viernes, 5 de octubre de 2018
HOMILIA Domingo Vigesimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cB (07 de octubre de 2018)
Domingo Vigesimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cB (07 de octubre de 2018)
Primera: Génesis 2, 4b. 7a. 18-24; Salmo: Sal 127, 1-6; Segunda: Hebreos 2, 9-11; Evangelio: Marcos 10, 2-16
Nexo entre las LECTURAS
El tema de la UNIDAD con el signo del “matrimonio” domina la liturgia de este Domingo. Están, la ley de Moisés que permite repudiar a la esposa y la enseñanza de Jesús que vuelve a la ley originaria puesta en la naturaleza, según la cual "el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán dos en una sola carne" (el evangelio citando la primera lectura). EL proyecto de Dios es la unidad, la comunión, no la exclusión, la división, la negación del otro. En la segunda lectura, se nos recuerda que Jesús, que es el esposo de la humanidad -Iglesia-, se entrega a ella hasta la muerte para purificarla y santificarla con su sangre… de esta manera viene a ser verdadero prototipo del amor esponsal… En la manera de decir del Papa Francisco desde el inicio de su pontificado que tenemos que ayudarnos unos a otros, sostenernos, custodiarnos… unirnos para la gloria de la Dios y salvación de todos… especialmente el 19 de marzo de 2013, en el Jubileo de la Misericordia y en Amoris Letitia.
Temas...
El anuncio maravilloso de Jesús. Deberíamos decir que nuestro Señor presenta un ideal, y que es el único que realiza verdaderamente el proyecto de Dios sobre los hombres. O sea, que es el único que hace que el hombre se realice verdaderamente como persona. Y ese ideal consiste en el AMOR que dura y crece siempre, que quiere seriamente el bien del otro, que hace todo lo necesario para cultivar ese amor. El amor que es consciente de que, en definitiva, está realizando el propio Amor de Dios. Este ideal (de la unidad) resulta muchas veces difícil, como difíciles son los ideales que presenta Jesús: amar a los enemigos, perdonar siempre, venderlo todo y darlo a los pobres... solo es posible con la ayuda de la gracia y sabemos que si se realizan todas estas virtudes sería de verdad, el Reino de Dios, la Civilización del Amor, que es el mejor mundo para los hombres. Y por tanto, debemos seguir anunciando estos ideales y trabajar por realizarlos en la práctica de las obras de misericordia y de las virtudes.
El evangelio de hoy puede ser una buena ocasión para recordar -y valorar- el MATRIMONIO y a los matrimonios, en especial a los más cercanos a nosotros. Hablar y festejar la importancia de la grandeza del matrimonio y de su compromiso: conviene recuperar la decisión de amor de los orígenes, recordar que el amor sigue siendo bendecido por Dios y siguen siendo «sacramento», signo e instrumento de la unión de los hombres entre sí y de los hombres con Dios. También será ocasión para poner ante Dios, en la oración de la comunidad, la realidad actual -tan numerosa- de matrimonios rotos, de amor dividido… con todo lo que supone de consecuencias negativas para las familias y para la sociedad, y muy especialmente para los hijos. Puede ser ocasión para plantearse qué respuesta damos como comunidad cristiana (eclesial) a los matrimonios, a los que no son aún Matrimonio, a las familias, a los jóvenes. ¿Cómo ayudamos a que la voluntad de amor que Dios tiene para con las parejas sea posible en el día a día? También puede ser oportuno presentar la oración por el inicio y las tareas del Sínodo de la JUVENTUD, tal vez organizar jornadas de oración, de adoración, de ayuno, de abstinencia, de lectura, de práctica de la caridad para con familias de las periferias de nuestras comunidades, barrios y ciudades.
Sugerencias...
«Lo que Dios ha unido... ». El evangelio clarifica la cuestión del matrimonio, en la que Jesús, más allá de Moisés, se remite al orden original que se relata en el texto del Génesis (de la creación). Un orden que no es una ley positiva, cambiante, sino que está escrito en la naturaleza del hombre. Esta naturaleza es un misterio de comunión (varón y mujer) corporal y espiritual. El hombre y la mujer se convierten en «una sola carne» corporalmente, y como el hombre «abandona a su padre y a su madre para unirse a su mujer», y de esta unión nacen hijos que deben ser educados, ambos se convierten también en «un solo espíritu». Por eso la unión, que se remonta a un acto de Dios, es definitiva y no puede ser rota por el hombre. El episodio de la bendición de los niños, que se añade al final del evangelio, puede relacionarse con lo anterior. Los niños son aquí expresamente el modelo de todo hombre que acepta el reino de Dios, y por tanto también de los cónyuges cristianos, que, si conservan ante Dios la actitud del niño, no pueden adoptar frente al esposo o la esposa la actitud superior de dominio que suele ser propia del adulto que está alejado de los mandamientos y virtudes. Permanecer juntos como niños ante Dios hace posible una comprensión y una benevolencia mutuas, con las que se superan las inevitables tensiones de la existencia.
«El Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer». En la primera lectura aparece el relato de la creación de la mujer a partir de la costilla de Adán: el orden de la redención de Jesús confirma plenamente el orden de la creación del Padre. El sentido profundo de este texto es evidente: el hombre y la mujer son ya, desde los orígenes, una sola carne, de modo que su unirse y su «ser una sola carne» corresponde a su esencia más personal e intransferible. El varón domina los animales, pero en la mujer se reconoce a sí mismo: « ¡Esta sí que es carne de mi carne!». «Por eso» -se dice expresamente- el varón se une a la mujer y ambos se convierten en lo que ya son: una sola carne. A la fecundidad de esta unidad se alude en el primer relato de la creación; esta fecundidad pertenece, como ya se ha dicho, a la fundación de la indisolubilidad de la unión, como subraya Jesús.
Virgen presente y buena en Caná de Galilea, ruega por nosotros y por todos los matrimonios y familias.
martes, 25 de septiembre de 2018
HOMILIA Domingo Vigesimosexto del TIEMPO ORDINARIO cB (30 de septiembre de 2018)
Domingo Vigesimosexto del TIEMPO ORDINARIO cB (30 de septiembre de 2018)
Primera: Números 11, 16-17a.24-29; Salmo: Sal 18, 8. 10. 12-14; Segunda: Santiago 5, 1-6; Evangelio: Marcos 9, 38-43. 45. 47-48
Nexo entre las LECTURAS
Los textos de hoy hacen referencia a la vida comunitaria, sea en el pueblo en marcha hacia la tierra prometida, sea en la comunidad eclesial… es una invitación NUEVA del Señor para que vivamos la vida nueva del Reino en nuestras Comunidades. La primera lectura habla de la donación del Espíritu de Dios a los setenta jefes del pueblo en camino por el desierto. En el evangelio se reflejan ciertos aspectos de la vida de los discípulos y de los primeros cristianos en sus relaciones internas y en las relaciones con los que no pertenecen a la comunidad. Santiago se dirige al final de su carta a los miembros ricos de la comunidad para recriminar su conducta y hacerles reflexionar sobre ella a la luz del juicio final.
Temas...
La herida del pecado. Las lecturas muestran que la vida en comunidad está marcada por la limitación e imperfección… marcados estamos de tal modo que enfermos o débiles no hacemos el bien que queremos o hacemos el mal que no queremos… muchas veces tenemos buenos propósitos… pero poca fuerza o posibilidades de hacer ese bien propuesto. Por eso a veces es evidente la intolerancia exclusivista respecto a quienes no pertenecen al propio grupo, como leemos en el caso de Josué: "Mi señor Moisés, prohíbeselo" (primera lectura)… algo parecido leemos que hicieron los cercanos a Jesús (Juan): "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo" (evangelio). Otro punto es el escándalo que algunos miembros de la comunidad dan a los pequeños, poniendo en peligro su fe sencilla y su misma pertenencia a Cristo (evangelio). Entre quienes causan un escándalo importante están los ricos, que ponen la seguridad en sus riquezas… y, además, se aprovechan de los pobres, no pagando diariamente el salario a los obreros, entregándose al lujo y a los placeres, pisoteando, en perjuicio del pobre, la ley y la justicia (segunda lectura). Deberíamos aprender que no hay comunidad exenta de imperfecciones, debilidades y miserias. El Papa (ahora en Lituania… el convenio con China) ante esta realidad nos invita, de cara al pasado a purificar la memoria, y de cara al presente al arrepentimiento y a la renovación y humildad para fortalecernos en la cultura del encuentro. Debemos vivir más conscientes de que es el ESPÍRITU DE DIOS, y no el hombre, quien nos vivifica y santifica con su presencia y sus dones.
Unidos, reflejamos a Cristo. Jesucristo muestra, frente a la comunidad creyente, que tiene amor para los que no pertenecen al grupo. "No se lo impidan", dice a Juan y a los discípulos. Este comportamiento de Jesús halla su prefiguración en el de Moisés, al saber que su espíritu ha sido comunicado a Eldad y Medad que no estaban con el grupo de los setenta: "¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo de Yahvéh profetizara porque Yahvéh les daba su espíritu!". Jesús motiva su postura con dos reflexiones: 1) Quien invoca mi nombre para hacer un milagro, no puede luego inmediatamente hablar mal de mí. La persona de Jesús ejerce un influjo universal, no puede quedar encerrada dentro de los límites institucionales. 2) Quien no está contra nosotros, está con nosotros. Y esto es verdad incluso cuando no se pertenece a la misma comunidad de fe. También, dentro de la comunidad, las relaciones entre los diversos miembros han de estar animadas por el mandamiento de la CARIDAD. Como dice el mismo Santo Padre: en el Señor Jesús, tenemos que dar los pequeños pasos de la caridad, como dar un vaso de agua, un poco de alimento, un abrigo o un techo con la única intención de vivir la caridad cristiana. Por amor hacia el “pequeño” hay que estar dispuesto a acabar con aquello que lo pueda dañar. En las relaciones intraeclesiales debe reinar la justicia y la caridad en el servicio. Los “ricos”, los “poderosos” por su parte, han de ser muy conscientes de que sus riquezas no son tanto para gozarlas y despilfarrarlas cuanto para ponerlas al servicio de los necesitados. Cada uno vea de ponerse al servicio de los demás, siendo, con la ayuda de la gracia, el último de todos imitando al Señor, que se rebajó incluso hasta la muerte y muerte de Cruz (San Pablo de la Cruz).
Sugerencias...
Hacer el bien. Alejarse del mal. Posiblemente, este Evangelio nos lleva a rezar, reflexionar y discernir para descubrir ¡qué tenemos! que no nos permite ir hacia Dios, —y todavía más— qué nos aleja de Él... y es el pecado… eso mismo se lo tenemos que ofrecer a Dios como nuestro regalo y pedirle que nos bendiga abundantemente con sus gracias celestiales para que podamos alcanzar la paz y la unidad (San Roberto Belarmino). El mismo Jesús nos orienta para que, con su ayuda, podamos saber cuál es el pecado en el que caemos para que practiquemos la virtud opuesta a ese vicio.
