo nos enseña que el auténtico culto consiste en ofrecerse como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (segunda lectura).

Temas...

Ser cristiano no es fácil. No es fácil ser cristiano. Nunca lo ha sido, pero ahora, tal vez, menos. A todos nos gustaría un cristianismo cómodo, consolador, compaginable con otras tendencias a las que nos estimula la sociedad de hoy. Pero no es eso lo que nos han dicho las lecturas de hoy: nos han hablado de cruz y renuncia.

En la primera lectura hemos escuchado unas palabras dramáticas del profeta Jeremías. La misión que Dios le encomendaba resultó muy difícil. Era muy joven –unos 19 años– cuando fue llamado a ser profeta, portavoz de Dios. En un momento muy conflictivo de la historia de Israel –al borde de la destrucción total y del destierro– él, que de por sí era tierno y pacífico, debía anunciar palabras incómodas al pueblo y denunciar a los poderosos de su época. Eso le valió la enemistad, la burla, la persecución. No es raro que le asaltase la duda: ¿no será que Dios le ha "seducido", o sea, que le ha engañado y luego abandonado? ¿no será mejor que abandone, que dimita, que se niegue a seguir hablando en nombre de Dios? Pero triunfó en él la obediencia: no podía negarse a lo que le pedía Dios. Seguirá dando testimonio, seguirá siendo su profeta, aunque nadie le haga caso.

Pero todavía es más difícil y radical la vocación y la fidelidad de Jesús. También a él le va a costar la misión que se le ha encomendado. También a él le asaltará, en algunos momentos que los evangelios nos han conservado, la duda y el cansancio: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Él ya sabe –se lo anuncia a los suyos en el evangelio de hoy– que camina hacia la muerte. Y camina decidido, aunque los suyos no le ayudan precisamente con sus reacciones y aunque a él mismo le costará lágrimas y sudor de sangre. Porque una cosa es saber cuál es el camino y otra, seguirlo con fidelidad radical.

Aceptar el evangelio entero. La reacción de Pedro es, en cierto modo, explicable. De su amor a Cristo no se puede dudar. El Domingo pasado escuchábamos su hermosa profesión de fe: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios", Pero todavía no había entendido que el camino de Cristo es camino de renuncia y sacrificio, antes de ser de salvación y de gloria. A Pedro, como a nosotros, le gustaban los aspectos amables del seguimiento de Jesús, Pero el sacrificio, no. Le gustaba el monte Tabor, el de la transfiguración. Pero no el monte del Gólgota, el de la cruz.

Algo parecido nos pasa a nosotros, La historia de Jeremías y de Jesús es la historia de tantos y tantos cristianos que, a lo largo de los siglos, han experimentado la dificultad de vivir su fe en medio de una sociedad indiferente o incluso hostil. La historia de un cristiano de hoy, que quiere vivir su cristianismo con coherencia. Ser cristiano se va convirtiendo cada vez más en una opción explícita por Cristo y por su estilo de vida, por su mentalidad y criterios de actuación. Pero supone que se acepta a la vez el riesgo y la dificultad, porque la escala de valores de Cristo no coincide con la de ese mundo.

Sigue habiendo cristianos perseguidos por su fe, o porque denuncian injusticias y situaciones que no se pueden compaginar con el evangelio. Pero, sobre todo, hay cristianos que tienen que librar en sus vidas la diaria opción entre los criterios de este mundo –en pos del placer, o del dinero, o del poder– y los criterios de Cristo, de entrega por los demás, de renuncia a lo no ético, de apertura hacia lo espiritual y no sólo hacia lo material e inmediato. Cada uno sabe qué puede suponer para él en concreto ese "tomar su cruz y seguirle" que anuncia Jesús a los suyos, o a qué cosas le obliga a renunciar el ser cristiano. No se trata de buscar el sufrimiento en sí mismo, sino de aceptar el seguimiento de Cristo con coherencia. Pablo les dice a los cristianos de Roma, en la segunda lectura, que "no se ajusten a este mundo, sino que sepan discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto". Y que ese es el mejor culto a Dios. Este discernimiento cuesta, y conduce a decisiones que pueden resultar difíciles. Porque lo cómodo es acomodarse a este mundo.

Jeremías también pensó en abandonar el encargo profético para poder vivir tranquilo en su pueblo. Pero la Palabra de Dios le ardía dentro y escogió el camino difícil. A Jesús le apetecería más, sin duda, que Dios le ahorrara "el cáliz de su muerte", pero eligió el camino difícil: "No se haga mi voluntad, sino la tuya". A Pedro, que al principio "pensaba como los hombres y no como Dios" y prefería las cosas fáciles, también le vendrá el tiempo en que, madurado en su fe cristiana, dé valiente testimonio de su fe en Cristo ante el pueblo, ante las autoridades y, finalmente, ante Nerón en Roma, en su martirio.

También a nosotros el mundo de hoy nos ofrece caminos mucho más fáciles y "prometedores" a corto plazo. Pero Cristo nos dice que si queremos seguirle tenemos que tomar cada uno su cruz, como él tomó la suya. Lo que no podemos hacer es una selección de lo que nos gusta, evitando lo que nos parece más serio y exigente en el programa de vida de Jesús. No podemos "censurar" páginas del evangelio que no nos gusten,

La Eucaristía nos da la fuerza para poder seguir por ese camino, exigente pero coherente. Comulgar con Cristo, en la eucaristía, es comulgar también con Él a lo largo de la jornada y de la semana, Con todas las consecuencias, aunque a veces eso suponga dificultad y renuncia. Pero, a la larga, es lo que nos dará la más profunda alegría y felicidad. 

miércoles, 23 de agosto de 2023

HOMILIA Domingo vigesimoprimero del TIEMPO ORDINARIO cA (27 de agosto de 2023)


 Domingo vigesimoprimero del TIEMPO ORDINARIO cA (27 de agosto de 2023)

Primera: Isaías 22, 19-23; Salmo: Sal 137, 1-3. 6. 8bc; Segunda: Romanos 11, 33-36; Evangelio: Mateo 16, 13-20

Nexo entre las LECTURAS

La figura de Pedro, que confiesa a Jesús Mesías e Hijo de Dios, llena la escena litúrgica de este Domingo. Jesús lo constituye ‘Roca’ de la Iglesia, le da las llaves del Reino y le otorga el poder de atar y desatar (Evangelio). La primera lectura nos habla de Eliaquín, elegido por Dios para ser mayordomo de palacio, en tiempos del rey Ezequías, y que prefigura a Pedro: "El será padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré en sus manos las llaves del palacio de David". San Pablo, en la segunda lectura, se asombra de las decisiones insondables de Dios y de sus inescrutables caminos respecto al pueblo de Israel. La liturgia nos permite maravillarnos y sobrecogernos ante el gran misterio de la elección de Pedro para ser Roca y Mayordomo de su Iglesia y desde él, poder pensar y rezar nuestra vocación. Recemos por el Papa Francisco, sus intenciones y necesidades, su salud y santidad.

Temas...

¿Quién dice la gente que es Jesús? Acabamos de escuchar una escena bien conocida de todos. Aquella ocasión en que Jesús pregunta a sus discípulos sobre la opinión que la gente tiene de Él: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?". Lo que le contestan está inspirado en las similitudes de Jesús con algunos personajes conocidos de sus seguidores: que si Juan el Bautista, o Elías, o Jeremías, o algún otro de los profetas. Piensan en alguien del pasado que vuelve a actuar. En el fondo, Jesús les recuerda a alguien.

