martes, 1 de febrero de 2022

HOMILIA La Presentación del Señor. Fiesta (02 de febrero de 2022)

La Presentación del Señor. Fiesta (02 de febrero de 2022) Primera: Malaquías 3, 1-4; Salmo: Sal 23, 7-10; Segunda: Hebreos 2, 14-18; Evangelio: Lucas 2, 22-40 


 Nexo entre las LECTURAS. Temas... Sugerencias… Aunque esta fiesta del 2 de febrero cae fuera del tiempo de navidad, es una parte integrante del relato de navidad. Es una chispa de fuego de navidad, es una epifanía del día cuadragésimo. Navidad, epifanía, presentación del Señor son tres paneles de un tríptico litúrgico. Es una fiesta antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV. Se celebraba allí a los cuarenta días de la fiesta de la epifanía, el 14 de febrero. La peregrina Eteria, que cuenta esto en su famoso diario, añade el interesante comentario de que se "celebraba con el mayor gozo, como si fuera la pascua misma"'. Desde Jerusalén, la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente. En el siglo VII, si no antes, había sido introducida en Roma. Se asoció con esta fiesta una procesión de las candelas. La Iglesia romana celebraba la fiesta cuarenta días después de navidad. Entre las iglesias orientales se conocía esta fiesta como "La fiesta del Encuentro" (en griego, Hypapante), nombre muy significativo y expresivo, que destaca un aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo. San Lucas narra el hecho en el capítulo 2 de su evangelio. Obedeciendo a la ley mosaica, los padres de Jesús llevaron a su hijo al templo cuarenta días después de su nacimiento para presentarlo al Señor y hacer una ofrenda por él. Esta fiesta comenzó a ser conocida en Occidente, desde el siglo X, con el nombre de Purificación de la bienaventurada virgen María. Fue incluida entre las fiestas de Nuestra Señora. Pero esto no era del todo correcto, ya que la Iglesia celebra en este día, esencialmente, un misterio de nuestro Señor. En el calendario romano, revisado en 1969, se cambió el nombre por el de "La Presentación del Señor". Esta es una indicación más verdadera de la naturaleza y del objeto de la fiesta. Sin embargo, ello no quiere decir que infravaloremos el papel importantísimo de María en los acontecimientos que celebramos. Los misterios de Cristo y de su madre están estrechamente ligados, de manera que nos encontramos aquí con una especie de celebración dual, una fiesta de Cristo y de María. La bendición de las candelas antes de la misa y la procesión con las velas encendidas son rasgos extraños de la celebración actual. El misal romano ha mantenido estas costumbres, ofreciendo dos formas alternativas de procesión. Es adecuado que, en este día, al escuchar el cántico de Simeón en el evangelio (Lc 2,22-40), aclamemos a Cristo como "luz para iluminar a las naciones y para dar gloria a tu pueblo, Israel". Significado de la fiesta. La fiesta de la Presentación celebra UNA LLEGADA Y UN ENCUENTRO; la llegada del anhelado Salvador, núcleo de la vida religiosa del pueblo, y la bienvenida concedida a él por dos representantes dignos de la raza elegida, Simeón y Ana. Por su provecta edad, estos dos personajes simbolizan los siglos de espera y de anhelo ferviente de los hombres y mujeres devotos de la antigua alianza. En realidad, ellos representan la esperanza y el anhelo de la raza humana. Al revivir este misterio en la fe, la Iglesia da de nuevo la bienvenida a Cristo. Ese es el verdadero sentido de la fiesta. Es la "Fiesta del Encuentro", el encuentro de Cristo y su Iglesia. Esto vale para cualquier celebración litúrgica, pero especialmente para esta fiesta. La liturgia nos invita a dar la bienvenida a Cristo y a su madre, como lo hizo su propio pueblo de antaño: "Oh Sión, adorna tu cámara nupcial y da la bienvenida a Cristo el Rey; abraza a María, porque ella es la verdadera puerta del cielo y te trae al glorioso Rey de la luz nueva". Al dramatizar de esta manera el recuerdo de este encuentro de Cristo con Simeón, la Iglesia nos pide que profesemos públicamente nuestra fe en la Luz del mundo, luz de revelación para todo pueblo y persona. En la bellísima introducción a la bendición de las candelas y a la procesión, el celebrante recuerda cómo Simeón y Ana, guiados por el Espíritu, vinieron al templo y reconocieron a Cristo como su Señor. Y concluye con la siguiente invitación: "Unidos por el Espíritu, vayamos ahora a la casa de Dios a dar la bienvenida a Cristo, el Señor. Le reconoceremos allí en la fracción del pan hasta que venga de nuevo en gloria". Se alude claramente al encuentro sacramental, al que la procesión sirve de preludio. Respondemos a la invitación: "Vayamos en paz al encuentro del Señor"; y sabemos que este encuentro tendrá lugar en la eucaristía, en la palabra y en el sacramento Entramos en contacto con Cristo a través de la liturgia; por ella tenemos también acceso a su gracia. San Ambrosio escribe de este encuentro sacramental en una página insuperable: "Te me has revelado cara a cara, oh Cristo. Te encuentro en tus sacramentos". Función de María y la maravillosa presencia de san José. La fiesta de la presentación es, como hemos dicho, una fiesta de Cristo antes que cualquier otra cosa. Es un misterio de salvación. El nombre "presentación" tiene un contenido muy rico. Habla de ofrecimiento, sacrificio. Recuerda la auto oblación inicial de Cristo, palabra encarnada, cuando entró en el mundo: "Heme aquí que vengo a hacer tu voluntad". Apunta a la vida de sacrificio y a la perfección final de esa auto oblación en la colina del Calvario. Dicho esto; tenemos que pasar a considerar el papel de María en estos acontecimientos salvíficos. Después de todo, ella es la que presenta a Jesús en el templo; o, más correctamente, ella y su esposo José, pues se menciona a ambos padres. Y preguntamos: ¿Se trataba exclusivamente de cumplir el ritual prescrito, una formalidad practicada por muchos otros matrimonios? ¿O encerraba una significación mucho más profunda que todo esto? Los padres de la Iglesia y la tradición cristiana responden en sentido afirmativo. Para María y para san José, la presentación y ofrenda de su hijo en el templo no era un simple gesto ritual. Indudablemente, ellos no eran conscientes de todas las implicaciones ni de la significación profética de este acto. Fue un acto de ofrecimiento verdadero y consciente. Significaba que ofrecían a su Hijo para la obra de la redención con la que él estaba comprometido desde un principio. Renunciaba a sus derechos y a toda pretensión sobre él; y lo ofrecían a la voluntad del Padre. San Bernardo ha expresado muy bien esto: "Ofrece a tu hijo, santa Virgen, y presenta al Señor el fruto bendito de tu vientre. Ofrece, para reconciliación de todos nosotros, la santa Víctima que es agradable a Dios'. Hay un nuevo simbolismo en el hecho de que María pone a su Hijo en los brazos de Simeón. Al actuar de esa manera, ella no lo ofrece exclusivamente al Padre, sino también al mundo, representado por aquel anciano. De esa manera, ella representa su papel de madre de la humanidad, y se nos recuerda que el don de la vida viene a través de María. Existe, también, una conexión entre este ofrecimiento y lo que sucederá en el Gólgota cuando se ejecuten todas las implicaciones del acto inicial de obediencia de María: "Hágase en mi según tu palabra". Por esa razón, el evangelio de esta fiesta cargada de alegría no nos ahorra la nota profética punzante: "He aquí que este niño está destinado para ser caída y resurgimiento de muchos en Israel; será signo de contradicción, y una espada atravesará tu alma, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones" (Lc 2,34-35). El encuentro futuro. La fiesta de hoy no se limita a permitirnos revivir un acontecimiento pasado, sino que nos proyecta hacia el futuro. Prefigura nuestro encuentro final con Cristo en su segunda venida. San Sofronio, patriarca de Jerusalén desde el año 634 hasta su muerte, acaecida en el año 638, expresó esto con elocuencia: "Por eso vamos en procesión con velas en nuestras manos y nos apresuramos llevando luces; queremos demostrar que la luz ha brillado sobre nosotros y significar la gloria que debe venirnos a través de él. Por eso corramos juntos al encuentro con Dios". La procesión representa l
a peregrinación de la vida misma. El pueblo peregrino de Dios camina penosamente a través de este mundo del tiempo, guiado por la luz de Cristo y sostenido por la esperanza de encontrar finalmente al Señor de la gloria en su reino eterno. El sacerdote dice en la bendición de las candelas: "Que quienes las llevamos para ensalzar tu gloria caminemos en la senda de bondad y vengamos a la luz que brilla por siempre". La candela (vela) que sostenemos en nuestras manos recuerda la vela de nuestro bautismo. Y la admonición del sacerdote dice: "Ojalá guarden la llama de la fe viva en sus corazones. Que cuando el Señor venga salgan a su encuentro con todos los santos en el reino celestial". Este será el encuentro final, la presentación postrera, cuando la luz de la fe se convierta en la luz de la gloria. Entonces será la consumación de nuestro más profundo deseo, la gracia que pedimos en la poscomunión de la Misa: “Por estos sacramentos que hemos recibido, llénanos de tu gracia, Señor, tú que has colmado plenamente la esperanza de Simeón; y así como a él no le dejaste morir sin haber tenido en sus brazos a Cristo, concédenos a nosotros, que caminamos al encuentro del Señor, merecer el premio de la vida eterna”.

lunes, 31 de enero de 2022

HOMILIA P. ANGEL Domingo Quinto del TIEMPO ORDINARIO cC (06 de febrero de 2022)

