lunes, 9 de octubre de 2023
HOMILIA Domingo vigesimoctavo del TIEMPO ORDINARIO cA (15 de octubre de 2023)
miércoles, 4 de octubre de 2023
SINODO La principal tarea del Sínodo es volver a poner a Dios en el centro
martes, 3 de octubre de 2023
HOMILIA Domingo vigesimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cA (08 de octubre de 2023)
GENTILEZA DE CANTA Y CAMINA AUTOR FANO
Domingo vigesimoséptimo del TIEMPO ORDINARIO cA (08 de octubre de 2023)
Primera: Isaías 5, 1-7; Salmo: Sal 79, 9. 12-16. 19-20; Segunda: Filipenses 4, 6-9; Evangelio: Mateo 21, 33-46
Nexo entre las LECTURAS
El canto del Señor Yahvé a su viña, el pueblo de Israel, abre la Palabra litúrgica de este Domingo y el salmo, como respuesta a la Palabra. Jesús escenifica, en una parábola autobiográfica, el trágico final de un idilio fallido. Junto a la historia de esta viña, Pablo, en un bellísimo texto, orienta nuestro pensamiento y nuestra actividad: tranquilidad, paz, atención a lo bueno, Dios está con nosotros. La viña del Señor es la casa de Israel... Esperó derecho, y ahí tienen: asesinatos. Dios mismo se pregunta en Isaías: ¿cabía hacer algo por mi viña que yo no haya hecho? El mismo Isaías nos dice en unas líneas más adelante de nuestro texto cuáles son las causas de la calamitosa situación de la viña del Señor.
Temas...
El Evangelio de este Domingo concluye con una amonestación de Jesús, particularmente severa, dirigida a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Por eso les digo que se les quitará a ustedes el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos» (Mt 21, 43). Son palabras que hacen pensar en la gran responsabilidad de quien en cada época, está llamado a trabajar en la viña del Señor, especialmente con función de autoridad, e impulsan a renovar la plena fidelidad a Cristo. Él es «la piedra que desecharon los constructores», (cf. Mt 21, 42), porque lo consideraron enemigo de la ley y peligroso para el orden público, pero Él mismo, rechazado y crucificado, resucitó, convirtiéndose en la «piedra angular» en la que se pueden apoyar con absoluta seguridad los fundamentos de toda existencia humana y del mundo entero. De esta verdad habla la parábola de los viñadores infieles, a los que un hombre confió su viña para que la cultivaran y recogieran los frutos. El propietario de la viña representa a Dios mismo, mientras que la viña simboliza a su pueblo, así como la vida que Él nos da para que, con su gracia y nuestro compromiso, hagamos el bien. San Agustín comenta que «Dios nos cultiva como un campo para hacernos mejores» (Sermón 87, 1, 2: PL 38, 531). Dios tiene un proyecto para sus amigos, pero por desgracia la respuesta del hombre a menudo se orienta a la infidelidad, que se traduce en rechazo. El orgullo y el egoísmo impiden reconocer y acoger incluso el don más valioso de Dios: su Hijo unigénito. En efecto, cuando «les mandó a su hijo –escribe el evangelista Mateo– … [los labradores] agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron» (Mt 21, 37.39). Dios se pone en nuestras manos, acepta hacerse misterio insondable de debilidad y manifiesta su omnipotencia en la fidelidad a un designio de amor, que al final prevé también el justo castigo para los malvados (cf. Mt 21, 41).
Firmemente anclados en la fe en la piedra angular que es Cristo, permanezcamos en Él como el sarmiento que no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid. Solamente en Él, por Él y con Él se edifica la Iglesia, pueblo de la nueva Alianza. Al respecto escribió san Pablo VI: «El primer fruto de la conciencia profundizada de la Iglesia sobre sí misma es el renovado descubrimiento de su relación vital con Cristo. Cosa conocidísima, pero fundamental, indispensable y nunca bastante sabida, meditada y exaltada». (Enc. Ecclesiam suam, 6 de agosto de 1964: AAS 56 [1964], 622).
Queridos amigos, el Señor está siempre cercano y actúa en la historia de la humanidad, y nos acompaña también con la singular presencia de sus ángeles, que la Iglesia venera como «custodios», es decir, ministros de la divina solicitud por cada hombre. Desde el inicio hasta la hora de la muerte, la vida humana está rodeada de su incesante protección. Y los ángeles forman una corona en torno a la augusta Reina de las Victorias, la santísima Virgen María del Rosario, que desde el santuario de Pompeya y desde el mundo entero, acoge la súplica ferviente para que sea derrotado el mal y se revele, en plenitud, la bondad de Dios.
Sugerencias...
Aquí y ahora sigue la historia de la viña: la historia de nuestra historia, de nosotros en la historia. La liturgia nos invita también HOY como a juzgar entre Dios y la historia. El mal y sus agentes estamos ahí tal como nos retrata a todos Isaías; ahí está también la amorosa paciencia de Dios, no siempre claramente proclamada por nosotros llamados a ser discípulos-misioneros. Dios sigue haciendo el bien, a nosotros, en nosotros y por medios de nosotros en la historia.
La historia de la viña supone todo un desafío para los que hoy nos reunimos en nombre de Jesús: ¿Estamos ‘convencidos’ (firmemente asentados) de nuestra participación responsable en todo lo que degrada nuestra historia? ¿Creemos y proclamamos que la esperanza de la historia pasa, con la ayuda de Dios, por las manos y la conciencia de los hombres, de todos los hombres? ¿Sabemos y creemos en la misión que tenemos los cristianos como testigos del que es fundamento de toda esperanza humana? ¿En nuestras oraciones, insistimos en comprometer a Dios en nuestros intereses o le pedimos la gracia para que nos comprometa en sus designios amorosos sobre su viña?... Oremos para saber responder a Dios con constancia y fidelidad.
miércoles, 27 de septiembre de 2023
HOMILIA Domingo vigesimosexto del TIEMPO ORDINARIO cA (01 de octubre de 2023)
Domingo vigesimosexto del TIEMPO
ORDINARIO cA (01 de octubre de 2023)
Primera: Ezequiel 18, 24-28;
Salmo: Sal 24, 4-9; Segunda: Filipenses 2, 1-11; Evangelio: Mateo 21, 28-
32.
Nexo entre las LECTURAS
La conciencia de la
responsabilidad personal es el tema predominante en esta liturgia. A los
exiliados que culpan a Dios de injusticia porque se comporta de modo desigual
con el honrado que comete maldad y con el malvado que se comporta honradamente,
Dios les dice: ¿acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es
correcto? El honrado que ha cometido la maldad, muere por la maldad que ha
cometido, y el malvado que practica la justicia vivirá porque se aparta de la
maldad. Tanto uno como otro son responsables de sus obras. La verdadera
responsabilidad personal, nos enseña Jesús en el Evangelio, se manifiesta no tanto
en el decir sino en el obrar, como resulta claro de la parábola. San Pablo
pone, ante los ojos de los Filipenses, como ejemplo de responsabilidad y
coherencia, a Jesucristo: El sí de Cristo es un sí operativo, encarnado en las
obras para realizar la redención (segunda lectura).