Más allá de la escena que se nos ha recordado, es importante que nos fijemos en nuestro tiempo actual. Si Jesús nos hiciera hoy esta misma pregunta, ¿qué le contestaríamos? ¿Qué dice la gente que es Jesús? Quizás algunos dirían que es un personaje del pasado, importante en la historia; o que es un modelo ético, un modelo de comportamiento a imitar; o alguien a quien se recurre en la dificultad; o bien el amigo, alguien a quien se ama en profundidad; o alguien a quien tener en cuenta en la vida personal, pero sin necesidad de vivirlo y de celebrarlo comunitariamente; o alguien que no me dice nada en mi vida particular; o bien, que es el salvador de la humanidad; Muchas y distintas respuestas, entre otras que cada uno podíamos añadir.

Y para ti, ¿quién es Jesús? Pero Jesús quiere ir más allá. No le basta con conocer el estado de opinión de la gente, sino que busca una respuesta personal de cada uno de sus discípulos. Quiere que cada cual dé la suya: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Una vez más es Pedro quien toma la palabra y contesta: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". No se trata de una respuesta nueva ni original. Precisamente, poco tiempo antes, según leíamos hace dos Domingos en concreto, los discípulos al comprobar que Jesús andaba sobre las aguas, también proclamaron: "Realmente eres Hijo de Dios",

Se trata de respuestas que no hacen referencia al pasado, sino que hablan del presente, de quién es Jesús para cada uno de ellos. Una respuesta que Parte de su propia experiencia. Y, por encima de todo, parte de la acción del Padre que es quien revela que Jesús es su propio Hijo,

Y nosotros, ¿quién decimos que es Jesús? No consiste en buscar y dar una respuesta ya sabida, o en que otros contesten por mí. Cada cual, con sus propias palabras, a partir de su propia experiencia personal, debiera responder con sencillez y con sinceridad: ¿Quién es para mi, aquí y ahora, Jesús? Ojalá que, como Simón, mereciéramos que de la boca de Jesús volviera a surgir la bienaventuranza: "¡Dichoso, bienaventurado, tú, Simón!"

Ser piedra y encargarse de las llaves. A partir de su respuesta, Jesús le da dos atribuciones: ser piedra y encargarse de las llaves del Reino (mayordomo).

Ser piedra, buen fundamento para la construcción de la comunidad, hasta el punto de ser capaz de resistir contra el mal. A pesar de la debilidad, de las dificultades, de los temores, tenemos un fundamento firme en el que apoyarnos, porque tiene la garantía dada por la palabra del mismo Jesús.

encargarse de las llaves del Reino. El mismo poder que se da también a los otros discípulos, a la comunidad entera: "Lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo" Construir la fraternidad, la aceptación mutua, el perdón, la reconciliación, es una tarea que corresponde a Pedro, que corresponde a la Iglesia entera.

Pedro ha de ser piedra de fundamento para la Iglesia y ha de ayudar a construir la unidad y la reconciliación en su interior. Una tarea que también nos implica a cada uno de nosotros. Depende, en parte, de nosotros que nuestra comunidad siga viva, testimoniando a Jesús en medio de nuestro (pueblo, barrio, comunidad). Depende de nuestra colaboración que en su interior haya unidad, aceptación mutua, perdón, reconciliación. Todos nosotros somos portadores de estos dones allí donde tiene lugar nuestra vida: en casa, con los compañeros de trabajo y de estudio, con los vecinos...

Que nos acompañe siempre la gracia del Señor que recibimos en esta Eucaristía

lunes, 14 de agosto de 2023

HOMILIA Solemnidad de la Asunción de la VIRGEN MARÍA (15 de agosto de 2023)

 Solemnidad de la Asunción de la VIRGEN MARÍA (15 de agosto de 2023)

PrimeraApocalipsis 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab; Salmo: Sal 44, 10bc. 11-12. 15b-16; Segunda: 1Corintios 15, 20-26; Evangelio: Lucas 1, 39-56

Nexo entre las LECTURAS

Toda la celebración de hoy tiene un color de victoria y de esperanza que nos va muy bien: en medio de un mundo sin demasiadas perspectivas, cuando, confuso en muchos aspectos y especialmente por la dictadura del relativismo reinante, los cristianos celebramos la victoria de María, la Madre de Jesús y de la Iglesia, y nos dejamos contagiar de su alegría, nexo de las lecturas y centro de la Solemnidad. Teniendo en cuenta que ésta es una de las fiestas más grandes de la Virgen, todo el estilo de la celebración, de las moniciones y de la homilía y las actividades de los cristianos el 15, deberían mostrar nuestra alegría por la obra que Dios ha hecho en la Virgen y por lo que esto supone de esperanza para nosotros. ¡Vivamos de manera muy festiva esta Liturgia y este día!

Temas...

La victoria de Cristo Jesús: Cristo Resucitado, tal como nos lo presenta Pablo, es el punto culminante de la Alegrémonos, hermanos. Hoy es fiesta para toda la Iglesia. Más aún, para toda la humanidad. En un mundo en que no abundan precisamente las buenas noticias, nosotros estamos celebrando esta: que Dios ha querido que María, una humilde mujer de Israel, fuera la madre del Mesías, del Hijo de Dios, y que después participara plenamente, en cuerpo y alma, de la gloria de su Hijo, en el cielo. Es una buena noticia para ella y también para todos nosotros.

Una victoria contagiosa. Ante todo, hoy es un día de victoria para Cristo Jesús. Tal como nos lo ha presentado Pablo, en su lectura, Cristo Resucitado es el motivo de nuestra fe y de nuestra fiesta, a lo largo de todo el año, y también hoy. Él es la primicia de toda la humanidad y de la creación, el primero que triunfa plenamente de la muerte y del mal, resucitando a una nueva existencia, después de haber cumplido la misión que Dios le encomendara. Él es el segundo y definitivo Adán, cabeza de la nueva humanidad, destinada a la salvación.

Pero hoy es fiesta también para la Virgen María, su madre. Ella es la primera salvada por Cristo. Ella es la primera cristiana: la mujer que creyó en Dios, la que se puso a su disposición con un "s?' total ("hágase en mí según tu Palabra"), la que le dedicó a Dios Padre la gozosa alabanza del Magnificat, la que estuvo siempre con su Hijo –en su nacimiento, en su vida, al pie de la cruz y en la alegría de la resurrección–, la que se dejó llenar del Espíritu, y la que ha sido glorificada como primer fruto de la Pascua de Jesús, asociada a su victoria en cuerpo y alma, al final de su vida mortal, gozando ya para siempre junto a él. En verdad "ha hecho obras grandes" en ella el Señor.

Y es también fiesta para nosotros, la Iglesia de Jesús y para la humanidad (Fratelli Tutti). María, miembro entrañable de la comunidad cristiana, la mejor seguidora de Jesús, la Hermana, la Madre, está presente en el camino de la Iglesia y del mundo, como lo estuvo en el de Jesús su Hijo. La figura de la "mujer" que da a luz al Salvador y triunfa contra el enemigo, como hemos leído en la primera lectura, el Apocalipsis, aunque se refiera directamente a la Iglesia misma, se cumple de modo privilegiado en María, prototipo de todo lo que la comunidad cristiana quiere llegar a ser en su camino de lucha contra el mal.

Lo que Dios ha realizado en María es también nuestra victoria. El de María a Dios fue de alguna manera nuestro "sí". El "sí' de Dios a ella es también un "sí' dirigido a todos nosotros, porque a todos nos prepara el mismo destino que a ella. Como diremos en el prefacio, "ella es la figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada: ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra".