Jesús habla —también— de los que escandalizan a los pequeños que creen en Él (cf. Mc 9,42). “Escandalizar” es alejar a alguien del Señor. Por lo tanto, valoremos en cada persona su proximidad con Jesús (Francisco). Jesús nos enseña que no hace falta ser de los Doce o de los discípulos más íntimos para estar con Él: «El que no está contra nosotros, está por nosotros» (Mc 9,40), como nos muestra la reflexión que ofrece el Papa en Gaudete et exsultate. Podemos comprender que Jesús lo salva todo y a todos. Es una lección del Evangelio de hoy: hay muchos que están más cerca del Reino de Dios de lo que pensamos, porque hacen el bien, amando y sirviendo humildemente, en nombre de Jesús. Como confesó santa Teresita del Niño Jesús: «El Señor no me podrá premiar según mis obras (...). Pues bien, yo confío en que me premiará según las suyas».
Autoridad y riqueza en la Iglesia. En la Iglesia sólo algunos han sido llamados por Dios para ejercer la autoridad institucional, pero TODOS tenemos el derecho y el deber de ejercer la autoridad de (en) la santidad. Puesto que el cristiano concibe la autoridad como servicio, la jerarquía practica su servicio mirando por la buena marcha de la comunidad eclesial en la caridad, en la unidad, en la paz, en la doctrina, en la vida moral, y en las acciones litúrgicas. Por su parte, los fieles cristianos laicos ejercen su autoridad sobre la comunidad eclesial entregando con generosidad sus vidas a Dios y a los hombres, atrayendo hacia Dios y hacia el Espíritu a muchos con su comportamiento y testimonio de vida. Son dos modos diversos de ejercer la autoridad, ambos al servicio de toda la Iglesia para gloria de Dios (San Ignacio de Loyola).
En la Iglesia hay ricos de bienes, y muchos de ellos son a la vez ricos de amor verdadero. En la Iglesia se dan también los pobres en bienes, pero que poseen una riqueza extraordinaria de fe, de amor y de esperanza. Hay también los otros, los ricos de bienes y pobres de amor, los pobres de bienes y ricos en ansias de lucro y de riquezas. No nos engañemos. Los verdaderos ricos en la Iglesia son los santos y la verdadera riqueza son los pobres, débiles y sufriente. Recemos y ofrezcamos sacrificios espirituales agradable al Padre para que seamos ricos en santidad… y si alguno es rico en bienes materiales, que sepa que puede ser mejor, perfecto poniendo esos bienes al servicio de la humanidad para gloria de Dios y salvación de todos.
Virgen del amor y del servicio, de la humildad y de la pobreza: ruega por nosotros y alcánzanos paz y unidad.
martes, 18 de septiembre de 2018
Papa Francisco en Santa Marta Martes 18 de septiembre de 2018
Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes 18 de septiembre de 2018
En el Evangelio de hoy (Lc 7,11-17), que recoge el milagro de la resurrección del hijo de la viuda de Naín, vemos que Jesús tenía autoridad ante el pueblo, pero no por la doctrina que predicaba, que era casi la misma que los demás, sino porque era manso y humilde de corazón. No gritaba, ni decía “yo soy el Mesías” o “soy el Profeta”; no hacía tocar la trompeta cuando curaba a alguien o predicaba a la gente o hacía un milagro, como la multiplicación de los panes. No. Era humilde. Simplemente hacía y era cercano a la gente. Los doctores de la Ley, en cambio, enseñaban desde la cátedra y se alejaban de la gente. No les interesaba la gente, o solo para imponerles mandamientos, que multiplicaban hasta más de 300. Pero no eran cercanos a la gente. En el Evangelio, cuando Jesús no estaba con la gente, estaba con el Padre, rezando. Y la mayor parte del tiempo de la vida de Jesús, de su vida pública, la pasó en la calle, con la gente. Esa cercanía: la humildad de Jesús, lo que da autoridad a Jesús, le lleva a la cercanía a la gente. Tocaba a la gente, abrazaba a la gente, miraba a la gente a los ojos, escuchaba a la gente. ¡Cercano! Y eso le daba autoridad.
San Lucas destaca en el Evangelio la lástima, la gran compasión que sintió Jesús viendo a la madre viuda, sola, y al hijo muerto. Tenía esa capacidad de padecer con. No era teórico. Se puede decir que pensaba con el corazón, no separaba la cabeza del corazón. Y hay dos rasgos de esa compasión que me gustaría subrayar: la mansedumbre y la ternura. Jesús dice: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”: manso de corazón. La mansedumbre. Era manso, no gritaba. No castigaba a la gente. Era manso. Siempre con mansedumbre. ¿Se enfadaba Jesús? ¡Sí! Pensemos cuando vio la casa de su Padre convertida en una tienda para vender cosas, y a los que cambiaban el dinero…; ¡y allí se enfadó, cogió un látigo y los echó a todos! Pero porque amaba a su Padre, porque era humilde ante el Padre, y tenía esa fuerza.
Y luego la ternura. Jesús no le dijo: “No llore, señora”, estando distante. No. Se acercó, quizá le tocase el hombro, o la acarició. “No llores”. Ese es Jesús. Y lo mismo hace con nosotros, porque es cercano, está en medio de la gente, es pastor. El otro gesto de ternura es levantar al hijo y entregárselo a su madre. En definitiva, humilde y manso de corazón, cercano a la gente, con capacidad de compadecerse y con esos dos rasgos de mansedumbre y ternura. Ese es Jesús. Y hace con todos nosotros, cuando se acerca, lo que hizo con el chico y su madre viuda. Esa es la imagen del pastor, y de esa debemos aprender los pastores: cercanos a la gente, no a los grupitos de los poderosos, de los ideólogos… ¡Esos nos envenenan el alma, no nos hacen bien! El pastor debe tener el poder y la autoridad que tenía Jesús, de la humildad, de la mansedumbre, de la cercanía, de la capacidad de compasión, de la ternura.
Y cuando luego las cosas le fueron mal a Jesús, ¿qué hizo? Cuando la gente lo insultaba, aquel viernes santo, y gritaba “crucifícalo”, se quedó callado porque tenía compasión de aquella gente engañada por los poderosos del dinero, del poder… Estaba callado. Rezaba. El pastor, en los momentos difíciles, en los momentos en que se suelta el diablo, cuando el pastor es acusado, pero acusado por el Gran Acusador a través de tanta gente, tantos poderosos, sufre, ofrece la vida y reza. Y Jesús rezó. La oración le llevó también a la Cruz, con fortaleza; y también allí tuvo la capacidad de acercarse y curar el alma del buen ladrón.
Releamos hoy este texto de Lucas, capítulo 7, para ver dónde está la autoridad de Jesús. Y pidamos la gracia de que todos los pastores tengamos esa autoridad: una autoridad que es una gracia del Espíritu Santo.
lunes, 17 de septiembre de 2018
HOMILIA Domingo Vigesimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cB (23 de septiembre de 2018)
Domingo Vigesimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cB (23 de septiembre de 2018)
Primera: Sabiduría 2, 12.17-20; Salmo: Sal 53, 3-6. 8; Segunda: Santiago 3, 16 – 4,3; Evangelio: Marcos 9, 30-37
Nexo entre las LECTURAS
Jesucristo, Palabra del Padre, con su persona, su enseñanza y su vida, ha traído una enseñanza revolucionaria al mundo, a los hombres. En esta enseñanza se centran (una posibilidad) los textos litúrgicos de este Domingo. Al impío, que no entiende ni acepta la vida del justo se le pide, decididamente, un cambio de actitud (primera lectura), se le enseña que se puede responder con amor y benevolencia y no con odio o rencor, como Caín. Los discípulos de Jesús necesitan cambiar de mentalidad ante las enseñanzas sorprendentes de su Maestro (evangelio) y deberán comprender en su corazón que el amor y el servicio, la entrega y la donación es lo mejor y es lo que Dios quiere… ¡nunca más el odio ni la venganza! Dirá san Juan Pablo II. Santiago (segunda lectura) propone a los cristianos un programa espiritual que implica un “cambio” en el estilo de vida que llevaban antes de conocer a Jesús. La verdadera revolución es entregar la vida por el otro (Papa Benedicto).
Temas...
Empezar con una actitud nueva. Según el libro de la Sabiduría, el impío piensa que el justo es un fastidio para él, porque es la conciencia crítica de su obrar; en lugar de maravillarse e imitarlo, como debería, prefiere someterle a prueba; incluso a la prueba de la muerte para ver si el Dios -en quien confía- le protege y le salva. En los versículos 21 y 22 del mismo capítulo se añade: "Así piensan, pero se equivocan... No conocen los secretos de Dios". Se equivocan. Su actitud no corresponde a la que Dios quiere. Hay, por tanto, que cambiar y empezar bien. El justo, el fiel, el santo ha de ser contemplado y propuesto como modelo digno de imitación. Es verdad que el hombre fiel es un reclamo a la conciencia, pero esto debe ser causa de alegría y de gratitud. ¿Por qué no acudir a Dios con la confianza del justo en lugar de ponerle a prueba incluso con la muerte?
Obrar con NUEVA mentalidad. A los discípulos de Jesús no les entra en la cabeza que su Maestro tenga que pasar por el sufrimiento… no les parece bien que para ser el primero se deba ser el servidor de todos… que, en las nuevas categorías del Reino de Cristo, el niño ocupe un lugar primordial. No es fácil, para ellos y para nosotros, dejar la concepción común. Pero, si queremos ser discípulos misioneros, tenemos que cambiar. Hay que aceptar que el sufrimiento es camino de redención para Jesucristo y para los cristianos. Hemos de creer vitalmente que el servir no es un favor que se hace alguna vez, sino el estilo habitual del discípulo misionero y del vivir en cristiano. Hay que llegar a la certeza de que, acoger a quien no cuenta, al marginado, al débil, al necesitado es acoger a Cristo y por Él al Padre celestial. El trato y la compañía de Jesús, por un lado, y la acción del Espíritu, por otro, realizarán el milagro.
Cambiar de vida. Si cambiar el modo de pensar es difícil, mucho más lo es el cambio de vida. El Bautismo y la Eucaristía reestructuran al hombre por dentro con la gracia santificante, es Cristo mismo quien infunde un nuevo modo de ser y un principio nuevo de actuación. En ello y con Él está la base del cambio de vida. Este “empezar de nuevo”, “empezar bien”, requiere la gracia de Dios y el trabajo humano, la respuesta creyente y confiada del hombre. Será posible con paciencia y mansedumbre para que las nuevas estructuras sean vitalmente asimiladas y configuren día tras día, acción tras acción, el comportamiento humano nuevo. Sólo cuando se haya logrado la nueva configuración existencial, "la sabiduría que viene de arriba, que es pura, pacífica, indulgente, dócil, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía" guiará el obrar humano y cada uno de nuestros actos. Sin esta configuración que requiere gracia, esfuerzo y tiempo, las viejas estructuras seguirán vigentes y con ellas el actuar conducido por las contiendas, las codicias, los deseos de placeres, las envidias, los odios y las venganzas… Cambiar la vida es la gran tarea, llevada a cabo con constancia y entusiasmo. Debemos recurrir a la Virgen María, Madre buena que nos sostenga en la decisión de vivir la vida nueva del Reino.
Sugerencias...
Lo NUEVO empieza desde Dios. El cambio al que la liturgia nos invita es una gracia de Dios. Es decir, la novedad del Reino que Dios quiere y espera del hombre para que sea más hombre, para que viva mejor y más plenamente su dignidad humana es DON de Dios y TAREA del hombre. La vida nueva que Dios nos pide es de la injusticia a la justicia, del abuso al servicio de los demás, de la infidelidad a la fidelidad, del odio al amor, de la venganza al perdón, de la cultura de muerte a la cultura de la vida, del pecado a la gracia y a la santidad (oración de san Francisco de Asís) y también el programa de vida que se llamó Civilización del Amor en el Jubileo de la Alegría del año 1975 promovido por el preconizado santo Papa Pablo VI, que quedó plasmado en el canto UN NUEVO SOL..