Temas...
La responsabilidad personal de
cada uno. ¡Qué buen maestro es Jesús! ¡Con qué claridad nos va guiando para que
aprendamos cuáles son las actitudes de un buen seguidor suyo!
Uno dijo ;¡¡no quiero!!;, pero
fue. El otro dijo ¡voy!;, pero no fue. Jesús quiere que conformemos nuestra conducta
al estilo de su evangelio, no sólo con palabras, sino con hechos. Y a veces,
los que más oficialmente parecen los ;buenos; son los que menos dóciles se
muestran a los caminos de Dios.
Lo primero que nos dice hoy la
Palabra de Dios es que cada uno es responsable de sus actos, de sus opciones ante
el bien y el mal. El profeta Ezequiel, ante un pueblo que se refugiaba
demasiado fácilmente en las ;culpas de la comunidad; o de los antepasados, hace
una llamada urgente a la decisión personal de cada uno.
Es verdad que la conducta de cada
uno repercute en la totalidad, y que la comunidad influye en nuestras opciones
personales. El que otros se muestren flojos me afecta, porque me quita las
pocas fuerzas que pudiera tener para seguir por el buen camino. Pero eso no nos
exime ni del mérito ni de la culpa: la responsabilidad de nuestra vida la
tenemos nosotros.
La parábola de los dos hijos
también nos pone ante la decisión personal: el que dijo que sí, pero no fue, o
el que respondió que no quería ir, pero luego cambió de idea y fue a trabajar.
En el fondo, este segundo cumplió la voluntad de Dios. El que elige el camino
del mal entra él mismo en la esfera de la muerte. El que opta por el bien, en
la esfera de la vida. Podrán haber influido, en una o en otra dirección, el
ejemplo de los demás, o las estructuras deficientes o el ambiente neopagano de
este mundo, incluso la poca ayuda que nos presta la comunidad eclesial, también
ella pobre muchas veces. Pero no vale recurrir a excusas a la hora de admitir
la propia responsabilidad.
Hoy apreciamos mucho la libertad
personal y la dignidad de nuestras propias decisiones: no tendremos que refugiarnos,
por lo tanto, en ;lo que hace la mayoría; según las estadísticas, o en lo poco
que nos ayudan
desde fuera las instituciones. El
cristiano debe tener personalidad, saber ir ‘contra corriente’, ser responsable
de sus actos, seguir a Cristo en lo fácil y en lo difícil.
¿Quién cumple de verdad? El
evangelio de hoy nos orienta también en otra dirección que es consecuencia de
la primera: que no bastan las palabras, que lo que cuenta son “los hechos”.
Jesús dedicó esta enseñanza a los
que oficialmente eran guías del pueblo de Israel, pero no se daban por enterados
de la buena noticia. Debió ser una palabra inquietante y hasta escandalosa:
sentirse comparados a los “pecadores y pecadoras” públicos, y oír que estos, si
cambian de vida, han sabido cumplir la voluntad de Dios mejor que los maestros
de Israel. Los fariseos decían oficialmente ;sí, voy;, pero en realidad no cumplían:
todo era fachada y apariencia. Se tenían por perfectos. Jesús, una y otra vez,
los desenmascara, cuando les llama; sepulcros blanqueados; o cuando asegura que
el publicano que oró humildemente, bajó del Templo perdonado, y el fariseo, que
se creía perfecto, no. ¡Cuántas veces alabó Jesús a personas que en las medidas
sociales y religiosas de su tiempo eran consideradas poco menos que
indeseables: publicanos, el centurión romano, la mujer cananea, la pecadora
arrepentida.
Pero no nos quedemos en los
fariseos de entonces. Seamos sinceros y apliquemos las palabras de Cristo a nuestra
vida. También nosotros podemos tener la tentación de conformarnos con palabras,
sin pasar a los hechos. Decir SI con los labios, casi profesionalmente, y luego
vivir en la práctica una continuada incoherencia, sin practicar lo que decimos.
Esto puede pasarnos a nosotros, los sacerdotes, los que hablamos y exhortamos a
los demás a cumplir el evangelio, y luego puede ser que nuestro ejemplo sea muy
poco creíble. Y puede pasar con las ;personas de bien;, los de buena fama. A
todos se nos podría aplicar aquello de que ;del dicho al hecho hay un buen
trecho;.
Lo peor sería que los; oficialmente
buenos; miremos con aires de suficiencia a los que consideramos ;pecadores; y
alejados. O a los migrantes que han venido desde lejos a nuestras tierras en
busca de una vida más humana, y a los que demasiado fácilmente podemos
considerar como menos dignos de respeto (Francisco, Papa). Tampoco a nosotros
nos resulta cómodo oír que es posible que ;los otros a lo mejor han escuchado
con mayor sinceridad la palabra de Dios o están practicando mejor las actitudes
cristianas (de servicialidad, o de perdón, o de esperanza, o de apertura para
con Dios) que los que nos llamamos más solemnemente cristianos.
Los que participamos cada Domingo
de la Eucaristía hemos de recordar que no todo termina ahí. El ;pueden ir en
paz; del final no significa que ;aquí no ha pasado nada;. Precisamente queda lo
más difícil: que lo que hemos escuchado y creído y celebrado en la Misa lo
cumplamos luego significativamente en nuestro estilo de vida. Si en la
Eucaristía decimos convencidos ;sí, voy ;, que en la vida no resulte que de
veras no vamos, sino que prolongamos en nuestro modo de vivir la fe que hemos
profesado aquí.
Sugerencias...
En la parroquia, el barrio, están
los cristianos auténticos, que han vivido y continúan viviendo en actitud de fe
y conversión permanentes. ¡Magnífico, y que sean muchos! Hay también
posiblemente cristianos ;delantes;, que son cristianos por tradición y
herencia, y a veces con esa fe “de los de siempre”. Dan ;si! a la liturgia y a
la vidriera y un;no; a ciertas exigencias de la vida apostólica; o viceversa,
un;sí ; a ciertas
conductas morales y un ;no; al
ejercicio de la fe. ¿Cuántos son estos ;viejos; cristianos? No faltan quienes han
sido religiosamente fríos, han pertenecido a otra religión, incluso han sido
laicistas y hasta ateos, pero se han convertido y ahora tratan de ser
fervientes cristianos. ¿Son muchos los que pertenecen a este grupo? Y están,
muy probablemente, quienes han dicho y continúan diciendo ;no; a la fe y a la
conversión interior,
con las palabras y con las obras.
Es una descripción elemental, tal vez real, en nuestro entorno. ¿Qué PUEDO
hacer ante esta situación? Haz todo lo que el Espíritu de Dios te inspire, deja
hacer a otros lo que el mismo Espíritu les está pidiendo, y mantente siempre
con la esperanza muy alta (Francisco, Papa). Necesidad de testigos. A ser
responsables, aprendemos viendo el modo responsable de comportarse de otros. A
permanecer en actitud responsable, nos ayuda e impulsa el ejemplo de los demás.