Fiesta mayor de la esperanza. Nos hacen falta fiestas como esta. No estamos viviendo tiempos fáciles. La imagen de una comunidad en lucha, tal como aparece en el Apocalipsis, la estamos viviendo también en nuestros tiempos. También a nosotros nos toca luchar contra los varios "dragones" que nos tientan en este mundo, y que hacen que sea cuesta arriba el vivir según el evangelio de Jesús.

Pero hoy, mirando a la Virgen María, que ya comparte la victoria de su Hijo, nos reafirmamos en nuestra confianza. La Asunción nos demuestra que el plan de Dios es plan de vida y salvación para todos. La Asunción es un grito de fe en que es posible esta victoria contra el mal. Que va en serio lo que Dios ha pensado para nosotros y para la humanidad. Que nuestro destino no es la muerte, sino la vida y la felicidad eterna. La fiesta de hoy es una respuesta de Dios a los pesimistas y a los perezosos, y también a los materialistas que no ven más que los valores económicos o humanos: algo está presente en nuestro mundo que trasciende nuestras fuerzas y nos lleva más allá. El destino de la humanidad, después de una vida plena y comprometida aquí abajo, es la glorificación en Cristo y con Cristo. Por eso en la Misa de hoy estamos pidiendo repetidamente a Dios que también nosotros lleguemos a participar con Cristo y con María de su misma gloria en el cielo. No sabemos cuándo y cómo sucederá. Pero sí nos alegramos de que ya haya sucedido en María de Nazaret.

Cada Eucaristía, Magníficat y Asunción. Cada vez que celebramos la Eucaristía suceden dos cosas muy hermosas. Ante todo, imitamos el Magnificat que entonó la Virgen María. Le elevamos a Dios nuestras alabanzas, sobre todo en la plegaria eucarística, la oración primordial de la Misa, que el sacerdote proclama en nombre de todos y apoyado por las aclamaciones de todos,

Pero además, la Eucaristía es también la garantía de nuestro triunfo final. Hacemos el memorial de la Pascua de Jesús, que es la raíz de la victoria de María y de la nuestra, y, al comulgar con fe en el Cuerpo y Sangre de Cristo, ya participamos de su vida. Él mismo nos aseguró: "Quien come mi Carne y bebe mi Sangre vive de vida eterna y yo le resucitaré en el último día".

Vamos por buen camino si, a lo largo de nuestra vida, celebramos bien la Eucaristía. Estamos en el mismo camino de la Virgen y de la victoria de su Asunción.

Sugerencias...

La Asunción es un grito de fe en que es posible esta salvación. Es una respuesta a los pesimistas y a los perezosos. Es una respuesta de Dios al hombre materialista y secularizado que no ve más que los valores económicos o humanos: algo está presente en nuestro mundo, que trasciende de nuestras fuerzas y que lleva más allá. El destino del hombre es la glorificación en Cristo y con Cristo.

El hombre, cuerpo y alma, está destinado a la vida. Esa es la dignidad y futuro del hombre. Por eso en la Misa de hoy pedimos repetidamente que también a nosotros, como a la Virgen María, nos conceda "el premio de la gloria" (oración de la vigilia), que "lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo" (oración del día). Estamos celebrando nuestro propio futuro (optimistas) realizado ya en María.

Nuestro Magníficat: la Eucaristía. Los Domingos, y también otros días (preceptos) como hoy que la Iglesia considera muy importantes, la comunidad cristiana se reúne y entona a Dios su alabanza y su acción de gracias. Como la Virgen prorrumpió en el canto del Magníficat, así nosotros expresamos nuestra alegría, con fe y esperanza, por lo que Dios hace, en cantos, en aclamaciones y, sobre todo, en la Plegaria Eucarística. Es nuestra respuesta a la acción de Dios: nuestro "Magníficat" continuado. Y no sólo damos gracias, sino que en la Eucaristía participamos del misterio pascual, la Muerte y Resurrección de Cristo, del que la Virgen ha participado en cuerpo y alma, y así tenemos la garantía de la vida: "quien come mi Carne y bebe mi Sangre tendrá la vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (Jn 6.). La Eucaristía nos invita a mirar y a caminar en la misma dirección en la que nos alegra hoy la fiesta de la Asunción.

María, Hija de Sión, Madre de misericordia, ruega por nosotros.

HOMILIA DEL Domingo vigésimo del TIEMPO ORDINARIO cA (20 de agosto de 2023)

 Domingo vigésimo del TIEMPO ORDINARIO cA (20 de agosto de 2023)

Primera: Isaías 56, 1. 6-7; Salmo: Sal 66, 2-3. 5-6. 8; Segunda: Romanos 11, 13-15. 29-32; Evangelio: Mateo 15, 21-28

Nexo entre las LECTURAS

El salmo responsorial, que es la plegaria que sintoniza admirablemente con la primera lectura, nos ha hecho suplicar: "Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben". Una plegaria en consonancia con la misión universal de la Iglesia (Evangelio). Y es que Dios la ha pensado como sacramento de salvación para todos los hombres. El nuevo pueblo de Dios sería infiel a su vocación si se replegara en sí mismo. Cristo lo ha enviado a todo el mundo. He aquí una consecuencia lógica del querer de Dios y de la obra de Cristo. Hay que tener presente la gran afirmación: "Los dones y el llamado de Dios a Israel son irrevocables (segunda lectura) y Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". La Iglesia es, en esta línea y siguiendo la afirmación de san Juan Pablo II, camino hacia el hombre para que el hombre camine hacia Dios.

Temas...

Los aquí reunidos para celebrar la Eucaristía hemos descubierto, en algún momento de nuestra vida, el amor entrañable que Dios nos tiene, su proyecto de salvación que su Hijo Jesucristo nos ha comunicado, y al que hemos querido responder intentando ser fieles, en nuestra vida, a esta llamada que hemos descubierto.

El largo camino de la propuesta salvadora de Dios. El camino de la salvación que Dios nos propone se ha ido mostrando poco a poco a la humanidad, desvelando progresivamente la grandeza y la radicalidad de su invitación.

En un primer momento, la relación de Dios con la humanidad tiene un destinatario especial. Dios establece un pacto, una relación única y especial, con el pueblo elegido, con el pueblo de Israel, a la espera de obtener una respuesta de fidelidad, Así, Israel será su pueblo, y el Señor será su Dios.

Con Jesús, esta propuesta de salvación queda también dirigida en concreto al pueblo de Israel, pero hallamos ya elementos que nos descubren un alcance más amplio: la salvación de Dios aspira a llegar a toda la humanidad. Dios, Padre de toda criatura humana, de todo hombre y de toda mujer, los quiere con amor entrañable y quiere proponerles su proyecto de salvación y de felicidad.

La alabanza de la fe. Si leemos con atención el evangelio, nos encontramos con llamadas de Jesús a creer en Él, a tener fe en sus gestos y en sus palabras, en lo que transmiten y en nombre de quien lo hace. Pero estas llamadas no siempre son correspondidas, Por eso a menudo se queja de la incredulidad o de la "poca fe" de los que le siguen, en especial del primer destinatario del proyecto de Dios: el pueblo de Israel,

Pero también podemos encontrar en otras ocasiones cómo Jesús alaba la fe de alguien. Hoy hemos escuchado una de esas alabanzas, la dirigida a aquella mujer cananea: "¡Mujer, qué grande es tu fe!" La otra alabanza va dirigida al centurión que le pide la curación de su criado: "En verdad les digo: En todo Israel no he hallado a nadie con tanta fe".