Nuevo programa de vida. La Civilización del Amor con mayor o menor claridad nos enseña que todo hombre se debe trazar un NUEVO proyecto de vida. El Papa Francisco diariamente nos pide recemos, que hagamos un discernimiento para conocer, con la ayuda de Dios, lo que Él me pide y pedir la gracia para querer hacerlo. Preguntarse: ¿Qué quiero ser, qué quiero hacer, a qué valores no puedo renunciar, de qué medios, buenos y santos, debo servirme? Todo cristiano debería tener un pequeño proyecto o programa de vida en su condición precisamente de cristiano. Rezar cada mañana (Gaudete et exsultate) para encontrarme con el plan de Dios para mi vida: ¿Qué voy a hacer por Cristo y por mis hermanos? ¿Qué valores voy a proponer a mis hijos/hermanos/cónyuge/feligreses? ¿Por qué valores voy a luchar en mi vida personal, familiar, social, laborar, como Cura Párroco o Consagrado? ¿Cuánto tiempo voy a dedicar a mi misión de apóstol de Jesucristo dentro de mi comunidad parroquial, diocesana, dentro del movimiento al que pertenezco… o en los lugares donde se desenvuelve mi vida personal y/o laboral? ¿Qué iniciativa, pequeña o grande, voy a proponer para fomentar el sentido de Dios, para promover las vocaciones al sacerdocio o a la vida consagrada, para visitar y atender a los enfermos o a los que viven SOLOS, en mi barrio, en mi parroquia? No es necesario que sea un programa grande, completo. Haz un pequeño programa posible. Un programa que te ayude a crecer en tu vida espiritual: dedicar, por ejemplo, un tiempo diario a la oración, o confesarte con más frecuencia y regularidad, o luchar con más decisión y energía contra el vicio del alcohol o de la droga… el que tengas, que a veces es la intolerancia o el fanatismo o la dureza de corazón… Un programa que te mantenga activo en tu misión eclesial: catequesis, prestar más atención a la educación espiritual y moral de los más jóvenes. Al final del día, o al menos de la semana, hacer un examen de conciencia. ¡Cuánto bien puede hacer un pequeño programa! (san Benito).
Virgen de la escucha y del discernimiento: ruega por nosotros.
martes, 11 de septiembre de 2018
El Papa a los esposos: ‘Haced apuestas fuertes, para toda la vida. ¡Arriesgad!’
El Papa a los esposos: ‘Haced apuestas fuertes, para toda la vida. ¡Arriesgad!’
Escrito por Giovanni Tridente
Publicado: 11 Septiembre 2018
Durante el reciente Encuentro Mundial de las Familias 2018 que ha tenido lugar en Irlanda
En el Encuentro Mundial de las Familias 2018 celebrado en tierras de Irlanda, el Santo Padre alentó a los esposos a realizar “apuestas fuertes, para toda la vida”, y pidió a las familias que sean “un faro que irradie la alegría de su amor en el mundo”, a través de “pequeños gestos cotidianos de bondad”.
Un congreso, un festival, varias citas con la participación del Papa Francisco, decenas de miles de parejas de esposos de varios países, con sus hijos: la familia y su alegría para la Iglesia y para el mundo han vuelto a ser actualidad en las últimas semanas, gracias al Encuentro mundial de las familias 2018 que ha tenido lugar en Dublín.
Ha servido como hilo conductor del evento la entera exhortación Amoris laetitia, estudiada en todos sus aspectos en las reflexiones comunes, con relatores de varias proveniencias, laboratorios, seminarios, testimonios y debates.
Había gran expectación, obviamente, por las palabras del Papa Francisco, habida cuenta de la especificidad del país que acogía la iniciativa, que un Pontífice ha visitado por primera vez después de casi cuarenta años (san Juan Pablo II había visitado Galway en 1979) y todavía sacudido por el gran drama de los abusos, que en los últimos años ha debilitado con fuerza la credibilidad de la Iglesia irlandesa y de sus ministros. Por eso precisamente estos temas han acompañado muchas de las intervenciones del Santo Padre y han catalizado, como era obvio, la atención de los medios mundiales de comunicación.
Pero en el centro del Encuentro debían estar, y efectivamente han estado, las familias. Y las palabras del Papa han sido inequívocas, resaltando sin medios términos la importancia de la primera célula de la sociedad y la belleza de testimoniar al mundo compromiso duraderos, que pueden incluso ayudar a superar conflictos y contradicciones de nuestro mundo desilusionado. Ha hecho también referencias a la indisolubilidad del matrimonio y contra el aborto.
Testimonio profético
La primera cita pública del Papa Francisco, una vez aterrizado en tierra de Irlanda, ha sido con las autoridades y la sociedad civil. En esa ocasión ha destacado la iniciativa del Encuentro mundial de Dublín como “testimonio profético” y a la familia como “aglutinante de la sociedad”, cuyo bien ha de ser “promovido y custodiado con todos los medios oportunos”.
Ante las sacudidas sociales y políticas el Papa ha recordado la necesidad de recuperar “el sentido de ser una verdadera familia de pueblos”, sin perder jamás la esperanza; al contrario, perseverando con valentía “en el imperativo moral de ser constructores de paz, reconciliadores y protectores los unos de los otros”. Un planteamiento que requiere constante conversión y atención a los últimos, y entre ellos a los pobres, pero también a los “los miembros más indefensos de la familia humana, incluso de los no nacidos, privados del derecho a la vida”.
Matrimonio único e indisoluble
De fecundidad, unicidad e indisolubilidad del matrimonio ha hablado el Papa en el diálogo que ha mantenido en la pro-catedral de Santa María, en Dublín, con parejas de esposos jóvenes y de novios, donde ha resaltado la importancia del signo sacramental, que protege a los contrayentes y los sostiene en el curso de la vida “en el recíproco don de sí, en la fidelidad y en la unidad indisoluble”. Y aquí la exhortación: “Haced apuestas fuertes, para toda la vida. ¡Arriesgad!”, porque el matrimonio “es un riesgo que vale la pena. Para toda la vida, porque el amor es así”.
El Papa acababa de escuchar los testimonios de unos esposos que celebraban 50 años de matrimonio y los de otras dos parejas más jóvenes, invitando a superar la cultura de lo provisional que no favorece decisiones “para toda la vida”, y ha recordado que “Dios tiene un sueño para nosotros y nos pide que lo hagamos nuestro”: “¡Soñad a lo grande! ¡Atesoradlo y soñadlo juntos de nuevo cada día!”
Francisco ha señalado también la importancia de transmitir la fe a los hijos, y que “el primer y más importante lugar para transmitir la fe es la casa”, donde por medio de un típico “dialecto”, se aprende el “significado de la fidelidad, de la honradez y del sacrificio”. Luego ha regresado a la importancia de la oración en familia y a la necesidad de una “revolución de la ternura” para dar vida a “una generación más premurosa, amable, rica en fe, para la renovación de la Iglesia y de toda la sociedad irlandesa”.
Cada uno de vosotros es Jesucristo
“Cada uno de vosotros es Jesucristo. Gracias por la confianza que nos dais”: con estas palabras el Papa Francisco se ha dirigido a las familias de los sintecho que se hospedan en el Centro de acogida dirigido por los Padres Capuchinos en la capital irlandesa, que ha visitado el primer día. “Vosotros sois la Iglesia, sois el pueblo de Dios. Jesús está con vosotros”, ha añadido después, tras haber remarcado la importancia de la obra de apostolado que sacan adelante los religiosos franciscanos.
Un faro que irradia alegría en el mundo
“Qué bien se está aquí. Es hermoso celebrar, porque nos hace más humanos y más cristianos”. Así comenzó el Santo Padre en la colorida fiesta de las familias celebrada la tarde del 25 de agosto en el Croke Park Stadium, donde varios matrimonios han expuesto sus experiencias en los momentos más intensos y exigentes de su vida familiar.
¿Qué espera la Iglesia de las familias? Lo que Dios desea, ha dicho Francisco, a saber, que sea “un faro que irradie la alegría de su amor en el mundo”, a través de los pequeños gestos cotidianos de bondad, característica de aquella santidad “de la puerta de al lado” que ya había planteado en su última exhortación Gaudete et exsultate.
Refiriéndose después a los testimonios escuchados, Francisco ha recordado que el perdón es “un regalo especial de Dios que cura nuestras heridas y nos acerca a los demás y a él”, mientras el amor y la fe en familia pueden ser “fuentes de fortaleza y paz incluso en medio de la violencia y la destrucción causada por la guerra y la persecución”. “Es hermoso tener diez hijos. Gracias”, ha añadido el Papa, conmovido por el testimonio de Mary y Damian, lleno “de amor y de fe”, capaz de trasformar “completamente vuestra vida”. En el centro del discurso del Papa estuvieron también los ancianos −los abuelos− y la necesidad de valorarlos siempre, porque “de ellos recibimos la identidad, los valores y la fe”. Entre otras cosas, si eso falta “la alianza entre generaciones terminará careciendo de lo que realmente importa, el amor”.
Baluartes de fe y de esperanza
En la explanada del santuario de Knock, muy querido por el pueblo irlandés, Francisco ha hablado de la importancia del Rosario, invitando a continuar con esta tradición y rezando a la Santísima Virgen −que es Madre− para que las familias sean “baluartes de fe y de bondad” ante un mundo que querría disminuir la dignidad del hombre. En la Misa de clausura en el Phoenix Park, en cambio, el Papa ha vuelto sobre la necesidad y sobre la llamada de la Iglesia en su conjunto “a ‘salir’ para llevar las palabras de vida eterna a las periferias del mundo”.
Antes de despedirse de Irlanda, el Papa se ha reunido finalmente con los obispos del país en el convento de las Hermanas Dominicas, animándolos “en estos momentos de desafío” a perseverar en su ministerio como “heraldos del Evangelio y pastores del rebaño de Cristo” y subrayando que el Encuentro mundial apenas celebrado ha mostrado mayor conciencia por parte de las familias “de su papel irremplazable en la transmisión de la fe”.
En cuando al próximo Encuentro Mundial de las Familias, la cita es en Roma en 2021.
Giovanni Tridente, en revistapalabra.es.
HOMILIA Domingo Vigesimocuarto del TIEMPO ORDINARIO cB (16 de septiembre de 2018)
Domingo Vigesimocuarto del TIEMPO ORDINARIO cB (16 de septiembre de 2018)
Primera: Isaías 50, 5-9a; Salmo: Sal 114, 1-6. 8-9; Segunda: Santiago 2, 14-18; Evangelio: Mc 8, 27-35
Nexo entre las LECTURAS
Cristo revela (descubre) el hombre al hombre. La liturgia de hoy nos revela quienes somos, Dios tiene la amabilidad y ternura de contarnos quienes somos y para qué nos hizo, pues a Él pertenecemos. En la primera lectura, tres son los rasgos del hombre según el designio de Dios: el hombre es un ser que escucha, que sufre, que experimenta la presencia y ayuda de Dios. El evangelio presenta a Jesús como la perfecta realización del hombre: el Ungido de Dios, el Varón de dolores, el Siervo obediente hasta la muerte, el que pierde su vida para salvar las de los hombres, el Viviente que da vida. Finalmente, Santiago en la segunda lectura enseña que el hombre es aquel en quien fe y obras se unen de manera virtuosa para lograr la madurez humana, que es: comunión con Dios y con el prójimo.