Primera: Isaías 6, 1-2a. 3-8; Salmo: Sal 137, 1-5. 7c-8; Segunda: 1Corintios 15, 1-11; Evangelio: Lucas 5, 1-11 Nexo entre las LECTURAS El misterio de la libre y gratuita elección de Dios está presente en las tres lecturas litúrgicas. Isaías es elegido durante una acción litúrgica en el templo de Jerusalén: “Oí la voz del Señor que me decía: ¿A quién enviaré?” (primera lectura). Pedro, por su parte, percibe la elección divina en el misterio de su oficio de pescador: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” (evangelio). Finalmente, Pablo evoca la aparición de Jesús resucitado, camino de Damasco, a él, “el menor de los apóstoles... pero por la gracia de Dios soy lo que soy”, aparición que sigue siendo viva y cierta en cada celebración de la Eucaristía (segunda lectura). Con el salmista la Iglesia nos invita a cantar y alabar a Dios por su “amor y fidelidad” acompañando a los que Él llama. Temas... Historias de Envío. El tema central de las lecturas de hoy es el envío, que literalmente significa: ser puesto en el camino. Tres cosas conviene reflexionar en este Domingo: quién envía, a quiénes envía, y qué caminos los envía. Empecemos sin embargo por los enviados. En la primera lectura se trata de Isaías, que se reconoce como "hombre de labios impuros", en el evangelio los llamados son unos pescadores sin mucho éxito. En esos personajes quedan bien representadas las dos grandes limitaciones humanas: el pecado y la insuficiencia o impotencia. Isaías se ve obligado a reconocer su situación de pecado ante la luz deslumbrante de Dios que lo llama. Los pescadores de Galilea, en cambio, no han obrado mal, sino que sencillamente no han sabido o no han podido lograr lo que querían. Solemos decir: no se les dieron las cosas. Si uno lo piensa bien, también el pecado es una clase de insuficiencia, aunque interna. Pecamos porque no soportamos el peso del camino. Queremos encontrar un atajo hacia la felicidad o asegurar que sí valemos, que nuestras cosas importan, que nuestras fuerzas y deseos pueden imponerse. Todas estas limitaciones de los que son enviados terminan por producir extrañeza: ¿por qué el Dios que todo lo puede quiere valerse de instrumentos tan frágiles, tan chatos, tan proclives al error y tan capaces de traición? La pregunta se hace más aguda si uno piensa en las historias vocacionales, a veces de final triste, que uno conoce en la Iglesia. Dios, que envía. Esa pregunta que Dios se hace en el pasaje que oímos de Isaías tiene una tensión y una profundidad inmensas. He aquí a Dios que pregunta: "¿A quién enviaré?" No le falta amor, pero sí le falta quién le ayude. Todos necesitan y es tanta su necesidad, que pocos están dispuestos para aliviar la necesidad de otros. El resultado es que Dios se queda como sin ayuda. Bueno, ¿y no podría Dios resolverlo todo, sanarlo todo, completarlo todo por sí mismo? Sí podría, pero a precio de negar uno de los rasgos que Él mismo quiso imprimir en su creatura racional, a saber, su dimensión social. Dios mismo nos creó capaces de interactuar unos con otros. Si Dios, sin intervención de ninguna otra causa, atendiera Él mismo a todas las necesidades y dolencias de cada ser humano, habría una dolencia y carencia que se quedaría sin atender, a saber, la carencia de amor y servicio entre nosotros. Esa parte nuestra quedaría enferma o atrofiada si nunca se diera el caso de que un ser humano sirve con genuina caridad a otro. Así pues, al crearnos como seres en sociedad, Dios en parte eligió tener que buscar "ayuda" en el ser humano para levantar y redimir al mismo ser humano. El Camino al que somos Enviados. Isaías grita: "¡Envíame a mí!" Sus labios han sido purificados por una brasa del santuario y por el ministerio de un Ángel, y siente en su corazón urgencia de servir. Quiere ser puesto en camino, aunque todavía no conoce ese camino. Algo parecido sucede en el evangelio de hoy: aquellos pescadores lo dejaron "todo", y lo siguieron. Quizá sabían lo que dejaban, pero en todo caso no parece que supieran exactamente lo que encontrarían. Parece ser ésta una ley del llamado que Dios hace. También Abraham, en Génesis 12, es llamado por Dios, y es puesto en camino, aunque de ese camino lo único que sabe es que Dios se lo mostrará (Génesis 12,1). Y en realidad eso es lo único que importa del camino: que Dios lo conoce bien. No interesa tanto saber por dónde voy sino con quién voy. Sugerencias... En la historia de la salvación aparece claro que Dios ha querido salvar a los hombres por medio (con la ayuda) de otros hombres. El único Salvador es Dios, pero los hombres somos sus manos para distribuir la salvación a todos los que la pidan, somos sus labios para predicar (la salvación) en las miles de lenguas de nuestro planeta, somos sus pies para llevarla a todos los rincones de la tierra, sobre todo allí donde todavía no la conocen, aunque la anhelen vivamente. ¡Es un gesto inmenso de la misericordia de Dios para con la humanidad… un gesto de su infinito amor hasta hacerse mendigo del hombre! Dios mendiga de ti, sacerdote o laico, religioso o voluntario, misionero o misionera, quiere que le ayudes: ¿vas a ayudar? ¿eh? Dios mendiga de ti, joven, tu juventud para ofrecer su salvación a los jóvenes del mundo, y quizás no sólo tu juventud, sino toda tu vida para salvar al hombre, para liberarlo de sí mismo, para ennoblecer su vida de hijo de Dios. Dios mendiga de ti, adulto, tu adultez, en el estado de vida en que te halles, para que colabores con Él en la salvación de ti mismo, en la salvación de quienes viven en tu entorno familiar, profesional, social, cultural. Dios mendiga de ti, jubilado, anciano, tu tiempo, tu experiencia humana y espiritual, tu sabiduría de la vida, para que la transmitas a los demás, para que contribuyas a construir un mundo más humano y más cristiano. ¿Escucharemos los hombres el grito de Dios que pide nuestra ayuda? Recemos especialmente por el aumento de las vocaciones. Nuestra Señora del SI, ruega por nosotros.

viernes, 28 de enero de 2022

HOMILIA Domingo Cuarto del TIEMPO ORDINARIO cC (30 de enero de 2022) P ANGEL

Primera: Jeremías 1, 4-5.17-19; Salmo: Sal 70, 1-4a. 5-6ab. 15ab. 17; Segunda: 1Corintios 12, 31 - 13, 13; Evangelio: Lucas 4, 21-30 Nexo entre las LECTURAS Jesucristo, Jeremías, Pablo: Tres relatos cuya cumbre es Jesucristo, plenitud de la revelación y de la misión salvífica de Dios. Jesús es el ENVIADO del Padre para la salvación de los hombres, sin distinción alguna entre judíos y gentiles (evangelio). La misión profética de Jesús está prefigurada en Jeremías, el gran profeta de Anatot durante el primer cuarto del siglo VI a C, de cuya vocación y misión, en tiempos de la reforma religiosa del rey Josías y luego durante el asedio y la caída de Jerusalén, trata la primera lectura. Pablo, segregado desde el seno de su madre, prolonga en el tiempo la misión profética de Jesús, poniendo el acento en el amor cristiano, como el carisma que da plenitud a todos los demás. Con el salmista pedimos auxilio al Señor: “Porque Tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud. En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; desde el seno materno fuiste mi protector” y nos comprometemos: “Mi boca, Señor, anunciará tu salvación”. Temas... Características de la misión. Son varias las que hoy se resaltan… 1. La misión viene de Dios. Es Dios quien dice a Jeremías: "Antes de formarte en el vientre te conocí; antes que salieras del seno te consagré, te constituí profeta de las naciones" (Jer 1,5). Jesús en la sinagoga de Nazaret no se atribuye a sí mismo la misión, sino que la lee ya profetizada en las Escrituras, es decir, ya prevista por el mismo Dios. San Pablo, por su parte, sabe muy bien que todo carisma proviene del Espíritu de Dios, máxime el carisma por excelencia que es el amor. 2. Una misión en doble dirección. Por un lado destruir, por otro edificar (Jer 1, 10). Por un lado, el anuncio: proclamar la Buena Nueva a los pobres, por otro, la denuncia: ningún profeta es bien acogido en su tierra (evangelio). Por un lado, la devaluación de todo sin la caridad, por otro, la caridad como virtud suprema (segunda lectura). Así será nuestra vida cristiana, desde sus inicios hasta nuestros días, morir al pecado y vivir para la gracia, para la gloria de Dios, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia (Misa). 3. Una misión universal. Jeremías es llamado por Dios a ser "profeta de las naciones"; Jesucristo ha sido ungido por el Espíritu para ayudar a los pobres, a los cautivos, a los ciegos, a los oprimidos, y para proclamar a todos un año de gracia del Señor, es decir, un jubileo... ¡qué bien viene recordarlo ahora que estamos en el Año Jubileo de la Misericordia! Si Dios es Creador y Padre de todos, todos somos, por igual, destinatarios de su amor y de su redención. 4. Una misión con riesgos. El riesgo principal de que los hombres no escuchen ni acepten el mensaje de Dios, comunicado por el profeta. El riesgo también está en ser maltratado, considerado enemigo público, tenido por aguafiestas y profeta de desventuras. La biografía de Jeremías está entretejida con episodios de este género. Jesús estuvo a punto de ser apedreado por los nazarenos, y Pablo vivió unas relaciones ‘tensas’ con los cristianos de Corinto, cuando les escribió su primera carta. 5. Una misión con la fuerza de Dios. Dios dice a Jeremías: "No les tengas miedo... Yo te constituyo hoy en plaza fuerte, en columna de hierro y muralla de bronce frente a todo el país". Jesús, ante los nazarenos que quieren despeñarle, nos dice san Lucas que, "abriéndose paso entre ellos, se marchó". ¡Qué valentía sobrehumana y qué poder de Dios en la actitud de Jesús! ¿Y acaso no muestra Pablo una fuerza sobrenatural cuando antepone el amor cristiano a la ciencia, a la pobreza total, a las llamas, y a la misma fe? 6. Una misión que exige una respuesta. Pueden responder con rechazo, como en el caso de Jeremías: "Ellos lucharán contra ti" (primera lectura). Pueden responder con ambigüedades, como en el caso de Jesús: por un lado, asentimiento y admiración, por otro, indignación y deseo de despeñarlo por un precipicio (evangelio). Y Pablo, en la segunda lectura, al proponer a los corintios el carisma de la caridad, no hace sino pedirles que respondan con generosidad a dicho carisma. Sugerencias... Hoy se trata del valor del enviado por Dios a los obstinados, o sea: a los que se escandalizan. La primera lectura muestra toda la dureza de la situación de un hombre que debe representar y soportar la dureza de la resistencia de los hombres contra Dios. Por eso el propio Dios es inexorable con él: no debe tener miedo a nadie -ni a «reyes, príncipes o sacerdotes», ni a la «gente del campo»-, sino el mismo Dios le meterá miedo de todos ellos. Debe representar la oposición de Dios contra todos los que se oponen a Él; y esta oposición de Dios es tan fuerte que el que la representa será como una «muralla de bronce» inexpugnable, pero por eso mismo ha de endurecer «su rostro como pedernal» (Is 50,7). «Yo estoy contigo», le dice Dios: por eso no podrán vencerte. Pero lo que una misión semejante le cuesta al hombre débil quedará claro en las pruebas exteriores e interiores experimentadas por Jeremías. Jesús adopta en el evangelio la actitud del profeta; comienza provocando abiertamente a sus oyentes: les ha dicho que Él es el cumplimiento de toda profecía; para evitar toda eventual adulación por sus «palabras de gracia», Jesús declara enseguida que su lenguaje profético no sería reconocido «en su tierra»; pues la gente dice ya: «¿No es éste el hijo de José?»; es decir: ¿qué puede decirnos de nuevo? Entonces Jesús suministra las pruebas: el profeta Elías sólo pudo hacer su milagro en un territorio extranjero, y su discípulo Eliseo sólo pudo curar a un leproso sirio. Esta provocación de Jesús a sus parientes y paisanos tal vez nos parezca una imprudencia. ¿No habría sido preferible que Jesús hubiera comenzado diciéndoles cosas que ellos pudieran soportar y digerir para pasar después poco a poco a cosas más difíciles? ¿No fue el propio Jesús culpable de que sus paisanos se pusieran «furiosos» y lo empujaran fuera del pueblo con la intención de matarlo? Pero también posteriormente la predicación cristiana imitará la técnica de Jesús; Pedro dirá a los judíos en su discurso del templo: «Rechazaron al santo, al justo y pidieron el indulto de un asesino; mataron al autor de la vida». La prudencia diplomática llega muy pronto a un punto muerto, y entonces sólo el salto hacia la verdad ayuda a progresar. Pablo puede citar a poetas paganos ante los sabios de Atenas, pero enseguida, bruscamente, debe hablar de Jesús, de la resurrección de los muertos y del juicio. Ninguna «inculturación» puede obviar estas verdades. Entre el texto de Jeremías (primera lectura) y el evangelio aparece como segunda lectura el himno a la caridad: el «camino mejor», el único que conduce a la meta. Todo lo demás, incluso nuestro saber más profundo y nuestra ética más heroica («repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo»), no basta. Cuando Dios provoca a los hombres, primero por medio de sus profetas y finalmente por medio de Cristo y de la Iglesia, está realizando únicamente una obra de su amor. Y a todos los que se les confía la tarea de vivir y proclamar ante el mundo este amor de Dios de una manera provocativa, deben hacerlo por amor y con amor; de lo contrario no son mensajeros de Dios y hablan no en nombre de Dios, sino sólo en nombre propio, llevados de su desprecio de sus semejantes, de sus errores, de su cultura del bienestar, de su abuso del poder y de la naturaleza. Estos motivos no llegan al nivel de la predicación cristiana. El amor «no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia». Nuestros hermanos tienen que percibir el amor de Dios que actúa en nosotros incluso en las palabras más duras que hayamos de pronunciar en nombre de Dios. Nuestra Señora del SI, ruega por nosotros.

lunes, 17 de enero de 2022

HOMILIA Domingo Tercero del TIEMPO ORDINARIO cC (23 de enero de 2022) P. ANGEL AR