En dos ocasiones Jesús alaba la fe de alguien, Y en ambas ocasiones la persona elogiada no pertenece al pueblo de Israel, ambas son paganas.

Herederos de una historia, llamados a la fe. Después de su resurrección, Jesús encargó a sus discípulos que contagiaran la Buena Noticia que les había anunciado y que habían tenido la suerte de experimentar, por el mundo entero. Quiso que la salvación que Él había traído de parte de Dios llegara a todos; que todo el mundo se beneficiara de ella que todos participaran de ella. Todos nosotros somos herederos de aquel encargo misionero y evangelizador y en sinodalidad. Gracias a aquellos apóstoles y profetas, y a otras muchas personas, la fe en Cristo se ha extendido por todas partes, y muchos pueblos y personas hemos logrado conocer, celebrar, vivir y testimoniar nuestra fe en Jesús, muerto y resucitado.

Todos nosotros hemos de considerarnos de la descendencia de aquellos dos paganos y de muchos otros que, después de ellos, han conocido a Jesús, han aceptado su mensaje con fe profunda, convencida, proclamada sin temor.

Todos nosotros hemos sido agraciados con el conocimiento y la acogida de la Buena Noticia de Jesús en nuestra vida. Pero, si nos encontrásemos cara a cara con Él, ¿podría alabar nuestra fe, como alabó la de aquella mujer cananea o la del centurión? Acoger a Jesús y su gracia exige de nosotros una respuesta al amor entrañable de Dios, hecha de fidelidad, de confianza y, sobre todo, de fe.

La participación de esta Eucaristía, en la que acogemos el alimento de la Palabra de Dios y de su Cuerpo partido y compartido, nos ha de ser un estímulo para crecer en fidelidad, en confianza y en fe.

Sugerencias... (Lectio)

Contemplar la escena de la cananea: una mujer pagana, no israelita, que tenía la hija muy enferma, endemoniada, y oyó hablar de Jesús. Sale a su encuentro y con gritos le dice: «Señor, Hijo de David, ten piedad de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio» (Mt 15,22). No le pide ‘algo especial’, solamente le expone el mal que sufre su hija, confiando en que Jesús ya actuará.

Jesús ‘como que se hace el sordo’. ¿Por qué? Quizá porque había descubierto la fe de aquella mujer y deseaba acrecentarla (pasó con la Samaritana, con el Ciego, con Zaqueo y con Marta –hermana de Lázaro–). Ella continúa suplicando, de tal manera que los discípulos piden a Jesús que la despache. La fe de esta mujer se manifiesta, sobre todo, en su humilde insistencia, remarcada por las palabras de los discípulos: «atiéndela, porque nos persigue con sus gritos» (Mt 15,23).

La mujer sigue rogando; no se cansa. El silencio de Jesús se explica porque solamente ha venido para la casa de Israel. Sin embargo, después de la resurrección, dirá a sus discípulos: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15).

Este silencio de Dios, a veces, nos atormenta. ¿Cuántas veces nos hemos quejado de este silencio? Pero la cananea se postra, se pone de rodillas. Es la postura de adoración. Él le responde que no está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros. Ella le contesta: «Y, sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños» (Mt 15,26-27).

Esta mujer está muy despierta desde su humildad. No se enfada, no le contesta mal, sino que le da la razón: ‘Tienes razón, Señor’. Pero consigue ponerle de su lado. Parece como si le dijera: ‘Soy como un perro, pero el perro está bajo la protección de su amo’.

La cananea nos ofrece una gran lección: da la razón al Señor, que siempre la tiene. No hemos de querer tener la razón cuando te presentas ante el Señor (el libro de Job). No debemos ser quejosos sino, más bien, oferentes (esto dice la Virgen en Fátima a los pastorcitos) y, si te quejas, acaba diciendo: ¡Señor, que se haga tu voluntad!

lunes, 31 de julio de 2023

¿Cómo HABLAR con los ÁNGELES? ¿Cómo es mi ÁNGEL? PODCAST Conversando con...

HOMILIA 6 de agosto. LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR. Fiesta. Ciclo A. (2023)


 6 de agosto. LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR. Fiesta. Ciclo A. (2023)

Primera: Daniel 7, 9-10. 13-14; Salmo: Sal 96, 1-2. 5-6. 9; Segunda: 2 Pedro 1, 16-19; Evangelio: Mateo 17, 1-9 

CONTEMPLACIÓN Y ALABANZA

La celebración Dominical de hoy tiene un acento peculiar porque coincide con una fiesta del Señor: la que conmemora su transfiguración en la montaña como un anuncio –que precede a su pasión– de su resurrección gloriosa. El evangelio de hoy, que nos narra la escena de la Transfiguración y nos conduce más directamente a la contemplación de Cristo, que se nos muestra con el esplendor de su gloria, y a la alabanza de aquel que, en esta visión, nos ha querido manifestar cuál es la esperanza de la realidad a la que estamos llamados aquellos que en Él creemos.  

Unidad entre las LECTURAS

Las lecturas de hoy presentan una unidad que va creciendo a medida que se van sucediendo los textos. Nos hallamos ante un primer texto profético (Daniel) en el que la Iglesia nos descubre la gloria que Cristo había de alcanzar; y hace esto por medio de las afirmaciones del salmo ("El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra"). El texto apostólico es una "catequesis" que nos dispone admirablemente para escuchar y comprender el alcance del relato evangélico, culminación de la liturgia de la Palabra. Sería bueno empezar la homilía recordando el itinerario seguido por los textos que se han escuchado, antes de centrarse en el mismo texto evangélico.

Temas… En este Domingo, la liturgia celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor.

Hoy, en lugar del domingo, celebramos una fiesta antigua, venerable, que todos los años tiene lugar el 6 de agosto: la fiesta de la Transfiguración, que en algunos lugares se conoce también como la fiesta del Salvador. Se trata de recordar aquel momento glorioso en que tres discípulos tuvieron ocasión de ver al Señor resplandeciente, momento que ellos ya nunca más olvidarían. San Pedro, ya muy anciano, así lo recuerda en la segunda carta de hoy: "Esta voz traída del cielo la oímos nosotros estando con él en la montaña sagrada".

–Vivir la alegría y la luz de la fe.

La Transfiguración confirmó la fe de los apóstoles y fue para ellos la luz "que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero nazca en vuestros corazones".

La Transfiguración del Señor plantea una cuestión que es vital en el cristianismo: la fe es para los apóstoles algo luminoso, como una inmensa alegría, que nadie les podrá robar. Si una persona, joven o mayor, experimenta la alegría de la fe, ya no la pierde nunca jamás.

¿Cómo lograremos ayudar a descubrir este aspecto de la fe? Los apóstoles lo descubrieron: en un momento, que compensa los sufrimientos de toda una vida, los discípulos ven al Señor transfigurado. Esta escena acentúa el gozo de la fe, la alegría de saberse salvados y amados por Jesucristo. Buscar momentos de oración, de contemplación, de Eucaristía bien preparada y participada.

Hay un momento que debiera de ser determinante en este aspecto. Me refiero a la Misa de cada Domingo, que ha de ser luz viva que transfigure nuestras vidas. Hemos de prepararla bien. La gloria de Dios, aunque escondida, está presente en ella.

En medio de nuestra conflictiva e incierta historia humana se nos revela Dios. En este nuestro mundo tan complicado, en las preocupaciones de nuestra familia que tanto nos hacen sufrir, en los problemas cotidianos, en una sociedad tan a menudo enemistada, en el seno de una Iglesia que ha de pedir perdón para purificar su memoria histórica, tenemos que navegar con esperanza renovada, "aunque es de noche", como decía san Juan de la Cruz. O como expresaba un musulmán contemplativo: "En una noche oscura, bajo una negra piedra, hay una pequeña hormiga negra. Pero Dios no se ha olvidado de esta hormiguita".