El Papa Francisco vuelve a decir que en la Iglesia son más necesarios los
predicadores-testigos que los solo predicadores. ¡He aquí una hermosa tarea
para llevar a cabo en nuestra responsabilidad pastoral! Hemos de trabajar por
ser nosotros mismos TESTIGOS… hemos de interesarnos activamente por formar
testigos creyentes, por crear entre los cristianos la conciencia de que ser
cristiano y ser testigo son una misma cosa (Aparecida). Con un grupo de
testigos es grande el bien que se puede hacer en una parroquia, en una
comunidad, en una diócesis.
Ser testigos,
discípulos-misioneros, es un modo de realizar la nueva evangelización.
miércoles, 13 de septiembre de 2023
HOMILIA LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ (14 de septiembre de 2023)
LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ (14 de septiembre de 2023)
miércoles, 6 de septiembre de 2023
BEATIFICACION DE UNA FAMILIA ENTERA "FAMILIA ULMA"
FUENTE INFORMATIVA: AICA
Todos los integrantes de la familia Ulma, asesinados por los nazis por haber escondido a una familia judía en su casa, serán beatificados el próximo 10 de septiembre en Polonia.
El cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para la Causa de los Santos, presidirá el próximo domingo 10 de septiembre en Markowa, Polonia, la beatificación de una familia completa: los Ulma. Sus miembros fueron asesinados por los nazis el 24 de marzo de 1944, por esconder en su casa a dos familias judías, los Szall y los Goldman, también asesinados aquel día.
Algunas versiones de ese episodio narraban que el séptimo hijo de los Ulma aún se encontraba en el vientre de su madre, Wittoria Ulma, en el momento de los hechos, lo que lo constituía, por lo tanto, en un mártir nonato.
El Dicasterio para las Causas de los Santos emitió, el 5 de septiembre, un comunicado en el que se detallaba que “este niño fue alumbrado en el momento del martirio de su madre”. Es por ese motivo, explicaba el dicasterio, que se añadió a ese séptimo hijo al número de vástagos de la familia, mártires todos ellos. Y, aunque el recién nacido no había sido todavía bautizado, el Vaticano lo considera cristiano, porque “en el martirio de sus padres recibió el bautismo de sangre”.
El bautismo de sangre está recogido en el artículo 1.258 del Catecismo, en el que se reconoce como bautizados a aquellos que mueran a causa de proclamarse cristianos. “Quienes padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el bautismo, son bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo”. Se aplica entonces también al último hijo de los Ulma, una familia católica que fue asesinada por actuar de forma acorde al Evangelio y acoger a sus vecinos perseguidos.
Existe además, aparte del de sangre y el bautismo con agua, que es el más común, el bautismo de deseo. Lo recoge el Código de Derecho Canónico en el artículo 865,2, donde se señala: “Puede ser bautizado un adulto que se encuentre en peligro de muerte si, teniendo algún conocimiento sobre las verdades principales de la fe, manifiesta de cualquier modo su intención de recibir el bautismo y promete que observará los mandamientos de la religión cristiana”.
Una familia mártir
La familia Ulma completa, incluido el bebé recién nacido, será beatificada el domingo 10 de septiembre en Polonia. Los nazis asesinaron a esa familia católica por dar protección a varios judíos perseguidos por el nazismo. Al momento del asesinato, el bebé todavía estaba en el vientre de su madre, pero llegó a nacer poco antes de morir.
Wiktoria, la madre de familia, estaba en el séptimo mes de gestación. Un testigo vio el cuerpo de la mujer al colocarlo en el ataúd, notando la cabeza y el pecho del bebé en su vientre. Otros afirman que aparecía su cabecita entre los muslos de la madre: se trataba del niño.
El Papa Francisco conoció la historia de la familia *Ulma* durante una peregrinación a Polonia, en 2016. Y elogió a esa familia como “ejemplo de fidelidad a Dios y a sus mandamientos de amor al prójimo y de respeto a la dignidad humana”, durante una audiencia en 2018.
La familia Ulma se componía de agricultores muy modestos: el padre, Josef, tenía 44 años y la madre, Wiktoria, 32. Además, del niño por nacer, ya habían tenido a Stasia, de 7 años; Basia, de 6; Wladziu, de 5; Franio, de 4; Antos, de 3; y a Marysua, de 2 años.
Según el Yad Vashem, Centro Mundial para la Memoria del Holocausto en Jerusalén, el matrimonio Ulma presenció la ejecución de los judíos sacados de sus casas en el verano de 1942. La policía encontró a una familia judía de seis miembros refugiada en casa de los Ulma, junto con dos hermanas de otra familia también judía, escondidos todos en la buhardilla de la granja. La policía alemana realizó el descubrimiento posiblemente gracias a una delación provocada por el odio. Mató a tiros a los judíos y luego asesinó a Josef y a Wiktoria, embarazada, y a sus demás hijos.
Witold Burda declara sobre los mártires: “Fueron unos esposos que construyeron su vida sobre sólidos cimientos de fe. Cada año, miles de peregrinos acuden a su tumba”. Los Ulma aplicaron la parábola del buen samaritano como compromiso de vida cristiana.
Al llegar los policías nazis, Viktoria tuvo las primeras contracciones del parto por la tensión del momento, aunque fue asesinada inmediatamente. El bebé alcanzó a nacer, pero también murió.
Un libro de investigación realizado por el sacerdote polaco Pawel Rytel-Andrianik y la periodista italiana Manuela Tulli, titulado “También mataron niños. Los Ulma, la familia mártir que ayudó a los judíos”, muestra la convivencia de católicos y judíos en Polonia en las pequeñas localidades rurales, lo cual constituye un testimonio del poder de la Palabra de Dios en defensa de todos.
La beatificación del bebé no nacido pide reflexión sobre el valor de la vida, incluida precisamente la no nacida.+
lunes, 4 de septiembre de 2023
HOMILIA Domingo vigesimotercero del TIEMPO ORDINARIO cA (10 de septiembre de 2023)
Domingo vigesimotercero del TIEMPO ORDINARIO cA (10 de septiembre de 2023)
Primera: Ezequiel 33, 7-9; Salmo: Sal 94, 1-2. 6-9; Segunda: Rom 13, 8-10; Evangelio: Mateo 18, 15-20
Nexo entre las LECTURAS
El catecismo, basándose en el Concilio Vaticano II, presenta varios símbolos de la Iglesia: Redil, Labranza, Construcción, Templo, Familia, Cuerpo Místico de Cristo, Pueblo de Dios (cf. 753-757). La celebración litúrgica de hoy muestra una: la Iglesia-comunión. El texto evangélico elegido para este Domingo, está tomado del llamado discurso eclesial, cuyo núcleo es el amor fraterno. En la primera lectura, Ezequiel, constituido centinela del pueblo de Israel, siente la responsabilidad de corregir al hermano extraviado, para ser fiel a su vocación de vigía de la comunidad. San Pablo, dirigiéndose a los cristianos de Roma, no duda en afirmar rotundamente: "El amor es la plenitud de la ley".