Domingo de la PALABRA DE DIOS El 23 de enero la Iglesia celebrará por tercer año el Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el Papa Francisco en 2019 para que se celebre todos los años cada tercer domingo del Tiempo Ordinario. https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-celebra-el-domingo-de-la-palabra-de-dios-58160 Primera: Nehemías 8, 2-4a.5-6.8-10; Salmo: Sal 18, 8. 9. 10. 15; Segunda: 1Corintios 12, 12-31a; Evangelio: Lucas 1, 1-4; 4, 14-21 Nexo entre las LECTURAS Los textos de este Domingo descubren nuestra vocación de ‘pueblo atento’ a la Palabra de Dios (primera lectura y evangelio) y también nuestra condición de ‘discípulos-misioneros’ llamados a ser amigos de Dios, como nos llama san Lucas, Theófilos, que debemos conocer la solidez de las enseñanzas de la fe que hemos recibido. Por eso el clima de nuestra meditación lo ofrece el Salmo de la Misa: "tus palabras, Señor, son espíritu y vida". Una oración que, aprendida en el corazón, puede ayudarnos a hablar con este Dios amigo, siempre cercano, y que con sus Palabras nos infunde verdadera vida, nos da la liberación. Conviene, hoy, considerar el valor que otorgamos a las Sagradas Escrituras. Su desconocimiento, en frase de san Jerónimo, es desconocimiento de Jesucristo. Para crecer en la lectura de la Escritura y hacerla vida en la entrega diaria, Dios hizo a algunos apóstoles, a otros profetas, a otros maestros, y a otros les dio el don de lenguas, y el don de interpretación a otros..., de modo que la Palabra de Dios sea viva, vivifique y permanezca para siempre (segunda lectura). Temas... «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios». Este «hoy» de la lectura solemne de la ley a cargo de Esdras ante todo el pueblo reunido en asamblea (primera lectura) es un preludio veterotestamentario del «hoy» que pronuncia Jesús en el evangelio. Esta solemne lectura de la ley en tiempos de Esdras se describe de forma impresionante, añadiéndose algunas explicaciones al respecto; el pueblo está visiblemente emocionado: se inclina y se postra rostro en tierra en señal de adoración; llora porque desconocía lo que acaba de escuchar, pero se le invita a regocijarse y a celebrar un banquete porque su acogida de la Palabra de Dios hace que este episodio sea un acontecimiento gozoso: «Pues el gozo del Señor es la fortaleza de ustedes». Por eso nos extraña tanto más que “un «hoy»” mucho más importante salido de la boca de Jesús (en el evangelio) provoque entre sus oyentes reacciones totalmente diversas. «Hoy se cumple esta Escritura». En el evangelio escuchamos solamente la parte introductoria de la escena, cuando Jesús, en la sinagoga de Nazaret, el pueblo donde se había criado lee también la Escritura y pronuncia unas palabras “incomprensibles y blasfemas” para sus oyentes: que hoy se ha cumplido la profecía de Isaías, que «el Espíritu del Señor está sobre mí, que me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar la libertad a los oprimidos». Jesús aplica estas palabras a su persona: sale de la oscuridad de sus años de juventud y aparece ante todos sus conocidos con una luz nueva e inaudita, asumiendo precisamente la realidad de ser el Mesías. Se nos muestra (revela): la fortaleza del Señor para asumir su misión, y la humildad de Él, al designar su actividad como obediencia al «Espíritu del Señor» que está sobre Él. Ambas cosas unidas caracterizan su convicción más profunda y muestran su singularidad: su misión es el cumplimiento de todas las promesas más excelsas de Dios, pero Él la lleva a cabo como el verdadero «Siervo de Dios», en el espíritu del Siervo de Yahvé proclamado por Isaías. «Todos hemos bebido de un solo Espíritu». Pero ¿qué significa para nosotros el hoy? Algo completamente distinto de lo que significaba para el antiguo pueblo de Israel. La segunda lectura lo describe: nosotros somos un cuerpo, asumido en el HOY de Cristo. Los judíos no eran miembros de un cuerpo, sino individuos dentro de la comunidad del pueblo; nosotros somos los unos para los otros, miembros dentro del cuerpo de Cristo. Pablo describe esto detalladamente. Ya no hay individuos, sino “órganos”, cada uno de los cuales actúa para el todo vivo del organismo, que es el Cuerpo Místico de Cristo, Cristo y nosotros: en el siempre-hoy de Cristo nosotros vivimos para Él y los unos para los otros. Por eso cada uno tiene una tarea personal, insustituible, pero no para sí mismo, sino para el todo vivo; una tarea que cada cual debe cumplir en el Espíritu Santo, que es el que le ha conferido su singularidad. Y como todos «han bebido de un solo Espíritu», todo el que posee el Espíritu ha de vivir también fuera de sí mismo, en el amor a los otros, en los otros. Este es el hoy que resulta del hoy plenificador de Cristo. Sugerencias... -con el Papa Benedicto XVI-. La liturgia de hoy nos presenta, juntos, dos pasajes distintos del Evangelio de Lucas. El primero (1, 1-4) es el prólogo, dirigido a un tal «Teófilo»; dado que este nombre en griego significa «amigo de Dios», podemos ver en él a cada creyente que se abre a Dios y quiere conocer el Evangelio. El segundo pasaje (4, 14-21) nos presenta en cambio a Jesús, que «con la fuerza del Espíritu» entra el sábado en la sinagoga de Nazaret. Como buen observante, el Señor no se sustrae al ritmo litúrgico semanal y se une a la asamblea de sus paisanos en la oración y en la escucha de las Escrituras. El rito prevé la lectura de un texto de la Torah o de los Profetas, seguida de un comentario. Aquel día Jesús se puso en pie para hacer la lectura y encontró un pasaje del profeta Isaías que empieza así: «El Espíritu del Señor está sobre mí, / porque el Señor me ha ungido. / Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres» (61, 1-2). Comenta Orígenes: «No es casualidad que Él abriera el rollo y encontrara el capítulo de la lectura que profetiza sobre Él, sino que también esto fue obra de la providencia de Dios» (Homilías sobre el Evangelio de Lucas, 32, 3). De hecho, Jesús, terminada la lectura, en un silencio lleno de atención, dijo: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír» (Lc 4, 21). San Cirilo de Alejandría afirma que el «hoy», situado entre la primera y la última venida de Cristo, está ligado a la capacidad del creyente de escuchar y enmendarse (cf. pg 69, 1241). Pero en un sentido aún más radical, es Jesús mismo «el hoy» de la salvación en la historia, porque lleva a cumplimiento la plenitud de la redención. El término «hoy», muy querido para san Lucas (cf. 19, 9; 23, 43), nos remite al título cristológico preferido por el mismo evangelista, esto es, «salvador» (sōtēr). Ya en los relatos de la infancia, éste es presentado en las palabras del ángel a los pastores: «Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2, 11). Este pasaje «hoy» nos interpela también a nosotros. Ante todo, nos hace pensar en nuestro modo de vivir el Domingo: día de descanso y de la familia, pero antes aún día para dedicar al Señor, participando en la Eucaristía, en la que nos alimentamos del Cuerpo y Sangre de Cristo y de su Palabra de vida. En segundo lugar, en nuestro tiempo dispersivo y distraído, este Evangelio nos invita a interrogarnos sobre nuestra capacidad de escucha. Antes de poder hablar de Dios y con Dios, es necesario escucharle, y la liturgia de la Iglesia es la «escuela» de esta escucha del Señor que nos habla. Finalmente, nos dice que cada momento puede convertirse en un «hoy» propicio para nuestra conversión. Cada día (kathēmeran) puede convertirse en el hoy salvífico, porque la salvación es historia que continúa para la Iglesia y para cada discípulo de Cristo. Este es el sentido cristiano del «carpe diem»: aprovecha el hoy en el que Dios te llama para darte la salvación. Que la Virgen María sea siempre nuestro modelo y nuestra guía para saber reconocer y acoger, cada día de nuestra vida, la presencia de Dios, Salvador nuestro y de toda la humanidad. Nuestra Señora, Madre del Amor Hermoso, ruega por nosotros

sábado, 15 de enero de 2022

HOMILIA Domingo Segundo del TIEMPO ORDINARIO cC (16 de enero de 2022) P. ANGEL

Domingo Segundo del TIEMPO ORDINARIO cC (16 de enero de 2022) Primera: Isaías 62, 1-5; Salmo: Sal 95, 1-2a.2b-3.7-8a.9-10ac; Segunda: 1Corintios 12, 4-11; Evangelio: Juan 2, 1-12
Nexo entre las LECTURAS La imagen de las bodas es uno de los temas que ocupa un puesto central en la liturgia de hoy y de la Historia de la Salvación. En el evangelio se habla de las bodas de Caná, pero sobre todo se anuncia a Jesús como Esposo. Jerusalén ya no será llamada "Abandonada" ni "Devastada", sino que será llamada "Desposada" y su tierra tendrá "Marido" (primera lectura). La comunidad cristiana, esposa de Cristo, goza de la diversidad de carismas que el único y mismo Espíritu derrama sobre ella para ponerlos al servicio de todos, y que constituyen las garantías de Cristo–Esposo (segunda lectura). La alegría se contagia también al salmista, que quiere cantar las maravillas del Señor, su victoria y su gloria. Este Domingo no parece todavía del todo del ‘Tiempo Ordinario’: es un eco de la Navidad, en línea con la Epifanía y el Bautismo: "el Segundo Domingo del Tiempo Ordinario se refiere todavía a la manifestación del Señor celebrada en la solemnidad de la Epifanía, "con lecturas evangélicas tomadas de san Juan: este año, las bodas de Caná (cfr. "Ordenación de las lecturas de la Misa", OLM 105). A lo largo de los Domingos y Fiestas siguientes, guiados este año por san Lucas, iremos escuchando y acogiendo las enseñanzas de Jesús Maestro, enviado por Dios, a quien hoy vemos haciendo su primer signo, para que crezca la fe de los discípulos en Él. Temas... El "amor de Dios": Como es sabido, uno de los temas preferidos en toda la literatura mística es el de los desposorios del alma con Dios. Sin embargo, la Biblia no reconoce otra esposa del Señor que no sea el pueblo elegido. A este pueblo, Israel, dirige su palabra y envía sus mensajeros. Porque ese es el «amor» de Dios. Con ese pueblo contrae su “alianza”. Y lo que hemos llamado revelación bien podría llamarse también “declaración de amor” de Dios a su pueblo. La historia de la salvación es, por tanto, una historia de amor. Aunque no ciertamente un idilio entre Dios y su pueblo. En esta historia hay infidelidades, pero el amor de Dios es más fuerte que las infidelidades de Israel. Hay en ella reconciliaciones, renovaciones de la alianza rota. A veces la esposa recibe el nombre de “Abandonada”, otras “Mi favorita”. A veces parece como si el pueblo estuviera dejado de la mano de Dios, otras se describe a Israel como una corona en las palmas del Señor. Por último, Jesucristo es el «amén» de Dios a su pueblo, el «sí quiero» que tiene un grado excelso en el SI de la Virgen María y en el de San José (que tomó a María y la llevó a su casa, en un SI a la voluntad de Dios), la alianza nueva y eterna, el matrimonio verdaderamente indisoluble. Pero en Jesucristo y a partir de Jesucristo, la esposa ya no serán los descendientes de Abrahán según el espíritu sino los que crean con la fe de Abrahán, el nuevo Israel. Todos estos se incorporan a Cristo para llegar a ser como una sola carne, como un solo cuerpo animado por el mismo espíritu, que es el Espíritu Santo. "En Caná... manifestó su gloria". La liturgia de la Iglesia ve en la festividad de la Epifanía una triple manifestación de la gloria de Dios en Jesús: ante los Magos, en la teofanía del Jordán (que se celebró el Domingo pasado) y en el primer milagro de Jesús en Caná, donde Jesús «manifestó su gloria». Una pareja de novios celebra su boda; Jesús, su Madre y sus discípulos están también invitados a la boda; pero en medio del banquete los novios se quedan sin vino. María, imagen ya de la Iglesia que ora e intercede, se dirige al Hijo: algo ciertamente extraño, pues todavía no le ha visto hacer ningún milagro externo. Pero a María le basta con saber que su Hijo lleva dentro, interiormente, un ‘misterioso poder’. Jesús, consciente de que el único milagro que el Padre le encargará será la cruz, no ve bien verse obligado a ejercer el papel de taumaturgo, papel que el pueblo insaciable le impondrá a partir de ahora. Entonces interviene la Madre, cuyas palabras, hermosas donde las haya, dejan todo en manos del Hijo a la vez que instan a los servidores a obedecerle: «Hagan lo que él les diga». En realidad, aunque nadie lo advierta, aquí brilla ya en todo su esplendor la gloria de María. Jesús no se resiste, como que no puede resistirse: las palabras de la Madre le llegan al corazón porque son muy familiares a lo que él lleva dentro, en lo más íntimo de sí mismo. En el evangelio no se nos dice si se notó la transformación de lo inútil en algo precioso, si Jesús fue ovacionado como taumaturgo, algo que él siempre procuró evitar. Se nos dice simplemente que «creció la fe de sus discípulos en él»; esto constituye el único ‘éxito’ que él valora como tal. Muchos de los milagros que realizará después, aunque él siempre mandó no decir nada, serán pregonados con cierto sensacionalismo y dificultarán no poco su verdadera misión. «Como la alegría que encuentra el marido con su esposa». La primera lectura, que compara la alegría de Dios por el pueblo convertido y purificado con la alegría que experimenta el marido con su esposa, remite ciertamente al evangelio, donde Jesús, con su milagro en la boda de Caná, bendice el matrimonio humano y lo eleva a la categoría de imagen de una alegría nupcial totalmente distinta. «Como un joven se casa con su novia», así hace Dios con su pueblo; el amor entre nosotros no es un símbolo rebajado o lejano del amor que Dios siente por la tierra que él llama ahora la «Desposada», «mi favorita». El amor natural, conocido por el hombre, debe ser para él un punto de partida para conjeturar cuánto le ama Dios. De este modo la unión carnal del hombre y la mujer será una imagen insuficiente, pero buena, para representar la intimidad de la unión entre Cristo y nosotros en la Eucaristía y en la eternidad (Bodas del Cordero, Apocalipsis). «En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común». La segunda lectura nos lleva en otra dirección: el milagro de Caná fue un milagro realizado, al parecer, para gozo y utilidad de algunos. Pero ahora, en la Iglesia, el Espíritu Santo dispensa un don de gracia a cada creyente «para el bien común». Estos carismas se pueden comparar, pues son dones sobrenaturales, con el poder de hacer milagros espirituales, aunque vistos desde fuera sean insignificantes. Pablo enumera en esta lista también los dones extraordinarios, mientras que en otras series (Rm 12) habla de carismas mucho más modestos. Cuando Jesús dice con una imagen que la fe puede mover montañas, se refiere a su fuerza espiritual, que ciertamente puede «mover», trasladar grandes pesos en el corazón de los hombres: no mediante técnicas psicológicas, sino en virtud del poder divino del que todo verdadero creyente participa. Muchos santos han hecho también milagros materiales, pero los milagros espirituales que han realizado son mucho más grandes y significativos. Sugerencias... Entre ellos… La generosidad, virtud cristiana. Dar y darse, entregar y entregarse, donación, generosidad... son palabras frecuentes en el vocabulario de los cristianos. Las escuchamos varias veces en las homilías, en la catequesis, en la conversación cotidiana. Gracias a Dios, no son sólo palabras, sino una verdadera realidad en la Iglesia. a) Está la generosidad en dar parte de los bienes propios. Hay cristianos que entregan notables cantidades de dinero y otros bienes económicos a los cristianos y no cristianos de los países más necesitados, o que sufren el flagelo de la guerra o de las calamidades naturales. Es inmenso el bien que hace Caritas internacional, Adveniat, Kirche in Not, Missio, la llamada ‘rifa del Papa’, y tantas otras instituciones benéficas de carácter nacional o internacional. También en la colecta/ofertorio en la Misa dominical y de muchas otras maneras. b) Está la generosidad del darse a sí mismo. ¡Cuántos misioneros y misioneras, cuántas voluntarias y voluntarios, que entregan su vida, fuera de su patria, en países lejanos, en medio de grandes dificultades, con posibilidad, incluso, de acabar la vida acribillado! Todos ellos marchan a sus misiones dispuestos a entregar (perder) la vida para ganarla en Cristo. También la generosidad de los distintos colaboradores parroquiales, catequistas, animadores de pastoral, el ministerio de recibirnos en las entradas de los Templos, animación en la Liturgia. c) Está la generosidad interior, la generosidad del corazón para con Dios, para con el vecino, para con el hijo enfermo de HIV o drogadicto, o COVID, muchas más… para con aquel que está en estado terminal, para con alguien anciano y que ya no puede valerse por sí misma. Tantas personas que quizá no dan dinero o dan poco, porque no tienen, ni tampoco se van de misioneras o voluntariado a otros países, pero que se dan a sí mismas, su cariño, su paciencia, su disponibilidad, su tiempo, su virtud, su ciencia... La Iglesia es la Esposa de Cristo. Cada vez que celebramos la Eucaristía festejamos las bodas de Cristo con la Iglesia. Por eso no tiene nada de extraño que Jesús, en Caná de Galilea, cuando todavía no había llegado «la hora», anticipara misteriosamente el banquete eucarístico en medio de la celebración de una boda: ¿Qué otra cosa puede significar la abundante conversión del agua en vino que aquella otra conversión del vino en su propia sangre...? En las bodas que Cristo contrae con la Iglesia nos ofrece a todos abundantemente el mejor vino, su propia sangre derramada por todos los hombres. Cada vez que celebramos la Eucaristía, la comunidad reunida en torno a una mesa (altar), que representa a toda la Iglesia, actualiza y ratifica las bodas de Cristo con la Iglesia, la Nueva Alianza. Cristo alimenta y purifica a su Esposa, la une entrañablemente a sí mismo, que es su Cabeza, para llegar a ser con ella un solo cuerpo completo. Todos los que comen de un mismo pan, son reunidos en un solo cuerpo, recapitulados, encabezados, en Cristo. Es así como, según dice San Pablo, un esposo cristiano ha de tratar a su esposa: «como Cristo trata a la Iglesia». Nuestra Señora de Caná, atiende nuestras necesidades y ruega por nosotros que recurrimos a vos. ...