– Mirar la vida con ojos nuevos.

La oración no sólo nos ayuda a amar a Dios sino que nos predispone a contemplar la naturaleza con ojos nuevos. El pintor Giovanni Bellini tiene un cuadro, que está ahora en el Museo Capodimonte en Nápoles, que nos muestra la figura de Cristo transfigurado ante sus discípulos. El Salvador resplandece en medio de la escena, flanqueado por Moisés y Elías, con los discípulos a sus pies. Pero toda la naturaleza se diría que despierta como atraída por la blancura de la túnica del transfigurado: montañas y valles, prados y flores, animalillos y personas humanas que en la perspectiva aparecen encaminándose hacia sus respectivos trabajos. Todo está iluminado por la luz de Cristo. Como san Francisco, cuando contemplaba la maravilla de la Umbría, región donde vivía, desde la terracita de San Damián, y componía su himno al hermano sol. Contemplar la naturaleza, sobre todo la persona humana, con la mirada penetrada de Dios. Mirar al mundo con la mirada de los santos.

Quien reza no encuentra tan malos a los demás. Cada vez que salimos de Misa debiéramos mirar las cosas y, sobre todo las personas, con una mirada nueva. Como los discípulos al bajar de la montaña del Tabor.

Los discípulos en la cima de aquella montaña se desprendieron de sus envidias pero no prescindieron de los problemas de la vida, problemas penetrados de la tragedia que se les venía encima. Esto es, la plegaria no consiste en desentendernos de los problemas de la vida, sino que proyecta sobre ellos una luz nueva.

¿Acaso no os ha ocurrido alguna vez que ante una dificultad aparentemente insalvable, después de retiraros a rezar unos momentos, habéis encontrado una luz que os ha ayudado a superar aquella oscuridad? La oración nos abre unos ojos nuevos para empezar a descubrir el rostro escondido de Dios.

Sintámonos hoy unidos, de forma muy especial, a nuestros hermanos de la Iglesia ortodoxa, con quienes compartimos la luminosidad de esta fiesta. Ellos la celebran muy solemnemente. Este recuerdo nos mueve a rezar para que, muy pronto, podamos compartir con ellos el Pan sagrado y el Cáliz de la salvación.

Sugerencias...

El episodio evangélico de la transfiguración de Cristo nos invita también a fijarnos en un aspecto importante de toda la celebración litúrgica. Como los apóstoles, que reconocieron cuán bien estaban allí contemplando al Señor glorioso, pero que muy pronto tuvieron que bajar del monte y acompañar a Cristo hacia Jerusalén donde sufriría la pasión, también nosotros, al participar de la liturgia, gustamos por unos momentos cuán unidos estamos al Señor de la gloria y a los dones que son prenda de los bienes del cielo, pero muy pronto tendremos que volver al esfuerzo–entrega constante de la vida cristiana cotidiana.

La liturgia nos permite vivir momentos de intensa comunión con las realidades más santas y, al mismo tiempo, nos ayuda a vivir "mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo". Ojalá la fiesta de la Transfiguración nos ayude a valorar la importancia de estos dos aspectos de la vida litúrgica y nos impulse a vivir en el amor y servicio de la comunión diaria en la práctica de las obras de misericordia.

 

Temas…

a. La transfiguración de Jesús se sitúa evangélicamente en un momento crucial de su ministerio, a saber, después de la confesión mesiánica de Pedro en Cesárea de Filipo. Incomprendido por el pueblo y rechazado por las autoridades, Jesús se dedica en la segunda parte de su vida a revelar su persona al grupo de sus discípulos para confirmarlos en la fe. En la transfiguración se descubren las dos caras de la misión de Jesús: una, dolorosa: la marcha hacia Jerusalén en forma de subida, que para los discípulos es entrega incomprensible a la muerte; la otra, gloriosa: Jesús muestra en su transfiguración un anticipo de la gloria futura.

b. En el evangelio de la transfiguración hay una serie de imágenes escatológicas (choza, acampada, Moisés y Elías); cristológicas (Hijo de Dios, entronización mesiánica) y epifánicas (montaña, transfiguración, nube, voz) que describen a Jesús como Kyrios, con un señorío eminentemente pascual. La «montaña» es lugar de retiro y de oración; la «transfiguración» es una transformación profunda a partir de la desfiguración; «Moisés y Elías» son las Escrituras; la «tienda» es signo de la visita de Dios, unas veces oscura, otras luminosa, como lo indica la «nube». En definitiva, es relato de una teofanía o de una experiencia mística. Si nos fijamos en el itinerario del relato, vemos que tiene cuatro momentos: 1) la subida, que entraña una decisión; 2) la manifestación de Dios, que simboliza el encuentro personal; 3) la misión confiada, que es la vocación apostólica; y 4) el retorno a la tierra, que equivale a la misión en la sociedad.

c. La llamada de Dios a formar parte de una comunidad exige una conversión. Discípulos-misioneros de Jesús son quienes aceptan la llamada de una voz o la palabra de Dios decisiva y personal que incide en lo más profundo del ser humano. Escuchar a Jesús es una característica esencial del discípulo cristiano. Esto entraña «encarnarse», es decir, aceptar con seriedad la vida misma, con ráfagas de «visión» y torbellinos de «pasión», con la esperanza de salir victoriosos del combate de la misma vida, seguros de la fe en el Transfigurado. Jesús se hace prójimo de todos los hombres mediante la entrega de su propia vida.

d. ¿Tenemos experiencia personal de Dios?

lunes, 24 de julio de 2023

HOMILIA Domingo decimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cA (30 de julio de 2023)


 Domingo decimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cA (30 de julio de 2023)

Primera: 1 Reyes 3, 5-6a. 7-12; Salmo:118, 57. 72. 76-77. 127-130; Segunda: Rom 8, 28-30; Evangelio: Mateo 13, 44-46 

Nexo entre las LECTURAS

Una ‘nota’ del hombre es la libertad de elección. La elección es el tema que puede agrupar (nexo) los textos litúrgicos, mediante los cuales la Iglesia nos invita a reflexionar para vivir más evangélicamente. En el evangelio el hombre ‘que encuentra’ elige vender todos sus bienes para comprar el campo en el que ha descubierto un tesoro, y el que se dedicaba a buscar perlas finas sacrifica todas las que tenía con tal de obtener una perla preciosa sin comparación. En la parábola de la red ‘barredera’ ya no es el hombre el que elige, sino Dios mismo, conforme a las elecciones que el hombre haya hecho en su vida. La segunda lectura nos habla de la llamada de Dios y de la consiguiente respuesta–elección del hombre. La figura de Salomón orante, en la primera lectura, muestra que es en el ámbito de la oración donde el hombre se capacita para hacer las elecciones más auténticas, para discernir bien lo que hay que hacer y tener la fortaleza de poder practicarlo.

Temas...

Valorar lo que hacemos y pedimos. ¡Cuántas veces, en nuestra vida de cada día, hacemos cosas que tienen más valor, mayor sentido, del que pensamos! El maestro que dedica esfuerzo a enseñar a sus alumnos, la madre que se desvela preparando la comida de cada día, el campesino que sabe realizar el trabajo oportuno en cada época del año... Y tantos otros ejemplos que podríamos recordar, Claro está que lo importante es hacer estas cosas, hacerlas bien, más que pensar en su valor y sentido. Pero quizá, a veces, atender a este valor y sentido, tenerlo en cuenta, nos ayudaría a todos a hacerlas mejor, o a valorar más toda nuestra vida.