Temas...
¿Corregir al hermano? "Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano". Es un consejo difícil el que nos da aquí Jesús.
Por una parte, nos cuesta sentirnos responsables de los demás. En general preferimos "dejarles en paz y ocuparnos de lo nuestro", tanto en la vida civil como en la eclesial. Es la postura típica de los que no quieren participar en la vida de la comunidad, ni creen que deban ayudar a los que se van desviando del recto camino. Fue la postura de Caín: ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano? Y sin embargo, Jesús nos ha enseñado la importancia de la corrección fraterna oportuna.
Al profeta Ezequiel le urge Dios para que no calle, porque callando se hará responsable de la ruina de su pueblo. Dios le ha hecho "centinela" que ayude a sus hermanos, que sepa dar la alarma cuando vea que es necesario, y les recuerde que no se han de desviar de los caminos del Señor. ¿Para qué sirve un centinela que no avisa? ¿para qué sirve un perro guardián que no ladra cuando vienen los extraños?
Jesús concreta esta obligación de un hermano para con su hermano, de un miembro de la comunidad para con otro. Nadie es extraño para mí: me debo sentir corresponsable del bien de los demás. Si mi hermano va por mal camino, debo buscar el mejor modo de ponerle en guardia y animarle a que recapacite. El procedimiento lo detalla el mismo Jesús, empezando por el diálogo de tú a tú, o sea, a modo de hermanos, sin agresividad, buscando el bien de la persona, no hablando a espaldas, ni aireando a los cuatro vientos los defectos de los demás, sino teniendo la valentía de hablar a la persona concreta.
Somos hermanos. El amor al hermano no se muestra sólo diciéndole palabras amables y de alabanza –que es de esperar que sean las más–, sino también, cuando haga falta, con una palabra de ánimo o de corrección. El silencio a veces puede ser complicidad. Eso les pasa, en un nivel eclesial, al Papa o a los pastores de la Iglesia cuando en conciencia tienen que llamar la atención sobre direcciones peligrosas que van en contra del evangelio o de la dignidad humana.
Pero también nos puede suceder en niveles más domésticos:
* en la vida de una comunidad cristiana tenemos que participar y sentirnos corresponsables, porque no somos "sociedad anónima"; tenemos muchas ocasiones de colaborar con nuestra voz y nuestro trabajo a mejorar las cosas (¿equipos parroquiales, consejos parroquiales?);
* en la vida de familia, el marido y la mujer pueden ayudarse con la oportuna palabra de ánimo y con una corrección hecha desde el amor; el diálogo entre padres e hijos puede ser enriquecedor y correctivo, en ambas direcciones;
* en una comunidad religiosa, una palabra a tiempo puede a veces evitar desvíos que llevarían a consecuencias irreparables;
* los amigos son buenos amigos también cuando contribuyen a que el amigo madure, recapacite y vaya corrigiendo sus defectos.
También habrá que recordar que cuando somos nosotros los que recibimos algún día una palabra de corrección, tendremos que reaccionar bien: de momento nos suele saber mal que nos digan que algo no va bien, pero seguro que nos ayudará a mejorar. Nuestros defectos, muchas veces, los conocen mucho mejor los demás que nosotros mismos.
Desde el amor. Eso sí, la corrección fraterna debemos hacerla con amabilidad. No se corrige al hermano echándole en cara sus defectos. Una cosa es mostrarse indiferente, descuidando la caridad fraterna, y otra convertirse en inquisidores entrometidos o que actúan por despecho. Una cosa es ser centinela que avisa –se supone que en contadas ocasiones– del peligro que acecha, y otra erigirse en juez moralizador o en dueño del bien y del mal.
La clave nos la da Pablo en la segunda lectura: el amor, la ley fundamental del cristiano: "A nadie le deban nada, más que amor... amarás a tu prójimo como a ti mismo. Uno que ama a su prójimo, no le hace daño". El que ama sí que puede corregir al hermano, porque lo hará con delicadeza, lo hará no para herir, sino para curar, y sabrá encontrar el momento y las palabras. No sólo verá los defectos sino también las virtudes. Y por eso, porque ama y se preocupa de su hermano, se atreve a corregirle y ayudarle. Como un padre no siempre calla, sino que habla y anima a sus hijos, y, si es el caso, les corrige, ayudándoles a cambiar y haciéndoles fácil la rehabilitación. Como el educador hace lo mismo con sus alumnos y el amigo con su amigo.
Con ello imitamos a Jesús, que supo corregir con delicadeza y vigor a sus discípulos, en particular a Pedro, y logró que fueran madurando en la dirección justa. Con amor y desde al amor.
Sugerencias...
El amor es la plenitud de la ley. Cada parroquia, cada comunidad eclesial, cada familia, es auténtica si hay entre sus miembros verdadero amor a Dios y verdadero amor recíproco. Debemos ser, ante todo, un proyecto visible de la respuesta de amor de los hombres a Dios y mostrar el amor de Dios al hombre. La primera ocupación del párroco y de los parroquianos, de un padre de familia, de un empleador cristiano habrá de ser, no que funcionen bien ‘las actividades’, sino que cada uno abra su mente y su corazón a Dios y lo escuche en el interior de su conciencia. Después vendrá todo lo demás, como por añadidura: asistencia a la Misa dominical, recepción de los sacramentos, amor sincero a los hermanos e interés por su bien y felicidad, organización de actividades, acción benéfica y solidaridad con los necesitados, beneficencia, espíritu de colaboración, buen salario, servicio entre todos, buen descanso, las obras de misericordia, etcétera.
La corrección fraterna. En la enseñanza de Cristo, la corrección fraterna hace concreto el amor a los hermanos. En una diócesis, en una parroquia, en una comunidad religiosa, en un barrio –entre cristianos– no todo ni todos/todas serán perfectos y siempre habrá cosas y comportamientos que se puedan mejorar. La corrección fraterna tiene aquí su razón de ser: responder, como individuos y como comunidad, lo mejor posible a la vocación cristiana y eclesial que hemos recibido. ¿Cómo? No parece acertado el camino de la murmuración, de la maledicencia o de la rebeldía, ni el del chisme, (Papa Francisco) que ciertamente no es nada cristiano. La respuesta al cómo admite muchísimas variaciones, que serán todas buenas si se realizan con respeto, prudencia y caridad sincera. "El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley".
lunes, 28 de agosto de 2023
HOMILIA Domingo vigesimosegundo del TIEMPO ORDINARIO cA (03 de septiembre de 2023)
Primera: Jeremías 20, 7-9; Salmo: Sal 62, 2-6.8-9; Segunda: Romanos 12, 1-2; Evangelio: Mateo 16, 21-27
Nexo entre las LECTURAS…
La Voluntad de Dios es la suprema norma del profeta Jeremías, de Jesucristo y de los cristianos. Jeremías siente el aguijón de la rebelión, de tirar todo por la borda; pero "(la Palabra de Dios) era dentro de mí como un fuego devorador encerrado en mis huesos; me esforzaba en contenerlo, pero no podía" (Primera lectura). El Evangelio de hoy sigue a la proclamación que Pedro hace de Jesús como Mesías e Hijo de Dios (Domingo anterior). Jesús quiere dejar bien sentado cuál es el sentido de su mesianismo según el designio de Dios: "Ir a Jerusalén y sufrir mucho por causa de los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; morir y al tercer día resucitar" (Evangelio). San Pablo nos enseña que el auténtico culto consiste en ofrecerse como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (segunda lectura).