lunes, 3 de enero de 2022

HOMILIA EL BAUTISMO DEL SEÑOR. Fiesta (9 de enero 2022). P. ANGEL

Primera: Isaías 40, 1-5.9-11; Salmo: Sal 103, 1b-4. 24-25. 27-30; Segunda: Tito 2, 11-14; 3, 4-7; Evangelio: Lucas 3, 15-16.21-22 Nexo entre las LECTURAS… Sin que aparezca la palabra novedad en los textos litúrgicos, todos ellos se refieren, en cierta manera, a la novedad de la acción de Dios en la historia. Es nuevo el lenguaje de Dios en Isaías: "ha terminado la esclavitud..., que todo valle sea elevado y todo monte y cerro rebajado..., ahí viene el Señor Yahvéh con poder y su brazo lo juzga todo". Es absolutamente nuevo que Jesús sea bautizado por Juan, que el cielo se abra, que el Espíritu descienda en forma de paloma, que se oiga una voz del cielo: "Tú eres mi hijo predilecto". Es nueva la realidad del hombre que ha recibido el bautismo: "un baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Señor". En virtud de esta novedad es que le decimos al Señor con el Salmista: ¡Bendice al Señor, alma mía! Temas… La novedad viene de Dios. El hombre, desde el inicio, lleva en sí el deterioro y la vejez del pecado, del que es imposible salir por sí mismo. En este Tiempo litúrgico lo que se nos muestra con nitidez es que sólo Dios puede salvarnos. Sólo Él puede cambiar nuestra vieja situación de pecado en novedad de gracia y misericordia. También se nos muestra que Dios quiere intervenir y actuar para salvar al hombre, que lo "ha creado a imagen y semejanza suya". La liturgia presenta tres momentos históricos de la intervención de Dios: primero interviene para liberar al pueblo israelita de la esclavitud de Babilonia (primera lectura), luego para revelar al mundo la filiación divina de Jesús (evangelio), finalmente para manifestar a los hombres la nueva situación creada en quienes han recibido el bautismo (segunda lectura). La consecuencia es ‘lógica’: Si Dios ha intervenido en el pasado con una irrupción de vida y esperanza nuevas, Dios interviene en el presente e intervendrá en el futuro, porque es propio de Dios la fidelidad. La novedad es desde dentro. La novedad que Dios infunde en el corazón de los hombres incide y repercute en la historia, pero en sí es invisible, interior, netamente espiritual. Primero hace nuevo el corazón, luego desde el corazón del hombre y con la ayuda del hombre, cambia también la realidad histórica. En los exiliados de Babilonia primero forjó en sus corazones la añoranza de Sión, el deseo y la decisión del retorno, luego dispuso los hilos de la historia para que tal deseo y decisión llegase a cumplimiento. En el caso de la teofanía del bautismo en el Jordán nos hace descubrir una novedad inicial, que se irá desplegando a lo largo de toda su vida pública y sobre todo en el misterio de su muerte y resurrección. La novedad del bautizado sólo se irá percibiendo con el tiempo, en la medida en que exista una coherencia vital entre la novedad infundida por Dios y la existencia concreta y diaria del cristiano. Para nosotros no pocas veces resulta difícil desvelar la relación entre la novedad interior y sus manifestaciones históricas en la vida ordinaria de cada uno, pues, a veces parece que todo es igual y nada cambia para bien… y Él ¡está haciendo nuevas todas las cosas! La novedad es eficaz. A la iniciativa de Dios, el hombre debe responder libremente, lo meditamos en la Virgen María muy especialmente en los Tiempos de Adviento y Navidad… y lo seguiremos meditando a lo largo del Año Litúrgico… sigamos mirando a María, Madre de Dios y de la Iglesia para imitar su sí generoso. Sugerencias... El Bautismo, epifanía de Dios. En el evangelio, el bautismo de Jesús, es una epifanía… eso mismo debe ser el para el cristiano la vida sacramental y comprometida con la caridad, con las obras de misericordia: una epifanía de lo que Dios es y de lo que Dios hace en el hombre. El discípulo-misionero es un hombre en quien se manifiesta el Dios trinitario, en virtud de la relación personal que mantiene con cada una de las personas divinas. Como hijo del Padre vive una verdadera relación filial, sobretodo en la oración y adoración. Como redimido por el Hijo y sumergido en su misma vida, entabla con Él una relación principalmente de seguimiento e imitación. Como templo del Espíritu Santo, vive con la conciencia de una relación sagrada, santificante, vivificadora de su existir cotidiano, modelando en bien su vida familiar, profesional y social. El cristiano es al mismo tiempo epifanía de la acción de Dios en el hombre: una acción purificadora, que manifiesta el perdón de Dios; una acción transformante, que pone de relieve el poder de Dios; una acción unificadora de las energías y capacidades del cristiano, que subraya el misterio unitario de Dios; una acción vivificante, que revela, por medio del hombre, la extraordinaria vida de Dios uno y trino...