Y, esto, podríamos decirlo también desde la perspectiva de nuestra vida cristiana, religiosa. Nos permitimos un ejemplo.

Cada Domingo, en la Misa, rezamos el Padrenuestro. Después de dar gracias a Dios Padre, todos unidos nos atrevemos a decir con entera confianza la oración que Jesús nos enseñó. Lo importante es decirla, porque siempre las palabras –por poca atención que les dediquemos, si las decimos con buena  voluntad– siempre son semilla y levadura en la tierra de nuestra vida.

Pero mejor será si, cada uno, procura decirlas con más atención. Más abiertos a que aquello que pedimos al Padre, sea carne y sangre de nuestra vida. Una oración y un anhelo que, luego, cuando vamos a comulgar con Jesucristo, se realiza, Se realiza mucho más allá y mucho más de verdad de lo que nosotros somos capaces de imaginar.

¿Qué significa pedir: "Venga tu Reino"? Hoy, en el evangelio, Jesús nos hablaba del Reino de Dios como de un tesoro escondido o una perla de gran valor por lo que vale la pena venderlo todo. Es decir, como de aquello más valioso que podemos encontrar o buscar en nuestra vida. No como un añadido, o un complemento, o incluso un adorno, sino como lo mejor, lo decisivo, el corazón de nuestra vida.

Cuando, al rezar el Padrenuestro, decimos "venga tu Reino", ¿lo pedimos como lo más importante, corno el gran tesoro, la opción decisiva de la vida de cada uno de nosotros, de cada uno de ustedes?

Tal vez hemos de reconocer que no. Pero no nos asustemos de ello, no. Es ‘común’ y explicable que sea así. Porque el Reino de Dios, la paz, la justicia, el amor, la bondad, el compartir y ayudar, todo eso que compone y forma el Reino de Dios, siempre es mucho más de los que nosotros pensamos. Como decíamos al principio: es muy posible que lo vivamos y realicemos más de lo que pensamos. Cada día, en nuestro buen hacer hacia los demás. Pero quizá estemos poco atentos a lo que hacemos, lo valoremos poco.

De ahí que, cuando rezamos el Padrenuestro, cada día y sobre todo el Domingo antes de comulgar, bueno será que pensemos: pedimos muy sinceramente a nuestro Padre del cielo que venga a nosotros su Reino. Que es por lo que ya vivimos y trabajamos. Pero se trata de ser más conscientes de ello, para que así trabajemos más por ese Reino de Dios y lo vivamos más. Si amamos y queremos a los demás, que los amemos y queramos más sabiendo que esa es la gran voluntad de Dios. Si luchamos para que entre todos reine real justicia, que no nos desanimemos: es la lucha que Dios Padre quiere, que su Hijo Jesús nos enseñó y encomendó.

¿Encontrar o buscar?. Entre las dos breves parábolas que hoy leíamos, la del tesoro y la de la perla, hay una leve diferencia que puede responder a dos diversas historias de cada uno de nosotros o, a momentos distintos de nuestra vida.

La diferencia es que hablando del tesoro escondido (hoy quizá podríamos decir: un pozo de petróleo), Jesús dice que uno lo "encuentra". Mientras que cuando habla de la maravillosa perla de gran valor, dice (según el texto original) que "la busca". Son dos caminos, dos posibilidades, dos momentos en la vida de cada uno de nosotros: quizá Dios nos da la gracia de que encontremos sin buscar, o que tras una larga búsqueda, al final, tengamos la gracia de encontrar.

Sea como sea, lo que buscamos y lo que anhelamos encontrar es el Reino de Dios. Que intentamos explicar hablando de su amor, su vida, su paz y justicia, su bondad y buen hacer. Pero que, en el fondo, en todo eso, es el mismo Dios. Porque rezamos a nuestro Padre que está en el cielo, pero donde lo encontramos es en la tierra. Sobre todo, en cada hermana y hermano, en todo que nos pide amor, servicio.

Ese es el tesoro escondido, esa es la perla de gran valor. Dios presente en cada mujer, en cada hombre. Lo pedimos en el Padrenuestro, lo alimentamos en la comunión eucarística y lo vivimos en la entrega semanal..

Sugerencias...

La elección cristiana. El mundo de hoy ofrece a los hombres y a los cristianos muchas posibilidades de elegir entre realidades muy atractivas y seductoras, al menos a la vista y al "bolsillo". Una enorme desgracia que incumbe sobre los hombres es el engaño y los espejismos, el creer que hay un tesoro en un campo donde no lo hay en realidad, el soñar con un tesoro que de verdad no existe, valorar como perla preciosa lo que no es sino ficción (fachada) y baratija. Luego, con el tiempo, vienen los desengaños, las frustraciones... ¿Quién les orientará en la búsqueda del verdadero tesoro?

Muchos cristianos, muchos fieles de nuestra parroquia y vecinos, necesitan posiblemente valorar, por sí mismos o con la ayuda de otro, el tesoro inapreciable de Cristo y el campo, la Iglesia, en que este tesoro está escondido. Lo poseen como una herencia, como un cuadro antiguo que adorna una de las paredes de la casa. El cuadro está ahí, como podía estar en otro lugar. Esa herencia debe ser objeto de elección. Pero, ¿cómo van a elegir a Cristo, si Cristo es sólo una herencia, y no es un tesoro para ellos, si no es el supremo valor de su existencia? ¿Cómo van a amar a la Iglesia y a trabajar en la Iglesia, si no es el único campo en el que se encuentra el tesoro de Cristo? Es urgente que el cristianismo sea una herencia que se valora, que se elige y que llena de gozo la vida.

El sentido de la vocación. Se ha de buscar ampliar el concepto de vocación en la mente de los hombres y de los mismos cristianos. Existe la vocación a la vida, la vocación al matrimonio, la vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, la vocación al apostolado laical, a la entrega diaria, POR SOBRE TODAS: la vocación al Cielo... En definitiva, es importante que el hombre "se sienta llamado", es decir, elegido, interpelado. La vida humana, y de modo más hondo la vida cristiana, es un diálogo de libertad entre Dios y el hombre. Dios que llama y el hombre que responde. Dios nos llama a nuestra plena realización humana y cristiana, el hombre ha de responder a este llamado, y, según la respuesta, decide sobre su historia y su destino. Vivir la vida ordinaria con sentido de vocación ofrece una perspectiva nueva a la existencia. Realizar las pequeñas decisiones concretas de cada día como respuestas a Dios que llama nos ayuda a tomar nuestras decisiones con mayor responsabilidad y además da un gran valor al ejercicio de nuestra libertad en los pequeños asuntos diarios.

Nuestra Señora del SI, ruega por nosotros.