Temas...
Ser cristiano no es fácil. No es fácil ser cristiano. Nunca lo ha sido, pero ahora, tal vez, menos. A todos nos gustaría un cristianismo cómodo, consolador, compaginable con otras tendencias a las que nos estimula la sociedad de hoy. Pero no es eso lo que nos han dicho las lecturas de hoy: nos han hablado de cruz y renuncia.
En la primera lectura hemos escuchado unas palabras dramáticas del profeta Jeremías. La misión que Dios le encomendaba resultó muy difícil. Era muy joven –unos 19 años– cuando fue llamado a ser profeta, portavoz de Dios. En un momento muy conflictivo de la historia de Israel –al borde de la destrucción total y del destierro– él, que de por sí era tierno y pacífico, debía anunciar palabras incómodas al pueblo y denunciar a los poderosos de su época. Eso le valió la enemistad, la burla, la persecución. No es raro que le asaltase la duda: ¿no será que Dios le ha "seducido", o sea, que le ha engañado y luego abandonado? ¿no será mejor que abandone, que dimita, que se niegue a seguir hablando en nombre de Dios? Pero triunfó en él la obediencia: no podía negarse a lo que le pedía Dios. Seguirá dando testimonio, seguirá siendo su profeta, aunque nadie le haga caso.
Pero todavía es más difícil y radical la vocación y la fidelidad de Jesús. También a él le va a costar la misión que se le ha encomendado. También a él le asaltará, en algunos momentos que los evangelios nos han conservado, la duda y el cansancio: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Él ya sabe –se lo anuncia a los suyos en el evangelio de hoy– que camina hacia la muerte. Y camina decidido, aunque los suyos no le ayudan precisamente con sus reacciones y aunque a él mismo le costará lágrimas y sudor de sangre. Porque una cosa es saber cuál es el camino y otra, seguirlo con fidelidad radical.
Aceptar el evangelio entero. La reacción de Pedro es, en cierto modo, explicable. De su amor a Cristo no se puede dudar. El Domingo pasado escuchábamos su hermosa profesión de fe: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios", Pero todavía no había entendido que el camino de Cristo es camino de renuncia y sacrificio, antes de ser de salvación y de gloria. A Pedro, como a nosotros, le gustaban los aspectos amables del seguimiento de Jesús, Pero el sacrificio, no. Le gustaba el monte Tabor, el de la transfiguración. Pero no el monte del Gólgota, el de la cruz.
Algo parecido nos pasa a nosotros, La historia de Jeremías y de Jesús es la historia de tantos y tantos cristianos que, a lo largo de los siglos, han experimentado la dificultad de vivir su fe en medio de una sociedad indiferente o incluso hostil. La historia de un cristiano de hoy, que quiere vivir su cristianismo con coherencia. Ser cristiano se va convirtiendo cada vez más en una opción explícita por Cristo y por su estilo de vida, por su mentalidad y criterios de actuación. Pero supone que se acepta a la vez el riesgo y la dificultad, porque la escala de valores de Cristo no coincide con la de ese mundo.
Sigue habiendo cristianos perseguidos por su fe, o porque denuncian injusticias y situaciones que no se pueden compaginar con el evangelio. Pero, sobre todo, hay cristianos que tienen que librar en sus vidas la diaria opción entre los criterios de este mundo –en pos del placer, o del dinero, o del poder– y los criterios de Cristo, de entrega por los demás, de renuncia a lo no ético, de apertura hacia lo espiritual y no sólo hacia lo material e inmediato. Cada uno sabe qué puede suponer para él en concreto ese "tomar su cruz y seguirle" que anuncia Jesús a los suyos, o a qué cosas le obliga a renunciar el ser cristiano. No se trata de buscar el sufrimiento en sí mismo, sino de aceptar el seguimiento de Cristo con coherencia. Pablo les dice a los cristianos de Roma, en la segunda lectura, que "no se ajusten a este mundo, sino que sepan discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto". Y que ese es el mejor culto a Dios. Este discernimiento cuesta, y conduce a decisiones que pueden resultar difíciles. Porque lo cómodo es acomodarse a este mundo.
Jeremías también pensó en abandonar el encargo profético para poder vivir tranquilo en su pueblo. Pero la Palabra de Dios le ardía dentro y escogió el camino difícil. A Jesús le apetecería más, sin duda, que Dios le ahorrara "el cáliz de su muerte", pero eligió el camino difícil: "No se haga mi voluntad, sino la tuya". A Pedro, que al principio "pensaba como los hombres y no como Dios" y prefería las cosas fáciles, también le vendrá el tiempo en que, madurado en su fe cristiana, dé valiente testimonio de su fe en Cristo ante el pueblo, ante las autoridades y, finalmente, ante Nerón en Roma, en su martirio.
También a nosotros el mundo de hoy nos ofrece caminos mucho más fáciles y "prometedores" a corto plazo. Pero Cristo nos dice que si queremos seguirle tenemos que tomar cada uno su cruz, como él tomó la suya. Lo que no podemos hacer es una selección de lo que nos gusta, evitando lo que nos parece más serio y exigente en el programa de vida de Jesús. No podemos "censurar" páginas del evangelio que no nos gusten,
La Eucaristía nos da la fuerza para poder seguir por ese camino, exigente pero coherente. Comulgar con Cristo, en la eucaristía, es comulgar también con Él a lo largo de la jornada y de la semana, Con todas las consecuencias, aunque a veces eso suponga dificultad y renuncia. Pero, a la larga, es lo que nos dará la más profunda alegría y felicidad.
miércoles, 23 de agosto de 2023
HOMILIA Domingo vigesimoprimero del TIEMPO ORDINARIO cA (27 de agosto de 2023)
Domingo vigesimoprimero del TIEMPO ORDINARIO cA (27 de agosto de 2023)
Primera: Isaías 22, 19-23; Salmo: Sal 137, 1-3. 6. 8bc; Segunda: Romanos 11, 33-36; Evangelio: Mateo 16, 13-20
Nexo entre las LECTURAS
La figura de Pedro, que confiesa a Jesús Mesías e Hijo de Dios, llena la escena litúrgica de este Domingo. Jesús lo constituye ‘Roca’ de la Iglesia, le da las llaves del Reino y le otorga el poder de atar y desatar (Evangelio). La primera lectura nos habla de Eliaquín, elegido por Dios para ser mayordomo de palacio, en tiempos del rey Ezequías, y que prefigura a Pedro: "El será padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré en sus manos las llaves del palacio de David". San Pablo, en la segunda lectura, se asombra de las decisiones insondables de Dios y de sus inescrutables caminos respecto al pueblo de Israel. La liturgia nos permite maravillarnos y sobrecogernos ante el gran misterio de la elección de Pedro para ser Roca y Mayordomo de su Iglesia y desde él, poder pensar y rezar nuestra vocación. Recemos por el Papa Francisco, sus intenciones y necesidades, su salud y santidad.