HOMILIA Solemnidad de la EPIFANÍA DEL SEÑOR (06 de enero 2022). P. ANGEL

Primera: Isaías 60, 1-6; Salmo: Sal 71, 1-2. 7-8. 10-13; Segunda: Efesios 3, 2-3.5; Evangelio: Mateo 2, 1-12 Nexo entre las LECTURAS… Epifanía representa el desarrollo completo del misterio de Navidad. "El que aquel día nació de la Virgen -dice San León-, hoy ha sido reconocido por todo el mundo". Dios ha aparecido en el mundo no solamente tomando carne mortal, sino manifestándose a los hombres, mostrando sus obras y su poder, y tomando posesión de su pueblo al modo que los antiguos reyes la tomaban solemnemente de sus ciudades. Todo esto ha significado en el decurso del tiempo la palabra epifanía y algo de esto se encuentra en la rica liturgia de esta festividad. En la adoración de los Magos han visto todos los Santos Padres la manifestación de Cristo a los paganos y al mundo en general. Jesucristo, para unos, como los sabios que vienen de Oriente (evangelio) o como para Pablo, proveniente de la diáspora, es epifanía, manifestación de su misterio (segunda lectura); epifanía prefigurada en la primera lectura, según la cual todos los pueblos se sentirán atraídos por la luz y la gloria de Jerusalén. Para otros, es un rival peligroso (para Herodes) o un simple objeto de ciencia sagrada, sobre el que informan con la objetividad del experto (sacerdotes, escribas). Temas… El Llamado de la Belleza. La solemnidad de la epifanía debería ir precedida de aquello que decimos en el prefacio de la Santa Misa: "¡levantemos el corazón!" Dios se manifiesta en Jesús: tal es el contenido maravilloso, inagotable, precioso sobre toda hermosura, de esta fiesta singular. Ahora pues que la Belleza Increada deja escuchar su voz, y somos convocados a gozarnos en la visión del Eterno, vengan a acompañarnos y sean guías nuestros: un corazón contemplativo, unos oídos capaces de escuchar y un corazón capaz de acoger. Jesús -toda su vida en carne mortal- puede llamarse como se llama esta fiesta: Epifanía. "Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre", dijo él una vez a Felipe (Jn 14,9), y muchas veces a nosotros. Nos lo repite cada vez que sentimos lo que sintió Felipe: "Muéstranos al Padre, y eso nos basta" (Jn 14,8). ¿Has conocido la punzante inquietud que sienten los niños que nunca han conocido a su papá, especialmente cuando llegan a la juventud? ¿Has visto con qué ansiedad buscan ese rostro, esa referencia existencial, esa primera clave de lectura que sólo un papá puede darles? Algo así tiene el alma humana, algo incisivo, que nada puede apagar, algo que nos dice gritar con Felipe. "¡muéstranos al Padre!". La respuesta a este clamor, el descanso de esta ocupación es Jesús: ver a Jesús, reposar en Jesús. Él es nuestra epifanía. El llamado de la humildad. Solemos imaginar lo más bello como más costoso. Los perfumes delicados, los vestidos finos, las joyas fastuosas significan siempre precios inalcanzables, dinero a montones, costos imposibles. No es así con Jesús. El más bello es también el más humilde; el más santo es también el más cercano; el más sabio es también el más comprensible; el más puro es también el más amigable y el más acogedor. Su grandeza no nos aplasta, sino que nos levanta; su pureza no nos humilla, sino que nos limpia. Eso es lo grande de esta Epifanía. Jesús es el llamado de la belleza sin límites, pero también de la humildad sin límites. Porque, en el fondo, la humildad es bella y la belleza es humilde. Un rostro hermoso y petulante puede halagar los sentidos, pero a precio de entristecer el alma, y eso en realidad no es hermosura. Sólo Jesús, en la dulce paz de su presencia sin escándalos, en la serena palabra de su corazón cargado de amor, puede manifestar al hombre esa belleza que no cansa, que no se repite, que siempre refresca. ¡Bendita Epifanía, cúbrenos de tu esplendor y enséñanos el camino a la Felicidad Perpetua! Sugerencias... ¡Atentos a los signos de Dios! Los Magos vieron una estrella nueva en el firmamento, y ésta suscitó su interés y su búsqueda. Fue un signo que Dios les envió y no lo dejaron pasar sin más, sino que descifraron su sentido y se pusieron en marcha, pues, se dijeron entre sí: “en Judea ha nacido el rey universal, en la plenitud de los tiempos”. ¡Atención, reflexión, acción! Hemos de estar atentos porque Dios va sembrando, día tras día, signos de su presencia y de su amor eficaz, en la pequeña realidad de nuestra vida y en los diversos acontecimientos de la historia local, nacional o internacional por ejemplo lo que vivimos con el COVID y también el llamado del Papa a ser una “Iglesia sinodal”… Hemos de rezar y discernir, pues se trata de signos, no de evidencias. Los signos -por su misma naturaleza- remiten a otra realidad más allá de ellos mismos. Una vez interpretado correctamente el signo, hemos de pasar a la acción, para que el Reino de Dios fructifique en la tierra en hechos concretos. Dios sigue hablando al hombre, hoy, con palabras y con acciones, quizás lo que suceda es que los hombres no estamos preparados o decididos para descifrar su lenguaje. Los mártires del siglo XX, ¿no son un signo de Dios? Los millones de jóvenes reunidos para las Jornadas Mundiales de la Juventud, ¿no es acaso una palabra significativa que Dios nos dirige? ¿Y los Movimientos eclesiales? ¿Y el renacer del espíritu religioso y del ansia de trascendencia?... en la riqueza de los Sínodos… Sigue Dios caminando con nosotros para que alcancemos la Patria… “a seguir andando, nomás”. El verdadero encuentro con Cristo ya no se puede olvidar jamás. Se le encuentra cuando no se tienen prisas en el corazón y cuando se vive la propia realidad como servicio de donación. Propiamente es el mismo Cristo quien se hace encontradizo desde lo íntimo de la realidad cotidiana. Ya no se puede prescindir de Él ni se puede dudar de su amor. Tempestades las habrá siempre, también sin lógica ni sentido aparente. Pero sentiremos la mano de Cristo presente que nos aprieta la nuestra, si escuchamos su Palabra y le acompañamos en la Eucaristía. Virgen de la Epifanía y del Buen Viaje… ruega por nosotros.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Carta del Papa Francisco a los matrimonios por Año de la Familia Amoris Laetitia

Carta del Papa Francisco a los matrimonios por Año de la Familia Amoris Laetitia: El Papa Francisco escribió una carta para los matrimonios con ocasión del Año Familia Amoris Laetitia.

HOMILIA SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS. (01 de enero 2022).

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS. (01 de enero 2022). P. ANGEL
55 Jornada mundial de la paz. Tres caminos hacia la paz: dialogo, educación y trabajo. Primera: Números 6, 22-2; Salmo: Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8; Segunda: Gálatas 4, 4-7; Evangelio: Lc 2, 16-21 Nexo entre las LECTURAS… Hacer memoria, “memorial”, es lo propio del pueblo de Israel, de la bienaventurada Virgen María y, por lo tanto, del cristiano. El pueblo de Israel hace memoria, en el culto, de las maravillas que Dios ha realizado y se resumen en la bendición y en la paz (primera lectura). María recuerda los acontecimientos que ha vivido en torno al misterio de su maternidad divina (evangelio). La comunidad cristiana hace memoria de Jesús, como un ser enteramente humano (nacido de mujer, nacido bajo la ley), pero al mismo tiempo Hijo de Dios, capaz de liberar al hombre de toda esclavitud (segunda lectura). Avancemos con valentía y creatividad por estos tres caminos Finalmente, el Papa Francisco NOS INVITA a unir los esfuerzos para salir de la pandemia, y renueva su gratitud a cuantos se han comprometido y continúan dedicándose con generosidad y responsabilidad a garantizar la instrucción, la seguridad y la tutela de los derechos, para ofrecer la atención médica, para facilitar el encuentro entre familiares y enfermos, para brindar ayuda económica a las personas indigentes o que han perdido el trabajo. “A los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hago un llamamiento para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo”. (mensaje del Papa Francisco para la jornada mundial de la Paz) Temas… Buenas noticias para empezar. Empezamos bien el año. Con buenas noticias, que no han aparecido en los medios, ni en las grandes cadenas, ni en la prensa, tal vez sí, en las redes sociales y por muchos de los mensajes nuestros: es lo que acabamos de escuchar en las lecturas de la fiesta de Santa María Madre de Dios. Todavía estamos en Navidad. Celebramos el Nacimiento de Cristo. Nuestra atención está centrada en Él, también hoy que recordamos a su Madre. Él se llama Jesús, que significa: Dios-salva. Y es Él el que ilumina nuestra existencia entera y nos ofrece la salvación de Dios. Según la primera lectura los sacerdotes del antiguo Israel invocaban en la liturgia, sobre todo en año nuevo, la bendición y la paz de Dios sobre todo el pueblo. TAMBIÉN nosotros los cristianos tenemos motivos mucho más plenos para alegrarnos y esperar que Dios bendiga nuestro nuevo año, haciendo prosperar la paz en torno nuestro. La razón es la misma que hemos ido escuchando en todo este tiempo. Y hoy nos la ha dicho Pablo: "Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos el ser hijos por adopción". Somos hijos. O sea, el Hijo de Dios se ha hecho hombre, en el seno de la Virgen María, para que nosotros, los hombres, seamos hijos adoptivos de Dios. Por eso podemos decir con confianza, o mejor aún, es el Espíritu de Dios el que puede gritar dentro de nosotros: Abbá, Padre. Somos hijos, no esclavos. Esa es la mejor perspectiva del año que empieza. A lo largo de sus doce meses podremos encontrarnos con dificultades de todo tipo. Podremos caer enfermos, sufrir las mil vicisitudes de la vida herida por el pecado. Pero no estamos solos. ¡Somos hijos! Pertenecemos a la familia de Dios. No podemos dejarnos dominar por el pesimismo o la angustia. Nos ha nacido Jesús, el-Dios-que-salva. Y Él nos ha enseñado quién es Dios para nosotros: a veces le llamamos Creador, Todopoderoso, Ser Supremo, Dios, Señor... Pero Jesús nos ha dicho que le podemos llamar Padre. Con buenos augurios y felicitaciones empezamos el 2022. Santa María Madre. El recuerdo de la Virgen María hace aún más agradable esta buena noticia. Ella, María de Nazaret, una humilde muchacha de pueblo, fue elegida de Dios para traer a este mundo al Salvador. Y hoy, primero de enero, los cristianos le dedicamos una de las fiestas más solemnes del año, recordando y celebrando su Maternidad: Santa María, Madre de Dios. Ciertamente es un recuerdo que a todos nos llena de alegría y de esperanza. Y que está plenamente centrado en el espíritu de estas fiestas navideñas: ella, nuestra mejor maestra en la celebración de la navidad. María, la Madre, la que dio a luz a Jesús. La que se alegró íntimamente de la presencia de los pastores y de las palabras que decían. La que le llevó al templo. La que junto con José su esposo, y siguiendo la indicación del ángel, le puso el nombre de Jesús. La que "meditaba todas estas cosas" que pasaban a su Hijo, "guardándolas en su corazón"... Más tarde ella será también la perfecta discípula de su Hijo, la primera cristiana, miembro de la comunidad apostólica de Jerusalén. Por eso no nos extrañamos que, junto a su entrañable título de Madre de Dios, sea invocada hoy gozosamente por los cristianos como Madre de la Iglesia, Madre de todos los que creen en Cristo Jesús. Así empezamos el año 20221 con una fe renovada en Jesús, como Dios Salvador. Y a la vez con un recuerdo filial hacia su Madre y nuestra Madre. La Eucaristía. Y lo empezamos celebrando la Eucaristía. Precisamente la Virgen es el mejor modelo de cómo tenemos que celebrar esta Eucaristía. Ella, la discípula de Cristo, guardaba estas cosas, las meditaba: y así nos enseñó la actitud de escucha de la Palabra. También fue ella la que mejor supo alabar a Dios, dándole gracias en su canto del Magnificat, por lo que había hecho en favor de todos. Y finalmente estuvo al pie de la Cruz, en comunión perfecta con su Hijo en el momento de la muerte, como lo había estado en el de su nacimiento. ¿No son estas tres actitudes las fundamentales en nuestra Eucaristía? Escucha de la palabra, acción de gracias, comunión con el Cuerpo entregado y la Sangre derramada de Cristo Jesús... Que la Virgen María, Madre, nos haga celebrar con fe esta Eucaristía y nos dé ánimos para empezar con optimismo cristiano el nuevo año, preparando, desde ahora las festas de Pascua, para el 17 de abril y Pentecostés para el 4 de junio. Sugerencias... Refiriéndome a la Iglesia, ¿se puede hablar de una amnesia cristiana? Al menos hay ciertos síntomas: existen hoy, bautizados que no conocen lo esencial del catecismo, a veces ni siquiera los diez mandamientos; bautizados que ignoran los grandes mojones de la historia de la salvación, incluso los grandes misterios de la vida de Jesucristo; bautizados que desconocen hasta los momentos más significativos de la historia de la Iglesia, las grandes verdades de los dogmas y de la moral cristiana... hasta de su propia historia de la fe, fecha de Bautismo, Confirmación… ¿Qué decir en estos casos, sino que la Iglesia ha perdido memoria en no pocos de sus hijos? Para recuperarla, no hay otro camino que crear el gusto del recuerdo, hacer valorar a las jóvenes generaciones el tesoro extraordinario de la tradición cristiana, ayudarles a hacer memoria de ella con la conciencia de que en el pasado ‘están las semillas que florecen’ en el presente y darán su fruto maduro en el futuro. Seria oportuno señalar que el cristiano con amnesia del catecismo comete pecado de omisión, que le perjudica a él en su identidad cristiana, pero que también hace daño a la comunidad eclesial porque la envejece, en lugar de renovarla y rejuvenecerla… uno de los lugares para verlo es la escasez de las vocaciones sacerdotales… dediquemos este año a rezar por el aumento de las “vocaciones”. Recordar rezando el rosario. Uno de los medios más eficaces que la Iglesia ofrece a la piedad cristiana para recordar es el rezo del santo Rosario. El Rosario se reza en honor y alabanza de María bienavneturada, pero el centro de los misterios que se recuerdan lo ocupan los acontecimientos principales de la vida de Jesucristo. En esta práctica de piedad, que ha caído en desuso en nuestro tiempo, al culto a María se une el recuerdo de las grandes verdades del misterio cristiano, realizándose de este modo una síntesis muy recomendable entre fe y piedad. Además antes de cada Ave María se puede enumerar los 10 mandamientos, los 7 Dones del Espíritu Santo y las 3 virtudes teologales, las obras de misericordia (son 7 y se pueden agregar intenciones en las otras 3 Ave María), los 7 Sacramentos (y 3 intenciones por las vocaciones al Sacerdocio, al Matrimonio cristiano y a la Vida Religiosa), se podría elegir los Libros de la Biblia, los nombres de los Apóstoles … Misterios del Rosario. En el recuerdo de estos acontecimientos nos acompaña María que los vivió de modo personal, y que ahora nos hace de guía y de modelo. Con ella y como a través de su memoria, recordamos los misterios gozosos, que tienen que ver con la llegada del Mesías entre nosotros, del Enmanuel, y en los que María tomó parte de un modo único y excepcional. Los misterios luminosos, que nos acerca a la vida y obra de Jesús preparando el gran don de la Eucaristía Recordamos también los misterios dolorosos, misterios que se refieren a los últimos días de la vida de Jesús entre los hombres, en los que consumó la obra de la Redención muriendo en una cruz, a cuyos pies María compartía su dolor y colaboraba de modo singular en la obra de la Redención. Recordamos, finalmente, los misterios gloriosos, en los que celebramos el triunfo de Jesucristo y, asociado a Él y por obra suya, el triunfo de María santísima, llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. ¿Habrá pasado de moda la práctica del rosario? ¿Cómo no rezar el rosario, individualmente o en grupo, para que sea memoria viva de los misterios de nuestra fe, tomados de la mano maternal de María y amparados por Ella? Nuestra Señora del Rosario, Virgen de la Paz, ruega por nosotros.