 

lunes, 17 de julio de 2023

HOMILIA Domingo decimosexto del TIEMPO ORDINARIO cA (23 de julio de 2023)


 Domingo decimosexto del TIEMPO ORDINARIO cA (23 de julio de 2023)

Primera: Sabiduría 12, 13. 16-19; Salmo: Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a; Segunda: Romanos 8, 26-27; Evangelio: Mateo 13, 24-43 

Nexo entre las LECTURAS

Jesús nos pide que seamos pacientes y misericordiosos, es el nexo. El texto que escuchamos del Libro de la Sabiduría nos habla del infinito poder de Dios, y de lo bien que sabe administrarlo, siendo benigno e indulgente. Así, es ejemplo para que nosotros también sepamos gestionar el tiempo que tenemos para hacer el bien en el amor y en el servicio. En relación con esta reflexión del Libro de la Sabiduría, el salmista proclama el amor, la bondad y la clemencia de Dios, ante quien se postran todos los pueblos y a quien el propio salmista le pide fortaleza. La segunda lectura se toma de la Carta a los Romanos. San Pablo nos habla de cómo el Espíritu Santo, de un modo misterioso, nos ayuda a orar desde lo más hondo de nuestro corazón. Y Dios Padre escucha esta oración. Del Evangelio, según san Mateo, escuchamos un largo texto del capítulo 13 en el que Jesús cuenta tres parábolas sobre el Reino de Dios: la cizaña, el grano de mostaza y la levadura. A continuación, los discípulos le piden que les explique la parábola de la cizaña… Jesús nos pide que seamos pacientes y misericordiosos.

Temas...

Entra en escena la cizaña. El pasado Domingo la parábola del sembrador nos aportaba un mensaje de esperanza: no somos tierra abandonada. Somos tierra de siembra. Porque el Señor sale siempre a sembrar en nosotros.

Pero en la parábola que acabamos de escuchar hoy, las cosas se ‘complican’. Es como si, después de ofrecernos una visión de conjunto del campo, la cámara se acercará más y más al objetivo y nos ayudará a descubrir aquello que de lejos no podíamos distinguir, Resulta que en el campo no todo es trigo. Entremezclado con él, ha crecido también la cizaña, una hierba venenosa que sería capaz de alterar la harina. Ha pasado desapercibida porque tan sólo es posible identificarla cuando hecha espigas.

Es comprensible la alarma de los jornaleros al darse cuenta. Van corriendo al encuentro de su amo y le dicen: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Y se produce un diálogo entre criados y amo, en el que está contenida la lección esencial de la parábola. Fijémonos.

Después de mostrarse escandalizados por el hecho, como si no quisieran aceptarlo, los criados hacen una sugerencia insensata: "¿Quieres que vayamos a arrancar la cizaña?".

Por el contrario, el amo no se muestra escandalizado. Deja entender que ya sabe de qué va la cosa: "Un enemigo lo ha hecho". Y rechaza la propuesta de sus criados con un argumento de sentido común: "No, que podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega". Será entonces el momento de la separación.

Puesto esto… vayamos ahora al significado de la parábola.

El campo es el mundo. También, en el contexto de este capítulo 13 de Mateo, puede significar el Reino de Dios, la vida de la Iglesia. En el mundo hay mucho trigo, pero también abunda la cizaña. La vida de la Iglesia está llena de la buena semilla que en ella siembra el Hijo del hombre, pero el espíritu del mal también esparce en ella la cizaña del pecado. ¿Cuál debe de ser nuestra actitud, sobre todo cuando algún hecho especialmente doloroso nos hace caer en la cuenta de lo cruda que puede llegar a ser la vida real?

No nos escandalicemos. La parábola de hoy (trigo y cizaña) nos enseña, en primer lugar, a no escandalizarnos ante la presencia del mal. Hay quien encuentra motivos para dudar de Dios al percatarse de que la corrupción abunda más de lo que sospechaba. Hay también quien halla motivos de desánimo ante las debilidades y el pecado de los demás. O quien a partir de ahí tiene un pretexto para desentenderse de sus responsabilidades cívicas, ordinarias y/o las eclesiales. Incluso cuando nuestra apreciación es justa, cosa que no pasa siempre, porque a menudo las apariencias nos engañan, incluso entonces hemos de ser constructivos. Es muy peligrosa la actitud del todo o nada En eso consiste el peligro del puritanismo.

Existe el trigo y existe la cizaña, y la existencia de la cizaña no me debe ser excusa para dejar de ser trigo.

Paciencia contra intransigencia. La paciencia es la segunda lección de esta parábola. Paciencia contra intransigencia. Paciencia como la de Jesús en su pasión, contra el espíritu de cruzada que representa Pedro cuando, en el huerto de Getsemaní, comete ‘el error’ de desenvainar la espada. Recordemos la primera lectura de hoy: "Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe de ser humano...". Todos tenemos que convivir, poniendo el juicio en manos de Dios. En esto consiste el buen estilo evangélico. Y no olvidemos aquello que gustaba afirmar san Pedro Crisólogo: "La cizaña de hoy, puede convertirse mañana en trigo".

La fuerza del Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad. Todavía podemos destacar una tercera lección de la parábola de hoy: hemos de confiar en la fuerza del trigo, en la fuerza del bien, en la fuerza del "Espíritu que viene en ayuda de nuestra debilidad", como nos ha dicho san Pablo en la segunda lectura. Por más cizaña que haya, el trigo sigue creciendo, nunca para de crecer... Así lo veremos en el día de la siega.

Las dos breves parábolas intercaladas en la del trigo y la cizaña, también estimulan esta confianza: el grano de mostaza es pequeño pero crece más alto que todas las hortalizas... La levadura se diría que desaparece escondida en la harina, pero hace que la masa fermente... Ni el grano de mostaza ni la levadura necesitan que nadie les añada potencia artificial y pretenciosa. La tienen toda. Les viene del Espíritu.

Sugerencias...

Ser apóstoles del bien. No cerraremos los ojos al mal, mas ¿por qué casi nos volvemos ciegos para el bien? Casi que el bien no tiene apóstoles, sino más bien y con frecuencia críticos. En cambio, el mal, el crimen, el desorden moral está en las pantallas de la televisión y de las redes sociales, en los titulares de los periódicos y en los labios de muchos –que se dicen- cristianos. Muchos están ocupados por el medio ambiente y por la ecología del planeta, por las mascotas o las especies en extinción; habremos de interesarnos, al menos por igual, de la ‘ecología moral’ de nuestros medios de comunicación social, de la ‘limpieza ética’ de las calles de nuestras ciudades. Si el grado de contaminación atmosférica sube más allá de lo normal, enseguida se adoptan medidas para hacerlo descender, pero, ¿qué pasa si la contaminación inmoral sube más de lo decente y honesto? A cualquiera que ponga el dedo en la llaga, le lloverá un diluvio de críticas y no pocas veces de improperios. Ciertamente hay que aplacar el mal que se ve y que se propaganda; sepamos que es muy importante y eficaz acallar el mal con la proclamación del bien, desarraigar el mal a base de bien y de bondad, de paciencia y comprensión.

La Iglesia es de todos y hay lugar para todos. Hay santos y hay pecadores, hay líderes y hay liderados, hay trigo y hay cizaña, hay flaqueza del hombre y hay misericordia de Dios. Iglesia santa y pecadora. Así es nuestra Iglesia. Como la luna con fases de esplendor (llena) y ausencia de esplendor (nueva), con luz que no es propia, sino que nos viene del Sol, Jesucristo resucitado. Aquí está presente el profundo realismo que nos invade y nos envuelve. Por prolongación, podríamos también decir: "Parroquia santa y pecadora", "institución religiosa santa y pecadora". Seamos realistas con nosotros mismos y en nuestra actividad pastoral. Tengamos fe, con todo, en que puede crecer en medio de nuestra comunidad parroquial o religiosa y en la misma familia, la santidad y disminuir el pecado. Con la liturgia de hoy estemos seguros de que "Dios puede utilizar su poder cuando quiera" (primera lectura) y de que "el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza... e intercede por nosotros con gemidos inefables" (segunda lectura). Convenzámonos con el Evangelio de que la semilla del bien va a transformarse en un árbol gigante.