Temas...
¿Quién dice la gente que es Jesús? Acabamos de escuchar una escena bien conocida de todos. Aquella ocasión en que Jesús pregunta a sus discípulos sobre la opinión que la gente tiene de Él: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?". Lo que le contestan está inspirado en las similitudes de Jesús con algunos personajes conocidos de sus seguidores: que si Juan el Bautista, o Elías, o Jeremías, o algún otro de los profetas. Piensan en alguien del pasado que vuelve a actuar. En el fondo, Jesús les recuerda a alguien.
Más allá de la escena que se nos ha recordado, es importante que nos fijemos en nuestro tiempo actual. Si Jesús nos hiciera hoy esta misma pregunta, ¿qué le contestaríamos? ¿Qué dice la gente que es Jesús? Quizás algunos dirían que es un personaje del pasado, importante en la historia; o que es un modelo ético, un modelo de comportamiento a imitar; o alguien a quien se recurre en la dificultad; o bien el amigo, alguien a quien se ama en profundidad; o alguien a quien tener en cuenta en la vida personal, pero sin necesidad de vivirlo y de celebrarlo comunitariamente; o alguien que no me dice nada en mi vida particular; o bien, que es el salvador de la humanidad; Muchas y distintas respuestas, entre otras que cada uno podíamos añadir.
Y para ti, ¿quién es Jesús? Pero Jesús quiere ir más allá. No le basta con conocer el estado de opinión de la gente, sino que busca una respuesta personal de cada uno de sus discípulos. Quiere que cada cual dé la suya: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" . Una vez más es Pedro quien toma la palabra y contesta: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". No se trata de una respuesta nueva ni original. Precisamente, poco tiempo antes, según leíamos hace dos Domingos en concreto, los discípulos al comprobar que Jesús andaba sobre las aguas, también proclamaron: "Realmente eres Hijo de Dios",
Se trata de respuestas que no hacen referencia al pasado, sino que hablan del presente, de quién es Jesús para cada uno de ellos. Una respuesta que Parte de su propia experiencia. Y, por encima de todo, parte de la acción del Padre que es quien revela que Jesús es su propio Hijo,
Y nosotros, ¿quién decimos que es Jesús? No consiste en buscar y dar una respuesta ya sabida, o en que otros contesten por mí. Cada cual, con sus propias palabras, a partir de su propia experiencia personal, debiera responder con sencillez y con sinceridad: ¿Quién es para mi, aquí y ahora, Jesús? Ojalá que, como Simón, mereciéramos que de la boca de Jesús volviera a surgir la bienaventuranza: "¡Dichoso, bienaventurado, tú, Simón!"
Ser piedra y encargarse de las llaves. A partir de su respuesta, Jesús le da dos atribuciones: ser piedra y encargarse de las llaves del Reino (mayordomo).
Ser piedra, buen fundamento para la construcción de la comunidad, hasta el punto de ser capaz de resistir contra el mal. A pesar de la debilidad, de las dificultades, de los temores, tenemos un fundamento firme en el que apoyarnos, porque tiene la garantía dada por la palabra del mismo Jesús.
Y encargarse de las llaves del Reino. El mismo poder que se da también a los otros discípulos, a la comunidad entera: "Lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo" Construir la fraternidad, la aceptación mutua, el perdón, la reconciliación, es una tarea que corresponde a Pedro, que corresponde a la Iglesia entera.
Pedro ha de ser piedra de fundamento para la Iglesia y ha de ayudar a construir la unidad y la reconciliación en su interior. Una tarea que también nos implica a cada uno de nosotros. Depende, en parte, de nosotros que nuestra comunidad siga viva, testimoniando a Jesús en medio de nuestro (pueblo, barrio, comunidad). Depende de nuestra colaboración que en su interior haya unidad, aceptación mutua, perdón, reconciliación. Todos nosotros somos portadores de estos dones allí donde tiene lugar nuestra vida: en casa, con los compañeros de trabajo y de estudio, con los vecinos...
Que nos acompañe siempre la gracia del Señor que recibimos en esta Eucaristía
lunes, 14 de agosto de 2023
HOMILIA Solemnidad de la Asunción de la VIRGEN MARÍA (15 de agosto de 2023)
Solemnidad de la Asunción de la VIRGEN MARÍA (15 de agosto de 2023)
Primera: Apocalipsis 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab; Salmo: Sal 44, 10bc. 11-12. 15b-16; Segunda: 1Corintios 15, 20-26; Evangelio: Lucas 1, 39-56
Nexo entre las LECTURAS
Toda la celebración de hoy tiene un color de victoria y de esperanza que nos va muy bien: en medio de un mundo sin demasiadas perspectivas, cuando, confuso en muchos aspectos y especialmente por la dictadura del relativismo reinante, los cristianos celebramos la victoria de María, la Madre de Jesús y de la Iglesia, y nos dejamos contagiar de su alegría, nexo de las lecturas y centro de la Solemnidad. Teniendo en cuenta que ésta es una de las fiestas más grandes de la Virgen, todo el estilo de la celebración, de las moniciones y de la homilía y las actividades de los cristianos el 15, deberían mostrar nuestra alegría por la obra que Dios ha hecho en la Virgen y por lo que esto supone de esperanza para nosotros. ¡Vivamos de manera muy festiva esta Liturgia y este día!
Temas...
La victoria de Cristo Jesús: Cristo Resucitado, tal como nos lo presenta Pablo, es el punto culminante de la Alegrémonos, hermanos. Hoy es fiesta para toda la Iglesia. Más aún, para toda la humanidad. En un mundo en que no abundan precisamente las buenas noticias, nosotros estamos celebrando esta: que Dios ha querido que María, una humilde mujer de Israel, fuera la madre del Mesías, del Hijo de Dios, y que después participara plenamente, en cuerpo y alma, de la gloria de su Hijo, en el cielo. Es una buena noticia para ella y también para todos nosotros.
Una victoria contagiosa. Ante todo, hoy es un día de victoria para Cristo Jesús. Tal como nos lo ha presentado Pablo, en su lectura, Cristo Resucitado es el motivo de nuestra fe y de nuestra fiesta, a lo largo de todo el año, y también hoy. Él es la primicia de toda la humanidad y de la creación, el primero que triunfa plenamente de la muerte y del mal, resucitando a una nueva existencia, después de haber cumplido la misión que Dios le encomendara. Él es el segundo y definitivo Adán, cabeza de la nueva humanidad, destinada a la salvación.