Temas...
El hombre según Dios. La definición más auténtica del hombre la puede dar quien le ha creado y le ha llamado a ser, a vivir -en el tiempo y en la eternidad-. En la primera lectura (tercer canto del Siervo) se muestra una síntesis de antropología teológica. El primer rasgo, no proclamado en la lectura litúrgica, dice que el ser humano es quien recibe de Dios el don de hablar palabras de vida para los demás, sobre todo para el cansado y agobiado. Luego, aparecen en este canto, otros tres rasgos que si proclamamos en la Liturgia: 1) El hombre es el viviente a quien Dios le ha capacitado para "escuchar", igual que los discípulos. Ser discípulo de Dios implica no sólo la escucha teórica, sino a la vez la escucha que conduce a la práctica, a la realización de lo escuchado, de la voz originaria que le precede y que norma-organiza su vida. En otros términos, el hombre es verdaderamente hombre cuando es obediente de Dios y así es discípulo. 2) El sufrimiento es la situación real y misteriosa de la condición humana; es como ‘el altar’ en que se forja el hombre (Pío XI); es el molde en que se configura nuestra personalidad. 3) El hombre es el ser asistido por Dios, en quien Dios muestra su presencia constante y eficaz. Esa presencia, sobrenatural, es la roca en que se fundan todas las grandes certezas del hombre; es luz que orienta al hombre en la oscuridad; es auxilio que nos hace ser y hacernos hombres (varón y mujer), cada día, en el amor y en el servicio. Con los textos podemos decir que quien excluye la solidaridad, la escucha, el dolor, la presencia divina de la concepción del hombre, no sabe realmente quién es el hombre (meditaciones del Papa Francisco especialmente con ocasión de los inmigrantes, de los prófugos y de los cristianos perseguidos) y no valora a los demás… más todavía, el que no es verdaderamente hombre busca ‘eliminar’ a los demás, vemos por ejemplo el relato de Caín y Abel.
Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Jesús es el Mesías, el Ungido de Dios, que llega, en la entrega y amor, hasta la obediencia de la cruz. Jesús es el Ungido y el Siervo del sufrimiento, no son dos títulos contrapuestos de su condición humana, sino como dos nombres del mismo misterio, Dios hecho Hombre. De hecho, cuando a Jesús se le compara con otras figuras en la Biblia (Moisés, Elías, Juan Bautista, Salomón, Jonás...), hay que reconocer que Él es distinto, como Él mismo dirá: "He aquí uno mayor que Jonás... he aquí uno mayor que Salomón". Por otra parte, en su condición de ‘sufriente’ Jesús mantiene una absoluta confianza en Dios, que le asistirá en medio del dolor y que le resucitará de entre los muertos. Por todo ello, Jesús llama a Pedro a ubicarse cuando éste intenta apartarlo de la voluntad de Dios. En Jesús se hace realidad, también, otro rasgo, el señalado por Santiago en la segunda lectura, la coherencia entre la fe y las obras.
Sugerencias...
Hombre y cristiano. Casi parece, a algunos, que no se puede ser plenamente hombre siendo perfectamente cristiano o que no se puede ser plenamente cristiano, siendo perfectamente hombre. Es un dilema planteado desde hace siglos entre fe y razón, entre ciencia y fe. En un nuevo clima cultural y espiritual, san Juan Pablo II, en continuidad con la doctrina católica, ha afirmado rotundamente: "La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad". Se puede afirmar: "El hombre y el cristiano son como las dos alas con las que el espíritu humano se eleva hacia la realización de su plena humanidad" (cfr.: Evangelii Gaudium). El Concilio Vaticano II declaró bellamente que Cristo revela el hombre al hombre, por eso meditamos: ¿Seguimos, en esto, todos los cristianos las huellas de Cristo?
"Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará", nos dice Jesús. Jesucristo plantea el gran desafío y misión de la existencia humana que es vencer, con la ayuda de su gracia, el egoísmo y madurar la entrega, superar la seducción del yo y entregarnos al amor a Dios y al prójimo, entre el yo y mi personalidad y la verdadera humildad, amor y servicio. Muestra el Evangelio que nuestra vocación es vaciarnos de nosotros para llenarnos (llenarse) de Dios, darnos a los demás desinteresadamente sin buscar compensaciones, vivir en la profunda humildad de quien sabe y acepta que todo lo que es y tiene proviene de Dios y está llamado a ponerlo al servicio de los demás. Éste es el camino de la salvación. Éste es el camino de la auténtica realización del hombre. Éste es el camino del discípulo misionero.
Santa María del Camino, ruega por nosotros.
lunes, 3 de septiembre de 2018
HOMILIA Domingo Vigesimotercero del TIEMPO ORDINARIO cB (09 de septiembre de 2018)
Domingo Vigesimotercero del TIEMPO ORDINARIO cB (09 de septiembre de 2018)
Primera: Isaías 35, 4-7a; Salmo: Sal 145, 7-10; Segunda: Santiago 2, 1-5; Evangelio: Marcos 7, 31-37
Nexo entre las LECTURAS
Unos de las verdades de fe es que Dios es el liberador. La Liturgia de este Domingo es toda ella un mensaje de esperanza en Dios-Salvador. Este mensaje está especialmente señalado en los textos litúrgicos de este Domingo. Dios libera a los hombres de su dolorosa condición de desterrados (primera lectura) y lo hace como si estuviera viendo la salvación en presente. Dios en CRISTO libera a los hombres de sus enfermedades del cuerpo y del espíritu: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (evangelio). Nos dice Santiago que Dios libera al hombre, sin acepción de personas, a todos, porque todos, ricos o pobres, somos iguales delante de Dios (segunda lectura).
Temas...
El poder curativo de Dios para con nuestros males. El profeta Isaías consuela a su pueblo, en horas difíciles, y le asegura -con un lenguaje al que estamos más acostumbrados en las semanas del Adviento- que Dios va a infundir fuerza a los cobardes, y la vista a los ciegos, y el oído a los sordos, y el habla a los mudos, y aguas abundantes al desierto. El salmo amplía todavía más el campo de esta salvación que nos concede Dios, porque habla de los oprimidos y hambrientos, de los cautivos y peregrinos. Y nos invita a elevar a Dios nuestra alabanza agradecida: "Alaba, alma mía, al Señor". Estas palabras del profeta y del salmista nos preparan para escuchar cómo Cristo, en una de esas escenas breves, plásticamente contadas por san Marcos, cura a un sordomudo, y le devuelve el oído y el habla. ¡Cuántas veces aparece Jesús en el evangelio atendiendo a los enfermos, dedicándoles tiempo y ánimos, y curándoles milagrosamente! Con razón comentaba la gente: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos". Los planes de Dios son planes de salud y de vida. A la miseria humana responde su inmensa misericordia, que se nos ha manifestado sobre todo en Cristo Jesús, que tiende su mano a toda persona que sufre, para curarla y darle esperanza. Todavía hoy hay quienes anuncian que la salvación está en planes nuestros o en organizaciones horizontales, como si el bien del hombre fuera lo material, como si el hombre fuera solo materia y ésta de índole animal… san Marcos nos avisa que la salvación viene de Dios y que nuestra grandeza viene de ser imagen y semejanza de Dios… ¡confiemos en Él! ¡pongamos nuestra vida y la de todos en las manos de Dios!
Nos cura a nosotros. Jesús nos tiene que curar también a nosotros, porque a veces somos sordos y mudos. No oímos lo que tendríamos que oír: la Palabra de Dios, o también las palabras de nuestros hermanos. Y no hablamos lo que tendríamos que hablar: en la alabanza a Dios y también en nuestras palabras de ayuda a los hermanos. En el rito del Bautismo hay un gesto -libre, pero expresivo-, el del "effetá", o "ábrete", en el que el ministro toca los labios y los oídos del bautizado, mientras dice: "el Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su palabra y proclamar la fe...". Un cristiano tiene que saber escuchar y saber hablar a su tiempo. Debemos escuchar y en ocasiones hablar.
Ayudar a los demás. Desde hace dos mil años la Iglesia, la comunidad de los seguidores de Jesús, los discípulos-misioneros, no sólo se goza en ser curada por su fuerza sanadora, que sigue eficazmente presente en los sacramentos, sino que ha recibido el encargo de curar a los demás, de transmitirles esa misma fuerza salvadora. La comunidad cristiana -cada cristiano- debemos ser los signos vivientes de Cristo. La comunidad cristiana, con la Palabra evangelizadora, con los Sacramentos, tiene que ir comunicando esperanza y atendiendo a los pobres y a los que sufren, también con palabras de gozo y de esperanza (Evangelii Gaudium). Atendiendo a los muchos "sordos" y "mudos", los que no se han enterado todavía de la Buena Noticia del amor de Dios. A los que no encuentran voz para hacerse oír, como cuentan que hacía el Obispo Angelelli. Ser seguidores de Jesús no sólo es saber y creer cosas sobre Él, sino imitar su estilo de actuación en la vida.
Sugerencias...
Todo lo ha hecho bien. Con estas palabras reaccionó la multitud cuando se dio cuenta de que Jesús había curado al sordomudo. Son muchos, por lo demás, los textos evangélicos que relatan las obras buenas de Jesús en favor del hombre. De modo que san Pedro dirá de Jesús, en uno de sus discursos a los primeros cristianos, que "pasó haciendo el bien". San Juan Pablo II nos dice que "la caridad de los cristianos es la prolongación de la presencia de Cristo que se da a sí mismo". Sí, Cristo desea seguir haciendo el bien entre nosotros y en nuestros días mediante los cristianos. Cristo desea seguir liberando al hombre de las necesidades materiales, de las enfermedades, de las calamidades naturales, de los males espirituales mediante los cristianos. De verdad que es hermoso constatar la generosidad de tantos discípulos misioneros que socorren, en cualquier parte del mundo, a los más necesitados. Como discípulos misioneros, sería bueno hacernos algunas preguntas: ¿Hago todo el bien que puedo? ¿Busco que otros, singular o comunitariamente, hagan el bien? ¿Cuál es el tipo de bien que más me gusta hacer: el material, el espiritual, ambos? ¿Estoy convencido de que Cristo glorioso continúa presente entre los hombres haciendo el bien? Recordar, finalmente que hacer el bien desinteresadamente a los hombres es una manera de liberarlos.
viernes, 17 de agosto de 2018
miércoles, 15 de agosto de 2018
QUIEN SOSTIENE A QUIEN -LOS ANDES
https://losandes.com.ar/article/view?slug=relacion-historica-entre-iglesia-y-estado-en-la-argentina-quien-sostiene-a-quien
martes, 14 de agosto de 2018
La fe sin el fruto en la vida, una fe que no da fruto en las obras, no es fe. También nosotros nos equivocamos a veces sobre esto: 'Pero yo tengo mucha fe', escuchamos decir. 'Yo creo todo, todo...' Y quizá esta persona que dice eso tiene una vida tibia, débil. Su fe es como una teoría, pero no está viva en su vida.