Es el tiempo de la siembra y el tiempo de la vida el Tiempo Ordinario. En invierno se nota más… pues, bajo una aridez aparente, fecundan las semillas. Parecería que no hay señales de vida porque la vida late bajo la tierra fértil. Día a día, semana tras semana, penetra en nosotros la semilla, la Palabra que Dios que el sembrador esparce en nuestra tierra, en las tierras diversas de las que Jesús hablaba (Mt 13, 1-8; 18-23). Mientras vivimos el “Tiempo Ordinario” atendemos a la profundidad de nuestras vidas personales, acogemos en nuestra entraña creyente la semilla; el Espíritu, la fecunda y van naciendo en nuestra entraña brotes de vida. El “Tiempo Ordinario” es tiempo de interioridad, de madurez, de silencio y contemplación, de lluvias y fríos y rocíos, de vida latente que crece y empuja. Tal vez es por eso (conveniencia), que el color verde sea el color de este Tiempo.

María, Virgen fecunda, ruega por nosotros.

martes, 13 de junio de 2023

HOMILIA Domingo decimoprimero del TIEMPO ORDINARIO cA (18 de junio de 2023)

 Domingo decimoprimero del TIEMPO ORDINARIO cA (18 de junio de 2023)

PrimeraÉxodo 19, 1b-6a; Salmo: Sal 99, 1b-3. 5; Segunda: Romanos 5, 6-11; Evangelio: Mateo 9, 36 – 10, 8

Nexo entre las LECTURAS

En el largo camino de las relaciones entre los hombres y Dios, comienza en el Sinaí una nueva fase: la elección y constitución de un pueblo por parte de Dios. Así dice el Éxodo: “Ustedes serán el pueblo de mi propiedad entre todos los pueblos”. Con Jesucristo se instala en la historia un nuevo pueblo de Dios, cuyos fundamentos son los Doce: “Jesús llamó a sus doce discípulos... Los nombres de los doce apóstoles son: primero Simón...”. El nuevo pueblo de Dios ha sido constituido mediante la ofrenda total de Jesucristo en la cruz por la que el Padre nos ha reconciliado consigo: “Dios ya desde ahora nos ha concedido la reconciliación por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

¡Qué bueno rezar con el salmista: “Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño”!

Temas...

Un pueblo constituido por Dios y formado por hombres. En Egipto las diversas tribus descendientes de Jacob no formaban un solo pueblo bajo la guía de YHWH. Es recién en el Sinaí donde Dios toma la iniciativa y hace de las doce tribus un único pueblo de su propiedad mediante el pacto en la sangre del cordero. En continuidad con el pueblo de Israel, Jesús constituye un nuevo pueblo, eligiendo a doce discípulos en representación/conmemoración de las doce tribus de Israel y como base del nuevo pueblo cristiano. Ni el pueblo de Israel ni la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se constituyen a sí mismos; si existen, es porque Dios los ha hecho existir, esa es la noción que quiere expresar el vocablo IGLESIA (asamblea convocada por la santidad de Dios) . Con todo, sin esos hombres que salieron de Egipto o sin los Doce Dios no habría podido constituir un pueblo suyo. Los hombres son ‘necesarios’ para formar el pueblo y para llevar a cabo su razón de ser en la historia.

El medio con que Dios constituye su pueblo es la alianza. Se trata de una alianza entre el rey (Dios) y su vasallo (el pueblo), con una serie de cláusulas con las que recíprocamente se prometen fidelidad. En esta alianza entre Dios y su pueblo, la fidelidad de Dios está más que asegurada, no así la del pueblo de Israel ni la de la Iglesia. Por eso, hay que estar recordando continuamente la alianza de fidelidad para con Dios. Igual nosotros –antes de recibir el bautismo– nos encontrábamos con: opresión, división, enemistad y odio, irredención. Vino el Redentor, el Hijo hecho carne y nos dio toda clase de gracias y bendiciones y se nos pide que seamos fieles hasta el fin con una vida nueva de discípulos-misioneros para gloria de Dios y salvación de todos. Y continuamente centramos nuestra vida en la Palabra de Dios para enmendarnos y fieles a la alianza.

¿No hay aquí motivo más que suficiente para mantener con generosidad e ilusión la fidelidad a la alianza?

Dios constituye el pueblo de Israel y posteriormente la Iglesia con un fin. Ese fin es, por un lado, proclamar y salvaguardar en la historia el reinado de Dios, y por otro el hacer presente y viva entre los hombres la salvación universal y completa que Jesucristo nos ha traído a todos mediante su cruz y resurrección (misterio que bien acabamos de celebrar en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús). El monoteísmo judío encuentra su plena realización en el misterio cristiano de la Trinidad, con la afirmación inefable de tres personas en un único Dios (misterio celebrado hace pocos Domingos). La salvación universal es Don de Dios y tarea de la Iglesia, que es signo de la unión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí (LG 1). La filiación divina y la fraternidad humana son el mensaje esencial de la Iglesia, y proclamar este mensaje la razón de su ser en el mundo. Por eso es bueno y por fidelidad a Dios que revisemos, como nos dice el Papa, la sinodalidad eclesial y la misión, para ser fieles a Cristo que con estas intenciones la fundó. Además, no olvidemos de ir preparando en el corazón y en el seno del mundo los jubileos de 2025 y 2033.

Sugerencias...

Un solo pueblo. La realidad actual de la sociedad y de la Iglesia estimulan la promoción y la práctica pastoral de la unidad en la diversidad de razas, culturas, partidos políticos, situaciones legales, asociaciones e instituciones. En este "maremagnum" de diferencias, la Iglesia como institución y los obispos, párrocos, sacerdotes y diáconos en virtud de su ministerio de comunión, deben ser un faro alto y luminoso de unidad, de solidaridad, de servicio generoso a todos, en medio de las diferencias y conscientes de la real dificultad de mantener en unidad de intenciones la diversidad real de los hombres en tantos campos del obrar humano. Se puede y se debe, si la conciencia así lo dicta, pertenecer a diversos partidos siendo miembros de una y misma Iglesia; o aceptar en la comunidad parroquial a migrantes de otros países, sin que se sientan humillados o ciudadanos y cristianos de segunda categoría. Puede que haya en la parroquia la presencia de diversos movimientos o asociaciones eclesiales, y que todos contribuyan, según su carisma propio, a la unidad en el respeto y en la caridad, a la animación de la pastoral parroquial, a la santificación y al mejoramiento moral de los fieles de la parroquia...

Una sola misión. La Iglesia, la parroquia, los movimientos eclesiales y los grupos parroquiales tienen un único objetivo, aunque los modos de conseguirlo sean muy diversificados: Hacer eficaz el Evangelio de Jesucristo entre los hombres mediante la palabra, las obras y el testimonio de los buenos cristianos. Si Cristo es predicado, si Cristo es conocido, no importa que lo sea por obra de alguien que no pertenece a mi grupo o que usa métodos diversos de los míos. Si Cristo transforma la vida de los hombres, debo sentirme feliz, aunque no sea yo el instrumento de Dios, sino otra persona. Es inmensa la tarea de la Iglesia en el momento actual, como para estar perdiendo tiempo en pensamientos o incluso en disputas sobre si éste o el otro grupo actúan así o asá, usan ‘métodos’ que no comparto, tienen ciertas actividades que me resultan extrañas, son más tradicionales o más liberales... Mientras se conserve la unidad de fe y de moral, hay cabida para todos en la Iglesia y todos contribuyen a la presencia viva y eficaz de la Iglesia en el mundo.

 

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...