Pero hoy es fiesta también para la Virgen María, su madre. Ella es la primera salvada por Cristo. Ella es la primera cristiana: la mujer que creyó en Dios, la que se puso a su disposición con un "s?' total ("hágase en mí según tu Palabra"), la que le dedicó a Dios Padre la gozosa alabanza del Magnificat, la que estuvo siempre con su Hijo –en su nacimiento, en su vida, al pie de la cruz y en la alegría de la resurrección–, la que se dejó llenar del Espíritu, y la que ha sido glorificada como primer fruto de la Pascua de Jesús, asociada a su victoria en cuerpo y alma, al final de su vida mortal, gozando ya para siempre junto a él. En verdad "ha hecho obras grandes" en ella el Señor.
Y es también fiesta para nosotros, la Iglesia de Jesús y para la humanidad (Fratelli Tutti). María, miembro entrañable de la comunidad cristiana, la mejor seguidora de Jesús, la Hermana, la Madre, está presente en el camino de la Iglesia y del mundo, como lo estuvo en el de Jesús su Hijo. La figura de la "mujer" que da a luz al Salvador y triunfa contra el enemigo, como hemos leído en la primera lectura, el Apocalipsis, aunque se refiera directamente a la Iglesia misma, se cumple de modo privilegiado en María, prototipo de todo lo que la comunidad cristiana quiere llegar a ser en su camino de lucha contra el mal.
Lo que Dios ha realizado en María es también nuestra victoria. El de María a Dios fue de alguna manera nuestro "sí". El "sí' de Dios a ella es también un "sí' dirigido a todos nosotros, porque a todos nos prepara el mismo destino que a ella. Como diremos en el prefacio, "ella es la figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada: ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra".
Fiesta mayor de la esperanza. Nos hacen falta fiestas como esta. No estamos viviendo tiempos fáciles. La imagen de una comunidad en lucha, tal como aparece en el Apocalipsis, la estamos viviendo también en nuestros tiempos. También a nosotros nos toca luchar contra los varios "dragones" que nos tientan en este mundo, y que hacen que sea cuesta arriba el vivir según el evangelio de Jesús.
Pero hoy, mirando a la Virgen María, que ya comparte la victoria de su Hijo, nos reafirmamos en nuestra confianza. La Asunción nos demuestra que el plan de Dios es plan de vida y salvación para todos. La Asunción es un grito de fe en que es posible esta victoria contra el mal. Que va en serio lo que Dios ha pensado para nosotros y para la humanidad. Que nuestro destino no es la muerte, sino la vida y la felicidad eterna. La fiesta de hoy es una respuesta de Dios a los pesimistas y a los perezosos, y también a los materialistas que no ven más que los valores económicos o humanos: algo está presente en nuestro mundo que trasciende nuestras fuerzas y nos lleva más allá. El destino de la humanidad, después de una vida plena y comprometida aquí abajo, es la glorificación en Cristo y con Cristo. Por eso en la Misa de hoy estamos pidiendo repetidamente a Dios que también nosotros lleguemos a participar con Cristo y con María de su misma gloria en el cielo. No sabemos cuándo y cómo sucederá. Pero sí nos alegramos de que ya haya sucedido en María de Nazaret.
Cada Eucaristía, Magníficat y Asunción. Cada vez que celebramos la Eucaristía suceden dos cosas muy hermosas. Ante todo, imitamos el Magnificat que entonó la Virgen María. Le elevamos a Dios nuestras alabanzas, sobre todo en la plegaria eucarística, la oración primordial de la Misa, que el sacerdote proclama en nombre de todos y apoyado por las aclamaciones de todos,
Pero además, la Eucaristía es también la garantía de nuestro triunfo final. Hacemos el memorial de la Pascua de Jesús, que es la raíz de la victoria de María y de la nuestra, y, al comulgar con fe en el Cuerpo y Sangre de Cristo, ya participamos de su vida. Él mismo nos aseguró: "Quien come mi Carne y bebe mi Sangre vive de vida eterna y yo le resucitaré en el último día".
Vamos por buen camino si, a lo largo de nuestra vida, celebramos bien la Eucaristía. Estamos en el mismo camino de la Virgen y de la victoria de su Asunción.
Sugerencias...
La Asunción es un grito de fe en que es posible esta salvación. Es una respuesta a los pesimistas y a los perezosos. Es una respuesta de Dios al hombre materialista y secularizado que no ve más que los valores económicos o humanos: algo está presente en nuestro mundo, que trasciende de nuestras fuerzas y que lleva más allá. El destino del hombre es la glorificación en Cristo y con Cristo.
El hombre, cuerpo y alma, está destinado a la vida. Esa es la dignidad y futuro del hombre. Por eso en la Misa de hoy pedimos repetidamente que también a nosotros, como a la Virgen María, nos conceda "el premio de la gloria" (oración de la vigilia), que "lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo" (oración del día). Estamos celebrando nuestro propio futuro (optimistas) realizado ya en María.
Nuestro Magníficat: la Eucaristía. Los Domingos, y también otros días (preceptos) como hoy que la Iglesia considera muy importantes, la comunidad cristiana se reúne y entona a Dios su alabanza y su acción de gracias. Como la Virgen prorrumpió en el canto del Magníficat, así nosotros expresamos nuestra alegría, con fe y esperanza, por lo que Dios hace, en cantos, en aclamaciones y, sobre todo, en la Plegaria Eucarística. Es nuestra respuesta a la acción de Dios: nuestro "Magníficat" continuado. Y no sólo damos gracias, sino que en la Eucaristía participamos del misterio pascual, la Muerte y Resurrección de Cristo, del que la Virgen ha participado en cuerpo y alma, y así tenemos la garantía de la vida: "quien come mi Carne y bebe mi Sangre tendrá la vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (Jn 6.). La Eucaristía nos invita a mirar y a caminar en la misma dirección en la que nos alegra hoy la fiesta de la Asunción.
María, Hija de Sión, Madre de misericordia, ruega por nosotros.
HOMILIA DEL Domingo vigésimo del TIEMPO ORDINARIO cA (20 de agosto de 2023)
Domingo vigésimo del TIEMPO ORDINARIO cA (20 de agosto de 2023)
Primera: Isaías 56, 1. 6-7; Salmo: Sal 66, 2-3. 5-6. 8; Segunda: Romanos 11, 13-15. 29-32; Evangelio: Mateo 15, 21-28
Nexo entre las LECTURAS
El salmo responsorial, que es la plegaria que sintoniza admirablemente con la primera lectura, nos ha hecho suplicar: "Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben". Una plegaria en consonancia con la misión universal de la Iglesia (Evangelio). Y es que Dios la ha pensado como sacramento de salvación para todos los hombres. El nuevo pueblo de Dios sería infiel a su vocación si se replegara en sí mismo. Cristo lo ha enviado a todo el mundo. He aquí una consecuencia lógica del querer de Dios y de la obra de Cristo. Hay que tener presente la gran afirmación: "Los dones y el llamado de Dios a Israel son irrevocables (segunda lectura) y Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". La Iglesia es, en esta línea y siguiendo la afirmación de san Juan Pablo II, camino hacia el hombre para que el hombre camine hacia Dios.