El apóstol Santiago, cuando habla de fe, habla precisamente de la doctrina, de lo que es el contenido de la fe. Pero ustedes pueden conocer todos los mandamientos, todas las profecías, todas las verdades de fe, pero si esto no se pone en práctica, no va a las obras, no sirve. Podemos recitar el Credo teóricamente, también sin fe, y hay tantas personas que lo hacen así. ¡También los demonios! Los demonios conocen bien lo que se dice en el Credo y saben que es verdad.
(Cf. S.S. Francisco, 21 de febrero de 2014, homilía en Santa Marta)
HOMILIA Domingo Vigésimo del TIEMPO ORDINARIO cB (19 de agosto de 2018)
Domingo Vigésimo del TIEMPO ORDINARIO cB (19 de agosto de 2018)
Primera: Proverbios 9, 1-6; Salmo: Sal 33, 2-3. 10-15; Segunda: Efesios 5, 15-20; Evangelio: Juan 6, 51-58
Nexo entre las LECTURAS
Las lecturas de este Domingo se centran en el misterio de la Eucaristía: ¿(Qué o) Quién es ese misterio que se oculta tras las especies de pan y vino? La respuesta es amplia y maravillosa: Es Dios hecho Hombre que ha bajado del cielo (evangelio). Es la Sabiduría de Dios que nos invita a un banquete para adquirir inteligencia (primera lectura). Es el Hijo de Dios, que nos quiere hacer partícipes de su vida divina (evangelio). Es el Señor glorioso a quien la comunidad cristiana entona salmos, himnos y cánticos inspirados (segunda lectura).
Temas...
El misterio de la Eucaristía es real: "El que come mi carne y bebe mi sangre...". ¡Nada de simbolismos o de ideas ajenas a la realidad! ¡La carne y la sangre del hombre que les está hablando, de Jesús de Nazaret, del Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros! No es sólo recuerdo ni celebración, no es la encarnación de una idea bella y generosa, no es una fórmula mágica o un conjuro, es "la carne del hijo del hombre", es la humanidad y divinidad de Jesús de Nazaret la que se nos entrega en el pan y en el vino transubstanciado. ¡Qué sobrecogimiento, pero también qué gozo! Uno tiembla de estupor ante un alimento tan sublime que se nos da de un modo tan sorprendente y empequeñecido. Uno goza y exulta lleno de júbilo ante esta invención tan indecible y propiamente divina, como es la Eucaristía. ¿Quién sino Dios pudo inventar tan gran misterio?
Misterio de Fe. Después de la consagración del pan y del vino el sacerdote dice: "Este es el sacramento de nuestra fe" y respondemos "anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, VEN, Señor Jesús". Misterio de fe y misterio de salvación. ¡Maravilloso compendio de la Eucaristía! Sólo por fe estamos ayudados para descubrir en el pan eucarístico la presencia de Cristo, Sabiduría de Dios. Es Dios y a quien de Él se alimenta le hace partícipe de esa la misma Sabiduría divina, "que está más allá de toda capacidad humana" y que le permite conocer los misterios de Dios (primera lectura). Sólo la fe nos conduce a descorrer el velo de las especies, de pan y vino, para ver a Cristo, Hijo de Dios, y Señor glorioso del tiempo y de la historia, de la humanidad y de la creación entera (evangelio, segunda lectura). Sólo la mirada de fe penetra en el misterio de muerte y resurrección que se verifica cuando el sacerdote consagra el pan y el vino para la remisión de nuestros pecados, y la redención integral de nuestra pobre existencia.
Misterio de amor y misericordia. La Eucaristía es el último y supremo gesto de amor que Dios se inventó en favor de la humanidad. En el evangelio Jesús nos dice: "El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él... el que me coma, vivirá por mí". Fórmulas que en otras palabras nos hablan de permanecer en el Amor, ser poseídos por el Amor, vivir por el Amor. En la medida en que la creatura humana ha experimentado un amor que no sea puramente sensible y ha sido elevada a otras formas del amor, estará mejor preparada para captar más fácilmente el amor de Cristo Eucaristía. Un Amor, presente en el pan eucarístico, que la asamblea cristiana celebra y adora en la liturgia dominical con cantos y con himnos de alabanza y acción de gracias (segunda lectura). El Amor merece ser celebrado públicamente para que se nos contagie a todos y para testimoniarlo a los demás.
Sugerencias...
La Eucaristía es uno de los sacramentos de la iniciación cristiana. Es conveniente subrayar la importancia de la catequesis preparatoria a la recepción de este sacramento. Catequesis de quienes van a comulgar por primera vez y la catequesis a los catecúmenos adultos que se preparan para ese encuentro maravilloso con Cristo, Sabiduría de Dios, Hijo de Dios, Señor de la historia. ¡Cuán necesaria es una catequesis integral! Completa, porque toma parte en ella toda la comunidad parroquial: el párroco, los animadores de la catequesis, la familia, los padres, los docentes, etc. Plena, sobre todo, porque se trata de una catequesis que envuelve la integridad de la persona (sea niño o adulto). Se requiere indudablemente el conocimiento completo –y adaptado– de la doctrina católica sobre la Eucaristía. Pero es necesario además que la catequesis abarque la dimensión cultual y litúrgica de la Eucaristía, con lo que ello significa de adoración y de acción de gracias. Es igualmente necesario que el catequizando perciba y se convenza de las consecuencias morales que la recepción de la Eucaristía comporta. Si Jesucristo se convierte en el principio vivificador de nuestra existencia mediante la Eucaristía, ¿será posible vivir de modo diverso y opuesto a como Él vivió entre nosotros? Cuando al recibir la comunión el discípulo misionero, a las palabras del sacerdote: "El cuerpo de Cristo", responde con un "Amén", está declarando: 1) Creo que eso que veo bajo las especies de pan es el Cuerpo y Sangre y Alma y Divinidad de Cristo, y quiero alimentarme con Él; 2) Creo que Cristo viene a mí para purificarme y para fortalecerme en las luchas diarias de la vida y darme la Vida.
El culto a la Eucaristía. En la Iglesia católica la Eucaristía se celebra, pero también se conserva en el Sagrario para que los fieles puedan rendirle culto fuera de la celebración de la Misa. Hemos de hacer hincapié los católicos al culto eucarístico, porque quizá ha disminuido entre los fieles y porque son muchos los beneficios que aporta. Las formas de culto son varias: culto individual mediante visitas a Cristo en la Eucaristía; culto comunitario mediante horas eucarísticas, adoración durante el día, procesiones con el Santísimo Sacramento, y otras formas de devoción. Las formas pueden cambiar, lo que ha de permanecer siempre es el deseo ardiente de adorar a nuestro Salvador, reparar su corazón de las ofensas que recibe, expresarle nuestro agradecimiento y nuestro amor y el vivo anhelo de que todos los hombres le amen y encuentren en Él su camino de salvación. Cristo Eucaristía ordena las costumbres, forma el carácter, alimenta las virtudes, consuela a los afligidos, fortalece a los débiles, invita a la imitación a todos los que se acercan a Él.
María, Madre del amor hermoso, ruega por nosotros.
lunes, 6 de agosto de 2018
HOMILIA Domingo Decimonoveno del TIEMPO ORDINARIO cB (12 de agosto de 2018)
Domingo Decimonoveno del TIEMPO ORDINARIO cB (12 de agosto de 2018)
Primera: 1Reyes 19, 4-8; Salmo: Sal 33, 2-9; Segunda: Efesios 4, 30–5, 2; Evangelio: Juan 6, 41-51
Nexo entre las LECTURAS… Temas...
La Liturgia nos muestra, hoy, la eficacia, el poder, la gracia y la riqueza de la Eucaristía.
- «Levántate y come». De nuevo encontramos en el evangelio una parte del discurso en el que Jesús promete la Eucaristía a los suyos, y en la primera lectura una maravillosa imagen veterotestamentaria que la prefigura. El profeta Elías está a punto de desfallecer física y espiritualmente: todo lo que ha hecho le parece inútil, sólo desea la muerte. Entonces se le ofrece, en medio del desierto, un alimento milagroso: un pan cocido y una jarra de agua. Y este maravilloso don se le impone: debe comer, pues de lo contrario no podrá soportar el largo camino que resta hasta el monte del Señor «Con la fuerza de aquel alimento», pudo caminar «durante cuarenta días y cuarenta noches». Cuando Elías está a punto de sucumbir, cuando cree que ha llegado el final, la comida que Dios le ofrece le hace capaz de convertir este final en un nuevo comienzo. No por propia iniciativa, sino por obediencia. Pero lo que Jesús ofrece en el evangelio y exige desde entonces es mucho más. Lo que le aconteció al profeta debe ayudarnos a ver el don y la exigencia de Jesús como algo no imposible.
- «El pan que yo daré es mi carne». Jesús dice que Él es el verdadero pan del cielo (en lugar del maná). Pero ¿quién puede creerse esto cuando todo el mundo conoce a su padre y su madre, que demuestran que no procede del cielo? Jesús no remite aquí a sí mismo, a sus palabras y a sus milagros, sino al Padre. Al Dios en el que hay que creer y que conduce, a los que escuchan lo que dice y aprenden verdaderamente de él, al Hijo. A ese Hijo que es el único que conoce verdaderamente al Padre, el único que puede revelar su esencia y llevar a su vida eterna. El maná, al que habían aludido los judíos, en modo alguno podría revelar al Padre como vida eterna, pues los que lo comieron murieron. Pero ahora que el Padre lleva al Hijo y el Hijo lleva al Padre, ahora que el Padre se da a sí mismo en el Hijo (pues todos los que reciben al Hijo serán instruidos por Dios) y que el Hijo en su autodonación revela el amor del Padre, la muerte terrena no tiene ya poder ni significación alguna, «la vida eterna» es infinitamente superior a la muerte corporal. Y para que todas estas palabras no sean consideradas por sus oyentes como una pura fantasía espiritual, Jesús declara para terminar: «El pan que yo daré es mi carne». Este cuerpo, que cuando sea entregado se convertirá en pan para la vida del mundo, es tan realmente palpable como realmente palpables fueron para Elías el pan cocido y la jarra de agua que aparecieron milagrosamente a su lado en el desierto.
- «Sean, pues, imitadores de Dios». De nuevo Pablo, en la segunda lectura, saca las consecuencias del milagro eucarístico para los cristianos. Al igual que Cristo «se entregó por nosotros como oblación» por amor, así también su actitud eucarística debe convertirse en el ‘leitmotiv’ de la vida cristiana, en la imitación del amor de Dios; y esta imitación no puede consistir sino en el amor mutuo, la misericordia y el perdón. De este modo los «hijos queridos de Dios» se convierten los unos para los otros en una especie de viático eucarístico, en algo semejante al pan cocido y a la jarra de agua que se materializan de improviso para nuestro prójimo en medio del desierto de nuestra vida.
- Cuando en el corazón del hombre habita Jesucristo, haciéndole partícipe de su propia vida divina mediante el Pan de la Palabra y de la Eucaristía, entonces "ya no soy yo quien vivo -por usar palabras de san Pablo-, es Cristo quien vive en mí". El pan que da la vida de Cristo al discípulo-misionero, es también el pan que hace vivir a todos (Aparecida)… hace vivir al hombre desanimado, infundiéndole razones para vivir; hace vivir al hombre desorientado, abriéndole horizontes de futuro y esperanza; hace vivir al hombre descarriado enderezando sus pasos por el camino del amor para ser como Jesús un pedazo de pan para sus hermanos los hombres; hace vivir al hombre desesperado de la vida mostrándole que es bello entregarse a Dios y a los demás, con Jesucristo, como oblación y víctima de suave aroma (Laudato Si’ 220 y 222). Ese pan divino nos da la vida, nos hace vivir y además nos enseña el arte de vivir. Arte que consiste en ser grano de trigo que muere, se pudre, revive, se convierte en espiga… es triturado para llegar a ser harina, es amasado y puesto al fuego (Espíritu Santo) para convertirse en pan dorado (Iglesia-Liturgia) para saciar el hambre de Dios que tienen tantos hombres.