martes, 21 de diciembre de 2021

HOMILIA DE LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA y JOSÉ. Fiesta. cB (26 de diciembre 2021) P. ANGEL

LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA y JOSÉ. Fiesta. cB (26 de diciembre 2021) Primera: 1Samuel 1, 20-22.24-28; Salmo: Sal 83, 2-3.5-6.9-10; Segunda: 1Juan 3, 1-2.21-24; Evangelio: Lucas 2, 41-52 Nexo entre las LECTURAS…
¿Qué otro concepto puede aglutinar los textos de este Domingo sino el de la familia? Se habla de la familia de Dios: Dios Padre, el Hijo de Dios, y los hombres hechos hijos de Dios por la fe (segunda lectura, evangelio). En la primera lectura y en el evangelio se mencionan dos familias, entre las que parece darse un cierto paralelismo, con algunas semejanzas y con muchas diferencias. Son la familia de Ana y la de María. A ambas mujeres Dios les concedió un hijo de un modo singular: el profeta Samuel a Ana, Jesús de Nazaret a María. Temas… La familia de Dios. Cuando hablamos de la familia de Dios, no podemos hacerlo sino de modo análogo. En Dios, por ejemplo, no existe la sexualidad, y por eso no hay un padre por un lado y una madre por otro. Tampoco existe en Dios la multiplicidad de naturaleza, consiguientemente una misma y única naturaleza es participada por el Padre y por el Hijo. Con todo, la revelación nos habla de Dios como Padre, de Jesucristo como Hijo natural de Dios y de los cristianos como hijos adoptivos de Dios. Los rasgos más hermosos y plenos del padre y de la madre: su amor generoso, desinteresado, su capacidad de donación, su fecundidad, su dedicación a los hijos, su deseo ardiente de que crezcan sanos y sean felices, éstos y otros rasgos se hallan en Dios de modo eminente. Igualmente brillan en el Hijo de Dios el cariño y la obediencia filial, el agradecimiento, el querer y buscar lo que le agrada al Padre, la intimidad y la absoluta confianza con el Padre. El cristiano es hijo en el Hijo, y por ello, el Padre sólo reconoce como hijos aquellos que han encarnado los mismos rasgos filiales de Jesucristo, su Hijo. San Juan ante esta realidad de la familia divina exclama, como extasiado: "Miren qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!" (Segunda lectura). Y en el evangelio, Jesús, al ser encontrado en el templo después de tres largos días de búsqueda por parte de sus padres, les dice: "¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?". Es importante elevarse hasta la familia de Dios porque, en cierta manera, es el arquetipo (paradigma) de la familia humana. Las familias de Ana y María. ¡Dos familias de las que nos habla la Biblia! Una, la de Ana, pertenece al Antiguo Testamento, la otra, la de María al Nuevo. Ambas familias: Elcaná y Ana, José y María, eran justos a los ojos de Dios. Ana estaba casada y no podía tener hijos por ser estéril, María estaba prometida a José y era virgen. Ana pide a Yahvéh que le conceda un hijo, María le pide que se haga en todo su voluntad. Dios escucha la oración de Ana, haciendo fecundo su seno; Dios cumple su voluntad con María, haciéndola madre sin dejar de ser virgen. Samuel, hijo de Ana, ocupa un puesto relevante en la historia de la salvación; Jesús, hijo de María, ocupa su vértice y su plenitud. Elcaná es el padre natural de Samuel, José es sólo el padre legal de Jesús. Samuel, a los tres años, fue llevado al santuario de Silo, ante Yahvéh y consagrado a Él para toda la vida. Jesús fue consagrado a Yahvéh a los cuarenta días de su nacimiento, y vivió treinta años con sus padres en Nazaret. Samuel vivió al servicio de Yahvéh en el santuario; Jesús, a los doce años, se quedó en el templo sin saberlo sus padres, dejó estupefactos a los maestros por su inteligencia y sus respuestas, y a María y José les respondió con una pregunta enigmática: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que debía ocuparme de las cosas de mi Padre?" De la relación de Samuel con sus padres el libro sagrado no nos dice nada más; Jesús, sin embargo, vivió en Nazaret con sus padres hasta los treinta años, en actitud de obediencia filial. En los dos casos, se pone en evidencia un elemento común: Tanto en la familia de Ana como en la de María Dios cuenta y se cuenta con Dios. Las condiciones culturales y sociológicas de la familia pueden cambiar enormemente, pero el que Dios cuente y el que se cuente con Dios constituye un aspecto esencial de toda familia, en cualquier condición cultural, política o sociológica. Sugerencias... Ser y hacer familia. Ante todo, ser familia. Y esto quiere decir un padre, una madre y al menos, si Dios lo quiere, un hijo, (pero si más, mejor). Hay que poner por delante el respeto a todo ser humano, en cualquier estado o condición, pero a la vez hay que ser claros y llamar las cosas por su nombre. Por ello, iluminar para que se conozca que una mujer sola con un niño, no ES familia, como tampoco, un varón solo con un niño, ni aquello de dos mujeres o dos hombres y toda la ideología que rodea este invento de la dictadura del relativismo. Varios de estos temas de la cultura reinante deben ser iluminados, no agredir a quienes viven de esta manera o dicen creer… pero si pedir los Dones del Espíritu Santo para iluminar, con la fiesta de la Sagrada Familia, lo que es UNA FAMILIA. En estos casos (de las ideologías), la mayoría de las veces, si no todas, ni Dios cuenta ni se cuenta con Dios. En segundo lugar, siendo familia, hacer familia. Es decir, construir día tras día, ladrillo tras ladrillo, el edificio familiar. La familia se construye/edifica con la colaboración de todos sus miembros, y cumpliendo cada uno sus propias funciones de padre, madre e hijos (hermanos). Si las funciones o roles se trasponen o tergiversan, no se construye la familia. Por ejemplo, si los padres son los que obedecen los caprichos del hijo o de los hijos, o si los hijos sufren no pocas veces los caprichos de los padres (divorcio, una amante...). El edificio de la familia no se acaba nunca de construir, es una tarea de toda la vida. Es una tarea que exige el sacrificio de unos y otros (esposos, padres, hijos) para hacerse mutuamente todos felices. ¡Salvar la familia! Que la familia está siendo atacada por muchas partes, resulta algo obvio. Que, hasta ahora la institución familiar, aunque muchos hayan caído en la batalla, ha resistido bien los ataques, también es verdad. Parece cada vez más claro a politólogos, sociólogos, y a hombres de los medios, que la voz unánime de la Iglesia católica, desde siempre, pero más intensa a partir del siglo XX, de salvar la familia para salvar la sociedad y al hombre, es una voz profética y llena de sabiduría, que hay que escuchar, la Iglesia y todos los hombres rectos y justos, tienen que elevar su voz muy alto para gritar: "¡Salvemos la familia!". Hay que salvarla del lenguaje equívoco que por todas partes la acecha. Hay que salvarla de todos los virus que la destruyen: divorcio, infidelidad, mentalidad hedonista, individualismo egoísta. Hay que salvarla promoviendo el sentido de familia, valorando la riqueza humana y espiritual de la familia. Hay que salvarla formando a los jóvenes en el amor, en la responsabilidad, en la entrega y capacidad de donación. Hay que salvarla, ofreciendo diversos modelos de auténtica familia. Nadie se excluya. Cada uno tiene su parte en esta gran tarea de salvar la familia.

lunes, 20 de diciembre de 2021

HOMILIA NATIVIDAD DEL SEÑOR. Solemnidad. Misa de la Noche (24 de diciembre 2021)

NATIVIDAD DEL SEÑOR. Solemnidad. Misa de la Noche (24 de diciembre 2021) Primera: Isaías 9, 1-6; Salmo: Sal 95, 1-3. 11-13; Segunda: Tito 2, 11-14; Evangelio: Lucas 2, 1-14 Nexo entre las LECTURAS… "HOY LES HA NACIDO UN SALVADOR", es el mensaje central de la liturgia de esta noche santa. Un Salvador con unos rasgos extraordinarios profetizados por Isaías: Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz... (Primera lectura). Un Salvador que viene para todos, pero especialmente para los más pequeños y humildes, postergados como eran, por ejemplo, los pastores (evangelio). Un Salvador que nos enseña a renunciar a la impiedad y a las pasiones mundanas, y a vivir con sensatez, justicia y piedad en el tiempo presente (segunda lectura) aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. Por eso nos invita la Iglesia con el salmista a cantar con júbilo: "Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre". La Liturgia, la Palabra, el Sacramento, los adornos, los símbolos nos introducen en el típico ambiente navideño que forma parte del patrimonio de nuestras comunidades: un ambiente de ternura, de compartir y de intimidad familiar. No vivamos una Navidad falsa, por favor, ¡una Navidad comercial!”. “Dejémonos envolver por la cercanía de Dios, esa cercanía que es compasiva, que es tierna; envueltos por el ambiente navideño que el arte, la música, las canciones y las tradiciones traen a nuestros corazones” (Papa Francisco) Temas… El rey prometido. Los textos de la Misa de la vigilia giran en torno a este tema: el salvador prometido a Israel será su rey. En el concepto de rey se incluyen dos elementos: el rey es el resumen representativo de todo el pueblo y, a la vez, el que le supera, el que le confiere sentido y orden. El árbol genealógico de Jesús, tal y como lo presenta Mateo en el evangelio, muestra tres peculiaridades. En primer lugar, se menciona a Jesús como descendiente de la estirpe de David, rey que desciende a su vez de Abrahán, el fundador del pueblo y de su fe. Después se mencionan los reyes de Israel según se fueron sucediendo, aunque se silencian los nombres de los que fueron especialmente impíos. Y finalmente aparece la extraña serie de nombres de mujeres y de madres: Tamar, Rut, Betsabé y María, la última de todas. El árbol genealógico de los descendientes de David termina con «José, el esposo de María», de la que nace el Mesías. Los judíos consideran como padre legal al que reconoce al niño. Es lo que hace José, por indicación del ángel. Esto coloca a Jesús dentro de la sucesión real: los Magos preguntarán por el «rey de los judíos que ha nacido». Las nupcias reales. El texto de la primera lectura, tomado de Isaías, insiste también en el tema y lo asocia con el de las nupcias de Dios con el pueblo elegido. Unas nupcias que brillan como una luz sobre el mundo entero, «todos los reyes verán tu gloria». Y en la entrega definitiva de Dios a su pueblo -que acontece en el envío de su Hijo-, Israel será «una corona fúlgida en la mano del Señor, una diadema real en la palma de tu Dios». Pero no se trata de una concesión externa de poder, sino de la creación de una íntima relación de amor, «como un joven se casa con su novia, como la alegría que encuentra el marido con su esposa». El poder divino que el pueblo recibe en Jesús, y que le hace partícipe del poder real de Dios, es el poder del amor, en el que Dios como Esposo confiere su poder supremo a la criatura, quien, de este modo, ella que era una simple esclava, se convierte ahora en reina: la humanidad de Jesús deviene así digna de ser adorada junto con su divinidad. Homenaje. En la segunda lectura Pablo describe el comportamiento del hombre elegido con respecto a esta gracia recibida de Dios. Sólo Dios ha «enaltecido» al pueblo elegido. Ya en tierra extranjera, en Egipto: «Con su brazo poderoso los sacó de allí». «Después suscitó a David por rey». Esta elevación procede exclusivamente de Dios, y se produce para que el hombre elegido pueda «cumplir todos mis preceptos»: la realeza por gracia divina es siempre puro servicio a Dios. El salvador de la estirpe de David consumará esto en cuanto que, como rey del universo, «no hará su voluntad, sino la voluntad del Padre». Este servicio se cumple en el gesto de homenaje del último precursor, que se declara indigno de «desatar las sandalias» al rey supremo que viene detrás de él. Todavía en el Apocalipsis, los elevados a la dignidad real son los que adoran más profundamente al Rey eterno. Sugerencias... La Navidad es un tiempo de especial alegría en la Iglesia y -también este año-, en medio de dificultades, no puede ser la excepción. Contemplar en Silencio. En Navidad Dios desconcertó al mundo: no dio a los padres de Jesús comodidades. Es más, la familia se vio obligada a huir a Egipto. Por eso somos invitados a contemplar en silencio la primera Navidad. “Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios al alboroto del consumismo. Esta es la invitación para la Navidad: Tómate un poco de tiempo, ponte ante el pesebre y quédate en silencio”. Dejarse sorprender. Contemplar la primera Navidad ayuda a descubrir cosas como esta: la capacidad de María y José para aceptar los continuos cambios de planes que Dios les puso en el camino. Sintamos que Dios nos llama a imitar esa actitud de María y José. “Cada uno de nosotros tiene escondida en el corazón la capacidad de sorprenderse. Dejémonos sorprender por Jesús en esta Navidad”. Tiempo de esperanza. La llegada de Dios al mundo, que se celebra el día de Navidad, llena de fuerza la vida de los hombres. En Navidad, Dios nos da especiales gracias como una ayuda a seguir caminando a pesar de las dificultades. “La esperanza está siempre en camino y nos hace caminar. Y aquí nos podemos preguntar cada uno de nosotros. ¿Yo camino en la esperanza o mi vida interior está parada, cerrada? ¿Mi corazón es un cajón cerrado o un cajón abierto a la esperanza que nos hace caminar no solos, sino con Jesús? Es una buena pregunta para hacerse”. Aunque cada año y por dolores nuevo cada Navidad puede parecer distinta, recemos con algunas motivaciones especiales para vivir con intensidad estas fiestas navideñas: “Busquemos sacar también el bien de la difícil situación que nos está imponiendo la pandemia. Mayor sobriedad, atención discreta y respetuosa a los vecinos que puedan pasar por necesidad y algún momento de oración en familia, con sencillez. Estas tres cosas nos ayudarán mucho”. Contemplar en silencio la primera Navidad, dejarse sorprender y vivir la esperanza, son claves que pueden servir para vivir con fuerza y fe este tiempo, a pesar de las dificultades. P. ANGEL