Temas...
Los aquí reunidos para celebrar la Eucaristía hemos descubierto, en algún momento de nuestra vida, el amor entrañable que Dios nos tiene, su proyecto de salvación que su Hijo Jesucristo nos ha comunicado, y al que hemos querido responder intentando ser fieles, en nuestra vida, a esta llamada que hemos descubierto.
El largo camino de la propuesta salvadora de Dios. El camino de la salvación que Dios nos propone se ha ido mostrando poco a poco a la humanidad, desvelando progresivamente la grandeza y la radicalidad de su invitación.
En un primer momento, la relación de Dios con la humanidad tiene un destinatario especial. Dios establece un pacto, una relación única y especial, con el pueblo elegido, con el pueblo de Israel, a la espera de obtener una respuesta de fidelidad, Así, Israel será su pueblo, y el Señor será su Dios.
Con Jesús, esta propuesta de salvación queda también dirigida en concreto al pueblo de Israel, pero hallamos ya elementos que nos descubren un alcance más amplio: la salvación de Dios aspira a llegar a toda la humanidad. Dios, Padre de toda criatura humana, de todo hombre y de toda mujer, los quiere con amor entrañable y quiere proponerles su proyecto de salvación y de felicidad.
La alabanza de la fe. Si leemos con atención el evangelio, nos encontramos con llamadas de Jesús a creer en Él, a tener fe en sus gestos y en sus palabras, en lo que transmiten y en nombre de quien lo hace. Pero estas llamadas no siempre son correspondidas, Por eso a menudo se queja de la incredulidad o de la "poca fe" de los que le siguen, en especial del primer destinatario del proyecto de Dios: el pueblo de Israel,
Pero también podemos encontrar en otras ocasiones cómo Jesús alaba la fe de alguien. Hoy hemos escuchado una de esas alabanzas, la dirigida a aquella mujer cananea: "¡Mujer, qué grande es tu fe!" La otra alabanza va dirigida al centurión que le pide la curación de su criado: "En verdad les digo: En todo Israel no he hallado a nadie con tanta fe".
En dos ocasiones Jesús alaba la fe de alguien, Y en ambas ocasiones la persona elogiada no pertenece al pueblo de Israel, ambas son paganas.
Herederos de una historia, llamados a la fe. Después de su resurrección, Jesús encargó a sus discípulos que contagiaran la Buena Noticia que les había anunciado y que habían tenido la suerte de experimentar, por el mundo entero. Quiso que la salvación que Él había traído de parte de Dios llegara a todos; que todo el mundo se beneficiara de ella que todos participaran de ella. Todos nosotros somos herederos de aquel encargo misionero y evangelizador y en sinodalidad. Gracias a aquellos apóstoles y profetas, y a otras muchas personas, la fe en Cristo se ha extendido por todas partes, y muchos pueblos y personas hemos logrado conocer, celebrar, vivir y testimoniar nuestra fe en Jesús, muerto y resucitado.
Todos nosotros hemos de considerarnos de la descendencia de aquellos dos paganos y de muchos otros que, después de ellos, han conocido a Jesús, han aceptado su mensaje con fe profunda, convencida, proclamada sin temor.
Todos nosotros hemos sido agraciados con el conocimiento y la acogida de la Buena Noticia de Jesús en nuestra vida. Pero, si nos encontrásemos cara a cara con Él, ¿podría alabar nuestra fe, como alabó la de aquella mujer cananea o la del centurión? Acoger a Jesús y su gracia exige de nosotros una respuesta al amor entrañable de Dios, hecha de fidelidad, de confianza y, sobre todo, de fe.
La participación de esta Eucaristía, en la que acogemos el alimento de la Palabra de Dios y de su Cuerpo partido y compartido, nos ha de ser un estímulo para crecer en fidelidad, en confianza y en fe.
Sugerencias... (Lectio)
Contemplar la escena de la cananea: una mujer pagana, no israelita, que tenía la hija muy enferma, endemoniada, y oyó hablar de Jesús. Sale a su encuentro y con gritos le dice: «Señor, Hijo de David, ten piedad de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio» (Mt 15,22). No le pide ‘algo especial’, solamente le expone el mal que sufre su hija, confiando en que Jesús ya actuará.
Jesús ‘como que se hace el sordo’. ¿Por qué? Quizá porque había descubierto la fe de aquella mujer y deseaba acrecentarla (pasó con la Samaritana, con el Ciego, con Zaqueo y con Marta –hermana de Lázaro–). Ella continúa suplicando, de tal manera que los discípulos piden a Jesús que la despache. La fe de esta mujer se manifiesta, sobre todo, en su humilde insistencia, remarcada por las palabras de los discípulos: «atiéndela, porque nos persigue con sus gritos» (Mt 15,23).
La mujer sigue rogando; no se cansa. El silencio de Jesús se explica porque solamente ha venido para la casa de Israel. Sin embargo, después de la resurrección, dirá a sus discípulos: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15).
Este silencio de Dios, a veces, nos atormenta. ¿Cuántas veces nos hemos quejado de este silencio? Pero la cananea se postra, se pone de rodillas. Es la postura de adoración. Él le responde que no está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros. Ella le contesta: «Y, sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños» (Mt 15,26-27).
Esta mujer está muy despierta desde su humildad. No se enfada, no le contesta mal, sino que le da la razón: ‘Tienes razón, Señor’. Pero consigue ponerle de su lado. Parece como si le dijera: ‘Soy como un perro, pero el perro está bajo la protección de su amo’.
La cananea nos ofrece una gran lección: da la razón al Señor, que siempre la tiene. No hemos de querer tener la razón cuando te presentas ante el Señor (el libro de Job). No debemos ser quejosos sino, más bien, oferentes (esto dice la Virgen en Fátima a los pastorcitos) y, si te quejas, acaba diciendo: ¡Señor, que se haga tu voluntad!
Homilia DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR VIGILIA PASCUAL cC (Sábado 19 de abril 2025) Primera : Éxodo 14, 15 – 15, 1; Salmo : Sal 1...
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“Si no sabes hacia dónde vas, nunca sabrás cuando llegarás” Éxito es una palabra que causa controversia en algunas personas, muchos lo anhel...
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DOMINGO QUINTO DE PASCUA cC (15 de mayo 2022) Primera: Hechos 14, 21b-27; Salmo: Sal 144, 8-13a; Segunda: Apocalipsis 21, 1-5a; Evangelio:...
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SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS. (01 de enero 2025). 58 Jornada mundial de la paz (en el Jubileo Ordinario). Un camino de esperanz...



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