Sugerencias...
Los frutos de la Eucaristía (Palabra y Sacrificio). De forma sencilla y muy rica el Catecismo de la Iglesia habla de los frutos de la comunión. Son extraordinarios. En primer lugar, la Eucaristía acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibiendo la comunión, recibimos al mismo Cristo y estrechamos nuestros lazos de amor y de unión con él. Todas las almas enamoradas de Jesucristo saben lo que esto significa. En segundo lugar, la Eucaristía nos separa del pecado, a nosotros que tan fácilmente nos vemos inclinados a él. Cristo Eucaristía (Palabra y Sacrificio) borra nuestros pecados veniales, haciéndonos capaces de romper los lazos desordenados con las criaturas. Cristo Eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales, porque nos hace experimentar la dulzura de su amistad. Cristo Eucaristía nos hace Iglesia, es decir, nos da conciencia de estar unidos en la fe de la Iglesia y de ser todos hermanos porque todos nos alimentamos con un mismo Pan. Cristo Eucaristía nos pide un compromiso en favor de los pobres (Papa Francisco, catequesis de los miércoles), para demostrar con la vida nuestra fraternidad y para hacer visible entre los hombres que el amor a Dios y a Jesucristo no sólo no nos exime, sino que nos obliga a amar a los más necesitados. Cristo Eucaristía es, finalmente, prenda de la gloria futura o, como dice san Ignacio de Antioquía, remedio de inmortalidad. Es de mucha utilidad y hace bien a los fieles que podamos compartir estas verdades y este Amor Grande (Evangelii Gaudium), especialmente a los niños y jóvenes, los frutos de la Eucaristía con palabras llanas, claras, eficaces. Una buena homilía es la mejor manera para fomentar una frecuente y fructuosa recepción del Cuerpo de Cristo.
Eucaristía y fe. La Eucaristía no da frutos de modo automático, aunque su eficacia provenga no del hombre, sino del sacramento. Como todo don divino fructifica sólo en la tierra de la fe y del amor. Si somos pobres de fe y de amor, pidamos al Señor que acreciente en nosotros las virtudes teologales. Si tenemos dudas sobre los frutos de la Eucaristía, pidamos la gracia y estemos seguros de que Dios acrecentará nuestra fe y nuestro amor para hacernos florecer y fructificar en bien de todos. La Eucaristía tiene en sí toda la fuerza de Dios, somos nosotros con nuestra pequeñez, con nuestro orgullo, con nuestra poca fe los que impedimos a la fuerza de Dios que se manifieste en nuestras vidas. Digamos al Señor con toda el alma: "Señor Jesús, creo en tu presencia en la Eucaristía, aumenta mi fe", "Señor Jesús, te amo en la Eucaristía, aumenta mi amor". Pidamos al Señor una fe y un amor gigantes, para que en nuestra vida se haga verdad la eficacia de la Eucaristía y así ser testimonio vivo de esa eficacia en nuestro ambiente de familia y de trabajo. Es éste también un momento muy propicio para examinar nuestro fervor eucarístico, cómo participamos en la Misa, cómo y con qué frecuencia recibimos a Jesucristo en la comunión, qué resonancia tiene la comunión en nuestra conducta diaria.
María, Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, ruega por nosotros.
jueves, 26 de julio de 2018
SANTOS JOAQUIN Y ANA - DIA DE LOS ABUELOS
San Joaquín y Santa Ana, Memoria.
MEDITACIÓN
Hoy la Iglesia celebra a los padres de la Virgen María, los abuelos de Jesús: los santos Joaquín y Ana. En su casa vino al mundo María, trayendo consigo el extraordinario misterio de la Inmaculada Concepción; en su casa creció acompañada por su amor y su fe; en su casa aprendió a escuchar al Señor y a seguir su voluntad. Los santos Joaquín y Ana forman parte de esa larga cadena que ha transmitido la fe y el amor de Dios, en el calor de la familia, hasta María que acogió en su seno al Hijo de Dios y lo dio al mundo, nos los ha dado a nosotros. ¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe! Refiriéndome al ambiente familiar quisiera subrayar una cosa: hoy, en esta fiesta de los santos Joaquín y Ana, se celebra, tanto en Brasil como en otros países, la fiesta de los abuelos. Qué importantes son en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad. Y qué importante es el encuentro y el diálogo intergeneracional, sobre todo dentro de la familia. El Documento conclusivo de Aparecida nos lo recuerda: “Niños y ancianos construyen el futuro de los pueblos. Los niños porque llevarán adelante la historia, los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida” (n. 447). Esta relación, este diálogo entre las generaciones, es un tesoro que tenemos que preservar y alimentar. En estas Jornadas de la Juventud, los jóvenes quieren saludar a los abuelos. Los saludan con todo cariño. Los abuelos. Saludemos a los abuelos. Ellos, los jóvenes, saludan a sus abuelos con mucho afecto y les agradecen el testimonio de sabiduría que nos ofrecen continuamente.
Y ahora, en esta Plaza, en sus calles adyacentes, en las casas que viven con nosotros este momento de oración, sintámonos como una gran familia y dirijámonos a María para que proteja a nuestras familias, las haga hogares de fe y de amor, en los que se sienta la presencia de su Hijo Jesús.
VIAJE APOSTÓLICO A RÍO DE JANEIRO. CON OCASIÓN DE LA XXVIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD. PAPA FRANCISCO. ÁNGELUS / LA HORA DE MARÍA. Balcón del Palacio arzobispal, Río de Janeiro. Viernes 26 de julio de 2013
lunes, 23 de julio de 2018
Por Jesús M. Silveyra
Escritor*
Madagascar es una isla (la cuarta en tamaño del mundo), que se encuentra en el Océano Índico, a unos cuatrocientos kilómetros frente a Mozambique. Esta ex colonia francesa, que alcanzó su independencia en 1960, tiene una población de 25 millones de habitantes. Ubicado entre los diez países más pobres del mundo, con el 71% de la población debajo de la línea de pobreza y tres cuartas partes que vive con menos de 500 dólares al año, tiene el cincuenta por ciento de los niños mal nutridos y el cincuenta y uno por ciento tiene problemas de acceso al agua potable. Cifras del Banco Mundial que hablan por sí solas del nivel de marginalidad y pobreza.
El misionero de la Congregación de San Vicente de Paul, Pedro Pablo Opeka, en 1970, con tan sólo veintidós años de edad, llegó por primera vez a la isla. Este sacerdote argentino, hijo de eslovenos (que emigraron a nuestro país luego de la segunda guerra mundial), comenzó así una historia de vida consagrada a los pobres que se extendería por más de cuarenta años de estancia en Madagascar. Luego de dos años de misión en el sur de la isla, viajó a Europa para completar sus estudios teológicos y en 1975 fue ordenado sacerdote en la Basílica de Luján, para retornar definitivamente y hacerse cargo de una parroquia en el sur de la isla.
Desde muy chico aprendió el oficio de albañil de su padre y durante los quince años que pasó en aquél perdido lugar no sólo se ocupó de la formación de cientos de grupos de jóvenes (tanto en la espiritualidad como en el deporte, ya que Pedro era un eximio jugador de fútbol), sino que construyó escuelas, dispensarios e iglesias. En 1989, con su salud quebrantada por el paludismo (malaria), fue elegido para hacerse cargo del seminario en Antananarivo, la capital del país.
El primer impacto que le produjo la ciudad fue la miseria circundante: gente viviendo en las calles y en los basurales de los suburbios en condiciones infrahumanas, donde los niños peleaban con los cerdos por un trozo de comida. Fue en ese momento que Pedro se dijo: “tengo que hacer algo, esta gente no puede vivir así, Dios no lo quiere, son los hombres los que lo permiten”.
Así, según me diría: “cuando más débil me sentía, actuó más fuerte la Providencia”. Una mañana, a mediados de 1989, Pedro fue a las colinas de Ambohimahitsy, donde la gente vivía en casas de cartón próximos al basurero municipal, en un estado que describiría como de un verdadero “infierno”. La violencia, prostitución, el consumo de drogas y el alcoholismo, eran moneda corriente para aquella gente que repartía su vida entre los vicios, la mendicidad y el cirujeo en los basurales. “Un hombre me hizo pasar a su casucha de cartón de un metro veinte de altura”. Allí dentro, frente a un pequeño grupo, Pedro les dijo: “Si están dispuestos a trabajar, yo los voy a ayudar”. Y la gente aceptó la propuesta, dando comienzo “una historia de amor o aventura divina para salir de la pobreza”, como la definiría el padre Opeka.
Con la colaboración de un grupo de jóvenes universitarios, nació la Asociación Humanitaria Akamasoa (que en lengua malgache significa: “Los buenos amigos”). Pedro consiguió tierras fiscales y ayuda económica para comprar materiales, alimentos, herramientas y semillas. Un grupo de las familias fue trasladado al campo para iniciar una nueva vida, naciendo así el primer pueblo de la Asociación, al que llamaron: “Don del creador”. Con las restantes familias que permanecían en los suburbios de la capital, iniciaron la construcción del segundo pueblo, llamado Manantenasoa (“Lugar de Esperanza”), comenzando a explotar una cantera y a levantar viviendas dignas para la gente.
Hoy, luego de veintisiete años de intenso esfuerzo, los números reflejan los resultados obtenidos. Más de veinte mil personas viven en los cinco pueblos de la Asociación. Miles de chicos asisten a las escuelas y otros miles de personas trabajan en las distintas actividades de Akamasoa que van desde la explotación de canteras, fabricación de muebles y artesanías, hasta la prestación de los servicios comunitarios: educación, salud, y mantenimiento. Cada pueblo cuenta con su dispensario y tienen un hospital. Asimismo, desde su fundación más de quinientas mil personas han pasado por su Centro de Acogida, donde reciben ayuda temporal y son encaminados a reorientar sus vidas.
A mediados de 2004, viajé al lugar para escribir un libro sobre la vida del padre Opeka. Su personalidad me impactó desde el primer momento, lo mismo que le ha ocurrido a quienes lo han propuesto varias veces para el “Premio Nobel de la Paz”. Pedro es un líder nato que combina valentía con dulzura, porque como dice él “ambas van de la mano”. A su condición de sacerdote misionero, agrega las de deportista, constructor y filósofo de la promoción social. “El asistencialismo, cuando se vuelve permanente (excepto en los casos de ancianidad, niñez o incapacidad) termina convirtiendo en dependiente al sujeto de la asistencia y Dios vino al mundo para hacernos libres, no esclavos”. Según Pedro, no existe una receta única para salir de la pobreza. “Se sale con el corazón y la voluntad, con el trabajo duro y el esfuerzo”.
Para él, la única forma de que los pobres y excluidos recuperen su dignidad es “a través del trabajo y la educación”. De allí que en Akamasoa todo esté centrado en ello. El gran secreto de esta obra humanitaria, ha sido saber canalizar los recursos recibidos en obras concretas y perdurables en el tiempo, generando, a la vez, fuentes de empleo para los habitantes de los pueblos, pero sin cerrar la comunidad. De allí que muchos de los miembros de Akamasoa trabajen fuera de la Asociación y que miles de niños y enfermos venidos de afuera sean atendidos y educados por ellos.