HOMILIA NATIVIDAD DEL SEÑOR. Solemnidad. Misa de la Noche (24 de diciembre 2021)

NATIVIDAD DEL SEÑOR. Solemnidad. Misa de la Noche (24 de diciembre 2021) Primera: Isaías 9, 1-6; Salmo: Sal 95, 1-3. 11-13; Segunda: Tito 2, 11-14; Evangelio: Lucas 2, 1-14 Nexo entre las LECTURAS… "HOY LES HA NACIDO UN SALVADOR", es el mensaje central de la liturgia de esta noche santa. Un Salvador con unos rasgos extraordinarios profetizados por Isaías: Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz... (Primera lectura). Un Salvador que viene para todos, pero especialmente para los más pequeños y humildes, postergados como eran, por ejemplo, los pastores (evangelio). Un Salvador que nos enseña a renunciar a la impiedad y a las pasiones mundanas, y a vivir con sensatez, justicia y piedad en el tiempo presente (segunda lectura) aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. Por eso nos invita la Iglesia con el salmista a cantar con júbilo: "Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre". La Liturgia, la Palabra, el Sacramento, los adornos, los símbolos nos introducen en el típico ambiente navideño que forma parte del patrimonio de nuestras comunidades: un ambiente de ternura, de compartir y de intimidad familiar. No vivamos una Navidad falsa, por favor, ¡una Navidad comercial!”. “Dejémonos envolver por la cercanía de Dios, esa cercanía que es compasiva, que es tierna; envueltos por el ambiente navideño que el arte, la música, las canciones y las tradiciones traen a nuestros corazones” (Papa Francisco) Temas… El rey prometido. Los textos de la Misa de la vigilia giran en torno a este tema: el salvador prometido a Israel será su rey. En el concepto de rey se incluyen dos elementos: el rey es el resumen representativo de todo el pueblo y, a la vez, el que le supera, el que le confiere sentido y orden. El árbol genealógico de Jesús, tal y como lo presenta Mateo en el evangelio, muestra tres peculiaridades. En primer lugar, se menciona a Jesús como descendiente de la estirpe de David, rey que desciende a su vez de Abrahán, el fundador del pueblo y de su fe. Después se mencionan los reyes de Israel según se fueron sucediendo, aunque se silencian los nombres de los que fueron especialmente impíos. Y finalmente aparece la extraña serie de nombres de mujeres y de madres: Tamar, Rut, Betsabé y María, la última de todas. El árbol genealógico de los descendientes de David termina con «José, el esposo de María», de la que nace el Mesías. Los judíos consideran como padre legal al que reconoce al niño. Es lo que hace José, por indicación del ángel. Esto coloca a Jesús dentro de la sucesión real: los Magos preguntarán por el «rey de los judíos que ha nacido». Las nupcias reales. El texto de la primera lectura, tomado de Isaías, insiste también en el tema y lo asocia con el de las nupcias de Dios con el pueblo elegido. Unas nupcias que brillan como una luz sobre el mundo entero, «todos los reyes verán tu gloria». Y en la entrega definitiva de Dios a su pueblo -que acontece en el envío de su Hijo-, Israel será «una corona fúlgida en la mano del Señor, una diadema real en la palma de tu Dios». Pero no se trata de una concesión externa de poder, sino de la creación de una íntima relación de amor, «como un joven se casa con su novia, como la alegría que encuentra el marido con su esposa». El poder divino que el pueblo recibe en Jesús, y que le hace partícipe del poder real de Dios, es el poder del amor, en el que Dios como Esposo confiere su poder supremo a la criatura, quien, de este modo, ella que era una simple esclava, se convierte ahora en reina: la humanidad de Jesús deviene así digna de ser adorada junto con su divinidad. Homenaje. En la segunda lectura Pablo describe el comportamiento del hombre elegido con respecto a esta gracia recibida de Dios. Sólo Dios ha «enaltecido» al pueblo elegido. Ya en tierra extranjera, en Egipto: «Con su brazo poderoso los sacó de allí». «Después suscitó a David por rey». Esta elevación procede exclusivamente de Dios, y se produce para que el hombre elegido pueda «cumplir todos mis preceptos»: la realeza por gracia divina es siempre puro servicio a Dios. El salvador de la estirpe de David consumará esto en cuanto que, como rey del universo, «no hará su voluntad, sino la voluntad del Padre». Este servicio se cumple en el gesto de homenaje del último precursor, que se declara indigno de «desatar las sandalias» al rey supremo que viene detrás de él. Todavía en el Apocalipsis, los elevados a la dignidad real son los que adoran más profundamente al Rey eterno. Sugerencias... La Navidad es un tiempo de especial alegría en la Iglesia y -también este año-, en medio de dificultades, no puede ser la excepción. Contemplar en Silencio. En Navidad Dios desconcertó al mundo: no dio a los padres de Jesús comodidades. Es más, la familia se vio obligada a huir a Egipto. Por eso somos invitados a contemplar en silencio la primera Navidad. “Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios al alboroto del consumismo. Esta es la invitación para la Navidad: Tómate un poco de tiempo, ponte ante el pesebre y quédate en silencio”. Dejarse sorprender. Contemplar la primera Navidad ayuda a descubrir cosas como esta: la capacidad de María y José para aceptar los continuos cambios de planes que Dios les puso en el camino. Sintamos que Dios nos llama a imitar esa actitud de María y José. “Cada uno de nosotros tiene escondida en el corazón la capacidad de sorprenderse. Dejémonos sorprender por Jesús en esta Navidad”. Tiempo de esperanza. La llegada de Dios al mundo, que se celebra el día de Navidad, llena de fuerza la vida de los hombres. En Navidad, Dios nos da especiales gracias como una ayuda a seguir caminando a pesar de las dificultades. “La esperanza está siempre en camino y nos hace caminar. Y aquí nos podemos preguntar cada uno de nosotros. ¿Yo camino en la esperanza o mi vida interior está parada, cerrada? ¿Mi corazón es un cajón cerrado o un cajón abierto a la esperanza que nos hace caminar no solos, sino con Jesús? Es una buena pregunta para hacerse”. Aunque cada año y por dolores nuevo cada Navidad puede parecer distinta, recemos con algunas motivaciones especiales para vivir con intensidad estas fiestas navideñas: “Busquemos sacar también el bien de la difícil situación que nos está imponiendo la pandemia. Mayor sobriedad, atención discreta y respetuosa a los vecinos que puedan pasar por necesidad y algún momento de oración en familia, con sencillez. Estas tres cosas nos ayudarán mucho”. Contemplar en silencio la primera Navidad, dejarse sorprender y vivir la esperanza, son claves que pueden servir para vivir con fuerza y fe este tiempo, a pesar de las dificultades. P.ANGEL PARA MAYOR GLORIA DE DIOS. DIOS LOS BENDIGA FELIZ NAVIDAD!!!

lunes, 13 de diciembre de 2021

HOMILIA Cuarto Domingo de ADVIENTO cC (19 de diciembre 2021)

Cuarto Domingo de ADVIENTO cC (19 de diciembre 2021) P.ANGEL
Primera: Miqueas 5, 1-4; Salmo: 79, 2ac. 3b. 15-16. 18-19; Segunda: Hebreos 10, 5-10; Evangelio: Lucas 1, 39-48 Nexo entre las LECTURAS… Temas… Nexo, las RELACIONES interpersonales. La relación entre el Hijo con el Padre, la relación entre la Madre y el Hijo, la relación de María con santa Isabel, la de Jesús con el Bautista, la de Dios con los hombres y de los hombres con Dios… y la recta relación de los hombres entre sí. 1) "El tiempo en que la madre da a luz" (1a lectura). El profeta Miqueas, ocho siglos antes anuncia el nacimiento del Mesías en la pequeña aldea de Belén de Efrata. Será "el jefe de Israel". Cuando "la madre de a luz" todo cambiará para el pueblo elegido. Esa madre ‘dibujada’ por Miqueas es María de Nazaret, la Virgen. La Madre del que "pastoreará con la fuerza del Señor", aquel cuyo "origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial", el Hijo eterno del Padre. Sus dones serán: la "tranquilidad" y la "paz". Este anuncio resuena con dulzura. 2) El salmo es la oración de Israel ante una gran desgracia. El enemigo ha invadido el territorio nacional y ha destruido la ciudad y el templo, y Dios parece mostrarse indiferente y callado ante tamaña desgracia: «Pastor de Israel, ¿hasta cuándo estarás airado?; mira desde el cielo, fíjate y ven a visitar tu viña, suscita, Señor, un nuevo rey que dirija las victorias de tu pueblo, fortalece un hombre haciéndole cabeza de Israel y que tu mano proteja, a éste, tu escogido.» Con este salmo podemos hoy pedir por la Iglesia y sus pastores. También el ‘nuevo Israel’ sucumbe frecuentemente ante el enemigo, y le falta mucho para ser aquella vid frondosa que atrae las miradas de quienes tienen hambre de Dios y a veces, por esto, deja de evangelizar. ¡Recemos! 3) "Aquí estoy" (2a lectura). ¡Cómo resuenan -sinceras y comprometidas- las palabras de la Carta a los Hebreos! Jesús a punto de entrar en el mundo (Encarnación-Navidad), expresa su ofrenda, en oferta gozosa (alegría) al Padre. Son palabras garantizadas por el Espíritu Santo y puestas en boca del Hijo eterno, que se desposa con la humanidad para rescatarla y elevarla: "... me has dado un cuerpo... Dios, aquí estoy, yo vengo (…) para hacer tu voluntad”. Palabras casi idénticas que dirá en Getsemaní, poco antes de aceptar la pasión (Lc 22,42). La Navidad ya encierra la Pascua. 4) "María se puso en camino y fue aprisa a la montaña" (evangelio). María es la gran figura del Adviento para la Iglesia. Ella, conocedora de la situación de Isabel, "se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá". Sale de su tranquilidad y presurosa, va a ayudar a su prima. Ejemplo de servicio, pero sobre todo figura de quien se deja conducir por el Espíritu, para llevar a Cristo a los demás. María modelo de evangelización, portadora del gozo de Dios. Dichosa por su fe; modelo privilegiado de las actitudes que pide el Adviento a la Iglesia. Así se está dispuesto y preparado para recibir a Dios en la Navidad. María es la aurora que anuncia la cercanía del nuevo día: Cristo-Jesús. Sugerencias... Saber relacionarse. En la conversación humana es frecuente escuchar: "Hay que saber relacionarse", ahora se agrega “sinodalidad”, como gran anhelo. Con ello se quiere decir que es bueno tener muchas relaciones, y sobre todo relaciones con gente influyente. La razón es evidente: así se tiene la posibilidad de que se abran muchas puertas en los diversos ámbitos de la vida humana: político, financiero, social, profesional, educativo, religioso... Nos invitemos, como discípulos-misioneros (clérigos y laicos), a relacionarnos con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, con la pura y bienaventurada Virgen María, nuestra madre y nuestra reina, con los ángeles y los santos, nuestros hermanos y protectores desde el cielo y con los que nos rodean en la ofrenda diaria de nuestra vida. Estas relaciones no te dan acceso, claro está, a un excelente puesto de trabajo, ni a un negocio redondo… más bien ejercen su acción en el interior, transformándonos, y nos da una nueva visión de las cosas y de la vida, haciendo que sea según Dios, y en la relación con los demás y con las cosas, de forma que esté siempre inspirada por el amor y por el servicio (cosas que el Papa pide muchas veces y de muchas maneras). También modifica para bien nuestra relación con la propia historia, convirtiéndola, tal vez, de una historia sin sentido a una historia de salvación. ¡Cuántos bienes nos pueden venir –y podemos obtener para los demás–, si sabemos relacionarnos con Dios, con la Virgen, con los santos! Podríamos decir: bienaventurados los que saben relacionarse, porque serán como un árbol que da frutos de bien, de felicidad, de servicio, de salvación. Relacionarse por el Reino. Los cristianos vivimos en el mundo, en el reino de este mundo perteneciendo, en verdad, al Reino de Dios. Y en el reino importa mucho que sean buenas las maneras y modos de relacionarnos. No al servicio de nuestros intereses egoístas, sino para la edificación del Reino de Dios. Hemos de relacionarnos con todos para que nos ayudemos en favor de los ‘pobres, débiles y sufrientes, los marginales y los de la periferia’ practicando virtuosamente las obras de misericordia, las corporales y las espirituales. Tenemos que encontramos, en Dios y según el evangelio, para crecer en la conciencia de que el Reino de Dios nos pertenece y nos invita a poner todos los medios para hacer más humana la existencia, más digna, más libre, más feliz (Papa Francisco). Hay que llegarse a todos para evangelizarnos y vivir el amor y el servicio en beneficio de los más necesitados. Si todos los cristianos utilizáramos nuestras relaciones para ponerlas al servicio del Reino, seguramente que el mundo caminaría más humanamente y por eso más cristianamente (E. Gaudium), y más marcados por nuestra fe en Jesucristo (Obispos de América) para que en Él todos nuestros pueblos tengan vida y la tengan en abundancia. Jesucristo entró en contacto con la historia para instaurar el Reino de su Padre. En el Año nuevo que estamos iniciando… ¿qué estamos dispuestos a hacer?

lunes, 6 de diciembre de 2021

HOMILIA Tercer Domingo de ADVIENTO cC (12 de diciembre 2021)

Primera: Sofonías 3, 14-18a; Salmo: Is 12, 2-3 4abc. 5-6; Segunda: Filipenses 4, 4-7; Evangelio: Lucas 3, 2b-3.10-18 Nexo entre las LECTURAS Los textos litúrgicos del tercer Domingo de Adviento son un himno a la alegría. Alegría para los habitantes de Jerusalén que verán alejarse el dominio asirio y la idolatría y podrán rendir culto a Yahveh con libertad (primera lectura). En el salmo responsorial, se multiplican los imperativos para cantar: "dar gracias, invoquen, cuenten, proclamen, repiquen, anuncien, griten". Alegría de los cristianos, una alegría constante y desbordante, porque la paz de Dios "custodiará sus mentes y sus corazones en Cristo Jesús" (segunda lectura). Alegría del mismo Dios que exulta de gozo al estar en medio de su pueblo para protegerlo y salvarlo (primera lectura). Alegría que comunica Juan el Bautista al pueblo mediante la predicación de la Buena Nueva del Mesías salvador, que instaurará con su venida la justicia y la paz entre los hombres (evangelio). Es bueno darse cuenta de que la alegría está unida a la conversión. Temas... Invitación a la Alegría. Las lecturas de hoy nos han invitado insistentemente a la ALEGRÍA. En el mundo de hoy, con tantos dolores de cabeza para la sociedad y para cada persona, no deja de ser extraño que se nos proclamen unas palabras tan optimistas y llenas de esperanza. Pero es que estamos oyendo en verdad la Buena Noticia, el Evangelio de Cristo Jesús, en la preparación de la Navidad. Sofonías, con un lenguaje poético, ha entonado un canto a la alegría, que hoy escuchan miles y miles de comunidades cristianas en todo el mundo: "regocíjate, Hija de Sión, grita de júbilo, Israel, alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén..." El motivo es claro: "el Señor estará en medio de ti, y no temerás... el Señor tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva: Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo, como en día de fiesta" Lo que el profeta veía como promesa, nosotros lo celebramos con la convicción de que Dios nos ha mostrado su cercanía y su amor enviándonos ya, hace dos mil años u un poco más, a su Hijo como nuestro Señor y Salvador. San Pablo, lo ha dice con más fuerza todavía: "estén siempre alegres en el Señor: se los repito, estén alegres... El Señor está cerca. Nada los preocupe... y la paz de Dios custodiará los corazones de ustedes". Repetimos las frases que habíamos escuchado en las lecturas, porque en verdad éste es un mensaje que vale la pena proclamar en medio de la comunidad cristiana y de la sociedad tan falta de esperanza y con tantas amarguras, entre las que pesa mucho el COVID, la cuarentena y las leyes deshumanizantes que proponen los gobiernos y la organización mundial de la salud. Hoy y aquí, a nosotros, Dios nos ha dirigido una Palabra de ánimo, diciéndonos que no tengamos miedo, que nuestro corazón esté en paz, porque Él nos está siempre cerca. La celebración de la Navidad, a la que nos estamos preparando, es todo un pregón de confianza y optimismo: nos asegura que Dios perdona, que ama. No estamos solos en nuestro camino, aunque muchas veces nos lo parezca. La situación de cada uno, o de la humanidad, puede ser preocupante. Al igual que la del pueblo de Israel en tiempos de Sofonías o la de la comunidad cristiana en los de Pablo. Y sin embargo a ellos y a nosotros nos ha sido proclamada una palabra de amor y de alegría. Cristo Jesús, desde su nacimiento en Belén, está con nosotros, en medio de nosotros, aunque no le veamos. El día de la Ascensión se despidió de los suyos con una promesa: yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo... Por eso lo que celebramos en estos días nos llena de serenidad y de esperanza. Junto a la Alegría, el Esfuerzo. Pero a la vez hemos escuchado otra voz también seria. El profeta precursor de Jesús, Juan el Bautista, que también anunciaba "la Buena Noticia" al pueblo, les propuso, y nos propone hoy a nosotros, un programa de vida exigente para preparar la venida del Mesías. El Bautista, a orillas del río Jordán, ha sido muy concreto en su exigencia: "el que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene, y el que tenga comida, haga lo mismo... no exijan más de lo establecido... no extorsionen a nadie..." Muchos esperan la Navidad por las vacaciones, por los regalos, por la fiesta; ojalá sea en verdad tiempo de felicidad para todos. Pero los cristianos vemos esos días con unos ojos especiales: celebramos la venida del Hijo de Dios a nuestra historia, y eso da una profundidad nueva a la fiesta. Y a la vez, esta mirada cristiana nos hace pensar: si queremos celebrar bien la Navidad, hemos de acoger / recibir a Cristo Jesús en nuestras vidas, en nuestro proyecto existencial: algo tiene que cambiar en nuestro estilo de vida. ¿No nos convendría pensar cómo cumplir estos días el programa del Bautista? ¿cómo compartiremos nuestros bienes con el más necesitado, cómo seremos más amantes de la justicia y de la verdad? Hoy se nos invita a la alegría, pero también al trabajo y a la seriedad en nuestro camino, como cristianos que quieren vivir conforme al evangelio de Cristo Jesús. Eucaristía y Vida. Que se note este tono de esperanza alegre en nuestra EUCARISTÍA, elevando a Dios, con más convicción que nunca, nuestra acción de gracias y nuestro canto de alabanza. Que se note también en nuestra VIDA este mayor optimismo, esta alegría y esta paz interior que nos da al sabernos salvados por Dios. Que se note sobre todo en nuestra actitud de mayor comprensión y cercanía para con los demás, como nos ha dicho el Bautista. Entonces, seguramente, la Navidad del año 2021 será para todos una gracia y una felicidad verdadera. Sugerencias... Alegrarse ya del futuro. Sofonías anuncia la liberación de Jerusalén y Judá, pero todavía no ha llegado. Con todo, ya el mismo anuncio debe ser causa de alegría. Juan Bautista goza ya por anticipado de la venida del Mesías, aunque todavía no se haya hecho presente. Los cristianos vivimos con alegría este período de Adviento, aun a sabiendas de que la Navidad no ha llegado todavía. Los cristianos estamos practicando el bien en el presente, pero con la mirada puesta en el futuro, que ha de ser siempre fuente de alegría. El cristiano, hombre de la esperanza, dice con su vida que todo tiempo futuro será mejor y esto le infunde una grande alegría y esperanza a todos -por la acción misteriosa y eficaz del Espíritu Santo- en la historia, en los hombres; en el progreso de los pueblos, en la verdad y en la justicia, y contribuye -de alguna manera- al reinado de Dios. Y ¿cómo no alegrarnos del futuro, si estamos convencidos de que está en manos de Dios, incluso en medio de la prueba y de la tribulación? Alegría y paz. Amor, alegría y paz son dones del Espíritu Santo. En cuanto dones del Espíritu santo sería un error identificar el amor con el sentimiento amoroso o con los amoríos, la alegría con los jolgorios y la paz con la ausencia de guerra, destrucción y muerte. Siendo frutos del Espíritu Santo, la alegría y la paz, únicamente quien las ha recibido por la fe, está en condiciones de experimentarlas, conocerlas, poseerlas, disfrutarlas, transmitirlas... La paz que habita en el alma del creyente inspira una alegría interior atrayente, que se manifiesta en la manera de vivir de la persona, y contagia hasta con la sola presencia. Por su parte, la alegría de la que el Espíritu dota transmite paz y orden en la vida, serenidad y armonía, y sobre todo una especie de imperturbabilidad espiritual, que ayuda a los demás. ¿Por qué no pedir al Espíritu Santo que nos conceda más abundantemente sus dones para prepararnos a la Navidad y para vivir mejor en espera del Cielo? Alegrémonos en el Señor. Vivamos la Paz de Dios. La Navidad está ya a las puertas. Un eco entrañable: la Virgen en el Adviento. Reciente todavía la fiesta de la Inmaculada, no deberíamos olvidar que, sobre todo san Pablo VI, el tiempo mariano por excelencia del año cristiano es el Adviento-Navidad. Las lecturas de hoy nos recuerdan, como un eco, la actitud de la Virgen frente al misterio del Dios que viene: la alegría de Sofonías o de Pablo está encarnada en ella ("se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador"); el "regocíjate, hija de Dios" del profeta parece tener un paralelo en el "alégrate, llena de gracia" del ángel a María; y la invitación del precursor a una actitud de caridad y solidaridad mutua, que luego se convertirá en labios de Jesús en el primer mandamiento cristiano, ha tenido una discípula excelente en María, la que tuvo tiempo (meses) para ayudar a su prima Isabel, o la que estuvo atenta al problema de los novios de Caná. Nuestra Señora de la alegría, Reina de la paz, ruega por nosotros. PADRE ANGEL

Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

  DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1;  Salmo : Sal 1...