“Lo que ocurre en muchos países en vías de desarrollo es que los recursos disponibles para la acción social son mal utilizados por el Estado”, afirma Pedro. En cambio, en Akamasoa, cada donación que ingresa tiene un destino prefijado y controlable por parte de sus benefactores. El objetivo es ser autosustentables y es lo que impulsa a toda la comunidad a vivir en la esperanza basada en los resultados obtenidos, donde cada piedra, puerta, habitación, sala o techo, ha sido cimentada por el propio esfuerzo de los habitantes del proyecto. “Hay que combatir el asistencialismo hasta en la propia familia. Porque si no, no dejamos crecer a los hijos y los acostumbramos a recibir todo de los padres. Asistir a alguien sin ninguna exigencia es matarle su espíritu de iniciativa". Pedro apuesta fundamentalmente a las nuevas generaciones nacidas y educadas en Akamasoa. Ellos son la mejor prueba de que salir de la pobreza es posible si al ser humano se le dan oportunidades y herramientas para lograrlo. “Prefiero que un día me echen de aquí por haberlos hecho trabajar, a que me levanten un monumento diciendo que el padre era muy bueno y nos daba todo sin exigirnos nada a cambio”.
(*) El autor es escritor del libro “Un viaje a la Esperanza”, sobre la obra de Pedro Opeka (editado por Lumen).
HOMILIA Domingo Decimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cB (29 de julio de 2018)
Domingo Decimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cB (29 de julio de 2018)
Primera: 2Reyes 4, 42-44; Salmo: Sal 144, 10-11. 15-18; Segunda: Efesios 4, 1-6; Evangelio: Juan 6, 1-15
Nexo entre las LECTURAS
Uno de los principios básicos de la fe cristiana es la "sobreabundancia" del amor de Dios para con el universo y particularmente para con el hombre. Este principio predomina como tema en los textos litúrgicos. En la primera lectura, a Eliseo le son suficientes veinte panes para alimentar a cien hombres. Jesucristo, por su parte, en el evangelio sacia el hambre de 5000 personas con cinco panes y dos peces y, además, "recogieron doce canastos llenos de trozos de pan y de lo que sobró del pescado". Finalmente, en la segunda lectura, la unidad de la comunidad cristiana (Iglesia) es fruto sobreabundante del amor de Dios que llega a todos en cualquier lugar donde nos encontremos.
Temas...
El obrar divino. Si repasamos la obra de Dios, la cosa más sorprendente es precisamente la prodigalidad divina con la creación y particularmente con el hombre. Una prodigalidad que podría parecer excesiva, si la medimos con criterios humanos. Los conocimientos astronómicos actuales (el hombre llegó con una maquina a Plutón) nos permiten maravillarnos mucho por la generosidad de Dios con la creación. No menor admiración provocan los estudios sobre el microcosmos de los cuerpos, en especial del cuerpo humano y los avances de la medicina para ayudar al bienestar verdadero del ser humano (Laudato Si). ¿No es acaso cada célula, cada neurona del hombre un prodigio de generosidad divina? Por otra parte, el principio que ha regido la acción divina en la creación, ha sido igualmente el principio rector de su actuación histórica. Como nos dice san Pablo, "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". La historia, con todas y cada una de sus intrincadas vicisitudes, es la historia del pecado humano, pero mucha más es la historia de la sobreabundancia de la misericordia divina (Misericordiae Vultus). Dios fue sobreabundante en su misericordia con el género humano en Noé, con el pueblo de Israel en Abrahán, con la monarquía israelítica en David, con la humanidad entera en Jesucristo redentor. La sobreabundancia del pan, en las lecturas de este Domingo, es una expresión más de esta verdad.
La sobreabundancia divina. Es bueno que quede claro que la sobreabundancia proviene de Dios y que el hombre es instrumento. Porque, como en el caso de Eliseo y de Jesús, Dios parte de lo que le ofrecen, no crea el pan, sino que lo multiplica. Dios puede partir de dos, de cinco o de veinte (la cantidad no importa mucho a Dios), pero ha querido partir de algo. ¡Es hermoso este querer de Dios! Como es igualmente estupendo que Dios quiera la mediación de los hombres a la hora de distribuir su sobreabundancia. No lo hace directamente. Yahvéh se sirvió de la mediación de Eliseo y éste a su vez de la de un hombre de Baal Salisá. Jesucristo medió la sobreabundancia de Dios y a su vez los apóstoles mediaron entre Jesús y la multitud. Todo cristiano, pero sobre todo el Presbítero, es mediador de la generosidad de Dios para con los hombres. ¡Maravilla de la gracia! ¡Reclamo a la generosidad y a la responsabilidad! Recemos por nuestros sacerdotes y por el aumento de las vocaciones sacerdotales.
Los destinatarios de la sobreabundancia divina. La sobreabundancia divina está destinada "a la gente" (primera lectura), "a un gran gentío, venido de todos los pueblos" (evangelio), especialmente a los ‘marginales’ (Papa Francisco). Dios muestra su sobreabundancia también en el destino de la humanidad: no unos cuantos privilegiados, sino todos. Absolutamente nadie está excluido del "pan" divino. Sólo quien no lo acepta, por estar saciado por otros "panes" o por presunción ya que el pan de Jesús es el pan de todos, especialmente de los pobres, de la gente ‘común’. Ese pan divino es su Palabra de vida, que vivifica a quien lo recibe; es el pan de la caridad (el cristiano que mediante su caridad se convierte en pan para los demás) que satisface las necesidades vitales elementales de todo ser humano, es sobre todo el pan de la Eucaristía, prefigurada en la multiplicación de los panes como nos enseña el catecismo (CIC 1335). La sobreabundancia divina es el supremo igualador del hombre; suprime toda diferencia, porque no hay quién no esté necesitado de la generosidad de Dios.
Sugerencias...
El pan que nos une. Sociológicamente hablando, el pan es un factor de igualdad y de unión. Hay una gran variedad de pan, y cada país tiene sus formas propias de hacerlo, pero es pan para todos y lo es por igual. En la mesa del rico o del pobre, en la de un tunecino o en la de un colombiano, en la de un banquero o en la de un albañil ‘hay siempre’ pan; ese pan que es fruto de la tierra y del trabajo del hombre. Pero en nuestro mundo actual, ¿no hay mesas, no hay manos sin pan? No debería haberlas, porque la sobreabundancia de pan es grande. Sin embargo, las hay. ¿Quién de nosotros no tiene en su recuerdo esos ojos grandes, como dos hogazas, de niños hambrientos que imploran clemencia, que suspiran por un pedazo de pan? ¿Será posible que el pan que nos une se convierta en el pan que nos separa? (X Congreso Eucarístico Nacional)
El pan que nos une es sobre todo el pan eucarístico: el Cuerpo de Cristo. Ese pan maravilloso que evidencia en la historia la sobreabundancia del amor de Cristo hacia los que creen en Él. Ese Pan se nos ofrece a todos los creyentes, día a día, semana tras semana, en la misma mesa: el Altar del sacrificio redentor. Y rezamos con asombro: ¿por qué los hombres, tan hambrientos de lo espiritual, no se acercan con más frecuencia a ese "Pan divino y gracioso", que los puede saciar?
Memoria y esperanza. La sobreabundancia del pan es "memoria" de los prodigios realizados por Dios con los israelitas durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto en que les dio a comer el maná, "pan de ángeles". Es necesario recordar, para agradecer, para estar seguros que Dios sigue obrando prodigios también entre nosotros, dándonos el pan de su Palabra y de su Eucaristía. Pero además de recordar hay que esperar. Esperar que Dios lleve a cabo maravillas aún mejores. Después del éxodo de Egipto Moisés inaugura la pascua judía, Jesús inaugura la pascua cristiana, prefigurada en la multiplicación de los panes. El monte Sinaí es reemplazado por el monte al que Jesús se retira a orar. A los israelitas el mar les abrió un camino para que lo atravesaran, Jesús camina en la noche sobre la superficie de las aguas del mar de Galilea. Moisés se retiró a la soledad para recibir de Dios el decálogo, Jesús se retiró a la soledad para mantener la fidelidad a su misión y defenderse de todo triunfalismo político. Discípulos-misioneros, hagamos memoria del pasado para agradecer, pedir perdón. Pero sobre todo mirar con confianza hacia el futuro para consagrarlo al Señor y vivirlo con la esperanza que no defrauda.
María, Virgen de la esperanza, ruega por nosotros.
martes, 10 de julio de 2018
HOMILÍA Domingo Decimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cB (15 de julio de 2018)
Domingo Decimoquinto del TIEMPO ORDINARIO cB (15 de julio de 2018)
Primera: Amos 7, 12-15; Salmo: Sal 84, 9ab. 10-14; Segunda: Efesios 1, 3-14; Evangelio: Marcos 6, 7-13
Nexo entre las LECTURAS
El punto de encuentro de las lecturas ES LA MISIÓN. El evangelio habla de la misión que Jesús da a los Doce: "Comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos". El profeta Amós, en la primera lectura, subraya que profetiza, no por voluntad o iniciativa personal, sino "el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: 'Ve a profetizar a mi pueblo Israel'". El himno cristológico de la carta a los efesios (segunda lectura), canta los frutos de la misión en la conciencia de los cristianos: la bendición de Dios Padre, la elección en Cristo, la adopción filial, la redención y el perdón de los pecados, la revelación de los designios de Dios sobre la historia, el bautismo en el Espíritu Santo.
Temas...
La misión en la Iglesia-comunión. La eclesiología del Vaticano II ha resaltado la concepción de la Iglesia-comunión; y esta concepción de la Iglesia se va desarrollado notablemente entre nosotros. La Iglesia comunión es Iglesia en misión, en salida (Francisco). En las palabras y enseñanzas de Jesús encontramos ambas: "Padre, que todos sean uno..." (Jn 17, 21); "esto les mando que se amen unos a otros" (Jn 15,17), por una parte; y por otra, "Eligió a Doce para enviarlos a predicar" (Mc 3, 14); "Comenzó a enviarlos de dos en dos" (Mc 6, 7); "Vayan y prediquen" (Mt 28,19). En la comunión eclesial debe prevalecer el bien supremo de toda la Iglesia, sobre el bien particular de una Iglesia local. La comunión dentro de cada Iglesia local pide igualmente un marcado sentido de misión y un notable espíritu misionero para evangelizar y promover la evangelización de los fieles cristianos. La Iglesia comunión nos ayuda a comprendernos discípulos-misioneros para gloria y alabanza de la Santísima Trinidad.
Misión de Jesús - Misión de la Iglesia. El evangelista Marcos pone de relieve que la misión de los Doce (ahora, de la Iglesia) es la misma misión de Jesús. En efecto, en Mc 6,13 nos dice que los Doce "predicaban la conversión, expulsaban demonios, curaban". Esto corresponde a la misión de Jesús: "Conviértanse y crean en el evangelio" (Mc 1, 15); "había curado a muchos, y cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarlo" (3, 10) y finalmente "se fue a predicar en sus sinagogas por toda Galilea, expulsando los demonios" (Mc 1, 39). De los Doce se añade que "ungían a los enfermos con aceite". Se trata quizás de una referencia a la costumbre entre los primeros cristianos de la "unción de los enfermos en nombre del Señor, por parte de los presbíteros de la Iglesia", como exhorta la carta de Santiago en 5, 14. Por medio de todas esas acciones Jesús primero, y luego los Doce, nos mostraron los signos reveladores de la presencia del Reino de Dios entre los hombres.
Características de la misión. 1) Se pide a los Doce -y a todos los hombres en misión- la comunión (de dos en dos), la pobreza (no tomar nada para el camino, excepto un bastón), la coherencia en una conducta humilde (quedarse en la casa, sin buscar mejores...), en libertad de espíritu (si en algún sitio no los reciben, salgan y sacudan el polvo...); en valentía y audacia (Amós que profetiza, aun con peligro de su vida...). 2) Los Doce en la misión encontrarán las mismas dificultades que ha encontrado Jesús. Como no han recibido ni han escuchado a Jesús, así tampoco en ocasiones recibirán o escucharán a los Doce. Ocho siglos antes sucedió lo mismo al profeta Amós, cuyo mensaje de justicia social y de crítica al culto exterior fue también rechazado por el sacerdote de Betel, Amasías... ahora, al parecer, el mundo ha recibido con buen ánimo las enseñanzas del Papa, leamos lo que nos dice y ayudemos a otros a hacer lo mismo para cambiar el mundo y nuestros corazones. 3) La misión se caracteriza por los frutos, por los resultados, mediante la creación de comunidades de fe, en las que se bendice a Dios Padre, porque nos ha elegido en Cristo, nos ha hecho hijos adoptivos, nos ha redimido en su Hijo, nos ha dado a conocer los misterios de su voluntad y nos ha sellado con el Espíritu mediante el bautismo (segunda lectura).
Sugerencias...
"La misión de la Iglesia se halla todavía en sus comienzos" (san Juan Pablo II, Redemptoris Missio 1). Estas palabras pueden ser pronunciadas en cada generación y en cada época histórica, porque es necesario estar siempre yendo, saliendo, iniciando. En efecto, siendo el Evangelio para todos, cuando llegan nuevos hombres a nuestro planeta hay que comenzar con ellos la labor de evangelización. El Papa Francisco nos anima a comprender que esta es la hora de la misericordia de Dios para todos los pueblos, sobre todo los que no conocen que Dios nos ama. Como discípulos misioneros tenemos que vivir "en estado de misión". Los padres de familia son "misioneros" de sus hijos; los maestros de sus alumnos; los médicos y enfermeros de sus pacientes; los voluntarios de aquéllos a quienes asisten; los párrocos y sus colaboradores de la feligresía... En esta hora de Dios ¡no nos quedemos cruzados de brazos!
Libres para la misión. Para ser "misioneros" se requiere ser libres. Libres PARA: -aceptar esta dimensión propia de la vocación cristiana; -responder a Dios con generosidad, sin ataduras de instintos y pasiones egoístas; -seguir dócilmente las luces y los movimientos del Espíritu Santo dentro de nosotros mismos. Se nos pide ser libres DE: -todo apego a los bienes y medios materiales; -todo orgullo y ansia de poder, con la conciencia clara de que somos servidores del hombre. Se nos pide, ayudados por la gracia, estar únicamente ‘equipados’ con: -un gran amor a Jesucristo, nuestro modelo; -el Evangelio hecho vida; -la confianza en Dios y -la esperanza en la acción del Espíritu Santo en el corazón de los hombres.
María, Estrella de la Evangelización, ruega por nosotros.
jueves, 5 de julio de 2018
martes, 3 de julio de 2018
HOMILÍA Domingo Decimocuarto del TIEMPO ORDINARIO cB (08 de julio de 2018)
Primera: Ezequiel 2, 2-5; Salmo: Sal 122, 1-4; Segunda: 2Corintios 12, 7-10; Evangelio: Marcos 6, 1-6
Nexo entre las LECTURAS
El Domingo anterior los textos litúrgicos se centraban en la potencia de la fe. El presente Domingo están centrados en las dificultades para creer y en la actitud de los hombres ante ellas. Los israelitas, a los que dirige su palabra el profeta Ezequiel, dudan de la fidelidad de Dios que les ha abandonado a su propia suerte en el exilio de Babilonia. Ante esta situación se rebelan y su corazón se endurece para las cosas de Dios (primera lectura). Los nazaretanos sufren también una crisis de fe ante Jesús que, por un lado, ha obrado grandes signos y milagros, y, por otro, es uno más entre los habitantes de Nazaret, es "el hijo del carpintero" (evangelio). Pablo no está exento de dificultades en su fe, pero se mantiene firme porque una voz en su interior le repite: "Te basta mi gracia" (segunda lectura).
Temas...
El don de la fe. Creer es aceptar la irrupción de Dios en la propia vida y en la historia. Es aceptar que el hombre, con toda su técnica y todo su saber, no tiene todos los hilos de los acontecimientos en sus manos (Laudato Si). Creer es aceptar el compromiso de que Alguien te indique el camino, que tú no ves. En este sentido, la fe es un auténtico misterio de amistad y diálogo del hombre con Dios. Creer es un llamado a la humildad… a la santidad (Gaudete et exsultate)
- A los israelitas del siglo VI a.C. les ‘chocó’ y se les hizo un verdadero drama el ver que Jerusalén era conquistada por los babilonios, que le deportaron en gran número a su propio país. ¿Dónde está la fidelidad de Yahvéh a sus promesas? ¿Dónde está -se preguntaban los israelitas- el brazo poderoso de Yahvéh? ¿No se ha mostrado más poderoso Marduk (dios babilonio) que Yahvéh? Parece que Yahvéh nos ha abandonado. ¡El escándalo debió ser imponente!... llamados a creer y a renovar la fe en el Dios de los padres se quedaron con sus razonamientos.
- No menor debió ser el escándalo de los nazaretanos. Ellos conocían la familia de Jesús, una familia absolutamente igual a las demás del pueblo. Ellos conocían muy bien a Jesús: su infancia y juventud, a sus padres, su oficio, sus parientes; lo habían visto crecer como uno entre tantos... No, no podemos creer lo que nos cuentan de Él. Les debe haber sucedido algo extraño a su razón. Llamados a creer se quedaron con la sola luz de la razón y no renovaron su fe en el Dios de la alianza.
- La fe de Pablo es probada también. Él ha sido "arrebatado" hasta el tercer cielo, es decir, a una experiencia de Dios absolutamente sobrecogedora y profunda. Con todo, esa experiencia no lo libra del aguijón de la "carne" (¿una enfermedad? ¿la conciencia de su debilidad ante la misión? ¿la conciencia del abismo entre él con todas sus limitaciones y Dios con toda su grandeza? ¿el sentir el peso del propio pecado?). ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué Dios no le libra de esa espina que le atormenta? También Pablo pasó por la prueba para madurar su fe.
Actitudes ante el don de la fe. La Liturgia presenta a nuestra consideración tres actitudes ante el misterio de Dios. (a) La primera es la de los israelitas. Es la actitud de rebelión, de obstinación, de dureza de corazón. En lugar de buscar solución a sus dudas sobre la fidelidad de Dios, se aferran a sus razonamientos, en ellos se encierran y con ello su corazón se endurece ante la voz de Dios que les llega por el profeta Ezequiel. En lugar de buscar resolver sus dudas de fe, se hunden más en ellas. (b) La segunda actitud es la de los habitantes de Nazaret. Ellos no pueden dudar de los signos y prodigios que ha hecho Jesús en Cafarnaúm y en los pueblos de su alrededor. Pero no pueden creer que este hombre de su pueblo, Jesús, logre hacer tales cosas. Ellos se habrían dado cuenta desde antes. ¡No son tan tontos! ¡Algo raro y extraño ha sucedido, aunque no sepan qué es! (c) La tercera actitud, que se nos propone como modelo a imitar, es la de Pablo. La experiencia de Damasco ha marcado para siempre su vida. Lo que le pasa lo comprende desde esa experiencia. Y así, desde la experiencia de fe, llega a dos conclusiones: 1) Ante las crisis de fe está presente la gracia de Cristo para enfrentarse a ellas con decisión y valentía; 2) En la debilidad, es donde soy más fuerte, pero no con mi fuerza, sino con la fuerza de Dios. La ‘prueba’ de la fe es un momento extraordinario para acrecentarla y consolidarla.
Sugerencias...
Las dificultades de la fe hoy. El creer encuentra dificultades en cualquier época y en cualquier punto de la tierra. ¿Cuáles son las dificultades que hoy encuentran nuestros contemporáneos en su camino de fe? las de siempre, pues la fe es un don y hay que acogerlo en la oración y con humildad. En nuestros días se han acentuado algunas dificultades. Por ejemplo, el desinterés por la vida del niño no nacido por parte de un sector del poder político y muchos ciudadanos, el desinterés más o menos marcado por lo que no sea inmediato y aporte algo útil al hombre hoy, aquí y ahora; la excesiva confianza en la razón científica, en prejuicio de la razón filosófica que predispone para la fe; el espíritu relativista dominante en amplios sectores de la sociedad, en el que "Dios" es un punto más de vista en concurrencia con otros aparentemente más atractivos; no pocas veces se menciona también la imagen de una Iglesia retrógrada, enrocada en el pasado en la propuesta de algunas verdades dogmáticas o morales (Lineamentos del Sínodo de la juventud). Hay todavía quien dice no creer porque la fe le aliena y le hace soñar en un mundo inexistente, quitándole energías para trabajar en el mundo en que vive; o quien piensa que la fe es cosa de "viejas o aburridos o fracasados"... Bueno, imagino que cada uno podrá añadir algunas dificultades más a corregir las expresiones según el uso del lugar...
"Fuertes en la fe". Si mil tentaciones no hacen una caída, tampoco mil dificultades hacen una sola duda de fe. No. Las dificultades son "magníficas" para fortalecer nuestra fe, si las sabemos afrontar con valentía y con decidida coherencia, miremos y nos unamos a la Virgen al pie de la Cruz (Lumen Gentium, cap. 8). ¿Viene una dificultad? Ora, en primer lugar y acércate a Dios: en la Palabra, en la Eucaristía y en la práctica de la Caridad tanto en dar algo de ti como en pedir ayuda a los demás y recibir de ellos la fortaleza de la ´comunión’. Pide la gracia del aumento de la fe y ‘la cruz’ te ayudará a madurar tu fe, porque una virtud no probada siempre será una virtud inmadura. No te olvides, por otra parte, de estar vigilante, porque, si vigilas, verás venir la tentación de la duda de la fe y buscarás el modo de defenderte y de atacarla. No te olvides tampoco que no eres el único en tener esa dificultad y que antes que tú ha habido muchos que la han tenido y con la ayuda de la gracia la han superado; además ahora mismo, mientras lees este escrito y que tú puedes tener esa dificultad de fe la están teniendo otros como en alguna parte de nuestro planeta, y están luchando -como tú- para vencerla. Hay que acudir a alguien que te nos ‘de’ una mano, alguien experto en estas cosas de fe, como puede ser un sacerdote amigo, una religiosa que trabaja en tu parroquia, un parroquiano que ha pasado por tu misma prueba y la ha superado felizmente. ¡Es hermoso sentir la caridad, la compañía, el apoyo humano y espiritual de una persona amiga!
Virgen María, feliz porque has creído: ruega por nosotros.
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